Una decisión prudente

(Ayer, en La Nueva España) UNA DECISIÓN PRUDENTE La del Ayuntamiento de Xixón negándose a comprometerse a ser sede del Mundial 2030, que se va a celebrar (Putin mediante) en Marruecos, Portugal y España. La falta de concreción de sus compromisos por parte del grupo propietario del Sporting y del Gobiernu asturianu hacía que las obligaciones con la FIFA, de unos 50 millones más lo que resultase de lo no comprometido por los demás, recayesen sobre el Ayuntamiento, es decir, sobre cada uno de los ciudadanos xixoneses. Es verdad que se abren todavía unos meses de expectativa, hasta julio, en que las otras dos partes necesarias para el acuerdo pudieran dar un paso adelante, pero, en cualquier caso, la decisión prudente es la de la negativa al compromiso. En primer lugar, los números. Se ha señalado, en distintos informes, que la presencia del Mundial en la ciudad podría suponer un ingreso de 250 millones de euros y que podría crear hasta 700 empleos. Preguntémonos primero por los empleos. De ser cierto el número, ¿qué tipo de ocupaciones serían? Evidentemente, la mayoría por unos pocos días y en el sector hostelero y hotelero. En cuanto a la cifra de los ingresos, no sé si calificarlas como las Cuentas del Gran Capitán, pero, en todo caso, no sería lo mismo si los partidos que se jugasen aquí fuesen los de las finales o los de las eliminatorias iniciales. (Y, si me lo permiten, entre las tres hojas que el SOMA y CC OO presentaron como documento económico para justificar la inversión de 21.000 millones de pesetas en el campus de Mieres, había un renglón dedicado al imput de la venta de bocadillos. Ya sé que no tiene nada que ver, pero van a perdonarme, es que esto de la memoria histórica crea hábito). Lo probable, además, es que, de ser finalmente Xixón seleccionada como sede, la concurrencia aquí sería de encuentros de las primeras etapas clasificatorias, que, por lo general, despertarían escaso interés. Y a propósito, y vuelvo a la tan solicitada memoria histórica. ¿Se acuerdan del interés y de los beneficios que dejó en Asturies el Mundial de 1982? ¡Qué curioso que los que argumentan con pasión a favor de la candidatura y el gasto (o la inversión, si lo prefieren) nunca recuerden esa experiencia anterior! Están después los problemas del estadio. Seré discreto sobre los planteamientos inmediatos del grupo Orlegi al respecto del mismo y sus alrededores, pero, en todo caso, el actual -ya restringido sobre el inicial- de ampliación y reforma plantea dos problemas. El primero, jurídico: el estadio es propiedad del Ayuntamiento, responsable, por tanto, de su conservación y gestión. Olvidemos la inversión en su remodelación. ¿Por cuenta de quién correría su mantenimiento posterior? ¿Quién indemnizaría la suspensión de los negocios que actualmente ocupan los bajos durante la reforma y la competición? ¿Para quién sería el negocio de algunos de los proyectos de locales comerciales nuevos? Pero es que, además, un estadio para 40.000 personas con un Sporting en Segunda División, y aun en Primera, es un recinto que invitaría a la melancolía. Ni siquiera el equipo rojiblanco en Primera ha tenido muchos más espectadores habituales -habituales, repito- que los que ahora puede tener en momentos de máxima afluencia. Xixón es una ciudad de 270.000 habitantes (es, por tanto, una falacia, por su población, compararla con sedes como Zaragoza o Valencia en lo relativo a la disposición a acoger partidos del Mundial). Se puede argumentar con lo de la “urbe astur” y sumar la hipotética clientela de Uviéu y Avilés, pero ello es un sofisma, como se puede comprobar año tras año: el funcionamiento real de la economía y los movimientos de la población se limitan, fundamentalmente, a los habitantes que moran en su recinto. Algunos de quienes están a favor señalan que habrá dinero del Estado para infraestructuras y que así podrían, por ejemplo, mejorarse las comunicaciones ferroviarias o llevarse a cabo las esperadas estaciones de ferrocarril o autobús de la ciudad. ¡Pero, hombre, bastaría con que el Estado cumpliese sus compromisos ya existentes y tantos años demorados! Y, por cierto, ¡maldita memoria!, permítanme recordarles que durante dos presupuestos, en los años 97 y 98, Xixón ya tuvo dinero para una estación de autobuses. El señor Areces, en vista de algunas protestas vecinales, decidió cambiar votos por estación. El argumento del tirón turístico o, más hiperbólicamente, “poner Xixón en el mapa” es muy endeble. Como todas las modas será muy efímero y, si no, vuelvan ustedes la vista a los efectos del Mundial del 82. ¿Quiénes se muestran muy entusiasmados? Emocionalmente, los muy futboleros; económicamente, los hosteleros y hoteleros (la hostelería parece últimamente el Bálsamo de Fierabrás del empleo) y alguna Cámara de Comercio. En contra, mucha gente, comerciantes incluso, que utilizan argumentos semejantes a los nuestros. Pero aun suponiendo que todo marchase según el mejor de los escenarios soñados, el dinero saldría del Ayuntamiento y del Principado, esto es, de cada uno de nosotros, y los beneficios irían a parar a algunos sectores o instituciones. Pero cuando se habla de invertir el dinero público (que no es cierto que sea de nadie, según proclama el cráneo privilegiado de doña Carmen Calvo, sino de los ciudadanos, a través de su sudor), hay que pensar a quién se beneficia o quién queda al margen, para quién es su utilidad. La sanidad pública puede ser utilizada por todos, aunque algunos no enfermen, o, sobre pagarla, prefieran la privada. Las carreteras las utilizan fundamentalmente quienes se desplazan habitual o frecuentemente en vehículos, privados o colectivos, mas cualquiera puede hacerlo ocasionalmente con menor o mayor frecuencia. Pero una inversión con el dinero de todos cuyos beneficios recaerían sobre un grupo pequeño de ciudadanos es algo que hay que considerar muy seriamente. Coda: Por cierto, el Ayuntamiento podía haberse ahorrado la pequeña babayada de los carteles “mundiales”.

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