Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Mostrando entradas con la etiqueta conservadurismu d'izquierdes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conservadurismu d'izquierdes. Mostrar todas las entradas
Como una mazanina agurriada
(Ayer, en La Nueva España)
COMO UNA MAZANINA AGURRIADA
Al margen de gestionar los servicios con más o menos eficacia, ¿a qué se dedican nuestros diputados y los partidos en que se encuadran? ¿En qué ocupan el tiempo, dejando a un lado las horas y esfuerzos, no escasas las unas ni pequeños los otros, que emplean en arremeter contra los rivales?
Déjenme visualizar una panorámica de nuestra evolución temporal y de nuestra situación. En titulares: “Asturias perdió en los últimos veinte años a la mitad de los jóvenes de 20 a 39 años. El Principado encabeza la caída a nivel nacional”. “Avilés y Gijón son las ciudades de España con menor tasa de actividad tras Ferrol”. (No hace falta recordar que ambas ciudades son el corazón de los dos concejos más industrializados de Asturies, las dos, además, con el plus de la actividad portuaria).
Sigamos: “El Principado, la comunidad que menos empleo creó en los últimos diez años. La ocupación mejoró el 10,44% en Asturias, casi un tercio de la media española”. La respuesta al esfuerzo inversor: “Asturias flaquea en transformar la inversión pública en impulso económico. Los estudios señalan que la actividad privada no acompaña al esfuerzo en infraestructuras, que tienen rendimiento decreciente en el PIB. Por cada millón en obra pública, la inversión privada en Asturias es menor que en España. La comunidad es la décima en competitividad pese a ser la cuarta con más equipamientos”. “La producción industrial asturiana sigue en caída pese a reabrir el horno de Arcelor. El desplome en generación eléctrica, tras el repunte del carbón en 2022, y los recortes en plantas químicas y de alimentación explican el retroceso”. “Desaparecen mil autónomos al año. En los próximos cinco años se jubilarán 30.000”.
Un apunte más, las palabras de Juan Ignacio Muñiz, experto universitario: "No recomendaría a los grandes patrimonios establecerse en Asturias". La razón es la tributación. Ya sé que esa cuestión, la tributación de patrimonio y herencias, es un tema controvertido desde el punto de vista ideológico y práctico, pero, en todo caso, no me dirán que ese panorama no ayuda a la inversión.
De modo que, entre uno y otro, entre la evolución demográfica negativa, la emigración de las cohortes más preparadas y en edad de trabajar, la limitada creación de empresas y su parco crecimiento, el decrecimiento en algunos sectores y, especialmente, nuestra paulatina separación del progreso de otras partes de España, vamos quedando como eses mazanes que, cerca ya de la primavera, si aún no inservibles, van quedando agurriadines y con menos jugo y carne en su interior.
Y frente a eso, ¿a qué se dedican nuestros partidos políticos? Pues al margen de lo que les ordenen desde Madrid, o a los grandes temas del momento, como la inolvidable amnistía, a temas que, como el plumero de la Pampa, no tienen solución y no cabe sobre ellos más que palabrería, como el “reto demográfico” o el despoblamiento de las zonas rurales (el natural, que existe un plus no pequeño empujado por las políticas de los gobiernos central, autonómico y de la UE, pero sobre lo que es efecto de sus causas no piensan hacer nada).
Y ahora van a sacar otro artefacto para discursitos, el Estatuto de la Mujer Rural, que busca “promover la igualdad de la mujer en el mundo rural”, que lo mismo pretende acabar con "las brechas de género y económicas a las que se enfrentan las mujeres” que “con la violencia machista". Y es que “sin mujeres no hay mundo rural”, afirmó una capitoste del Ministerio de Agricultura en el acto en que se anunció el artefacto. Las palabras de nuestro “ministro” del ramo, el señor Líndez, no fueron menos luminosas.
Les recomiendo su lectura en la edición en papel de LA NUEVA ESPAÑA del lunes 16 o, en su defecto, en la edición digital: https://www.lne.es/asturias/2023/10/16/normativa-regional-promovera-igualdad-mujer-93377661.html
Por cierto, afirma don José Miguel Bermúdez en en este periódico algo que yo he reiterado muchas veces: “Asturias en ocasiones se resiste a los cambios de forma tozuda”. Es una de las características más destacadas del “genio nacional”, nuestro conservadurismo.
Esa resistencia al cambio me recuerda aquella frase de Cambó: “Hai dos formas de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable”.
¡Hombre!, al desastre no llegaremos, pero así tampoco vamos a ninguna parte.
UNA ENMIENDA DE TOTALIDAD
El Consejo Asesor de Asuntos Económicos de la Presidencia del Principado —formado inicialmente, como los lectores saben, por doce profesionales de la economía y la empresa, de entre los cuales acaba de causar baja, por desgracia, don Luis Martínez Noval— acaba de hacer público un documento sobre la política económica en Asturies. El texto constituye una enmienda a la totalidad con respecto a la orientación económica — es decir, «a la política»— seguida por el PSOE y sus satélites sindicales y políticos desde que gobierna en Asturies. Y eso que entre los miembros que conforman el apostolado de asesores hay muchos próximos a la visión socialista del mundo.
Las ideas fundamentales del documento indican implícitamente, como ustedes verán de forma indubitable, que, hasta ahora, se ha venido caminando en dirección equivocada. «Asturias tiene una necesidad urgente de reorientar sus políticas hacia el dinamismo económico», se afirma; las últimas décadas han alumbrado un «patrón de crecimiento frágil y poco dinámico» que es inaplazable corregir para recuperar la actividad y el empleo y hacer sostenible «un modelo social equitativo, cohesivo y no excluyente», se asevera; debe conformarse, se sostiene, un sector público «más favorable a las empresas y al desarrollo de la actividad económica y productiva».
Y, como consecuencia, se realizan una serie de propuestas que vendrían a contravenir, asimismo, lo que hasta ahora se ha venido realizando o a poner de relieve lo que se ha dejado de hacer: cambiar la política de subvenciones, eliminar los incentivos directos a la contratación de trabajadores (por inútiles y contraproducentes), modificar la legislación para favorecer la competitividad, apostar por las pequeñas y medianas empresas y por el capital endógeno, favorecer la exportación y la capitalización de las pimes, estimular la mejor gestión del sector primario y especialmente de ese bien muerto que son nuestros montes. Y, en otros ámbitos, modernizar la administración y hacerla más eficaz; propiciar la formación profesional dual, ligándola al empleo.
No es una cuestión menor la crítica radical que de ese entremés costumbrista llamado «Concertación social», de que tanto se jactan nuestra fuerzas vivas (dicho sea el sintagma sin malicia alguna), hace el Consejo Asesor. Así, afirma que hay que «reorientar la concertación social regional» de forma que, en vez de dirigirse —como hasta ahora— a políticas fundamentalmente de gasto e inversión públicos, tienda a promover medidas que permitan al tejido económico asturiano avanzar en la dinamización, la flexibilidad y la competitividad. Y, de la misma manera, afirma que la concertación «compromete en exceso el margen presupuestario».
Señalemos, en primer lugar, que el análisis y las soluciones propuestas no constituyen ninguna novedad, ni siquiera una adaptación a los tiempos actuales de recetas del pasado. Algunos llevamos viendo las cosas de esa forma desde, al menos, tres décadas. Con respecto a la concertación social, hemos dicho desde siempre que es un acto democráticamente anómalo, tanto por su propia dinámica —que no dudamos en calificar de «primorriverismo»— como por su orientación y contenidos e inutilidad. Sobre algunos aspectos se ha pronunciado, piadosamente, el comité de sabios citado. Permítanme ahora invitar a una reflexión sobre sus efectos: si Asturies ha sido, de nuevo, la comunidad que más medallas ha ganado en horas de trabajo perdidas, en huelgas y manifestaciones, ¿cuál es exactamente la contraprestación sindical a cambio del dinero presupuestario sobre el que deciden y en el que participan año tras año?
Podemos ahora hacernos una pregunta sobre el futuro. ¿Tendrán las recomendaciones del Consejo alguna influencia advertible sobre la política económica en el futuro? Tengo grandes dudas. Les explico por qué.
La situación de nuestra economía, el progresivo deterioro de nuestra posición con respecto a otras regiones, nuestra escasa tasa de actividad, nuestro alto paro, la emigración juvenil, la exigua incorporación de la mujer al trabajo, nuestra enteca capacidad de innovación y exportación no son ni cuestiones de coyuntura ni fruto exclusivo de nuestra estructura productiva originaria: tienen una importante componente debida a las políticas retardatarias y a contracorriente de la realidad y del mundo que el cometa formado por el núcleo PSOE y la cola que sigue su rastro han venido practicando y predicando a lo largo de tres décadas largas.
Esa práctica y esa prédica, de un lado, han conseguido el que se haya instalado en una parte importante de nuestra sociedad una conciencia alucinatoria, que entiende que no son esas políticas contracorriente las culpables de la variable asturiana de las causas del desastre, sino, precisamente, la minoración de las mismas, la necesidad de intensificarlas e incrementarlas lo que impide que nuestra economía mejore, se modernice y cree empleo y riqueza. De otro, han conseguido un entramado de intereses institucionales y económicos, una numerosísima red clientelar y de empleo, cuyo objetivo es obviamente su supervivencia como superestructura, pero cuya pervivencia solo está garantizada si la mayoría de la sociedad —beneficiarios y víctimas— sigue creyendo que las únicas soluciones posibles son las que ellos predican (esto es, aquellas que precisamente han causado una parte importante del daño) y que, por tanto, solo ellos, los beneficiarios de la superestructura de poder, de intereses y clientelismo, pueden garantizar que, al menos, las cosas no vayan aún a peor.
Al retirarse, don Ángel Villa —con el que mantengo un cierto afecto de quinta, pese a radicales discrepancias con respecto a su política—, ha dejado el encargo: «Asturias necesita una huelga general». ¿Contra los suyos, que gobiernan? ¿Contra Ángela Merkel, que qué diablos le importa? Para mantener encendida la alucinatoria fe de los suyos. Tan sencillo, tan tradicional, tan exitoso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

