X. X.

En La Nueva España del 24/03/2026, esti panexíricu del xurista Junceda Avello. Agradezólo, masque acasu ye un migayín escesivu. Javier Junceda 23 MAR 2026 21:13 X.X. El experto que lleva años escribiendo sobre la relación del los asturianos con su tierra Francisco Rodríguez no deja de recomendarme que lea lo último o antepenúltimo de Xuan Xosé Sánchez Vicente acerca de la vida en la Asturias del segundo cuarto del siglo pasado. Le respondo siempre que sigo el criterio de Pla sobre la lectura de novelas a partir de cierta edad, además de que, por mi profesión, debo atender cada día no pocos relatos de ficción y no me da la vida. Comparto la pasión que Rodríguez tiene por X.X., pero sobre todo por su producción periodística. Sus columnas aquí son insuperables en forma y fondo, y suelen dar en el clavo con unos toques de gracia que incrementan aún más su interés. Llegar a ese nivel está al alcance de pocos, y Sánchez Vicente es uno de ellos. A X.X. lo llamaban "quinielón" los que jugaban con sus iniciales para pitorrearse no tanto de él como de lo que defendía tan ardorosamente. En su disertación de ingreso en el Ridea, sobre la literatura en bable allende Pajares, el mismo Xuan Xosé considera que esa burla y odio hacia lo propio es característico de muchos: "Esa ye la verdadera rellación fondera de los asturianos pa con Asturies y pa coles sos señes d’identidá: la risa, la negación, la conversión de tolo que signifique Asturies en caxigalina", dice. No tengo demasiado claro que eso sea así, al menos por regla general. Más bien advierto el choteo cuando se pretende sacar de quicio este asunto, llevándolo a escenarios alejados de su contexto natural, que es el ámbito más familiar o coloquial, propicio particularmente en el entorno rural. Ahí incluyo al deliberado y desviado uso de esas señas de identidad con marcado tinte político y escasa originalidad, al rebufo de corrientes que se han extendido por España y que están logrando desdibujar el panorama de la igualdad elemental en cualquier país. X.X., en ese gran discurso, recoge autores y obras que han escrito en la "lengua antigua", como señala un anónimo poeta en 1707. Y va y viene de América a Europa, pasando por los más diversos rincones tras nuestros puertos. Estremece ese recorrido que hace, que revela además que contamos con una tradición literaria que hunde sus raíces en la historia, aunque no sé si de forma anecdótica o completa. Tal vez esas obras respondan más bien al quejido lastimero de tantos emigrantes que tuvieron que marchar y que encontraban en esas letras y voces de la infancia el antídoto contra la nostalgia del lejano terruño. No pocos escritores que rescata Sánchez Vicente han sido de forma recurrente objeto de atención por la Institución de la que ya forma parte. Pienso en Xiquín de Villaviciosa, del que no hace mucho nos habló su nieto Carlos Balbín, que alberga en Buenos Aires material publicable en asturiano. O Fernán Coronas, el religioso creador del "galés", de Cadavedo, como le solía decir a la buena de Olivina Avello, que custodiaba como oro en paño su obra y enseres personales. X.X. milita en un asturianismo del que no cuesta participar. Aunque sienta en profundidad el latido de la cultura de su tierra, no lo ha convertido en un credo. No dogmatiza ni pretende imponer, sino convencer, como de hecho demostró cuando anduvo detrás de la inclusión en el Estatuto de una protección del bable que "respetara las variantes locales y la voluntariedad en su aprendizaje". Y de la ley aún vigente en la materia, de la que todavía se puede sacar provecho sin necesidad de meterse en más berenjenales y de fundir infinitos dinerales. Lo de la consideración estatutaria de las variantes locales ya se ha visto cómo ha evolucionado, algo que me recuerda a lo que Juaristi rememora sobre las Juntas de Guernica, que hablaban en castellano porque en cada valle había un vascuence, algo que nos pasa aquí también. En 1791, Jovellanos escribe una carta sobre el habla asturiana de su niñez, en la que considera que "conservándose solamente en la tradición y el uso y careciéndose enteramente de monumentos no sólo impresos, más aún escritos, es imposible adelantar cosa alguna no viniendo acá a suplir con la voz viva la falta de tan necesarios auxilios". X. X. sigue esa brillante estela intelectual, que hemos de agradecer por lo mucho que tiene de amor a las raíces y de sano orgullo de pertenencia a una tierra.

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