Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Minucias ceutíes
(En La Nueva España, el 05/08/2026)
MINUCIAS CEUTÍES
Los legisladores y los jueces de creatividad a partir de la literalidad. La Ley 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, establece quién es español, cómo se puede adquirir esa condición, la residencia en España y otras circunstancias. Al tiempo, establece cuáles son las condiciones de entrada y asilo. Sin duda por un exceso de precaución, la disposición adicional décima (introducida en 2015) añadió: “Los extranjeros que sean detectados en la línea fronteriza de la demarcación territorial de Ceuta o Melilla mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos para cruzar irregularmente la frontera podrán ser rechazados a fin de impedir su entrada ilegal en España”. Lo que no tiene más que una traducción: la entrada por zonas que non son las establecidas para el tránsito es ilegal y permite el rechazo inmediato.
¡Ah! Pero he aquí que un juzgado de Ceuta discurre en 2024 que la mar y la playa, es decir, la frontera natural, no es un “elemento de contención fronterizo”, por lo tanto, quien entre por ahí no puede ser expulsado. Se recurre la sentencia y el 8 de julio de 2026 el Supremo ratifica la sentencia y confirma que, efectivamente, la mar, la playa, no son elementos de contención fronterizos y que a quienes lleguen por esa vía no se los puede rechazar de inmediato, no se pueden utilizar las devoluciones en caliente. ¡Como si la costa no fuese la frontera natural de cualquier país, es decir, su borde de contención!
¿Entre 2024 y 2026, el Gobierno y el Parlamento podrían haber hecho algo, por si triunfaban las tesis ad pedem litterae de los juristas literalistas? Sí, pero nada hicieron.
¡Qué milagrosa rapidez! El 8 de julio se publica la sentencia. 20 días después, una marea humana de 50.000 o 60.000 personas, mozos en su mayoría, invaden Ceuta por el lugar donde la sentencia señala que se puede entrar. Es cierto que se comunican por las redes -casi no hay, por cierto, pobre que no tenga un móvil-, ¿pero quién les da la señal y la ruta? Algunos apuntan a camiones llenos de futuros invasores orientados por policías de Marruecos. The New York Times, incluía en sus informaciones el testimonio de un joven marroquí de 26 años, Youssef Alaoui, quien les contó que, cuando estaba cerca de la frontera, fueron los propios agentes de la policía marroquí los que le indicaron la dirección correcta para entrar en España. “No paraban de decir: ‘Ve por ahí, ve por ahí’”, contó Alaoui. En todo caso, al otro lado de la frontera nadie hizo nada por impedir la invasión. ¿Se trataba de una maniobra urdida por el régimen marroquí? Muchos sostienen que sí. El Gobierno español lo niega y agradece su colaboración posterior. Don Pedro sostiene que la llamada y la incitación fueron una iniciativa de “las mafias”. No se sabe de un solo caso de cobro hecho por mafia alguna ni de medio de transporte puesto por ellas.
Dos noches terribles, y el miedo o la rocea permanecen. En cualquier caso, durante dos noches y dos días los ciudadanos de Ceuta se vieron inquietos y asediados, encerrados en sus casas ante la turbamulta, desasistidos por estar cerrados los supermercados o los bancos. Con 6.000 o 5.000 de los llegados de esa forma todavía en la ciudad, la vida se va normalizando, pero prosigue la inquietud. Frente al Centro de Estancia Temporal para emigrantes, por ejemplo, se agolpan y pelean centenares de ellos.
Europa, inquieta, pide una reunión extraordinaria y acusan a las políticas del PSOE y sus aliados en el Gobierno de provocar un efecto llamada con sus iniciativas de regularización de emigrantes. ¿Es así? El caso es que el Gobierno estimaba que habría 500.000 emigrantes beneficiarios de esa regularización y hoy en día van cerca de un millón doscientos mil solicitantes. Algunas fuentes sostienen que parte de esos demandantes imprevistos no estaban en España, sino que han llegado después de la puesta en marcha de la regularización. No olvidemos que quien regularice su estancia en España puede después circular por Europa.
¿A qué venían a Ceuta esas decenas de miles de personas? La mayoría, como podrán haber observado en las imágenes, jóvenes, con un traje de baño y una camisa encima, y poco más, salvo el móvil. ¿Qué esperaban? ¿Qué les habían dicho que encontrarían aquí? ¿Ropa, abrigo, comida y dinero gratis nada más poner pie en tierra? Porque eso sí sería el “efecto llamada”. Ahora bien, la mayoría han vuelto ya a Marruecos. ¿Cuántos de ellos decepcionados? ¿Cuántos porque no ha sido más que una aventura, entrar en Ceuta sin que nadie pudiese impedirlo? Yo, la verdad, acaso poco informado, echo en falta una labor minuciosa de investigación por los medios de comunicación, cientos, miles de entrevistas a esos ciudadanos, ¿a qué vienes?, ¿qué esperas?, ¿quién te va a alimentar y vestir?, ¿qué oficio o saberes profesionales tienes?
Porque esas entrevistas hubiesen sido un bisturí, un escalpelo preciso sobre la inmigración, lo que de ella podemos esperar, sus problemas o beneficios. Ya que, permítanme decirlo, uno de los argumentos más insistentes del discurso de “todos bienvenidos” (aparte del de que nosotros hemos sido también tierra de emigrantes, ¡vaya risa con la comparación!) es el de que vienen a trabajar para pagar nuestras pensiones futuras.
Hace falta cubrir miles de empleos, en la construcción, en la metalmecánica, en el transporte, en hostelería, entre otros. ¿Creen ustedes que esos jóvenes tienen la formación adecuada para ello? ¿Vienen a ello todos?
Y, por desgracia, la conspiración, la tolerancia al otro lado de la frontera, el juego y el impulso juvenil, el reto, tal vez, la creatividad jurídica o sus lecturas ad pedem litterae, la inacción del Gobierno, se han unido a la ilusión y la esperanza de tantos jóvenes para provocar cerca de 100 muertos.
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