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Agora, lo importante, lo de les perres

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(Ayer, en La Nueva España) Y AGORA, LO GORDO, LO DE LES PERRES Como saben de sobra, el sistema de financiación autonómica, que debería reformarse cada cinco años, lleva sin hacerlo desde 2009. Después de varios contactos bilaterales con las comunidades autónomas, el Gobierno ha convocado la reunión definitiva para la aprobación del nuevo sistema el próximo 4 de septiembre, viernes. La aprobación requiere la mitad más uno de los votos. De la mitad dispone el Gobierno, con una comunidad que vote a favor la aprobación está hecha. Es seguro el asentimiento de Cataluña y, seguramente, el de Canarias. Hasta ahora, las demás comunidades se han mostrado en contra o reticentes, incluidas las dos gobernadas por el PSOE, Asturies y Castilla-La Mancha. ¿Se mantendrá la postura de estas dos? Paga la pena señalar que el nuevo sistema ha sido acordado con Cataluña, es decir, con el PSC y ERC, y que favorece sustancialmente a esta comunidad, convirtiéndola, casi de facto, en una comunidad semiforal, en la línea o camino de País Vasco o Navarra, coherentemente, en principio, con el discurso/tentación del PSOE desde hace décadas de proclamar el federalismo “asimétrico” para favorecer a Cataluña. Recuerden ustedes a don Vicente Álvarez Areces alabándolo en Barcelona en 2001 o la Declaración de Granada, de 2013, «Hacia una estructura federal del Estado». ¿Y cuál es el plan hasta hora? En concreto, se establece el principio de ordinalidad, según el cual, una región, tras transferir recursos a otra, no puede quedar en una posición inferior en recursos a la que tenía antes de la transferencia. Además, las comunidades autónomas pueden recibir el 5% del IVA generado en sus territorios. Sobre la evidente desigualdad entre comunidades, el sistema está diseñado de forma que, por ejemplo, el IVA de los coches Seat vendidos en Asturies ingresa en Martorell. Por lo demás, en principio, se añadirían 21.000 millones de euros a las comunidades autónomas, de los que, se estima, a Asturies le corresponderían 248. De momento, el cálculo es que el crecimiento de los recursos para Cataluña sea de 4.686 millones; para nosotros, de 248. (Frente al lloro permanente de Cataluña de que están explotados, cabe señalar que Madrid aporta ya casi cuatro veces más que Cataluña a la solidaridad autonómica. La aportación de Cataluña a la redistribución territorial ha aumentado un 14% desde 2018, mientras que la de Madrid se ha disparado un 59%). No esta de más apuntar una preocupación que he señalado en este periódico reiteradamente y que ahora ha venido a subrayar FEDEA en su informe del 17/08/2026: ¿ese incremento de aportación del Estado proviene de nuevos impuestos o se detrae de sus recursos, empobreciéndose así y disminuyendo su capacidad para prestar servicios? A esa prevención añade FEDEA una nueva en su análisis de la nueva propuesta de financiación de las comunidades, la de que el Gobierno asigna a la Sanidad un peso del 38%, cuando el gasto real observado en las comunidades asciende al 48,3%. Lo mismo sucede con la Educación, cuya ponderación del 20,5% queda lejos del 28,1% que representa en el gasto neto regional. Extraigan ustedes las consecuencias. Estos últimos meses hemos estado entretenidos con diversas incitaciones (algunas graves, otras muy importantes, unas cuantas, con tintes de comedia, es cierto): joyas y negocios zapateriles, aventuras leirianas o amores abalianos, incendios, invasión de Ceuta…; pero ahora nos viene este asunto que nada de coyuntural tiene, sino que mantendrá sus efectos -aquí y en el resto de España- por años, y que afectará a nuestros bolsillos y a nuestros servicios, a los de todos y cada uno. Y ahora, la pregunta, ¿cuál será la postura del Gobiernu? Y, en particular, ¿la del PSOE asturiano, la de la FSA? Porque, incluso, aun oponiéndose o no aprobando, hay responsabilidades inherentes a su relación con la casa madre. En fin, veremos y juzgaremos. Aunque no se me escapa, es verdad, que, en casos como el de Asturies en relación con Madrid, no es lo mismo ser gobierno que oposición, esto último es mucho más fácil.

... Ni deuda que no se pague

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(el sábadu, día 1 en La Nueva España) … NI DEUDA QUE NO SE PAGUE En 2009, el Gobierno de Zapatero (PSOE) pactaba con Montilla (PSC-PSOE) el nuevo sistema de financiación, que impondrían a las demás comunidades autónomas de régimen común. El señor Junqueras alababa el acuerdo, había participado en él, y decía que vendría a solucionar definitivamente los problemas de financiación de Cataluña. Anótese que se preveía su renovación a los cinco años (2014), pero que la misma aún no se ha producido, ni con gobiernos de un signo ni de otro. En parte como consecuencia de esa incapacidad y desidia para reformarlo, en parte por algunas circunstancias especiales, como la pandemia y, además, porque algunas comunidades se han endeudado de forma imprudente y caprichosa, sabiendo que, al final, alguien acudiría en su socorro, el conjunto de las comunidades autónomas se han endeudado en cuantía voluminosa, ya en el mercado, ya, mediante el FLA (Fondo de liquidez autonómico), con el Estado. Una de las comunidades con más deuda es Cataluña: 88.000 millones de euros, de los que 77.000 los adeuda al Estado. El discurso de Cataluña para justificar ese endeudamiento ha sido el “España nos roba”, esto es, que Cataluña aporta mucho al Estado y que este devuelve de forma insuficiente, de manera que se produce un déficit en las cuentas. Fue ese el pretexto para el endeudamiento y la exigencia de ayudas al Gobierno central. Conviene, en cualquier caso, aparte de recordar que el actual sistema de financiación autonómica fue pactado, como hemos dicho, con Cataluña (y aponderado por sus políticos), subrayar que, según aseveran unánimemente los expertos, Cataluña no está mal financiada, se halla en la media de las comunidades. Las que están peor son Murcia y Valencia. En 2023, el señor Pérez-Castejón convocaba elecciones y las perdía, frente al PP. No obstante, consiguió urdir una mayoría para moncloar pactando entre otros con ERC y Junts, que le exigieron una serie de condiciones, unas personales, como la amnistía y el vasallaje con mediadores internacionales y zapatereros fuera de España, otras para su comunidad. En el momento en que se conocieron aquellas condiciones algunos comentaristas más o menos adictos al PSOE manifestaron sus dudas sobre su cumplimiento, por parecerles injustas, causantes de desigualdad, ilegales o inconstitucionales (señalando esa inconstitucionalidad también se había pronunciado “in illo tempore”, el señor Pérez-Castejón, pero después cambió de virtud, digo, de necesidad). Sin embargo, como pronostiqué entonces, se van a cumplir todas. Se ha cumplido la amnistía. Se va a condonar ahora parte importante de la deuda catalana, se van a pagar más plazas de mossos (3.000) e invertir cantidades importantes para mejorar los trenes de cercanías de aquella comunidad, según se acordó todo ello. En el ínterin, el Gobierno central se ha plegado a Junts en el criterio de reparto del impuesto a la banca, beneficiando a Cataluña. Ya sé que no pueden creerlo pero es así. ¿Cómo se cierra ahora el compromiso de la quita de deuda para Cataluña? Formalmente e inicialmente, mediante el anuncio de Oriol Junqueras de que el Estado se quedará con el 22% de la deuda catalana al FLA. Posteriormente, mediante el anuncio de la señora Montero (aquella bacante que gritaba “Pedrohé, Pedrohé” rogando a don Pedro que volviere a la luz de aquel retiro de cinco días en su tabernáculo) de que la quita se extenderá a todas las comunidades autónomas. (Por cierto, lo que se demanda por la mayoría es la revisión del sistema de financiación, tan obsoleto, pero eso no se puede porque falta por cerrar el sistema de financiación peculiar de Cataluña, su “cupo”). ¿Y cuál es la sustancia de la quita? El Gobierno condonará 83.252 millones de deuda en total, el 22% de la cual, a Cataluña. Fijémonos en Asturies. ¿Qué dicen nuestros gobernantes asturianos? Pues que se conforman con lo que les toca, 1.508 millones, pero que hubiese sido más justo un reparto por población ajustada, con lo que nos corresponderían unos 500 millones más. Al mismo tiempo, se duelen de que los que menos han despilfarrado sean los menos compensados, y al revés. Y señalan que debería haber en el futuro mecanismos para evitar el dispendio, a fin de que nadie piense que siempre vendrá el Estado a salvarlos. No los habrá. Si añadimos a ello que en el reparto del impuesto a la banca Asturies ha salido también perjudicada, en la medida en que han imperado, como hemos dicho arriba, los criterios de Junts, y no unos criterios objetivos, cabe realizar alguna consideración política. Se lo dejo a ustedes. En todo caso, todo ese dinero “perdonado” no desaparece, se traslada a todos nosotros a través de la deuda. De modo que quienes hemos sido menos despilfarradores o abusonos tenemos que pagar el plus de los despilfarradores o abusonos. Y lo mismo ocurre a quienes, como los asturianos, hemos sido maltratados en el reparto. Ya ven, siempre hay guapos y feos, y algunos feos se conforman con ello. Concluyo: el “cupo” catalán, acordado con Junts y ERC, se acabará cumpliendo, como han llegado a cumplimiento los restantes pactos. De ese modo Cataluña aportará menos o nada a la caja común, al igual que vascos y navarros. Nosotros seguiremos pagando, por ejemplo, sus pensiones, y ellos apenas contribuirán, si lo hacen, para la sanidad o las pensiones del conjunto de los españoles (o de los ciudadanos del Estado, si lo prefieren). “No hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague”, dice el refrán que he aprovechado para el título. Me ha parecido más educado que este otro que me sugería mi trasgu particular, Abrilgüeyu: “El que tien agarráu a otru pel gañote…”.

El sueño de la patria y otros ensueños

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU EL SUEÑO DE LA PATRIA Y OTROS ENSUEÑOS Característica notable de la emigración asturiana fue la fortísima ligazón emocional de los emigrados con su patria. La tierra, por así decirlo, se trasplantaba con sus maletas y se reimplantaba en los nuevos países. De ese modo, por una parte, crecían instituciones de encuentro, memoria y auxilio, los centros asturianos, y se mantenían poderosos vínculos con Asturies, con la tentación permanente del regreso. Uno de esos estrechos vínculos se manifestaba en la utilización de la llingua llariega, si no en todas las ocasiones, sí de forma continuada. A modo de ejemplo, cuando, al mando del asturiano Fernando Villaamil, la corbeta “Nautilus“, precedente del actual “Juan Sebastián Elcano”, donde va a embarcar la Princesa Leonor, es recibida en Puerto Rico, en 1894, tras dar la primera vuelta al mundo como buque-escuela, se honra a la tripulación con un banquete de bienvenida y con la lectura de un aplaudidísimo poema en asturiano. Al respecto, añadamos que en la ALLA espera una publicación de Lluis Ánxel Núñez y mía, Escritos asturianos en México (1870-1930). Entre los libros que me propongo leer próximamente se halla el de Cartas de exiliadas. El legado de la palabra y la escritura (1939-1945), cuya base es la correspondencia de mujeres socialistas exiliadas con José Barreiro. La sustanciación que de él realiza Eduardo Lagar en el dominical de LA NUEVA ESPAÑA me ha interesado. Tres aspectos, en concreto, han aguijoneado mi interés: el uso emocional del asturiano, la fuerte señardá d’Asturies, desde el orbayu y el verde, a la gastronomía. El tercero me suscita una inquietud y nos invita a la reflexión: el horror que a quienes han caído en Rusia les provoca “el socialismo real”, que fue para tantos la tierra de promisión. La pregunta se hace inevitable: cuando proclamaban la república socialista en el 34 o preparaban su implantación en el 36, ¿de qué hablaban en realidad?, ¿conocían la realidad de sus ensueños?

Como una mazanina agurriada

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(Ayer, en La Nueva España) COMO UNA MAZANINA AGURRIADA Al margen de gestionar los servicios con más o menos eficacia, ¿a qué se dedican nuestros diputados y los partidos en que se encuadran? ¿En qué ocupan el tiempo, dejando a un lado las horas y esfuerzos, no escasas las unas ni pequeños los otros, que emplean en arremeter contra los rivales? Déjenme visualizar una panorámica de nuestra evolución temporal y de nuestra situación. En titulares: “Asturias perdió en los últimos veinte años a la mitad de los jóvenes de 20 a 39 años. El Principado encabeza la caída a nivel nacional”. “Avilés y Gijón son las ciudades de España con menor tasa de actividad tras Ferrol”. (No hace falta recordar que ambas ciudades son el corazón de los dos concejos más industrializados de Asturies, las dos, además, con el plus de la actividad portuaria). Sigamos: “El Principado, la comunidad que menos empleo creó en los últimos diez años. La ocupación mejoró el 10,44% en Asturias, casi un tercio de la media española”. La respuesta al esfuerzo inversor: “Asturias flaquea en transformar la inversión pública en impulso económico. Los estudios señalan que la actividad privada no acompaña al esfuerzo en infraestructuras, que tienen rendimiento decreciente en el PIB. Por cada millón en obra pública, la inversión privada en Asturias es menor que en España. La comunidad es la décima en competitividad pese a ser la cuarta con más equipamientos”. “La producción industrial asturiana sigue en caída pese a reabrir el horno de Arcelor. El desplome en generación eléctrica, tras el repunte del carbón en 2022, y los recortes en plantas químicas y de alimentación explican el retroceso”. “Desaparecen mil autónomos al año. En los próximos cinco años se jubilarán 30.000”. Un apunte más, las palabras de Juan Ignacio Muñiz, experto universitario: "No recomendaría a los grandes patrimonios establecerse en Asturias". La razón es la tributación. Ya sé que esa cuestión, la tributación de patrimonio y herencias, es un tema controvertido desde el punto de vista ideológico y práctico, pero, en todo caso, no me dirán que ese panorama no ayuda a la inversión. De modo que, entre uno y otro, entre la evolución demográfica negativa, la emigración de las cohortes más preparadas y en edad de trabajar, la limitada creación de empresas y su parco crecimiento, el decrecimiento en algunos sectores y, especialmente, nuestra paulatina separación del progreso de otras partes de España, vamos quedando como eses mazanes que, cerca ya de la primavera, si aún no inservibles, van quedando agurriadines y con menos jugo y carne en su interior. Y frente a eso, ¿a qué se dedican nuestros partidos políticos? Pues al margen de lo que les ordenen desde Madrid, o a los grandes temas del momento, como la inolvidable amnistía, a temas que, como el plumero de la Pampa, no tienen solución y no cabe sobre ellos más que palabrería, como el “reto demográfico” o el despoblamiento de las zonas rurales (el natural, que existe un plus no pequeño empujado por las políticas de los gobiernos central, autonómico y de la UE, pero sobre lo que es efecto de sus causas no piensan hacer nada). Y ahora van a sacar otro artefacto para discursitos, el Estatuto de la Mujer Rural, que busca “promover la igualdad de la mujer en el mundo rural”, que lo mismo pretende acabar con "las brechas de género y económicas a las que se enfrentan las mujeres” que “con la violencia machista". Y es que “sin mujeres no hay mundo rural”, afirmó una capitoste del Ministerio de Agricultura en el acto en que se anunció el artefacto. Las palabras de nuestro “ministro” del ramo, el señor Líndez, no fueron menos luminosas. Les recomiendo su lectura en la edición en papel de LA NUEVA ESPAÑA del lunes 16 o, en su defecto, en la edición digital: https://www.lne.es/asturias/2023/10/16/normativa-regional-promovera-igualdad-mujer-93377661.html Por cierto, afirma don José Miguel Bermúdez en en este periódico algo que yo he reiterado muchas veces: “Asturias en ocasiones se resiste a los cambios de forma tozuda”. Es una de las características más destacadas del “genio nacional”, nuestro conservadurismo. Esa resistencia al cambio me recuerda aquella frase de Cambó: “Hai dos formas de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable”. ¡Hombre!, al desastre no llegaremos, pero así tampoco vamos a ninguna parte.

Identidad e invisibilidad

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                                    (Asoleyóse en La Nueva España del 13/12/2019)




                IDENTIDAD E INVISIBILIDAD

        Se me aparece mi trasgu particular, Abrilgüeyu, con un reto:
—Anda, intenta definir lo que es la identidad asturiana. Y no me digas tonterías sobre el carácter de los asturianos, como hizo el por otras razones benemérito Julio Somoza.
        Estoy tentado con contestarle aquello que respondió Winston Churchill cuando le preguntaron qué opinaba de los ingleses, “no sé, no los conozco a todos”, pero prefiero afrontar el reto. “Te contestaré más tarde” le digo.
        Acudo primero al refranero, el castellano y el asturiano: “Asturiano, loco, vano y mal cristiano, o roba al amo, o fuerza al ama, o las dos cosas a un tramo”, y luego al asturiano: “el asturianu tien la mano afuracada”. ¡Jesús!, si en aquél algo pesa la rima, en este no se da esa circunstancia. Pero dejémoslo. Tampoco voy a repasar cómo nos ven los escritores no asturianos, desde el Cervantes de la Maritornes al Valle-Inclán de Luces de Bohemia.¡Literatura!
        Me sobreviene entonces un recuerdo de hace unos días. El periodista de la COPE, Ángel Expósito, entrevista aquí, en Asturies a una responsable de turismo. Le pregunta: “A ustedes no les da rabia cuando oyen hablar de nacionalidades históricas, y a ustedes se los olvida, ustedes que son el primer reino de España, que tienen el prerrománico, el arte rupestre…” Y la respuesta de la benemérita es como si nunca hubiese reparado en ello o como si, haciéndolo, no quisiese molestar a nadie o que nosotros sobresalgamos. Atónito (yo).
        Vengo entonces a las encuestas políticas y me encuentro con que, tras Cataluña, Valencia y Galicia, somos los que menos nos sentimos “solo españoles”, es decir, o únicamente asturianos —en no escasa cantidad, comparativamente— o tan asturianos como españoles. ¿Y eso se traduce en? Pues miren ustedes aquellas formaciones a las que votan los asturianos, todas centralistas, piensen ustedes cuántos votos reciben los partidos que se presentan por primera vez sin que nadie conozca a uno solo de sus candidatos, y a los que se vota por sus líderes de Madrid. ¿Foro, me dicen? Miren la encuesta de 2017 de Llera Ramo y encontrarán que sus votantes son, de todos, ¡los menos partidarios del sistema autonómico y los más de la recentralización!
        Vayamos a otras encuestas. Somos los más desafectos de toda España hacia la política, muchos puntos por encima de la media y “solo uno de cada diez asturianos asume la defensa de la identidad como el cometido principal de la Comu­nidad autónoma”. ¡Ah!, vamos aclarándonos. Cuánto se parece esto a unas palabras de José María Malgor en 1950: “España, ha dicho alguien, es el país clásico de místicos y guerrilleros, a la vez que indiferentes, y yo creo que estos abundan más entre los asturianos, sobre todo con relación a nuestras ancestrales cos­tumbres”.
        De modo que esos terribles escépticos que somos y que, según otros datos demoscópicos, creemos que la obligación de las instituciones es resolvernos los problemas pero sin que nosotros hayamos de poner arte ni parte en ello, pasamos el día quejándonos de que no se nos conoce, de que se desconoce nuestra gastronomía, de que se ignora nuestra cultura (la prehistoria, el arte asturiano, los monumentos locales), la “sidriña”, “los gaiteiros” (que dicen a veces quienes retransmiten los Premios Príncipe de Asturias), nuestro canto, nuestra lengua…
        Pero, sin embargo, ni hacemos nada por defender todo eso ni por promcionarlo y, sobre todo, no queremos que a nadie (¿de dentro o de fuera?) le pudiese parecer mal que lo hacemos, como en el fondo venía a manifestar la benemérita encargada de turismo.
        “Ya caigo”, exclamo en voz alta, “nuestra identidad es la invisibilidad”. Y entonces se me vuelve a aparecer Abrilgüeyu.
        —No lo es. Vuestra identidad es vuestro amor sin compromiso por lo vuestro, y vuestro pasotismo. No sois más que unos Diógenes a los que les molesta moverse para evitar la sombra que cae sobre vuestro lugar de reposo.
        Hace una pausa y prosigue:
        —Salvo que os toquen la trompeta de la movilización desde Madrid, que entonces os levantáis como se levantarían los muertos el día del Juicio Final: ipsofácticos y radiantes.


Güei, en LNE: Identidad e invisibilidad

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Güei, en LNE: Identidad e invisibilidad

(El carácter de los asturianos).


Güei, en LNE: El Reino sin atributos

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
L'aprecederu

El reino sin atributos

La relación conflictiva de los asturianos con su propia historia

03.09.2018 | 00:08
"Asturias, un Reino de dos siglos", "El nacimiento del Reino de Asturias", he aquí dos títulos claros, rotundos, para celebrar el decimotercer centenario del nacimiento de lo que durante doscientos años fue el Reino de Asturies, en continua expansión, con relaciones comerciales y diplomáticas con Europa. Sin embargo, el lema con que se anunciaba la exposición del pabellón del Principado en la Feria de Muestras tenía algo de confuso: "El Reino que nació en Asturias", como si tratase de proyectarse hacia el futuro del XVI o del XX y de soslayar el hecho central: un Estado, un Reino que duró dos siglos.
En 1999, en Santander, una exposición de Universidad y Gobierno sobre la prehistoria titulaba: "Cántabros, el origen de un pueblo". Años antes, aquí, idénticos organizadores sobre idéntica materia rotulaban: "Ástures, pueblos bárbaros en la frontera del imperio". Lo que va de un título a otro es todo un síntoma de lo que va de un país "normal" a otro donde su intelligentsia tiene una relación particular de odio/recelo/vergüenza para con el territorio donde se asienta. Pues bien, me parece que en la elección del título del decimotercer centenario hay una sombra de esa relación conflictiva con nuestro propio ser e historia.
Contrastando con el vecino pabellón xixonés, donde se homenajeaba a Quini con rotulación bilingüe, el asturiano estaba totalmente ausente en el del Principado, como si nuestra lengua no existiese. 

En LA NUEVA ESPAÑA: Un respeto, señor Sánchez

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

Un respeto, señor Sánchez

La exclusión de Asturias del debate sobre "nación" y "plurinacionalidad"

02.08.2017 | 03:59
Un respeto, señor Sánchez
Ilmo. Sr. don Pedro Sánchez:
Desde que usted ha resucitado, como Lázaro, de entre los muertos anda recorriendo España repartiendo títulos de "nación" a unos y negándosela a otros. Se lo ha dado a Cataluña y se lo ha ofrecido, para Euskadi, a Urkullu, como una bacante. Ya sé que tal calificación ni por asomo piensa dársela a Asturies. Le diré por qué eso es una ofensa para los asturianos, y algo más.
Pero he de hacer patente, en primer lugar, ya no que ni usted ni los suyos saben qué significa el término "nación", como le dejó claro en su día su ahora secretario de Política Federal, Patxi López (¡qué firmeza de principios!), sino que ni siquiera saben lo que quieren decir ustedes cuando dicen "nación" o "plurinacionalidad", términos que eructan a todas horas. He dicho "lo que quieren decir", no lo que quieren hacer, porque eso sí lo saben: no pretenden solventar ningún conflicto colectivo, sino propiciar el acúmulo de votos para ustedes. Es una finalidad particular, no para el interés común.
Pero supongamos que hay un punto de verdad en algunas de sus afirmaciones y que por "nación" quieren decir "nación cultural", como a veces mantienen. Si es así, al excluir a Asturies y los asturianos de esa categoría, cometen un enorme desprecio hacia nosotros.
Asturies es la nación (y el Estado, en su momento) más antiguo de todas cuantas puedan ser en España. Es más, gracias a ella, a la nación y al Reino de Asturies, existen hoy la libertad y la democracia en la Península (y tal vez en Europa), y por ello sus Adriana Lastra o Cristina Narbona no han de llevar el pelo oculto en público (o cosa tal vez peor) y pueden ser, en igualdad con usted, personajes públicos en representación de la voluntad popular. Y, por darle alguna información más: el Poema de Almería (en torno a 1147) señala que acude al combate "la nación asturiana" con sus tropas, junto a otras del Reino; la Crónica Pelayana afirma que los asturianos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios ("Escoyó Dios Asturies y per tol redol d'Asturies punxo unos montes firmísimos, y ye'l Señor el protector del so pueblu dende entós, agora y mientres el mundu durar"); el testamento del Rey Casto proclama que la victoria de Pelayo "defendió enalteciéndolo al pueblo asturiano y cristiano" (asturiano, no otro). Y, finalmente, en la construcción de la Muralla de Adriano (siglo I) en Inglaterra, se halla el Ala Primera de los Ástures ("Asturians", escriben los historiadores ingleses) en lo que es hoy Benwell, y la Segunda de los Ástures, en el actual Chesters. Significativamente, la Primera Cohorte de Hispanos ("Spaniards") tiene su ubicación en otro lugar de la misma línea defensiva. ¿Más identidad nacional?
Y en lo referente a otros aspectos culturales: es tanto o más el milagro de nuestro arte asturiano que cualquier otro; nuestra gaita que cualquier txistu; los melismas de nuestra tonada que los de cualquier otro canto; nuestra bebida nacional y el arte de escanciarla, singulares, etc. Tenemos nuestra lengua como otros territorios; nuestra literatura viene cultivándose desde el XVII sin interrupción. [.................................................................................................................................]

El PAS exige al PSOE respeto a los asturianos

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(En La Nueva España)

El PAS exige al PSOE "respeto" a Asturias, "la nación más antigua de España"
Oviedo, V. M. 23.07.2017 | 03:42
El Partíu Asturianista (PAS) acusó ayer al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, de "marginar a Asturies" al proclamar que "existen en España territorios que son naciones y otros que no". Los regionalistas resaltan que Sánchez "ya ha proclamado dos naciones, Cataluña y Euskadi, pero naturalmente no piensa incluir en ese concepto a Asturies".
El partido, que otrora tuvo representación parlamentaria en la Junta General del Principado, aseguró por medio de un comunicado que "Asturies es, en lo político, la nación más antigua de la Península. Y, por su arte, por su folklore, por su música, por su patrimonio, su lengua es equiparable a cualquier otra, sino de más entidad".

Para los regionalistas, el único propósito del PSOE de Pedro Sánchez es "encumbrar a unos territorios como naciones y postergar a Asturias, lo que constituye un desprecio a los asturianos y una falsificación de la verdad histórica". El PAS cree que el objetivo será "dotar de más financiación a ciertas comunidades autónomas y menos para el común de los demás territorios", lo que constituye "un ataque directo a los intereses de los asturianos". El PAS denuncia además "el entusiasmo con que la FSA, desde Adriana Lastra a Adrián Barbón apoyan y defienden esa política antiasturiana".

Cambiar el software

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Artículu íntegru. Asoleyóse nel suplementu extraordinariu de La Nueva España del 19/12/2016, con motivu de los 80 años del periódicu.

      CAMBIAR EL SOFTWARE


               Modificar nuestra mentalidad colectiva (nuestras cabezas) es, a mi juicio, el mayor desafío que tiene nuestra sociedad. Porque es nuestra mentalidad colectiva la que impide, en muchas ocasiones, que puedan ser planteadas las soluciones adecuadas o la que hace que las acciones que se emprendan no sean plenamente eficaces.
               Dos son fundamentalmente las peculiaridades de nuestra forma de ver el mundo y de estar en él que resultan negativas: nuestra escasa conciencia colectiva de asturianidad, nuestro escaso aprecio por lo nuestro y los nuestros; la segunda, una concepción del mundo que tiende a mirar hacia atrás en vez de situarse en la realidad del presente y que, a su vez, tiene mucho de mentalidad mágica.
               No creo que nadie discrepe de nuestra escasa capacidad para apreciar y valorar lo nuestro y los nuestros y, en consecuencia, para hacernos oír. No me refiero aquí, créanme, a un asturianismo político, sino a algo más simple y cotidiano. Por ejemplo, a la admiración y respeto que profesamos a quienes vienen de fuera y al escaso aprecio que manifestamos hacia nuestros vecinos en cualquiera de sus saberes o negocios. Esa falta de empatía hacia lo asturiano tiene decenas de manifestaciones que tienen que ver con el negocio o con el empleo. No hay, por ejemplo, nada más desconocido para muchos asturianos que la propia Asturies. Los ejemplos podrían multiplicarse: salgan ustedes fuera y no habrá restaurante en que no le sirvan las aguas del lugar, aquí eso es muy difícil. Y lo mismo ocurre con la apreciación de nuestra cultura, desde la contemporánea a la prehistórica, o con la historia de nuestro Reino y nuestro arte asturiano, que no somos capaces de convertir en un imán para el turismo, entre otras cosas porque lo valoramos nosotros en poco. ¿O qué decir del turismo interior?
               Y, hacia afuera y en lo político, eso nos hace daño. No se trata de que haya aquí más o menos inversiones, o de que las obras se dilaten en el tiempo de forma inaceptable: en esas materias todo el mundo tiene agravios. Pero lo que sí es cierto es que nuestras formaciones políticas tienden a apoyar, por “razones de Estado”, decisiones que benefician a otras comunidades y que a nosotros nos perjudican. Y en lo interior, se pactan o se dejan de pactar unos presupuestos en función de los eventos de la política estatal. Que no exista entre nosotros esa conciencia de comunidad facilita que los ciudadanos no exijan otro comportamiento a los partidos y que se acepten esas decisiones perjudiciales.
               (Todo ello es compatible, cómo no, con que miles de asturianos amen la gastronomía de su concejo, la virgen de su pueblo o las patatas de su campiña. Pero ese amor, ese asturianismo, es intrascendente, y no se convierte en un actuar que supere el valle o la ciudad).
               El segundo de los vectores que convendría modificar sería el de lo que podríamos llamar una visión del mundo que es a la vez “orfeíca” y “moiseíca”. Orfeíca, en cuanto que mira hacia atrás en vez de hacia delante y, olvidando cuál es el mundo contemporáneo, sus innovaciones tecnológicas y la interdependencia entre países, sigue viendo la realidad como si el país viviese todavía en un ámbito semiautárquico donde las decisiones económicas y empresariales dependiesen casi exclusivamente del Gobierno. Moiseica, en la medida en que no se entiende que no existen derechos que consistan en devengos si no existen ingresos, y que piensa que no hay más que exigir para que, como el maná, el dinero descienda desde el cielo; sin entender que el exceso de hoy ha de pagarse mañana, no sólo en dinero, también en paro. Esa mentalidad tiene como consecuencias prácticas el ocultar o hacer de menos todo lo relativo a la iniciativa privada, y en dificultar muchas veces, por vías variadas, el crecimiento económico.              

               No se me escapa que es ese un mal común en España, y aun en gran parte de Europa, pero aquí, en Asturies, esas mentalidades tienen un peso especial por nuestra historia económica minera e industrial y por el volumen de la empresa estatal con Franco. Además, desde la Transición, esas mentalidades se han constituido como dominantes, tanto en el discurso colectivo como en lo que podríamos denominar la ocupación de los medios, constituyendo en estos un relato, sino exclusivo, sí al menos predominante y, desde luego, reduccionista. Y en todo caso, sean cuales sean las manifestaciones de esos males fuera de nuestras lindes, lo que a nosotros nos deben preocupar —y lo que debemos solucionar— son nuestras cosas.

Güei, en LNE: Valle Roso: síndrome y símbolo

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
L'aprecederu

Valle Roso: síndrome y símbolo

Reflexiones sobre la necesidad de que nuestro canto tradicional discurra por España

10.08.2016 | 03:45
Valle Roso: síndrome y símbolo
"Es el momento de que la tonada salga de Asturies", declaraba a LA NUEVA ESPAÑA la extraordinaria cantante Marisa Valle Roso, con ocasión de su participación en el Festival Internacional del Cante de la Mina, en Murcia. No se refería exclusivamente la artista a su participación en el encuentro, sino que encuadraba la expresión en la necesidad de que nuestro canto nacional discurra por España, lo mismo que hacen otros cantes locales, como el flamenco.
Es cierto que la canción asturiana, especialmente en los concursos, tiene mucho de reiterativo, como lo es, asimismo, que por diversas razones, musicales unas, de prejucios sociales otras, resulta indiferente o antipática a muchos asturianos. Pero no cabe duda, asimismo, de que, en sus diversas variantes, constituye una forma musical excepcional y contiene piezas de un lirismo o un dramatismo excepcionales. La renovación, además, que las nuevas generaciones han introducido en los modos de cantar y en la presencia escénica ha venido a revalorizarla y a eliminar en parte aquella monotonía.
Pero lo esencial de la declaración de Valle Roso es que constituye una especie de símbolo general de lo que Asturies ha de hacer consigo misma en todos los terrenos [...........................................]

Güei, en La Nueva España: ¡Hay patria!

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

 

¡Hay patria!

Una llamada al optimismo y a mejorar la autoestima

15.08.2015 | 05:31
¡Hay patria!
Acabo de releer la primera parte del Don Quijote. En asturiano, esta vez. Y puedo decirles que con tanto o más agrado que en castellano, y con la misma sencillez o dificultad que la obra cervantina en su lengua original. Les pongo un breve ejemplo, el comienzo del famoso discurso de Alonso Quijano a los cabreros sobre la Edad de Oro:
[.......]
La traducción, créanme, es una maravilla: compleja, sencilla directa. [...]
Dirán ustedes, y con razón, que un par de magníficas versiones al asturiano no justifica un título tan altisonante como el de este artículo. Es cierto, repito, pero es que estos dos ejemplos de magnífico y esforzado quehacer -sin compensación alguna material, por otra parte- me han llevado a pensar en cuántos de entre los nuestros, individuos o empresas, sobresalen de lo común y tienen una ejecutoria extraordinaria en su campo, aunque, por lo demás, pasen inadvertidos muchos o sean casi desconocidos para la opinión pública......
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CONTRA LA EXISTENCIA DE ASTURIES

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            CONTRA LA EXISTENCIA DE ASTURIES (22/09/2005)

En los primeros años de nuestra era, a lo largo de la muralla de Adriano, que separaba la Britania romanizada de lo que hoy es Escocia, se disponían una serie de guarniciones militares, de las que tenemos noticia a través de diversas fuentes. Entre aquéllas, la llamada Ala Primera de los Ástures (“Asturians”, escriben los historiadores ingleses) en lo que es hoy Benwell; la Segunda de los Ástures, en el actual Chesters. Significativamente, la Primera Cohorte de Hispanos (“Spaniards”) tiene su ubicación en otro lugar de la misma línea defensiva. (No puedo dejar, por cierto, de anotar que, empujados por la señardá, aquellos antepasados nuestros llevaron consigo a Inglaterra un vástago de su patria, una pequeña enredadera, la Erinus Hispanicus, un endemismo asturiano, cuyos zarcillos esguilen hoy todavía por las viejas piedras de Chesters).
Las actuales excavaciones de La Carisa nos han hecho ver que, algunas décadas antes de la invasión romana, los asturianos poseían (esto es, poseíamos) una fuerte estructura social que les / nos permitió organizar una poderosa y duradera resistencia militar contra Roma. <<La Carisa demuestra que los astures ya tenían identidad social y territorial hace 2000 años>>, dice el General Francisco Ramos Oliver, en declaraciones a la Nueva España, a principios de septiembre.
Ocuparía mucho espacio una brevísima exposición de momentos históricos en que nuestra identidad como pueblo se documenta por propios o ajenos. Dejaré constancia aquí de tres: el Poema de Almería (en torno a 1147) donde se señala que acude al combate <> con sus tropas, junto a otras del Reino; la Crónica Pelayana, para la cual los asturianos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios (<>); el testamento del Rey Casto, que señala que la victoria de Pelayo <> (asturiano, no otro).
De modo que, a lo largo de los siglos, la conciencia de una singularidad de los asturianos como pueblo ha sido siempre una evidencia, tanto entre la gente común como entre los intelectuales. Desde el último tercio del siglo XIX, sin embargo, se suceden proclamas que niegan la existencia de una colectividad asturiana, de alguna singularidad histórica o cultural suya o del derecho a tenerla.
Esos comportamientos se manifiestan de mil modos, unas veces de forma explícita, otros mediante una sutil ocultación de la realidad. Así, frente a la evidencia de La Carisa (y otras muchas) el discurso oficial ha sido siempre –—y sigue siendo— el de que no hubo nunca una Asturies anterior a Roma, sino solo una serie de tribus desagregadas (y borrables, por tanto, del mapa y la memoria sin mayor pena), con el único vínculo común del territorio. Lo ejemplifica perfectamente el comportamiento de la inteligentsia regional a propósito de una exposición organizada durante el gobierno de don Antonio Trevín: Ástures, pueblos bárbaros en la frontera del Imperio, se denominaba. En contraste, una muestra del mismo género en Cantabria llevaba por título el de Cántabros, el origen de un pueblo.
Ese mismo menosprecio o afán por evitar cualquier elemento que pudiese reflejar una consciencia de lo asturiano se hizo patente igualmente en el nulo interés que los ponentes estatutarios tuvieron en cambiar el nombre de “Provincia de Oviedo” por el de “Asturies” (lo propuso quien esto firma) o en los más de diez años en que nuestras mayorías parlamentarias llamaron al gobierno “Gobierno regional”, evitando cuidadosamente el nombre de nuestro país (frente a lo que, por ejemplo, hicieron nuestros vecinos, titulándose “Gobierno de Cantabria”). En el colmo del despropósito, una ciudad, Xixón, levanta una estatua al exterminador y depredador (Augusto), en el entendimiento de que vino a traernos la luz, frente a las tinieblas que ellos (los asturianos, es decir, nosotros) representaban. En otras ocasiones, ese tipo de mentalidad no se limita a ocultar la evidencia o a mistificar la realidad, sino que se entrega a vehementes ataques contra lo asturiano o sus valedores (un ejemplo clásico de ello es Clarín; muestras hodiernas las encontrarán ustedes en su memoria más reciente).
El tipo de gente que se entrega a esa vehemente —y a veces sañuda— lucha contra lo asturiano suele definirse por uno o dos de estos rasgos: pertenecen a las élites intelectuales o de poder que se mueven en el amplio marco del Estado o que aspiran a triunfar en él; no son nacidos en Asturies. Los partidos políticos estatales son una especialización vehicular de estos trabajos de negación de lo asturiano y de estas aspiraciones a borrarnos de la faz de la tierra como colectividad actuante, esto es, como pueblo.
Los bienintencionados podrían pensar (o excusarse con ello los de la cuerda y sus beneficiados) que, a fin de cuentas, esa negación o ese poner en solfa la asturianidad no tiene otro interés que el emotivo, el cultural o el romántico, y que pocos efectos prácticos tiene esa hostil y terca negación. ¿Qué más da, argumentarán, que, por ejemplo, nos llamemos oficialmente Asturias o no? Aun suponiendo que las emociones, la historia, la cultura, el sentimiento y la memoria colectivos no tengan importancia alguna, se equivocan.
En primer lugar, porque podrían citarse muchos casos en que, al hacer tabla rasa de la identidad asturiana (o de sus peculiaridades, si ustedes quieren), se han dañado los intereses concretos de miles de asturianos. Dos muestras nada más: la arbitrariedad de negar un derecho foral asturiano ha damnificado expectativas y derechos de individuos y familias;  igualmente, el hacer tabla rasa de las peculiaridades de nuestro “derecho” en materia de montes ha incentivado la ruina de muchos, ayudado a la despoblación rural, generado desidia en su cuidado, incentivado incendios sin cuento. Perjuicios y agravios múltiples a lo largo de muchos años por el prejuicio de no aceptar la realidad asturiana como es y, por tanto, no defenderla.
Pero es que, además, convenientemente manejada por los partidos centralistas, esa mentalidad ha causado la falta de visión de cuáles son las prioridades asturianas y, por tanto, ha provocado la indefensión o el conformismo colectivo, pretiriendo nuestros intereses en función de los ajenos (videlicet, apoyando las pretensiones catalanistas, que redundan en contra nuestra) o lanzándonos a locas aventuras de sangre como vanguardia cuya realidad pesa poco en la balanza del Estado (tal el 34).
Y, en último término, ¿alguien juzga separable este nuestro caer los últimos tiempos, año tras año, en los parámetros de empleo, actividad económica y bienestar, de esa mentalidad que niega la identidad de Asturies como pueblo, y aun como cosa a considerar en sí, y la somete a intereses y empresas siempre tenidos como más altos o importantes?
No. Quienes niegan o atacan nuestra identidad y nuestra existencia como pueblo no menoscaban un concepto o mancillan una emoción. Su víctima no es el ente  abstracto de Asturies, sino que lo son los concretos e históricos ciudadanos asturianos.


ADDENDA: EN LA DÉCADA DE 850 COMIENZA A HABER UN ÉXODO HACIA ASTURIES DE LOS MOZÁRABES: «Así lo dice expresamente la Rotense al hablar de la repoblación de las ciudades de León, Astorga, Tuy y Amaya Patricia, «de antiguo abandonadas», a las que Ordoño «llenó de gentes, en parte de las suyas, en parte de las llegadas de España». Y esa España, en las crónicas de ese período, era el territorio bajo dominio musulmán». 

UN PICO PARA POCO

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Es un buen pico. Los 213 millones de euros que el Gobierno central debe restituir a las arcas de Asturies, tras la sentencia de la Audiencia Nacional que obliga al Ejecutivo de Madrid a reponer los convenios de los fondos mineros de 2011 que, con motivo de las restricciones del presupuesto para el 2012, se anularon. En principio, pues, una buena noticia para este territorio entre la Cordillera y el Cantábrico.
Ahora bien, esta decisión del tribunal, semejante, por ejemplo, a otras del Constitucional luso declarando ilegales medidas económicas del Gobierno de aquel país atingentes a la paga de los funcionarios y jubilados y a algunos recortes en el seguro de desempleo (no olvidemos que en las fechas sobre las que actúan las sentencias, España, con un déficit del 11%, estaba a punto de ser intervenida, y que Portugal estaba aplicando mandatos de la UE a cambio del crédito que le habían concedido) nos incitan a realizar una profunda reflexión sobre la democracia, la administración de justicia y la realidad. En primer lugar, ¿deposita el ciudadano su parte alícuota de soberanía en los parlamentos y los gobiernos o en los tribunales? En segundo lugar, ¿existen derechos sobre devengos cuando no existe la riqueza que pueda satisfacer esos derechos? Porque es obvio que, en situaciones de normalidad económica, los tribunales están para exigir el cumplimiento de los acuerdos y los derechos, así como otros elementos de justicia política y moral o social. Pero y en situaciones de grave riesgo o quiebra del Estado, es decir, de su economía, ¿también? Los tribunales deciden sobre a quién ha de darse dinero y a quién no puede quitarse, ¿pero dictan ellos, asimismo, de donde sale la riqueza o cómo se produce? Imaginemos un caso extremo de quiebra del Estado, por la razón que fuere, catástrofe, guerra, aislamiento, ¿seguirían dictando los tribunales obligaciones fiduciarias sobre los derechos escritos en la Constitución o en las leyes particulares? ¿Debería el Estado en ese caso emitir belarminos para hacer como que cumplía?


Pero vayamos  a nuestros 213 millones de euros restituidos. En principio representan un motivo de satisfacción. Pero cuando contemplamos de cerca la cuestión, la alegría queda notablemente mermada. Pues si repasamos la lista de los proyectos a que van a destinarse esos fondos, encontramos un número escasísimo de actuaciones que vayan destinadas a lo que era el objetivo fundamental de aquellos fondos: la generación permanente de actividad económica y empleo. Y, efectivamente, encontramos vestuarios para un campo de fútbol y otras instalaciones deportivas, dinero para el Ecomuseo del Valle de Samuño, muchos paseos peatonales y actuaciones urbanísticas, junto con saneamientos, algunas carreteras, y un puñado de obras sin las cuales se podría haber pasado magníficamente. Esto es, nada que no hayan venido siendo hasta ahora esos dineros procedentes del Estado (como otros provenientes de Europa) con destino a las comarcas carboneras: útiles para hacer la vida más agradable a los ciudadanos en sus viviendas o entorno; necesarios para mejorar o constituir algunas infraestructuras; innecesarios, costosos o inútiles, otros; unos pocos, adecuados a su fin; todos ellos, aprovechados para retener o ganar votos municipales, autonómicos o estatales y mantener una red clientelar.
Pero el fiasco principal de esos dineros es que poco ayudan a resolver el problema principal de Asturies, que es un problema de muy distinta índole: no solo nuestra incapacidad para crear actividad económica y empleo (recuérdese que, en los mejores tiempos del pasado, rondamos los setenta mil parados): impuestos altos (tanto los municipales como los autonómicos, piénsese en el «céntimo sanitario» o en nuestro IRPF), que entorpecen a las empresas y cargan en exceso a los individuos; dificultades de toda índole para crear empresas o para funcionar las mismas; dilación en los plazos de resolución de la Administración; despilfarros en las obras gestionadas por los sucesivos gobiernos; ocurrencias variadas, que van desde la puesta en marcha de obras disparatadas en su concepción, como la de El Musel, a prohibiciones de todo tipo para los habitantes de las zonas rurales, tal como la de la normativa de espacios protegidos, actualmente en trámite, semejante a otras del pasado; ausencia de presencia social de la empresa media y pequeña.
En general, parece que la política de los gobiernos asturianos (casi siempre socialistas, pues la asombrosa capacidad de la derecha asturiana para dividirse como las amebas —que se destacará, sin duda, en los anales—, la ha incapacitado para períodos largos de Gobierno, ¡y la que te rondaré, morena!) consiste únicamente en recaudar y en gastar lo más posible en el ámbito de los servicios y de la asistencia social, dejando para el Gobierno central las cuestiones efectivas en el ámbito de la economía, sin tener en cuenta, además, las repercusiones negativas sobre el empleo de la maximización de sus prioridades políticas.
Lo endemoniado es que, además, existe en Asturies un amplio consenso social y mental en nuestra forma de ver el mundo. Sindicatos y partidos de izquierda son su punta de lanza, pero una parte no pequeña de la derecha y de los «ciudadanos neutros» forman parte de ella: esa idea de que nosotros no somos los responsables de lo que nos pasa; de que todas nuestras carencias son una injusticia que se nos ha de reparar; de que el Estado ha de subvenir siempre a lo que necesitemos o se nos ocurra pedir. Todo ello, unido todavía a un escaso aprecio por la iniciativa empresarial y un cierto menosprecio por la excelencia; pero pensando que somos nosotros lo moderno y lo normal, y el resto del mundo, lo arcaico y lo atrasado.
Por ahí anda nuestra extravagancia histórica, algo que perciben al instante nuestros visitantes. Por eso, el pico de los 213 millones, como cualquier otro pico, será siempre poco pico, aunque algunos den mucho el pico por el logro.


Una visión d'Asturies fai 50 años

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Documental de 1963. Paga la pena velu, polos datos, pol tonu, pola voz, pol pasu'l tiempu que pasó y pol que nun pasó:


GRANDEZA Y MISERIA DE COVADONGA

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Sobre Covadonga podemos fijar la mirada de muchas maneras: patrióticas, religiosas, históricas, contemporáneas. Veamos algunas de ellas.

La primera y más notable es sin duda la relacionada con el primer rey asturiano, Pelayo. En el entorno de Covadonga debió darse un encuentro de mayor o menor intensidad entre las tropas mahometanas y un grupo de asturianos que se oponían a su pretensión de dominio. Ese lance de armas supuso, en primer lugar, un freno a la expansión de los árabes y el islam. En alguna medida, pues, constituye un episodio fundamental en la construcción de la Europa moderna. De forma más inmediata, las consecuencias del choque suponen la gestación del estado o reino asturiano, que, durante más de un siglo, creará su propio arte, crecerá hacia el oeste, el sur y el este, hará nacer el potente foco religioso de Santiago de Compostela y, ulteriormente, verá surgir en su frontera oriental el condado de Castilla, el territorio que constituirá el eje futuro de la política española. La conciencia de esa singularidad histórica de comienzo ex novo la subrayan los asturianos inmediatamente posteriores. Así, la Crónica Pelayana, para la cual los asturianos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios («Escoyó Dios Asturies y per tol redol d’Asturies punxo unos montes firmísimos, y ye’l Señor el protector del so pueblu dende entós, agora y mientres el mundu durar»), o el testamento del Rey Casto, que señala que la victoria de Pelayo «defendió enalteciéndolo al pueblo asturiano y cristiano» («asturiano», no otro).

Desde el primer momento, pues, Covadonga presenta la conjunción de lo político y lo religioso, aunque, en la práctica, el significado político del lugar no se tradujese en el boato monumental y la trascendencia social que acompaña a otros centros religiosos de condición excepcional, y menos a los que unen a su carácter religioso una impronta política. Puede, al respecto, percibirse una cierta decepción en las palabras de Ambrosio de Morales durante su visita en 1572 al lugar o recordarse la exclamación del obispo Sanz y Forés en el XIX: «¡Pero esto es Covadonga?». Pues en efecto, es únicamente con Carlos III cuando los ilustrados, embarcados en un proyecto de enaltecimiento de España, comienzan a pensar en dotar a Covadonga de suntuosidad monumental, al tiempo que tratan de convertir en emblema del origen de lo español a Pelayo y Covadonga. Ahora bien, no es hasta el último tramo del XIX, con la restauración canovista —con nuestro Alejandro Pidal y Mon por el medio, así como Roberto Frasinelli y el ya citado Sanz y Forés— cuando se pone en pie la actual basílica y se engrandece el entorno de la cueva.

Pero es que tampoco desde el ámbito estrictamente eclesiástico recibe Covadonga una atención exquisita, pues es solo en 1873, con el papa Pío IX, cuando la diócesis adquiere misa y oficio propios de Nuestra Señora de Covadonga, y es en esa fecha cuando se señala el 8 de septiembre como la de la festividad. También en ese momento se concede la indulgencia plenaria a los fieles que ese día o los ocho siguientes visiten la capilla de la cueva. No debe olvidarse, además, que aun hoy en día, y pese a su conocimiento y significación, Covadonga compite en «popularidad» con muchos otros santuarios locales a lo largo de todo el país, muy notablemente, el propio 8 de septiembre.

Aunque en otro orden de cosas, Covadonga establece a su alrededor otro espacio de sacralidad, el de la sacralidad de la naturaleza, si es que se acepta el concepto, con la creación del primer parque nacional de España.

Ahora bien, al margen de lo antedicho, la célula madre del Reino Astur es asimismo paradigma o espejo de la propia tierra. La incapacidad de hacer de ella un potente emblema de lo colectivo; la desatención que padeció durante tantos siglos; la competencia con otros santuarios locales, tan característica de nuestro fraccionamiento como país, de esa miopía que nos impide ver más allá de nuestro valle o concejo, en lo interior, pero percibir agigantado lo exterior; incluso, en el ámbito medioambiental, el disparate de la ampliación y gestión del parque para seguir discursos foráneos, perjudicando, como consecuencia, a paisanos y vecinos; todo ello es tan asturiano, tan nuestro, que, aunque solo fuese por ello, habría que ver a Covadonga como el más entrañable de nuestros yos.

¿He dicho «la desatención que padeció durante tantos siglos»? He dicho mal, no es únicamente pasado, es presente. Descuidada en los servicios para los visitantes, con una terrible dejadez en los caminos para llegar a ella y en su entorno, convertidas las promesas para su mejora en otras tantas de les «pómpares de xabón» a que la Administración asturiana nos tiene acostumbrados, desaprovechados el santuario y su entorno para nuestra promoción turística o para contentar adecuadamente a los visitantes, hoy mismo el viajero sufre ante ella la decepción de Ambrosio de Morales y podría exclamar las mismas palabras de Sanz y Forés arriba citadas: «¡Pero esto es Covadonga?»

Pues sí, efectivamente, es Asturies.