¿Pero qué jamones estamos haciendo?


O ¿pero qué jamones vamos a hacer con esto? Como ustedes saben, una familia musulmana denunció al profesor de su hijo porque le habló del jamón en clase (Pinchar aquí). Es seguro que el profesor va a sufrir un pequeño calvario, aun en el caso de que la demanda no sea admitida a trámite y de que el expediente administrativo que se le abra termine pronto.

Cabe decir muchas cosas, en primer lugar sobre nosotros mismos: porque es inadmisible que las justificaciones sobre la conducta del profesor estén viniendo, en muchos casos, de la argumentación de que la mención del jamón era solo episódica o colateral. ¡Como si dedica la clase a hablar del cerdo y abra un seminario sobre el porcino! ¡Faltaría más!

La segunda de las reflexiones ha de versar sobre la actitud de quienes nos visitan y viven entre nosotros: no solo es que no quieran adaptarse a nuestras normas sociales o que quieran imponerlas, es que saben que somos tan... (ponga usted aquí el calificativo que quiera), que cualquier intento de imposición o denuncia, por estúpido o injustificado que sea, tiene garantizado un cierto recorrido, más o menos largo, sin que el provocador padezca por ello ningún tipo de sanción penal o pecuniaria, o, al menos, de reproche social. Más bien, habrá sectores que corran a manifestar su "comprensión" o su apoyo hacia el agresor, en este caso, el alumno musulmán y su familia.

En fin, ¿para qué seguir? Motivo de meditación profunda es. ¿Meditarán quienes tienen que meditar, los legisladores y lo progrefarrapes del pensamientu píu?

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