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València nos ilumina

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VALÈNCIA NOS ILUMINA Como hemos hecho saber al Gobiernu recientemente mediante requerimiento notarial, la Ley de Uso y Promoción del Bable/Asturiano está siendo incumplida (o, si se quiere, y siendo bondadosos, «mal interpretada»). Efectivamente, el artículo 15.1 de la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de Uso y Promoción del Bable/Asturiano establece que los topónimos de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe. La finalidad del artículo transcrito es expurgar las denominaciones oficiales de pueblos y lugares de años de aculturación, falseamiento (deliberado o por desconocimiento), errores, castellanización desinformada o pura y simple desidia. La experiencia acumulada hasta la fecha en el proceso de aplicación de la ley permite señalar desviaciones claras respecto de su espíritu y finalidad. El incumplimiento más claro es en la doble denominación del tipo Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón, etc., pues la ley manifiesta con claridad que el nombre oficial es el «tradicional» (Uviéu, Xixón…) y solo cuando está muy extendido el castellanizado se podrá usar, además, este último, como un añadido, evidentemente, no como principal. En multitud de casos esa excepción ha venido a generalizarse, como si las castellanizaciones recientes, o las sistemáticas manipulaciones de Carreteras del Estado, fuesen una presencia imperiosa en la lengua común que necesitasen esa duplicidad: Llastres/Lastres, Lluanco/Luanco, o, incluso, en ocasiones, como si el término adventicio fuese el asturiano (colocado en segundo lugar), y no el castellanizado o manipulado. Lo que es una excepción en el 15.1 ha pasado en muchos casos a convertirse en norma ridícula (Cadarienzu/Cadarienzo; La Cruz de Illas/La Cruz d’Illas), en todo caso, contraviniendo flagrantemente la ley. El traslado de esa realidad legislativa (generada en las comisiones de toponimia y los ayuntamientos y trasladada al BOPA) a la señalización viaria es confusa, contradictoria y risible en muchos casos, conviviendo topónimos falsificados con otros recuperados; indicadores donde encabeza el nombre en asturiano y otros, del mismo lugar, donde lo hace el nombre castellanizado (o ministerializado). ¿Para qué seguir? Dense una vuelta y miren ustedes. Pero, además, esos nombres «tradicionales», «asturianos», son, una vez establecidos, los oficiales. Si, por ejemplo, el nombre oficial es Llastres, no existe, desde ese momento, ni para la Administración General ni para el Estado otra denominación de la localidad que esa, independientemente de la oficialidad o no oficialidad de la lengua. Y en ese sentido, el respeto que en esos ámbitos se tiene hacia los nombres «oficiales», «reales», es escaso, es decir, contra legem, aunque hay que reconocer que algunos servicios de la Administración se han adecuado ya a la nueva legalidad. Al respecto, un hecho reciente ha venido a poner una nueva mancha, un nuevo incumplimiento con respecto a la legislación. Como ustedes saben, en la Puerta del Sol, en Madrid, acaba de inaugurarse en el llamado Kilómetro Cero una rosa de los vientos en granito donde, en su correspondiente orientación geográfica, constan todas las capitales de provincia: A Coruña, Ourense, Zamora, Salamanca… Son también conocedores, sin duda, de que el alcalde de València, Joan Ribó, ha exigido que se respete el nombre oficial de su ciudad, València, y no Valencia, que es la grafía que está escrita. En dicha rosa de los vientos consta, cómo no, el nombre de nuestra capital, en la arcaica forma deturpada (Oviedo) y no en la oficial (aunque contra legem) desde el 21 de marzo de 2019, Oviedo/Uviéu. Yo no esperaba que el alcalde de nuestra capital, don Alfredo Canteli, corriese a pedir la oportuna rectificación, no por nada, sino porque anda, sin duda, excesivamente enfrascado en su renovación como primer edil, pero sí me ha extrañado que ni una sola voz se haya alzado desde Asturies para denunciar el desafuero o exigir su reparación. Ni una, ni siquiera de entre los más furibundos asturianistas, la Academia o los más esquivos partidos políticos que hacen como si estuviesen muy interesados en nuestra lengua, tradición y derechos. Dice tanto ello de nosotros que prefiero no decir nada.

Güei, en LNE: Identidad e invisibilidad

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Güei, en LNE: Identidad e invisibilidad

(El carácter de los asturianos).


EL COMPLEJO DE ATLAS

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Los asturianos. Padecemos complejo de Atlas. Nos parece, al pueblo llano y, especialmente, a sus élites, que sobre nosotros reposan la armonía y la estructura del Estado y de España toda. Ejemplos, a miles. Por venir a la era política actual. Años treinta. Ahí los políticos y los intelectuales asturianos negándose a plantear ninguna cuestión asturiana, ningún estatuto de autonomía, porque eran primordiales los asuntos de vascos, catalanes o gallegos, y aun los del conjunto de la península. Después, corriendo a salvar a España y a ser luminaria del mundo en un movimiento suicida al que (al margen ya de sus inaceptables voluntad e intenciones) nos arrastran sin planificación y nos dejan solos. Curiosamente, muchos asturianos aun siguen gloriándose de aquel disparate que tanto costó en vidas, dolor y destrucción y cuyas consecuencias negativas en la estructura social tuvieron una larga descendencia. Curiosamente también, o no tan curiosamente, nadie ha pedido aun cuentas a sus responsables si no por el disparate ideológico, sí por el dislate estratégico.

En los fiensos más cercanos de nuestra historia, he aquí a un partido, el socialista, que se apresura a suscribir con entusiasmo la marginación de Asturies a través de Cataluña, a impulsarla y aplaudirla. Al conjunto de ellos, que corren a suscribir restricciones a la autonomía asturiana, que permiten que no se desarrolle su estatuto, que apoyan lo que sucede en otras regiones en detrimento de la nuestra. He ahí que aparece uno nuevo cuya pretensión es limitar la autonomía asturiana, y aun jibarizarla, y recibe el refrendo de una parte de la población. Esa mentalidad, lo he contado otras veces, la ilustran sendas exposiciones —allá por los 80 del pasado siglo— sobre los pueblos prerromanos en Cantabria y Asturies. Mientras allí la exposición era «Cántabros, los orígenes de un pueblo», aquí «Pueblos bárbaros en la frontera del imperio». Y agradecidos de que nos viniesen a esclavizar, saquear, violar y civilizar.

Y es que una parte importante de la ciudadanía y todos los partidos políticos de una cierta entidad en Asturies —aunque alguno padezca tercianas, al menos en su discurso, y algunos otros ostenten una trayectoria semejante a la del «ayer mujer maldita y hoy hábito de santa Rita»— no tienen del mundo otra imagen que esa ficción que se han creado de que son los Atlas de quienes depende el cosmos. ¿Y cómo es posible, se preguntarán ustedes, que forzados a inclinar la cabeza hacia el suelo para sostener la bola no vean la miserable realidad sobre la que se asientan? Pues es fácil que, al ser este un país tan lluvioso, la laguna que anega sus pies les impida ver otra cosa que el reflejo del lejano cielo y la imagen del globo que creen sostener sobre sus espaldas.

Pero ese complejo de Atlas no agota la descripción de nuestro conjunto social. Es preciso decir que nuestro gigante tiene ojos facetados, como los insectos, y miopes. En virtud de ello, nuestra mirada no puede percibir nuestra realidad más que como múltiple y, al mismo tiempo, solo lo más próximo. De ahí que pasemos de lo colectivo y pensemos solo en nuestra cuerria llariega. Para los asturianos, en general, lo importante de lo inmediato es la localidad de cada uno, Illas, Tapia, Llanes, Uviéu, Xixón, Llangréu…, y ahí volcamos toda nuestra pasión y nuestros esfuerzos sociales. De ese modo, por ejemplo, llevamos décadas intentando lo imposible, mantener el empleo y la población en los valles mineros del centro, lugares en donde, si hubo tanto empleo y población, fue solo porque los talleres estaban abajo y los hogares se apiñaban a orillas del río o subían monte arriba. A diez minutos, con mejores comunicaciones, con otra mentalidad social, con terreno abundante, había mucho mejores opciones para que los habitantes de esas zonas encontrasen ocupación laboral. El ojo facetado y miope —y su condicionamiento cerebral— impidieron esa posibilidad y obligaron a tirar dinero y oportunidades a manos llenas.

¿Y hemos conseguido algo los asturianos a cambio de esa continua renuncia a lo nuestro para sacrificarnos por el resto? No miren el paro, ni la población ocupada, ni la emigración. Atiendan al culebrón minero: cuando unos gobiernan avanzan hacia el cierre y los de la oposición protestan; al cambiar el poder invierten los papeles. Rememoren las infraestructuras, las que quieran: ocurre exactamente igual. Y aun en aquello que podría depender más de nuestra voluntad, el turismo, fracasamos por nuestro mimetismo con lo estatal, por nuestra renuncia a ofrecer una imagen particular, no sea que se venga abajo España.

Es posible que, a estas alturas, piensen que este cronista percibe la realidad de forma errónea debido algún particular condicionamiento de su retina. Acaso. De todas formas, examinen ustedes su conciencia y los resultados históricos de su voto. «Su» «de él», naturalmente, es decir, del votante de la acera de enfrente. ¿No es cierto que, en lo relativo a la retribución que de «su» voto ha recibido de Madrid, lo han engañado siempre?

Como si el benemérito Areces no nos hubiese ilustrado (¡loado sea!) suficientemente de la realidad en que consiste la política en Asturies, con esa alegoría que enseñorea el Museo del Jurásico en Colunga, mediante un dinosaurio que desde atrás, esto es, por la espalda, introduce a uno menor y dominado el cetro de su dominio. Probablemente, en agradecimiento por el respaldo que, en su día, el sometido le diera en las urnas dinosauriescas.

L’Asturies d'ensueñu

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Pero no «la ideal», aquella donde se desearía estar «en algunas (o todas) las ocasiones», sino borrinosa, nefelibática, fantasmagórica, ajustada a las palabras de González de Cellorigo: «No parece sino que han querido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural».

Pues, efectivamente, nuestra nación parece vivir fuera del orden natural, como, día tras día, viene a confirmarse en muchos sentidos. Comencemos por los datos económicos más recientes, los que el INE hizo públicos el pasado 30 de diciembre: Asturies lidera, junto con Valencia, el descenso del PIB español. Ha caído un 5%, frente al 3,8% de la media. La nueva no tiene nada de nueva, pues desde hace décadas llevamos distanciándonos del resto, ya creciendo menos en épocas de bonanza, ya menguando más en épocas de llaceria. A esta podemos añadirle la última cocción de otra: la cifra de parados alcanzaba en noviembre las 88.853 personas (17%), la peor cifra de la historia, con un incremento en ese mes superior a la media española en un 2,5%. Digamos, finalmente, que nuestra tasa de actividad es inferior en casi 9 puntos a la del conjunto del Estado.

Esa terrible situación debería haber tenido su repercusión sobre el mercado y los precios, provocando una deflación o, al menos, una contención en las subidas. No ha sido así, sin embargo. De ese modo, hemos tenido el menor descenso de los precios de la vivienda en el año —3,7% en septiembre, frente, por ejemplo, el 11,3 de La Rioja o el 8,7 del País Vasco—. En noviembre, nuestro IPC se situaba justo en la media, aunque venía haciéndolo tres décimas por encima. En los carburantes, nuestras cifras están en el promedio, salvo la súper 98 y el gasóleo A, que cuestan más. Es decir, que, sobre ineficiente, nuestra mortecina economía tiene una fuerte rigidez que no permite que se reajuste de forma normal la relación entre el dinero disponible para la demanda y los precios, lo que se traduce, inevitablemente en paro y en menos numerario en el bolsillo de los ciudadanos con empleo.

Tampoco parece que el drama de nuestra economía y nuestro desempleo —continuado, en realidad, desde hace décadas y acelerado en los últimos cuatro años— haya calado en nuestra sociedad, que parece ser incapaz de reaccionar y que contempla la situación con resignación o fatalismo, o tal vez desde una general condición mansueta. Piénsese que aquí el PSOE —el responsable de todos estos años en Asturies y España— ha tenido el menor descalabro de todas las federaciones socialistas de España. En el caso de Foro, podría pensarse que el apoyo recibido es producto de una reacción en ese sentido. Sin negar que lo sea en parte, no puede ponerse en duda de que la razón principal para ese apoyo ha tenido su causa en el malestar no con la situación política, sino con la actuación societaria del PP, de donde provienen la mayoría de sus votos.

Ese irrealismo, esa anormalidad fantasmagórica de nuestra sociedad adquiere su máxima expresión en el ámbito de la representación política: un partido, Foro, que está muy lejos de tener número de diputados suficientes para gobernar —al igual que ocurre en algunos ayuntamientos importantes, como el de Xixón—, pretende que se lo apoye gratis et amore, como si fuese ello una obligación de los demás. Otra formación política, el PSOE, que podría haber intentado gobernar con el apoyo de IU (o por lo menos, haber logrado que Foro y PP se uniesen en contra), renuncia a ello. El PP, mientras tanto, se mantiene, como el asno de Buridán, sin saber qué hacer, en la disyuntiva de apoyar o no apoyar a Foro de forma gratuita, pues no sabe cuál de las dos alternativas le dificultará más recuperar a sus antiguos votantes, aunque, al final, hará, como todos, aquello que le ordenen desde Madrid. Y ya, si sumamos a todo esto la descomposición, el fulanismo y el cainismo históricos de la derecha asturiana, !qué quieren que les diga?

No acaban aquí las anomalías. Que la Fundación Niemeyer y la RTPA amenacen con acudir a los tribunales contra el gobierno que les paga (esto es, contra todos nosotros) es una cuestión sin precedentes en ningún lugar del mundo. Entiéndanme bien: no es que los trabajadores —engañados y estafados— no tengan derecho a ir a los tribunales en defensa de sus dineros y sus derechos. Deben hacerlo y exigir, si es posible, responsabilidades personales. ¡Pero la institución? La institución, en cualquier país normal, está a lo que diga el gobierno, sea este el que sea y disparate lo que disparate, puesto que es al gobierno a quien legitiman los ciudadanos.

¿Qué quieren que les diga? Los asturianos tenemos un problema con nosotros mismos. Y mientras no lo resolvamos es difícil que se solventen los asuntos del panchón.

«Disparen sobre nosotros»

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Sostiene un amigo mío, lúcido asturianista, que la famosa frase que se habría emitido desde el Simancas en los últimos momentos de su resistencia, “Disparen sobre nosotros, el enemigo está dentro”, no contenía en realidad ningún mandato épico en castellano (“Disparen sobre nosotros, el enemigo está dentro”), sino una pura constatación en asturiano (“Disparen sobre nosotros, el enemigu está dentro”). Más allá de cuál haya sido la realidad, lo cierto es que la propuesta de mi amigo es plenamente coherente con la situación de marginación histórica de nuestra lengua: rechazado su derecho a existir, cualquier manifestación de la misma es negada como tal o convertida en otra cosa.

Supongo que el perspicaz lector ya se habrá dado cuenta de las causas que hicieron aflorar a mi consciencia, en su día, esta propuesta interpretativa: la prohibición del Real Instituto de Estudios Asturianos de que, en unas jornadas denominadas “I Congreso de Estudios Asturianos”, se presentasen ponencias en asturiano. Así, la lectura en clave lingüística asturiana del enunciado simanquino tiene una doble utilidad: por un lado, nos recuerda, una vez más, la general manipulación a que se someten los hechos lingüísticos de una parte importantísima de nuestro pueblo o la negación que de ellos se hace; por otro describe perfectamente el significado del episodio rideíno.

No quiero enumerar aquí la larga lista de prohibiciones y ataques que la institución ubicada en Porlier ha venido realizando contra el asturiano desde su fundación —en ese sentido no acaba de hacer otra cosa que ser coherente con su tradición—, pero sí me interesa señalar que la mayoría de las personas que forman parte de la institución, y especialmente sus directivas, padecen una grave hemiplejía afectiva con respecto a nuestro país y nuestra cultura. Yo no dudo que todos ellos sentirán un profundo amor hacia muchos de los rasgos o datos culturales asturianos. Ahora bien, esa empatía convive en ellos con una profunda antipatía o menosprecio para la lengua asturiana, pasión que los lleva a actos de hostilidad como el de estos días.

Hagámonos una pregunta: ¿se ama de verdad un país o sus gentes si se conlleva una tan visceral animosidad contra una parte de él o contra el ser y manifestarse de sus habitantes? ¿Se puede ser asturianista despreciando una parte de la cultura asturiana? Ciertamente, un asturiano no está obligado a tener un hórreo ni una fonoteca de tonada, de la misma forma que tampoco es exigible que le guste ese bien mueble o que acuda a exhibiciones del canto nacional. Ahora bien, ¿qué opinaríamos de un conciudadano nuestro que quisiese eliminar los hórreos y la asturianada o que prohibiese su posesión o audición por los demás? ¿Lo dejaríamos seguir disfrutando del título de asturiano afectivo o cultural?

Esa animosidad contra lo asturiano –tan asimilable a lo que sociólogos y antropólogos califican como “autoodio cultural”— la conocemos en primera persona quienes tenemos un nombre en nuestra lengua. No transcurre día sin que tengamos que soportar como lo castellanizan o se niegan a emitirlo en asturiano con los más variados pretextos: “no he estudiado asturiano”, “no sé pronunciarlo”, “no es oficial”. Y, sin embargo, las mismas personas recitan con absoluta impasibilidad, y aun con unción, el nombre “extranjero” más reciente o insólito, ya sea ruso, búlgaro, inglés, malgache o extraído del último serial televisivo. Sólo los nombres en asturiano les revuelven las vísceras y les provocan el funcionamiento espontáneo de la “máquina justiciera automática”, esto es, de traducción al castellano. Y no suele ser infrecuente que, al pretender ofender a quien tienen enfrente, junto con los argumentos antes expresados, añadan, a modo de justificación de su conducta, su acendrada asturianidad, su nacimiento a orillas del Cantábrico y la riestra de apellidos asturianos que poseen, sin que uno llegue a comprender nunca el porqué –en el entender de esas personas— el ser asturiano justifica el ser mal educado para con el otro.

Algunos han pretendido censurar la conducta del RIDEA desde un punto de vista político, señalando las obligaciones derivadas del artículo cuarto del Estatuto o la Ley de Uso y Promoción del Asturiano. Otros han silogizado que, si hubiera cooficialidad, esto no habría pasado. A mi entender —y sobre los argumentos de tipo sociológico y conductual arriba expresados, tan comunes— no hace falta acudir al ámbito jurídico o político para evaluar los actos rideenses, se pueden enfocar el juicio desde un campo más básico, más elemental. “Manca finezza” ha señalado, a propósito del enguedeyu, José Luis García-Martín, en la Nueva España del domingo 14 de mayo. ¿Falta de habilidad o inteligencia? Yo diría, más bien, que sobra de grosería y mala educación. Simplemente.

Javier Fernández candidato del PSOE por Asturies se avergüenza de ser asturianoNo crean ustedes que este suceso es una anécdota o se agota en sí mismo: es trascendente. Representa una parte sustancial del problema de nuestra sociedad: una Asturies que menosprecia e infravalora lo que somos, que está poco dispuesta, en consecuencia, a mirar por lo suyo y a laborar por el prójimo y en lo próximo. Es como una Asturies que corriese siempre hacia fuera para dejar atrás su sombra o su reflejo, con los que nada quiere saber. Esa mentalidad, tan extendida, no se limita al ámbito de la cultura: condiciona la economía, la política, la sociedad toda.

Para explicar lo inextricable de situaciones de compleja crisis social suele citarse aquella famosa frase de Ortega, referida a España, de que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”. En Asturies sí sabemos lo que nos pasa, es palmario. Lo que ocurre es que eso que nos pasa, nuestro problema de menosprecio y displicencia hacia lo nuestro, algunos lo tienen por el non plus ultra de la civilidad, de la buena educación, de la modernidad y del amor a la patria.

Disparen sobre nosotros. El enemigo está dentro.

Asturies: ¡Siempre a la cabeza!

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Ayer señalábemos cómo, según los datos del CIS, los asturianos yéremos los menos dispuestos a camudar el votu -11 puntos perriba'l restu España-, los más amarraos a la querencia. Los más conservadores (ver EQUÍ).

Güei vamos señalar otru récord asturianu. "Asturies, la que más siguió la fuelga de toa España". Los sindicatos asturianos estimen que siguió la fuelga'l 87%, nel restu del Estáu, los sindicatos estimen que'l 70%.

¿Nun saca ninguna conclusión el llector intelixente?

De querencia (sobre'l ciudadanu-votante asturianu)

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Una de les últimes encuestes del CIS, en concretu la que se fexera ente xineru y marzu d'esti añu, entruga a los ciudadanos sobre delles cuestiones, ente otres, la so situación con respectu al centru políticu y sobre cómo ven ellos a los partíos en relación a esi centru.

Además, entruga pola disposición del ciudanu-votante a camudar de votu. La conclusión nun la voi dar yo, sinón la Nueva España. Trescribo:

"Asturias, por lo demás, continúa siendo la región española con un sector más rígido de votantes fieles a una opción ideológica. El porcentaje de los que piensan que «lo normal es votar al mismo partido en todas las elecciones» -el 47 por ciento, frente al 36 de la media nacional- es el más elevado de España, aunque ha descendido en relación con encuestas anteriores."

Esto ye, como vengo diciendo siempre: la sociedá más conservadora d'España (¡¡¡11 puntos!!!) o, si se quier, aquella na que los ciudadanos tienen más apegu a la querencia.

Ello afala a delles considerances, pero eses pueden faceles ustedes.

Moriscos, romanos y asturianos

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Ahora resulta que tenemos que restituir a los moriscos que expulsó Felipe III no sé si el honor, si la vivienda, si los bienes. Ignoro, si en este último caso, si con intereses o no.

La verdad es que estos del PSOE (y sus palafreneros de IU, de ERC y otros), además de maestros en morisquetas, son unos fenómenos. Al modo de la Comunión de los Santos (no olvidemos que la mayoría de esta gente salió de los seminarios, las sacristías y las organizaciones católicas -algunos, también, del armario del ropero-) la Alianza de Civilizaciones no sólo se extiende en sentido horizontal o sincrónico, sino horizontal o diacrónico.

Aunque la verdad, en vez de enfadarnos, criticarlos o morirnos de risa, lo que podríamos hacer los asturianos es aprovechar la corriente.

¿Qué tal si reivindicamos que los romanos -los antiguos, los de César y Augusto-, que nos aplastaron y saquearon, nos devuelvan el oro, sobre todo al precio a que está la onza en estos momentos? Aunque no deberíamos permitir que lo gestionase nadie del PSOE, pues ya vemos lo que ha hecho el Banco de España en estos últimos tiempos (ver, en este blog, el guañu del 29/11/09, "El oro y la crisis: más éxitos del PSOE"): vender a la baja cuando ya se anunciaba la subida.

Podíamos, además, encerrizar al PSOE fácilmente diciendo que aquellos polvos, los romanos, son los antecesores de estos lodos (Berlusconi). No haría falta más que tocarles una o dos veces la campana berlusconiana para que rápidamente segregaran una moción o proposición de ley y hasta para que pusieran en marcha a Baltasarín (qué mayor genocidio, por cierto, que el que los romanos cometieron con nosotros, los astures).

¡Y ojo! Cuando consigamos que nos devuelvan el oro y nos indemnicen, por lo menos que no nos lo devuelvan en retretes, como hizo Castro con González para pagar algunos de los bienes expropiados en Cuba a los asturianos. Al menos, para los varones, si no nos ha de mandar el oro o divisas convertibles, que nos lo devuelvan en velinas. De curso legal, claro. Y, si es posible, vacunadas contra la gripe porcina. No vaya a ser que, como los compañeros de Ulises por Circe, nos veamos convertidos en suidos nutricios.

(Y, si lo somos, por lo menos, que lo seamos en suidos teberganos, "esos de la oreya llarga").

Diagnósticu

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El 14/05/09 José Cristóbal García Pérez asoleyaba na Nueva España un magníficu diagnósticu (non novedosu, nós llevamos diciéndolo desayaqué) sobre los asturianos.

El centru la so argumentación apuntaba que los asturianos tamos siempre dispuestos a preocupanos polo de los demás o esmolecenos colo que fain los demás, pero escaecemos el mirar polo nuestro y pa la nuestra casa.


Na Nueva España del martes dos de xunu (02/06/09) otru ciudadanu, Raúl Fuente Vallina
, venía decir lo mesmo nuna magnífica carta que pueden ver na sección "Escriben los llectores", d'esi periódicu.

Un emigrante asturianu y asturianista

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La Nueva España asoleya güei, domingu 17/05/09, una magnífica entrevista con Xosé María Fernández, biólogu, investigador del Instituto Europeo de Bioinformática en Cambridge y autor de «Homo sapiens: la epopeya d'un llinaxe».

La entrevista merez la pena (más entá que merecer la pena), nun sólo porque l'autor fala n'asturianu y siéntese asturianu, sinón, sobre tou, po la visión d'Asturies y del mundu que tien, asina como pol so mou de ver les coses y los problemes d'enxertamientu de los emigrantes n'otra cultura al tiempu que caltienen la suya y la so identidá, l'asturiana.

Invítolos a ver la entrevista en:

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009051700_76_757416__Siglo-XXI-formacion-nuestra-Universidad-comparable-prestigiosas-mundo

Johnlenneando

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Imaxina que tienes un gobiernu
que ye gobiernu,
que envede babear delantre l'amu
de Madrid, y de decir "sí Bwana"
a too lo que-y manden,
defende los votantes.


Imaxina qu'envede votar
porque votó to padre o porque
pasó les caín to güelu,
abres los güeyos
y mires si convién o nun convién
que siga gobernando'l que t'engaña
o que, a cencielles, nada nun fai
como nun sea comer y cobrar
a fin de mes.


Imaxina
qu'un día pones na calle al que t'engaña,
al qu'emplega'l to votu
pa correr a llevalu, al catalán, al vascu, al gallegu, al extremeñu,
al serviciu siempre d'un amu
que nunca pintes tú, el que-y lu diera.


Imaxina que pienses
que ser d'esti país que nun ye poco:
nun ye ser menos qu'un barriu de Madrid
o de Sevilla o de auquiera.
Qu'hai naciones y pueblos más pequeños
o casi tan pequeños,
que nun ye'l so tamañu lo que los fai,
sinón la voluntá de ser, de querer ser.


Imaxina,
que yes un ciudadanu,
home o muyer,
rapaza o rapazu,
qu'esixe ser tratáu n'igual respetu
que se trata a los otros,
n'igual derechu.


Imaxina
que quies a la to tierra,
les sos xentes,
el verde de los praos, la piedra
de les torres, la sufrida madera de los horros,
el color abuxáu de los picos desnudos,
esos ríos pequenos que van dar
a esa mar tantes veces encesa;
la llingua y los nomes de la tierra,
onde fueren a dar
tantes vides a lo llargo los sieglos
hasta facela nuestra.


Imaxina
que yes un asturianu,
que yes una asturiana.
Imaxina.

Asturianu: llocu, vanu y mal asturianu

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José Cristóbal García Pérez asoleya na Nueva España un magníficu diagnósticu (non novedosu, nós llevamos diciéndolo desayaqué) sobre los asturianos.

Vien resumise la so argumentación en dos puntos: nel primeru, apunta que los asturianos tamos siempre dispuestos a preocupanos polo de los demás o esmolecenos colo que fain los demás, pero escaecemos el mirar polo nuestro y pa la nuestra casa. Nel segundu afirma que, agora, dellos asturianos empiecen a mirar con munchu interés pa UPyD, que nun vien ser otra cosa que PP y PSOE, pero con faldes, esto ye, que s`esmolecen munchu pol castellanu y les coses del estáu n`otres comunidaes, pero que, como a PP y a PSOE, impórta-yos un pitu lo nuestro y desprécienlo, como nonada o caxigalina.

Invítolos a lleer con detención la carta, una magnífica epístola que se titula "Patria neurótica", na siguiente dirección:



Por cierto, nesta vocación enfermiza de salvapatries universales, podemos recordar cómo pasamos equí quince díes de destrucción y muerte, solinos, nel 34, pa "salvar el mundu"; cómo al entamu la II República los nuestros diputaos y prohomes decidieren que lo nuestro nun tenía importancia, que lo de los demás tenía que dir delantre, y asina quedamos ensin estatutu; de qué mou y manera, al entamar la Guerra Civil, los mineros corrieren vía alantre hacia Madrid, tamién pa salvar el mundu, mentantu equí Aranda aprovechávase d`esa ceguera salvatriz; y cuála fue la forma na que mandemos tropes pa salvar Euskadi, tamién pa "salvar el mundu, la República y la revolución", dexando`l cuidáu de lo nuestro.

Non d`otra manera a como agora apoyamos los estatutos de Cataluña, Andalucía, Valencia, Baleares o Aragón, pa que tengan más perres y competencies a costa nuestra; a como "nos sacrificamos" con un AVE de segunda pa qu`otros tengan meyores ferrocarriles; a como apoyamos la permanencia nel ámbitu públicu de los astilleros de Galicia y Andalucía, mentantu entregamos los nuestros al sector priváu y los desmantelamos; a como votamos escontra la variante`l Payares nel so día; a como vamos sofitar el nuevu modelu de financiación, que va senos perxudicial etc.

"L`universalismu -podíemos decir-, la enfermedá autodestructiva del asturianu". O, nos términos más clásicos del refraneru: "Asturianu: llocu, vanu y mal asturianu, que cuerre salvar al mundu y dexa la casa y los fíos pa que-y los cuide l`aire".