Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Toponimia, asturianu y una escuelina, por favor
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
TOPONIMIA, ASTURIANU Y UNA ESCUELINA
El pasáu día 2 apaecía nel BOPA’l Decretu 47/2026, de 22 de xunu, relativu a la recuperación y afitamientu de la toponimia. La disposición vien a enmendar, derogándolu, el Decretu 98/2002, de 18 de xunetu. Esti, na regulación y normalización toponímica, fixábase únicamente nos topónimos de conceyos, ciudades y poblaciones, el nuevu vien a atender, además de tolo qu’abarcaba l’anterior, la toponimia menor (ríos, montes…).
Teóricamente, el nuevu instrumentu ye un pasu alantre na evitación de la deturpación y falsificación de la toponimia, tan habitual. “Deturpación y falsificación”: como sabe cualquier persona de bona voluntá, el nome de los sitios ye’l que-yos vienen poniendo a llugares y entidaes los habitantes d’Asturies dende enantes de los romanos y dempués. Agora bien, por ignorancia, por presiones de l’Alministración central, por complexu aldeanu, por odiu al asturianu, vien produciéndose dende hai tiempu una deturpación y falsificación d’esos nomes, camudándo-yos lo que suene a asturianu.
Midida afayadiza, entós. Agora bien, el Gobiernu debería procurar qu’esi cuidáu que diz tener sea efectivu. De mano, modificando la interpretación que se vien faciendo del artículu 15 de la Llei 1/1998, poniendo per delantre’l nome castellanizáu del tradicional: “los topónimos de la comunidad autónoma tendrán la denominación oficial en su forma tradicional”, diz la Llei. Nesi sentíu, el mio amigu y Secretariu Xeneral del PAS, Xesús Cañedo Valle, y yo argumentamos al Gobiernu n’escritu de marzu de 2023.
En segundu llugar faciendo que se cumpla la normativa y evitando lo que ta pasando últimamente: cada vegada más ayuntamientos y entidaes pásense pel forru la normalidá topónimica y la Llei, inclusu dan marcha atrás.
Y, yá que tamos con escuelines, ¿qué tala una pa dellos comunicadores? Domingu 5 y llunes 6: “entrenamiento del Real Oviedo en el Requesón”. ¡Qué gochada!
Nun ye ignorancia, ye despreciu hacia l’asturianu. Si fuere inglés diben retorcigañar la llingua y el focicu hasta pronunciar daqué que sonase a inglés.
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Xesús Cañedo Valle
Un problema de educación
18/02/17
UN PROBLEMA DE EDUCACIÓN
Víspera de Navidad. Acudo a una
dependencia de la Administración asturiana, casi vacía. Quien me atiende toma
nota de mi nombre. Veo que “traduce” mi nombre al escribirlo. Lo corrijo. He de
deletrearlo. Al final miro la pantalla y está correcto.
Pasan unas semanas, no muchas, y
llega la respuesta. Y ahí, otra vez, mi nombre traducido. Quien firma, además,
la notificación es persona que me conoce de sobra. Me consta, por razones que
no son del caso. Voy a pensar que mi nombre llegó a él otra vez “traducido”,
que no es él el responsable de la versión. En todo caso, puesto que firma en la
misma cara en que vienen mis señas, es seguro que lo ha visto y que no ha
tenido el detalle de indicar la corrección.
No crean ustedes que se trata de
un fenómeno singular, ocurre en más ocasiones de las que me gustaría. Y si uno
hace notar el error, las disculpas son siempre las mismas: “es que yo no sé
bable”, “es que no sé pronunciarlo”. ¿Creen ustedes que si alguien se llamase Jon
o John iban a traducirlo esas personas al castellano? Seguro que no. ¿Creen
ustedes que pronuncian “sérif” y no “xérif”, “cható” y no “xató”? Seguro que
no. Es un problema de educación, de respeto a los demás, no otra cosa.
Esa falta de respeto se extiende,
en general, hacia nuestra lengua. Un solo ejemplo. No llegará al cien por cien
de los cronistas deportivos de radio y televisión, pero casi. Todos ellos hacen
correr y sudar a los pobres jugadores del Oviedo entre la pasta pegajosa y olorosa de la leche
apenas transformada en queso, en “requesón”. Y no importa, cuando ello ocurre
en la televisión, que durante su intervención aparezca escrito “El Requexón”,
ellos siguen ternes en su empeño quesero, sin hacer siquiera el menor esfuerzo
por aproximarse a la palabra correcta. ¿Los imaginan evacuando, por ejemplo, un
“Neu York” o “Nef York”? ¿A que no? Bien, pues no tienen la menor inquietud.
Como no la tiene ninguno de sus jefes para corregirlos. En esto del asturiano
se puede patear y despreciar la realidad sin que aparezca el pudor por la
incorrección o la ignorancia.
He dicho “problema de educación”.
No solo. En ese menosprecio al asturiano, en ese no respetar ni los nombres
propios, habita también una extraña patología, mezcla, en diversas proporciones,
de enfermiza hostilidad, de inseguridad y de soberbia. Mucha gente siente un
malestar íntimo, una desazón, al ver el asturiano usado en contextos
normalizados, fuera de los ámbitos de la aldea o del monólogo —fuera de su ser,
diríamos, para ellos—, y, al mismo tiempo, una parte de los mismos experimentan
la necesidad de poner al otro en su sitio, de dictarle una imposición, de
decirle un algo así como “tú qué te vas a llamar así”, “te voy a decir yo como
tienes que llamarte” o “como tienes que hablar”.
Ya ven: Asturies. Y perdonen que
hoy haya centrado este artículo en mi persona. Y es que ya me lo decía una tía
mía:
—Yes un casu.
Efectivamente, un caso. Uno entre
muchos cientos, en el caso del nombre. Entre muchos miles y miles, en el caso
de la lengua.
Asoleyóse en LA NUEVA ESPAÑA del 18/02/1.
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