Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
LAS PRIMARIAS Y EL AGUA DE SIERO
(Ayer, en La Nueva España)
LAS PRIMARIAS Y EL AGUA DE SIERO,
Leo en El Confidencial las confesiones de dos próceres socialistas sobre el proceso de primarias. El primero, Manuel Cruz, filósofo y expresidente del Senado, afirma que "no ha conducido a más democracia interna, sino a menos por la falta de mecanismos intermedios que permitan el control de sus dirigentes”. El segundo, el propio ideólogo de las primarias en el PSOE, el gaditano Vargas Machuca, admite que se equivocó y que el modelo no solo no limitó el clientelismo, sino que lo aumentó: "Se ha entronizado el cesarismo, el caudillismo y el decisionismo del secretario general como nunca”.
A quienes siempre hemos criticado las primarias -en cualquier partido- como forma de elegir al número uno -ya existen los congresos y las alternativas entre candidaturas con programas diversos para que los militantes puedan seleccionar-, no nos extraña nada el resultado del proceso, lo que nos sorprende es la ingenuidad de los proponentes y los babaeantes.
La designación del número uno directamente por los militantes elimina los contrapesos de la elección en una candidatura cerrada o mediante un grupo de personas que tienen la capacidad estatutaria para ello. El mecanismo de primarias abre la posibilidad del caudillismo y elimina los frenos y limitaciones institucionales de los otros sistemas.
Pero, además, en las elecciones del “uno” suele operar el síndrome Barrabás (“¿A quién queréis a Jesús o a Barrabás?”), y los militantes tienden a votar a aquel que promete más (por imposible que sea), es más radical o es capaz de apelar con más eficacia a las emociones de los votantes, cosa no muy distinta, por cierto, de la actitud general de una enorme proporción de ciudadanos en cualquier elección.
Ya dijo en su día, por cierto, Winston Churchill que la democracia es el peor de los sistemas de gobierno, excepto todos los demás que se han probado. La frase apunta, sin duda, al problema de la condición de nosotros mismos, de los ciudadanos, como votantes, a nuestras pasiones, nuestra ceguera, nuestras limitaciones. Como yo señalo a veces en internet cuando veo campos y playas llenos de basura tras un festejo, “todos votan”, y, seguramente, habría que oír a esos dejabasuras despotricar sobre esto o aquello u opinar sobre el mundo o sobre los demás.
Se ha convertido en una moda vehemente el abrir cauces de participación ciudadana ante las instituciones públicas. Pues bien, yo también soy en esto muy escéptico por múltiples razones, la primera, porque, aunque parece que se abre al “demos” la participación, se abre en realidad a muy pocos, pues resultan escasos los que participan y son, en general, activistas de una determinada orientación o dedicación. En segundo lugar, porque el buscar sabios y sabiduría fuera de la Administración me parece un fraude: los partidos se presentan con un programa, las instituciones tienen unos presupuestos aprobados -¡ejem, ejem!-, los planes y proyectos cuentan con los funcionarios y técnicos correspondientes, etc. Si ello no garantiza la idoneidad de una actuación, ¿qué la garantiza?
Actualmente, el Ayuntamiento de La Pola proyecta privatizar el servicio de aguas a cambio de una serie de inversiones que realizaría la empresa que de ello se hará cargo. La mayoría de la corporación municipal ha realizado un estudio, hecho unos cálculos de costos, tanto de inversiones como de mantenimiento a largo plazo, y, según afirman, la opción elegida supondrá, además, un menor costo en el recibo del agua para las casas.
A la resolución mayoritaria del Ayuntamiento se han opuesto los de la religión de lo público, que han llevado el asunto a los tribunales, al igual que llevan, y por idénticos motivos, las universidades y los hospitales privados; el PP se ha opuesto con una patina fuera y otra dientro. Desde fuera del consistorio lo ha hecho la plataforma “Siero por el agua”.
Los integrantes de esta agrupación reunieron un total de 10.000 firmas -número que supera el que se requiere en el reglamento municipal para una propuesta de consulta popular-, a fin de que se realizase un referéndum sobre la privatización, pero la mayoría plenaria no dio el visto bueno a la demanda. Una y otra, propuesta y votación negativa, según lo reglamentado.
Yo quiero pensar que, a través de esa plataforma, los ciudadanos que demandaban un referéndum tenían realizado minuciosos estudios sobre costos, inversiones, mantenimiento a largo plazo, etc. Ahora bien, ¿pensaban someter la consulta sobre el agua al pueblo como la elección entre dos alternativas económicas, con los datos minuciosos de cada una de ellas, pues de eso se trata, en realidad, la cuestión, o iban únicamente a plantear el debate emocional entre público y privado?
Y, aparte de la complejidad de la cuestión, ¿cuántos polesos pensaban que participarían en la decisión y con qué dotación de estudio y valoración de los términos del dilema?
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