Memento (II)

Asoleyamos equí dellos pares de semeyes apariaes: l'árbol apuxante de la primavera y el veranu y l'árbol espíu de la seronda.



Ellos sírvennos de memento de la caducidá de les coses y entá de la so fugacidá. De memento, anque ellos remociquen y desurden, y non como nós. Anque siempre queda aquella esperanza machadiana del "mi corazón espera, también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera".

Equí, la figar del mesmu foyu que da nome a la quinta y hotel d'El Foyu.

A propósitu, por ciertu -del memento, que non d'El Foyu, anque sí del foyu- traemos equí esti maraviosu sonetu de Quevedo:

La enfermedad del tiempo

Falleció César, fortunado y fuerte;
ignoran la piedad y el escarmiento

señas de su glorioso monumento:

porque también para el sepulcro hay muerte.

Muere la vida y de la misma suerte
muere el entierro rico y opulento;

la hora, con oculto movimiento,

aun calla el grito que la fama vierte.

Devanan sol y luna, noche y día,
del mundo la robusta vida, ¡y lloras

las advertencias que la edad te envía!

Risueña enfermedad son las auroras;
lima de la salud es su alegría.

Licas, sepultureros son las horas.

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