0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU COVADONGA: PATRIA, RELIGIÓN Y CONCIERTO A comienzos de la segunda década del presente siglo elaboré y publiqué un estudio en que daba cuenta de la mayoría de la literatura asturiana elaborada teniendo como centro Covadonga. El primero de esos textos era el de Xosé Caveda y Nava, «La batalla de Covadonga», un poema propio, publicado como anónimo en su colección de los textos anteriores a 1839, colección que reedité en 1979 con el título de Esvilla de poesies na llingua asturiana. Desde entonces se sucedieron otros poemas centrados en Cuadonga, como sitio donde ocurre una batalla que tiene como protagonista asturiano a Pelayo, constituye el origen del Reino de Asturies y, en la interpretación de la mayoría —pero no de algunos, como el firmante—, la «cuna de España», propiciando así una continuidad que tendría su legitimidad en los godos y en la restauración de la España perdida en aquel entonces. Junto con esos textos redactados desde la perspectiva de un heroico combate en torno a la cueva sacra, existen otros en los que Cuadonga tiene una presencia fundamentalmente religiosa. Pero unos y otros conllevan una emoción covadonguista, una emoción hacia el lugar que he visto en la vida real existente en muchas personas, al margen de su fe, independientemente de cómo crean que fue —en combatientes, en importancia, en significado— esa batalla. Este domingo, 21 de agosto, se va a celebrar un concierto, de asistencia libre y gratuita, en la basílica. Corre a cargo del tenor Joaquín Pixán, que musicó once composiciones, de nueve escritores (Ángel Fierro, Alfonso Sánchez Lorenzo, Pablo García Baena, Aurelio González Ovies, Luis del Val, Fernando Álvarez, Pedro de Silva, Antonio Gamoneda, y el que esto firma), que tienen como tema Covadonga. En todos esos textos y en la voz y música de Pixán estará presente esa emoción secular de Cuadonga y sus significados. Lo mismo, seguramente, que en muchos de los asistentes al concierto.

Barriendo la carretera y santa Catalina

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) BARRIENDO LA CARRETERA Y SANTA CATALINA
El fin de semana pasado me hizo testigo de dos acontecimientos que tienen en común un sutil pero firme punto de costura entre ambos. Se lo cuento. Sábado, 10 de la mañana. Paseo los alrededores de Llastres, por una carretera que lleva a algunos pequeños lugares. Una mujer de bastante edad, delgada, firme, barre el asfalto a ambos lados. Atropa les hojas de los árboles y las orilla o las echa a la cuneta. La labor la realiza a lo largo de todos los metros que ocupa la valla de su finca, unos cincuenta metros. Le lleva un tiempo —yo he ido y venido por el camino durante unos minutos— y lo hace con minuciosidad. Esta mujer barre “su casa”, es decir, el espacio que está delante de su vivienda, y lo hace porque la calle es “suya” (no al modo de Fraga, claro), es su territorio, y, por tanto, es responsable de él. Y a mí me recuerda que esa mentalidad, la de sentir como de uno el terreno común y, en consecuencia, responsabilizarse de él era muy común o casi general hace no mucho. Y por ello era normal que los propietarios de fincas lindantes con caminos o caleyes, con vivienda o no, limpiasen les sebes, adecentasen los alrededores e impidiesen que el matorral invadiese las vías. Hoy en día, esa actitud es insólita: todo el mundo espera que pasen Ayuntamientu o Principáu a limpiar y desbrozar. Ello implica que los ciudadanos ya no se sienten parte —y “propietarios”, por tanto— del espacio común. Y aunque ello tiene sus ventajas en lo individual, creo que conlleva pérdidas en el sentido de la corresponsabilidad y en la imbricación con lo social y colectivo. Les sestaferies constituían parte de esa mentalidad de formar parte de lo colectivo y responsabilizarse de ello. (No se me escapa que, sin embargo, Xovellanos era enemigo de les sestaferies por la imposición que significaban para el campesino y la mengua en su capacidad de atender a su propia hacienda). El otro acontecimiento ha sido el asistir a la inauguración con acto religioso de la capilla de santa Catalina de Alejandría en Güerres, el mismo sábado, día 6. El santuario, una iglesia del XVI, situada en el camino de Santiago, en el barrio del Fonduxu, había sufrido la destrucción del 34 y el saqueo durante décadas posteriores. No quedaban de ella más que tres muros, alguno a punto de ruina y un enorme bardial, que la cubría. Pues bien, en 2012 un grupo de vecinos decide recuperar el edificio. Numeroses sestaferies para desbrozar y limpiar, contactos con las autoridades eclesiásticas y gubernamentales, permisos, licencias, rifas y comidas para recaudar fondos, algún préstamo bancario que aún se está pagando, etc. Al fin, después de diez años de trabajos, desmayos, ilusiones y empeño, llegó la inauguración. (Es curioso, merece la pena subrayarlo, lo que es la burocracia. La capilla estaba catalogada como Bien de Interés Cultural. A punto de caerse, nada importaba que ello ocurriera, ahora bien, dispuesto el pueblo a levantarla, ni una piedra se puede tocar sin proyecto, arquitecto, licencias, inspecciones… y los correspondientes gastos). En ese afán y logro de tantos años está implicada la idea de lo colectivo, de que uno no solo es propietario de sus bienes, sino de que las cosas del común son también de uno y uno es responsable de ellas. Por eso, en esa “resurrección” participaron tantos vecinos, en les sestaferies, en los sorteos, en las ilusiones, en el empeño, creyentes o no. Frente al universalismo o el individualismo de ser de nenyures, la identidad ligada a un territorio tiene sus ventajas materiales y emocionales. Lo señalaba Juan Pedrayes, al hablar de Villaviciosa, en una entrevista que LA NUEVA ESPAÑA publicaba el domingo 7 de agosto. Apuntaba el arquitecto que «el cuerpo a cuerpo en la Villa siempre se dio. Puede haber gente que tenía dinero y gente que no, pero todos nos relacionamos con todos». Y, como consecuencia de esas implicación e identidad colectiva, añade con cierta ironía: «También hay una cosa que está muy bien: si te atropella alguien, sabes que será un amigo o un pariente y quien te lleve al hospital será un amigo también, no un cualquiera que pase por ahí. Además, una cosa buenísima de los pueblos es que los entierros tienen alma. Tú vas a los entierros en la ciudad y es para morirse de asco. Aquí sigues teniendo un entierru curiosu». La identidad de pertenencia comunitaria —tan dejada hoy de lado por unos o despreciada; querida, mantenida y buscada otros, pese a todo— es una relación dialéctica, que beneficia al individuo y a la colectividad.

La ideología, la identidad y sus frutos

0 comentarios
(LNE del 12/08/2022) L’APRECEDERU LA IDEOLOGÍA, LA IDENTIDAD Y SUS FRUTOS «Da igual donde nazcas; no es una desgracia solo nacer mujer árabe, es nacer mujer». Aunque no den crédito, la aseveración es cierta. La eructa en LA NUEVA ESPAÑA (01/08/2022), Nayat Ahmed Abdesalam, una mujer que se califica como «traductora y activista árabe» mientras hace propaganda de su libro. Les hago gracia a ustedes de lo demás que afirma la entrevistada, fíjense solo en eso: «Da igual donde nazcas; no es una desgracia solo nacer mujer árabe, es nacer mujer». Pues, en fin, ¿qué creen que dirán las mujeres de Irán, Afganistán, Arabia Saudí o muchas árabes aquí residentes? A mí solo se me ocurre aquello de Segismundo: «Pues el mayor delito del hombre es haber nacido» Tras ello, ¿para qué más? Las palabras de la dama no son otra cosa que “ideología”, es decir, uno de esos prejuicios que nos hacen percibir el mundo como creemos que debemos percibirlo; y, en la acción, tratar de forzar a los demás a que se ajusten en el lecho de Procusto de nuestro prejuicio. Pero no piensen que la ideología es únicamente un idola fori, una ceguera que impide la visión real del mundo, es también, para muchos, un negocio, un instrumento para vivir y triunfar, que llega a convertirse en seña de identidad personal. Existen también señas de identidad colectivas deformadas. ¿Recuerdan ustedes que muchos de los investigadores de la tradición literaria denominaron a España “la de los frutos tardíos”, puesto que ciertos géneros literarios se vivificaban aquí cuando se habían agostado en Europa? ¿Y a quién le cabe mejor ese epíteto que Asturies? Repasen: todo llega aquí o se produce con retraso y más tarde que en el resto: AVE, soterramiento de Llangréu, carretera de occidente, hospital de Cabueñes… Sigan sumando. “La de los frutos tardíos”. Esa es una profunda seña de nuestra identidad; en ese sentido, sí que somos España, y lo demás..., aprendices.

Carmen Gómez Ojea, Jaime Priede y el Nadal

0 comentarios
Increíble pero cierto. Jaime Priede (que cuando escribe n'asturianu firma como Xaime Priede), "responsable de la Feria del Libro de Gijón", diz (LNE, 12/08/2022, ed. de Xixón, páx. 12) sobre Carmen Gómez Ojea: "que ganase el 'Nadal` en los 80 fue un espalzarazo para la literatura escrita por mujeres, hasta entonces estaban invisibilizadas". ¡Coñi! Si el primer Nadal (1944) ganólu Carmen Laforet, en 1950 ganólu Elena Quiroga, en 1952 Dolores Medio (que creo que ye de Guadalajara), en 1953 Lluïsa Forrellad, en 1957 Carmen Martín Gaite, en 1959 Ana María Matute... Nun sigo, que m'entra la risa. ¿Ignorancia? Nun creo. Necesidá de combayar y tar a lo que convién tar.

Ucrania, Rusia y los putineros

0 comentarios
(En LNE y Faro de Vigo, 09/08/2022) UCRANIA, RUSIA Y LOS PUTINEROS Tenemos casi todos una progresiva inquietud por el desarrollo de la guerra de Ucrania, ya no por su relativa incidencia sobre la inflación (es esta un fenómeno casi mundial, de variadas causas, al que la invasión de Ucrania solo ha añadido un grado más), sino por la duración y la extensión del conflicto y, por supuesto, por las víctimas y la destrucción del país. ¿Cuánto va a durar esa guerra? Pues solo lo sabe Putin, esto es, únicamente él conoce sus objetivos de conquista. ¿Se va a conformar con la zona oriental del país invadido, sustancialmente con Donbass, Lugansk y Donestk o tiene objetivos más allá? ¿Odessa, por ejemplo, o incluso Kiev? Lo que es evidente es que en la mente de los dictadores del Kremlin está el “reconstruir” el imperio ruso y aun expandirlo hacia el Ártico. La “conquista” de Crimea y la intervención en otras repúblicas de la antigua URSS no ha sido más que un primer paso, el segundo es el escenario de la actual guerra. Los siguientes movimientos dependerán, de momento, de la evolución de la actual contienda. Pero, en todo caso, si hay una detención temporal, cuando los dictadores del Kremlin consideren que concurren las circunstancias oportunas darán otro paso adelante. Lo han entendido perfectamente finlandeses y suecos, tradicionalmente no alineados, pidiendo la entrada en la OTAN. Los discursos de Putin para justificar la guerra y la conquista de esos territorios invadidos hasta el momento son de dos tipos: que siempre han sido de Rusia y que su población es mayoritariamente de origen ruso o habla ese idioma, “rusos” identitariamente, por tanto. (Por cierto, argumentos tan semejantes a los de Hitler en su día). El segundo es de tipo estratégico-ficcional: que la OTAN se estaba expandiendo hacia el este bajo la presión de los EEUU y, por lo tanto, representaba una amenaza contra RUSIA, es decir, “la preparaba”. Este argumento viene siendo reiterado, con mayor o menor vocerío, según el número de muertos y la destrucción en Ucrania, pero siempre reiterado, por los defensores o justificadores de Putin: Rusia no hace otra cosa que defenderse de una hipotética futura agresión de la OTAN (sirviendo a los intereses de EEUU), que amenazaba sus fronteras; es, pues, un movimiento defensivo justificado. Los putineros son fundamentalmente, alguna excepción hay, gentes ligadas al movimiento comunista, emocionalmente atadas a la antigua URSS y lo que ella significó, y, en general, dispuestas a instaurar en nuestros países algo semejante a lo que la URSS representó, aunque traten de encubrirlo con alguna expresión dulcificadora. ¡Cosa tan fácil!: recuerden cuántas dictaduras pasadas y presentes del ámbito comunista se adornan con la palabra “democracia” más algún adjetivo, como “democracia popular”. Pero en la argumentación, prolija, a veces, llena de datos, en ocasiones, en que, en último término, culpan del conflicto a las democracias occidentales y a su “patrón”, EEUU, siempre hay tres ausencias: la primera, que no ha sido occidente el que ha invadido nada, siempre Rusia; la segunda, que Rusia es una dictadura, donde se cierran medios, se encarcela a los opositores o se los envenena; la tercera, que los países occidentales, empezando por el “Gran Satán”, EEUU, son democracias, donde los medios pueden decir lo que quieren, igual que los opositores, donde los ciudadanos pueden manifestarse y cambiar los gobiernos mediante el voto, y no se los encarcela o extermina por ello. Bueno, entiendo que las diferencias son sutiles y apenas apreciables. No me extraña, por ello, que los putineros las pasen por alto al repartir, si acaso, las culpas; al condenar a unos y absolver a los otros.

Flores de veranu

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) FLORES DE VERANU Oriente d’Asturies. Atopo nuna mayada a un matrimoniu xoven, él na rodiada los cuarenta, ella más xoven. Tienen con ellos a la fía, de poco más de dos años, camina un daqué insegura y entama a falar. Estráñome de la so presencia y contesten: “siempre fue asina, siempre subieren colos pas”. El sol ta llegando a la raxón, nin una ñube. Nel vellar, cabritines y los aperios pa la lleche les cabres, que se ven tresallá, lloñe, y preparar el quesu que van subir más tarde a la cueva. Nun digo nada, pienso nel final de septiembre, en cuando la ñeña creza un migayín más y tenga que dir a la escuela: esa flor de veranu, esa Arcadia familiar feliz, yá nun va tenelo tan fácil y van entamar les contradicciones. Cuelo deseando-yos que la felicidá-yos dure lo máximo posible. Tolos veranos me traen munches flores d’otra triba, les de la emoción histórica. Col veranu lleguen les campañes d’escavación nos yacimientos arqueolóxicos, y, según ónde sean, vamos viendo apaecer, embaxo la yerba o embaxo l’asfaltu, les muralles coles que s’amparaben los nuestros antepasaos frente a los moros, frente a los xermanos, frente a otros pueblos neolíticos; les sos cases cuadraes, les sos cabañes redondes; daqué moneda, daqué trozu de cerámica que sirvió de platu o de vasu; dalguna punta de llanza. Delles d’eses actuaciones son nada más que de llimpieza y adecentamientu, como la de la subida al Picu’l Castru, en Caravia, qu’escavara’l folklorista Aurelio de Llano en 1917 y 1918 y qu’agora va poder visitase con comodidá; la mayoría son continuidá d’otres anteriores (nunca s’estrinca, en realidá, un yacimientu), tala la de Lucus Asturum, Llugo de Llanera, a la búsqueda de lo que s’intuía d’una villa romana, por solo poner un exemplu. Y, a vegaes, salta la sorpresa absoluta. Asina n’Atapuerca apaez parte de la cara d’un européu (o más estrictamente, dende’l puntu de vista actual, español) de 1,4 millones d’años, un homínidu del qu’entovía nun se pue precisar la especie; pero que, en tou casu, vien poner en cuestión lo qu’hasta agora teníamos por verdá absoluta en materia de poblaciones y époques nel continente européu, y que, además, como en tantes otres “ciencies”, vien ponenos una inyección d’humildá, la consciencia de que “ignoramus et ignorabimus”. El veranu trae tamién otres flores, estes abegoses, de llutu y llantu: la muerte frecuente de xente del campu que dexa la vida n’accidente llevando’l tractor o manexando maquinaria; neños, incluso, que son víctimes ocasionales d’eses máquines. La dificultá del terrenu de les comunidaes norteñes, la priesa, acasu, por acabar les xeres en tiempu, la soledá de los trabayadores, el volumen y la potencia de la maquinaria que sirve p’allixerar faenes pa les que yá casi nun hai manes, son la causa d’esos accidentes que nos sorprenden a toos y que nos provoquen el recuerdu d’aquel “Et in Arcadia ego”, del cuadru de Poussin. Nun quiero finar l’artículu ensin un recuerdu d’agradecimientu pa don José Luis Pérez de Castro, pol so llabor continuu, esitosu y fecundu na investigación, atropamientu y publicación de la nuestra cultura. Xenerosu, siempre, además, al igual que la so fía Ramona de Castro, pa colos investigadores que-yos pedíen ayuda. Va perdurar na memoria de la investigación asturiana y asturianista.

Con las témporas

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU CON LAS TÉMPORAS En España se legisla demasiado, y muchas veces, mal. No es infrecuente que el BOE contenga “correcciones de errores” (que son, frecuentemente, rectificaciones) sobre leyes anteriormente publicadas. La última de esas chapuzas la hemos visto hace pocos días con la ley tautológica (la del “solo sí es sí”), que se ha devuelto desde el Senado al Congreso por un error morfológico. “Legislar con las témporas” he troquelado hace tiempo, con un discreto eufemismo. Si el último ejemplo es una cuestión menor, a veces lo que se propone o legisla es escandalosamente dañoso para el conjunto del país o para algún sector. He aquí al rector de la Universidad hablando ante los diputados en la sede de la Xunta sobre el proyecto de Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), que el Consejo de Ministros acaba de aprobar para enviar al Congreso: “Si finalmente llega a aprobarse, va a ser una mala ley”. “Es una calamidad, destroza el sistema”. "Desvirtúa completamente la figura del profesional que aporta su experiencia y sus conocimientos a la Universidad". “Perderíamos hasta un 70% de nuestros profesores asociados, con esta nueva ley”. Pero no son únicamente esos los elementos negativos del proyecto (el rector añade varios más, algunos económicos), sino el mecanismo de elaboración. La ley no ha pasado por el Consejo de Universidades, y, denuncia don Ignacio Villaverde, se ha hecho "totalmente de espaldas a las comunidades universitarias españolas, no se nos ha tenido en cuenta para nada". Esa ausencia de consultas con quienes deben ser las “víctimas” o beneficiarios de la ley, nos muestra otro aspecto de la legislación en los últimos tiempos: cada vez más la elabora un grupo, mayor o menor, de arbitristas (llámenlos ustedes, si quieren, ideólogos) que son capaces de imponer su discurso a gobiernos que cada vez tienen menos contacto con la realidad, solo con pequeños grupos de que se alimenta y a quienes alimenta.

Conciertu en Covadonga, por Joaquín Pixán, 21 d'agostu.

0 comentarios
Primeros compases y lletra de la cantata El nacimientu del Reinu, con música de Joaquín Pixán y lletra mía. Forma parte del conciertu de 12 pieces (poemes) de dellos escritores, que musica Pixán, y que va celebrase'l 21 d'agostu, a les 7 la tarde en Covadonga. Por supuestu, prestaríanos vevos ellí. La entrada ye llibre.

Darwinismo progresista

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) DARWINISMO PROGRESISTA Abro el periódico. En dos únicas páginas y en un solo día se anuncia la supresión de 280 plazas de aparcamiento, 200 en La Calzada, 80 en Pablo Iglesias. Otras dos noticias, ahí mismo, hablan de otras intervenciones donde “se procurará no suprimir plazas”. No es una información extraordinaria, cada pocas semanas se anuncian en Xixón intervenciones que suponen la eliminación de plazas de aparcamiento. Eso sí, también ocasionalmente se habla de futuros aparcamientos para los que no hay planes ni plazos. Para lo que sí los hay es para el arrasamiento de los estacionamientos actuales. Naturalmente, todo ello se hace en nombre del “progreso”: más zonas verdes, más carriles para bicicletas (de escasísimo uso, en su mayoría), más zonas peatonales, menos contaminación y el resto del discurso que ustedes saben. No es Xixón el único lugar donde esto ocurre, es una tendencia general en muchas ciudades, es cierto, y en todas se realizan idénticas operaciones, en más o en menos, con idéntica prédica. Ahora bien, descendamos del discurso a los hechos. ¿Esas plazas quién las ocupa? Pues aquellos que no disponen de aparcamientos en sus edificios o en sus xalés, como muchos de los que sientan doctrina progresista y ejecutan aparcamientos; los que no tienen garajes guardacoches en su barrio –la mayoría de los barrios carecen de ellos- o no pueden pagarlos. Esto es, en traducción, la recién hallada por Sánchez “clase media trabajadora” que, con mucho esfuerzo, ha comprado un coche para su servicio y disfrute, pero que sus rentas son limitadas y no puede pagar más de 100 euros mensuales para guardería. ¿Dónde dejarán sus coches estos ciudadanos ahora? Pues mucho más lejos y con más incomodidades, si es que encuentran plazas. Aunque la doctrina oficial pretende, en realidad, que dejen de usar el coche (¿y venderlo?) y que usen el autobús o la bicicleta. Pero esa escabechina continuada no afecta únicamente a quien usa el automóvil para desplazarse en él –al trabajo o por recreo, solo o con su familia-, sino a quienes lo tienen como instrumento de trabajo: repartidores, reparadores, servicios de todas clases. A todos ellos se les pone cada día más difícil el encontrar un lugar donde depositar su vehículo mientras trabajan, con lo que se encarece su actividad: menos tiempo de trabajo, más costos, más esfuerzos para transportar las mercancías, más incomodidad, más malhumor. Se trata, al margen de los discursos, de una especie de darwinismo que implica el sacrificio de los más débiles como una condición inevitable para la mejora de la sociedad, o de lo que se entiende por tal, mucho de ello discutible. Ese darwinismo se completa, en el caso de los vehículos de motor, con otro: las trabas que se ponen a los vehículos de cierta antigüedad para aparcar en el centro de las ciudades. Da igual que pasen perfectamente la ITV, y que, por tanto, su capacidad de contaminación esté dentro de los límites tolerables. La finalidad es expulsar lo antiguo y promocionar lo nuevo, el coche eléctrico, que, como se sabe, es muchísimo más caro de lo que es un coche de gasoil y gasolina y, por tanto, no está tan fácilmente al alcance de aquellos a los que se quiere hacer renunciar o a ello se obliga, los del nuevo sintagma camelístico, “la clase media trabajadora”. Y ello sin contar con que todo lo relativo al coche eléctrico se acerca a un engaño colectivo: además de caro, su autonomía es relativa, los puntos de recarga, insuficientes; pero, sobre todo, existe un problema con las actuales baterías de litio, un material escaso que no podría atender una demanda mundial extensa, que presenta problemas de reciclado y cuya sustitución, hoy en día, representa un monto económico igual al de un coche tradicional de gama baja. De modo que es posible que esa bandera salvadora agitada actualmente deba ser modificada mañana por otra nueva. Uno no cree en conspiraciones, pero está tentado a pensar si toda esta estrategia de persecución y achatarramiento de los coches tradicionales no sirve a determinados intereses económicos. Desechémoslo. En todo caso, lo que es seguro es que va a perjudicar a las clases trabajadoras y a las clases medias de menor capacidad económica, es decir, que las fuerzas que se autodenominan progresistas perjudican a aquellos que dicen defender. No otra cosa ocurre con la descarbonización enloquecida de SánchezRibera: miles de empleos perdidos, ninguno compensado, la electricidad más cara. Eso sí, en nombre del progreso, o tal vez, solo, del progresismo, que es, fundamentalmente, un discurso que, si no captura CO2, sí votos. Aunque es posible que se le fuguen por otro lado, por el lado de sus víctimas.

Por encima de las leyes

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU POR ENCIMA DE LAS LEYES Con admiración de oírte… Julio, 5, LA NUEVA ESPAÑA. El barcelonés Antoni Poveda, Presidente de la Red de Ciudades por la bicicleta que viene a Xixón a presentar el Plan de Movilidad Sostenible de la ciudad, habla sobre la reapertura al tráfico de coches en el muro (sobre el cadáver del Cascayu) y pontifica: "Cuesta entender que un juez baje a delimitar a qué se dedica un carril en el Muro". Y remacha: "No puede ser que toda la sociedad esté preocupada por el cambio climático y un magistrado no lo tenga en cuenta al dictar sentencia". Y uno queda ya no como Rosaura ante Segismundo en La vida es sueño, sino como Teodoro Cuesta ante Diego Terrero, “pensatible, plasmáu y silenciosu, como’l pitu a la vista del raposu”. Porque lo que uno no puede entender es cómo se pide a un juez que prevarique, esto es, que no sentencie en contra de la actuación del Ayuntamiento al saltarse éste la legalidad de sus normas urbanísticas con la supresión de una vía de circulación para sustituirla por un tramo peatonal-ciclista de escaso éxito y la cursilada del “chill out” Tampoco entiende por qué el bicicletólatro no se pregunta por el origen del problema: ¿Cómo puede un ayuntamiento saltarse su propia legalidad? Pero lo que uno no puede evitar es un ataque de risa por el fondo del argumento: la contaminación y el cambio climático. ¿Así que el cascayu contribuía a limitar el cambio climático? Como si, para empezar, los coches no circulasen igual, pero por otra vía, y contaminando más por los aprietos de circulación. Como si España no representase únicamente el 0,8 % de las emisiones mundiales de efecto invernadero y Europa solo el 12%. Cuando las ideas se convierten en una religión acaban mudando en un totalitarismo que es capaz de sentirse por encima de las leyes en nombre de su bandera.