Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (CV)

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Sigo colos arreyos y modificaciones al mio Diccionariu asturianu-castellanu. Les novedaes, en gris.




encumbencia, f.  Obligación y cargo de hacer una cosa. . || 2. Impertinencia, importunidad molestia y enfadosa.
endefetu, m. adv. Al endefetu, en efecto, ciertamente, verdaderamente.
endérgole, V. endérguele.
enexáu, ada, ao, adj. Enclenque, débil.
enfadosu, a, o, adj. Que produce enfado. || 2. Irritable, malhumorado, con tendencia a enfadarse fácilmente.



Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (CIV)

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encher, v. intr. Hartarse. || 2. Llenar.

enclincar, v. intr. Encuclillarse. || 2. Agacharse, encogerse. || 3. Perder la salud poco a poco, sin acabar de ponerse bueno. || 4. Desmoralizarse, vencerse. U. t. c. prnl.

encontinente, adv. t. Al instante, sin dilación.

encorvitáu, ada, ao, p. p. de encorvitvar. || 2. adj. Arrugado.

encuincar, v. intr. Encuclillarse. || 2. Agacharse, encogerse. || 3. Perder la salud poco a poco, sin acabar de ponerse bueno. || 4. Desmoralizarse, vencerse. U. t. c. prnl.

Escanciando nel Polu Sur

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Juan Menendez Granados (de Pravia), dempués 46 díes (1200 km) pedaleando pela xelada Antártida, llegó al Polu Sur pa tomar un culín.

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Escanciando en Suecia

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La sueca Sandra Medin prepara unos chorizos a la sidra, y escancia unos culinos pal xuráu del MASTERCHEF suecu.

Vídeu y más información en:

Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (CII)

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encamar, v. tr. Poner, distribuir en capas. || 2. Estibar, acomodar con orden unos objetos encima de otros.  || 3. En mampostería, ajustar una piedra o hilera de piedras encima de las inferiores.|| 4. intr. Guardar cama a causa de una enfermedad. || 5. Aletargar el oso. || 6. Meterse en cama fuera del tiempo ordinario de ello o hacerlo por un tiempo largo sin causa de enfermedad.. || 7. Venirse al suelo una planta por su peso o por la endeblez de su tallo.
encarabeníu, ida, ío, adj. Entumecido. || 2. Agarrotado. || 3. Rígido.
encaricolar, v. intrr. Tomar una cosa forma de rizo o helicoidal. || 2.. Enroscarse una cosa sobre un objeto. Ú.t. c. prnl.
encaricoláu, ada, ao, p. p. de encaricolar. || 2. adj. Ensortijado, rizado, con forma helicoidal.
encarrerar, v. tr. Encaminar, marcar la senda. || 2. Decir algo con orden y sin detenerse. || 3. Dirigir hacia un lugar a algo o a alguien. || 4. intr. Entrar en un camino o en una senda.

Falando sin PRISA (agora de la derecha)

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Elecciones municipales 1987, aquelles nes que, dempués de la conspiración y engarradiella nel PSOE, echen pela borda a José Manuel Palacio y ponen al timón del barcu a Vicente Alberto Álvarez Areces; les elecciones nes qu'entama la llarga carrera de don Vicente Alberto y nes que la derecha, como eternamente, nun tien el poder porque ta francía.

Imprenta Norte, calle Álvargonzález, Xixón. El candidatu d'AP encargara ellí los sos carteles. Home popular, busca'l votu de la ciudá y de los que lu conocen col nome col que se lu conoz. VOTA PACHU RIMADA, dicen los carteles al pie de la so foto, del eslogan de campaña del partíu y del emblema del partíu. El candidatu, Pachu Rimada, amira los carteles, présten-y y da'l preste.

Díes dempués, el propiu candidatu vuelve pasar pela imprenta. Hai que retirar toos, tolos carteles, que nun quede nin ún. Orden del partíu. ¡L'acabóse! ¡A quién se-y ocurre!

Nos nuevos carteles vuelve restablecese l'orden: VOTA A FRANCISCO RIMADA, dicen los carteles al pie de la so foto, del eslogan de campaña del partíu y del emblema del partíu.

Agora sí, agora les coses yá volvieren al orden. Agora yá tán les coses como tienen que tar.

Gracies y norabona, neñu

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Juan Menéndez Granados, el primer home que llegó al Polu Sur en bicicleta, el primeru en llantar ellí una bandera d'Asturies, y, por supuestu, el primeru n'echar sidre ellí.

¡Gracies y norabona, rapaz!

LAS SEÑALES DEL MALIGNO

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El acuerdo de medio lado entre el PP e IU en el ayuntamiento de la capital ha desatado una oleada de críticas en el PSOE y en gran parte de la parroquia autodenominada de izquierdas. Don Fernando Lastra, el portavoz de los fieles ayer zapaterinos mañana veremos en la Xunta, ha sido tal vez el «martillo de herejes» más destacado y reiterado. «IU, con su incoherencia, favorece las políticas de la derecha» y «apoya la política reaccionaria de la derecha en contra de la mayoría social que representa la izquierda», ha anatematizado.

Don Fernando Lastra Valdés es un magnífico político de partido, conoce perfectamente qué divinas palabras debe pronunciar para conseguir los objetivos fundamentales de esas organizaciones: mantener excitados a los fieles de su Iglesia, llenar de descrédito a los de la contraria, cohibir a los indiferentes. Y sabe que para ello le basta pronunciar la palabra que, para los suyos, convoca al mal por excelencia, «la derecha», duplicándola mediante un pleonasmo, «el PP». Es suficiente para provocar la movilización de las zonas arcaicas del cerebro, la excitación de determinadas glándulas, la secreción de concretas hormonas.

Porque, de acudir al análisis de los tópicos políticos y de su práctica real, resulta muy complicado ver en qué se diferencian las políticas de unos y otros. ¿Es de derechas privatizar? Ahí tenemos las dos dictaduras españolas del XX, que han constituido los monopolios de petróleos, estatalizado la siderurgia y gran parte de la minería del carbón. Ahí tenemos al PSOE, que ha comenzado las privatizaciones de banca y empresas estatales de todo tipo, incluido el naval y la siderurgia. O a PSOE e IU, que han llevado al sector privado la mayoría de los servicios de los ayuntamientos. ¿Qué oponerse a la OTAN era antiimperialista? Pues a apuntarnos nos excitaron don Felipe y la mayoría de los que hoy mandan en el partido socialista. ¿Subir impuestos es progresista? El presidente Zapatero y los suyos hicieron apología de lo contrario e, incluso, suprimieron o menoscabaron los de sucesiones y patrimonio. ¡Ah!, ¿que bajar el sueldo de los funcionarios y congelar las pensiones es de derechas? ¿Y someterse a los dictados de los mercados y de organismos como el BCE y el FMI también? Créanme, no solo lo han hecho quienes, según la autodenominada izquierda, osculan en salva sea la parte al buco cornudo.

Y, en cuanto a la práctica del pacto con el maligno, pues ya ven, por venir solo a lo inmediato: PSOE y PP acaban de acordar el reparto de los nombramientos del Consejo General del Poder Judicial o la modificación de la constitución para adaptarla a las exigencias del BCE. El mismo PSOE asturiano estuvo buscando cómo llevar al huerto al PP en la tramitación de los presupuestos de 2014.

Es cierto que una parte de los fieles de la amplia parroquia izquierdista no ven, no pueden o no quieren ver esa realidad, pero ¿y los que sí la ven?, me pregunto. ¿Cómo es posible que también estos últimos perciban en la derecha —socios o émulos de sus políticas tantas veces— la figura del maligno? Porque, por más vueltas que le doy, no alcanzo a distinguir en ella ninguno de los signos que lo delatan: ni el hablar en lenguas extrañas (desde luego, ninguno lo hace en asturiano), ni el olor a azufre, ni el bulto del rabo (en la parte trasera, por supuesto).

En estas meditaciones, se me aparece mi trasgu particular, Abrilgüeyu. Me saluda desde un adorno navideño que aun a estas alturas no he retirado.

—¡Qué bobu yes! —me dice—. La llave de la santabárbara, las claves de la combinación de la caja fuerte del poder, que ellos no las tengan y otros sí, o que puedan llegar a tenerlas, esa es la señal de la auténtica presencia del maligno o de la posesión diabólica.

—¡Acabáramos! —digo yo, comprendiendo por fin el enigma.

—Pero los otros son iguales —me dice volviéndose cuando ya me había dado la espalda para largarse—: el rival es para ellos la encarnación del Enemigo Antiguo; el poder en sus manos, la prueba evidente del triunfo de Él. Solo que para ellos es la palabra «rojo» la que anatematiza al contario.

Duda un segundo y prosigue:

—Hay otra diferencia: mientras que la izquierda organiza enseguida manifestaciones procesionales a campana tañida para exorcizar al anticristo, y prestamente recorren las calles con alharacas y verdadera unción, llamando al mundo entero al concurso salvífico, a la derecha le cuesta más salir a la calle, es más de interiores, más a cencerros tapados, más partidaria de rezos y sahumerios purificadores en el interior de las casas que en la intemperie de las plazas, tal vez como gente habituada, a lo largo de la historia, a mantener discretamente a sus queridas.

Sonríe:

—Aunque, como ves, hasta aquí ha llegado la confusión de los tiempos: la derecha hace ostentación de sus éxitos amorosos, acogida al paradigma de Luis Miguel Dominguín con Ava Gardner, y la izquierda se oculta bajo un casco de motorista para ir a ver a sus amantes. Y ni siquiera les lleva joyas: ¡croissants!

Lo veo santiguarse apresuradamente mientras emprende el vuelo, y creo oírle murmurar:

—¡La media luna o los cuernos como prenda de conquista! ¡Hasta dónde hemos llegado! ¡Son, sin duda, las señales del anticristo!

Y aún más lejano, como el ruido de fondo del bigbang:

—Y no los actos de esos tres pobres diablos de la IU carbayona pactante, el Rivi, el Triqui y el Xandri.

FIGURA Y PERSONA DE DON LUIS ARGÜELLES

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Durante l'homenaxe a Luis Argüelles, nel 2012



Acaba de morrer el xixonés Camilo Luis Argüelles Sánchez. Nos sos caberos años la so producción intelectual malapenes esistió, pero durante la época na que biltaren el so pensamientu y la so acción la so persona destacó nel panorama cultural asturianu.


La perspectiva asturianista de Luis Argüelles, como la de los sos compañeros de xeneración o de dómina —Luciano Castañón, José Avelino Moro, Alfonso Iglesias, ente otros—, estremaba munchu de la de la xeneración de Conceyu Bable y de les que siguen hasta agora. En xeneral, ellos aspiraben a ser «los últimos testigos» d’una cultura básicamente rural e inservible nel mundu modernu.

Nostante, toos ellos tuvieren —velis nolis— un papel importante na tresmisión de la conocencia de la cultura asturiana, que, ensin ellos, nun tendríen les nueves xeneraciones ónde conocela, darréu que —más o menos como agora— nin nos medios nin na escuela taben presentes los datos d’esa cultura, y que la opinión xeneral sobre ella, de conocela, yera de despreciu.

Dientro d’esi papel la figura de Luis Argüelles sobresal poles xeres qu’entama y lleva alantre y, cómo non (y seguramente neto que toos ellos), pol so ciñu hacia esos elementos de l’Asturies identitaria qu’ellos traten de conservar «museísticamente».

Nesi campu —y dexando al delláu los sos trabayos de mena xovellanista, nos que coincide con tantos otros estudiosos— son piqueros los sos estudios sobre’l traxe y sobre la gaita, asina como dalgunes investigaciones sobre costumes o narraciones populares.

Pero principalmente la so xera más importante ye la de la constitución y crecimientu del «Muséu Etnográficu del Pueblu d’Asturies» (el nome oficial, asina, n’asturianu, ye míu), cola ayuda de dellos de los sos amigos, aprovechando mui especialmente la construcción d’Uninsa na zona de Montiana-Veriña-Los Tacones-Serín, y cola gabita entusiasta de delles instituciones de los años sesenta y setenta («franquistes» diríen los bobos cada día más bayurosos) y la fundamental de delles persones como don Luis Adaro. Aquello tenía dalgunes deficiencies dende’l puntu de vista museísticu, pero hai que recordar que too ello facíase con poco más que Luis Argüelles y dalgún empleáu «de a pie» puestu pol Ayuntamientu. Pero la institución, al marxen de les instalaciones y de les pieces y edificios atropaos, tenía una virtú: la so popularidá, popularidá que se conseguía faciendo del Muséu un espaciu «vivu», con chigre, artesanos trabayando, música dominical, bolera, paseos y fiestes, etc.

Convién tamién recordar que, tres les primeres elecciones democrátiques, la progresería —PSOE e IU, fundamentalmente, pero también los sos corrotadores y sopelexadores— dedicárense a degradar el pueblu d’Asturies, torgar la so expansión y desfiguralu, hasta llegar a cerralu per un tiempu. El pretestu pa too ello, «naturalmente», fue que’l Pueblu «yera franquista», polos sos oríxenes, poles persones que lu formaben, porque «se decíen mises» y porque, subyacentemente, aquello de lo asturiano y la cultura asturiana yera pa la progresería (en xeneral y con poques excepciones) entá más despreciable, menospreciable o menos salvable que lo que lo yera pa dalgunos de los qu’impulsaren el muséu.

En toa esa actuación hai que decir que Luis Argüelles abrióse a coses nes que non creía y, ye más, como me confesara dalgún día, que, más qu’un imposible, paecíen-y un disparate. Y, dende esi puntu de vista, la so xera nun se llimitó a treslladar l’antorcha de los conocimientos y la empatía cultural (o «asturianista», nun sentíu llimitáu del conceptu enxertu na palabra) a les xeneraciones siguientes (digamos, pesie a la so voluntá, o de forma pasiva), sinón que facilitó la presencia y l’actividá del nuevu asturianismu, abellugando, por exemplu, nes instalaciones del Pueblu a Conceyu Bable Xixón, que pudo esparder ellí les sos idees y esponer los producciones culturales y llingüístiques feches dende la nueva perspectiva.

Ye exemplar, dientro d’esa actititú que dende l’escepticismu y la distancia daba aliendu a iniciatives distintes a la so visión de les coses, la convocatoria (afaláu por mí) del I Concursu del Pueblu d’Asturies n’asturianu, que da a conocer al so primer ganador Xosé Álvarez Fernández, «Pin el de Madrid», col so El bable de Xuanín, nel 1973 (merez la pena sorrayar que, pa esa dómina, entá nun se tien constituidu Conceyu Bable, yá non como sociedá nin como páxines escrites na revista Asturias Semanal, sinón, nin siquier, como nome).

Estes son, al marxen de les sos virtudes personales y particulares, les más destacaes xeres de don Luis Argüelles nel ámbitu de la cultura asturiana y del asturianismu tradicionales y el so papel d’enllace d’una tradición asturianista erudita, que diba esgotando, coles nuevu asturianismu, social y políticu además de cultural.

Nun se pueden pesllar estes llinies ensin señalar que, xunto col Pueblu d’Asturies, don Luis Argüelles fue una víctima —llaboral y personalmente— d’aquella furia que contra’l pasáu y lo asturianu acompangó los primeros años de casi tola izquierda asturiana y que, anque con sordina, sigue güei siendo una de les sos más bultables señes d’identidá güei. Nin ensin sorrayar qu’esa persecución y el sufrimientu arreyáu a ella llevólos con una dignidá, voluntá y bon ánimu altamente aponderatibles.

Falando con PRISA (yII)

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O de PRISA. Esto ye, d'El País, el PSOE y tola constelación y medios del pensamientu progresieru centraliegu.

Corría l'añu 1981. Valencia. La Diputación Provincial de Valencia, yá entós constituida como "Organismu preautonómicu" y presidida por Joan Lerma, entama un Congresu denomáu Las lenguas nacionales en la Administración (hai publicación d'esi mesmu añu). El congresu organízalu'l pernomáu sociollingüista Rafael Lluís Niyoles.

Tán ehí, cómo non, valencianos, catalanes, gallegos, xente d'Euskadi y Asturies. Yo voi pol PSOE -llevaba naquel entós los asuntos de cultura (cueves prehestóriques, Muséu de Belles Artes, Orquesta, Comisión de Cultura de la Diputación y yera'l padre, como soi, del artículu 41 l'Estatutu). Acompañábame García Arias.

Rueda prensa del Congresu. Amenaza d'El País, obedeciendo órdenes de Madrid: "si tán los representantes de la llingua asturiana, el País nun asiste a la rueda prensa". Los representantes socialistes de Valencia portárense como paisanos. El País nun asistió a la rueda prensa.