

Así, ahora, se nos anuncia que vuelve Spacey al Niemeyer (bueno, al Niemeyer, no: para el Niemeyer, que el Niemeyer todavía no existe) y que lo harán tras él artistas (del régimen y de la ceja todos, no teman) y cineastas como Volker Schlöndorff y Woody Allen.

Ya ven, gobierno sí tenemos, pero ¿oposición? Ni la de IU, que está como la ratina del cuentu: “Dormir (comer) y callar”, ni PP, cuya idea de trabajo es un poco inferior a la de Diógenes, aquel filósofo cínico que, invitado por Alejandro el Magno a acompañarlo por el mundo, y, preguntado por cómo quería que se le pagase o qué quería que se le dieses, respondió:
—Sólo quiero que te apartes, que me quitas el sol.

—No me traigáis trabajo ni me hagáis abrir los ojos, no sea que tenga que incomodarme investigando o denunciando, o, peor, aún, que tenga que gobernar. Que aquí estoy como Dios: cobro lo que nunca me pagarían fuera y trabajo aún menos que Diógenes, con todo voy en coche y tengo gastos pagos.
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