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Concierto y desconcierto de los impuestos

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(Esti sábadu, en LNE) CONCIERTO Y DESCONCIERTO DE LOS IMPUESTOS Oigo, pueblo, tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman tocando a impuesto / ya Castejón, ya Barbón. Mayo es el mes de las flores, sí, pero el principal mes del año en que visualizamos qué parte de nuestro trabajo -o de nuestra riqueza acumulada- se nos va de las manos. Es evidente que los impuestos son necesarios, y, en general, justos. Pero la evidencia primera es la enunciada en el párrafo anterior: que es parte de nuestra historia -de la producción material de nuestra historia personal- la que se aliena en los impuestos. La segunda, que algunas decisiones que se toman sobre el destino de esa nuestra propiedad enajenada no son muy adecuadas, son ineficaces o, acaso, injustas o injustificables. Como siempre, en esta época abundan las quejas sobre esa extracción de la propiedad personal, y, en particular, sobre su acrecentamiento progresivo. Les daré algunos datos, que no parecen lamentos puramente personales, sino que tienen razones objetivas. La principal, el excesivo esfuerzo que el tejemaneje impositivo ejerce sobre el trabajo: según la OCDE “España mantiene una estructura fiscal que penaliza en exceso el trabajo, desincentivándolo, y reduce la eficacia de las mejoras salariales”. En concreto: “desde que gobierna Pedro Sánchez (2018) la presión fiscal en España ha estado de forma sistemática por encima de la media de los países más ricos. En 2025, un trabajador soltero y sin hijos soportó una cuña fiscal del 41,4 por ciento de sus costes laborales, frente al 35,1 por ciento promedio de la OCDE. Este diferencial no es menor ni coyuntural: refleja una estructura impositiva que penaliza la generación de renta y limita su traslación efectiva al bolsillo del ciudadano”. Y, de este modo, “España entra en el top 10 de países con más impuestos sobre los salarios”. Y, si quieren más, según el instituto Juan de Mariana, cada 182 euros que paga la empresa por trabajador, solo van a este 100, es decir, el Estado recibe el 45% del salario del trabajador en cotizaciones, IRPF e IVA. O, en términos más recientes, en 2025 la subida de impuestos se comió el incremento de los sueldos. Si vamos a los autónomos -la mayoría de los cuales no son más que obreros sin empleador-, que tienen limitaciones en las prestaciones que reciben por enfermedad o accidente, oímos un clamor de protestas por las subidas, a partir de abril de este año, para los profesionales por cuenta propia con sociedades, así como para sus familiares colaboradores, que en Asturies se estiman en unos 25.155, el 36% del total de activos autónomos. La subida supone un coste adicional de 1.620 euros al año. Lo han calificado de “salvajada”. Para tener una perspectiva temporal de ganancias e impuestos: la Encuesta Financiera de las Familias publicada el 16 de abril por el Banco de España muestra que la renta de los hogares españoles solo superó en 2024 el máximo histórico previo que databa del año 2002. España tardó más de dos décadas en volver a la situación que tenían los hogares hace 22 años. Y podemos pasar del concierto Castejón al concierto Barbón (aprovechando la Oda al Dos de Mayo de Bernardo López García, que arriba parodio). Verán ustedes muchos anuncios y mucha presunción de “la vía fiscal asturiana” y su justicia impositiva. Pues bien, sepan que en Asturies no solo se paga mucho más por donar y por heredar, sino que también la mayoría de las rentas, las que perciben entre 35.000 y 60.000 euros, quedan fuera de las deducciones del IRPF, sobre tributar más por la inflación, ya que somos una de las pocas regiones que no deflactaron el IRPF en el último lustro en relación al IPC, con lo que padecemos una alevosa y silenciosa subida continuada del impuesto. De ese modo, la llamada “vía fiscal asturiana” ha sido calificada de “rimbombante” y tildada de “poco más que un slogan”. Es evidente que todo ello, el concierto castejoniano y barbonino, no solo tiene sus consecuencias, dolorosas, fastidiosas, aunque necesarias en parte, en el bolsillo de cada uno, en la exacción de su historia y su esfuerzo personal, sino en el ámbito colectivo: menor contratación de trabajadores, y emigración, fuera de Asturies, unos, fuera de España, otros. Busquen ustedes esta entrevista con Rubén Cantero García, uno de tantos españoles que se han trasladado a Polonia a trabajar y vivir: "Mi padre era camarero y ganaba más de lo que yo consigo como ingeniero. Pero en España ni tenía trabajo fijo ni podía ahorrar y optar a comprarme un piso. En Polonia sí. Por eso me he instalado aquí y, tal y como están las cosas, no me planteo volver". Denle una vuelta, por favor, a todo el asunto, a lo justo y lo injusto, a lo necesario y lo innecesario, a la realidad y a la propaganda.

Barbón y Cepi, al alimón

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(Ayer, en La Nueva España) BARBÓN Y CEPI, AL ALIMÓN De vez en cuando, la política asturiana nos invita a una sonrisa y, al tiempo, desata oleadas de declaraciones en las ondas y en los papeles cuyo principal estímulo no es la realidad sobre la que de discursea, sino la declaración anterior, sobre la que va sucediéndose la siguiente y, posteriormente, al modo de las olas, otras y otras que vienen siguiendo a las anteriores. Lo he dicho aquí. En ningún momento creí que el alcalde de Siero, don Ángel, hubiese pensado en fundar un partido nuevo para competir con lo existente. Don Ángel es persona experta e inteligente y sabe que tal proyecto no tendría éxito alguno. Si acaso, y con mucha suerte, uno de un par de diputados de vida efímera. ¿Abandonar por esa triste quimera su posición de alcalde triunfador (y, seguramente, satisfecho de su labor por el concejo)? ¿Se trataba, simplemente, de dar un aldabonazo para exigir mayor celeridad en la tramitación de algunos proyectos? Es posible. Pero, con seguridad, el objetivo primordial, y acaso coincidente, era el de hacer propaganda de su persona, fuerza y voluntad. Pero ahora, cuando se ha conocido la “rápida” aprobación del proyecto para la instalación del hipermercado Costco en Siero, que tan vehementemente reclamaba el 3 de febrero el alcalde, y se leen las declaraciones de don Guillermo Peláez, el consejero de Hacienda, en que afirma que “Todos los agentes implicados estaban informados de la aprobación favorable ya el 6 de febrero”, uno no puede evitar que lo que venía siendo su sonrisa desde principios de febrero se transforme en una pequeña carcajada. Es evidente: todo aquello fue una puesta en escena, una representación pactada al alimón entre don Ángel y don Adrián. ¿O ustedes creen otra cosa? Pero la decisión gubernamental sobre Costco plantea otras cuestiones, más graves. La primera la formulan los responsables de la empresa: es realmente escandaloso que se tarden cuatro años en tomar una decisión para una inversión, afirman. Y tienen razón. El mundo de la Administración vive al margen del mundo actual. Se afana el Gobiernu ahora en reducir la tramitación de la planificación urbanística de veinte a ocho años (y veremos cuándo y cómo acaba esa voluntad). ¡Ocho años! ¿Pero en qué mundo viven? ¿Se dan cuenta de lo volátiles que son hoy proyectos, voluntades y capitales, de su efímera oportunidad? ¿Y de los perjuicios a los particulares, el encarecimiento de terrenos y viviendas, la destrucción de empleo o la falta de creación del mismo? Quizás debería presidir cada Consejería este lema: “Cada euro que no se invierte o se retrasa es un asturiano que emprende la ruta de la emigración”. La segunda cuestión se refiere a las reclamaciones judiciales y la paralización de los proyectos empresariales o las inversiones presupuestarias. Es evidente que la decisión de Sekuens para Costco contradice algunas normas preexistentes o que podría ser puesta en cuestión su misma excepcionalidad para ser considerado como un proyecto calificado como “estratégico”. Seguramente acabará en los tribunales, como las baterías para acumulación energética, la térmica de La Pereda, el control de los lobos (¡que manda c. ideológicos que hayan sido las comunidades sin lobos las que hayan pesado para que, en su día, en lobo fuese inluido en el Lespre!), etc. Nada diré, todo el mundo tiene derecho a defender su idea, su discursín, su negocio, pero… lo repito, es una interacción directa y de sentido inverso: “Cada euro que no se invierte o se retrasa es un asturiano que emprende la ruta de la emigración”. No se pregunten, por cierto, qué hace en el Gobiernu IU, que se opone a la instalación de Costco y a las universidades privadas, las que defiende la mayoría del Executivo y, pública y parlamentariamente, su presidente, don Adrián Barbón, al que aplaudo por ello. Finalmente, en la lista de espera de Sekuens hay otros proyectos inversores, como el de la mina de Salave, que aspiran a ser declarados también “estratégicos”, para poder ponerse en marcha a pesar de algunas medidas legislativas existentes, y que, con esa declaración, podrían no obviar, sino sortear. Pero vese que’l que tien padrinos bautízase y el que non…

Carta a Barbón: la pesca de pedreru, el pulpu y otros.

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Ayer, en La Nueva España (Por Mariola Riera) La carta desesperada de los pescadores aficionados a Barbón para volver al pedreru: "Estimáu Presidente, queremos pescar andariques" La asociación invita al dirigente a revisar los informes: "Ye ridículo pensar qu’un puñáu de persones con un palu y una sardina, moyando les pates y n’escasos díes de marea (cuando nun hai vagamar o ta tiempu mui malu) puedan facese con tonelaes de pulpu o "Estimáu Presidente, queremos volver a pescar andariques y, dende llueu, esperamos que nun se complete la persecución prohibiéndonos capturar pulpu a partir de la próxima veda". La asociación "Volver al pedreru", liderada por Xuan Xosé Sánchez Vicente y que lucha en defensa de los derechos de los pescadores no profesionales, ha enviado una carta (escrita en asturiano) al presidente del Principado, Adrián Barbón, para pedirle ayuda al sentirse "perseguidos" y también algo de comprensión con su actividad. "Suel dicise que los aficionaos a la pesca, los ciudadanos d’a pie, esquilmen el pedreru y nun tienen control. Bueno, el control, el mesmu, o mayor, que’l que tienen los pescadores profesionales. Per otra parte, ye ridículo pensar qu’un puñáu de persones con un palu y una sardina, moyando les pates y n’escasos díes de marea (cuando nun hai vagamar o ta tiempu mui malu) puedan facese con tonelaes de pulpu o andariques", dicen a Barbón. La asociación teme que entre los planes del Principado esté vedar el pulpo, que "pasa per una mala temporada" –como pasó en Galicia–, pero que cuando se recupere y se permita de nuevo la pesca ésta siga vetada a los aficionados, como ha pasado con otras: oricios, andaricas, centollos, percebes... "Ye necesario dicer que lo que se fai con eses decisiones ye privatizar la mar. Ye natural que la venta y comercialización tea restrinxía a los profesionales, pero los ‘vivientes de la mar’ son res nullius, nun tienen dueñu", avisan. Rechazan en "Volver al pedreru" que los pescadores profesionales sean más cuidadosos que los que no e invitan a Adrián Barbón a pedir informes: "Estimáu Presidente, pida que-y enseñen les cifres de paisanos nos pedreros, verá que, salvo nes époques d’oricios, nun llegaben (los datos son de cuando había más xente aficionao, que vienen echándonos poco a poco) a ún per pedreru. Asina que…". Noticias relacionadas y más Los aficionados reclaman su derecho a recoger oricios en la costa asturiana: "Si no, se privatiza el mar"

Barbón, Trump y nosotros

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(Ayer, en La Nueva España) BARBÓN, TRUMP Y NOSOTROS “Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares” Hace tres semanas, en un artículo en que parangonaba a Trump con Putin, llamaba a este “matón” y a Trump, aún en sus primeros momentos de gobierno, lo tildaba de “pendenciero”. Desde luego, el calificativo sigue siendo ajustado, pero es posible que, en vista de sus actuaciones, proposiciones y amenazas posteriores, haya que añadirle algún otro. En estos últimos días, sus medidas proteccionistas han ampliado las amenazas arancelarias iniciales hacia México (los del golfo) y Canadá, suspendidas provisionalmente, extendiéndolas al acero, al aluminio y a las renovables europeas. Baste este titular de LA NUEVA ESPAÑA: “El duro golpe de los aranceles de Trump a la industria asturiana: alto riesgo con el acero chino e inversiones pendiendo de un hilo”. Añádanle las renovables de Windar. Bien, tenemos ahí un enemigo comercial cuyas actuaciones en los próximos cuatro años son imprevisibles, pero que, en cualquier caso, no van a favorecer nuestros intereses o, si quieren su traducción a ras de tierra, nuestro empleo, nuestra riqueza, nuestro bienestar. Como consecuencia de esas decisiones del presidente de los EEUU, el día en que escribo estas líneas ArcelorMittal ha convocado en Luxemburgo al comité europeo de sindicatos para anunciar restricciones, cierres y traslados: se trata de un empujón más hacia la línea empresarial de la empresa en Europa, más abocada por las condiciones objetivas a menguar que a crecer e invertir. A Asturies le toca una parte no pequeña. Mientras tanto, nuestro presidente, don Adrián Barbón, recorre las instituciones europeas “preocupado por la política arancelaria de Trump” y pidiendo perres: “Si Europa no ofrece recursos para descarbonizar en serio -afirma-, la industria asturiana puede languidecer. Se deben movilizar recursos". La preocupación de don Adrián es seria, pero su argumentación (e ignoro si su análisis) es floja. Europa necesita en primer lugar una profunda rectificación sobre sus políticas industriales y “verdes”, como han señalado Draghi y otros muchos patronos empresariales: los costos energéticos son altos, la penalización por la emisión de CO2 excesiva, los plazos para descarbonizar inadecuados. Además, esa voluntad interna de ser modélicos en descarbonización evita mirar al resto del mundo, a la China, la India y Turquía, que producen acero a menores precios, por sus salarios y por sus escasas exigencias medioambientales. ¿Y aquí? Pues la propaganda y los sueños frente a la realidad: ¿se acuerdan ustedes de los 450 millones de sonrisas entre Pedro Sánchez y Mittal en Davos en 2021, reiterados en 2023? ¿Y de la propaganda inmisericorde del verde hidrógeno verde para Arcelor? ¿Y ven ahora a la inefable Teresa Ribera, ¡ahora!, defender las nucleares? Pues eso. Pero don Adrián no debe mirar solo hacia Europa, también aquí en Asturies, donde los proyectos inversores, industriales o constructivos, se dilatan o hacen imposibles, hacemos todo lo posible porque no crezca el empleo, al no hacerlo la industria, la minería, la vivienda, al ahuyentar a los ganaderos con el lobo… Una parte del Gobierno de don Adrián, además, es claramente retardataria, la que corresponde a IU: son permanentes sus resistencias a múltiples proyectos inversores, industriales o no. Y en ciertos aspectos, y en consecuencia, también lo es el conjunto del Ejecutivo. Que la legislación sobre los parques de baterías vaya a tardar dos años en concretarse y que, mientras tanto, estén suspendidos los proyectos en marcha, es un auténtico escándalo, como lo es la actitud del PP en esa materia, encabezando los terrores a lo desconocido de los vecindarios de media Asturies. Los sindicatos colaboran también en ese negativismo retardatario. Naturalmente, manifiestan su deseo de empleos “dignos” y “bien retribuidos”, como si ellos apareciesen al soplo mágico de las palabras, y reclamando inversiones. Ahora bien, siempre los verán acompañando las negativas de los vecinos a los proyectos reales que quieren constituirse en nuestro suelo. ¿Y qué diremos de nosotros mismos? Todos queremos empleos “dignos”, industrias, salarios altos, buenos servicios, carreteras, precios baratos de los alimentos, pensiones altas. Ahora bien, en cuanto aparecen las inversiones reales que aparecen (no las taumatúrgicas con que soñaríamos), todos a la calle, “non na mio quintana” proclamamos en el mejor de los casos. Abran ustedes los informativos o las páginas de la prensa, es “el rayo que no cesa”: contra la quema de residuos que no hay más remedio que quemar (¿dónde enterrarlos, si no?), contra las prospecciones mineras, contra los parques de baterías, contra la minería, contra, contra… Y así, nuestra juventud emigra por miles todos los años, en busca de lugares, si acaso un poco menos impolutos (lo que está por demostrar), pero donde hay trabajo, oportunidades y vida.

Vaselinizando

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(Ayer, en La Nueva España) VASELINIZANDO Miércoles 20 de marzo del presente. Todos los medios recogen las solemnes palabras de don Adrián Barbón en la Xunta rechazando “de forma clara, nítida y rotunda” la propuesta de financiación de Cataluña porque “rompe con el acuerdo multilateral y la solidaridad entre españoles”. Sábado 13 de abril del presente. Guillermo Peláez, consejero de Hacienda y portavoz del Gobiernu, al respecto de la propuesta del candidato socialista catalán Illa de un consorcio entre las agencias tributarias de Cataluña y del Estado para una recaudación “distinta”, manifiesta su comprensión y argumenta que esa propuesta ya está contemplada en el artículo 204 del Estatut. Efectivamente, en ese texto se apunta la posibilidad de un consorcio entre la Agencia Estatal de Administración Tributaria y la Agencia Tributaria de Cataluña. El texto prevé, asimismo, que ese consorcio pueda convertirse en la Administración Tributaria en Cataluña. El portavoz precisa que, en todo caso, la única condición aceptable de esa mixtura sería que fuese la Administración estatal la que gobernase íntegramente los fondos, cuestión fundamental, según él, para mantener el principio de solidaridad interterritorial. Ahora bien, preguntémonos, ¿para qué querrían los capitostes catalanes una gobernación conjunta de la recaudación si no fuese para sacar partido de ello? Contextualicemos: la reforma del modelo de financiación de Cataluña está incluida tanto en los acuerdos de investidura entre el PSOE y ERC como en los que se efectúan con Junts per Catalunya. Con Esquerra se pactó la constitución, durante el primer trimestre de 2024, de una comisión bilateral entre gobiernos para "llegar a un acuerdo y posibilitar avances" en la financiación. Esos avances en la financiación consistirían, fundamentalmente, en financiaciones extraordinarias, como las del plan de Cercanías (Rodalies); en el aumento de la financiación general de Cataluña, que se entiende como infradotada, y en la limitación de la aportación de Cataluña a la solidaridad común única o primordialmente en las materias de sanidad y educación. Por si ustedes tienen alguna duda de cómo hemos llegado hasta aquí, les recuerdo: desde al menos el 2001 el PSOE ha venido impulsando lo que denominaron “federalismo asimétrico”, es decir, un trato diferenciado en lo político y económico para Cataluña. Socialistas de todo pelaje lo aplaudieron e impulsaron. Fruto de todo ello fue el Estatut de 2006, que posteriormente el Constitucional “peló” en parte. Solo una “perla” de las que el Constitucional peló de aquel Estatut que los socialistas impulsaron y jalearon: la solidaridad, limitada a sanidad y educación, de Cataluña se produciría “siempre y cuando [las demás comunidades] lleven a cabo un esfuerzo fiscal también similar”. Naturalmente, todos los socialistas de todo género, condición o región, proclamaron que “nunca tolerarían” ninguna discriminación o desigualdad, y más tarde se dieron por satisfechos y alabaron el Estatut insolidario. Es más, protestaron cuando se recortó lo más escandalosamente infumable. ¿Y qué creen que harán las huestes de don Pedro Sánchez cuando, tras las elecciones catalanas, los de Junts y ERC les exijan el cumplimiento de los acuerdos firmados, si es que quieren seguir en la Moncloa? Pues como hicieron y harán: aprobar, justificar y negar. Porque eso es la fe: “no creer lo que vemos”, negarlo en virtud de nuestra fe, de nuestra adscripción a una Iglesia. Y para eso sirven las palabras de don Guillermo Peláez, para ir preparándonos, vaselinizando.

Arcelor: el ruido y la nueces

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(Ayer, en La Nueva España) EL RUIDO Y LAS NUECES: ARCELOR Arcelor viene a representar el 12% del PIB asturiano, emplea directamente 5.000 personas y 1.800 a través de empresas auxiliares. Genera, además, un número importante de empleos indirectos. El posible cierre de un horno alto por no invertir en la nueva plata de reducción directa de mineral de hierro (DRI, por sus siglas en inglés) -para la que existe una cuantiosa subvención europea, 450 millones- constituye una elevada preocupación en todos los ámbitos. Supongo que en el Gobierno Central, cuyo presidente se ha entrevistado varias veces con el propietario de la multinacional siderúrgica y que en 2021 acordó con el mismo el plan de descarbonización de la siderurgia española y la subvención de 450 millones de fondos europeos para la instalación del nuevo horno de reducción directa de mineral de hierro mediante la utilización de hidrógeno verde, habrá cierta preocupación sobre el asunto. En todo caso, algunos altos cargos del Gobierno Central, como Luis Ángel Colunga, que fue sindicalista en Arcelor antes que alto cargo, negaba “que existan inquietudes en cuanto a la inversión de Arcelor Mittal”. Gimena Llamedo, Vicepresidente del Gobierno de Barbón, manifiesta también su confianza “en que las inversiones en Asturias se lleven a cabo”. Ahora bien, la mayor parte de los políticos, los sindicatos y la opinión no están tan seguros, y las reacciones de algunos resultan sorprendentes. Algunas se parecen a una amenaza. Así las de don Adrián: "Espero que ceda, y si no ya hablaremos de otras cosas". “Ya que aceptaron las ayudas, que ejecuten pronto la inversión”. Otras llaman a la guerra, es decir a la nacionalización de la siderurgia, como lo hacen el PSOE gijonés o CCOO: “El Estado debe garantizar el futuro de la siderurgia en Asturias, con o sin Arcelor. La compañía ha tomado a la región como rehén; si no concreta su inversión, debe intervenirse su gestión hasta las últimas consecuencias”. Más discretos, en UGT reclaman un “frente común” político y sindical para defender el futuro de la siderurgia. Y otras suenan a pura jactancia: “Asturias no renunciará a una siderurgia integral” (Adrián Barbón, 22/02/2024). Lo común a todas estas declaraciones es que constituyen un puro flatus vocis, como lo constituyen las amenazas de movilizaciones de los sindicatos: ninguna capacidad tenemos desde aquí, ni con ruegos ni con amenazas, para influir en la cuestión fundamental: los costes de la energía verde para la hipotética planta de DRI y la voluntad de la empresa con respecto a su actividad en Europa y el mundo, esto es, con respecto al negocio, porque Arcelor-Asturias no es una empresa benéfica: ni tiene una deuda con nosotros ni la obligación de respetar “las esencias del pasado”. Y, de momento, el negocio, es decir, la rentabilidad de la nueva inversión del DRI, depende fundamentalmente del costo previsible y sostenido de la energía en el futuro, de esa energía tan verde que es el hidrógeno verde. Un breve paréntesis: Quien se haya asomado a algunas informaciones sobre ese tipo de energía “limpia”, verá que se trata, por el momento, de poco más que un “veremos”, por varias razones, entre otras, la de los precios previsibles para los próximos años. Les doy solo dos titulares de LA NUEVA ESPAÑA: “El hidrógeno verde empieza a cotizar y su precio multiplica por ocho el del gas”. Y estas declaraciones del Director General de Electra Norte, Juan Díaz Díaz: “El hidrógeno verde tendrá cabida, pero no en un futuro próximo; los números no salen” (18/02/2024). Con el hidrógeno verde (o rosa), la descarbonización, los problemas del campo y otras cuestiones nos encontramos con idéntico problema: las ideaciones de ciertos grupos nefelibáticos que dictan normas que no tienen en cuenta su viabilidad, su encaje en la realidad, o su contraste con lo que sucede en un mundo que es interdependiente. Que la clave de las nuevas inversiones descarbonizadoras en DRI es el precio de la energía es evidente: en Francia, donde Mittal ha conseguido un contrato de precio “dopado” a largo plazo con la compañía estatal de energía, EDF, sí se ha comprometido la empresa a poner en marcha la inversión que en Asturies retrasa o niega. Se podrá pensar que esas dilaciones de Arcelor-Mittal aquí se deben a una estrategia de la compañía para garantizarse, además de las subvenciones ya prometidas, otras mejoras. Pues no cabe duda, pero la clave sigue siendo la misma: es un negocio, no una ONG. Se podría pensar, como piensan algunos, que el Estado, para mantener un alto volumen de producción y empleo, podría nacionalizar la siderurgia asturiana o toda la española. Al margen de la añoranza que persiste en muchos asturianos de aquellos tiempos en que que tantos cientos de miles de personas dependían del Estado (¿cuándo era aquello? ¿podrá decirse?), ¿alguien ha calculado si ello es posible y sus costos, así como los costos de transición?, ¿alguien recuerda cómo era la gestión de Ensidesa-Uninsa y la productividad de su empleo? ¿Se ha pensado cómo se solucionarían esos arduos, inevitables y, tal vez, insolubles problemas nacionalizada la siderurgia? Y la pregunta fundamental: ¿A quién se trasladarían los costes de producir con una energía, la del hidrógeno verde, a precios inasumibles? ¿Ya no lo serían bajo la capa que todo lo tapa, la de lo público? Mucho ruido, pero las nueces son las que son. Xuan Xosé Sánchez Vicente

Pqueñas grandes cosas

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(Ayer, en La Nueva España) PEQUEÑAS GRANDES COSAS «Propugno el derecho del hombre corriente a decir lo que piense del Gobierno que exista, por poderoso que sea, y asimismo su derecho a derribar ese Gobierno si cree que con ello va a mejorar su humor o va a mejorar su casa o su país, y siempre que para ello persuada a bastante gente de que vote con él». W. Churchill Leo y oigo sin pizca de asombro el asombro de comentaristas y particulares por que la derecha hubiese superado en el conjunto de España (700.000 votos y un 3% más el PP que el PSOE) a la izquierda, como si la meritoria e impoluta labor del Gobierno Sánchez-Podemos hubiese sido despreciada e ignorada pese a la evidencia de su incontrovertible bondad. Precisemos, ante todo, dos cuestiones sobre los resultados. En cuanto a la izquierda, el gran vapuleado ha sido Podemos, la parte más estridente del Gobierno. Por la derecha, gran parte de su subida se debe a la desaparición de Ciudadanos. Estas dos variables no explican el conjunto de los resultados, pero son parte importante de ellos. Y en cuanto a la adscripción general de los votantes, existen dos tipos: los «herodianos», que son aquellos que seguirían votando a Herodes tras la matanza de los inocentes, bien justificándola, bien desconociéndola, bien echando la culpa al rival, y los «no herodianos», aquellos que cambian su voto o se quedan en casa según la coyuntura, el juicio sobre el gobierno o, simplemente, la moda o el humor. Los primeros constituyen la base firme de los partidos a una y otra banda. Los segundos son menos. Pero volvamos al voto en estas elecciones. ¿Hay razones para que los «no herodianos» hayan votado distinto a lo que han hecho en otras elecciones o para que se hayan quedado en casa? Pues quizás existen algunas pequeñas grandes cosas. Veámoslas. A confesión de parte, sobran pruebas, dice el adagio. He aquí al señor Barbón echando la culpa a la gestión del lobo de la pérdida de escaños en la zona rural. ¿Y cómo ha sido esa gestión? Pues producir daños morales y económicos a los ganaderos, carecer de empatía hacia sus problemas y hacia el sufrimiento de los animales atacados, aterrorizados y lesionados, y apoyar el discurso o manía (que algunos llamarán ideología) de quienes tienen empatía con las imágenes de los lobos, con los que no conviven ni cuyos daños sufren. En otros términos, apoyar les zunes o caprichos de unos pocos contra la realidad de otros muchos. Pasemos a otro ámbito. Los robos de la propiedad de la vivienda, llamados eufemísticamente ocupaciones. Si ustedes escuchan a las podemitas del Gobierno, es ese un problema que, en realidad, es inexistente o que afectaría solamente a los muy ricos y capitalistas, y que acrecientan las empresas que venden alarmas para las casas. O a Patxi López (el tipo que impidió a Rajoy dar el pésame a los familiares de Isaías Carrasco, una infamia difícilmente olvidable): para él, el 99% de los robos de la propiedad de la vivienda (ocupaciones) se producen en inmuebles vacíos de grandes propietarios. Pero, si ustedes se toman la molestia de leer o ver las noticias, sabrán todos los días de familias «normales» expoliadas de su renta o de su casa, teniendo que pagar, además, la luz y el agua de la que ya no es su casa. Verán también cómo muchos de esos expropiadores amparados por la ley son simplemente mafiosos o bandas organizadas, no pobres familias sin techo. Pues bien, para mejorar la cosa, la nueva ley de vivienda agrava más la situación, y a quienes no quieren poner su segunda vivienda en renta por miedo a que se queden con ella durante unos años sin pagarles un duro les suben el IBI como castigo. Lo de la ley trans o la ley Sisí —y especialmente, en este caso, la gestión del disparate, que obligó al PSOE a pedir ayuda al PP— son dos ejemplos más de esas «pequeñas grandes cosas» que pueden haber hecho a más de uno trasladar su voto, quedarse en casa o castigar a quienes legislan sin seso y perseveran con contumacia. Lo de la ley de protección animal, lo dejo en la consideración de ustedes. Lo más notable de estas decisiones es, por un lado, que se legisla sin importar las consecuencias de lo que se legisla —pese a las advertencias de los técnicos— y, sobre todo, que se legisla para imponer a todos el capricho, la manía o la zuna (insisto, ellos lo llamarán «ideología») de un pequeño grupo cercano al poder. Y algún peso hubieron de tener en algún voto dos decisiones, estrictamente políticas, de pago de alianzas: los indultos a los golpistas catalanes, la modificación de las leyes para librarlos de las condenas por malversación o atenuarlas y la eliminación del delito de sedición; los acuerdos con Bildu y su proyección ante la opinión pública como fuerza «constructora de leyes» para toda España. Finalizo con dos reflexiones. La primera, Bildu no se «equivocó» llevando en su lista exetarras y gente condenada (y con sus penas con la justicia ya saldadas, ciertamente): su éxito electoral ha sido notable. De ahí, por cierto, pueden ustedes sacar alguna conclusión sobre los votantes de Bildu y de una parte de la sociedad vasca. La segunda. El PNV debe de estar empezando a arrepentirse de aquel día que le temblaron las piernas ante la moción de censura a Mariano Rajoy.

El dinero público no es de Barbón y Revilla

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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU EL DINERO PÚBLICO NO ES DE BARBÓN Y REVILLA Un error en 2020, detectado inmediatamente e inmediatamente subsanable, permitió al Gobierno central arronchar en el gasto en nuevos trenes de FEVE para Asturies y Cantabria. ¡Total, para dos pininos políticos, cántabros y astures, de no mucha población y escaso peso…! Pero cuando se supo la noticia, el escándalo tomó proporciones gigantescas, no por lo sustancial, el menosprecio a ambas comunidades, sino por lo episódico, aquello de que los trenes no entraban en los túneles. El ruido se intentó acallar con dimisiones, un papel (un “compromiso”) con una declaración de que las nuevas unidades ferroviarias se iban a acelerar y viajes gratuitos para los usuarios de cercanías a partir del año que viene y hasta 2026. Ahora bien, ¿esa “indemnización” a esos usuarios de qué los indemniza? ¿De viajar en un servicio lento y con fallos, como hasta ahora, y que seguirá igual con las nuevas unidades? ¿Qué relación existe entre el retraso de los trenes y el costo de los viajes? Y, ya en ello, ¿por qué no indemnizar a las víctimas de un igual mal servicio de cercanías de Galicia, Castilla-León o Extremadura, que ya han exigido lo mismo? Ninguna relación existe entre una cosa y otra. En realidad, a quien se trata de indemnizar es a don Adrián y a don Miguel Ángel, que son realmente quienes han sufrido daño: menoscabo en su imagen y, potencialmente, en sus votos. Decía Carmen Calvo que el dinero público no es de nadie. Pues parece que, en este caso, sí lo es, de los indemnizados, don Adrián y don Miguel Ángel. Pero no es cierto tampoco, aunque ese sea su uso. El dinero público, incluido el de la deuda, es de usted, querido lector, y de cada uno de los españoles, que lo pagan con su trabajo, su IRPF, con el IVA cada vez que compran, y con su sudor. Incluso de quienes viajarán gratis.

Entre la rendición de cuentas, el modelo y el debate

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(Ayer, en La Nueva España) ENTRE LA RENDICIÓN DE CUENTAS, EL MODELO Y EL DEBATE Traje azul oscuro que parece grisáceo a veces en la retransmisión, corbata azul celeste con pintas blancas, camisa clara y sus habituales gafas con un toque de modernidad color caramelo en las patillas, el Presidente habla rápido y claro. Cada vez que pasa un folio, escrito con letra grande, ordena la pila de los ya leídos. De vez en cuando, un tic lo lleva por un brevísimo instante al pantalón, que quizá le molesta. El discurso comienza con lo que señala como tres hitos: los compromisos de Mittal, y, por tanto, del futuro del tractor de nuestra industria; la llegada ya próxima del AVE, con su implicación de futuro y de reparación de un retraso inaceptable; la vuelta al casi estado de normalidad de la pandemia, que es en parte mérito de su Gobierno, y que marca un punto de salida. Después, las grandes líneas de lo que él llama “su modelo”: igualdad entre las personas (lo que incluye el par mujeres/hombres), igualdad territorial, modernización. Como al final, unas líneas en asturiano ahora. Marca, sin duda, una diferencia con los anteriores presidentes. Los primeros momentos son para subrayar datos que invitan al optimismo, las mejoras en empleo (evita decir cuánto de ello es empleo público), el crecimiento en la industria y la construcción, el auge del turismo. Y, a partir de ahí, desarrolla un análisis de logros y propuestas, cuya primera parte corresponde a lo que es el grueso del presupuesto: educación, sanidad, asistencia social, y una nota de la administración: la vuelta a la presencialidad, tanto en la sanidad como en los mostradores de las oficinas. (De vez en cuando los subtítulos de la TPA dejan ver con claridad cuál es, en realidad, el estado de la cuestión lingüística: todos en castellano y la toponimia, al revés. Subrayan, así, las incongruencias del Ejecutivo y el discurso vacío de cierta oposición). Aborda después una serie de logros y fracasos, totales o parciales, de su Gobierno, que quieren señalar su capacidad de defender los intereses asturianos frente a sus conmilitones de Madrid: el estatuto electrointensivo y los derechos de emisión de Co2, la cuestión del lobo, ligada a la ganadería extensiva y el despoblamiento, el peaje del Huerna, la financiación autonómica. El reconocimiento de esos fracasos o medios éxitos, da paso al planteamiento de las grandes cuestiones inmediatas o de futuro: la financiación autonómica, el nuevo estatuto (con el cumplimiento del artículo 3º de la Constitución española), el medio ambiente, el reto demográfico, el peaje del Huerna, las cercanías, la reforma administrativa, los nuevos presupuestos, y, especialmente, la digitalización y la transformación industrial, la ocasión para, con el auxilio de los fondos europeos y los proyectos ya en marcha (no podía dejar de citar la instalación de Amazon en Bobes), poner a Asturies “en la vanguardia de la revolución industrial” (dice, erróneamente, “por primera vez”). El tono general del discurso, fue mansulín, sin apenas picotazos a la oposición, salvo uno al PP por la prolongación del peaje del Huerna, y varias a “la extrema derecha”, por su desprecio a la autonomía y por su hostilidad casi barriobajera hacia el asturiano. Parejamente, sus llamamientos al diálogo y el acuerdo —por el bien de Asturies, más que por el del Gobierno, vino a decir— constituyeron el elemento central de su discurso. Es evidente que de esa forma, sobre construir la alabanza de los méritos de su Gobierno, al señalar qué no han podido alcanzar pese a sus esfuerzos, sobremanera en la pugna con el Central, prepara la segunda parte del debate: méritos, humildad, reconocimiento de objetivos no logrados y petición de acuerdos. La oposición, por su lado, ya habrá buscado los datos y les resquiebres del discurso por donde se pueda distinguir del Ejecutivo y atacarlo, algunos con más fiereza, otros con menos. Casi ninguno dejará de ofrecer disposición al diálogo desde sus premisas.

Ayer, en La Nueva España: Certezas, incertidumbres, alfilerazos.

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CERTEZAS, INCERTIDUMBRES, ALFILERAZOS

Es un clamor en la calle y en las redes sociales: “teníamos que haber cerrado en el verano, cuando estábamos bien, para que no viniese nadie a contagiarnos”. Es un hablar por hablar: ningún Gobierno puede cerrar su territorio si el Gobierno central y el Congreso no instituyen esa posibilidad. De modo que el señor Barbón no podía cerrar Asturies, aunque quisiese. Pero esa optación irrealista parte de una ensoñación, la de que el dinero nos cae del cielo y que existe con solo desearlo o apuntarlo en los presupuestos: si no hay actividad económica no podrán pagarse empleos, ni, a la larga, pensiones, ni sueldos de funcionarios, ERTES o subsidios de paro. ¿De dónde iba a salir? Ya lo ven ustedes con este cierre último: los empleos y las empresas cayendo como moscas. Así que todo el verano… Sin olvidar que, en esa época, Europa incitaba a no cerrar las fronteras de ningún país.

Pero hay, además, en esa tesis un doble error de percepción, el primero el que los contagios vienen del verano, y no: el crecimiento de los mismos viene de mediados de octubre. En segundo lugar, no es ese brutal incremento de los contagios una cuestión asturiana ni española, es europea: ha pasado lo mismo en todos los países y desde las mismas fechas, con un crecimiento exponencial, consecuencias graves y medidas de cierres drásticas. En todos los países.

Desconocemos casi todo del virus. No solo cuáles son los mecanismos internos por los que infecta unos órganos u otros; por qué cesan sus efectos una vez dado de alta el afectado o le deja secuelas permanentes; cuál es la razón de que unos infectados lo padezcan sin síntomas o con síntomas leves y a otros los lleve a la UCI o a la muerte. Se van elaborando hipótesis que son, de ser ciertas, explicaciones parciales: la herencia neandertal, el grupo sanguíneo, las patologías previas, el potencial inmunitario personal… Pero tampoco conocemos con precisión las causas de su contagio: primero era a través de la saliva y el tacto, ahora parece que, fundamentalmente, se transmite por aerosoles; antes no se exigían las mascarillas (y no solo en España), ahora sí, y aun parece que algunas de las recomendadas, las más recomendadas, son ineficaces, al menos en interiores. Desconocemos igualmente la razón de que en unas mismas fechas y en muchos territorios al mismo tiempo la expansión se produzca de forma brutal. ¿Es el clima? ¿El cambio de relaciones sociales del verano a otoño? Parece probable que, en cualquier caso, haya variables que se nos escapen, probablemente inherentes al propio virus y a su evolución.

Lo que sí tenemos la certidumbre de que esto va para largo, y que, domada esta ola, volverán otra u otras. Incluso, producida una vacunación masiva —que no es lo mismo que tener dispuesta la vacuna (que el Gobierno nos aseguró primero para diciembre, después para mayo y ahora Pfizer para más o menos pronto)—, tendremos que seguir con precauciones un período largo. Tampoco sabemos la duración de la inmunidad de la vacuna, y si habrá que vacunarse de tanto en tanto. Desconocemos, asimismo, si el virus va a seguir siempre ahí o vamos a conseguir eliminarlo.

Lo que son ciertos son sus efectos devastadores en la salud y en lo económico, con la amenaza de una grave crisis social y de empleo que no va a poder seguir aliviándose y ocultándose mediante la emisión ilimitada de “belarminos”.

Y, por cierto, la situación actual demuestra que en Asturies no éramos tan buenos en lo que hacíamos como presumíamos, sino que tuvimos suerte, sin quitar méritos a nuestra sanidad. Y que no fuimos capaces de prepararnos para este segundo ataque, al menos no tanto como debiéramos.

Por cierto, cuando Madrid estaba en el pasado inmediato en aquella tan mala situación y todo el mundo venía a echar la culpa de ello a la derecha y los recortes, y aun a insinuar o proclamar que eran Madrid y la derecha los culpables de lo que ocurría en media España (García-Page: “Madrid es una bomba radioactiva vírica”), era atronador el vocerío progresista (político, mediático, ciudadano, de las redes sociales) contra Madrid-Ayuso, vocerío en el que participó nuestro Presidente, don Adrián. Si ustedes quieren disponerse hoy arrectis auribus, coles oreyes llevantaes, notarán el atronador silencio que se produce ahora que Madrid ha mejorado mucho y presenta progresivamente mejores datos que otras comunidades.

Pues bien, aprovechando la situación, la Presidenta Ayuso devuelve a Barbón las caricias y le ofrece “toda la ayuda de Madrid”. Este a su vez le contesta y no se limita a darle las gracias, sino que le propina otro alfilerazo: “Con cuanta mayor contundencia actuemos todos, mayores males evitaremos”, palabras en las que hay una evidente crítica a la gestión (exitosa, de momento y a lo que parece, de Ayuso).

¿Qué quieren que les diga? A mí todo esto me parece…, pongan ustedes la palabra.

Güei, en LNE: "Alfonso, Fraga, Barbón"

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Güei, en LNE: "Alfonso, Fraga, Barbón" (El camín de Santiago, turismu, cultura y promoción).