Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Concierto y desconcierto de los impuestos
RECICLAJE: JUSTOS POR PECADORES
Impuestos: las injusticias de su uso
Impuestos, empreses y socialistes
Un cuentu asturianu
Como una mazanina agurriada
Impuestos y plumeros
Ayer, en La Nueva España: Una reflexión sobre los impuestos
UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS IMPUESTOS
La desvergonzada batalla de y por Madrid ha suscitado otra vez la cuestión de la disimilitud de las cargas impositivas entre unas comunidades (o una, mejor, Madrid) y otras. Se aduce que la práctica eliminación de los impuestos de patrimonio, donaciones y sucesiones y la rebaja del IRPF y otros allí hace que se trasladen a la capital muchos declarantes, detrayendo así ese dinero de otras regiones. Es cierto. Pero sobre la justicia o no de esa práctica, cabe hacer alguna otra reflexión que la habitual acusación de deslealtad y “piratería”. En primer lugar, subrayar que las autonomías tienen la competencia de actuar sobre esos y otros impuestos. ¿Es solo lícito, entonces, legislar para subirlos, no para bajarlos? Y en segundo lugar, ¿por qué nunca se hace referencia al País Vasco, donde el tratamiento fiscal es prácticamente semejante, si no más lene para el contribuyente?
Pero el fondo de la cuestión es otro: ¿las Administraciones recaudan lo justo o lo hacen por encima de lo estrictamente necesario? Es cierto que, desde el punto de vista del discurso habitual, las necesidades son siempre crecientes y, por tanto, las exacciones son siempre insuficientes. ¿Pero es así en la práctica? Fijémonos en la cuestión de los remanentes de los ayuntamientos, un dinero acumulado desde hace años que no pueden gastar. ¿Han dejado de prestar esos entes algún servicio básico? Ninguno. ¿Se podría gastar en otros servicios o prestaciones? Por supuesto, hasta el infinito. Pero tampoco hace ninguna falta.
En todo este debate se pasa por alto el punto central de la cuestión: el dinero que gastan las administraciones no sale de los presupuestos, sale, euro a euro, del bolsillo de los ciudadanos, de su trabajo, de lo que han trabajado; por cierto, y cuando se trata de patrimonio –un piso, por ejemplo–, de nuevas cargas sobre lo que ya han pagado con creces. Vayamos a una muestra: para sufragar las modernidades y caprichos de la alcaldesa de Xixón y su acólito alguien ha de dar algo de su esfuerzo a través de su IBI, de sus consumos de gasolina, de sus compras…
Pero es que, además, los impuestos, en cuanto la recaudación de los mismos es general y el beneficio de los bienes y servicios que con ellos se prestan es desigual, siempre entrañan un punto de inequidad en el uso de su destino. Pensemos, por ejemplo, en alguien que no emplea ni empleará coche, ¿por qué ha de costear las subvenciones para comprar uno? O en quien no va nunca a una playa, ¿no paga él los servicios de que otros disfrutan y él no? O en los vecinos de una localidad costera, que han de sufragar las atenciones de los veraneantes. Es cierto que esa falta de equidad (o esa inequidad) es inevitable si queremos tener una sociedad civilizada y protectora, pero nunca deberíamos dejar de tenerla presente, como un torcedor.
No es tampoco cosa menor la de los límites de los beneficios y las cargas de los impuestos entre las rentas menores. Pongo solo dos ejemplos: seis horas de teletrabajo (con sábados y festivos aleatorios), ochocientos treinta euros. Siete horas de limpieza de portales, seiscientos euros (hablamos en ambos casos de líquidos). El ingreso mínimo vital es de 461,5 euros para una persona sola, a lo que pueden añadirse otras cantidades por razones familiares.
Es cierto que esos ingresos por trabajo no pagan IRPF, pero con su esfuerzo contribuyen en una parte alícuota al dinero que los otros reciben por no trabajar. Añádase a ello que existen además otras ayudas autonómicas o municipales para esos ingresos por prestación pública, y que sus receptores anteceden a quienes trabajan por un salario exiguo en, por ejemplo, ayudas escolares: libros, comedor, conciliación, etc.
Añádase a ello que si en un principio algunas de estas subvenciones, como la del salario social asturiano, iban ligadas a la formación y a la búsqueda de empleo, han acabado por desligarse de esa obligación. El mismo recentísmo ingreso mínimo vital ha eximido al mes de aparecido el requisito de estar inscrito en el paro para recibirlo, en principio por incapacidad de la Administración para certificar tal inscripción, pero ya veremos en qué acaba la cosa. Más podría decirse, por ejemplo, sobre los controles de las declaraciones, pero dejémoslo aquí.
El caso es que lo que podríamos llamar la injusticia de la frontera tributaria de las rentas bajas es patente y que podríamos reflexionar sobre los estímulos reales para abandonar la condición de beneficiario sin contrapartida cuando no existe presión suficiente para ello.
Les dejo a ustedes una última cavilación, doble, la de cuál será la percepción de la justicia y la equidad entre muchos de los situados en esa frontera y la de si entenderán por políticas progresistas aquellas que los colocan en tal situación. Quizás desde ahí pueda entenderse mucho voto y mucha desafección que una mentalidad tradicional de izquierdas es incapaz de entender.
Güei, en LNE: El dinero público no es de nadie
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La cuestión no consiste en determinar la justicia de un gasto, sino de qué bolsillo sale a través de los impuestos
Güei, en LNE: Impuestos y engaños
Güei, en LNE: Las cuentas y los cuentos
En LNE: Impuestos, presupuestos, trampantojos
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Sobre la plusvalía, el tributo que grava las herencias y las cuentas del Gobierno de la nación
En LNE: Benditos impuestos
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Benditos impuestos
Ante la feroz campaña desatada contra los tributos
Güei, en LNE: Entre Reagan y Moisés
L'aprecederu
Entre Reagan y Moisés
La vacuidad de los discursos políticos en cuanto a impuestos
Estos pintorescos de C'S
¡Diba decilo yo!
Pataes en culu (o lo que votamos)
Los gijoneses pagarán más impuestos por la falta de acuerdo de los políticos
La prórroga de las ordenanzas fiscales y la pérdida de las bonificaciones supondrán un incremento del 7% en el IBI y del 100% en la plusvalía
Montoro
YA TENEMOS PRESUIMPUESTOS
Pero, con ser esa una buena noticia, no puede obviarse que el presupuesto del 2013 va a significar para los asturianos una subida generalizada de impuestos, en el de patrimonio para algunos; en el de saneamiento, en el de combustibles y en de los bancos para todos. Por el de combustibles, cada vez que echen ustedes un litro de gasolina van a pagar 2,4 céntimos más; si de gasóleo, 2. Hagan ustedes la cuenta de cuántas veces llenan el depósito al mes y multipliquen por doce.
De todo ello son notables dos novedades. La primera, que en su voracidad recaudadora el tripartito exactor (PSOE, IU, UPyD) han convertido una tasa, la del canon de saneamiento, en un impuesto, en la medida en que lo van a cobrar a todo el mundo, incluidos aquellos que no tienen saneamiento. En cuanto al depósito de los bancos, que, en principio, tratan de vender como un impuesto a unos imaginarios tipos gordos, con chistera, puro y Cadillac que serían «los banqueros», es un impuesto a cada uno de nosotros, a cada cuenta que tengamos en un banco, por humilde que sea (aunque, a tenor de sus declaraciones de bienes, es difícil que sea inferior a la que tienen la mayoría de los políticos de nuestro Parlamento y Gobierno). Imponer exacciones nun ye gratis
Nun discuto equí cuestiones morales nin "polítiques", sinón solo polítiques, y ye que cuando actuamos sobre'l mundu dende la voluntá o los ensueños tenemos enantes la obligación d'apalpuñar la realidá tala cuala y de calcular los efectos de los nuestros actos sobre la realidá.
Ver agora esti testu de la BBC: Esiliu fiscal de Depardieu









