Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Mucho va de Pedro a Pedro
(Ayer, en La Nueva España)
MUCHO VA DE PEDRO A PEDRO
El pasado fin de semana se celebraron congresos del PSOE en Castilla-La Mancha, Extremadura y Asturies. En todos estuvo presente el Secretario General de la formación política y Presidente del Gobierno. En todos se aireó una retórica semejante: alabanza de la gestión de los gobiernos autonómicos, distancia con la derecha, piropos y soldaridad (de “soldar”) entre el todo y la parte, entre el sito en la cumbre del partido y los cabezaleros regionales.
De los años de gobierno de la FSA bajo el mandato de don Adrián Barbón se puede hacer un balance positivo en parte, aunque en los temas económicos las sombras predominan sobre las luces: no se ha logrado detener la decadencia por la que nos deslizamos desde 2000 (en ese período hemos crecido la mitad de la media de España) y no cesa la emigración de los mejor preparados (5.198 asturianos se mudaron a trabajar a otra comunidad el año pasado; nadie pierde más jóvenes que Asturies, según informaba LA NUEVA ESPAÑA el 21/01/2025).
De entre los temas que se debatieron en el congreso de la FSA hay uno que a mí me interesaba especialmente, el del “asturianismo” del partido. Había una enmienda que pedía menos asturianismo. Por lo que parece, fue derrotada. Veo en las redes que un nuevo miembro de la Ejecutiva, Nicolás Bardio, proclama que “La FSA ye yá oficialmente asturianista. Ganamos. Gana Asturies. Repárase un error históricu y mándase al xacobinismu a onde tuvo que tar siempre: na papelera de la historia”. Bien, no tengo más noticia que esta, así que no puedo juzgar; en todo caso, los próximos años dirán lo que es discurso o ilusión y lo que es realidad.
Pero el asturianismo no consiste únicamente en poner en marcha políticas identitarias o culturales, tiene un pegollu fundamental en defender el empleo, el bienestar y les perres de los asturianos, base imprescindible para que se pueda vivir aquí y desarrollar en nuestra tierra nuestros proyectos vitales. Igualmente, en defender la igualdad entre todos los ciudadanos del Estado en cuanto a su contribución a las arcas públicas y a la solidaridad. Al respecto, a nadie se le escapa que la política del PSOE y de su idolatrado presidente ha sido, es y va a ser la de “al gochu gordu, unta-y el rau”, o, al modo de los conceyos con metafonía, “al guchu gurdu unta-y el reu”. Así va a ocurrir con la ya pactada financiación singular de Cataluña (puede verse, por ejemplo, https://www.lne.es/asturias/2025/01/14/estudio-asturiano-pandiello-afirma-cupo-113366546.html) y así ha pasado con el pacto con Junts para mantener el impuesto a la banca: las comunidades más ricas, de mayor PIB, se llevan más millones, las de menor PIB, menos, sin tener en cuenta los criterios habituales de financiación (población, dispersión, envejecimiento, etc.).
Pues bien, frente al estruendoso silencio de la FSA, frente a ese callar “asturianista” respecto a esa materia, cuya denuncia no sería sino obligación elemental de un gobierno, cabe trasladar las palabras de García-Page en el congreso de Castilla-La Mancha por las mismas fechas: “¿Pero que es eso de redistribuir el impuesto que se pone a los bancos en función del Producto Interior Bruto de una tierra? La región más rica, la que más se lleva. Y que eso lo tengamos que tolerar... Eso no es de izquierdas”. “El PSOE no puede ser el partido que defienda ningún privilegio en España”
No se lo que pensarán ustedes, yo lo que digo es que mucho va de Pedro a Pedro.
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LA INDAGACIÓN SOBE EL ASTURIANISMO POLÍTICO
(Ayer, en La Nueva España)
LA INDAGACIÓN SOBRE EL ASTURIANISMO POLÍTICO
Recientemente han aparecido dos libros que tratan sobre el asturianismo, Nunca vencida. Una historia de la idea de Asturias, de David Guardado, y ¡Esperemos! Así nos lo mandan (El debate sobre l’estatutu asturianu na II República), de Carlos Gordon.
Precisemos primero el sintagma «asturianismo político». Su adjetivo elimina de la consideración aquel otro que es exclusivamente cultural, el que versa, por ejemplo, sobre hórreos, música o lengua. El «asturianismo político» es el que se construye sobre la acción política, la estrictamente partidista, la económica o la social; pero, también, el que suele ser el anverso inseparable de estas actividades: la reflexión sobre qué es Asturies, su papel en la historia de España, cuál nuestra «identidad» y qué la define, qué rasgos culturales propios tiene y qué posibilidades hay de mantener vivos estos rasgos en la sociedad contemporánea; y, finalmente, cuál debe ser nuestro entrañamiento con el resto del Estado, nuestra «autonomía».
Esa materia, que es en realidad una «historia», ya había tenido algunas indagaciones en el pasado. Citaré solo tres, la de Bernardo Fernández Pérez, «Movimientos regionalistas (1916-1932)» de 1978, la mía, «Rexonalismu / Nacionalismu asturianu. Un sieglu: 1839-1936», de 1993, breves estas dos, y el libro de Pablo San Martín, Asturianismu políticu (1790-1936), de 2002. El Nunca vencida… de Guardado indaga en lo que pudiéramos conceptuar como una línea histórica sostenida de presencia y consciencia de la identidad -de la diferencialidad- asturiana. El de Carlos Gordon, de cerca de 600 páginas, estudia las manifestaciones y reacciones en Asturies durante la II República sobre una cuestión concreta, la articulación de la misma como una entidad centralista o descentralizada y, en este caso, naturalmente, en qué medida o dentro de qué modelo teórico -federalismo, mera descentralización administrativa...- debe encajar Asturies.
¡Esperemos! Así nos lo mandan, el título del libro de Gordon, sintetiza el elemento central de lo que ocurre en Asturies entre 1931 y 1936 con respecto a la cuestión autonómica. Es una frase de Emilio Robles Muñiz, Pachín de Melás, ferviente autonomista y asturianista, ligado al ámbito político del federalismo. Con ella cierra en 1931 un artículo en el que se queja de la idea del diputado socialista Teodomiro Menéndez, quien, preguntado por el Estatuto Asturiano, manifestaba que lo primero eran la Constitución y el Estatuto de Cataluña, después vendría lo demás, y que, en el país, sobre haber problemas más importantes que el del Estatuto, este no corría prisa alguna. Así concluye Robles: «en todo el horizonte asturiano no se columbra a nadie. Ni una simple mancha empaña el mar de nuestra apatía. ¡Esperemos! Así nos lo mandan».
La frase de Robles, que naturalmente no puede contener toda la complejidad de lo sucedido en el sexenio republicano ni las variadas actitudes de los actores sociales y políticos, sí contiene dos elementos sostenidos a lo largo de todo el período: la voluntad mayoritaria de supeditar las cuestiones asturianas a las de índole estatal y la absoluta «apatía» con que la cuestión estatutaria se contempla por la opinión pública mayoritaria.
Digamos que, en general, entre los políticos y gran parte de los intelectuales y personalidades destacadas, no hay un gran interés práctico, real, por analizar los problemas asturianos, plantearlos ni defenderlos. Lo que les ocupa y preocupa son los grandes problemas del conjunto de España. Dicho sea un poco en grueso, salvo contadas excepciones, nuestras élites, a servir a Madrid, a correr para Madrid y a despreciar o tener en menos lo nuestro, como cosa menor o secundaria. Pachín de Melás volvería a quejarse pocas fechas más tarde: «Y es que, como no tenemos ningún problema regional, nos permitimos el lujo de que nuestros representantes en las Cortes Constituyentes no se preocupen de nosotros para que así dispongan de más tiempo para resolver el porvenir de España».
Es cierto que hubo algunas personalidades que reclamaron insistentemente un estatuto de autonomía, como el ya citado Robles o el también escritor Fabricio. De la misma forma, entre la emigración asturiana en América se produjeron manifestaciones a favor de la autonomía. A principios del período, el Partido Republicano Federal, especialmente su sección xixonesa y, muy particularmente, la Juventud Republicana Federal, cuyo presidente era, permítanme señalarlo, mi suegro, Benigno Fernández, insistieron en la necesidad de un Estatuto desde la perspectiva federalista, pero todo se fue apagando. Existió también durante el curso de la República alguna iniciativa particular, así la de Sabino Álvarez Gendín, que redactó un Anteproyecto de Estatuto. Cabe también señalar que, a lo largo del período, algún medio de comunicación, como el Aldeano, de Castropol, mantuvo una persistente reclamación de autonomía.
Quizás el dato más significativo de todo ese largo no-acontecimiento sea lo que ocurre con la puesta en marcha de la redacción de «un anteproyecto de Estatuto regional de Asturias», que anunció el 11 de noviembre de 1931 Ramón González Peña, presidente de la Gestora de la Diputación. Para su ejecución se crea una comisión formada por don José Buylla, don Teodomiro Menéndez, don Manuel Rico Avello, don Ramón Pérez de Ayala y don Ramón Menéndez Pidal. Transcurre el año 32 y se llega al 33. Del anteproyecto no se sabe nada en ese tiempo (a veces, ni de la presencia en Asturies de los ponentes), salvo que, ocasionalmente, algunos medios preguntan por él. A partir de las elecciones de noviembre del 33, también desaparecen las preguntas sobre tal ente de razón.
Acaso conviene señalar algunos elementos discursivos generales que, en mayor o menor medida, manejan la mayoría de los actores sociales y políticos. Uno de ellos es la oposición frontal al Estatuto de Cataluña, ya que vendría a romper la unidad del Estado creando privilegios para una parte y, asimismo, por la oficialidad de la lengua. Salvo los federales y, a medias y a rastras, obligados por sus compromisos en Madrid, los socialistas, la oposición es general y enconada. El discurso va con frecuencia contrapuesto al modelo de Asturies como paradigma ejemplar: cuna de España, poseedora de una identidad singular, renuncia a lo que podrían ser sus exigencias o privilegios para someterse al interés del conjunto de España.
Esa imagen de Asturies, ese ofrecimiento en realidad, como modelo de, al tiempo, renuncia implícita y voluntad de servicio a lo colectivo, no va inevitablemente unido al discurso de enfrentamiento con el privilegio catalán, campea de manera casi universal sin estímulo expreso. He aquí unas palabras de Pérez de Ayala en 1931: «Sepa España -y éste es el homenaje que os debe- que en vuestra mano estaba el suscitar conflictos no menos apremiantes que los de otras regiones. ¿Por qué no los habéis atizado? […] No, sino por señorío de vuestra fuerza y vuestra conciencia. […] No es que Asturias no sepa, sino que nunca ha querido aprovecharse. Asturias no tiene prisa […] Asturias inició la Reconquista de España y siglos después la guerra de la Independencia de España, no para sí sino para España toda. […] Cuando se haya conseguido la reconquista e independencia de España (en el nuevo Estado, entiéndase), sin haber estorbado un punto, Asturias se alzará a presentar su problemas. Y estos problemas no serán regionales, sino humanos, universales».
Es curioso, por cierto, que un partido que nació como regional y murió prácticamente, como tal, el Reformista de Melquíades Álvarez, sea uno de los que, a través de las manifestaciones de sus dirigentes, más renieguen de cualquier forma de autonomía profunda o «diferencial».
Por otro lado, la existencia de nuestras peculiaridades históricas o culturales es materia que, aun cuando se tome en consideración para señalar nuestra identidad, se rechaza en general como elemento que pueda sustentar nuestra autonomía, si no es que se consideran esas peculiaridades como muertas o se ven con absoluto desprecio.
Como no podía ser de otra forma, Cuadonga y el discurso cuadonguista son omnipresentes. Cuadonga como fundadora de España se saca a la plaza por los más autonomistas y los menos, por unos, como mérito que marca una identidad, por otros, como tilde de gloria para España. En todo caso, de esa marca de origen no se concluye, en general, otra cosa que el orgullo y una razón para la renuncia a insolidaridades.
Es cierto que existen también propuestas de buscar una autonomía administrativa, que tuviese fundamentos y objetivos principalmente económicos (la minería, por ejemplo, el campo y la ganadería), en su concurrencia o competencia con otras regiones o con el carbón o los productos del campo de otros países; alguna de ellas, pretendiendo articularse al margen de los partidos. Es destacable la del melquiadista Ramón Argüelles (Regionalismo económico asturiano), que limita la autonomía a un interés económico, eliminando cualquier motivo cultural o histórico.
Resumiendo, ¡Esperemos! Así nos lo mandan aporta un enorme caudal de datos nuevos al conocimiento de las cuestiones identitarias y culturales asturianas, y es material que conviene conocer y tener a mano. Hablando, por cierto, con su autor, me manifestaba su deseo de que el libro sirviese, al menos, «p'animar a más xente a investigar sobre'l tema y, nel procesu, qu'apaeciera documentación nueva». Lo veo difícil, por lo exhaustivo que es.
FERNÁNDEZ PÉREZ, Bernardo, «Movimientos regionalistas (1916-1932)», n´Historia General de Asturias, t. VI, Xixón, 1978.
GORDON, CARLOS, ¡Esperemos! Así nos lo mandan. El debate sobre l’estatutu asturianu na II República, Uviéu, Trabe, 2024.
GUARDADO, David, Nunca vencida. Una historia de la idea d’Asturies, Xixón, La Frabriquina, 2003.
SAN MARTÍN, Pablo, Asturianismu políticu (1790-1936), Uviéu, Trabe, 2002.
SÁNCHEZ VICENTE, Xuan Xosé, «Rexonalismu / Nacionalismu asturianu. Un sieglu: 1839-1936», n´Alcordanza del padre Galo, Conseyería d’Educación, Deportes y Xuventú, 1993. Edición posterior en Ríu Nalón. Estudios lliterarios y llingüisticos, Uviéu, Fundación Nueva Asturies y Trabe, 2005, pp. 18-46.
València nos ilumina
VALÈNCIA NOS ILUMINA
Como hemos hecho saber al Gobiernu recientemente mediante requerimiento notarial, la Ley de Uso y Promoción del Bable/Asturiano está siendo incumplida (o, si se quiere, y siendo bondadosos, «mal interpretada»). Efectivamente, el artículo 15.1 de la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de Uso y Promoción del Bable/Asturiano establece que los topónimos de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe. La finalidad del artículo transcrito es expurgar las denominaciones oficiales de pueblos y lugares de años de aculturación, falseamiento (deliberado o por desconocimiento), errores, castellanización desinformada o pura y simple desidia. La experiencia acumulada hasta la fecha en el proceso de aplicación de la ley permite señalar desviaciones claras respecto de su espíritu y finalidad.
El incumplimiento más claro es en la doble denominación del tipo Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón, etc., pues la ley manifiesta con claridad que el nombre oficial es el «tradicional» (Uviéu, Xixón…) y solo cuando está muy extendido el castellanizado se podrá usar, además, este último, como un añadido, evidentemente, no como principal.
En multitud de casos esa excepción ha venido a generalizarse, como si las castellanizaciones recientes, o las sistemáticas manipulaciones de Carreteras del Estado, fuesen una presencia imperiosa en la lengua común que necesitasen esa duplicidad: Llastres/Lastres, Lluanco/Luanco, o, incluso, en ocasiones, como si el término adventicio fuese el asturiano (colocado en segundo lugar), y no el castellanizado o manipulado.
Lo que es una excepción en el 15.1 ha pasado en muchos casos a convertirse en norma ridícula (Cadarienzu/Cadarienzo; La Cruz de Illas/La Cruz d’Illas), en todo caso, contraviniendo flagrantemente la ley.
El traslado de esa realidad legislativa (generada en las comisiones de toponimia y los ayuntamientos y trasladada al BOPA) a la señalización viaria es confusa, contradictoria y risible en muchos casos, conviviendo topónimos falsificados con otros recuperados; indicadores donde encabeza el nombre en asturiano y otros, del mismo lugar, donde lo hace el nombre castellanizado (o ministerializado). ¿Para qué seguir? Dense una vuelta y miren ustedes.
Pero, además, esos nombres «tradicionales», «asturianos», son, una vez establecidos, los oficiales. Si, por ejemplo, el nombre oficial es Llastres, no existe, desde ese momento, ni para la Administración General ni para el Estado otra denominación de la localidad que esa, independientemente de la oficialidad o no oficialidad de la lengua. Y en ese sentido, el respeto que en esos ámbitos se tiene hacia los nombres «oficiales», «reales», es escaso, es decir, contra legem, aunque hay que reconocer que algunos servicios de la Administración se han adecuado ya a la nueva legalidad.
Al respecto, un hecho reciente ha venido a poner una nueva mancha, un nuevo incumplimiento con respecto a la legislación. Como ustedes saben, en la Puerta del Sol, en Madrid, acaba de inaugurarse en el llamado Kilómetro Cero una rosa de los vientos en granito donde, en su correspondiente orientación geográfica, constan todas las capitales de provincia: A Coruña, Ourense, Zamora, Salamanca… Son también conocedores, sin duda, de que el alcalde de València, Joan Ribó, ha exigido que se respete el nombre oficial de su ciudad, València, y no Valencia, que es la grafía que está escrita.
En dicha rosa de los vientos consta, cómo no, el nombre de nuestra capital, en la arcaica forma deturpada (Oviedo) y no en la oficial (aunque contra legem) desde el 21 de marzo de 2019, Oviedo/Uviéu.
Yo no esperaba que el alcalde de nuestra capital, don Alfredo Canteli, corriese a pedir la oportuna rectificación, no por nada, sino porque anda, sin duda, excesivamente enfrascado en su renovación como primer edil, pero sí me ha extrañado que ni una sola voz se haya alzado desde Asturies para denunciar el desafuero o exigir su reparación. Ni una, ni siquiera de entre los más furibundos asturianistas, la Academia o los más esquivos partidos políticos que hacen como si estuviesen muy interesados en nuestra lengua, tradición y derechos.
Dice tanto ello de nosotros que prefiero no decir nada.
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Asturianismu y asturianismos
(Ayer, en La Nueva España)
ASTURIANISMOS Y ASTURIANISMU
La palabra asturianismu (asturianismo) tiene tres acepciones fundamentales: 1) “Locución, giro o modo de hablar propio de los asturianos”, según el DRAE, y que el DALLA define de forma semejante, 2) “Doctrina política que centra sus prioridades en Asturies, la defensa de sus intereses y su identidad”, significado que el DRAE no recoge y que el DALLA traduce de forma timorata y elíptica, 3) “Amor o apego a las cosas características o típicas de Asturias”, que, con distintas formulaciones, acogen ambos diccionarios. Faltaría por formular una cuarta acepción: “Amor y defensa de las características de Asturies y de sus intereses, sin necesidad de adscripción a una doctrina política”.
De la tercera acepción tenemos ejemplos múltiples y variados. «Verbi gratia, el noreñense Jesús Ortea, investigador marino, pone nombres de localidades o de personas asturianas a las especies nuevas que descubre; una científica de nuestro país, Carmen Martínez, bautiza como «Rosa Narcea» una rosa única en el mundo por su antigüedad. ¿Y quién de todos los emigrantes entrevistados por este periódico no han manifestado su amor o su entusiasmo por tal o cual lugar, por este o aquel alimento, por el conjunto de la tierra?
Sin embargo, de lo que andamos muy escasos es de manifestaciones entre nosotros de la cuarta de las acepciones: el amor activo y con traducción efectiva en la defensa de nuestros rasgos de identidad, en la percepción de Asturies como un todo, en la defensa y lucha real por nuestros intereses como colectividad. Como dice un amigo, con lúcida aunque quizá exagerada imagen, muchos asturianos son capaces de llegar a las manos en Albacete por una discusión sobre algún personaje o paisaje asturiano, pero luego, aquí, son incapaces de mover un dedo por nada colectivo, si no es que manifiestan hacia ello el más absoluto desprecio o indiferencia.
Por lo demás, no es infrecuente que seamos acérrimos de nuestra localidad, pero que permanezcamos inconmovibles ante lo que afecta a otras localidades o al conjunto del país. Y no digamos ya nada sobre la ignorancia que sobre nuestra tierra o nuestras cosas tenemos —parte de esa culpa es de la escuela, donde está ausente su conocimiento, o solo aparece en los programas, pero no en las clases—. “Pocos asturianos sabrían decir diez variedades de queso de aquí en una encuesta”, manifestaba la productora polesa Isaura Souza Ordiales en estas páginas.
Sobre nuestra tolerancia para que nuestros representantes políticos sometan siempre los intereses asturianos a los de sus jefes políticos en Madrid o a los de otras comunidades, ¿qué les voy a decir? Es una tradición inveterada que pueden ustedes encontrar, por ejemplo, en el proceso de tramitación de los estatutos durante la Segunda República. Y, además, esa sumisión o indiferencia se viste como «sentido de Estado», «responsabilidad», «altruismo»…, algo de lo que nosotros estaríamos imbuidos y los demás (ciegamente egoístas), no.
Ello, en la práctica, se traduce en lo que ustedes saben, ser los últimos de la cola, pero, además, en nuestra invisibilidad. En 2014 don Gaspar Llamazares presentaba, sin éxito, en las Cortes una proposición para que la RAE modificase la inaceptable (y discriminatoria) definición que del asturiano (lengua asturiana) daba. Con ese motivo escribí un artículo titulado «El DRAE nos desvela», en el que señalaba que en comparación con la definición de «gallego», la nuestra era discriminatoria, que frente a «galleguismo», «asturianismo» como “apego a las cosas asturianas” no había aparecido hasta el 2001, y que, así como constaba «galleguista», «asturianista» estaba ausente (ha aparecido más tarde). Y afirmaba que «Pese a que nos creemos los más grandes y afamados de la Tierra, por Covadonga o por el 34 o tal vez por nuestra capacidad potatoria (si acudimos a la copla popular que niega que no estemos en el mapa, pues «bebiendo sidra conoznos hasta el Papa), lo cierto es que somos unos grandes desconocidos: nosotros y nuestra cultura».
Ni nos vemos ni nos ven titulé el último libro en que recopilo los artículos semanales que publico en LA NUEVA ESPAÑA. Es una implicación: «no nos vemos (como colectividad, no nos queremos) y, por tanto, no nos ven». ¿Creen ustedes que es una manía o un error de percepción de quien esto firma? Miren ustedes. En una entrevista en estas páginas el 17 de septiembre, Ramón Medrano Llamas, un alto ingeniero de Google, preguntado sobre nuestra patria, aseveraba: «Asturias tiene una historia muy larga y rica, y pocas cosas creo que nos faltan por hacer. Hoy en día pienso que debemos intentar pasar a la primera división en España, querernos y creérnoslo».
Me limito a reiterar: «querernos y creérnoslo».
Cambiar el software
Artículu íntegru. Asoleyóse nel suplementu extraordinariu de La Nueva España del 19/12/2016, con motivu de los 80 años del periódicu.
CAMBIAR EL
SOFTWARE
Modificar
nuestra mentalidad colectiva (nuestras cabezas) es, a mi juicio, el mayor
desafío que tiene nuestra sociedad. Porque es nuestra mentalidad colectiva la
que impide, en muchas ocasiones, que puedan ser planteadas las soluciones
adecuadas o la que hace que las acciones que se emprendan no sean plenamente
eficaces.
Dos
son fundamentalmente las peculiaridades de nuestra forma de ver el mundo y de
estar en él que resultan negativas: nuestra escasa conciencia colectiva de
asturianidad, nuestro escaso aprecio por lo nuestro y los nuestros; la segunda,
una concepción del mundo que tiende a mirar hacia atrás en vez de situarse en
la realidad del presente y que, a su vez, tiene mucho de mentalidad mágica.
No
creo que nadie discrepe de nuestra escasa capacidad para apreciar y valorar lo
nuestro y los nuestros y, en consecuencia, para hacernos oír. No me refiero
aquí, créanme, a un asturianismo político, sino a algo más simple y cotidiano.
Por ejemplo, a la admiración y respeto que profesamos a quienes vienen de fuera
y al escaso aprecio que manifestamos hacia nuestros vecinos en cualquiera de
sus saberes o negocios. Esa falta de empatía hacia lo asturiano tiene decenas
de manifestaciones que tienen que ver con el negocio o con el empleo. No hay,
por ejemplo, nada más desconocido para muchos asturianos que la propia
Asturies. Los ejemplos podrían multiplicarse: salgan ustedes fuera y no habrá
restaurante en que no le sirvan las aguas del lugar, aquí eso es muy difícil. Y
lo mismo ocurre con la apreciación de nuestra cultura, desde la contemporánea a
la prehistórica, o con la historia de nuestro Reino y nuestro arte asturiano,
que no somos capaces de convertir en un imán para el turismo, entre otras cosas
porque lo valoramos nosotros en poco. ¿O qué decir del turismo interior?
Y,
hacia afuera y en lo político, eso nos hace daño. No se trata de que haya aquí
más o menos inversiones, o de que las obras se dilaten en el tiempo de forma
inaceptable: en esas materias todo el mundo tiene agravios. Pero lo que sí es
cierto es que nuestras formaciones políticas tienden a apoyar, por “razones de
Estado”, decisiones que benefician a otras comunidades y que a nosotros nos
perjudican. Y en lo interior, se pactan o se dejan de pactar unos presupuestos
en función de los eventos de la política estatal. Que no exista entre nosotros
esa conciencia de comunidad facilita que los ciudadanos no exijan otro
comportamiento a los partidos y que se acepten esas decisiones perjudiciales.
(Todo
ello es compatible, cómo no, con que miles de asturianos amen la gastronomía de
su concejo, la virgen de su pueblo o las patatas de su campiña. Pero ese amor,
ese asturianismo, es intrascendente, y no se convierte en un actuar que supere
el valle o la ciudad).
El
segundo de los vectores que convendría modificar sería el de lo que podríamos
llamar una visión del mundo que es a la vez “orfeíca” y “moiseíca”. Orfeíca, en
cuanto que mira hacia atrás en vez de hacia delante y, olvidando cuál es el
mundo contemporáneo, sus innovaciones tecnológicas y la interdependencia entre
países, sigue viendo la realidad como si el país viviese todavía en un ámbito
semiautárquico donde las decisiones económicas y empresariales dependiesen casi
exclusivamente del Gobierno. Moiseica, en la medida en que no se entiende que no
existen derechos que consistan en devengos si no existen ingresos, y que piensa
que no hay más que exigir para que, como el maná, el dinero descienda desde el
cielo; sin entender que el exceso de hoy ha de pagarse mañana, no sólo en
dinero, también en paro. Esa mentalidad tiene como consecuencias prácticas el
ocultar o hacer de menos todo lo relativo a la iniciativa privada, y en
dificultar muchas veces, por vías variadas, el crecimiento económico.
No
se me escapa que es ese un mal común en España, y aun en gran parte de Europa,
pero aquí, en Asturies, esas mentalidades tienen un peso especial por nuestra
historia económica minera e industrial y por el volumen de la empresa estatal
con Franco. Además, desde la Transición, esas mentalidades se han constituido
como dominantes, tanto en el discurso colectivo como en lo que podríamos
denominar la ocupación de los medios, constituyendo en estos un relato, sino
exclusivo, sí al menos predominante y, desde luego, reduccionista. Y en todo
caso, sean cuales sean las manifestaciones de esos males fuera de nuestras
lindes, lo que a nosotros nos deben preocupar —y lo que debemos solucionar— son
nuestras cosas.
¿Por qué solo metese col PP?
Hai escándalu y xaréu col píu de Mercedes Fernández presumiendo de que, como nel dibuxu de Caro Baroja sobre Feijóo, escorrexara l'asturianu como usable nes convocatories oficiales del Parlamentu asturianu.
Val, ye bastante faltona. ¿Pero por qué se mete l'asturianismu solo con ella? Nun ficieren falta los votos del PSOE y C'S pa tomar l'alcuerdu?
Velehí los problemes de fondu de l'asturianismu, podía aplicáse-y aquello de "Al saltar la portiella / vite los baxos: / nun llevabes puntielles / yeren pendaxos".
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| Enfocicada al sentir lo del asturianu |
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| Gayolera al escorrexalu |
TRIGÉSIMO QUINTA
En días pasados la asociación Amigos de Cudillero entregó la trigésimo quinta (si usted fuese responsable de cultura del Gobierno Asturiano diría la «treinta y cinco») Amuravela de Oro al empresario Tomás Casado y a Víctor Manuel. La soprano Tina Gutiérrez los homenajeó con sendos cantos. A Tomás Casado le dedicó el «Dime paxarín (o «xilguerín») parleru», una composición ya popular en el último tercio del siglo XIX que El Presi elevó a «clásica» con un añadido relativo a Covadonga; a Víctor Manuel, la composición de éste, «El cura d’aldea», una estampa melancólico-costumbrista con letra en la lengua patria. Al anunciarla, la cantante comentó que, en sus visitas a los hogares de pensionistas y residencias, era, sin duda, la de mayor éxito y la más solicitada.
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| Semeya de A M Serrano en La Nueva España |
Las palabras de Tina Gutiérrez invitan a algunas reflexiones. En primer lugar, vienen a recordarnos que existe en Asturies una cultura —y una emocionalidad ligada a ella— que tiene un profundo arraigo y que, sin embargo, a pesar de una cierta atención mayor a una parte de la misma en los últimos tiempos, no logra escapar de una especie de gueto o corripia de ámbito reducido, de una escasa proyección al conjunto de la sociedad asturiana y de una valoración cercana a la de una subcultura. Me refiero, en concreto, a los ámbitos de la canción asturiana (y de aquellas, como las primeras de Víctor Manuel, que han sido hechas propias como tales por esa parte de la sociedad que gusta de la cultura tradicional) y del teatro popular. Es cierto que, en general, y pese a los cambios sustanciales de los intérpretes en los últimos tiempos, ambos suelen moverse en patrones reiterativos; pero es verdad también que el resto de la sociedad asturiana no consigue asomarse con normalidad y estima a esa parte de su tradición cultural. En general, tampoco lo ha hecho el asturianismo cultural moderno, que si bien es cierto que se ha imbricado, temática y formalmente, en la modernidad contemporánea universal, permanece de espaldas a ese mundo tradicional, en igual forma que ese mundo tradicional permanece de espaldas a él.
Ignoro si es cierto que, como creo haber leído en alguna parte, la letra de «El cura d’aldea» recibió la «garlopa» de Luis Aurelio, pero, séalo o no, ello nos permite ampliar el campo de nuestra meditación. ¿Quién es Luis Aurelio?, dirán tal vez ustedes. Pues fue uno de los muchos escritores asturianos que, como León Delestal (León Delestal, por cierto, es autor de «La mina y el mar», una de las escasas canciones contemporáneas que, al igual que «La Capitana», de José Carlos Rubiera, se ha incorporado, de forma inmediata, al repertorio emocional «de toda la vida»), Lorenzo Novo Mier, Constantino Cabal y tantos otros mantuvieron vivo el cultivo del asturiano (y algunos, un cierto empeño de promoción social del mismo), ya no contra viento y marea, sino, más bien, contra galernas y vagamares. Y ahí encontramos, otra vez, esa desmemoria o desconocimiento hacia nosotros mismos que caracterizan nuestra sociedad; pero, por una parte de ella, de una forma más grave, más culpable. Porque si es relativamente explicable el desconocimiento de esa fracción de nuestra historia por el público en general, es injustificable el absoluto desinterés que hacia ellos tiene el asturianismo cultural, el nacido a raíz del Surdimientu. Es cierto que la mayoría de esos autores del pasado tenían hacia el asturiano y hacia nuestra cultura una actitud más bien de testamentarios (entusiastas y amadores, pero testamentarios) y que no estaba en su voluntad el convertir esa cultura en un valor actuante en lo contemporáneo; pero ellos son parte de la historia y en alguna medida ellos fueron quienes, con una voluntad o con otra, nos trajeron aquí.
Y si elevamos más nuestra vista, la reflexión nos lleva aún más a la desolación. Salvo el 34, que se sigue pregonando como una especie de irredentismo épico, y fuera de los magüestos y poco más en las etapas infantiles, nuestros escolares desconocen todo de nuestra historia, nuestra cultura y hasta de nuestra geografía, aunque, en teoría, se incluya su estudio en los programas. Pregunten ustedes a un grupo de adolescentes o jóvenes de los que lo saben todo sobre Londres o Nueva York dónde quedan Villaviciosa o Carreño y quedarán ablucados.
Ese ser una sociedad escindida y todo ese no saber de nosotros no es únicamente una cuestión de índole cultural o afectiva, tiene su traducción en la economía y en el empleo: en tener por bueno o mejor lo que en Madrid deciden o lo que fuera de Asturies desean otros; en pensar que los de fuera son más estimables o de más calidad que los de casa; en no saber plantear adecuadamente nuestros problemas o hacerlo sin fuerza; en no querer ni ser capaces de proyectar nuestra imagen (siempre subrayo cómo fuera tenemos «acento gallego», y cómo en los Premios Príncipe suelen tocar los «gaiteiros» y escanciar «sidriña») al exterior y, en consecuencia, por ejemplo, carecer de atractivo para el turismo; en no saber aprovechar el potencial económico de nuestra emigración, que tan bien aprovechan otros; en un extremado fraccionalismo de la opinión y los intereses y en un pernicioso localismo. Y, aunque no parezca consecuencia directa de ello, seguramente en nuestro acentuado conservadurismo social (tal vez disfrazado de progresismo), nuestro misoneísmo y nuestra crítica paralizante a los innovadores y a los emprendedores.
PS. Esta semana ha tenido lugar, asimismo, otro «trigésimo quinto», el del Día de les Lletres Asturianes. Su continuidad, por un lado, su inexistencia para la sociedad y su ausencia en la enseñanza, ofrecen otro motivo para la reflexión.
Sergio Marqués, político cabal y «paisano»
Esti artículu, homenaxe al mio amigu Sergio, asoleyóse nel ABC y n'El Comercio del 09/05/2012
SERGIO MARQUÉS, POLÍTICO CABAL Y «PAISANO»
En Asturias solemos dar el título de «paisano» a quienes son ciudadanos con personalidad, cumplidores de su palabra («me visto por los pies», le gustaba decir al amigo ido) y honrados. Sergio Marqués lo era en todos los sentidos del término.
Conocedor como ningún otro presidente asturiano del mundo de la economía «real» (frente a la relación con ella discurseadora o ensoñadora de muchos políticos o partidos), el período en que Sergio Marqués fue presidente de Asturias fue enormemente fructífero para los asturianos en el empleo. El número de parados bajó casi hasta los 50.000 (las cifras mejores de las últimas décadas bordean los 75.000; hoy estamos en los cien mil) y se crearon 20.000 puestos de trabajo. Es cierto que la coyuntura era buena en toda España, pero no es menos cierto que el gobierno asturiano supo sacar el fruto máximo a cada peseta del presupuesto.
Sorprendentemente (en realidad, nada sorprendentemente para quien conociese a los menudos actores del drama y su trabajo de zapa desde el primer día en que Sergio Marqués tomó posesión), el año y medio final de su mandato se convirtió en poco menos que un infierno entre compañeros, con el PP roto y con la situación anómala de un ejecutivo en total minoría en la Cámara. ¿Las causas? Al margen de las miserias humanas que hemos sugerido, tal vez una cierta ingenuidad política: su apuesta decidida por la austeridad, con la reducción de carteras y de asesores y su convencimiento de que, votado por los asturianos, su deber era defender a los asturianos y sus intereses, por encima del mandato o designios de sus correligionarios en Madrid. Fue desde esa disposición desde la que pronto empezaron a producirse enfrentamientos con Álvarez-Cascos, que pretendía imponer sus recetas y voluntad. Y ello lo que al final —alimentado por correveidiles y malmetedores de toda laya— produjo la ruptura del partido y la expulsión del «hereje». «Prefiero un partido sin gobierno a un gobierno sin partido» profirió quien —sarcasmos de la historia—, años más tarde, entendió que el deseo de las personas estaba por encima de la jerarquía de su partido.
Su trayectoria posterior en el ámbito regionalista a través de URAS —una deriva coherente con sus actitudes como presidente— tuvo un pequeño éxito inicial, para después, en nuestra compañía, como UNION ASTURIANISTA, cosechar exiguos resultados.
En ese trayecto se fraguó nuestra amistad y entendimiento, que me permite decir dos cosas más que completan el dibujo de Sergio Marqués: a nadie conozco que, tratándolo, haya hablado mal de él en lo personal; nunca le he oído, en todos estos años, formular una crítica acerba o expresarse con resentimiento.
«Disparen sobre nosotros»
Sostiene un amigo mío, lúcido asturianista, que la famosa frase que se habría emitido desde el Simancas en los últimos momentos de su resistencia, “Disparen sobre nosotros, el enemigo está dentro”, no contenía en realidad ningún mandato épico en castellano (“Disparen sobre nosotros, el enemigo está dentro”), sino una pura constatación en asturiano (“Disparen sobre nosotros, el enemigu está dentro”). Más allá de cuál haya sido la realidad, lo cierto es que la propuesta de mi amigo es plenamente coherente con la situación de marginación histórica de nuestra lengua: rechazado su derecho a existir, cualquier manifestación de la misma es negada como tal o convertida en otra cosa.Supongo que el perspicaz lector ya se habrá dado cuenta de las causas que hicieron aflorar a mi consciencia, en su día, esta propuesta interpretativa: la prohibición del Real Instituto de Estudios Asturianos de que, en unas jornadas denominadas “I Congreso de Estudios Asturianos”, se presentasen ponencias en asturiano. Así, la lectura en clave lingüística asturiana del enunciado simanquino tiene una doble utilidad: por un lado, nos recuerda, una vez más, la general manipulación a que se someten los hechos lingüísticos de una parte importantísima de nuestro pueblo o la negación que de ellos se hace; por otro describe perfectamente el significado del episodio rideíno.
No quiero enumerar aquí la larga lista de prohibiciones y ataques que la institución ubicada en Porlier ha venido realizando contra el asturiano desde su fundación —en ese sentido no acaba de hacer otra cosa que ser coherente con su tradición—, pero sí me interesa señalar que la mayoría de las personas que forman parte de la institución, y especialmente sus directivas, padecen una grave hemiplejía afectiva con respecto a nuestro país y nuestra cultura. Yo no dudo que todos ellos sentirán un profundo amor hacia muchos de los rasgos o datos culturales asturianos. Ahora bien, esa empatía convive en ellos con una profunda antipatía o menosprecio para la lengua asturiana, pasión que los lleva a actos de hostilidad como el de estos días.Hagámonos una pregunta: ¿se ama de verdad un país o sus gentes si se conlleva una tan visceral animosidad contra una parte de él o contra el ser y manifestarse de sus habitantes? ¿Se puede ser asturianista despreciando una parte de la cultura asturiana? Ciertamente, un asturiano no está obligado a tener un hórreo ni una fonoteca de tonada, de la misma forma que tampoco es exigible que le guste ese bien mueble o que acuda a exhibiciones del canto nacional. Ahora bien, ¿qué opinaríamos de un conciudadano nuestro que quisiese eliminar los hórreos y la asturianada o que prohibiese su posesión o audición por los demás? ¿Lo dejaríamos seguir disfrutando del título de asturiano afectivo o cultural?
Esa animosidad contra lo asturiano –tan asimilable a lo que sociólogos y antropólogos califican como “autoodio cultural”— la conocemos en primera persona quienes tenemos un nombre en nuestra lengua. No transcurre día sin que tengamos que soportar como lo castellanizan o se niegan a emitirlo en asturiano con los más variados pretextos: “no he estudiado asturiano”, “no sé pronunciarlo”, “no es oficial”. Y, sin embargo, las mismas personas recitan con absoluta impasibilidad, y aun con unción, el nombre “extranjero” más reciente o insólito, ya sea ruso, búlgaro, inglés, malgache o extraído del último serial televisivo. Sólo los nombres en asturiano les revuelven las vísceras y les provocan el funcionamiento espontáneo de la “máquina justiciera automática”, esto es, de traducción al castellano. Y no suele ser infrecuente que, al pretender ofender a quien tienen enfrente, junto con los argumentos antes expresados, añadan, a modo de justificación de su conducta, su acendrada asturianidad, su nacimiento a orillas del Cantábrico y la riestra de apellidos asturianos que poseen, sin que uno llegue a comprender nunca el porqué –en el entender de esas personas— el ser asturiano justifica el ser mal educado para con el otro.Algunos han pretendido censurar la conducta del RIDEA desde un punto de vista político, señalando las obligaciones derivadas del artículo cuarto del Estatuto o la Ley de Uso y Promoción del Asturiano. Otros han silogizado que, si hubiera cooficialidad, esto no habría pasado. A mi entender —y sobre los argumentos de tipo sociológico y conductual arriba expresados, tan comunes— no hace falta acudir al ámbito jurídico o político para evaluar los actos rideenses, se pueden enfocar el juicio desde un campo más básico, más elemental. “Manca finezza” ha señalado, a propósito del enguedeyu, José Luis García-Martín, en la Nueva España del domingo 14 de mayo. ¿Falta de habilidad o inteligencia? Yo diría, más bien, que sobra de grosería y mala educación. Simplemente.
No crean ustedes que este suceso es una anécdota o se agota en sí mismo: es trascendente. Representa una parte sustancial del problema de nuestra sociedad: una Asturies que menosprecia e infravalora lo que somos, que está poco dispuesta, en consecuencia, a mirar por lo suyo y a laborar por el prójimo y en lo próximo. Es como una Asturies que corriese siempre hacia fuera para dejar atrás su sombra o su reflejo, con los que nada quiere saber. Esa mentalidad, tan extendida, no se limita al ámbito de la cultura: condiciona la economía, la política, la sociedad toda.Para explicar lo inextricable de situaciones de compleja crisis social suele citarse aquella famosa frase de Ortega, referida a España, de que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”. En Asturies sí sabemos lo que nos pasa, es palmario. Lo que ocurre es que eso que nos pasa, nuestro problema de menosprecio y displicencia hacia lo nuestro, algunos lo tienen por el non plus ultra de la civilidad, de la buena educación, de la modernidad y del amor a la patria.
Disparen sobre nosotros. El enemigo está dentro.
La vista de Preciado

Paño la Nueva de Xixón y atopo na primera una semeya de Preciado con un pie, que vienen a ocupar casi un cuartu de páxina. La frase destacada nesi pie ye esta «AQUÍ LA GENTE AGUANTA MÁS DE LO NORMAL». Preciado refierse a Xixón y al fútbol, pero, anque él nun lo sepia, la suya ye una definición perfecta de la sociedá asturiana y de la xente asturiano. Treslládenlo al campu de la sociedá y la política, a la de décades qu'Asturies sigue diendo cuesta embaxu, ensin atopar salida: «AQUÍ LA GENTE AGUANTA MÁS DE LO NORMAL».Perfecto, sí señor, eso ye güeyu sociolóxicu.
Y agora van sumame esti análisis a esti otru, que yo allugaba equí nun ensiertu ayer a primera hora, el que me mandaba per facebook un amigu al que fae munchu tiempu que nun veo:
gracies por agregarme amigo en facefook, aunque hace muchos años que te sigo y voto, y desde 1998 tengo carne de militante del pas, orgullo asturiano, pero te pregunto que nos pasa en esta región que la gente enseguida muestra la bandera, canta el Asturias patria querida, dan muestras de su orgullo de Asturiano, pero deja que Madrid decide nuestro destino,toas las autonomías en el norte, que no dan tanta muestra de patriotismo como el que tenemos nosotros, tienen representaciones de partidos regionales, menos nosotros se nos va la fuerza por la boca con tanto asturiano de pacotilla, bueno xuan ya quede agusto saludos SEGUIREMOS PELEANDO POR NUESTRO FUTURO Y EL DE NUESTROS HIJOS.
Hai materies nes que, pa saber, abonda con querer ver y escuchar.
Una opinión sobre Asturies

A través del mio facebook, un amigu al que nun veía en persona dende fai munchu tiempu -y del que nun doi'l nome porque nun tengo autorización pa ello, yá que nun-y la pedí- mándame esto que pongo abaxu y qu'invita a reflesionar:gracies por agregarme amigo en facefook, aunque hace muchos años que te sigo y voto ,y desde 1998 tengo carne de militante del pas, orgullo asturiano, pero te pregunto que nos pasa en esta región que la gente enseguida muestra la bandera ,canta el Asturias patria querida, dan muestras de su orgullo de Asturiano, pero deja que Madrid decide nuestro destino,toas las autonomías en el norte, que no dan tanta muestra de patriotismo como el que tenemos nosotros, tienen representaciones de partidos regionales , menos nosotros se nos va la fuerza por la boca con tanto asturiano de pacotilla, bueno xuan ya quede agusto saludos SEGUIREMOS PELEANDO POR NUESTRO FUTURO Y EL DE NUESTROS HIJOS.
Y yá se ve: hai xente que nun descubrió Asturies en viésperes de les doce campanaes del añu nuevu.
Vicente García Oliva: Los oríxenes del asturianismu modernu
Na Nueva d'ayer, domingu 5, apaez una mui interesante entrevista con l'escritor Vicente García Oliva (tamién asturblogueru). Recomiendo la so llectura a la xente de toles edaes, a los mayores, pa recordar; a los de menos edá, pa saber cómo yeren aquellos tiempos y dalgunes coses del entamar del asturianismu modernu; a toos pa reflesionar sobre les formes de descubrimientu del asturianismu y la aprosimación a él.Pinchar equí pa lleer LNE de 05/12/2010
Nota: la semeya ta tomada de la citada entrevista de La Nueva España, y ta fecha por Juan Plaza.
Anque tarde, ¡munches gracies!

El prósimu sábadu 13 d'esti mes, mañana, a les 13:00, la Xunta pola Defensa de la Llingua anuncia la celebración simbólica d'una clase d'asturianu na Plaza la Escandalera d'Uviéu, como primer movilización pa esixir l'aplicación de la Llei de Promoción y Usu, no que yo entiendo ye un reconocimientu públicu (xuráu, amás, delantre la gordina de Botero) del favor que l'asturianu y los asturianistes-y deben al PAS por tenese enfotao nel 1998 en sacar alantre, "como fuere", la Llei d'Usu y Promoción, PORQUE SABÍAMOS QUE YERA NECESARIO PAL PAÍS Y PA LA NORMALIZACIÓN SOCIAL DE LA LLINGUA (Y PA LA SO PRESENCIA NA ENSEÑANZA).
"Como fuere" quier decir escontra la oposición parllamentaria del PSOE y de gran parte del PP. "Como fuere" quier decir ESCONTRA LES CRÍTIQUES Y LOS ATAQUES ENSIN CUARTEL DE L'ACADEMIA, DE LA XUNTA POLA DEFENSA LA LLINGUA Y DE MUNCHOS QUE SE DICEN ASTURIANISTES. ESCONTRA LOS SOS LLEVANTOS.
Dende'l puntu de vista de la llingua y la so normalización social, ¡QUÉ BIEN QUE'L PAS FICIERE LO QUE TENÍA QUE FACER! Dende'l puntu de vista del interés políticu del PAS, ¡QUÉ LLÁSTIMA QUE SEAMOS PATRIOTES Y QUE CREAMOS NO QUE DECIMOS (frente a otros munchos)!
Pero, en fin, dempués de 12 años vien el reconocimientu públicu del nuestru papel.
Como decía la viuda: "Nunca ye tarde si la..."
Entrevista n'ASTURIES.COM

Sanchéz Vicente: “Nun veo que la xuntanza llegue a dalgún llau"
20 de Xunu de 2010, por D. Barreiro p'ASTURIES.COM
Xuan Xosé Sánchez Vicente (Xixón, 1949) ye un políticu y escritor, presidente y fundador del Partíu Asturianista (PAS). Asturies.com faló con él sobre’l presente y fututu del so partíu.
Foron años positivos pa la sociedá asturiana, en dalgunos momentos frustrantes pa la militancia y los votantes del PAS. Camiento que fomos nós los qu’instalamos l’asturianismu dientro de la sociedá, mesmamente que PP y PSOE tuvieren un barnizín asturianista, enantes nin siquiera colocaben la bandera asturiana. Influyimos tamién na reforma del Estatutu d’Autonomía, mientres que colos pautos con Sergio Marqués ayudamos a crear una montonera d’infraestuctures, tamién creamos 20.000 emplegos. Dende’l puntu de vista identitariu sacamos la Llei d’Usu, lo únicu que tien l’asturianu y, quiciabes, lo únicu qu’haya en muncho tiempu.
Foi disparatadamente desconocedor de la realidá, por dicilo de dalguna forma suave, la Llei yera lo posible. Mesmamente fomos mui criticaos por proponer la ‘oficialidá diferida’, tresferir del Parllamentu español al asturianu la posibilidá de declarar la oficialidá, recoyéndolo asina nel Estatutu. Esto entendióse como una renuncia a la oficialidá. El PAS foi quien más fixo pol asturianu y a quien más se castigó por ello. Hubo mala voluntá, IU trabayó mui bien mintiendo y por parte del asturianismu hubo falta de voluntá por informase.
Dende los años 50 n’Occidente namás qu’hai partíos interclasistes. Podemos mirar pal PSOE, la so ideoloxía ye gobernar, pero tresmiten el discursu de que tán pol pueblu, de que son d’esquierdes. Sicasí, el so discursu nun s’estrema muncho del que puen facer otros partíos.
Preferimos la pallabra asturianista, precisamente pa evitar esi alderique. A esta pallabra amestamos ‘de progresu’ ya ‘interclasista’. Ye una definición de la realidá, amás, asina estremámonos dafechu d’esi mieu que pesa tovía al respective del asturianismu de que la xente lu asocie a dalgo arcaicu, al costumismu. Lo que nos define ye ser un partíu d’ámbitu asturianista, si se quier nacionalista. Pero nes cuestiones de tipu social o económicu nun tenemos dogmatismos.
Tolo que puea sumar ta mui bien. Yá fiximos esfuercios nel pasáu con otres organizaciones, como Andecha ya IAS. Sobre too, el gran esfuerzu de sumar los dos partíos con más votos, PAS y URAS, n’Unión Asturianista, dalgo que funcionó bien. A esta capacidá d’entendimientu que nós tuvimos tendríen que sumase otres fuerces.
URAS pon ún de los alcaldes y dellos conceyales d’Unión Asturianista, hai que partir de la realidá, non de los suaños. URAS ye un partíu tan asturianista como los demás, salen del PP pero tienen una trayeutoría llarga y agora, dientro del proyeutu asturianista, tán aportando un gran númberu de votos.
Siguimos teniendo contautu con ellos, pero a esi pautu yá se-y pasaron los plazos, paez que nun hai forma d’avanzar. Nós tamos dispuestos a nun zarrar nada siempre que se tenga en cuenta la realidá y se tenga una mínima educación cívica.
Nun voi dicir con quién pero hubo contautos, mesmamente más que con Andecha Astur. Pero yo creo que too esto nun camina haza nengún llau.
Tovía nun sé quién sedrá’l candidatu del PAS, pero hai que partir del principiu realista del que tien más votos ye’l que tien que poner la parte sustancial. Ye un principiu de buena educación, más que de democracia y de soberanía de cada organización. Nun velo asina ye una cuestión de nun ver la realidá.
Nun ye asina. UNA marchó de Coalición Asturiana, que non al revés, y muncha xente d’UNA vieno pal PAS, la nuesa organización subió en votos nes siguientes eleiciones (de 14.000 a 20.000), son datos oxetivos. Aquella hestoria foi bien, nun causó nengún problema la frayadura. Lo que pasa que depués vino la coxuntura d’Areces, Marques y Cascos, y por 800 votos quedamos fuera. A partir d’ehí ensin tener perres nin proyeición medíatica ye difícil visualizar el proyeutu.
Nun me presta andar dando vueltes al pasáu, nun merez la pena. Naquel momentu hubo falta d’entendimientu dientro de la propia UNA, paezme qu’había xente que nun tenía ganes de llegar a alcuerdos. Xente de la UNA pasó p’Andecha, otros pal Bloque, el mesmu Rafa Palacios.
Ún siempre piensa algamar un bon resultáu porque camienta que’l proyeutu merez la pena y ye lo qu’Asturies necesita. Cuando n’España les coses van bien, n’Asturies van mal y cuando n’España les coses van mal, n’Asturies van peor. Los asturianos van dase cuenta un día que tán dando-yos el votu a xente que-yos roba la cartera, que nun trabayan pa ellos, que trabayen pa los catalanes o los andaluces. La desilusión de los asturianos colos sos políticos pue danos un ésitu curiosín, eso sí, hai que tener en cuenta la falta de presencia mediática.
20 de Xunu de 2010 por D.Barreiro p'ASTURIES.COM
http://www.asturies.com/node/11516
20 de Xunu de 2010, por D. Barreiro p'ASTURIES.COM
Xuan Xosé Sánchez Vicente (Xixón, 1949) ye un políticu y escritor, presidente y fundador del Partíu Asturianista (PAS). Asturies.com faló con él sobre’l presente y fututu del so partíu.
- Va poco’l PAS celebró los sos 25 años. ¿Qué valoración fai d’esti periodu?
Foron años positivos pa la sociedá asturiana, en dalgunos momentos frustrantes pa la militancia y los votantes del PAS. Camiento que fomos nós los qu’instalamos l’asturianismu dientro de la sociedá, mesmamente que PP y PSOE tuvieren un barnizín asturianista, enantes nin siquiera colocaben la bandera asturiana. Influyimos tamién na reforma del Estatutu d’Autonomía, mientres que colos pautos con Sergio Marqués ayudamos a crear una montonera d’infraestuctures, tamién creamos 20.000 emplegos. Dende’l puntu de vista identitariu sacamos la Llei d’Usu, lo únicu que tien l’asturianu y, quiciabes, lo únicu qu’haya en muncho tiempu.
- ¿Camienta que l’asturianismu foi percríticu col so partíu cuando s’aprobó la Llei d’Usu?
Foi disparatadamente desconocedor de la realidá, por dicilo de dalguna forma suave, la Llei yera lo posible. Mesmamente fomos mui criticaos por proponer la ‘oficialidá diferida’, tresferir del Parllamentu español al asturianu la posibilidá de declarar la oficialidá, recoyéndolo asina nel Estatutu. Esto entendióse como una renuncia a la oficialidá. El PAS foi quien más fixo pol asturianu y a quien más se castigó por ello. Hubo mala voluntá, IU trabayó mui bien mintiendo y por parte del asturianismu hubo falta de voluntá por informase.
- ¿Ún de los problemes del PAS nun ye la so definición como partíu interclasista?
Dende los años 50 n’Occidente namás qu’hai partíos interclasistes. Podemos mirar pal PSOE, la so ideoloxía ye gobernar, pero tresmiten el discursu de que tán pol pueblu, de que son d’esquierdes. Sicasí, el so discursu nun s’estrema muncho del que puen facer otros partíos.
- ¿Y el PAS ye más rexonalista o más nacionalista?
Preferimos la pallabra asturianista, precisamente pa evitar esi alderique. A esta pallabra amestamos ‘de progresu’ ya ‘interclasista’. Ye una definición de la realidá, amás, asina estremámonos dafechu d’esi mieu que pesa tovía al respective del asturianismu de que la xente lu asocie a dalgo arcaicu, al costumismu. Lo que nos define ye ser un partíu d’ámbitu asturianista, si se quier nacionalista. Pero nes cuestiones de tipu social o económicu nun tenemos dogmatismos.
- ¿Y qué opinión tien el so partíu de la nomada ‘xuntanza’ del asturianismu?
Tolo que puea sumar ta mui bien. Yá fiximos esfuercios nel pasáu con otres organizaciones, como Andecha ya IAS. Sobre too, el gran esfuerzu de sumar los dos partíos con más votos, PAS y URAS, n’Unión Asturianista, dalgo que funcionó bien. A esta capacidá d’entendimientu que nós tuvimos tendríen que sumase otres fuerces.
- Nin UNA nin Bloque tán pola llabor de dir con URAS. ¿Pal PAS ye fundamental esa collaboración?
URAS pon ún de los alcaldes y dellos conceyales d’Unión Asturianista, hai que partir de la realidá, non de los suaños. URAS ye un partíu tan asturianista como los demás, salen del PP pero tienen una trayeutoría llarga y agora, dientro del proyeutu asturianista, tán aportando un gran númberu de votos.
- Con Andecha Astur roblaron un pautu de collaboración. ¿En qué quedó?
Siguimos teniendo contautu con ellos, pero a esi pautu yá se-y pasaron los plazos, paez que nun hai forma d’avanzar. Nós tamos dispuestos a nun zarrar nada siempre que se tenga en cuenta la realidá y se tenga una mínima educación cívica.
- ¿Y col Bloque o UNA hubo dalgún contautu?
Nun voi dicir con quién pero hubo contautos, mesmamente más que con Andecha Astur. Pero yo creo que too esto nun camina haza nengún llau.
- ¿Nel casu d’una xuntanza, el PAS aceptaría que vusté nun fora’l candidatu?
Tovía nun sé quién sedrá’l candidatu del PAS, pero hai que partir del principiu realista del que tien más votos ye’l que tien que poner la parte sustancial. Ye un principiu de buena educación, más que de democracia y de soberanía de cada organización. Nun velo asina ye una cuestión de nun ver la realidá.
- Según dalgunos, la Coalición Asturiana (PAS-UNA) foi la oportunidá perdida del asturianismu
Nun ye asina. UNA marchó de Coalición Asturiana, que non al revés, y muncha xente d’UNA vieno pal PAS, la nuesa organización subió en votos nes siguientes eleiciones (de 14.000 a 20.000), son datos oxetivos. Aquella hestoria foi bien, nun causó nengún problema la frayadura. Lo que pasa que depués vino la coxuntura d’Areces, Marques y Cascos, y por 800 votos quedamos fuera. A partir d’ehí ensin tener perres nin proyeición medíatica ye difícil visualizar el proyeutu.
- ¿Pa vusté cuál foi’l motivu de que frayara Coalición Asturiana?
Nun me presta andar dando vueltes al pasáu, nun merez la pena. Naquel momentu hubo falta d’entendimientu dientro de la propia UNA, paezme qu’había xente que nun tenía ganes de llegar a alcuerdos. Xente de la UNA pasó p’Andecha, otros pal Bloque, el mesmu Rafa Palacios.
- ¿Qué resultáu esperen algamar pa les próximes eleiciones?
Ún siempre piensa algamar un bon resultáu porque camienta que’l proyeutu merez la pena y ye lo qu’Asturies necesita. Cuando n’España les coses van bien, n’Asturies van mal y cuando n’España les coses van mal, n’Asturies van peor. Los asturianos van dase cuenta un día que tán dando-yos el votu a xente que-yos roba la cartera, que nun trabayan pa ellos, que trabayen pa los catalanes o los andaluces. La desilusión de los asturianos colos sos políticos pue danos un ésitu curiosín, eso sí, hai que tener en cuenta la falta de presencia mediática.
20 de Xunu de 2010 por D.Barreiro p'ASTURIES.COM
http://www.asturies.com/node/11516
Arguyu

Periodicos y televisiones americanes anden estos díes asoleyando que se confirma (arqueolóxicamente) que la calle más antigua d'Estaos Xunios ta na ciudad más antigua d'esi país: San Agustín (ciudá fundada en 1565 pol asturianu Pedro Menéndez d'Avilés).
- ¿saben cómo se llama la calle?
- ¿vieron la repersución "llocal" que tien la noticia equí?
Miren y comparen:
Aviles Street Project Unfolding
Scientist Said he has Proof USA's Oldest Street is in St. Augustine
XXV aniversariu en La Nueva España
Partíu Asturianista, 25 años en la encrucijada
El presidente del PAS, Xuan Xosé Sánchez Vicente, fía el futuro de la formación a volver a entrar en la Junta en 2011
El presidente del PAS, Xuan Xosé Sánchez Vicente, fía el futuro de la formación a volver a entrar en la Junta en 2011

El Partíu Asturianista (PAS) cumple un cuarto de siglo de vida, un período con altos y bajos en los que pasó de pelear el voto caleya a caleya a tener voz en la Junta General y flirtear, incluso, con la posibilidad de gobernar en Asturias en coalición con el PSOE como alternativa a la crisis abierta durante el Gobierno del PP, para afrontar ahora las elecciones autonómicas de 2011 como una auténtica reválida sobre su futuro en la política asturiana. Xuan Xosé Sánchez Vicente, presidente del PAS, es el denominador común de un periplo en el que no ha estado solo. El ex diputado regional repasa la trayectoria de un proyecto que ha visto nacer, analiza algunos de los avatares de la formación y esboza los retos de futuro de un partido que vuelve a estar en la encrucijada.
El PAS se fundó formalmente en 1985, pero la defensa de ideas asturianistas se remonta unos cuantos años atrás, cuando Xuan Xosé Sánchez Vicente y Xesús Cañedo, entre otros, formaban parte de la Democracia Socialista Asturiana (DSA), que luego se integraría en el Partido Socialista Popular de Asturias (PSPA), como paso previo a su incorporación al PSOE en 1978. «El PSPA era un partido federado con voluntad asturianista», recuerda Sánchez Vicente, quien reconoce que «intentamos fundar ya un partido a partir del PSPA, pero no estaban los vientos para ello».
La aventura dentro del PSOE estaba condenada a la fugacidad. «Entendimos pronto que esa opción era inútil para Asturias. Por eso cuando acabamos el contrato, yo era diputado por Infiesto, decidimos dejar el partido en 1983 y fundar el PAS dos años después, con un grupo en el que estaban Cañedo, Carlos Rubiera, que ya no está, y gente que forma la base del partido pero que han estado y están en una segunda línea».
Esos primeros años marcaron el sino del partido. No entró en el Parlamento regional en las elecciones de 1987, e inició su primera travesía del desierto. «Dinero nunca tuvimos, así que hubo que patear Asturias, por sus ferias, "parabrisando" folletos por las playas y entregándolos en mano, con iniciativas como la reivindicación de una tele asturiana y el cambio en las matrículas». La brega acabó por dar fruto en las autonómicas de 1991. «Fue una compensación moral para la gente que llevaba tanto tiempo peleando. Tuvimos la sensación de que el trabajo hecho valía para algo», recuerda Sánchez Vicente.
La entrada en el Parlamento regional marcó el punto de inflexión del PAS en el escenario político. «Fueron ocho años de presencia muy importante. Fuimos los primeros que no nos conformamos con el Estatuto que había entonces; pusimos en marcha el premio "Empresa". Incorporamos un pensamiento autónomo respecto a la economía asturiana. Planteamos exigencias concretas, como un suelo industrial barato, el observatorio meteorológico, la iluminación de la autopista; pero en esta tierra, en general, todo tarda 20 o 30 años. Propusimos abordar una estrategia de la acería asturiana y, de algún modo, fuimos precursores de la Autovía Minera, al reclamar de manera formal la reforma de la antigua Carretera Carbonera». Llegados a este punto, Xuan Xosé Sánchez Vicente da respuesta a una creencia que ve bastante extendida pero equivocada entre los votantes de la región sobre su partido. «La gente suele asociarnos con propuestas de naturaleza cultural, pero el 99 por ciento de nuestras iniciativas en la Junta fueron de índole social y económica», asegura.
El PAS, entonces y ahora, tiene como razón de ser la revalorización del asturianismo, un concepto que parte de la siguiente premisa, en palabras de Xuan Xosé Sánchez Vicente: «Asturias tiene una identidad diferenciada, siendo parte de España, no ye exactamente de España, no puede estar sometida a Madrid y necesita un proyecto político diferenciado. Por eso reclamamos más autonomía que aquel artículo 143 miserable. Por eso nos rebelamos ahora ante estatutos como los de Cataluña, Valencia o Andalucía: no entendemos que debamos rendir pleitesía ante otros porque sean más importantes. Ésa es la esencia del asturianismo. Merecemos un destino propio». Y Sánchez Vicente tira del veto socialista a la variante de Pajares, décadas atrás, como «ejemplo más vergonzoso de la actitud de palafrenero sumiso de los partidos que obedecen las órdenes de sus cúpulas en Madrid».
Pero ¿cuál es la ideología del PAS, un partido cuyos fundadores iniciaron su actividad en una Democracia Socialista Asturiana, de tendencia socialista marxista, que luego pasaron por el PSOE y que más recientemente acabaron por unirse a la URAS del ex presidente regional Sergio Marqués para concurrir a las elecciones? «Nos movemos entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Hay gente de línea, digamos, más socialdemócrata y hay gente que está en una línea más liberal, pero sin discursos utópicos, con ganas de dar respuesta a las coyunturas. Por ejemplo, para nosotros no es bueno apostar por el déficit cero o por endeudarse. Cada situación requerirá la política más oportuna sin dogmatismos, con el fin de favorecer el empleo en Asturias y evitar la emigración de quien quiera hacer su vida en esta tierra, y que haya dinero bastante para los servicios esenciales, como la sanidad y la educación».
¿Si el universo ideológico es tan amplio por qué no acabó de prender el asturianismo político en una tierra tan apegada a sus tradiciones y tan orgullosa de sus símbolos? El líder natural del PAS sostiene que la coyuntura de 1999 fue nefasta, con el voto muy polarizado «por culpa de Cascos y la ruptura que provocó en el seno del PP y la mareona del voto de castigo que acaparó el PSOE». Recuerda con amargura que en las autonómicas de aquella primavera los asturianistas se quedaron fuera de la Junta General del Principado «por 800 votos solamente y tras una campaña de IU brutal contra nosotros». Y, avatares del destino, revela un hecho que, asegura, pocas veces ha comentado y que podía haber marcado un sino muy distinto para el PAS apenas unos meses antes de aquella cita electoral. «Cuando el PP se rompió llegamos a hablar con el PSOE, con Celestino Suárez, de la posibilidad de entrar en un Gobierno alternativo para garantizar la estabilidad y gobernabilidad de Asturias, pero finalmente no cuajó. El PAS fue víctima de Cascos y del "cuanto peor, mejor", estrategia por la que se decantaron los socialistas». Quedarse sin representación en la Junta supuso un duro golpe para el PAS, aparte de ser una de las razones por las que no ha prosperado una opción asturianista en el reducido mapa político del Principado; pero para Xuan Xosé Sánchez Vicente hay más motivos: «Nunca tuvimos ni un duru, y al quedar fuera de la Junta quedamos sin proyección ante la sociedad y la opinión pública asturiana sigue demasiado pendiente de la información política que sale por las televisiones estatales. Y luego está lo que llamo "la variable misteriosa", que no se sabe muy bien por qué una comunidad que lleva 30 años yendo a peor está contenta con lo que hay y sigue votando a los mismos partidos que la castigan». Y una razón más de peso: «Si en vez de un diputado hubiéramos tenido 5 o 7 diputados, se habría dado el vuelco y habríamos ido a más. La gente siempre quiere ser del que gana, votar a fuerzas ganadoras».
Tras este análisis parece cantado que el gran reto del PAS no es otro que volver al Parlamento asturiano. Sánchez Vicente cree que la celebración del 25.º aniversario del partido es el pretexto perfecto para hacerse más visibles ante la sociedad asturiana a un año de las próximas elecciones autonómicas. «En nuestras circunstancias llegar a los 25 años también tiene su mérito, como ejemplo de resistencia. Ya es un triunfo en sí, por eso lo queremos celebrar. En nuestra fuerza política la gente está por pura voluntad de servir a Asturias y hasta pone dinero a cambio de recompensas morales, que también son importantes».
El peso político de los asturianistas, que hace ahora tres años concurrieron con URAS a las elecciones, se traduce en dos alcaldías, Ponga y Villaviciosa, y doce concejales; pero Sánchez Vicente también quiere valorar el trabajo hecho puertas afuera de la Junta. «Conseguimos que se volviese a pescar en los pedreros, que no ye cosa menor, porque fue la recuperación de una práctica habitual, nada esquilmadora. Eso parte de estar más pegados a la realidad, al contrario que otros partidos». La campaña del 25.º aniversario será, por lo tanto, la reivindicación de un proyecto sólido. «Nuestro apoyo a los proyectos presupuestarios ayudó en su día a crear 20.000 empleos, y hubo subvención para todos los puestos de trabajo y, aunque nos costó la cabeza, también sacamos la ley de uso y promoción del asturiano, lo único que se ha conseguido a favor de nuestra lengua en 30 años».
El PAS concibe esta campaña como el altavoz para afrontar una cita electoral que, por las palabras de Xuan Xosé Sánchez Vicente, suena también a encrucijada, a auténtico cara o cruz. «Esperamos tener presencia parlamentaria en las próximas elecciones. Si no, sería seguir otros cuatro años en una situación difícil, pidiendo más tiempo de sacrificio a gente que lleva más de 25 años en esta aventura. Seguir otros cuatro años sin resultados no sería fácil», admite el presidente del PAS, que confiesa que cada vez tiene «más reparos de conciencia» para pedir a sus compañeros que sacrifiquen tiempo y familia a cuenta de la política, pero no se resiste a revelar el deseo máximo de su partido para las autonómicas, en las que presumiblemente será el cabeza de lista, en virtud del acuerdo de candidatura rotatoria que mantienen con la URAS: «El escenario ideal sería decidir el futuro Gobierno de Asturias». Un anhelo que se antoja complicado, porque, como él mismo reconoce, «el mapa político no cambia nada, y más, en Asturias, una sociedad muy conservadora, «quizá por su escaso dinamismo económico», aunque «con todo y con eso esperamos encontrar un hueco, porque el PSOE y el PP no son la solución, sino parte del problema. Hay que poner a Asturias en hora con el mundo», es el reto que lanza el líder asturianista.
El PAS se fundó formalmente en 1985, pero la defensa de ideas asturianistas se remonta unos cuantos años atrás, cuando Xuan Xosé Sánchez Vicente y Xesús Cañedo, entre otros, formaban parte de la Democracia Socialista Asturiana (DSA), que luego se integraría en el Partido Socialista Popular de Asturias (PSPA), como paso previo a su incorporación al PSOE en 1978. «El PSPA era un partido federado con voluntad asturianista», recuerda Sánchez Vicente, quien reconoce que «intentamos fundar ya un partido a partir del PSPA, pero no estaban los vientos para ello».
La aventura dentro del PSOE estaba condenada a la fugacidad. «Entendimos pronto que esa opción era inútil para Asturias. Por eso cuando acabamos el contrato, yo era diputado por Infiesto, decidimos dejar el partido en 1983 y fundar el PAS dos años después, con un grupo en el que estaban Cañedo, Carlos Rubiera, que ya no está, y gente que forma la base del partido pero que han estado y están en una segunda línea».
Esos primeros años marcaron el sino del partido. No entró en el Parlamento regional en las elecciones de 1987, e inició su primera travesía del desierto. «Dinero nunca tuvimos, así que hubo que patear Asturias, por sus ferias, "parabrisando" folletos por las playas y entregándolos en mano, con iniciativas como la reivindicación de una tele asturiana y el cambio en las matrículas». La brega acabó por dar fruto en las autonómicas de 1991. «Fue una compensación moral para la gente que llevaba tanto tiempo peleando. Tuvimos la sensación de que el trabajo hecho valía para algo», recuerda Sánchez Vicente.
La entrada en el Parlamento regional marcó el punto de inflexión del PAS en el escenario político. «Fueron ocho años de presencia muy importante. Fuimos los primeros que no nos conformamos con el Estatuto que había entonces; pusimos en marcha el premio "Empresa". Incorporamos un pensamiento autónomo respecto a la economía asturiana. Planteamos exigencias concretas, como un suelo industrial barato, el observatorio meteorológico, la iluminación de la autopista; pero en esta tierra, en general, todo tarda 20 o 30 años. Propusimos abordar una estrategia de la acería asturiana y, de algún modo, fuimos precursores de la Autovía Minera, al reclamar de manera formal la reforma de la antigua Carretera Carbonera». Llegados a este punto, Xuan Xosé Sánchez Vicente da respuesta a una creencia que ve bastante extendida pero equivocada entre los votantes de la región sobre su partido. «La gente suele asociarnos con propuestas de naturaleza cultural, pero el 99 por ciento de nuestras iniciativas en la Junta fueron de índole social y económica», asegura.
El PAS, entonces y ahora, tiene como razón de ser la revalorización del asturianismo, un concepto que parte de la siguiente premisa, en palabras de Xuan Xosé Sánchez Vicente: «Asturias tiene una identidad diferenciada, siendo parte de España, no ye exactamente de España, no puede estar sometida a Madrid y necesita un proyecto político diferenciado. Por eso reclamamos más autonomía que aquel artículo 143 miserable. Por eso nos rebelamos ahora ante estatutos como los de Cataluña, Valencia o Andalucía: no entendemos que debamos rendir pleitesía ante otros porque sean más importantes. Ésa es la esencia del asturianismo. Merecemos un destino propio». Y Sánchez Vicente tira del veto socialista a la variante de Pajares, décadas atrás, como «ejemplo más vergonzoso de la actitud de palafrenero sumiso de los partidos que obedecen las órdenes de sus cúpulas en Madrid».
Pero ¿cuál es la ideología del PAS, un partido cuyos fundadores iniciaron su actividad en una Democracia Socialista Asturiana, de tendencia socialista marxista, que luego pasaron por el PSOE y que más recientemente acabaron por unirse a la URAS del ex presidente regional Sergio Marqués para concurrir a las elecciones? «Nos movemos entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Hay gente de línea, digamos, más socialdemócrata y hay gente que está en una línea más liberal, pero sin discursos utópicos, con ganas de dar respuesta a las coyunturas. Por ejemplo, para nosotros no es bueno apostar por el déficit cero o por endeudarse. Cada situación requerirá la política más oportuna sin dogmatismos, con el fin de favorecer el empleo en Asturias y evitar la emigración de quien quiera hacer su vida en esta tierra, y que haya dinero bastante para los servicios esenciales, como la sanidad y la educación».
¿Si el universo ideológico es tan amplio por qué no acabó de prender el asturianismo político en una tierra tan apegada a sus tradiciones y tan orgullosa de sus símbolos? El líder natural del PAS sostiene que la coyuntura de 1999 fue nefasta, con el voto muy polarizado «por culpa de Cascos y la ruptura que provocó en el seno del PP y la mareona del voto de castigo que acaparó el PSOE». Recuerda con amargura que en las autonómicas de aquella primavera los asturianistas se quedaron fuera de la Junta General del Principado «por 800 votos solamente y tras una campaña de IU brutal contra nosotros». Y, avatares del destino, revela un hecho que, asegura, pocas veces ha comentado y que podía haber marcado un sino muy distinto para el PAS apenas unos meses antes de aquella cita electoral. «Cuando el PP se rompió llegamos a hablar con el PSOE, con Celestino Suárez, de la posibilidad de entrar en un Gobierno alternativo para garantizar la estabilidad y gobernabilidad de Asturias, pero finalmente no cuajó. El PAS fue víctima de Cascos y del "cuanto peor, mejor", estrategia por la que se decantaron los socialistas». Quedarse sin representación en la Junta supuso un duro golpe para el PAS, aparte de ser una de las razones por las que no ha prosperado una opción asturianista en el reducido mapa político del Principado; pero para Xuan Xosé Sánchez Vicente hay más motivos: «Nunca tuvimos ni un duru, y al quedar fuera de la Junta quedamos sin proyección ante la sociedad y la opinión pública asturiana sigue demasiado pendiente de la información política que sale por las televisiones estatales. Y luego está lo que llamo "la variable misteriosa", que no se sabe muy bien por qué una comunidad que lleva 30 años yendo a peor está contenta con lo que hay y sigue votando a los mismos partidos que la castigan». Y una razón más de peso: «Si en vez de un diputado hubiéramos tenido 5 o 7 diputados, se habría dado el vuelco y habríamos ido a más. La gente siempre quiere ser del que gana, votar a fuerzas ganadoras».
Tras este análisis parece cantado que el gran reto del PAS no es otro que volver al Parlamento asturiano. Sánchez Vicente cree que la celebración del 25.º aniversario del partido es el pretexto perfecto para hacerse más visibles ante la sociedad asturiana a un año de las próximas elecciones autonómicas. «En nuestras circunstancias llegar a los 25 años también tiene su mérito, como ejemplo de resistencia. Ya es un triunfo en sí, por eso lo queremos celebrar. En nuestra fuerza política la gente está por pura voluntad de servir a Asturias y hasta pone dinero a cambio de recompensas morales, que también son importantes».
El peso político de los asturianistas, que hace ahora tres años concurrieron con URAS a las elecciones, se traduce en dos alcaldías, Ponga y Villaviciosa, y doce concejales; pero Sánchez Vicente también quiere valorar el trabajo hecho puertas afuera de la Junta. «Conseguimos que se volviese a pescar en los pedreros, que no ye cosa menor, porque fue la recuperación de una práctica habitual, nada esquilmadora. Eso parte de estar más pegados a la realidad, al contrario que otros partidos». La campaña del 25.º aniversario será, por lo tanto, la reivindicación de un proyecto sólido. «Nuestro apoyo a los proyectos presupuestarios ayudó en su día a crear 20.000 empleos, y hubo subvención para todos los puestos de trabajo y, aunque nos costó la cabeza, también sacamos la ley de uso y promoción del asturiano, lo único que se ha conseguido a favor de nuestra lengua en 30 años».
El PAS concibe esta campaña como el altavoz para afrontar una cita electoral que, por las palabras de Xuan Xosé Sánchez Vicente, suena también a encrucijada, a auténtico cara o cruz. «Esperamos tener presencia parlamentaria en las próximas elecciones. Si no, sería seguir otros cuatro años en una situación difícil, pidiendo más tiempo de sacrificio a gente que lleva más de 25 años en esta aventura. Seguir otros cuatro años sin resultados no sería fácil», admite el presidente del PAS, que confiesa que cada vez tiene «más reparos de conciencia» para pedir a sus compañeros que sacrifiquen tiempo y familia a cuenta de la política, pero no se resiste a revelar el deseo máximo de su partido para las autonómicas, en las que presumiblemente será el cabeza de lista, en virtud del acuerdo de candidatura rotatoria que mantienen con la URAS: «El escenario ideal sería decidir el futuro Gobierno de Asturias». Un anhelo que se antoja complicado, porque, como él mismo reconoce, «el mapa político no cambia nada, y más, en Asturias, una sociedad muy conservadora, «quizá por su escaso dinamismo económico», aunque «con todo y con eso esperamos encontrar un hueco, porque el PSOE y el PP no son la solución, sino parte del problema. Hay que poner a Asturias en hora con el mundo», es el reto que lanza el líder asturianista.
Juan A. ARDURA
La Nueva España del 31/05/2010
Entrevista en El Comercio
«La candidatura de Cascos en el PP nos perjudicaría»
«No es difícil que sea yo el candidato de PAS-URAS, pero la decisión no está tomada y necesito recargar la pila del entusiasmo»
«No es difícil que sea yo el candidato de PAS-URAS, pero la decisión no está tomada y necesito recargar la pila del entusiasmo»
En la dura travesía del desierto que supone llevar ya once años sin representación en el Parlamento asturiano, el Partíu Asturianista (PAS) reparte su actividad entre la celebración de sus bodas de plata, que se cumplen este año, y la preparación de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2011. Protagonista de ambos frentes es el presidente de la formación, Xuan Xosé Sánchez Vicente (Gijón, 1949), cuya trayectoria política corre desde hace 25 años paralela a la del partido que fundó y que afirma que «no es difícil» que sea candidato a la Presidencia del Principado el año que viene. En esos comicios, analiza, la coalición de su formación y URAS se vería perjudicada por la posible candidatura de Francisco Álvarez-Cascos en el PP, que considera que llevaría a votar por el PSOE a muchos socialistas desencantados que, de otro modo, podrían optar por los asturianistas.-Este sábado han comenzado a celebrar el 25 aniversario del PAS. ¿Qué motivos le llevaron a fundar el partido y qué queda de esos motivos un cuarto de siglo después?
-Los motivos son los mismos por los que hoy seguimos aquí. Pensamos que Asturias necesita una política hecha pensando en Asturias y volcada en Asturias, no dependiente de Madrid. Las personas que ideamos esto estábamos en el PSP y queríamos montar un partido que no se integrase en el PSOE, pero la coyuntura dictaminó otra cosa. Al poco tiempo de estar en el PSOE vi que no se podía hacer nada respecto a la defensa de temas asturianos ni de identidad. Así que fundamos el PAS y, aunque los éxitos nos acompañaron muy parcialmente, los motivos siguen existiendo, porque PSOE y PP son muy sucursalistas, incapaces de actuar en virtud de la realidad social asturiana.
-Pero parece que el electorado no comparte ese análisis.
-Lo que prefiere la gente es evidente, de eso no hay duda, y además está en su pleno derecho. Pero el sucursalismo del que hablo se ve en actitudes como el apoyo del PP al Estatuto de Andalucía o el del PSOE al de Cataluña, que son una puñalada a Asturias. En una región que va peor cada día, en la que los rapazos tienen que marcharse para encontrar trabajo, cabe preguntarse cómo la gente no acaba de ver que está equivocando el voto de manera permanente.
-¿Y cambiaría algo la situación si ustedes gobernasen o condicionasen el Gobierno a cambio de su apoyo, como ya sucedió en la etapa de Sergio Marqués?
-En esa época nosotros conseguimos la Ley de Protección del Asturiano, por la que fuimos durísimamente criticados. Siempre cabe la sospecha de que si uno no hace nada en política tiene mejores resultados que si lo hace. En la etapa en la que apoyamos al Gobierno se crearon 20.000 puestos de trabajo, se construyeron carreteras... pero se ve que eso llegó mal y fuimos víctimas de la coyuntura. Dicho de otra manera: no está nada claro que pactar con partidos grandes favorezca a los pequeños. Pero a pesar de eso estamos en política para construir y para beneficiar a los asturianos, así que, si eso es una equivocación en términos electorales, volvería a equivocarme.
-En las últimas elecciones el PAS concurrió en coalición con la URAS de Sergio Marqués, sin que tampoco los resultados acompañasen. ¿Se mantendrá esa coalición en 2011?
-Ojo, no entramos en el Parlamento, pero somos la cuarta fuerza política, con dos alcaldes y 12 concejales. Pero es evidente que se nos visualiza mal. Respecto a la coalición, en principio no se han vuelto a firmar los acuerdos, pero seguimos manteniendo la relación como si los hubiera. Nosotros seguimos intentando abrir acuerdos con otras fuerzas, sobre todo locales, pero es difícil. Y lo que está claro es que la opción imprescindible pasa evidentemente por la alianza con URAS.
-Las dificultades para concurrir como una fuerza unida son una seña de identidad del nacionalismo asturiano, que sigue viéndose como una 'sopa de letras'.
-A nosotros los votos no nos vienen de esas fuerzas nacionalistas que, en general, son de una tendencia muy a la izquierda y muy sustancialistas. La gente que se identifica como votante nuestra cuando me hablan por la calle o me escriben correos no pertenece ni de lejos al mundo del asturianismo etiquetado. Son profesionales, amas de casa, autónomos... No se les ve ni de lejos por los mundillos del folk céltico ni del asturianismo internacionalista.
-¿Cómo ve las elecciones de 2011, en las que después de mucho tiempo parece que habrá cambios en los carteles de los grandes partidos?
-Los cambios son difíciles, ahí tenemos el reciente caso de Clegg. El electorado, decía Churchill, es ese elefante cansino, y los cambios en los carteles son menos importantes de lo que parece. En el PP se habla de Cascos, pero yo tengo dudas de que quiera venir. Y en el PSOE, yo subrayaría que todas las políticas que hizo el Gobierno asturiano fueron apoyadas al cien por cien por la FSA de Javier Fernández, así que aunque se presente éste no cambia nada sustancialmente.
-¿La posible candidatura de Cascos perjudica a partidos que aspiran a hacerse un hueco en el Parlamento, como el suyo?
-Sí, si viene Cascos nos perjudicaría. No tanto por el voto que lleve él, sino porque una parte del electorado desencantado de la izquierda, que podría venir con nosotros, pueden optar por el PSOE para evitar lo que consideran el 'mal absoluto'. A nosotros nos vienen bien las elecciones tranquilas, en las que la gente no piense que juega sólo al blanco o negro, o a evitar el fin del mundo.
-¿Ustedes tienen claro su cabeza de lista?
-Según el acuerdo con URAS, toca que sea del PAS. Hombre, no es difícil que sea yo, pero ni están tomadas las decisiones ni yo mismo lo tengo claro al cien por cien.
-¿Es que se ve ya cansado?
-No, no estoy exactamente cansado, pero habría que recargar la pila del entusiasmo. Aunque cuando uno se mete en campaña se carga sola.
-¿Es una ventaja o un perjuicio tener que compaginar la actividad política con su trabajo de catedrático de instituto?
-Tiene ventajas en cuanto a frescura, y hasta de honestidad personal e intelectual. El contacto con la realidad se mantiene mucho mejor así. Pero es verdad que parece que la pelea política es entre grandes multinacionales, y meterse con una empresina es tenerlo muy difícil.
-¿Qué opina de la competencia de otros aspirantes a hacerse con un escaño, como UPyD o IDEAS?
-UPyD tiene atractivo social, pero el problema es el mismo que con los partidos mayoritarios. ¿Alguien conoce a algún dirigente de UPyD en Asturias? Sus seguidores van a votar a Rosa Díez, pero ella no se presenta aquí. Y la política hay que ponerla en manos de quien la vaya a gestionar. En cuanto a IDEAS, no me preocupa.
**El Comercio del 24/10/2010**
El nuestru 25 de mayu
Algunos asturianos sabrán, sin duda, cuál es el significado histórico del 25 de mayo de 1808. En esa ocasión, y como respuesta a las tropelías napoleónicas, se suceden diversos altercados populares en Uviéu, que tienen como colofón el que la Xunta Xeneral del Principáu, el órgano soberano de Asturies, declara por sí y ante sí la guerra a Francia y envía embajadores a Londres para pedir el auxilio de Inglaterra. El recuerdo de aquella fecha aparece hoy en día ligado a los sectores nacionalistas / asturianistas y es relativamente reciente su escasamente popular conmemoración, desde no más atrás de 1978.¿Pero cuál fue su significado histórico para las generaciones que sucedieron al hecho? ¿Y qué valor daban a su protagonista institucional, la Xunta Xeneral? Un país desvertebrado y eviscerado, como el nuestro, tiene, por lo general, escasa profundidad de campo en su visión de la historia, que se reduce, si acaso, a las décadas más recientes. En ese sentido, el relato mítico de la izquierda establecería un tiempo de tinieblas, tras el cual se abriría la luz del progreso con la industrialización, el proletariado y las organizaciones obreras. Tras la vuelta a las tinieblas, con la dictadura, se trataría ahora de reemprender aquella marcha truncada. El relato mítico de la derecha postula algo semejante (aunque de manera más vergonzante): tras los tiempos de oprobio y caos del rojerío vendría el orden y la paz establecidos por Franco; el imperio del tiempo presente es dar continuidad a aquella paz escasamente entrópica de la dictadura. Fuera de esos dos frentes no habrían existido otras ideas, propuestas o fórmulas políticas.
He señalado varias veces (“Asturies, secuestrada” [1999 y 2005]) que ese discurso reductor tiene tanto de empobrecedor y mentiroso como de interesado. Así, por ejemplo, las organizaciones obreras del ámbito de la II y III Internacionales alcanzan en Asturies escasísimo peso hasta la II República. Valga como muestra el dato de que en el ámbito de la izquierda la formación dominante en los períodos de elecciones libres es durante mucho tiempo el Partido Republicano Federal. Por ejemplo, aún en las elecciones a concejales en Xixón del 12 de abril de 1931, del total de ediles escogidos por el Frente Electoral Republicano Socialista, once son federales y tan sólo tres socialistas. El alcalde es Isidro del Río Rodríguez, un federal, lo mismo que lo había sido otro federal, Alejandro Blanco, en 1873, durante la I República.
Esa ocultación y manipulación de la verdad, compendiando toda la historia en un simple enfrentamiento entre la izquierda (de hoy y siempre) y la derecha (de hoy y siempre también) encubre que la realidad social ha sido más rica; las posturas, más diversas y complejas, y hasta contradictorias, a lo largo del tiempo.
Así, en general, a lo largo del XIX y parte del XX, los grandes defensores de la autonomía, de los “fueros” y de la institución sustentadora de los mismos, la Xunta Xeneral, han sido el mundo tradicional y la derecha, mientras que el campo autodenominado progresista y de izquierdas ha venido representando el jacobinismo centralista, la enemiga frente a las autonomías y los particularismos, la negación misma de que la Xunta Xeneral hubiese tenido alguna autonomía considerable. Veamos a continuación algunas manifestaciones del patriotismo fuerista o institucionalista en el ámbito de la derecha y del tradicionalismo.
Cuando en 1809 el Marqués de la Romana disuelve la Xunta Xeneral, Xovellanos y Camposagrado recurren la decisión, calificando a la institución como “constitución de Asturias”, “inviolable”, “soberana” y poseedora de “fueros” o “derechos”. Esa postura soberanista será derrotada en 1834, con la disolución de la Xunta, a la cual no sólo empuja el Gobierno central, sino una serie de asturianos (como Caveda), partidarios de una organización centralista del Estado. Sin embargo, esa visión no muere en la fecha, pervive casi un siglo en una parte de las derechas asturianas: la que articula sus vivencias y pensamiento político en torno al carlismo, muy notable en nuestro país (además de militar en él escritores como Xuan María Acebal, da señal de su importancia el que cuando Adolfo Posada llega en 1883 a la cátedra universitaria, el 25% de los catedráticos son carlistas); los que configuran un movimiento, más tardíamente, bajo la égida de Vázquez de Mella; los conservadores de la Liga Regionalista de De Las Alas Pumariño y La Voz de Asturias o quienes promovieron la Junta Regionalista, ambas en la década que va de 1910 a 1920.Naturalmente, todos ellos propugnan una identidad específica de Asturies (que a veces califican de “estado”, otras de “nación”) en lo político, en lo histórico, en lo cultural y lingüístico, en sus fueros, en su derecho foral. La Xunta Xeneral, obviamente, es considerada como el vehículo orgánico de esa peculiaridad política a lo largo de los siglos y la declaración de guerra de 1808 es tenida como la más insigne manifestación de esa capacidad soberana. Quizás merece la pena apuntar que el manifiesto ideológico de la Junta Regionalista (Doctrina asturianista, 1918, uno de cuyos autores, Álvaro Fernández de Miranda Vives y Ponte –de Grau, naturalmente- es autor de un texto reivindicativo-histórico muy importante, La Junta General del Principado. Bosquejo histórico) propone como lema el de “Asturias libre, regida por sí misma”; el establecimiento de un “pacto o convenio” con el Estado en lo económico (“Debe ser el Estado quien pida a Asturias, no la Región al Gobierno de Madrid”); afirma que todos nuestros males nos vienen de más allá de El Payares y que el enemigo de la prosperidad de nuestro país es “El Estado español centralista” y concluye que en “Asturias deben gobernar los asturianos, y no como hoy los centralistas, políticos a la madrileña”.
Termino señalando que una de las personalidades más importantes del siglo XIX en los gobiernos de España, Alejandro Pidal y Mon (del que, por cierto, acaba de publicar un magnífico libro Joaquín Fernández, El Zar de Asturias, 2005), militante en el campo neocatólico y de gran influencia en el Vaticano, tenido desde el campo liberal por uno de los “cocos” del conservadurismo, era defensor de la llingua asturiana, partidario del regionalismo (sostenía que para ser buen español antes hay que ser buen gallego o buen asturiano y que el espíritu nacional no es otra cosa que la suma de los espíritus regionales).Volvamos a nuestro 25 de mayo en sus palabras: “¿Qué hubiera sido de España –proclama- durante la guerra de la Independencia sin el espíritu regional? Si España hubiese sido una nación pulverizada y aglomerada después, es decir, centralizada a la moderna, hubiera sido deshecha mil veces por la mano de hierro de Napoleón?”.
¿Creían ustedes que la derecha asturiana había sido siempre centralista y enemiga del asturiano y de nuestras peculiaridades históricas, culturales y políticas? ¿Pensaban ustedes que estuvo siempre en la genética de la izquierda la defensa de las identidades nacionales y su cultura? ¿Son ustedes nacionalistas / asturianistas y piensan que la defensa de la Xunta y la autonomía es únicamente una demanda progresista o de izquierdas?
El 25 de mayo es una buena ocasión para dar una vuelta a estas cuestiones, más allá del tópico aculturador, de la manipulación interesada o del reduccionismo del catecismo simplificador, manifestaciones todas de una misma cosa: nuestra inmensa alienación como pueblo y como individuos de ese pueblo.
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