Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Todo tiene dos caras, por lo menos
(Ayer, en LNE)
L’APRECEDERU
TODO TIENE DOS CARAS, POR LO MENOS
El derecho a la huelga tiene escasas limitaciones, como el de manifestación. Sin embargo, sus efectos, a veces, son tan nocivos o las demandas imposibles de solventar en lo inmediato que quizás en ocasiones convendría medir los efectos del ejercicio de esos actos reivindicativos para atemperarlos.
El caso más evidente es el de las huelgas de médicos y otro personal sanitario. No se discuten aquí sus razones, tampoco la irritación que provoca en esos profesionales la sordera del Gobierno (evidentemente, doña Mónica no actúa por sí y ante sí, salvo que el de Sánchez sea un gobierno desgobernado, aunque vaya usted a saber). En cualquier caso, el arma con que disparan son los enfermos: el número de consultas y operaciones diferidas, en un sistema con una demora ya muy alta, crece cada día. Traducción: las víctimas de esas huelgas crecen cada día. Aunque en términos menos dramáticos, algunas actuaciones, como las de la interrupción del tránsito de camiones hacia El Musel, en Xixón, tiene sus efectos sobre los camioneros y sobre el empleo (algún día hablaremos de cómo nos ven a los asturianos los inversores). Tener razón o razones no permite todo.
Todo el mundo está empeñado en la integración escolar, como fórmula única y deseable. ¿Todo el mundo? El otro día, una conversación en una sala de espera me sorprendió. Había gente de África y de Sudamérica; probablemente alguno, de fe distinta a la cristiana. Padres y madres. Pues bien, lo que sostenían era que había que tener en escuelas distintas para cada uno, según su cultura. Denle una vuelta.
Y, en fin, el monumento a los Héroes del Simancas. Lo conseguido hasta el momento: de ser prácticamente desconocido, es actualmente más conocido. En cuanto a su significado, algunos se han enterado ahora, y, en lo relativo a ese significado, a una gran parte de la población le es indiferente; otros, toman partido.
A qué quieres, boca
(Ayer, en La Nueva España)
A QUÉ QUIERES, BOCA
Como saben y padecen, los sindicatos médicos de toda España convocan huelgas en contra de los planes de la ministra Mónica García, planes que abarcan a los demás colectivos sanitarios, pero los médicos quieren un «marco» solo para ellos. Así, mientras otros estamentos han desconvocado las huelgas, las de los médicos siguen adelante.
Al respecto, el presidente del SIMPA ha manifestado que «son necesarios 1.230 profesionales para suprimir las guardias de 24 horas», que ellos reclaman, y cifra en 280 millones de euros «el precio de tener facultativos respetados en su salud y conciliación». Antes de otra consideración, el propio SIMPA destaca que tenemos una grave carencia de facultativos, que contabiliza en unos 800 para hospitales y 100 para primaria. ¿De dónde, pues, esos 1.230 de nuevas necesidades?
Del dinero ya no les comento nada. No hay grupo humano que no salga a la calle con demandas, más o menos razonables, que significan más dinero de los presupuestos, es decir, de los bolsillos de los contribuyentes. Los funcionarios, menos horas y días; los vecinos de aquí o de allí, nuevos parques, nuevos ambulatorios, más escuelas, nuevas carreteras; los sindicatos, más salarios y menos horas; los… Como aquel San Pascual Bailón barojiano que siempre estaba al pie de Dios pidiendo más. Pero a nadie le preocupa de dónde sale el dinero, ¡que lo pongan los políticos y ya está!
En la misma línea, he aquí una dama que proclama que tres meses de vacaciones escolares impiden trabajo y conciliación. ¿Solución? Trasladar esos costos, personales, familiares, al dinero de los demás, discurran ustedes cómo, pero que los niños estén atendidos por la Administración esos meses. Y sumen, sumen y sumen.
Ahora que «para qué quieres, boca», la de Lorca. Cuando le daban a escoger palabras para traducir al gallego sus poemas, «escogía la palabra que le salía de sus cojones líricos».
Así se hacen literatura e historia.
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