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Dos notines sobre la moción de censura

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU DOS NOTINES SOBRE LA MOCIÓN DE CENSURA Dicía’l filólogu danés Hjelmslev que’l qu’aspirare a dictador nun taría mal que deprendiese semántica. Ensin llegar a aspiración tala, sí ye verdá que tou políticu que quiera tener ésitu tien que «dominar la semántica», o, n’otres palabres, emplegar el llinguaxe pa seducir, aplacar, dar argumentos a los suyos (verdaderos o falsos) pa combatir a los rivales, etc. Más a les clares: la llingua tien que ser pa él un capote col que torear a los votantes y empobinalos a onde quier o disuadilos de dir ellos a onde, en un principiu, - yos apetecería. Tanto na calle como n’opiniones de comentaristes políticos reprochóse-y a Tamames que «nun presentase un programa de Gobiernu», como se-y reprochó durante’l debate. Pero la moción de censura (art. 113 de la Constitución) nun requier ningún programa de Gobiernu. Nin siquier una esplicación. Ye, cenciellamente, eso: una «censura». Sería abondo con tres palabres: «Nun lu queremos». Lo que sí requier la moción de censura «a la española» ye un númberu de votos pa presentala, un númberu de votos pa ganala y un candidatu pa encabezala. Puntu. Naturalmente, pidiéndo-y un programa, como recursu diatríbicu, desprestíxense al proponente y la censura. Nesa voluntá de desprestixu, el señor Sánchez calificó la moción de «destructiva», lo que, evidentemente, venía oponese, terminolóxica y semánticamente, a «moción constructiva». Pero’l conceptu de «moción constructiva», que nun ta na Constitución, nun tien nada que ver colo que diga la moción (que nun pue ser otra que censoria, esto ye, «destructiva»), sinón qu’obliga a acostinar un candidatu a Presidente pa que, de trunfar, nun quede el país ensin Gobiernu, col Gobiernu vaciu. Evidentemente, la retórica desprestixadora del Gobiernu trunfó ente la xente la calle y los opinadores profesionales. Agora que pa falacies, pa mentires gordes como gochos pa samartinar, los argumentos de les igualitaries sobre los desastres que provoquen la llei Sisí y le llei Trans. Pero d’eso, n’otru momentu.

Lo más admirable de la moción de censura

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(Ayer, en La Nueva España) LO MÁS ADMIRABLE DE LA MOCIÓN DE CENSURA En general, ni antes ni después han sido muy favorables las opiniones sobre la moción de censura VOX-Tamames, aunque ha habido excepciones. Permítanme un repaso. Se queden sintetizar así las censuras a la censura: convertía el Congreso en un circo; no iba a ser triunfadora; se criticaba al candidato por su edad o por su ego; la moción iba a representar un impulso al Gobierno y sus satélites; el más perjudicado por la moción sería el PP, quien, velis nolis, sería al final el damnificado. He aguantado la mañana del martes desde la primera hora hasta las tres de la tarde. Permítanme algunas reflexiones tras esa experiencia de seis horas. Sobre el «circo» y los debates parlamentarios. En ningún caso la iniciativa VOX-Tamames podía empeorar el criterio que los ciudadanos tienen sobre las Cortes. El Parlamento es siempre un circo, con sus «regidores» profesionales, que, como en las televisiones, señalan a los asistentes cuando hay que aplaudir o abuchear. Por otro lado, el debate, especialmente desde que enseñorea el hemiciclo Pérez-Castejón, es siempre un diálogo no diálogo, un diálogo por el método Ollendorf, como afirmó el señor Tamames rescatando un viejo concepto (ya saben en qué consistía: «¿Tienes la mesa grande del almacén de tu tía?» «No, pero tengo el sombrero azul de tu prima». En cristiano: «Falando d’escopetes, San Fernando tenía un carru»). Respecto al éxito previsible de la moción, hay que señalar que todas las hasta hoy presentadas, seis en total, lo hicieron sin perspectivas de ganar, incluida la triunfadora de Pedro Sánchez, al que únicamente un quiebro inesperado de última hora del PNV dio el triunfo. El discurso del candidato (cincuenta minutos, tono apacible) tuvo una introducción de tipo histórico (sobre la expansión de España por América, por ejemplo), habló correctamente sobre la Memoria Democrática y la República, para después plantear, entre otras, una serie de cuestiones de no poca enjundia: la oscura cesión del Sahara a Marruecos, la eliminación del delito de sedición, el crecimiento desorbitado de la deuda, la anomalía de la tasa de desempleo, el despilfarro de dinero. Señalaré particularmente una que me parece importante: el unánime rechazo del concepto de autodeterminación en la elaboración de la Constitución. Naturalmente, a nada de todo esto contestó el Presidente, o dio datos que sólo en parte correspondían a la cuestión. La perorata de don Pedro Sánchez (una hora cuarenta minutos) tuvo como eje fundamental (al igual que la de doña Yolanda) la igualación de PP y VOX (como si la moción fuese conjunta) y la comparación de las políticas «expansivas» de su gobierno con las de los recortes de Mariano Rajoy, en una ficción argumental que obvió el desastre zapateril y sus recortes en pensiones y salarios de funcionarios (don Pedro mintió con la cabeza que él hubiese votado la congelación de pensiones de Zapatero), la crisis financiera mundial, el desastre de las cajas de ahorro y la recuperación posterior con Mariano Rajoy tras los más duros años de la crisis. Todo ello, adobado continuamente con dos viagras excitativos para su parroquia, el cambio climático y el feminismo. La presentación de Yolanda Díaz como cabezalera de Sumar duró una hora larga y vino a repetir el esquema argumental de Pedro Sánchez, con una mayor incidencia en el trabajo y el empleo. Su oratoria, enfática y reiterativa, es un poco de clase elemental para iniciados en un cursillo de salvación. Por cierto, no quiero dejar de resaltar una parte de su discurso, con que vino a realizar una enmienda de totalidad a Tamames, a la Transición, y a nuestra historia: la democracia no la trajeron ni Suárez, ni el Rey, ni Carrillo, ni los hombres y mujeres que habían hecho la República y la Guerra y que apostaron por superar aquella división fratricida; ni Europa, ni la coyuntura histórica, ni…: la trajeron los sindicatos y los trabajadores. Laus Deo! Tengo que señalar que Abascal fue un auténtico grosero con el candidato. Dos horas y media se lio con Sánchez, quitando el protagonismo a quien él había puesto de candidato y de expositor de argumentos. ¡Qué falta de educación! Queda, para terminar, el Cui prodest? ¿A quién benefició y a quién perjudicó el acto? ¿A VOX, al PSOE, a Yolanda-Sumar, al PP? Cada uno de ustedes tendrá, sin duda, su opinión, y, a lo mejor, los efectos de todo ello, pasados unos días, son ninguno. La había anunciado arriba. ¿Lo más admirable de la sesión? Sin duda, la próstata de don Ramón. ¡Seis horas, a sus ochenta y nueve años!

El circo y Ramón Tamames

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(Asoleyóse en La Nueva España del 10/02/2023) EL CIRCO Y RAMÓN TAMAMES A la hora de escribir este artículo desconocemos si finalmente Ramón Tamames encabezará la moción de censura presentada por VOX. La opinión mayoritaria es que, de darse esa situación, don Ramón y VOX convertirían el Congreso de los Diputados en un circo, en una comedia, en una representación bufa, como ustedes quieran. ¿Razones que se dan? Los años del postulante, señalan algunos, lo peregrino de que un excomunista aspire a presidente del Gobierno presentado por un partido como VOX, la inutilidad, en todo caso, de la moción de censura, puesto que no habrá votos suficientes para ganarla. Algunos consideran otros aspectos: la incomodidad que provocaría en el PP la moción de censura, tanto si votase a favor como si no; el daño que ello podría hacer en el voto del centro-derecha, desagregándolo aún más; no parecen faltar tampoco voces críticas en el propio partido impulsor, por la extravagancia de que los represente un candidato que fue comunista, por el programa que pudiere presentar don Ramón, que no sería exactamente el de VOX o podría estar muy alejado de sus postulados. Como quiera que sea, algunos efectos se han producido con el solo anuncio: el salto a la notoriedad (y, en parte, la recuperación de la misma) del señor Tamames, la ocupación notable de presencia mediática para VOX (ya saben ustedes que uno de los vectores más importantes para el éxito en política es la práctica de los zamarrones: meter mucho ruido con los cencerros). Yo personalmente tendría gran interés en ver a don Ramón como candidato a la presidencia del Gobierno, por el circo, precisamente. Pensemos, primero, en qué podría impulsar al candidato a serlo en esas condiciones tan fuera de lo normal. Achaquemos una parte de las causas a su ego, pero, sin duda, la más importante es la conciencia en él de que el país va mal, y de que hay que variar el rumbo y tomar medidas para rectificar. Por eso se decidiría a afrontar el reto y las críticas, muchas, feroces, que sabe inevitables. ¿Y de qué hablaría? Pues, sin duda, entre otras cosas, de la situación de la economía: de la deuda, del paro, de las pensiones, de la estructura económica, de la industrialización, del apoyo a las empresas, de la fiscalidad… De esas cuestiones seguro. Y ahora volvamos a lo del circo, y a mi interés por el espectáculo. El Congreso es un circo permanente, diario. Los diputados aplauden, gritan, jalean y patalean como simios, con frecuencia. Nadie escucha a nadie, ni contesta a nadie. Allí no existe más que el solipsismo de cada congregación. Pues bien, al llegar una persona que no pertenece a ningún grupo, sino que es independiente, y decir cosas que ya han sido dichas pero sobre las que nunca de ha debatido (no quiero decir “algareado”, sino razonado, con pros y contras), ¿se producirá un debate? O se contestará, como es habitual, por el método Ollendorf o, si, ustedes lo prefieren, por el «falando d’escopetes, San Fernando tenía un carru», no solo evasivo, sino faltón. Por ejemplo: «¿Qué me dice del paro del último mes?». Respuesta: «Mejor se preocupaba usted de ese primo suyo de Mieres que cuando iba a la escuela tiraba piedras a los gorriones». Y así, sistemáticamente. ¿Tratarán con respeto a don Ramón los habituales del circo? ¿Se seguirán con atención las réplicas y contrarréplicas de unos y otros o todo se centrará en jalear, palmotear y abuchear? ¿Se convertirá el Congreso por unas jornadas en el templo de la soberanía popular o seguirá siendo el circo habitual o, si lo prefieren, la taberna de las altas horas de la noche? ¿O tendremos que decir algo parecido a lo que se dice de los palestinos, que nunca pierden una oportunidad de perder una oportunidad? En este caso, de no abochornarnos y no sacarnos los colores. Comprenderán ustedes por qué me gustaría ver a don Ramón Tamames encabezando esa moción de censura. Por verlo a él. Por ver a los demás en su espejo.