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Ayer, en La Nueva España

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RETRATO CON PUÑALADA Podría redactar este artículo a base de titulares. Enteramente. Pero no lo haré por educación, aunque acaso sería más impactante. Pero antes de entrar en materia, déjenme decirles que, pese a lo que va a venir, pese al retrato y su veracidad, hay una parte de la realidad asturiana que queda fuera, aquella que exporta y triunfa en el ámbito del metal, por ejemplo, o en el del naval; la que innova y crece en el ámbito informático, tanto en servicios como en creación de programas; el de la construcción. El resto, en gran medida, es este retrato, el que ahora viene: Superamos los 80.000 parados, una de las peores cifras de todos los tiempos, y tenemos casi 29.000 conciudadanos en regulación de empleo (ERTE), bastantes de los cuales engrosarán inevitablemente las cifras del paro, pues muchos de ellos pertenecen a empresas con grandes dificultades (hostelería, por ejemplo, turismo), que acabarán cerrando. De los autónomos y sus perspectivas no es necesario que les cuente a ustedes. Ello, naturalmente, está en correlación con otros datos macro: somos una comunidad a la colísima del crecimiento y se estima que nuestra recuperación estará entre las más tardas de entre todas. Y, en medio de todo ello, llegó, por fin, la puñalada, no por menos temida menos previsible para quien quisiese ver, la del estatuto del consumidor electrointensivo. Durante más de dos años se venía esperando que las empresas grandes consumidoras de energía, no todas asturianas, pero sí muchas de ellas, tuviesen tarifas o compensaciones en los costos energéticos que les permitiesen igualarse con sus competidores europeos y ajustar los precios, tanto para rivalizar con los productos que estos últimos producen como para competir con los que se importan de países de fuera de la unión que fabrican a menores costos, por subvenciones, por mano de obra o por no tener impuestos ambientales o tenerlos escasos. Pues bien, pese a los lloriqueos del Gobierno asturiano, a las reclamaciones de las empresas y organizaciones empresariales, a las exigencias sindicales, nada de nada. El nuevo estatuto (la nueva regulación tarifaria) ayuda a empresas de menor tamaño, empresas que antes no gozaban de ayudas para su consumo eléctrico y que, ¡nadie piense mal!, están situadas mayoritariamente en Cataluña, Euskadi y Valencia. Y ahora sí viene algún titular. «La industria asturiana recibe tiros en el pie cada día». «Asturias es el tonto útil y el paganini de la transición energética». Todo el mundo protesta, con más intensidad si no está cerca del poder, con más sordina, si cerca. Hasta el Gobierno asturiano ha dicho que la norma es “poco favorable” y anuncia que alegará, ¡cómo será ello! La gran industria paga en Asturies más del doble por la luz que en Alemania y en Francia. Ante esa realidad, el Central alega que el nuevo estatuto se acoge los límites que marca la UE, y que las ayudas que dan esos países saltan la normativa. ¡Pues sáltenla ustedes, si es que es así! Pero defiendan a los suyos, a los suyos españoles, en general, y a los suyos suyos, en particular. Porque no hay que olvidar que el Altísimo recibió el apoyo del socialismo asturiano, y que en sus palmas lo elevaron al Olimpo dos especialísimos ángeles que, según presumen, sobre seguir estando a su lado, velan continuamente por nosotros, los asturianos. Pues ya ven. Esa vela será de velatorio. Porque, en este caso, del mayor amigo, la mayor puñalada. Y siempre igual. ¡Pero, hombre, si hasta Pelayo llegó a calar a Munuza!

Ayer, en La Nueva España: Certezas, incertidumbres, alfilerazos.

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CERTEZAS, INCERTIDUMBRES, ALFILERAZOS

Es un clamor en la calle y en las redes sociales: “teníamos que haber cerrado en el verano, cuando estábamos bien, para que no viniese nadie a contagiarnos”. Es un hablar por hablar: ningún Gobierno puede cerrar su territorio si el Gobierno central y el Congreso no instituyen esa posibilidad. De modo que el señor Barbón no podía cerrar Asturies, aunque quisiese. Pero esa optación irrealista parte de una ensoñación, la de que el dinero nos cae del cielo y que existe con solo desearlo o apuntarlo en los presupuestos: si no hay actividad económica no podrán pagarse empleos, ni, a la larga, pensiones, ni sueldos de funcionarios, ERTES o subsidios de paro. ¿De dónde iba a salir? Ya lo ven ustedes con este cierre último: los empleos y las empresas cayendo como moscas. Así que todo el verano… Sin olvidar que, en esa época, Europa incitaba a no cerrar las fronteras de ningún país.

Pero hay, además, en esa tesis un doble error de percepción, el primero el que los contagios vienen del verano, y no: el crecimiento de los mismos viene de mediados de octubre. En segundo lugar, no es ese brutal incremento de los contagios una cuestión asturiana ni española, es europea: ha pasado lo mismo en todos los países y desde las mismas fechas, con un crecimiento exponencial, consecuencias graves y medidas de cierres drásticas. En todos los países.

Desconocemos casi todo del virus. No solo cuáles son los mecanismos internos por los que infecta unos órganos u otros; por qué cesan sus efectos una vez dado de alta el afectado o le deja secuelas permanentes; cuál es la razón de que unos infectados lo padezcan sin síntomas o con síntomas leves y a otros los lleve a la UCI o a la muerte. Se van elaborando hipótesis que son, de ser ciertas, explicaciones parciales: la herencia neandertal, el grupo sanguíneo, las patologías previas, el potencial inmunitario personal… Pero tampoco conocemos con precisión las causas de su contagio: primero era a través de la saliva y el tacto, ahora parece que, fundamentalmente, se transmite por aerosoles; antes no se exigían las mascarillas (y no solo en España), ahora sí, y aun parece que algunas de las recomendadas, las más recomendadas, son ineficaces, al menos en interiores. Desconocemos igualmente la razón de que en unas mismas fechas y en muchos territorios al mismo tiempo la expansión se produzca de forma brutal. ¿Es el clima? ¿El cambio de relaciones sociales del verano a otoño? Parece probable que, en cualquier caso, haya variables que se nos escapen, probablemente inherentes al propio virus y a su evolución.

Lo que sí tenemos la certidumbre de que esto va para largo, y que, domada esta ola, volverán otra u otras. Incluso, producida una vacunación masiva —que no es lo mismo que tener dispuesta la vacuna (que el Gobierno nos aseguró primero para diciembre, después para mayo y ahora Pfizer para más o menos pronto)—, tendremos que seguir con precauciones un período largo. Tampoco sabemos la duración de la inmunidad de la vacuna, y si habrá que vacunarse de tanto en tanto. Desconocemos, asimismo, si el virus va a seguir siempre ahí o vamos a conseguir eliminarlo.

Lo que son ciertos son sus efectos devastadores en la salud y en lo económico, con la amenaza de una grave crisis social y de empleo que no va a poder seguir aliviándose y ocultándose mediante la emisión ilimitada de “belarminos”.

Y, por cierto, la situación actual demuestra que en Asturies no éramos tan buenos en lo que hacíamos como presumíamos, sino que tuvimos suerte, sin quitar méritos a nuestra sanidad. Y que no fuimos capaces de prepararnos para este segundo ataque, al menos no tanto como debiéramos.

Por cierto, cuando Madrid estaba en el pasado inmediato en aquella tan mala situación y todo el mundo venía a echar la culpa de ello a la derecha y los recortes, y aun a insinuar o proclamar que eran Madrid y la derecha los culpables de lo que ocurría en media España (García-Page: “Madrid es una bomba radioactiva vírica”), era atronador el vocerío progresista (político, mediático, ciudadano, de las redes sociales) contra Madrid-Ayuso, vocerío en el que participó nuestro Presidente, don Adrián. Si ustedes quieren disponerse hoy arrectis auribus, coles oreyes llevantaes, notarán el atronador silencio que se produce ahora que Madrid ha mejorado mucho y presenta progresivamente mejores datos que otras comunidades.

Pues bien, aprovechando la situación, la Presidenta Ayuso devuelve a Barbón las caricias y le ofrece “toda la ayuda de Madrid”. Este a su vez le contesta y no se limita a darle las gracias, sino que le propina otro alfilerazo: “Con cuanta mayor contundencia actuemos todos, mayores males evitaremos”, palabras en las que hay una evidente crítica a la gestión (exitosa, de momento y a lo que parece, de Ayuso).

¿Qué quieren que les diga? A mí todo esto me parece…, pongan ustedes la palabra.