Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Eutrapelia narcisista
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
EUTRAPELIA NARCISISTA
Esporádicamente, me paran por la calle para pedirme que vuelva a la política. También lo hacen a través de las redes sociales o en estas misma páginas.
En esta ocasión es mi hija, mientras comemos, la que me traslada una de esas incitaciones. En la mesa, ella, mi mujer, mi yerno y mi nieto David, de 13 años. Este me pregunta qué por qué no lo hago.
Lo pienso un instante. Podría contestarle hablándole de la volubilidad del voto que no se deposita en los dos partidos mayoritarios; de la dificultad de llegar a la gente si no es desde Madrid y la televisión; de lo difícil que es aunar voluntades cuando no se reparten cargos, dinero o poder; del escaso asturianismo fáctico de los asturianos; o de aquellas palabras de Guicciardini sobre la naturaleza de los pueblos: «Inclinada a esperar más de lo que se debe, a soportar más de lo que es necesario».
Pero prefiero acudir a una parábola. Le recito el final de la rima LXXII de Bécquer: desde la mar a alguien que está en la orilla lo invitan a embarcarse el Amor, la Gloria y la Libertad. Él les responde: “Yo ya me he embarcado; por señas que aún tengo / la ropa en la playa tendida a secar”. Con ayuda de un breve dato histórico que proporciona mi hija, mi nieto comprende y sonríe. Añado: “Decía Napoleón que para ganar las guerras solo se necesitan tres cosas: oro, oro y oro”. Esto David lo entiende inmediatamente.
Pero como no creo que uno deba tener posiciones inamovibles, salvo en lo fundamental, o mantenerse en una postura solo por haberla sostenido, cito las palabras de Romanones: «En política, cuando digo “jamás” quiero decir “hasta esta tarde”, y cuando digo “nunca” quiero decir “por ahora”».
Mi nieto sonríe y yo también. Ignoro si, como yo, pensará en ese discípulo hodierno del conde llamado Pedro.
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Más sobre la unidá (de nuevu al anónimu del 16/11)
Bueno, al final, dempués de tola ex-pressio, de tou esi xagumiar, lo de la unidá nun tenía ná que ver, como suel ser.
En tou casu, y pa suxerir un "decir" más prestosu, una actitú más lliviana, con menos pathos, apunto la llectura de la Rima LXII de Gustavín (Bécquer, non Bueno).
Aclaro, pa camudar el mou, non el fondu, non la postura, que yo creo n'aquello que tan bien espresó Winston Curchill, "el derechu del paisanu corriente a llevantase enfocicáu y camudar el gobiernu col so votu, sólo por eso, por tar enfocicáu". O, arreyo yo, a sofitalu nun votando a ningún, sólo por eso, por llevantase a la hora del desayunu y sentise emberriacáu.
En tou casu, ehí va, un Bécquer prestosu, zuniegu y poco conocíu. Merez la pena lleelu. Él personaxe-protagonista tamién tuviera les sos esperiencies de les que saliera como'l gatu escaldáu:
Primera voz
Las ondas tienen vaga armonía,
Las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día;
yo algo mejor:
¡yo tengo Amor!
Segunda voz
Aura de aplausos, nube rabiosa,
ola de envidia que besa el pie.
isla de sueños donde reposa
el alma ansiosa.
¡dulce embriaguez
la Gloria es!
Tercera voz
Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad,
todo es mentira: la gloria, el oro.
Lo que yo adoro
sólo es verdad:
¡la Libertad!
Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción,
y al golpe del remo saltaba la espuma
y heríala el sol.
"¿Te embarcas?", gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
"ha tiempo lo hice, por cierto que aun tengo
la ropa en la playa tendida a secar.
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