Lo que está en juego: los derechos de los derechos

                      (Asoleyáu en La Nueva España del 17/04/19)


                    LOS DERECHOS DE LOS DERECHOS

               En Asturies han arrancado la campaña los cabezaleros de PP y Vox, Casado y Abascal. Pelayo y la Reconquista han aparecido de formas distintas. En el PP, días antes, mediante una ofrenda floral de la candidata Paloma Gázquez a Pelayo en Covadonga. Los de Abascal, de forma más explícita y altisonante: tras Blas de Lezo en Madrid, Covadonga, Pelayo y la Reconquista. Y aprovechando estos aires, el candidato autonómico del PSOE, Adrián Barbón ha manifestado que a él  “lo que le preocupa es la reconquista de los derechos: paro, pensiones, salario mínimo, parados de larga duración, mujeres…”
               En realidad, don Adrián no ha hecho más que enumerar el catálogo de propuestas de todos los partidos políticos, las comunes. Los partidos de la derecha añaden a ello, una rebaja de diversos impuestos (IRPF, sucesiones y donaciones, IBI, gravámenes a las empresas…). Los de la izquierda, una subida, de esos y otros: bancos, transacciones bancarias, empresas, “ricos en general”.
               En realidad, todas  esas ofertas de “regalos”, de derechos, que proponen unos y otros no son más que embelecos, cebos con que se pretende llevar a sus votantes a los apostales del voto en que se los espera. En primer lugar, porque las cuentas en los programas electorales son inexistentes o están hechas a ojo de buen cubero, o, mejor, de buen engatusador. En segundo lugar, porque es imposible, al mismo tiempo, recaudar menos y ofrecer más, como hacen los de derechas; o quitar más o dar más donde no hay, sin que eso tenga consecuencias negativas en el empleo y en una mayor pobreza, presente o futura.
               La situación económica y de gasto es de sobra conocida: en las cuentas públicas, insuficiencia altísima en la recaudación para las pensiones, peor panorama de estas para el futuro; encarecimiento progresivo de la sanidad, presión impositiva alta y creciente sobre las rentas medias y las empresas; en la economía productiva, alto paro –con el gasto subsiguiente-, salarios bajos, limitada productividad, escasa innovación, ralentización de la economía mundial, limitación de las exportaciones, pequeño tamaño de nuestras empresas. En resumen, problemas en la recaudación, en el gasto, y, sobre todo, en la creación de riqueza.
               Por eso, todo cuanto se prometa en materia de mayor gasto social o individual, de mayores retribuciones calificándolas de “dignas”, lo que se afirme de garantizar la  seguridad de las pensiones mediante su escritura en la Constitución un puro flatus vocis, puro camelo y palabrería, si la economía no funciona y las cuentas no tienden al equilibrio. Porque los derechos que consisten en devengos sólo pueden constituirse en tales, ser efectivos, si hay riqueza para ello. De donde no hay, no se puede sacar. Aunque es posible vociferar y engañar.
               Claro que también se puede sospechar que algunos, más que querer engañar, creen, como los que creen en la magia, como los niños, que las palabras pueden procrear la realidad.
               De modo que así están los derechos: esperando por sus derechos para serlo.

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