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Concierto y desconcierto de los impuestos

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(Esti sábadu, en LNE) CONCIERTO Y DESCONCIERTO DE LOS IMPUESTOS Oigo, pueblo, tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman tocando a impuesto / ya Castejón, ya Barbón. Mayo es el mes de las flores, sí, pero el principal mes del año en que visualizamos qué parte de nuestro trabajo -o de nuestra riqueza acumulada- se nos va de las manos. Es evidente que los impuestos son necesarios, y, en general, justos. Pero la evidencia primera es la enunciada en el párrafo anterior: que es parte de nuestra historia -de la producción material de nuestra historia personal- la que se aliena en los impuestos. La segunda, que algunas decisiones que se toman sobre el destino de esa nuestra propiedad enajenada no son muy adecuadas, son ineficaces o, acaso, injustas o injustificables. Como siempre, en esta época abundan las quejas sobre esa extracción de la propiedad personal, y, en particular, sobre su acrecentamiento progresivo. Les daré algunos datos, que no parecen lamentos puramente personales, sino que tienen razones objetivas. La principal, el excesivo esfuerzo que el tejemaneje impositivo ejerce sobre el trabajo: según la OCDE “España mantiene una estructura fiscal que penaliza en exceso el trabajo, desincentivándolo, y reduce la eficacia de las mejoras salariales”. En concreto: “desde que gobierna Pedro Sánchez (2018) la presión fiscal en España ha estado de forma sistemática por encima de la media de los países más ricos. En 2025, un trabajador soltero y sin hijos soportó una cuña fiscal del 41,4 por ciento de sus costes laborales, frente al 35,1 por ciento promedio de la OCDE. Este diferencial no es menor ni coyuntural: refleja una estructura impositiva que penaliza la generación de renta y limita su traslación efectiva al bolsillo del ciudadano”. Y, de este modo, “España entra en el top 10 de países con más impuestos sobre los salarios”. Y, si quieren más, según el instituto Juan de Mariana, cada 182 euros que paga la empresa por trabajador, solo van a este 100, es decir, el Estado recibe el 45% del salario del trabajador en cotizaciones, IRPF e IVA. O, en términos más recientes, en 2025 la subida de impuestos se comió el incremento de los sueldos. Si vamos a los autónomos -la mayoría de los cuales no son más que obreros sin empleador-, que tienen limitaciones en las prestaciones que reciben por enfermedad o accidente, oímos un clamor de protestas por las subidas, a partir de abril de este año, para los profesionales por cuenta propia con sociedades, así como para sus familiares colaboradores, que en Asturies se estiman en unos 25.155, el 36% del total de activos autónomos. La subida supone un coste adicional de 1.620 euros al año. Lo han calificado de “salvajada”. Para tener una perspectiva temporal de ganancias e impuestos: la Encuesta Financiera de las Familias publicada el 16 de abril por el Banco de España muestra que la renta de los hogares españoles solo superó en 2024 el máximo histórico previo que databa del año 2002. España tardó más de dos décadas en volver a la situación que tenían los hogares hace 22 años. Y podemos pasar del concierto Castejón al concierto Barbón (aprovechando la Oda al Dos de Mayo de Bernardo López García, que arriba parodio). Verán ustedes muchos anuncios y mucha presunción de “la vía fiscal asturiana” y su justicia impositiva. Pues bien, sepan que en Asturies no solo se paga mucho más por donar y por heredar, sino que también la mayoría de las rentas, las que perciben entre 35.000 y 60.000 euros, quedan fuera de las deducciones del IRPF, sobre tributar más por la inflación, ya que somos una de las pocas regiones que no deflactaron el IRPF en el último lustro en relación al IPC, con lo que padecemos una alevosa y silenciosa subida continuada del impuesto. De ese modo, la llamada “vía fiscal asturiana” ha sido calificada de “rimbombante” y tildada de “poco más que un slogan”. Es evidente que todo ello, el concierto castejoniano y barbonino, no solo tiene sus consecuencias, dolorosas, fastidiosas, aunque necesarias en parte, en el bolsillo de cada uno, en la exacción de su historia y su esfuerzo personal, sino en el ámbito colectivo: menor contratación de trabajadores, y emigración, fuera de Asturies, unos, fuera de España, otros. Busquen ustedes esta entrevista con Rubén Cantero García, uno de tantos españoles que se han trasladado a Polonia a trabajar y vivir: "Mi padre era camarero y ganaba más de lo que yo consigo como ingeniero. Pero en España ni tenía trabajo fijo ni podía ahorrar y optar a comprarme un piso. En Polonia sí. Por eso me he instalado aquí y, tal y como están las cosas, no me planteo volver". Denle una vuelta, por favor, a todo el asunto, a lo justo y lo injusto, a lo necesario y lo innecesario, a la realidad y a la propaganda.

RECICLAJE: JUSTOS POR PECADORES

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(Antayeri, en La Nueva España) RECICLAJE: JUSTOS POR PECADORES Las tasas por la recogida de basuras que paga cada vecino, cada chigre o cada empresa vienen subiendo desde hace dos años y van a experimentar para el próximo un alza notabilísima, en algunos concejos, hasta del 100%. En cualquier caso, notabilísima. La razón es que no estamos cumpliendo con las tasas de reciclaje que la Unión Europea exige. En la mayoría de los países europeos el volumen de desechos reciclados es mayor que el que se reutiliza en España, aunque es cierto que en algún país, como Rumanía, la cantidad reciclada es ínfima. De modo que, querámoslo o no, la tendencia de los próximos años va a ser la de aumentar la cantidad de basura recogida y la cantidad de la misma aprovechada, reciclada; del mismo modo, trasladar a los vecinos, mediante la subida del recibo de la basura, lo que cuesta la gestión de esos residuos (obligación de la Unión Europea) y, de esa forma, concienciarlos para que produzcan menos desechos y los separen bien, a fin de gestionarlos más fácilmente. Volveremos sobre esta cuestión. Pero por óptimo que pueda ser el tratamiento de los residuos, por más que mejore la entrega de los vecinos y reduzcan en lo posible el volumen de lo reciclable, siempre quedan dos graves problemas por resolver con el conjunto de la basura gestionada por los concejos o por organismos interconcejiles creados ad hoc, como Cogersa: los límites de los vertederos y qué hacer con los combustibles sólidos recuperables (CSR), es decir, aquellos que son susceptibles de una reutilización posterior, especialmente, mediante su aprovechamiento energético. En Asturies sabemos bastante de vertederos. El de Cogersa, en el centro de Asturies y que durante décadas sirvió para solventar las dificultades para el depósito de las basuras por los ayuntamientos y para eliminar los vertederos ilegales, está prácticamente colmatado y creciendo ya en altura: está limitado, pues, y habrá que ir pensando en su futuro. En gran cantidad de países progresistas y civilizados una parte de los residuos se incineran, obteniendo de ellos energía y, por ello, recuperando parte del gasto. Por poner algunos ejemplos, en Europa hay quinientas incineradoras; en el Reino Unido, noventa; once en España, en siete comunidades. En Viena, en plena ciudad, existe una incineradora famosa por su diseño, la de Spittelau. ¿Y en Asturies? ¡Ah, en Asturies! Aquí cierto grupo político y ciertas asociaciones declararon nefasta y nefanda la incineración, así que lo que no ocasiona problemas en otras ciudades y países, aquí sí. Es más, el proyecto de quemar en la transformada térmica de La Pereda (¡ay, el despilfarro de los fondos mineros!, pero eso es otro cantar) los CSR ya anda «pelos xulgaos y pela audiencia», como diría Álvarez Amandi. (Excurso: aquí todo anda «pelos xulgaos y pela audiencia»: las universidades privadas, los hospitales privados, los almacenes de distribución, las plantas de incineración… ¿Quién va a querer invertir aquí?). Los que se oponen a la mayoría de los mecanismos de reciclaje, de recogida, almacenaje o reconversión siempre ocultan un dato: el costo, los dineros que entrañan esas posturas en castigo del bolsillo de los ciudadanos, y, más aún, cuáles son las alternativas, que nunca expresan, más que en la forma desiderativa y milagrera de que los ciudadanos produzcan menos residuos. Y, por cierto, frente a los discursos prejuiciosos contra la incineración y para mostrarles cómo se puede reciclar más y mejor y cómo se hace eso ya, los invito a leer el libro de José Coca Prados Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos [RSU] en una economía circular y sostenible. Es más, pueden descargarlo gratuitamente aquí: https://www.uhu.es/publicaciones/?q=libros&code=1357 Pero toda esta cuestión del reciclaje y el cobro de sus costos de forma visible a los ciudadanos (es decir, directamente en el bolsillo, puesto que indirectamente, a través de los impuestos, ya se paga), en principio, con la intención de hacer ver su realidad e incentivar una mejor separación de los desechos, conlleva, como todos los impuestos, una injusticia, solo que, en este caso, mayor todavía. Ejemplifiquémoslo. Usted es de quienes separan religiosamente sus basuras y las llevan al contenedor adecuado; a veces se desplaza a ellos más de una vez al día. No es usted de quienes los arrojan todos al contenedor más cercano, de forma inadecuada, sin estremar. Y, menos, es de los que depositan en la calle o al pie del contenedor los cartones sin doblar, las sartenes, los zapatos, los muebles, para que los recojan los chicos de las basuras. Bueno, pues es igual, usted pagará lo mismo que el zafio, el ignorante o el desaprensivo que no hace lo que usted, y no me extrañaría nada que, por ello, a usted le entrase en ocasiones alguna duda y se preguntase por el sentido de su esfuerzo. Mientras no se separe monetariamente a los «hijos de la luz de los hijos de las tinieblas», si se me permite utilizar la expresión del evangelista Lucas, habrá siempre una injusticia en materia de reciclaje, una injusticia escandalosa que solo se puede sobrellevar con voluntad y preterición. Sé que existen propuestas para premiar a quienes reciclen bien o más y para que cada uno pague en función de la basura que produce. Pero, de momento, todo esto son especulaciones y discursos. Mientras ese punto no llegue, la injusticia, el trato desigual, continuará, y el responsable será castigado y pagará lo que no hace el irresponsable. De los que gobiernan, desde el Ejecutivo central hasta el último concejo o pueblo, depende. P.S. Señoritos y millonarios de toda Europa -también españoles, parece- iban a Sarajevo, durante la guerra de Yugoslavia, entre 1992 y 1996, a «cazar» seres humanos, a distintos precios la pieza, niños, mujeres o varones, cualquiera de ellos, en todo caso, por muchos miles de euros. ¿Creen ustedes que esta basura humana tiene reciclaje?

Impuestos: las injusticias de su uso

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(Ayer, en La Nueva España) IMPUESTOS: LAS INJUSTICIAS DE SU USO No trataré del nivel impositivo, de la progresión de la presión fiscal en los últimos tiempos o de la fiscalidad en Asturies. Hablaré de otro aspecto de los dineros públicos (que no son otra cosa que impuestos, directos, indirectos o diferidos al futuro): de su uso o reparto. Pero, antes, déjenme decirles una cosa: pago con gusto los impuestos, no tanto por lo que constituye consenso general, como la sanidad o la educación, como por cuestiones más simples y básicas: para no tener que salir de casa en madreñes o no tener que ir por agua a la fuente; en otras palabras, lo que constituye lo más elemental de la vida contemporánea en nuestras sociedades está puesto en pie y mantenido con nuestros impuestos. He dicho con nuestros impuestos, quiere decirse con nuestro trabajo y nuestras ganancias, de donde procede lo que las administraciones recaudan, utilizan y distribuyen. Y es aquí, en estos dos últimos procesos, donde pueden producirse las mayores injusticias y desigualdades. Déjenme afirmar, de mano, que todos los usos y repartos del dinero de los impuestos son desiguales y, por ello, en alguna medida, injustos. Por poner algún ejemplo: la subvención al que compra un coche, procede, en parte de personas que no tienen coche o no pueden tenerlo; en el caso más extremo, las operaciones y medicinas de una gran parte de la población las paga gente que no las sufre o necesita. Y, así, en cualquier concepto o partida que se les ocurra. Es cierto que, en los casos en que la utilización de un recurso o un servicio podría ser de empleo universal, es lógico -e inevitable- que se entienda que ese recurso o servicio «va a ser utilizado» por todo el mundo, y que, por tanto, es general y equitativo. Ahora bien, en muchos otros casos, esa desigualdad o injusticia redistributiva es evidente. Recientemente, el Gobiernu ha anunciado que va a establecer la gratuidad general de las tasas de matrícula universitarias. Contra la decisión se han levantado muchas voces, por estimar que no es justo que se vea retribuido lo mismo el estudiante de una familia con altos ingresos que el de una que tiene menos. Pero el agravio no se comete solo con respecto a las familias que concurren a los estudios universitarios. Se comete también con respecto a aquellos, que por su nivel económico, su cultura familiar u otras circunstancias, no pueden acudir a esos estudios, y, sobre todo, con respecto a aquellas familias cuyos hijos entran directamente al mundo del trabajo. De modo que son esos ciudadanos los que con su esfuerzo y sus impuestos -y la cesta de la compra diaria o el vestido se hacen con impuestos- los que sufragan a los que tienen o pueden más. Desde otro punto de vista, una opción distinta sería establecer un amplio sistema de becas, ligado tanto a la disposición económica como al rendimiento académico, lo que, de paso, impulsaría la responsabilidad, el rendimiento y la ejemplaridad. Pero sospecho que esos valores son hoy vistos por muchos de forma negativa y hasta como «injusta», pues retribuyen el esfuerzo y el rendimiento personales, mientras que la injusticia igualitaria a costa de otros es vista positivamente. (Por cierto, y al respective, la frase de don Guillermo Peláez, conseyeru de Facienda del Gobiernu, de que «todos sabemos que los ricos no utilizan la universidad pública», para justificar la medida «igualitaria» del Ejecutivo, no es más que una babayada que no merece consideración ni análisis). Otra medida de repercusión injusta es la de la tan demandada eliminación del peaje del Huerna. De su desaparición se beneficiarían quienes transitasen por ella, pero las indemnizaciones a Aucalsa deberían pagarlas todos los ciudadanos, quienes transitasen por ella o no, quienes tienen vehículo particular o carecen de él. Cosa distinta -y hay aquí una flagrante injusticia de varios alcances- es que el Gobierno progresista-sanchista haya liberado en España, desde 2018, 1.000 kilómetros de autopistas de peaje y que, ¡oh, sorpresa!, la mayoría de esas liberaciones hayan ido a parar a territorio catalán. Por cierto, se habla mucho de los incumplimientos de unos y otros con respecto al Huerna, y se recuerda que en 2004 Zapatero prometió en Asturies quitar el peaje. Pues bien, no sé de qué se lo acusa, lo hizo: trasladó la cabina del cobro de Campomanes a La Magdalena. La lista de esos agravios donde unos disfrutan de beneficios que sufragan otros que no pueden disfrutar, y lo hacen con su trabajo y sus impuestos, es amplia. Por solo citar algunos: el bono cultural de 400 euros para jóvenes, a fin de que compren libros, vayan a conciertos u otros ocios, o las subvenciones para la preparación de oposiciones. ¿Y el que no tiene estudios, o carece de capacidad para ello? O el no va más, la desgravación que proyecta de Junta de Andalucía para determinados gastos de quienes tengan mascotas.   «En este mundo solo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos», decía Benjamin Franklin. Pueden añadir: «pagar lo que disfrutan otros» y «subvencionar la captación de votos de los gobiernos».

Impuestos, empreses y socialistes

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Agora que falamos d'impuestos. Cuando negociamos col Gobiernu Marqués los presupuestos, pactamos y conseguimos una rebaxa del 25% del IAE (impuestu d'actividaes económiques), qu'afecta, como se sabe a autónomos y empreses, porque entendimos -y entendemos- qu'hai qu'estimular los negocios y, polo tanto, la creación d'empléu. Duró dos años. En llegando Areces, lo primero que fizo fue esaniciar esa rebaxa. El que tenga oreyes p'atolenar qu'atolene (que diz la versión del Evanxeliu San Matéu al asturianu del arzobispu Manuel Fernández de Castro, don Manolín).

Un cuentu asturianu

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU UN CUENTU ASTURIANU Yera una vez un Gobiernu que presumía de que los sos impuestos yeren especialmente afalagadores pa les clases medies y baxes. El Gobiernu mirábase toles mañanes al espeyu y dicía-y: “espeyín, espeyín máxicu, ¿habrá daquién nel mundu más progresista y mirador polos trabayadores que yo?”. Pero, d’esmenu, el sueñu esvanecióse. Como na décima calderoniana, “mas al volver la cabeza, halló la respuesta viendo” qu’otru Gobiernu, tamién socialista, el catalán d’Illa, baxaba los impuestos más qu’él. La rebaxa illesca dexaba a Asturies colos tipos más altos (10%) pa les rentes más baxes. Y anque’l Presidente siempre presumía del progresismu socialista y sopelexaba que “la vía fiscal asturiana favorecía a ocho de cada diez contribuyentes”, viéronse obligaos a anunciar inmediatamente que poníen en marcha "una modificación de los tramos [del IRPF] para beneficiar fiscalmente a la mayoría social, a las clases medias y trabajadoras". Bien, y al marxe de lo que sea la nueva fiscalidá más progresista (pal 2026, ver veremos), dalgunes verdaes de lo qu’hai: la fiscalidá asturiana beneficia malapenes a cinco de cada diez contribuyentes, non a diez. Hai 26 tipos de deducciones autonómiques, la mayoría son pa situaciones mui rares (por exemplu, si’l primer fíu nacíu ye de partu múltiple), esto ye, d’escasu usu. N’Asturies, como vienen padeciendo ustedes, súbennos los impuestos tolos años, a lo raposo. Al nun deflactar la inflación, perdemos perres porque vienen a cobranos más, anque nominalmente’l porcentaxe sea’l mesmu. A toos, ricos y probes. Per otru llau, ente izquierda y derecha hai una visión estremada sobre los impuestos: mentantu la derecha atiende al bolsillu del que se-y saquen les perres, la manzorga mira pa ónde van eses perres. Y d’esi mou, los diputaos izquierdistes que nun son del PSOE yá anden reclamando que, si s’eliminen esos impuestos a les rentes más baxes, hai que subilos (más) a les rentes más altes. Esto ye, esti cuentu acabóse pero entama otru.

Como una mazanina agurriada

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(Ayer, en La Nueva España) COMO UNA MAZANINA AGURRIADA Al margen de gestionar los servicios con más o menos eficacia, ¿a qué se dedican nuestros diputados y los partidos en que se encuadran? ¿En qué ocupan el tiempo, dejando a un lado las horas y esfuerzos, no escasas las unas ni pequeños los otros, que emplean en arremeter contra los rivales? Déjenme visualizar una panorámica de nuestra evolución temporal y de nuestra situación. En titulares: “Asturias perdió en los últimos veinte años a la mitad de los jóvenes de 20 a 39 años. El Principado encabeza la caída a nivel nacional”. “Avilés y Gijón son las ciudades de España con menor tasa de actividad tras Ferrol”. (No hace falta recordar que ambas ciudades son el corazón de los dos concejos más industrializados de Asturies, las dos, además, con el plus de la actividad portuaria). Sigamos: “El Principado, la comunidad que menos empleo creó en los últimos diez años. La ocupación mejoró el 10,44% en Asturias, casi un tercio de la media española”. La respuesta al esfuerzo inversor: “Asturias flaquea en transformar la inversión pública en impulso económico. Los estudios señalan que la actividad privada no acompaña al esfuerzo en infraestructuras, que tienen rendimiento decreciente en el PIB. Por cada millón en obra pública, la inversión privada en Asturias es menor que en España. La comunidad es la décima en competitividad pese a ser la cuarta con más equipamientos”. “La producción industrial asturiana sigue en caída pese a reabrir el horno de Arcelor. El desplome en generación eléctrica, tras el repunte del carbón en 2022, y los recortes en plantas químicas y de alimentación explican el retroceso”. “Desaparecen mil autónomos al año. En los próximos cinco años se jubilarán 30.000”. Un apunte más, las palabras de Juan Ignacio Muñiz, experto universitario: "No recomendaría a los grandes patrimonios establecerse en Asturias". La razón es la tributación. Ya sé que esa cuestión, la tributación de patrimonio y herencias, es un tema controvertido desde el punto de vista ideológico y práctico, pero, en todo caso, no me dirán que ese panorama no ayuda a la inversión. De modo que, entre uno y otro, entre la evolución demográfica negativa, la emigración de las cohortes más preparadas y en edad de trabajar, la limitada creación de empresas y su parco crecimiento, el decrecimiento en algunos sectores y, especialmente, nuestra paulatina separación del progreso de otras partes de España, vamos quedando como eses mazanes que, cerca ya de la primavera, si aún no inservibles, van quedando agurriadines y con menos jugo y carne en su interior. Y frente a eso, ¿a qué se dedican nuestros partidos políticos? Pues al margen de lo que les ordenen desde Madrid, o a los grandes temas del momento, como la inolvidable amnistía, a temas que, como el plumero de la Pampa, no tienen solución y no cabe sobre ellos más que palabrería, como el “reto demográfico” o el despoblamiento de las zonas rurales (el natural, que existe un plus no pequeño empujado por las políticas de los gobiernos central, autonómico y de la UE, pero sobre lo que es efecto de sus causas no piensan hacer nada). Y ahora van a sacar otro artefacto para discursitos, el Estatuto de la Mujer Rural, que busca “promover la igualdad de la mujer en el mundo rural”, que lo mismo pretende acabar con "las brechas de género y económicas a las que se enfrentan las mujeres” que “con la violencia machista". Y es que “sin mujeres no hay mundo rural”, afirmó una capitoste del Ministerio de Agricultura en el acto en que se anunció el artefacto. Las palabras de nuestro “ministro” del ramo, el señor Líndez, no fueron menos luminosas. Les recomiendo su lectura en la edición en papel de LA NUEVA ESPAÑA del lunes 16 o, en su defecto, en la edición digital: https://www.lne.es/asturias/2023/10/16/normativa-regional-promovera-igualdad-mujer-93377661.html Por cierto, afirma don José Miguel Bermúdez en en este periódico algo que yo he reiterado muchas veces: “Asturias en ocasiones se resiste a los cambios de forma tozuda”. Es una de las características más destacadas del “genio nacional”, nuestro conservadurismo. Esa resistencia al cambio me recuerda aquella frase de Cambó: “Hai dos formas de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable”. ¡Hombre!, al desastre no llegaremos, pero así tampoco vamos a ninguna parte.

Impuestos y plumeros

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU IMPUESTOS Y PLUMEROS La consejería de Medio Rural y Cohesión ha anunciado un nuevo plan para la erradicación del plumero de la pampa, continuando campañas anteriores. En el 2021, anuncia, se ha actuado sobre 178 hectáreas, retirado 1.232.240 ejemplares, que han alcanzado la cifra de 14 toneladas que se han gestionado como residuos. En tres anualidades de las anteriores campañas se han gastado unos 2.000.000 de euros, entre fondos propios y europeos La perspectiva de uno mismo y de algunos conocidos es que esas campañas de erradicación son, en parte, un fracaso, ya que en zonas en que se ha trabajado para arrancar la planta esta ha vuelto a resurgir. De ser ello así, parece que la efectividad de esos trabajos es limitado. Merecería la pena conocer con detalle dónde se han producido esos resultados negativos y sus causas, entre otras cosas porque no es de recibo que el dinero público, es decir, de los bolsillos de cada uno de nosotros, sea inefectivo o escasamente efectivo. Los gobiernos, en general, son tan voraces para recaudar impuestos como poco cuidadosos con su uso. ¿Cuántas son las veces, por ejemplo, en que se abre o reabre una calle para obras o en que se cambian sus adornos o modifican sus aceras? Pero no son solo las pequeñas obras en las que se despilfarra el dinero, sino en proyectos cuya utilidad es escasa o nula. Fíjense ustedes en los fondos europeos que van a llegar (y que pagaremos todos, de forma directa o de forma aplazada): el destino para ellos que solicitan la mayoría de las administraciones no se puede decir que tenga más utilidad que la inversión en gasto, y, desde luego, no van a ser inversiones capaces de generar riqueza ni empleo (salvo público, para su atención o cuidado). En términos nuestros: van a ser unos nuevos fondos mineros, en gran parte. Por cierto, prepárense para los nuevos impuestos.

Ayer, en La Nueva España: Una reflexión sobre los impuestos

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                       UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS IMPUESTOS

                La desvergonzada batalla de y por Madrid ha suscitado otra vez la cuestión de la disimilitud de las cargas impositivas entre unas comunidades (o una, mejor, Madrid) y otras. Se aduce que la práctica eliminación de los impuestos de patrimonio, donaciones y sucesiones y la rebaja del IRPF y otros allí hace que se trasladen a la capital muchos declarantes, detrayendo así ese dinero de otras regiones. Es cierto. Pero sobre la justicia o no de esa práctica, cabe hacer alguna otra reflexión que la habitual acusación de deslealtad y “piratería”. En primer lugar, subrayar que las autonomías tienen la competencia de actuar sobre esos y otros impuestos. ¿Es solo lícito, entonces, legislar para subirlos, no para bajarlos? Y en segundo lugar, ¿por qué nunca se hace referencia al País Vasco, donde el tratamiento fiscal es prácticamente semejante, si no más lene para el contribuyente?

                Pero el fondo de la cuestión es otro: ¿las Administraciones recaudan lo justo o lo hacen por encima de lo estrictamente necesario? Es cierto que, desde el punto de vista del discurso habitual, las necesidades son siempre crecientes y, por tanto, las exacciones son siempre insuficientes. ¿Pero es así en la práctica? Fijémonos en la cuestión de los remanentes de los ayuntamientos, un dinero acumulado desde hace años que no pueden gastar. ¿Han dejado de prestar esos entes algún servicio básico? Ninguno. ¿Se podría gastar en otros servicios o prestaciones? Por supuesto, hasta el infinito. Pero tampoco hace ninguna falta.

                En todo este debate se pasa por alto el punto central de la cuestión: el dinero que gastan las administraciones no sale de los presupuestos, sale, euro a euro, del bolsillo de los ciudadanos, de su trabajo, de lo que han trabajado; por cierto, y cuando se trata de patrimonio –un piso, por ejemplo–, de nuevas cargas sobre lo que ya han pagado con creces. Vayamos a una muestra: para sufragar las modernidades y caprichos de la alcaldesa de Xixón y su acólito alguien ha de dar algo de su esfuerzo a través de su IBI, de sus consumos de gasolina, de sus compras…

                Pero es que, además, los impuestos, en cuanto la recaudación de los mismos es general y el beneficio de los bienes y servicios que con ellos se prestan es desigual, siempre entrañan un punto de inequidad en el uso de su destino. Pensemos, por ejemplo, en alguien que no emplea ni empleará coche, ¿por qué ha de costear las subvenciones para comprar uno? O en quien no va nunca a una playa, ¿no paga él los servicios de que otros disfrutan y él no? O en los vecinos de una localidad costera, que han de sufragar las atenciones de los veraneantes. Es cierto que esa falta de equidad (o esa inequidad) es inevitable si queremos tener una sociedad civilizada y protectora, pero nunca deberíamos dejar de tenerla presente, como un torcedor.

                No es tampoco cosa menor la de los límites de los beneficios y las cargas de los impuestos entre las rentas menores. Pongo solo dos ejemplos: seis horas de teletrabajo (con sábados y festivos aleatorios), ochocientos treinta euros. Siete horas de limpieza de portales, seiscientos euros (hablamos en ambos casos de líquidos). El ingreso mínimo vital es de 461,5 euros para una persona sola, a lo que pueden añadirse otras cantidades por razones familiares.  

                Es cierto que esos ingresos por trabajo no pagan IRPF, pero con su esfuerzo contribuyen en una parte alícuota al dinero que los otros reciben por no trabajar. Añádase a ello que existen además otras ayudas autonómicas o municipales para esos ingresos por prestación pública, y que sus receptores anteceden a quienes trabajan por un salario exiguo en, por ejemplo, ayudas escolares: libros, comedor, conciliación, etc.

Añádase a ello que si en un principio algunas de estas subvenciones, como la del salario social asturiano, iban ligadas a la formación y a la búsqueda de empleo, han acabado por desligarse de esa obligación. El mismo recentísmo ingreso mínimo vital ha eximido al mes de aparecido el requisito de estar inscrito en el paro para recibirlo, en principio por incapacidad de la Administración para certificar tal inscripción, pero ya veremos en qué acaba la cosa. Más podría decirse, por ejemplo, sobre los controles de las declaraciones, pero dejémoslo aquí.

El caso es que lo que podríamos llamar la injusticia de la frontera tributaria de las rentas bajas es patente y que podríamos reflexionar sobre los estímulos reales para abandonar la condición de beneficiario sin contrapartida cuando no existe presión suficiente para ello.

Les dejo a ustedes una última cavilación, doble, la de cuál será la percepción de la justicia y la equidad entre muchos de los situados en esa frontera y la de si entenderán por políticas progresistas aquellas que los colocan en tal situación. Quizás desde ahí pueda entenderse mucho voto y mucha desafección que una mentalidad tradicional de izquierdas es incapaz de entender.


Güei, en LNE: El dinero público no es de nadie

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El dinero público no es de nadie

La cuestión no consiste en determinar la justicia de un gasto, sino de qué bolsillo sale a través de los impuestos

Güei, en LNE: Impuestos y engaños

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Güei, en LNE: Impuestos y engaños (los pretextos "justicieros" o salvíficos-medioambientales para meter la mano en nuestros bolsillos, destruir empleo y encarecer la vida).



Güei, en LNE: Las cuentas y los cuentos

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Güei, en LNE: Las cuentas y los cuentos (impuestos y manipulación de los presupuestos: con una profecía cumplida'l mesmu día de l'asoleyamientu l'artículu).




En LNE: Impuestos, presupuestos, trampantojos

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(En la Nueva de 31/05/17)

Impuestos, presupuestos, trampantojos

Sobre la plusvalía, el tributo que grava las herencias y las cuentas del Gobierno de la nación

31.05.2017 | 03:44
Impuestos, presupuestos, trampantojos
El Constitucional acaba de pronunciarse en contra de una normativa radicalmente injusta: la que permitía a los ayuntamientos cobrar una plusvalía sobre la venta de un inmueble cuando esta no se había producido. Operaban los ayuntamientos con un valor catastral atribuible al inmueble y un aumento de valor determinado en virtud del tiempo transcurrido entre la entrada en posesión del bien y su enajenación. Y así, a tuerto o a derecho, ese era para la Administración el valor del bien enajenado, hubiese sido vendido en esa cantidad o en una inferior. Y sobre esa tasación había que pagar.
Esa, digamos, exacción venía produciéndose desde siempre, pero la crisis, la caída del precio del metro cuadrado construido y la necesidad de vender habían producido que esa injusticia o atraco legal se hubiese generalizado. Tras la sentencia del Constitucional toca cambiar, al menos en los casos en que se ha producido una depreciación del bien tal que no se han producido plusvalías o se ha perdido dinero sobre el valor inicial. Pero sigue funcionando la normativa que estima cuánta plusvalía ha debido producirse, y sobre esa estimación sigue gravándose la venta en caso de que sí haya habido ganancia en la transacción.
El de sucesiones, un impuesto muy relacionado con el anterior, ya que una parte notable de las herencias están constituidas por inmuebles, está siendo hoy fuertemente cuestionado: en primer lugar, porque recae primordialmente sobre bienes reiteradamente gravados, las casas -inicialmente, con la compra, y anualmente, con el IBI-; porque castiga el ahorro, en segundo lugar; porque es desigual su carga en el conjunto de España, finalmente. Quienes lo defienden arguyen que el impuesto contribuye a paliar las desigualdades, en cuanto eliminaría, en parte, una ventaja del heredero sobre quienes no heredan patrimonio.
Es un argumento ideológico muy discutible, pero, en todo caso, lo que deberían señalar quienes piden la supresión del impuesto es de dónde se va a detraer el equivalente en ingresos. Porque aquí todo el mundo quiere eliminar impuestos o aumentar servicios, sin señalar o querer señalar de dónde va a salir el numerario para cubrir los gastos ya existentes o los nuevos.
Y eso nos lleva a la farsa de la tramitación de los presupuestos (que aún no sabemos si llegarán a buen puerto o no). Es sencillamente sorprendente desde un punto de vista intelectual que quienes no quieren que existan presupuestos de este Gobierno y que han, por tanto, laborado para ello, pretendan después introducir enmiendas a fin de que sus preferencias de gasto desplacen a las de aquellos que sí han firmado los presupuestos. Y, más que eso, resulta una especie de manifestación de una concepción del mundo milagrera el pretender que las partidas de gasto se incrementen indefinidamente, sin acertar a balbucir de dónde puede salir el dinero para tal fin.
Pero así son las cosas, lo que parece irracional o mágico en la política -incluso en la mensurable, como lo son los presupuestos- funciona perfectamente: se trata de decir a las parroquias propias lo que quieren oír y señalar ante ellas lo maligno que es el enemigo, sin que se haga patente, claro, cuál es nuestra responsabilidad en ello.
Con esos trampantojos se satisface a los de uno y se conquista a quienes están predispuestos a ello. Y así funciona. Exigiendo, incluso, algunos partidos que se pongan en marcha obras que, pese a estar anunciadas en su día, jamás fueron ejecutadas durante el tiempo en que ellos gobernaban, aquí y en Madrid.
Pero eso es exactamente un trampantojo, lo que engañando a la vista confunde también la percepción de la realidad.

En LNE: Benditos impuestos

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

Benditos impuestos

Ante la feroz campaña desatada contra los tributos

26.03.2017 | 04:06
Benditos impuestos
De un tiempo a esta parte parece haberse desatado una feroz campaña contra los impuestos, no señalando solo lo obvio, qué parte de nuestros ingresos se nos detrae, sino apuntando, como en una música de fondo que son el Gobierno (o "El Estado" que suena más a ente sin entrañas) y los políticos los que se quedan con nuestro dinero, así sin más, como si esos devengos no volviesen a la sociedad, es decir, a nosotros mismos. 

Y no hablo aquí de algunos impuestos, como el de sucesiones, que es claramente un tributo injusto, puesto que la mayoría de los bienes por los que se recauda, una casa, pongamos, han pagado ya inicialmente por su compra y, año a año, por su tenencia. A ello se han añadido, además, injusticias, como el llamado "error de salto" por el que se pagaba una cantidad notable por sólo heredar un euro más del mínimo exento, o la diferencia impositiva entre comunidades. Tampoco me refiero al impuesto de plusvalías, un atraco cuando el Estado da por supuesto que usted ha vendido su vivienda por un precio mayor del que ha podido venderla. 

Digámoslo con claridad: todo impuesto es, por principio, un expolio: al ciudadano se le lleva una parte del fruto de su trabajo. Enunciémoslo de forma más matizada, con las palabras de Calvin Coolidge, aquel presidente estadounidense: "La colecta de cualquier impuesto que no sea absolutamente necesario es sólo una especie de latrocinio generalizado". Pues ¿por qué ha de pagar, por ejemplo, el ciudadano los voladores o las orquestas de la fiesta de su pueblo? ¿O la subvención a un equipo de fútbol? 

Ahora bien, en las cuentas que en artículos, vídeos y tertulias se están echando sobre el despojo de nuestras rentas por parte de la voraz máquina del Estado (donde hay que incluir los Ayuntamientos y las Comunidades) nunca se habla de lo que el recaudador devuelve, es decir, de lo que recibimos gratis cuando lo utilizamos, de lo que tenemos a nuestra disposición para uso, disfrute o, simplemente, para que podamos vivir en un ambiente aseado. [................................]

Lo curioso de ese argumento contra el Estado insaciable es que quienes lo usan no dudan a continuación en exigir más gastos sociales, más autopistas, más cobertura del desempleo, más inversión en educación o sanidad. 

Güei, en LNE: Entre Reagan y Moisés

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

L'aprecederu

Entre Reagan y Moisés

La vacuidad de los discursos políticos en cuanto a impuestos

20.03.2017 | 04:05
Entre Reagan y Moisés
Si ustedes tienen ganas de sorprenderse y aprender sobre la vacuidad de los discursos, sigan con atención lo que dice la mayoría de los políticos sobre los impuestos. Ya sé que casi siempre es para alarmarse, pero cabe también tomarlo a modo de eutrapelia. 

Durante la fallida negociación del presupuesto de 2017 entre IU y PSOE, los ahora entregados a Podemos en el resto de España pretendían cargar sobre nuestros hombros nuevos impuestos: residuos, bolsas de plástico, contaminación atmosférica, energía, grasas y azúcares. Como gran parte de la izquierda, IU parece responder a aquella troquelación con que Reagan definía la manía interventora de los gobiernos: "Si se mueve, ponle un impuesto; si se sigue moviendo, regúlalo; si deja de moverse, subsídialo". Solo que, al final, no es una empresa la subvencionada, sino un individuo en paro y necesitado, que siempre da votos. 

Esa vocación impositora no está reñida con lo que podríamos llamar la "mentalidad Moisés", la de aquellos que creen que, como el maná, la riqueza cae del cielo y que son posibles los milagros, de modo que uno sube los impuestos y eso no se traduce después en encarecimiento. 

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Estos pintorescos de C'S

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Agora amenacen, per boca de Rivera, de romper los alcuerdos col Gobiernu si faen más recortes o suben los impuestos.

¿Pero cómo se pueden cuadrar les cuentes y implementar tolos nuevos gastos que pretende Ciudadanos, si nun se pueden facer recortes nin subir los impuestos?

Nun lo sabíamos, pero equí hai munchos políticos que son como'l magu Merlín.

¡Diba decilo yo!

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Esti ye "l'editorial" de La Nueva España d'ayer domingu, 4. Diba decilo yo, pero a ver como m'arreglo, ya non pa decilo meyor, nin siquier igual, sinón un migayín averaíno a la so concisión, precisión, gracia y aciertu. ¡A ver!



Pataes en culu (o lo que votamos)

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Los gijoneses pagarán más impuestos por la falta de acuerdo de los políticos

La prórroga de las ordenanzas fiscales y la pérdida de las bonificaciones supondrán un incremento del 7% en el IBI y del 100% en la plusvalía


Esti fue'l resultáu del plenu del Ayuntamientu del Conceyu de Xixón del vienres 25. Nun ta mal.

A estos, ¿punxérenlos ehí los marcianos? ¿Nomolos a deu un dictador?

Non, punxérenlos los ciudadanos col so votu.

Pues a agradecé-yoslo y a seguir votándolos.


Semeya de Juan Plaza en La Nueva España

Montoro

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El que tamién ye perreru ye Montoro. Aparte les perreríes que nos faga a unos y a otros ye home de los d'andar como per casa. Si non, miren lo que-y diz a Jesús Iglesias cuando-y planteó nel Senáu la cuestión del impuestu de PSOE, IU y UpyD a los que tengan perres en bancu (Montoro en bata y zapatilles). ¿Venlo bien? "Pues no faltaba más que eso", dixo a la vista la propuesta de don Jesús de compensar a Asturies pola eliminación del impuestu.

"Pues no faltaba más que eso", ¿ustedes creen que son formes de falar, nun Parlamentu y por un ministru? Solo-y faltaba añadir "chavalín": "Pues no faltaba más que eso, chavalín". Polo menos, n'asturianu tendría más gracia y sería menos d'andar en chancleta: "¡Yá t'oyí, navaya!"

En fin, ye lo qu'hai.



YA TENEMOS PRESUIMPUESTOS

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Afortunadamente, para este año de 2013 habrá presupuestos. Un presupuesto no prorrogado es en principio una buena noticia. Los presupuestos prorrogados limitan recursos, especialmente inversiones. Es cierto que existen vías extraordinarias, en forma de leyes específicas, para sortear alguno de los inconvenientes de un presupuesto en prórroga, pero, aparte de los retrasos en la gestión ordinaria de la Administración, es siempre difícil o caro conseguir acuerdos cuando no se tiene la mayoría suficiente para aprobar las cuentas del año entrante.

Pero, con ser esa una buena noticia, no puede obviarse que el presupuesto del 2013 va a significar para los asturianos una subida generalizada de impuestos, en el de patrimonio para algunos; en el de saneamiento, en el de combustibles y en de los bancos para todos. Por el de combustibles, cada vez que echen ustedes un litro de gasolina van a pagar 2,4 céntimos más; si de gasóleo, 2. Hagan ustedes la cuenta de cuántas veces llenan el depósito al mes y multipliquen por doce.

De todo ello son notables dos novedades. La primera, que en su voracidad recaudadora el tripartito exactor (PSOE, IU, UPyD) han convertido una tasa, la del canon de saneamiento, en un impuesto, en la medida en que lo van a cobrar a todo el mundo, incluidos aquellos que no tienen saneamiento. En cuanto al depósito de los bancos, que, en principio, tratan de vender como un impuesto a unos imaginarios tipos gordos, con chistera, puro y Cadillac que serían «los banqueros», es un impuesto a cada uno de nosotros, a cada cuenta que tengamos en un banco, por humilde que sea (aunque, a tenor de sus declaraciones de bienes, es difícil que sea inferior a la que tienen la mayoría de los políticos de nuestro Parlamento y Gobierno).

¿Que todo ello es inevitable? ¿Que es necesario para mantener determinados servicios? Es posible. ¿Pero no es eso el mismo argumento del Gobierno central, que tanto critican? En todo caso, a uno le gustaría que el PSOE se aventurase a afirmar que no es ahora cuando está errado, sino cuando juraba, hace siete años, que bajar impuestos era de izquierdas o cuando eliminaba el impuesto de patrimonio por injusto y regresivo. ¿Lo harán? ¿Ustedes qué creen? Yo creo que sí. En cuanto a UPyD tampoco estaría de más que explicase cómo están a favor de bajar los impuestos subiéndolos.

Desde otro punto de vista, el mantenimiento en los presupuestos del 2013 del «impuesto sobre los gordos con chistera y puro» una vez que el Parlamento de Madrid haya establecido un tributo sobre los mismos constituye una ficción, puesto que, sea cual sea la razón que asistiere a la Xunta y la evolución posterior de pleitos y recursos judiciales, no se ingresará. De modo que su previsión de 30 millones es una previsión de una cantidad idéntica de déficit.

Por otro lado, no se le escapa a nadie que su mantenimiento constituye una magnífica operación política, para el PSOE y, especialmente, para IU, pues para los devotos de ambas fuerzas la lucha contra los fúcares crasos y cresos es una fuente inagotable de excitación y endorfinas. Y si los pleitos se alargan en el tiempo, miel sobre hojuelas. En ese aspecto, el PSOE sigue siendo el gran partido de España y, por supuesto, el mejor conocedor de las pasiones y debilidades de su entorno ideológico. Y, mira por dónde, si luego resulta que esos 30 millones no recaudados son aquellos con que iban a satisfacerse parte de las demandas de UPyD, tanto mejor.

En otro orden de cosas, el itinerario de la tramitación presupuestaria ha vuelto a exponer a la cruda luz del mediodía la Asturies profunda, tanto en el plano institucional como en el ideológico. En efecto, nunca uno entendió cómo en una sociedad moderna y democrática sigue existiendo ese vodevil primorriverista o de democracia orgánica que es la llamada «concertación», en la cual sindicatos y patronal sustituyen al parlamento dando el visto bueno a una parte de las cuentas y los proyectos, utilizando, para más inri, una pirindola con solo dos caras, la del «todos toman» y la del «ninguno pone». Que ello, además, sea recibido con unción y jaleado por gran parte de la opinión, muy especialmente la autodenominada «progresista», es muy revelador de nuestra conciencia colectiva y de cuáles son algunos de los problemas profundos de nuestra sociedad.

Imponer exacciones nun ye gratis

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Una parte de la opinión piensa que los ricos y los multimillonarios tienen que pagar tolos impuestos que se-yos ponga, hasta los exactores. Y que nun pasa nada por ello. Porque tienen qu'aguantase por "patriotismu".

Pues bien, al marxen de consideraciones morales y patriótiques hai que considerar la realidá, que ye como ye, o sea, "testona", como decía Lenin.


Equí tienen un exemplu (Depardieu afuxe a Bélxica de la exacción socialista): Gerard Depardieu, vista l'amenaza del gobiernu Hollande de subir los impuestos hasta'l 75% pa los que ganen más d'un millón d'euros, tresllada la so residencia a Bélxica y renuncia a la nacionalidá francesa.

Nun discuto equí cuestiones morales nin "polítiques", sinón solo polítiques, y ye que cuando actuamos sobre'l mundu dende la voluntá o los ensueños tenemos enantes la obligación d'apalpuñar la realidá tala cuala y de calcular los efectos de los nuestros actos sobre la realidá.

Ver agora esti testu de la BBC: Esiliu fiscal de Depardieu