¿En el 2011? Permitan que lo dude


El FMI acanba de señalar las graves deficiencias estructurales de nuestra economía, tanto en el ámbito social como en el productivo y en financiero. Nada, por otra parte, que no haya venido diciendo el Gobernador del Banco de España, don Miguel Ángel Fernández Ordóñez, desde hace más de un año; nada que no haya venido repitiendo don José Manuel Campa, Secretario de Estado de Economía; nada que no nos vengan reiterando sabios expertos de todo tipo y lugar; ninguna cosa distinta, digámoslo con modestia, a lo que viene proclamando quien esto firma desde el 2008.

Tarde, mal y nunca el Gobierno empieza a poner ahora en marcha algunas de las cosas que tenía que haber hecho hace mucho tiempo, algunas de las que nunca debió hacer y todas las que dijo que nunca haría: la prohibición de endeudarse a los ayuntamientos, la congelación de pensiones, la rebaja de salarios a los funcionarios, limitaciones en el despilfarro de subvenciones a la producción energética, tímidas intevenciones en el sistema financiero, y ahora, tal vez, reforma de la negociación colectiva, de los contratos laborales y de la representación sindical.

No todo bien hecho, todo tarde, todo a medias. Hemos perdido, por tanto, un tiempo precioso -y seguimos perdiéndolo-; hemos por ello destruido millares de empresas y generado miles de desempleados, tenemos nuestros crédito internacional en peligro.

Ante este desastre y este retraso, ¿para cuándo la recuperación? Permítanme que les vuelva a insertar aquí un artículo mío del 20/01/09, donde pronosticaba lo que iba a ocurrir (lo que no iba a ocurrir, mejor). Decía yo:

¿EN EL 2011? PERMITAN QUE LO DUDE


(Publicado en la Nueva España, el 20/01/09)

ZapateroEl señor Zapatero y el PSOE acaban de reconocer en cifra la gravedad de la situación: durante el 2009 se destruirán 600.000 empleos, el paro llegará al 15, 9% (cuatro milloninos), el déficit alcanzará el 5,85% de lo presupuestado para gastar y el PIB decrecerá un 1,6%. Puesto que las previsiones proceden de un gobierno, que de un lado, se ha venido negando de forma sistemática a reconocer la realidad y, de otro, nos ha venido mintiendo de forma reiterada, no será aventurado suponer que esas cifras serán, desgraciadamente, más negativas.

ZaragozanoJunto con el reconocimiento inevitable de lo inmediato, el gobierno ha abierto el calendario zaragozano y, mirando las témporas, ha realizado previsiones para en lo futuro. Entre estas se halla la de que la economía española empezará a crear empleo de forma apreciable a partir del 2011. Permitan que lo dude. Sé que la mayoría de los pronósticos sobre el futuro tienen la misma fiabilidad que los que se realizan mirando las entrañas de las aves. Pero, en todo caso, permítanme exponer aquí algunas razones para dudar de esa afirmación.

Al margen del rabión financiero internacional, España tiene una grave crisis en su estructura económica y financiera, crisis que es independiente de la global y que ya se venía manifestando meses antes de estallar ésta. En sustancia, nuestros problemas se basan en nuestro modelo de crecimiento, basado no sólo en el ladrillo a cuenta de beneficios futuros, sino, fundamentalmente, en el consumo a base de endeudamiento. Ese consumo se ha financiado con mucho dinero del exterior (gastamos más que ahorramos); dinero que, ahora, los bancos, nosotros como particulares y el estado (de forma exponencial a partir de este momento, por causa del déficit) debemos devolver (y no tenemos, en parte). Por otro lado, nuestra economía productiva es escasamente competitiva: por trabas burocráticas para la empresa, por la carestía de nuestra energía, por nuestro atraso tecnológico, por el diferencial inflacionista, por los problemas de contratación laboral, por estrangulamientos y oligopolios en el sector comercial.

Ahora bien, el gobierno socialista no piensa abordar ninguna de estas cuestiones. Se comporta como si estuviésemos ante una tormenta pasajera, desvanecida la cual, todo volviese a ser lo mismo, y, en consecuencia, pudiésemos seguir ­—con nuestra estructura productiva escasamente competitiva y con nuestro endeudamiento— creciendo en el aire y al margen de la realidad. De ahí que todas las medidas que se tomen estén encaminadas hacia el gasto temporal no productivo (el Plan Caxigalines, la chapuza de los 8.000 millones de euros que los ayuntamientos gastarán en nonadas), a ampliar el dinero destinado al paro y a disimular con artificios el número de parados, a apoyar (de forma no muy eficaz) coyunturalmente a algunos sectores. ¿Se debe ello a pura incompetencia, al prejuicio derivado de sus anteojeras ideológicas o a que piensan que, sea cual sea el desastre, sus votantes seguirán siéndolo con tal de que les proporcionen suficiente estímulo discursivo para mantener activa su adicción?

Por lo demás, aparte de ese planteamiento general erróneo o escapista, fuera del endeudamiento, no se conoce que ningún plan, de los salidos hasta ahora de este gobierno, relacionado con la economía productiva haya tenido efectividad alguna. ¿Las razones? El hacer por hacer, el hacer que hacemos, la hiperactividad a base de esparavanes y parajismos no lleva a sitio alguno. Pero es peor aún. Algunas de sus medidas caminan en dirección contraria a la proclamada. Así, mientras, para aliviar los bolsillos y estimular el consumo, se demanda la rebaja de los tipos de interés y se exige a los bancos que pongan crédito a disposición del público, el gobierno pugna por disminuir el numerario de los ciudadanos. De ese modo, por un decir, no se ha deflactado el IRPF en relación con la inflación del 2008. En otro orden de cosas, mientras la inflación crecerá en el 2009 entre un 0,5% y un 1,5 %, la luz sube un 4,1%, el teléfono lo hace el 4,12%, los taxis el 7,7%, correos el 2,04%, el transporte en torno al 6%. Y también los ayuntamientos (del PSOE, del PP y de IU) se han abalanzado sobre nuestros bolsillos con idéntica avidez. Así, los conceyos de Uviéu, Xixón y Avilés, por centrarnos en los principales de nuestro país, además del mordisco del IBI para diez años sucesivos, han subido las tasas por servicios en un 5% de media, casi cuatro puntos por encima de la inflación prevista. No está mal, ¿verdad?

¿Creen todos estos tipos en algo más que en su propio negocio, en sus escaños y en sus votos (no sus votantes)? Permítanme que lo dude en la misma medida en que pongo en duda los pronósticos del zaragozano gubernamental para el año 2011.

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