Mostrando entradas con la etiqueta vacunes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacunes. Mostrar todas las entradas

BUENAS Y MALAS

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU BUENAS Y MALAS Cuando las cosas van bien, es obligación señalarlo. Así, la marcha de la vacunación y la disminución de los contagios en Asturies. En ambos aspectos destacamos frente al resto de España. En el primer caso, por el alto porcentaje de vacunados, en el segundo, por la escasa cifra de los mismos. Es cierto que, en este último aspecto, hay posiblemente un vector que es parcialmente independiente de la acción humana, pero, fundamentalmente, depende de las vacunas y las medidas restrictivas. Mérito, pues, del Gobierno, mérito que subraya el que hayamos sido capaces de emplear todas las dosis que nos han sido suministradas, mientras otras comunidades, que presumen de grandes éxitos de modernidad y riqueza, almacenan vacunas a punto de caducar. Lo que parece que va a ser la relativamente próxima apertura ferroviaria por el Huerna no es un éxito que podamos atribuir a este gobierno ni a ninguno de los anteriores, ni de aquí ni de allí, aunque habrá en su día que reconocer el papel fundamental de dos personajes en ello. En todo caso, estaremos de enhorabuena y, por favor, no me hagan chistes relacionando la supresión de la marcha atrás para los asturianos en León con el estado de nuestra demografía. Lo que se ha convertido en una pesadilla más de la pandemia ha sido la cita previa y el retraso en la atención a los ciudadanos en diversos servicios, públicos o privados. La Administración, los bancos, las empresas han tomado como costumbre un cierto relajo en sus empleados y una cierta demora en la atención al paciente o al cliente. Actitud que, si justificada en los momentos más duros de la pandemia, parece haberse convertido ahora en una comodidad a la que cuesta renunciar. En algunos casos, esa deficiencia en el servicio, especialmente grave y quejosa en el ámbito sanitario, parece encontrarse, en parte, pero solo en parte, con problemas de personal.

Ayer, en La Nueva España: Certezas, incertidumbres, alfilerazos.

0 comentarios

 


CERTEZAS, INCERTIDUMBRES, ALFILERAZOS

Es un clamor en la calle y en las redes sociales: “teníamos que haber cerrado en el verano, cuando estábamos bien, para que no viniese nadie a contagiarnos”. Es un hablar por hablar: ningún Gobierno puede cerrar su territorio si el Gobierno central y el Congreso no instituyen esa posibilidad. De modo que el señor Barbón no podía cerrar Asturies, aunque quisiese. Pero esa optación irrealista parte de una ensoñación, la de que el dinero nos cae del cielo y que existe con solo desearlo o apuntarlo en los presupuestos: si no hay actividad económica no podrán pagarse empleos, ni, a la larga, pensiones, ni sueldos de funcionarios, ERTES o subsidios de paro. ¿De dónde iba a salir? Ya lo ven ustedes con este cierre último: los empleos y las empresas cayendo como moscas. Así que todo el verano… Sin olvidar que, en esa época, Europa incitaba a no cerrar las fronteras de ningún país.

Pero hay, además, en esa tesis un doble error de percepción, el primero el que los contagios vienen del verano, y no: el crecimiento de los mismos viene de mediados de octubre. En segundo lugar, no es ese brutal incremento de los contagios una cuestión asturiana ni española, es europea: ha pasado lo mismo en todos los países y desde las mismas fechas, con un crecimiento exponencial, consecuencias graves y medidas de cierres drásticas. En todos los países.

Desconocemos casi todo del virus. No solo cuáles son los mecanismos internos por los que infecta unos órganos u otros; por qué cesan sus efectos una vez dado de alta el afectado o le deja secuelas permanentes; cuál es la razón de que unos infectados lo padezcan sin síntomas o con síntomas leves y a otros los lleve a la UCI o a la muerte. Se van elaborando hipótesis que son, de ser ciertas, explicaciones parciales: la herencia neandertal, el grupo sanguíneo, las patologías previas, el potencial inmunitario personal… Pero tampoco conocemos con precisión las causas de su contagio: primero era a través de la saliva y el tacto, ahora parece que, fundamentalmente, se transmite por aerosoles; antes no se exigían las mascarillas (y no solo en España), ahora sí, y aun parece que algunas de las recomendadas, las más recomendadas, son ineficaces, al menos en interiores. Desconocemos igualmente la razón de que en unas mismas fechas y en muchos territorios al mismo tiempo la expansión se produzca de forma brutal. ¿Es el clima? ¿El cambio de relaciones sociales del verano a otoño? Parece probable que, en cualquier caso, haya variables que se nos escapen, probablemente inherentes al propio virus y a su evolución.

Lo que sí tenemos la certidumbre de que esto va para largo, y que, domada esta ola, volverán otra u otras. Incluso, producida una vacunación masiva —que no es lo mismo que tener dispuesta la vacuna (que el Gobierno nos aseguró primero para diciembre, después para mayo y ahora Pfizer para más o menos pronto)—, tendremos que seguir con precauciones un período largo. Tampoco sabemos la duración de la inmunidad de la vacuna, y si habrá que vacunarse de tanto en tanto. Desconocemos, asimismo, si el virus va a seguir siempre ahí o vamos a conseguir eliminarlo.

Lo que son ciertos son sus efectos devastadores en la salud y en lo económico, con la amenaza de una grave crisis social y de empleo que no va a poder seguir aliviándose y ocultándose mediante la emisión ilimitada de “belarminos”.

Y, por cierto, la situación actual demuestra que en Asturies no éramos tan buenos en lo que hacíamos como presumíamos, sino que tuvimos suerte, sin quitar méritos a nuestra sanidad. Y que no fuimos capaces de prepararnos para este segundo ataque, al menos no tanto como debiéramos.

Por cierto, cuando Madrid estaba en el pasado inmediato en aquella tan mala situación y todo el mundo venía a echar la culpa de ello a la derecha y los recortes, y aun a insinuar o proclamar que eran Madrid y la derecha los culpables de lo que ocurría en media España (García-Page: “Madrid es una bomba radioactiva vírica”), era atronador el vocerío progresista (político, mediático, ciudadano, de las redes sociales) contra Madrid-Ayuso, vocerío en el que participó nuestro Presidente, don Adrián. Si ustedes quieren disponerse hoy arrectis auribus, coles oreyes llevantaes, notarán el atronador silencio que se produce ahora que Madrid ha mejorado mucho y presenta progresivamente mejores datos que otras comunidades.

Pues bien, aprovechando la situación, la Presidenta Ayuso devuelve a Barbón las caricias y le ofrece “toda la ayuda de Madrid”. Este a su vez le contesta y no se limita a darle las gracias, sino que le propina otro alfilerazo: “Con cuanta mayor contundencia actuemos todos, mayores males evitaremos”, palabras en las que hay una evidente crítica a la gestión (exitosa, de momento y a lo que parece, de Ayuso).

¿Qué quieren que les diga? A mí todo esto me parece…, pongan ustedes la palabra.