Mostrando entradas con la etiqueta irresponsabilidá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta irresponsabilidá. Mostrar todas las entradas

IRRESPONSABILIDAD: ACCIÓN DRÁSTICA, PUBLICIDAD DRAMÁTICA

0 comentarios

                IRRESPONSABILIDAD: ACCIÓN DRÁSTICA, PUBLICIDAD DRAMÁTICA

                Es evidente que una parte importante de la población es irresponsable: no guarda ninguna de las medidas necesarias para no contagiar o contagiarse.
                Las razones son varias. Una de ellas es que no creen en la malignidad del virus; otra, que piensan que a ellos no les va alcanzar. En todo caso, no conectan su responsabilidad con los problemas de salud derivados del coronavirus.
                Una causa de ello es la pésima publicidad que se está haciendo de la situación real del peligro y de la necesidad de las medidas de protección. Anuncios como “Lo estamos haciendo bien” o las llamadas a la responsabilidad tienen escasa capacidad de impacto. A muchos no les llegan al oído. A otros, les entra por un oído y  les sale por el otro.
                Si se quiere mejorar la actitud responsable de los ciudadanos es necesario dirigirse a ellos de otra forma, mediante una publicidad visual y dramática, mostrando, por ejemplo, los enfermos y hospitalizados en relación con individuos sin mascarilla o distancia. “Posiblemente tú eres el responsable”, podría ser el comentario. O, al respecto de los jóvenes, mostrando a otros jóvenes enfermos o poniéndolos en conexión con sus padres y familiares. “Tú también te puedes infectar”, o “puedes ser el responsable de la enfermedad de tus familiares”, tal el subrayado.
                La publicidad debería, además, ir dirigida a grupos específicos, cuya irresponsabilidad general es notable. Así, a los jóvenes, o a los aficionados al fútbol que se concentran en torno a los estadios. Y, en este ámbito, no estaría de más pedir la colaboración de clubes y futbolistas, poco ejemplares en el campo con sus abrazos. O a visualizar situaciones concretas de riesgo: conversaciones sin distancia y protección, fiestas, botellones…
                En las calles sería necesaria una campaña generalizada de llamadas de atención a quienes no usan las mascarillas o realizan actos colectivos sin guardar las normas, y la imposición drástica de sanciones y su divulgación.
                No todo mejoraría, pero probablemente, sí algo. De lo que no cabe duda es que las actuales y tan melifluas como bienintencionadas llamadas a la responsabilidad valen bien poco.



EL MUSEL: DESPILFARRO Y RESPONSABILIDAD

0 comentarios




El asunto de El Musel trae en estos días aún más cola de la que en sí mismo traía. ¿Cuál es la cola actual, o mejor dicho, los problemas antiguos que ahora se manifiestan en toda su virulencia? Pues son, de un lado, los económicos, de otro, las sospechas de un fraude múltiple, cuyos indicios son ahora fehacientes y que, tras haber sido investigados por la Oficina Europea de Lucha Contra el Fraude, han sido enviados a las autoridades judiciales españolas.
                Como el lector recordará, los costes de la obra del puerto xixonés se dispararon y, a la vez, existe una reclamación económica de quienes realizaron la obra y una cantidad pendiente de cobrar de subvenciones europeas, sin que sea descartable el que, asimismo, haya que devolver fondos europeos ya recibidos. Estos son los números: 710 millones, en total, de los que 124 son de sobrecostes y 85,67 de actualización de precios; a ellos habría que añadir los 350 de costes adicionales que la empresa constructora reclama ante los tribunales (y pocas veces gana la Administración un pleito). De ese dinero, 531 millones fueron puestos por España, y la UE puso 247,5, de los que 49,5 están retenidos. La citada Oficina recomienda ahora que tanto el Estado Español como la UE recuperen lo puesto, por fraude. El asunto, a examen, enjuiciamiento y pleito.
                Pero no podemos olvidar que la «cola» principal de este asunto estaba en la propia concepción del proyecto, la idea de que un puerto enorme atraería por sí solo actividad portuaria, cuando es la vitalidad económica del área donde se ubica el puerto la que genera actividad. Dentro de esos límites, la gestión comercial puede llevar a un óptimo el aprovechamiento de todas las potencialidades o, por el contrario, aprovecharlas apenas. Esto último era lo que había ocurrido históricamente con la gestión del puerto, pues, amparándose en la sopa boba de los tráficos cautivos, los gestores se habían limitado a poco más que a beneficiarse de las rentas funcionariales, empresariales o (desde el advenimiento de la democracia) sindicales que de por sí se generaban. (Por cierto, es muy difícil, sino imposible, recuperar esos tráficos que, por esa desidia aprovechada, se han ido a otros puertos).


                Al margen de esa visión errónea de lo que es un puerto, en la voluntad de su ampliación desmesurada (no olvidemos que la pretensión inicial era dar aún más amplitud a la misma) estaba ínsita la voluntad de realizar el mayor gasto posible, aprovechando fondos europeos, pidiendo al Estado, endeudándose. «Caballo grande, ande o no ande», podría haber sido el lema que guio el desatino. Si recordamos la época, la de la inflación de expectativas y endeudamiento del 2002 al 2008; los impulsores, el PSOE y Areces (a quien la opinión pública aclamaba como «El deseado», teniéndolo —recuérdese— ¡por un gran gestor!); la filosofía de tantos políticos, que podría ser el paulino «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos» o el más vulgar «el que tire detrás que arree»,  entenderemos perfectamente cuál fue el clima en que se produjo el dislate .
                Llegados a este punto, se alzan por doquier voces contra los anteriores gestores del puerto y, especialmente, contra don Vicente Álvarez Areces, sus políticas y su responsabilidad al respecto. Ahora bien, seremos tremendamente arbitrarios, y contrarios a los propios intereses colectivos en el futuro, de no apuntar que sean cuales sean las responsabilidades del presidente y de otros, en el ámbito político esas responsabilidades se encuentra repartidas entre una parte importante de la ciudadanía asturiana. Porque debe recordarse cómo por aquel entonces una mayoría de los ciudadanos aprobaba con sus votos y con su entusiasmo la política del «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos», como si el futuro no existiese, no ya para sus hijos o nietos, sino ni siquiera para ellos mismos a la vuelta de un lustro. Y de ese modo, cuando en una soledad casi absoluta algunos nos opusimos a aquella ampliación desmesurada del llamado «superpuerto» por inútil, porque no estaba ahí la solución de nuestra economía y empleo, porque los costos iban a empeorar aún más las opciones de captar tráficos en el futuro, no solo no nos vimos acompañados por ninguno de los partidos institucionales, sindicatos ni opinión pública, salvo una exigua minoría en este caso, sino que hubimos de soportar acusaciones e infamias. Así, por ejemplo, empresarios no ligados al negocio portuario ni a su ampliación llegaron a decirme personalmente que lo que yo hacía era «trabajar para Barcelona y los catalanes», acusación que nunca entendí plenamente y, menos, como me pareció que se me quería sugerir, no por incapacidad o ceguera, sino por algún motivo o estímulo inconfesable. Es cierto, por otro lado, que aquella ocasión me proporcionó instantes de hilaridad, como cuando sindicatos y patronal llegaron a decir, al sugerirles el problema de los créditos y los costos, que (no se me orinen, queridos lectores), si hiciese falta dinero, se venderían los terrenos portuarios antiguos para pisos.
                La democracia se caracteriza, entre otras cosas, por la irresponsabilidad de los electores, no solo porque ellos no sean responsables de los actos desacertados o delictivos que puedan cometer los electos por ellos, sino porque, en general, el ciudadano tiende a no establecer conexión entre su voto y las consecuencias del mismo, hasta el punto de que, cuando las cosas van mal, «se olvida» de a quién ha votado o para qué lo ha votado o dice creer que ha votado a otro partido.
                Y, sin embargo, si la democracia ha de acercarse a la perfección, hay que exigir que no solo el político (el chivo expiatorio del «Levítico») sea consciente y responsable de y por sus decisiones, sino que lo sea también el ciudadano, responsable último en su parte alícuota del conjunto del Estado y la Administración. Entre otras cosas, porque, si nunca toma conciencia del cuándo, cómo y por qué de sus errores, volverá a repetirlos, ya no en su voto, sino en la exigencia de que aquellos a quienes elige vuelvan a cometer los mismos dislates que hasta aquí nos trajeron.
                Y las calles están llenas ya de ciudadanos que están dispuestos a votar a los mismos para que hagan exactamente lo mismo. En olvido y desfiguración de aquello y en la irresponsabilidad de quiénes fueron los responsables, de quiénes sostenían la pancarta del «comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos», de la que únicamente les era visible la primera parte de la frase, sin ver que inevitablemente implicaba la segunda. O viéndola, sí,  quizás, sin percibir que la frase, cuyo sentido ellos entendían y entienden como pragmático y epicúreo, como un «carpe diem», les lanzaba un guiño admonitorio y sarcástico que eran y son incapaces de percibir, el de una consecuencia, el de un «memento».

Sobre la responsabilidad ciudadana en la crisis

0 comentarios
Hace pocas fechas publicaba aquí un artículo titulado "¡Lo que nos prestaba a todos!", donde examinaba la complaciente actitud de la mayoría de nosotros durante la época de bayura en que se gestó la crisis, artículo que ahora repito unas líneas más abajo. Ayer, en El País, con bastante menos claridad y valentía y, desde luego, con menos gracia, Fernando Vallespín coincidía en con ese punto de vista. Los invito a leer el artículo de Vallespín (¿Súbditos o ciudadanos?), luego a releer o leer el mío y, por supuesto, a meditar sobre ellos.

      

                                         ¡LO QUE NOS PRESTABA A TODOS!

El pensamiento progreprisaico reduce a dos las causas de nuestros males económicos. El terremoto bancario, cuyo epicentro habría tenido origen en el codicioso mundo de Wall Street (y, naturalmente, durante el mandato de Bush), con su codicia y sus fraudulentos productos financieros; la decisión de Aznar de «declarar urbanizable todo el territorio español», que habría impulsado la construcción sin tasa, la especulación y la burbuja inmobiliaria. Como pensamiento mágico que es, el discurso progreprisaico hace desaparecer los ocho años del gobierno socialista posterior a Aznar para no preguntarse por qué en ese tiempo el gobierno socialista no modificó la legislación o controló la expansión crediticia.

                Pero, al margen de señalar responsabilidades políticas —en España, en China o en EEUU—, convendría que rememorásemos, en parte al menos, lo que ocurrió aquí entre el año 2002 y el 2010, y lo bien que nos fue a todos nosotros con ello.

                Recordemos, en primer lugar, que, como consecuencia del mantenimiento sustancial de la legislación socialfranquista a favor de los inquilinos, hubo en este país siempre poca oferta de alquiler y, en consecuencia, los precios mensuales de los alquileres eran iguales o ligeramente superiores al devengo mensual de la hipotecas. ¿Quién en su sano juicio, en una situación de progresiva expansión económica y de empleo, iba a preferir  tirar el dinero en un alquiler a ir haciéndose con una propiedad? En el ámbito de la política, los crecientes ingresos  que la construcción aportaba a los ayuntamientos hacían que estos cada vez tuviesen más dinero para gastar (subvenciones, voladores, espectáculos, fiestas patronales); para emular a los vecinos (¿qué alcalde iba a resistirse a construir una piscina climatizada si el ayuntamiento aledaño ya la tenía?, ¿qué vecino iba a tolerárselo?); para contratar más personal —muchas veces, de entre los conmilitones y próximos— y comprometerse en servicios que no tenían ninguna obligación de prestar y, a través de ello, afianzar su poder y el de su partido, aumentar la fidelidad de sus votantes, ampliar el número de estos; para endeudarse. Y, naturalmente, el ciudadano encantado: su pueblo progresaba y hermoseaba, podía satisfacer algunos caprichos o necesidades gratuitamente, veía cómo se creaba empleo público que, tal vez, algún día le tocase a él o a los suyos.

                Mientras, el dinero fluía a su vez desde Europa en forma cuantiosa: abríamos autopistas, parques infantiles, casas de la cultura, museos, aeropuertos, ampliábamos puertos: mejorábamos. Y uno y otro permitía crear varios millones de empleos; prejubilar muy anticipadamente con magníficas pagas; ganar dos mil, tres mil y más euros en la construcción a cientos de miles de personas sin apenas cualificación; quedarse disfrutando de un buen paro o de una prestación social sin trabajar, mientras dos millones de emigrantes venían a hacer las tareas que nosotros no queríamos realizar. Al tiempo, el numerario barato del Banco Central Europeo nos proporcionaba créditos millonarios para la primera comunión de los niños, para las bodas, para cambiar de coche, para viajar, para comprar el piso y para adquirir bienes extranjeros, de mejor calidad o más prestigiosos que los nuestros. Bancos y cajas, por su parte, especialmente estas, abrían una oficina en cada esquina, pagaban mejor a sus empleados, financiaban todo, acrecentaban la expectativa de sus ganancias.

A su vez, al político de las instituciones autonómicas y al del Gobierno Central le permitía dar gratis los libros de texto, regalar ordenadores, ampliar servicios en la sanidad,  anunciar que a cualquier persona con dificultades físicas o psíquicas el estado le iba a prestar una nueva atención, en metálico o con prestaciones, quitar dos horas y media semanales a todos los funcionarios,  como si a nadie costasen.

¿Que todo ello se hacía pensando que el crecimiento seguiría creciendo y el empleo manteniéndose indefinidamente? ¿Qué no reparábamos en que nos endeudábamos en lo que, de haber problemas, no podríamos pagar? ¿Qué lo hacíamos con bancos que, a su vez, pedían el dinero fuera? ¿Qué nuestra balanza comercial presentaba un déficit escandaloso, lo que suponía que arruinábamos nuestras empresas en beneficio de las ajenas? ¿Quién lo iba a ver? ¿Quién iba a querer verlo? Y si lo veía y lo decía, ¿quién lo iba a escuchar? ¿Quién iba a votar al político que no competía en gasto o que nos quería amargar el presente? ¿A quién prefirió siempre el pueblo?, ¿a Jesús o a Barrabás?; ¿a quién dio crédito?, ¿al antipático de Pizarro o al Solbes que nos prometía que todo seguiría igual? «Comamos hoy y bebamos, que mañana moriremos», con esa frase paulina podría sintetizarse la actitud común de la época, si no fuese porque en ella hay, al menos, la conciencia de término y límite, lo que entonces no había.
               
Cuando miremos atrás, pues, no veamos solo lo que queremos ver. Recordemos las cosas tal como fueron. No echemos solo la culpa a los que nos prestaron o a lo que nos prestaron.  Acordémonos también de lo que a todos nos prestó.

Irresponsabilidá: de Lorenzo súmase a les carroces

9 comentarios
En realidá esti guañu diba titulase "Manquín, ¿yes empresariu?", en referencia a aquel personaxe xixonés que saliera al estráu del teatru a dar desplicaciones sobre'l retrasu la compañía que tenía qu'actuar, pero preferí camudalu por esti, más carbayoniegu.

El casu ye qu'a la carrera d'irresponsabilidá que, al respective de Coxersa, lleven PSOE e IU, vien sumase agora l'alcalde d`Uviéu, como si quisieses cha-y una mano a Tini (¿quedrá cha-yla, según se corrotara tantes vegaes?).

Y equí vien lo que diz el Manquín, digo, l'empresariu, digo, Gabino de Lorenzo: "Incinerar atenta contra el medio ambiente, causa efecto invernadero, hay que enterrar residuos y genera electricidad carísima." Podía tener añadío: "y provoca impotencia", o daqué asina, porque puestos a decir babayaes y a facer demagoxa, ¿qué más da?

Sutilmente, La Nueva España alluga debaxu de les bocayaes de don Gabino unes declaraciones de Manuel Bao Iglesias, inxenieru químicu de la Universidá de Santiago de Compostela. Ente otres coses diz ellí:

"En un vertedero (lo que tenemos agora) tenemos 3 gramos de dioxina por cada tonelada acumulada, mientras que esa misma cantidad incinerada desprende 0,5 gramos de dioxinas al aire." Y arreya: "La emisión de dioxinas de la combustión de un cigarrillo es igual a la combustión de una incineradora en un año."

Diz más coses, pero yo invítolos a ver la entrevista en La Nueva del 20/09/09. ¡Ah, y toles ciudaes importantes d'Europa tienen non una, sinón varies incineradores!

Incineradora, irresponsabilidad y engaño

0 comentarios
El 06/08/09 asoleyábamos nel blog el guañu que repetimos a continuación, agora que`l gravísimu problema de les basures d`Asturies vuelta tar na primera páxina de los medios:



Eliminación de residuos: irresponsabilidad, engañu

Los medios asoleyaben ayeri una noticia que venía a afitar lo que yo yá denunciara nel ensiertu del 25/07/09 (a ellí los invito) col títulu de "¡Y el que venga detrás... que arree!

Invítolos, por exemplu, a ller lo que pon La Nueva España (12/08/09). Ehí va:

"La Entidad Metropolitana de Medio Ambiente de Barcelona aprobó un plan de residuos que prevé la creación de una nueva planta incineradora con los votos de PSOE, CiU, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) y Ezquerra Republicana (ERC). La nueva incineradora tiene unas características similares a la que el Principado quiere desarrollar en Serín para gestionar las basuras no reciclables y a la que Izquierda Unida Asturias, homólogo de ICV, se opone. El Gobierno del Principado ya dio a conocer en fechas recientes al coordinador general de IU, Jesús Iglesias, el visto bueno de sus colegas catalanes a la incineradora. «Al margen de lo que se haga en otros territorios, en Asturias todavía queda mucho camino por recorrer en la gestión de residuos antes de plantearse la creación de una nueva incineradora», explicaba ayer el secretario de comunicación de IU, Pablo Prieto.

El plan catalán afectará a 31 municipios y a más de 3 millones de habitantes y se prevé que la incineradora, que abriría en 2013, tendrá una capacidad para tratar 450.000 toneladas de residuos. Para su construcción se invertirán más de 200 millones de euros. En el Pleno en el que se aprobó esta iniciativa, ERC dejó claro que la incineradora no saldrá adelante hasta que no se consiga una tasa de reciclaje del 50 por ciento de las basuras, que actualmente está en el 37 por ciento en esos municipios. El Gobierno del Principado defiende la creación de una nueva planta para la quema de basuras porque, según datos oficiales, la capacidad de absorción de basuras del vertedero de Serín tocará techo en 2015. El asunto quedó aparcado por la oposición de IU, que pide un «debate serio con rigor técnico» y que se potencien antes otras medidas alternativas."

¿Pa qué vamos comentalo? ¿Qué cuándo ye'l 2015? Pa mañana.