Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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¿Quién paga?
(Ayer, en La Nueva España)
¿QUIÉN PAGA?
Un alumno talludo y calvatrueno se examina de anatomía. De las partes del oído nada sabe, pero un compañero, detrás de él, se las va soplando: martillo, yunque, estribo, caracol, trompa de Eustaquio… Al llegar aquí, el calavera, que ha venido repitiendo con recelo los anteriores nombres, al ver que el tribunal asiente, se lanza incontenible: el piano de María, los alicates, el pedal…
No me extrañaría nada que, si Bruselas da por buena la reforma del plan de pensiones (primera parte) que España va a presentar allí, crecido por el éxito, al igual que el examinando sobre las partes del oído, el Gobierno se lanzase a proclamar como planes de ahorro cosas tales que el reciclado de los huesos de las aceitunas y los tucos sobre los que se envuelve el papel higiénico, o, como fuente de ingreso, un impuesto sobre las toses emitidas entre las doce de la noche y las tres de la mañana, por un suponer.
Y es que “el gran acuerdo” sobre la reforma de las pensiones, firmado por los agentes sociales y el Gobierno, que ha sido presentado con trompetería como un gran éxito, es simplemente un camelo. Contiene un triunfo político, especialmente para los sindicatos, al eliminar dos elementos cruciales del plan de reforma del PP de 2013 que tenían como objetivo garantizar la viabilidad futura de las pensiones, esto es, la limitación del volumen de sus prestaciones y la garantía de la continuidad de las mismas: el llamado factor de sostenibilidad y el desligar la subida de las pensiones del IPC. Al mismo tiempo, realiza un ejercicio de prestidigitación y traslada el cuantioso volumen de prestaciones que se consideran “impropias” —unos 24.000 millones el año que viene—de la Seguridad Social, que hasta ahora se las venía apuntando, a las cuentas generales del Estado, es decir, cambia el pufo a otro sitio. Paralelamente, una serie de medidas tratan de incentivar el seguir trabajando más allá de la jubilación y de castigar los retiros anticipados. Pero es dudoso, muy dudoso, que esas medidas vayan a suponer una variación sustancial en el déficit de las pensiones.
Ahora bien, deja para un concierto posterior todo aquello sobre lo que no hay acuerdo y sobre lo que durante décadas ha venido suponiendo la imposibilidad de enfrentar el problema en el marco del Pacto de Toledo: el creciente déficit que provocará el incremento próximo de pensionistas y el progresivo crecimiento de la cuantía de las pensiones, las cotizaciones de los autónomos, el problema de ligar la subida anual de las pensiones al IPC si este se dispara, la búsqueda de un nuevo “factor de sostenibilidad” que ahora se llamará de “equidad intergeneracional” (tenemos el nombre, pero no el qué ni el cuánto), que entrará (¿será “entrarióla”?) en vigor en 2027. ¿Qué celebran, pues, los fuegos artificiales hodiernos? Pues poco más que nada entre dos platos y el que entre los interlocutores hayan buscado un acuerdo temporal que escapa del problema, sabiendo que lo difícilmente acordable (y la realidad de los números y el futuro) les espera a la puerta.
En otro orden de cosas, es una consideración general la de que cualquier acuerdo “de paz” con la Generalitat nos costará, en cualquier caso, dinero a los españoles y, por tanto a los asturianos. Les recuerdo que el parcialmente anulado maragalliano-zapateril-masiano estatuto catalán de 2006 limitaba la aportación de Cataluña al resto, garantizaba in aeternum el sostenimiento de su puesto en la renta per cápita entre comunidades, y establecía la participación con voz propia de la autonomía en la mayoría de los organismos estatales, es decir, estatuía un trato desigual para esa comunidad y configuraba un trato económico privilegiado para ella. Las cosas de la negociación llevan ahora el mismo camino (y hay otros a la cola, no lo olviden). Es más, ante la propuesta del PSC de una “financiación federal” que prime a Cataluña, Valencia y Baleares, el Principado (LA NUEVA ESPAÑA, 28/06/21) “apela al “frente común” con otras regiones para la nueva financiación”, esto es, busca defenderse, como siempre, de los suyos.
¿Y esto quién lo paga, lo de las pensiones en el futuro, los regalos a Cataluña y tal vez a otros que pesan más? ¿Pues quién los va a pagar? Los ustedes y los nosotros, los asturianos y los españoles, sea cual sea su condición, sexo o voto.
¡Ay de los probinos!
Última hora: 01/07/21, comparece el ministro Escrivá y afirma que el desaparecido “factor de sostenibilidad” del PP, convertido ahora en “factor de equidad intergeneracional”, lo pagarán principalmente los nacidos entre finales de 1950 y mediados de 1970. Las voces se oyen en Marte. 02/07/21. Asoma otra vez. “No tuve mi mejor día” (tal vez venía de “la fiesta de Blas”, ya conocen la canción). “No transmití adecuadamente”. Cuando miente es ahora, pero es normal, es la conducta habitual de este Gobierno, mentir para rectificar y rectificar para mentir. Cada uno de sus miembros lleva al cuello una medallita con la acuñación de Romanones: “Cuando digo jamás, quiero decir hasta esta misma tarde”.
Por cierto, Garamendi y la CEOE salieron a hacer coro con los sindicatos en el griterío contra las verdades de Escrivá. Pregunten a cualquier empresario mediano o pequeño lo que piensan del hombre y de la institución: “Otro sindicato”, es lo más suave que les dirán.
Güei, en lne: Las cuentas y los milagros
Las cuentas y los milagros
Los ingresos no llegan para lo que gastamos, pero a los partidos les parece irrelevante
Xuan Xosé Sánchez Vicente 23.02.2019 | 23:26

No hace falta que los abrume con los datos: tenemos una deuda equivalente a casi toda la riqueza que producimos en un año; sólo de intereses pagamos más de 30.000 millones cada doce meses; el déficit de la Seguridad Social (la recaudación de las pensiones) es de 15.000 millones anuales, y, de momento, en aumento; el déficit del Estado (es decir, el pufo) para este año se presupuestaba en el 1,3% sobre el PIB, se estimaba que no bajaría del 2% con los presupuestos sanchinos y ahora, sin ellos, calcula la ministro del ramo que llegará al 2,4%; el número de desempleados, en mejoría, está en el 15% de la población activa.
Esas son nuestras cuentas, que, como puede ver un invidente -si es que no está imbuido de la fe ciega del sectarismo, al que la evidencia, como decía Aristóteles, impide ver, al igual que la luz al esperteyu-, no llegan para lo que gastamos, y nos hacen deber aún más cada año por aquella deuda que en cada ejercicio producimos.
Pues bien, para una no pequeña parte de los partidos políticos, organizaciones cívicas y personas esta realidad es irrelevante. En la práctica se comportan como "mentalidades-Moisés", para las que la riqueza sería un maná que descendería del cielo a su demanda; o como creyentes en "el burru gacarriales", el burro del cuento al que bastaba levantarle el rabo para que eyectase reales, que serían hoy euros.
Con la doble misión de sustentar esta visión a la par ciega y milagrosa, el paisaje se ha poblado de palabras mágicas, como "justo" o "digno" ("salario mínimo justo", "pensiones dignas"), que parecen decir algo, pero que nada dicen. Porque todo puede aspirar a ser más para ser justo o digno, sin que quiera decir que pueda serlo. ¿O acaso no es más justo o digno que en vez de envejecer no lo hagamos? ¿O que en vez de tener un tipo poco elegante tengamos uno extraordinario? ¿O qué?? Bueno, esto no lo digo.
Pero la realización de esos términos -dejando a un lado la contradicción parcial de intereses entre empleado y empleador, que es otra cuestión- no depende de la necesidad del demandante o de sus esperanzas de nivel de vida, sino de la posibilidad de que puedan hacerse efectivas porque la realidad económica lo permita.
Vayamos, por un poner, al salario mínimo. Como ustedes saben, los sindicatos, la patronal, PP y PSOE habían pactado subidas progresivas del salario mínimo a lo largo de tres años, desde el 2017, hasta llegar a 772,80 euros mensuales en 2109 y 850,08 euros en 2020. Haciendo mangas y capirotes de estos acuerdos, PSOE-Sánchez y Podemos-Iglesias pactan para 2019 un salario mínimo, "justo" de 900 euros. Pero la cuestión no es saber si esa subida viene bien a quienes la alcancen, si es "justa", sino si es posible para muchas empresas (a los 900 euros hay que añadir unos 58 más de Seguridad Social y algún otro costo) o, en otros términos, si la productividad del trabajador generará esos beneficios más, naturalmente, los de la ganancia empresarial.
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En todo caso, la cuestión de la subida del salario mínimo ha dado lugar a ejemplos cómicos de la mentalidad económica milagrera. Así, la diputada podemita Tania Sánchez se jactaba en un artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA del 02/02/2019 de que la subida del salario mínimo a primeros de año no había hundido en empleo y, en alguna medida, sostenía que el crecimiento del empleo en los tres últimos meses de 2018 se había producido no sólo teniendo en cuenta la próxima subida del salario mínimo, sino, venía a insinuar, gracias a ella.
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Tania Sánchez
Güei, en LNE: Una lupa sobre las brechas
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Una lupa sobre algunas brechas
Tras el enorme éxito de la manifestación-huelga del Día de la Mujer
Xuan Xosé Sánchez Vicente 16.03.2018 | 03:48

Una lupa sobre algunas brechas
La manifestación-huelga del Día de la Mujer ha tenido un enorme éxito. Las causas han sido complejas: a las razones objetivas se ha unido un cierto clima emocional, determinadas prédicas e, incluso, una coyuntura discursivo-emocional de carácter internacional, la del "Me too".
Uno de los parámetros que han creado ese clima ha sido el de la llamada brecha salarial. Pongamos la lupa sobre ese argumento. ¿Existe diferencia entre los salarios de hombres y mujeres por el trabajo realizado? Existe si consideramos lo cobrado por el conjunto de varones y hembras. Pero cuando analizamos objetivamente las razones de esa diferencia no encontramos discriminación concreta entre portadores del cromosoma Y frente a los del cromosoma X. En otras palabras, tanto en la Administración como en el ámbito de la economía privada las personas que realizan el mismo trabajo tienen exactamente el mismo salario. ¿Dónde se producen las diferencias? En primer lugar, en el tipo de trabajo, en segundo lugar, en el tipo de complementos, especialmente en los de antigüedad y dedicación. Diferencias que se producen del mismo modo entre varones que difieran en esos parámetros.
Un caso muy especial lo representan los vectores de la maternidad y del cuidado de los mayores. Son ellos los causantes de un alto porcentaje de las diferencias salariales dentro del mismo ámbito de trabajo. Es posible que aquí la legislación pudiese introducir alguna variable que paliase esas diferencias, pero el centro de la cuestión no radica en el empleo, sino en las relaciones sociales y de pareja: es una cuestión fundamentalmente cultural. Que conste, además, que el problema, desde el punto de vista social, colectivo, no es tanto el de las mujeres que ven mermada su proyección por tener hijos, sino el de las que deciden no tenerlos, o restringen su número, por poder seguir su vocación o asegurar su independencia económica.
Hay, de todas maneras, que subrayar que una parte del discurso en torno a este parámetro de la diferencia causada por razones de la atención familiar tiene una visión reduccionista e imperativa: se basa en la idea de que todas las mujeres deben preferir entregarse por completo al trabajo y lo prefieran, y que aquellas que no lo hicieren y eligiesen otras opciones son mujeres alienadas o no-mujeres. Pregunten ustedes en su entorno, fuera de la hora de los mítines. Verán cómo hay muchos proyectos vitales distintos, visiones del mundo y del yo variopintos.
En este clima discursivo-reivindicativo se introducen propuestas y análisis muy discutibles. Por ejemplo, si ustedes releen las páginas de LA NUEVA ESPAÑA de estas semanas se encontrarán con que en algunas profesiones, como la de bombero, es extraña o nula la presencia de mujeres porque no pueden superar las pruebas físicas. Pues bien, lo que los igualitaristas proponen es que se discrimine positivamente a las damas rebajando las exigencias de las pruebas. Pero entonces, ¿qué clase de igualitarismo es ese? Si esas exigencias son necesarias, demándense para todos; si no lo son, que se rebajen también para los varones.
Recientemente, al discurso sobre la brecha salarial ha venido a sumarse el de la brecha en las pensiones. Ciertamente, también aquí el conjunto de las pensiones medias de las mujeres es inferior al de los varones. Pero la causa no estriba, como parece sugerirse, en alguna conspiración chestertoniana, sino en las condiciones objetivas de la obtención de una pensión: el haber o no cotizado, los años de cotización y la cuantía por la que se cotiza, el cobrar la pensión propia (en el caso de las mujeres) o la del cónyuge, una vez fallecido éste, etc. Individualmente, existe la misma brecha entre el ciudadano varón que ha cotizado pocos años o que lo ha hecho en escasa cantidad y otro que tiene parámetros distintos a la hora de jubilarse. ¿Ha de subirse la pensión a todos o sólo a las mujeres? ¿Lo que se propone es una pensión igualitaria universal, al margen de la historia laboral de cada uno? ¡Quién lo sabe!
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Güei, en LNE: Dale con aire a la rueda
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Dale con aire a la rueda
Las reclamaciones de los funcionarios y los pensionistas
Xuan Xosé Sánchez Vicente 10.03.2018 | 03:48
En febrero del año diez publicaba aquí un artículo titulado "¿Hacia la argentinización de España?". "Argentinización" era entonces una palabra de moda en el juicio político: designaba un conjunto de factores destructivos, que iban de la economía a la política, con el triunfo del populismo en los electores y los partidos, de modo que cada propuesta "salvadora" entrañaba al final un escenario peor que el anterior. Es obvio que de aquel año a este la economía, tras haber estado a punto de hundirse en una sima insondable poco después, ha mejorado de forma evidente y sigue en crecimiento. Pero, sin embargo, el populismo ha crecido de forma exponencial no sólo por la aparición de fuerzas políticas cuya principal definición es la de esa forma de discurso y actuación, sino porque la demagogia y la irresponsabilidad se han instalado en formaciones que no se caracterizaban antes por ese tipo de comportamientos.
El conflicto catalán ha puesto el foco en una serie de cuestiones que hasta ahora no habían sido objeto de una atención generalizada y, al tiempo, ha levantado una serie de demandas que van sucediéndose en cadena día tras día. Todo empezó tras la presencia de fuerzas policiales en Cataluña con motivo del convocado referéndum para la independencia. Las deficiencias de su alojamiento, la hostilidad hacia ellas y el comportamiento de los mossos provocaron el que se pusiese de relieve que los cuerpos policiales del Estado ganaban menos que el cuerpo policial catalán o el vasco. El conjunto de sentimientos que ello despertó, la empatía hacia ellos con motivo de las humillaciones de aquella estancia y una serie de movilizaciones hizo que se llegase a un pacto para equiparar en salarios a policía y guardia civil con los de los empleados de las policías autonómicas.
Ahora bien, ese movimiento de equiparación salarial ha suscitado de inmediato reivindicaciones semejantes. "Los profesores asturianos piden cobrar como en otras regiones, 500 euros más", titulaba LA NUEVA ESPAÑA del domingo cuatro de marzo. Y poco antes los médicos y sanitarios realizaban una reivindicación en este diario. Y ciertamente otros grupos irán realizando demandas semejantes. De modo que lo que ha propiciado Cataluña es que se haya puesto en evidencia que la mayoría de los funcionarios públicos cobran menos que aquellos que trabajan en Euskadi, Cataluña y Navarra. Ahora bien, esas diferencias se producen ya porque unos tienen un tratamiento fiscal favorable, ya porque otros se hayan endeudado a costa del resto del Estado, es decir, de los impuestos de los demás. Y ello, naturalmente, no sólo se ve como una injusticia, sino también como un agravio.
Pues bien, en el fondo lo que ello viene a poner en cuestión es el propio Estado autonómico-federalizante (¡y no digamos ya el sanchesco plurinacional!), porque si un Estado de ese tipo no puede tener diferencias entre parte y parte del mismo, ¿qué tipo de organización autonómica es?
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LA BANCA NO EXISTE
(Asoleyáu en La Nueva España 09/02/18)
LA BANCA NO EXISTE
Es una abstracción. Existen los
bancos, esto es, sus accionistas, los depositantes en ellos, los empleados y
los servicios bancarios (préstamos, custodia, avales…). ¿Y por qué les cuento
está obviedad, dirán ustedes? Muy sencillo, porque los dirigentes del PSOE
(Simancas, por ejemplo, o Pedro Sánchez, en LNE del 26 y del 23 de enero,
respectivamente) andan predicando un “nuevo impuesto a la banca para pagar las
pensiones”.
Pero convendría que se aclarará
sobre quién va a recaer el impuesto (de una cantidad imprecisa, de entre 5.000
y 7.000 millones), ¿sobre los accionistas?, ¿sobre los impositores?, ¿sobre los
empleados o los servicios? Si sobre los primeros, ¿recargando lo que ya se paga
por el dividendo?, ¿igual para el que tiene cien acciones que para el que tiene
diez mil?, ¿lo mismo para los individuos que para las corporaciones? Si se
trata de los servicios, es obvio que se encarecería la tenencia de cuentas y
los préstamos, porque los costos se trasladan siempre al receptor final. ¿Va a
ser eso? En cualquier caso, no a la banca, a concretos individuos.
La propuesta, por lo demás,
parece olvidar la situación en que se hallan los bancos y sus cuentas. Con
fuertes provisiones en sus balances y achatarrando oficinas y empleo para
reducir gastos, los bancos no están pasando por el mejor momento. Tampoco los
ahorradores, para los que el dinero pierde valor todos los años y las únicas
inversiones que pueden ser rentables son las que tienen un riesgo más o menos
mayor.
Pero volvamos a la propuesta del
PSOE (que es la misma, por cierto, que la de su alma gemela, Podemos). En
palabras literales de don Pedro: “Aquellos que
fueron rescatados con 77.000 millones, ahora tienen que rescatar lo que
representa un sentimiento colectivo de la ciudadanía española: su sistema
público de pensiones”. Y para que no haya dudas, “Simancas —dice La NUEVA
ESPAÑA en la fecha citada— defendió ayer en Gijón la
propuesta del PSOE para garantizar el sistema público de pensiones con
impuestos especiales a la banca, recordando que se inyectaron 77.000 millones de
euros públicos para sanear al sistema financiero y ahora que los bancos tienen
altos beneficios es hora de que sean ellos los que apoyen a la sociedad”.
Pero Simancas sabe de sobra que
no se inyectó dinero a la banca, sino a los bancos y no a ninguno de los
“bancos”, sino a las cajas, y que esas cajas (salvo Bankia, principalmente) han
desaparecido en su mayoría o están devolviendo el dinero prestado, que, por
cierto, retornará en una cantidad que se estima entre 20.000 y 30.000 millones.
De modo que en quienes puede fundamentalmente recaer el “impuesto de reversión”
es en los bancos que no recibieron ayudas.
Pero demos un paso atrás.
Recordemos cuál era y es la frase hermana de esta, en la que en alguna medida
reposa su requerimiento justiciero: “Hay dinero para rescatar a los bancos y no
hay dinero para rescatar a los ciudadanos”, se pancarteaba en plena crisis.
Pensemos por solo un momento lo que habría ocurrido si, como se demandaba por
algunos, y como implícitamente reclama la frase, se hubiese dejado quebrar los
bancos (a las cajas), sin inyectar dinero en ellos: en primer lugar, los
depositantes hubiesen perdido sus ahorros o la mayor parte de ellos; y ni
siquiera habrían recuperado los 100.000 euros por persona que dice asegurar el
Fondo de Garantía de Depósitos, pues no tendría dinero para ello. Y habría
seguido después una crisis bancaria generalizada que causaría enormes daños en
la actividad económica y el empleo durante algunos años. ¿Importa todo eso al
discurso? Nada.
¿Sabe todo esto la muchachada que
dirige el PSOE? Tengo tantas dudas como certezas sobre el comportamiento del
cerebro humano, pero yo creo que, aunque sea de una forma obscura, la verdad
convive en su cerebro con la mentira. ¿Por qué lo hacen, pues? Por una sencilla
razón que he explicado aquí la semana pasada: porque el que no miente no gana,
feligreses y votantes necesitan oír aquello que quieren oír, aquello que casa
con sus prejuicios y con esa red tupida de ensoñaciones y fantasías que se
denomina “ideología”. En una palabra, los discursos externos necesitan
homologarse con los discursos previamente interiorizados por los ciudadanos.
Tengan estos la congruencia que tengan con la realidad o con la verdad.
Xuan Xosé Sánchez Vicente
¡Ah!, ¿pero nun gobernaben los d'izquierdes?
Francia congela las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las prestaciones sociales
Yá lo decía Lenin: "La realidá ye testona". Y, arreyo yo, escontra ella nun valen nin los sueños nin los discursos pa engañar a los bobos y a los que quieren dexase engañar.
Más sobre manifestaciones sindicales (¿y obreres?)

El 23-F los sindicatos UGT y CCOO salieren a la calle a sopelexar el so rechazu a lo qu'ellos mesmos propugnen (perdón, dicen que propugnen) na so otra hemipersonalidá, la del Gobiernu PSOE.¿Cayeren vustedes na cuenta de que yera tantu'l so interés en defender a los ciudadanos y a los trabayadores que nun quisieren qu'otros sindicatos (USO, CSI, CSIF...) se sumaren a la convocatoria?
¿Porque nun van pensar ustedes que la razón pa nun llamalos nin dexalos participar ye que-yos interesa más la esclusividá del so negociu que la defensa de los trabayadores y los ciudadanos?¿A que nun son tan gafientos como pa pensalo? Y a que, d'ocurríse-yos, escobien la idea de seguida, por perversa y errónea.
Tocántenes al públicu, n'Asturies, 30.000. Y en Madrid, sólo 50.000. ¡Somos mundiales! ¿O será qu'equí, con unos medios de comunicación entregaos, cuelen entá meyor les mentires de los convocantes a les manifestaciones que les de los pescadores y cazadores en chigre?
Pensiones y manifestaciones: 23 de febrero

El lema del PSOE contra lo OTAN, ¿se acuerdan?, era: "OTAN, de entrada no". Recuerdan, sin duda, lo que significaba: "De entrada, no; después, sí".Cuando don Cándido Méndez anunció la huelga gritó: "Zapatero, así no", y criticó "el nefasto sentido de la oportunidad del Gobierno".
¿Reconocen la agencia publicitaria de la OTAN en el "así no" de Méndez?En cuanto a lo del 23-F, ¡vaya usted a saber qué humorada se esconde tras ello! Quizás la misma que la de Felipe González con el yate Azor.
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