Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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De toponimia y don Antonio
L’APRECEDERU
DE TOPONIMIA Y DON ANTONIO
El Gobiernu, a través de la consejera de Cultura y Política Llingüística, doña Vanessa, y del de Ordenación del Territorio, don Ovidio, acaba de presentar la plataforma «Topía», un instrumento digital que pretende recoger la toponimia menor, la de los ríos, fuentes, caminos, playas, praos, etc., mediante la colaboración de los vecinos o de cualquier ciudadano. Está disponible en castellano, asturiano y eonaviego y únicamente exige que el usuario se registre previamente mediante un nombre y una contraseña.
Una vez inserto el nombre en la aplicación y localizado el lugar, la propuesta sufre una peñera por los expertos, para evitar errores o disparates. Después se oficializa el nombre y la localización. A quien le interese: https://www.lne.es/asturias/2026/07/30/topia-nueva-aplicacion-principado-abre-132951134.html. La propuesta no es una novedad. En Galicia, por ejemplo, funciona la aplicación Galicia Nomeada, de características semejantes, con éxito notable, a lo que parece.
Además del interés por recoger y guardar palabras de lugares para siempre, la idea evitará la progresiva falsificación de los nombres asturianos, falsificación que lleva tiempo funcionando, bien por la presión oral castellanista, que actúa, ya desde la escuela, creando un complejo de inferioridad en el hablante; bien por la maniática y enfermiza deturpación desde las instituciones (¿por qué es loable “Lastres”, por ejemplo, y despreciable “Llastres”), en una forma nada sutil de imperialismo. Dejemos aparte los odiadores.
Y, a propósito, coincide la iniciativa con el aniversario de la muerte de don Antonio Trevín, tan respetuoso y amante de lo asturiano, asturianista a su manera, sobre socialista. Esa coincidencia me permite traer aquí, homenajeándola, su memoria, y sumarme a las honras que le han tributado sus compañeros, sus convecinos y, por supuesto, sus familiares. Hombre cabal, dialogante y afectuoso, Trevín. Amigo a quien extraño.
Por cierto, en 2015 presentó mi novela En el muro de tu corazón. Con motivo de su fallecimiento, publiqué sus palabras en mi blog: https://xuanxose.blogspot.com/search?updated-max=2025-08-06T11:22:00%2B02:00&max-results=10&start=80&by-date=false
(Semeya: RTVE)
Toponimia, asturianu y una escuelina, por favor
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
TOPONIMIA, ASTURIANU Y UNA ESCUELINA
El pasáu día 2 apaecía nel BOPA’l Decretu 47/2026, de 22 de xunu, relativu a la recuperación y afitamientu de la toponimia. La disposición vien a enmendar, derogándolu, el Decretu 98/2002, de 18 de xunetu. Esti, na regulación y normalización toponímica, fixábase únicamente nos topónimos de conceyos, ciudades y poblaciones, el nuevu vien a atender, además de tolo qu’abarcaba l’anterior, la toponimia menor (ríos, montes…).
Teóricamente, el nuevu instrumentu ye un pasu alantre na evitación de la deturpación y falsificación de la toponimia, tan habitual. “Deturpación y falsificación”: como sabe cualquier persona de bona voluntá, el nome de los sitios ye’l que-yos vienen poniendo a llugares y entidaes los habitantes d’Asturies dende enantes de los romanos y dempués. Agora bien, por ignorancia, por presiones de l’Alministración central, por complexu aldeanu, por odiu al asturianu, vien produciéndose dende hai tiempu una deturpación y falsificación d’esos nomes, camudándo-yos lo que suene a asturianu.
Midida afayadiza, entós. Agora bien, el Gobiernu debería procurar qu’esi cuidáu que diz tener sea efectivu. De mano, modificando la interpretación que se vien faciendo del artículu 15 de la Llei 1/1998, poniendo per delantre’l nome castellanizáu del tradicional: “los topónimos de la comunidad autónoma tendrán la denominación oficial en su forma tradicional”, diz la Llei. Nesi sentíu, el mio amigu y Secretariu Xeneral del PAS, Xesús Cañedo Valle, y yo argumentamos al Gobiernu n’escritu de marzu de 2023.
En segundu llugar faciendo que se cumpla la normativa y evitando lo que ta pasando últimamente: cada vegada más ayuntamientos y entidaes pásense pel forru la normalidá topónimica y la Llei, inclusu dan marcha atrás.
Y, yá que tamos con escuelines, ¿qué tala una pa dellos comunicadores? Domingu 5 y llunes 6: “entrenamiento del Real Oviedo en el Requesón”. ¡Qué gochada!
Nun ye ignorancia, ye despreciu hacia l’asturianu. Si fuere inglés diben retorcigañar la llingua y el focicu hasta pronunciar daqué que sonase a inglés.
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Las mentiras toponímicas y doña Carmen
(Ayer, en La Nueva España)
LAS MENTIRAS TOPONÍMICAS Y DOÑA CARMEN
La Ley 1/1998, de Uso y Promoción del Bable/Asturiano, dedica su capítulo V a la toponimia. Consta de un solo artículo, el 15 de la ley, cuyo primer apartado reza así: «Los topónimos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe». Creo que es patente lo que dice el artículo. Recuerdo, además, en estos días próximos a la muerte de Xesús Cañedo, cómo se gestó, reunidos los tres en el despacho de Sergio Marqués. Nosotros llevábamos la redacción del primer punto. A propuesta, que nos pareció razonable, del Presidente, se añadió el punto y seguido: «Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe». Fijémonos en que lo que se dice es que los topónimos tendrán su denominación «en su forma tradicional», esto es, en la forma en que históricamente los asturianos denominaron sus lugares, que, obviamente, no fue en castellano. Y el punto siguiente establece el «podrá ser bilingüe» por este orden: «En su forma tradicional y en castellano». La letra de la ley es tan evidente como la voluntad de los tres redactores, y la del Parlamento que posteriormente aprobó el texto: en asturiano (esto es, en la formulación lingüística autóctona que dieron a los sitios las personas y la historia) y, en algunas ocasiones, en asturiano y castellano, por este orden.
Sin embargo, se viene conculcando la ley y su espíritu de forma sistemática, Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón... Pero no ocurre ello únicamente cuando el término castellanizado tiene una presencia general, en los últimos tiempos se ha extendido la fórmula doble (y, contrariamente a la ley, inversa) para la mayoría de los topónimos de la comunidad. He llegado a leer recientemente Ceares/Ciares, donde la primera denominación de los indicadores de carretera o de barrio (generalmente, falsificada por algún docto funcionario), Ceares, ha tomado carta de naturaleza y predomina sobre el término asturiano y general. Ya me extraña que no comiencen a geminarse cosas como Llanas/Llanes, Givares/Xivares, La Hoz/La Foz..., ¿por qué no ser coherentes hasta el final?
Y, a propósito, cuando Gobiernu y sustentos hablan de ampliar los contenidos de la Ley de Uso, ¿por qué no comienzan por hacer que se cumpla la misma?
El respeto a los nombres tradicionales, a los nombres auténticos, no es una invención moderna, sino de gente educada o ilustrada. Aunque les parezca mentira, una crónica del falangista Víctor de la Serna en el diario “Unidad” celebraba la caída del que fue último bastión republicano en Asturies, a las seis de la tarde del 21 de octubre, con un XIXÓN en tipos enormes, y, en la crónica, en castellano, insertaba un «¡Xixón ye de España, hom!».
He dicho arriba que se falsificaba la ley. Se traicionan también la historia, la memoria y la identidad del pueblo asturiano, en algunos casos, incluso, «inventando» los términos castellanizados. Por cierto, y al respecto de invenciones o falsificaciones, ilustres sabios, eruditos optimates sostienen que el término «Uviéu» es una invención, que nunca se dijo. Y tienen razón, pero no precisión. Es cierto que su primera aparición es relativamente cercana en el tiempo. Ocurrió el 12 de febrero de 1937. Franco y su esposa, Carmen Polo y Martínez Valdés, se hallan en Vitoria. A doña Carmen la entrevistan para el diario “Norte”, periódico nacionalsindicalista, y en un momento del reportaje así escribe el periodista: «A nuestra respuesta afirmativa empezamos a hablar de Asturias (con las terminaciones en es del dulce bable), del orballu (el sirimiri de aquí), de Uvieu...».
Esta Carmina, ¿a qué se mete a inventar topónimos?
La invariable aldeanista
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
LA INVARIANTE ALDEANISTA
La que se manifiesta a través de la mal llamada “Variante de Pajares”, de su nombre. Es absolutamente increíble que un pueblo cuyo nombre es Payares, como han dicho siempre quienes lo poblaron, y según podemos constatar en refranes y cantares (“La que ficiste en Payares pagarásla en Campumanes”, “Pasé’l puertu de Payares…”) se haya deturpado contraoficialmente en Pajares.
¿De dónde sale “Pajares”? De donde todas las deturpaciones: de la presión imperialista del castellano oficiada fundamentalmente por los ingenieros de obras públicas, que siempre han tenido como un baldón para la patria y la profesión cualquier rasgo asturiano (la doble “ll”, la “u” final…).
Algunos, ignorantes o falaces, podrían argumentar que el asturiano no es oficial, pero los nombres de los pueblos no tienen nada que ver con la oficialidad: son los que son (como Madrid es Madrid), y punto.
La cosa es más grave, porque el nombre oficial (subrayo, oficial) del pueblo es ese, “Payares”, lo mismo que el del deturpado “Peón”, como recordé aquí recientemente, es “Pión”. Y no dice poco de nosotros ese ponerse la legalidad por montera, por no decir pasársela por…
Pero el factor más importante en esas falsificaciones, es el asco, si no el desprecio, que sentimos hacia nuestras señas de identidad lingüísticas, que no es sino un vector menudo del poco aprecio que nos tenemos a nosotros mismos. Es un aldeanismo que no sólo se avergüenza hacia adentro: siente vergüenza de mostrar esas señas de identidad, temiendo que nos tengan en menos, como si, por decir Payares, fuesen a venir menos visitantes o se perdiesen los trenes, cuando, incluso, al contrario, podría tener un punto de atractivo exótico.
Hemos pasado de la vergüenza hacia su lengua del ciudadano al que los maestros reñían a la interiorización generalizada de ese complejo de inferioridad: la invariante aldeanista de los urbanitas.
Y así nos va: ni nos vemos ni nos ven.
Una de risa y otra no tan de risa
(Ayer, en La Nueva España)
UNA DE RISA Y OTRA NO TAN DE RISA
La izquierda anduvo estos días revuelta con actos que tenían relación con la enseña nacional o, si quieren, constitucional; es decir, española. Tras la jura de bandera el fin de semana pasado en Uviéu, el señor Llamazares realizaba una protesta a la que los medios no dieron mucho aire.
Pero no centra ello mi atención, sino una carta que el hoy presidente de la Xunta, el señor Cofiño, publicaba aquí, en LA NUEVA ESPAÑA, el 28.09.2023. La sustancia de la misiva era la siguiente: el PP había presentado una propuesta para conceder la Medalla de Asturias el año próximo al Regimiento Príncipe número 3. La Mesa de la Cámara (mayoría PSOE-IU) se ha opuesto a la tramitación de la propuesta. El PP ha calificado el rechazo de sectario. Don Juan Cofiño ha salido al paso acusando al PP de utilizar al Ejército y, por ello, de “prácticas sectarias que generan tensiones gratuitas, fracturan la unidad de los españoles y amenazan la convivencia”.
Diré que tengo en estima al señor Cofiño por muchas razones, entre otras, porque es de los pocos políticos que han tenido con el mundo real una relación que ha ido más allá de su ideología –en su caso, el mundo empresarial–, y, por tanto, sus actuaciones tienen más aciertos que las de los que no tienen más patrimonio vivencial que su discurso. No obstante, sí quiero comentar otro párrafo de su carta, que está en conexión discursivo-política con el antecitado. Este: «Llueve sobre mojado sobre este particular, toda vez que la derecha española –en su desviada interpretación de la noción de Estado– lleva tiempo apropiándose espuriamente del emblema de nuestra bandera, de tal suerte que muchos españoles, lamentablemente, se muestran apáticos o escépticos en presencia de la misma, ante su grosera utilización partidaria».
Afirmar tal cosa desde la izquierda, que mayoritariamente tiene, desde que hay democracia, como bandera emocional e identitaria una enseña retrógrada que pasea en mítines y manifestaciones, y que, además, mira con desdén o rocea a la española, la constitucional, puede incitar a muchos comentarios o reacciones. Apostemos por el más plácido: tomémoslo a risa.
En otro orden de cosas, estos últimos días han producido cierta jocosidad algunos errores en los cambios de los indicadores de las carreteras dependientes del Gobierno central. “Gráu”, por ejemplo, o “La Corredoira”. Bueno, sonriamos, pero miremos lo que hay detrás: un avance, un reconocimiento, un respeto a la lengua asturiana y, por tanto, a los asturianos.
Efectivamente, me consta que han sido gestiones del Gobierno de Barbón las que han “convencido” al departamento correspondiente del Estado para que se atenga a la ley y la realidad, con un retraso de, si no de toda la vida, por lo menos de 25 años, desde que se aprobó la Ley de Uso y Promoción del Asturiano.
Porque, efectivamente, los nombres de los lugares (pueblos o ciudades) de Asturies son los que son oficialmente; es más, y perdóneseme la tautología, son los que son —y mucho menos son los que han falsificado los funcionarios de carreteras—, y eso no depende de que el asturianu sea lengua oficial o no, como me contestó en su día, en carta particular, el ministro Álvarez-Cascos y como han venido haciendo hasta ahora todos los ministros del ramo.
Tres observaciones. La primera: los sucesivos ejecutivos socialistas vienen incumpliendo sistemáticamente el artículo 15 de la Llei d’Usu, según recientemente hemos denunciado ante el anterior Gobierno Xesús Cañedo y yo. La ley no dice que todos los topónimos deban ser bilingües, ni mucho menos, solo algunos; tampoco que la prelación deba darse al castellanizado. La segunda: como en la mencionada denuncia hemos manifestado, la metodología de los nombres en los indicadores de carreteras es una auténtica chapuza, cuyo único criterio parece ser el del operario que los rotula. Y tres: ya que se da ese plausible paso adelante en las carreteras de titularidad estatal, ¿no se podía tener un poco de cuidado y que alguien vigilase lo que al final se va a pintar y colgar?
València nos ilumina
VALÈNCIA NOS ILUMINA
Como hemos hecho saber al Gobiernu recientemente mediante requerimiento notarial, la Ley de Uso y Promoción del Bable/Asturiano está siendo incumplida (o, si se quiere, y siendo bondadosos, «mal interpretada»). Efectivamente, el artículo 15.1 de la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de Uso y Promoción del Bable/Asturiano establece que los topónimos de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe. La finalidad del artículo transcrito es expurgar las denominaciones oficiales de pueblos y lugares de años de aculturación, falseamiento (deliberado o por desconocimiento), errores, castellanización desinformada o pura y simple desidia. La experiencia acumulada hasta la fecha en el proceso de aplicación de la ley permite señalar desviaciones claras respecto de su espíritu y finalidad.
El incumplimiento más claro es en la doble denominación del tipo Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón, etc., pues la ley manifiesta con claridad que el nombre oficial es el «tradicional» (Uviéu, Xixón…) y solo cuando está muy extendido el castellanizado se podrá usar, además, este último, como un añadido, evidentemente, no como principal.
En multitud de casos esa excepción ha venido a generalizarse, como si las castellanizaciones recientes, o las sistemáticas manipulaciones de Carreteras del Estado, fuesen una presencia imperiosa en la lengua común que necesitasen esa duplicidad: Llastres/Lastres, Lluanco/Luanco, o, incluso, en ocasiones, como si el término adventicio fuese el asturiano (colocado en segundo lugar), y no el castellanizado o manipulado.
Lo que es una excepción en el 15.1 ha pasado en muchos casos a convertirse en norma ridícula (Cadarienzu/Cadarienzo; La Cruz de Illas/La Cruz d’Illas), en todo caso, contraviniendo flagrantemente la ley.
El traslado de esa realidad legislativa (generada en las comisiones de toponimia y los ayuntamientos y trasladada al BOPA) a la señalización viaria es confusa, contradictoria y risible en muchos casos, conviviendo topónimos falsificados con otros recuperados; indicadores donde encabeza el nombre en asturiano y otros, del mismo lugar, donde lo hace el nombre castellanizado (o ministerializado). ¿Para qué seguir? Dense una vuelta y miren ustedes.
Pero, además, esos nombres «tradicionales», «asturianos», son, una vez establecidos, los oficiales. Si, por ejemplo, el nombre oficial es Llastres, no existe, desde ese momento, ni para la Administración General ni para el Estado otra denominación de la localidad que esa, independientemente de la oficialidad o no oficialidad de la lengua. Y en ese sentido, el respeto que en esos ámbitos se tiene hacia los nombres «oficiales», «reales», es escaso, es decir, contra legem, aunque hay que reconocer que algunos servicios de la Administración se han adecuado ya a la nueva legalidad.
Al respecto, un hecho reciente ha venido a poner una nueva mancha, un nuevo incumplimiento con respecto a la legislación. Como ustedes saben, en la Puerta del Sol, en Madrid, acaba de inaugurarse en el llamado Kilómetro Cero una rosa de los vientos en granito donde, en su correspondiente orientación geográfica, constan todas las capitales de provincia: A Coruña, Ourense, Zamora, Salamanca… Son también conocedores, sin duda, de que el alcalde de València, Joan Ribó, ha exigido que se respete el nombre oficial de su ciudad, València, y no Valencia, que es la grafía que está escrita.
En dicha rosa de los vientos consta, cómo no, el nombre de nuestra capital, en la arcaica forma deturpada (Oviedo) y no en la oficial (aunque contra legem) desde el 21 de marzo de 2019, Oviedo/Uviéu.
Yo no esperaba que el alcalde de nuestra capital, don Alfredo Canteli, corriese a pedir la oportuna rectificación, no por nada, sino porque anda, sin duda, excesivamente enfrascado en su renovación como primer edil, pero sí me ha extrañado que ni una sola voz se haya alzado desde Asturies para denunciar el desafuero o exigir su reparación. Ni una, ni siquiera de entre los más furibundos asturianistas, la Academia o los más esquivos partidos políticos que hacen como si estuviesen muy interesados en nuestra lengua, tradición y derechos.
Dice tanto ello de nosotros que prefiero no decir nada.
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Requerimientu notarial al Gobiernu asturianu sobre toponimia
AL CONSEJO DE GOBIERNO DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
De acuerdo con el artículo 15.1 de la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de uso y promoción del bable/asturiano “los topónimos de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe”. La finalidad del artículo transcrito es expurgar las denominaciones oficiales de pueblos y lugares de años de aculturación, falseamiento (deliberado o por desconocimiento), errores, castellanización desinformada o pura y simple desidia. La experiencia acumulada hasta la fecha en el proceso de aplicación de la Ley permite señalar desviaciones claras respecto de su espíritu y finalidad, que de no ser corregidos pueden provocar una situación similar a la que trata de revertir.
Veamos algunos casos:
1. Incumplimiento absoluto de la toponimia oficial. No son raros los casos en los que se observa un desprecio absoluto por los decretos que establecen la toponimia oficial de Asturies; para muestra, véase imagen nº 1 que se reproduce al pie.
2. Topónimos oficiales con versión única. En no pocas ocasiones se incumple manifiestamente la ley, añadiendo la traducción castellana a un topónimo que sólo tiene forma tradicional en el decreto correspondiente. En la mayoría de los casos esta práctica conduce a resultados ridículos. A modo de ejemplo véase imágenes 2 a 5.
3. Topónimos oficiales con doble versión. Sobre carecer de justificación en la mayoría de los casos, la denominación oficial no siempre es conforme con la letra y el espíritu que anima la Ley (“cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe”), que claramente obliga a anteponer la forma tradicional a la castellanizada. Sirvan como ejemplos las imágenes 6 y 7.
4. Uso de la toponimia oficial en la actividad administrativa. El uso de la toponimia oficial brilla por su ausencia en las resoluciones y actos administrativos, así como en aquellas disposiciones que acceden al Boletín Oficial del Principado de Asturias.
5. Uso de la toponimia oficial por otras administraciones. Aunque algunas administraciones usan correctamente la toponimia oficial (AEMET, IGN, algunos ayuntamientos), es preciso perseverar, tanto ante la Administración General del Estado como los ayuntamientos, para el uso de la toponimia oficial, que es por lo demás una competencia propia del Gobierno absolutamente imprescindible para evitar el caos.
A la vista de lo expuesto, se requiere al Consejo de Gobierno del Principado de Asturias para que, a la mayor brevedad, proceda a disponer lo siguiente:
1. Revisión por la Junta Asesora de Toponimia de los topónimos con doble versión, reduciendo su uso a los absolutamente imprescindibles, y anteponiendo en todos los casos la forma tradicional, de acuerdo con la la letra y el espíritu de la Ley 1/1998.
2. Dictar instrucciones a todos los servicios del Principado de Asturias para el uso correcto de la toponimia oficial en las resoluciones y actos administrativos y en la cartelería oficial, sea cual sea su uso o destino. En el mismo sentido, respecto de las disposiciones legales y reglamentarias.
3. Recordar con firmeza al resto de administraciones que la competencia para fijar los topónimos de Asturias, sin perjuicio de las que corresponden al Estado y a las corporaciones locales, es del Gobierno del Principado de Asturias, que los ha fijado en los múltiples decretos sobre toponimia aprobados hasta la fecha, por lo que son los únicos oficiales, y de cuya relación nos abstenemos al ser de público y general conocimiento.
(Ayer, en La Nueva España)
DETURPACIÓN DE LA LEY Y AMANTES DEL BABLE
En Asturies no existe ningún topónimo que haya denominado en castellano un lugar: todos lo han sido en asturiano, o en lenguas anteriores. La castellanización de algunos de esos topónimos ha sido un fenómeno muy tardío, en la mayoría de los casos actual, y se ha debido, fundamentalmente, a la presión castellanizadora de la Administración (Ayuntamientos, Obras Públicas…). De hecho, no existe nombre castellano para los topónimos asturianos, aunque sí castellanización fonética. Y ahí, sí, hay una sistemática descalificación de lo original. Lastres, por ejemplo, no es ningún nombre, ni castellano ni asturiano, pero la evitación de la “Ll” inicial del auténtico, hace a algunos sentirse menos “aldeanos” o “más cultos” (o, incluso, menos “asturianos”). Y a partir de ese momento, la presencia del nombre deformado en documentos, carteles y gargantas de prestigio social empieza a ejercer presión sobre el hasta entonces solitario y auténtico Llastres. Digamos que, en general, en materia de toponimia, el “asco” castellanizante hacia lo asturiano tiene declarada una guerra universal de falsificación contra la “u” y las “es” finales, las “Ll” iniciales y los diptongos de la zona occidental. En algunos casos, esa falsificación llega al ridículo (eso sí, presuntuoso), como cuando una sabia Administración convirtió Cuestes Pines en Cuesta Espinas.
Consecuentemente con esa realidad, la Ley 1/1998, de promoción y uso del bable/asturiano, (que desarrolla los preceptos del artículo 4º del Estatuto y el 3º de la Constitución) establece (como “ley”, de forma obligatoria, pues) que “Los topónimos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe” (V, 15.1).
Son ustedes lo suficientemente buenos lectores para que no haga falta subrayarles lo que la ley dice: 1) El nombre de los lugares es el que le dieron sus habitantes, “la forma tradicional”, el asturiano. 2) Si hay un uso “generalizado” de ese nombre y de su forma castellanizada la denominación “podrá ser” bilingüe, pero el término primero es el asturiano.
(Una precisión. En los debates previos a la redacción definitiva para el punto y seguido del artículo 15.1 se pensaba poco más que en los casos de Uviéu/Oviedo y Xixón/Gijón como ejemplos de entidad suficiente de coexistencia competitiva entre el término oriundo y el castellanizado).
Pues bien, a diario y de manera sistemática se viene procediendo a la deturpación de la Ley en lo referente a la toponimia: en publicaciones periódicas, en televisión, en los textos administrativos, en la cartelería informativa de carreteras y calles. Se ha universalizado el Coaña/Cuaña, Gijón/Xixón, Luanco/Lluanco, Boal/Bual… para ciudades, villas, pueblos y aldeas. De esta forma se tergiversa la ley de dos formas: se convierte en el nombre originario el castellanizado; se realiza siempre el doblete, tenga el término reconvertido poco o mucho uso. Y lo que es peor, sobre dar como el bueno el nombre “extranjerizado”, se propaga esa denominación cuando en muchos casos es apenas usada o conocida por los naturales del lugar. A veces se llega al esperpento deformador: TPA, Conexión Asturias: se anuncia el lugar desde que se va a intervenir con una tríada a pie de pantalla: “Asturias Central>Gijón>Gijón/Xixón”. Como ven, el nombre que debería ser el primero se convierte en marginal, en todos los sentidos, viniendo así a representar una especie de “lo ponemos porque no queda más remedio”. Y, además, ¿Qué es el primer “Gijón” viudo? ¿Es el nombre del concejo? Pero el concejo es también Xixón.
Y hay que señalar que la responsabilidad de esa deturpación de la Ley y de sus efectos negativos es entera del Gobiernu, ya por omisión, ya por su actuación a través de órganos de él dependientes, directa o indirectamente, como las consejerías, el BOPA o la TPA.
Por cierto, venimos asistiendo últimamente a una campaña de cierta intensidad contra la posibilidad de que el asturiano sea declarado lengua cooficial. En general, sus enemigos se manifiestan, sin embargo, “amantes de los bables” —del “asturiano real”, acaso dirían ellos—, de las “diversas formas dialectales y espontáneas del habla popular”. Yo no he visto, sin embargo, que ninguno de ellos se haya pronunciado contra este ataque que supone esta falsificación sistemática del mandato de la Ley. Tampoco los he visto en público manifestarse contra la presión que contra esas hablas “auténticas, espontáneas y populares”, significa su estigmatización (todavía, sí) en la escuela, a pesar de la Ley; o contra las restricciones o la violencia que significa en la capacidad de expresión de muchos ciudadanos la imposibilidad de hacerlo en asturiano en los ámbitos administrativos (pese a la Ley, sí) o el baldón que recae sobre su lengua (o sus formas de hablar, si lo prefieren) por no ser reconocida como “de primera”, esto es, por ser tildada implícitamente como propia de gente ignorante o no culta.
Pero pues supongo que hablan de corazón cuando ellos proclaman su amor por los “bables o bable”, quiero creer que en su vida diaria ellos lo hablarán en todas las ocasiones, aunque no sea oficial, y estimularán su uso entre sus amigos, sus pacientes, sus clientes, sus empleados o sus empleadores. Ninguna duda me cabe.
Uno de los argumentos más empleados por esta gente contraria a la cooficialidad es que su implantación podría dar origen a radicalismos y formas de intolerancia extrema que la cooficialidad provocaría. No conocen el país. Pero, en todo caso, convendría que mirasen su entorno. Así, descubrirían que en L’Arena los partidarios de que junto a la toponimia no deturpada (oficial hoy) se introduzca la castellanizada han amenazado físicamente al alcalde y su familia e, incluso, han advertido que, de no plegarse, “contratarían a un expresidiario para quemar el Ayuntamiento”.
¿Radicalismo futuro de los partidarios de la cooficialidad? Es posible, pero en el hoy bien podrían fijarse en algunos que viajan en estelas paralelas. Tal vez tendrían que volver a utilizar aquella frase de la últimas horas del Simancas: “Disparen sobre nosotros: el enemigo está dentro”.
L'Estoxu: CACÁU (y topónimu)
Nuna hora... en Llugones

Hai unos meses (diez años dempués de la so construcción) foi derribada (ensin estrenar) y con un nuevu presupuestu d'unos 3,5 millones d'€uros fízose una rotonda que se va inagurar güei dientru d'una hora (a les 13:30):

Miren bien la invitación repartía por miles en tolos buzones de la rodiada, y miren tamién la semeya superior.
Dempués de más de 10 años, dempués de más de 6 millones gastaos nestos pocos metros de terrén, dempués de varios gobiernos, conseyeros, alcaldes y conceyales (del PSOE, IU y PP)... vean cómo respeten la toponimia qu'ellos mesmos aprobaron (ver BOPA) y comprueben como cumplen la Llei 1/98 (con 12 años en vigor).
Nun me digan que'l cartel de diseñu nun ye una faltosada a la Llei, y nun me digan que la invitación (repartía por miles en tolos buzones de la rodiada) nun ye un despreciu a la toponimia y a la más mínima educación y respetu a llexislación vixente.
Si faen esto en coses tan clares, visibles y evidentes ....
Como curiosidá, pa otru día ya esplicaré por qué cambiaron esta mesma selmana (a les prises y corriendo) l'indicador nuevu que teníen ya puesto. Y que yera esti:
Y nun piensen que'l cartel/escultura de diseñu de la semeyea superior ye daqué provisinal, asina yera enantes de poner les florines p'Areces (ayer):
Encuesta
Independientemente de la llexislación, del respetu, de la educación ....Independientemente de prensa escrita, radiu, televisión, internet, ...
Independientemente d'asturianos, catalanes, valencianos, suizos, alemanes, holandeses ...
¿Cuántes veces vieron/oyeron nos medios de comunicación? TIUYA, que ye'l nome oficial y asturianu, xunto con Tuilla.
[BOPA del 25/07/2005]
A "Anónimu-Fontanía"
Contestando'l comentariu d'Anonimo.

Les gracies tengo que dales yo. Les coses bien feches bien parecen.
Lada- La Llada (Llangréu)

Corríxeme un atentu llector pol usu de "Llada" (Llangréu) a propósitu de la llinia llétrica Sama-La Velilla.
Voi al nomenclator oficial y tien tola razón, "Lada", reza ellí.
Acudo al estudiu de toponímicos del agora (por fin) caderalgu y gozosu García Arias y apunta "Lada", pero arreya, «mui minoritariamente, "Llada"» . Y, arriendes d'ello, ún nun dexa de pensar n'otru topónimu como La Llada.
Sea ello comoquier, ún, fíu obediente de la Ilesia, manifiesta públicu arrepentimientu, propósitu de la enmienda y corrixe: "Lada" .
Y da-y les gracies al atentu llector.
Colunga: contra`l pueblu y lo asturiano (De toponimia)

L`artículu 15 de la Ley 1/98, de 23 de marzo, de uso y protección del bable/asturiano, establez que “Los topónimos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe”. Esto ye, y de forma patente, que les voces de los llugares son los que-yos pon el pueblu y que, sólo si el nome yá lleva un tiempu falsificáu (castellanizáu) podrán convivir los dos términos, con predominancia, claro ta, del que ye original.
Hasta ehí la llei. Podríamos añadir les xenerales: qu`el respetu a la llei y el so cumplimientu obliguen a toles autoridaes. Vamos arreyar un segundu vector: parecería tar bien qu`aquelles persones y organizaciones que presumen de ser “más del pueblu” y de tener un “fervorín más de demócratas” fuensen tamién un migayín más cumplidores cola llei y un rispín más afectuoses coles coses populares. ¿Ye asina? N´Asturies, polo menos non. Derecha y manzorga madrileñistes son igual de poco consideraos coles normes de respetu a la cultura popular; a la derecha y a la manzorga da-yos el mesmu ascu la cultura tradicional y el productu cultural-históricu del pueblu asturianu; la izquierda y la derecha escapen como de la peste de cualquier indicativu de lo popular y, al mismu tiempu, traten de facelo desaparecer de la faz de la tierra.
¿Motivos? Munchos. Desde psicolóxicos a sociolóxicos, dende razones personales a razones d`interés de secta, dende traumes personales a intereses económicos. ¿Manifestaciones? Peruquiera y perayures. Vamos ver una más: l´Ayuntamientu Colunga (onde manda`l partíu del pueblu, el PSOE) y la toponimia de los pueblos con cayes del conceyu, Colunga, Llastres y La Isla. Facemos dalgunes anotaciones d`ente los nomes qu`aprobaren como “oficiales”, esto ye, pa les cayes, pal carteru y pa los impresos:
“Lastres” y non Llastres
En Llastres:
“El Penayo” y non El Penayu
“El Piquero” y non El Piqueru
“El Reloj” con cultismu castellanista y non El Reló
“La Atalaya”, con falta ortografía, envede L`Atalaya
“Bajada al Puerto”, envede`l so nome tradicional La Cuesta`l Muelle o, si se quier camudá-y el nome, “Baxada al Puertu”, anque parez munchu más “prestosu” el popular y tradicional.
Estes anotaciones yá fueren feches por dellos vecinos énte l`Ayuntamientu. Sintiérenles, como ye propio, con “oyíos de mercader”.
En Colunga podemos señalar:
“Bajada al Mercado” y non “La Cuesta`l Mercáu” o, si se prefier, “Baxada al Mercáu”.
“El Carril de las Monjas” y non El Carril, a cencielles, o, en tou casu, “El Carril de les Monxes”.
“El Espadañal”, con falta ortografía, envede L`Espadañal
“Las Palmeras”, con cultismu castellanista y non Les Palmeres.
Cuatro calles del nome de “Pico…(Pienzu, etc.)”, envede l`asturianu y popular “Picu”.
Una “Plaza del Ayuntamiento” que se pon así por creese`l señor Alcalde y los conceyales mui importantes. Por eso, en llugar d`esa vulgaridá de “Ayuntamientu” ponen “Ayuntamiento”; y envede de Plaza España, Plaza Vigón, etc., que ponen les demás, pa ellos ponen “Plaza del Ayuntamiento”, con preposición, que se vea que son mui finos y que pueden decir tochurines en toles llingües.
En La Isla
“Plaza El Horrón”, con falta ortografía, envede Plaza L`Horrón.
Polo demás, yá que presumen de xente del pueblu d`amantes de les lleis y de defensores del asturianu (“Dime de qué presumes.., diz el adaxu), ¿por qué non usar, como fain n`otres ciudaes d`Asturies, el términu “cai” o “caye”, solu o n`alternancia o duplicidá col castellán “calle”?
Hasta ehí la llei. Podríamos añadir les xenerales: qu`el respetu a la llei y el so cumplimientu obliguen a toles autoridaes. Vamos arreyar un segundu vector: parecería tar bien qu`aquelles persones y organizaciones que presumen de ser “más del pueblu” y de tener un “fervorín más de demócratas” fuensen tamién un migayín más cumplidores cola llei y un rispín más afectuoses coles coses populares. ¿Ye asina? N´Asturies, polo menos non. Derecha y manzorga madrileñistes son igual de poco consideraos coles normes de respetu a la cultura popular; a la derecha y a la manzorga da-yos el mesmu ascu la cultura tradicional y el productu cultural-históricu del pueblu asturianu; la izquierda y la derecha escapen como de la peste de cualquier indicativu de lo popular y, al mismu tiempu, traten de facelo desaparecer de la faz de la tierra.
¿Motivos? Munchos. Desde psicolóxicos a sociolóxicos, dende razones personales a razones d`interés de secta, dende traumes personales a intereses económicos. ¿Manifestaciones? Peruquiera y perayures. Vamos ver una más: l´Ayuntamientu Colunga (onde manda`l partíu del pueblu, el PSOE) y la toponimia de los pueblos con cayes del conceyu, Colunga, Llastres y La Isla. Facemos dalgunes anotaciones d`ente los nomes qu`aprobaren como “oficiales”, esto ye, pa les cayes, pal carteru y pa los impresos:
“Lastres” y non Llastres
En Llastres:
“El Penayo” y non El Penayu
“El Piquero” y non El Piqueru
“El Reloj” con cultismu castellanista y non El Reló
“La Atalaya”, con falta ortografía, envede L`Atalaya
“Bajada al Puerto”, envede`l so nome tradicional La Cuesta`l Muelle o, si se quier camudá-y el nome, “Baxada al Puertu”, anque parez munchu más “prestosu” el popular y tradicional.
Estes anotaciones yá fueren feches por dellos vecinos énte l`Ayuntamientu. Sintiérenles, como ye propio, con “oyíos de mercader”.
En Colunga podemos señalar:
“Bajada al Mercado” y non “La Cuesta`l Mercáu” o, si se prefier, “Baxada al Mercáu”.
“El Carril de las Monjas” y non El Carril, a cencielles, o, en tou casu, “El Carril de les Monxes”.
“El Espadañal”, con falta ortografía, envede L`Espadañal
“Las Palmeras”, con cultismu castellanista y non Les Palmeres.
Cuatro calles del nome de “Pico…(Pienzu, etc.)”, envede l`asturianu y popular “Picu”.
Una “Plaza del Ayuntamiento” que se pon así por creese`l señor Alcalde y los conceyales mui importantes. Por eso, en llugar d`esa vulgaridá de “Ayuntamientu” ponen “Ayuntamiento”; y envede de Plaza España, Plaza Vigón, etc., que ponen les demás, pa ellos ponen “Plaza del Ayuntamiento”, con preposición, que se vea que son mui finos y que pueden decir tochurines en toles llingües.
En La Isla
“Plaza El Horrón”, con falta ortografía, envede Plaza L`Horrón.
Polo demás, yá que presumen de xente del pueblu d`amantes de les lleis y de defensores del asturianu (“Dime de qué presumes.., diz el adaxu), ¿por qué non usar, como fain n`otres ciudaes d`Asturies, el términu “cai” o “caye”, solu o n`alternancia o duplicidá col castellán “calle”?
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