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No estaría mal mirar por lo de aquí

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(Ayer en La Nueva España) NO ESTARÍA MAL MIRAR POR LO DE AQUÍ En memoria d’Emilio Serrano y Dubardu Puente Sindicatos, patronales, opinadores, partidos políticos y particulares han comenzado una campaña contra el pago de peajes en el Güerna, en razón de su propia entidad y aprovechando un dictamen de la Comisión Europea que considera que la prórroga establecida en su día por el Gobierno de Aznar fue ilegal. El Gobiernu se ha puesto al frente de esa campaña y participa tanto en plataformas y manifestaciones ad hoc como en visitas a Europa y ruegos a los conmilitones socialistas del Gobierno central. Al respective de estos ruegos, hay que señalar que, hasta ahora, el socialismo sanchista al frente de la nave del Gobierno ha hecho oídos de mercader a esas peticiones, construyendo un nuevo refrán: “Al amigo que pide, Puente que niega”. Cabe también señalar que la demanda reivindicativa se ha convertido en un campo de Agramante -en una casa de lenocinio de módico estipendio, diríamos con Pérez de Ayala, dicho en fino/tosco-: todos dicen estar de acuerdo, pero luego cada uno presenta mocionines por su lado, sin contar con los demás. Apuntemos dos cosas: suele ocultarse que la resolución del contrato del Güerna (AP-66) con la actual concesionaria es políticamente inseparable del rescate de la AP-9 gallega y de otras autopistas de pago, lo que dificulta esa resolución. Pero, por otro lado, cabe subrayar, en todo este folletín de héroes y villanos y acusaciones mutuas entre los partidos, el lucido papel de Zapatero: prometió en Asturies, en 2004, eliminar el peaje del Güerna y, efectivamente, lo cumplió: en 2009 trasladó la garita del cobro del peaje de Campumanes a la Magdalena. Me parece estupendo ese enfotu del Gobiernu en ahorrar costos, dinero, perres, a los viajeros transfronterizos asturianos, pero sería estupendo si, de la misma manera, mirasen para lo que está en casa y en su mano. Un ejemplo. El 27/03/2004 la Consejería de Ordenación del Territorio… y Derechos Ciudadanos publicaba una Resolución por la que se concedían subvenciones para la rehabilitación de fachadas de viviendas, a fin de mejorar la eficiencia energética. El plazo para acabar las obras y entregar los papeles se establecía en mayo/junio de 2026. Pues bien, por una serie de problemas en la vida real, dos fundamentalmente, que las empresas del ramo no encuentran personal y que -no se rían- hay escasez de andamios, aquí y fuera, muchas de las ayudas concedidas no podrán ejecutarse, y, lo que es peor, otras muchas se acabarán fuera de plazo, por lo que los vecinos tendrán que costear toda la obra. Añádase a ello lo que afirma este titular de LA NUEVA ESPAÑA: “Decenas de edificios se quedan sin reformar en Asturias por el retraso de las ayudas. Constructores y administradores de fincas urgen al Gobierno regional a desbloquear las subvenciones para evitar que se pierdan más de 18 millones” (13/09/2025). Y si suman ustedes los atrasos en el pago de las subvenciones para las obras ejecutadas, tendrán unos miles de ciudadanos perjudicados en cuantías de varios miles de euros, a lo que viene a sumarse la pérdida de deducciones por el dinero gastado en esas obras, al haber decaído el decreto correspondiente en uno de esos barullos parlamentarios del Gobierno de “somos más” (y los mejores). ¿Puede arreglar el Gobiernu en esta materia lo que de él depende? Se trata simplemente de, por un lado, sacar una nueva resolución con una prórroga en los plazos y, por otro, pagar lo que se debe. ¿Lo va a hacer? Pues tengo mis dudas: es más fácil ximielgar banderones que mirar la realidad que depende de uno y solucionarla. Los concomitantes son malos: las ayudas al coche eléctrico acumulan tres años de demora. Y así podríamos seguir, ¡total, los bolsillos afectados son los de los ciudadanos! PS. ¡Qué ilusión! Para celebrar los méritos de Santa Teresa como escritora, el día 15 han quedado sin clases los centros de enseñanza del país. De la alegría y la admiración por tan docta decisión estoy que vivo sin vivir en mí.

Eso de la paz en Palestina...

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Eso de la paz en Palestina... Y lo del Estáu... After Israeli Withdrawal, Hamas Launches Violent Crackdown on Rivals in Gaza Firefights and public executions raise concerns about spiral of internecine violence; ‘I could hear gunfire all around’ https://www.wsj.com/world/middle-east/hamas-gaza-israel-withdrawal-33d69b55?mod=djem10point

¿Cuántas tiendas se han levantado por Ucrania?

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(Ayer, en La Nueva España) ¿CUÁNTAS TIENDAS SE HAN LEVANTADO POR UCRANIA? Entiendo la impresión que las imágenes de destrucción y las cifras de víctimas y desplazados en Gaza causan. Entiendo, por ello, que se haya producido una reacción propalestina y antiisraelí, y que, como consecuencia -y en pos del ejemplo universitario estadounidense-, se hayan levantado aduares emocionalmente solidarios en algunos campus. Ahora bien, en el este de Europa y desde hace algunos años, tras haberse apoderado de Crimea, Rusia está atacando Ucrania, arrasando sus ciudades, matando civiles, obligando a abandonar sus hogares con algunos enseres a muchos ciudadanos. Y es curioso, pero esta brutalidad continuada y sistemática, ese proceder imperialista, no ha provocado el alzamiento de una sola tienda en protesta por ello, ninguna huelga en solidaridad con los asaltados y desplazados, ninguna petición masiva de retirada de los invasores. Es cierto que, en alguna medida, algunas actitudes se han lenificado. Ya no asistimos a la sistemática acusación a la OTAN y Occidente de haber provocado que don Vladimiro se sintiese provocado y, por tanto, «obligado» a reaccionar. Tampoco menudean los llamamientos a la paz argumentando que el envío de armas a Ucrania para defenderse no contribuye a ella, como menudearon en el argumento los socios de Sánchez, Podemos, IU y Sumar. No, el putinerío se halla ahora más discreto, por lo que habría sido posible que se hubiese producido alguna modificación a favor de las víctimas de Rusia, pero nada de eso ha pasado. ¿Por qué? Porque existe un tan notable como inmutable estrabismo político en el ámbito de la mayoría de izquierdas: en contra de Occidente, a favor de lo que no sea Occidente. Y, seguramente, detrás de ello vela la pasión autoritaria que siempre manifestó su simpatía por los regímenes dictatoriales, perdón, comunistas o del socialismo real, como prefieran llamarlos. Alejémonos un poco antes de volver a la cuestión de la emoción y la política sobre el conflicto. Volemos al Reino Unido: “Solo uno de cada cuatro musulmanes británicos cree que Hamás cometió asesinatos y violaciones en el ataque a Israel. Los sectores más extremistas se encuentran en las franjas más jóvenes, con estudios, y entre los nacidos en Reino Unido”. Es evidente, volviendo ya a nuestras tierras y a nuestros campus, que la opinión pública no “se mueve” nunca, sino que “es movida”. Ahora bien, es también cierto que, previamente, existen ciertas siembras instaladas que solo esperan el agua para crecer, esto es, para moverse en la dirección hacia la que se los incita. Ello permite excitar el movimiento con pocos matices o, incluso, ocultando algunos elementos fundamentales. Uno, por ejemplo, el origen del momento presente del conflicto y los contendientes. Se puede estimar, como lo estiman tantos dirigentes europeos y mundiales, no solo los ciudadanos de a pie, que Israel se excede en su derecho a réplica o de defensa con respecto al ataque inicial de Hamás. Ahora bien, se pasa por alto que quien comete los crímenes (1.200 asesinatos, 240 rehenes) el 7 de octubre del año pasado no es Hamás como organización terrorista, sino un Hamás que es el Gobierno de Gaza, Gobierno que se han dado a sí los palestinos. ¿Cómo se combate, pues, a un grupo armado que es, a la vez, la organización estatal? No es fácil la respuesta. Al respecto del futuro de la zona, del cese con los menores daños posibles para la población, el establecimiento, tan deseable, de la paz -cuestiones que vienen siendo irresolubles desde 1949-, muchos propugnan que la única solución pasa por la convivencia de Palestina e Israel como dos estados. En este momento, 143 estados de las Naciones Unidas han reconocido a Palestina. El hacerlo, y aun su establecimiento efectivo, oculta algunos problemas de bastante entidad. Solo uno: ¿cómo podrían convivir dos estados cuando en uno de ellos el régimen podría tener como objetivo programático la destrucción del otro? Pues áteme usted esa mosca por el rabo. En los últimos meses, Pedro Sánchez ha decidido dar un paso adelante, y, sin que la Unión Europea y sus instituciones lo acompañen, sin tener tampoco el acuerdo unánime -y sin buscarlo- en España, reconocer, poco menos que por sí y ante sí, tras una intensa campaña por el exterior, a Palestina. No malicien ustedes que se trata de una medida con un fuerte componente electoral, que busca aprovechar la emocionalidad propalestina, tan fluente en el ámbito de la izquierda y especialmente en el de sus competidores de IU y Podemos. ¡Honni soit qui mal y pense! El anuncio del próximo reconocimiento se hace el día 22 de mayo en una comparecencia en el Congreso de los Diputados, y la campaña para las elecciones europeas comienza el 23. Pero nada tiene que ver un asunto con el otro. Lo vienen pregonando los medios afines a la Moncloa: «Se hace antes para que nadie piense que tiene que ver una cosa con otra». ¡Cuánta exquisitez, cuánta delicadeza! ¡No me digan que no!

Una sutil diferencia

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(Ayer, en La Nueva España) UNA SUTIL DIFERENCIA La historia de la nación judía tiene dos características fundamentales a lo largo de los siglos: sus sucesivas expulsiones de su tierra, su conciencia de comunidad, pese a la dispersión o el tiempo fuera de su patria. Ese mantenimiento de la identidad ha llevado siempre a que fuesen vistos con hostilidad, como un cuerpo extraño en los países a los que se trasladaron o fueron trasladados. A esa hostilidad se ha sumado, en el mundo cristiano, su “culpabilidad” por ser los causantes de la muerte de Cristo. Del mismo modo, la dedicación de una parte de ellos a las finanzas ha provocado una permanente enemistad contra ellos y acusaciones de todo tipo. Muestras de esa animadversión pueden verse en la literatura, en Shylok, por ejemplo, el usurero de “El mercader de Venecia”, o en los prestamistas Raquel y Vidas, a los que el Cid da el tocomocho. Consecuencia de esa hostilidad y odio, los judíos sufrieron a lo largo de la historia persecuciones y matanzas. El Holocausto fue la más terrible y sistemática de todas (acabada la guerra, Göring, ya en prisión, al enterarse de que sobrevivían algunos judíos en Hungría: “Pensé que los habíamos liquidado a todos. El responsable debía de ser un inútil”). Fruto de esas circunstancias y de su conciencia de grupo, cuando Gran Bretaña abandona Palestina, donde ya había un cierto número de judíos, la ONU decide crear allí dos estados, en 1948, uno árabe, otro judío. Proclamado este, de forma inmediata tropas egipcias, iraquíes, libanesas, sirias y transjordanas comenzaron la invasión del recién proclamado estado. Fracasaron, e Israel aprovechó para ganar territorio y miles de judíos fueron llegando para habitar en el nuevo país y colonizar los territorios. Las hostilidades y las guerras se sucedieron. Siempre con la finalidad de hacer desaparecer el Estado de Israel, siempre ganadas por este, ampliando sus territorios y colonizándolos, aunque con la retirada de parte de ellos tras algún tiempo. La gran novedad se produce con los acuerdos de Madrid (1991) y Oslo (1993), que parecieron abrir una época de paz (recordemos que en 1994 Yaser Arafat e Isaac Rabin recibieron el premio “Príncipe de Asturias” a la Cooperación Internacional). En ellos, los palestinos aceptaban la existencia de Israel y se abría un período de negociaciones que parecía que debería concluir con un Estado palestino y ciertas concesiones y reversiones por parte judía. Sin embargo, las expectativas no se cumplieron y, además, los asentamientos judíos siguieron ocupando nuevas tierras. Por si fuera poco, el Gobierno israelí financió y alentó a Hamás, como contrapeso a la OLP. Y llegamos a la situación actual. Hamás entra en Israel, mata a 1.200 personas y secuestra a 200. Hamás es, al tiempo, en Gaza, gobierno y organización secreta terrorista, cuyo objetivo es la destrucción de Israel. La cuestión, tras la incursión, es la de cómo combate Israel a Hamás. La opinión internacional parece no ver con buenos ojos la incursión en Gaza del Ejército judío. Ahora bien, ¿cómo es posible desarmar o vencer a un enemigo permanente –Hamás sigue disparando ahora mismo cohetería a territorio israelí– si no se entra en su territorio, máxime cuando ese ejército es semiclandestino y se confunde con la población? Háganse la pregunta y respóndansela. Una segunda cuestión es la relativa al apoyo a los palestinos, a Hamás y a Hezbolá. Lo hacen con cierta discreción algunos países árabes; con dinero y sostén ideológico, Irán, ese país especialmente feliz para homosexuales y mujeres desde que se derrocó al sha. Pero algo debería hacernos reflexionar el hecho de que ni Jordania ni Egipto quieren recibir palestinos: ahí tienen la frontera de Rafah cerrada a cal y canto. La historia y las circunstancias actuales, las guerras continuadas, los muertos, la miseria de tantos palestinos, la amenaza constante sobre Israel, provoca que muchos ciudadanos vuelquen sus afectos sobre unos u otros, defiendan las posiciones de palestinos o hebreos. A mí me gustaría apuntar una sutil diferencia entre la actuación de guerra o guerrilla de unos y otros, a los crímenes de unos y otros, a los muertos de una u otra parte. Sólo unos matan cara a cara a familias y niños indefensos –cara a cara, repito o a 260 jóvenes desarmados que están bailando en un festival por la paz, sólo unos degüellan a sus enemigos, es únicamente una parte la que arrastra y exhibe desnudos los cadáveres de las víctimas, sólo una la que utiliza a los rehenes como arma negociadora (sin hacer caso a Arnaldo Otegi, ¡oh memoria de Miguel Ángel Blanco y tantos otros!, y su piadoso reciente enunciado: “no somos partidarios de usar rehenes para hacer canjes”: después de puta maldita, hábito de santa Rita, como dice el refrán) y los ajusticia en venganza por un bombardeo o amenaza con ajusticiarlos si la guerra sigue. Sé que, entre tanta violencia, dolor, muerte e injusticia es una sutil diferencia, sutilísima acaso: la que nos separa de la barbarie, nada más. Y esa sutil diferencia me permite también diferenciar a quien no la ve o no quiere verla.