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Pqueñas grandes cosas

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(Ayer, en La Nueva España) PEQUEÑAS GRANDES COSAS «Propugno el derecho del hombre corriente a decir lo que piense del Gobierno que exista, por poderoso que sea, y asimismo su derecho a derribar ese Gobierno si cree que con ello va a mejorar su humor o va a mejorar su casa o su país, y siempre que para ello persuada a bastante gente de que vote con él». W. Churchill Leo y oigo sin pizca de asombro el asombro de comentaristas y particulares por que la derecha hubiese superado en el conjunto de España (700.000 votos y un 3% más el PP que el PSOE) a la izquierda, como si la meritoria e impoluta labor del Gobierno Sánchez-Podemos hubiese sido despreciada e ignorada pese a la evidencia de su incontrovertible bondad. Precisemos, ante todo, dos cuestiones sobre los resultados. En cuanto a la izquierda, el gran vapuleado ha sido Podemos, la parte más estridente del Gobierno. Por la derecha, gran parte de su subida se debe a la desaparición de Ciudadanos. Estas dos variables no explican el conjunto de los resultados, pero son parte importante de ellos. Y en cuanto a la adscripción general de los votantes, existen dos tipos: los «herodianos», que son aquellos que seguirían votando a Herodes tras la matanza de los inocentes, bien justificándola, bien desconociéndola, bien echando la culpa al rival, y los «no herodianos», aquellos que cambian su voto o se quedan en casa según la coyuntura, el juicio sobre el gobierno o, simplemente, la moda o el humor. Los primeros constituyen la base firme de los partidos a una y otra banda. Los segundos son menos. Pero volvamos al voto en estas elecciones. ¿Hay razones para que los «no herodianos» hayan votado distinto a lo que han hecho en otras elecciones o para que se hayan quedado en casa? Pues quizás existen algunas pequeñas grandes cosas. Veámoslas. A confesión de parte, sobran pruebas, dice el adagio. He aquí al señor Barbón echando la culpa a la gestión del lobo de la pérdida de escaños en la zona rural. ¿Y cómo ha sido esa gestión? Pues producir daños morales y económicos a los ganaderos, carecer de empatía hacia sus problemas y hacia el sufrimiento de los animales atacados, aterrorizados y lesionados, y apoyar el discurso o manía (que algunos llamarán ideología) de quienes tienen empatía con las imágenes de los lobos, con los que no conviven ni cuyos daños sufren. En otros términos, apoyar les zunes o caprichos de unos pocos contra la realidad de otros muchos. Pasemos a otro ámbito. Los robos de la propiedad de la vivienda, llamados eufemísticamente ocupaciones. Si ustedes escuchan a las podemitas del Gobierno, es ese un problema que, en realidad, es inexistente o que afectaría solamente a los muy ricos y capitalistas, y que acrecientan las empresas que venden alarmas para las casas. O a Patxi López (el tipo que impidió a Rajoy dar el pésame a los familiares de Isaías Carrasco, una infamia difícilmente olvidable): para él, el 99% de los robos de la propiedad de la vivienda (ocupaciones) se producen en inmuebles vacíos de grandes propietarios. Pero, si ustedes se toman la molestia de leer o ver las noticias, sabrán todos los días de familias «normales» expoliadas de su renta o de su casa, teniendo que pagar, además, la luz y el agua de la que ya no es su casa. Verán también cómo muchos de esos expropiadores amparados por la ley son simplemente mafiosos o bandas organizadas, no pobres familias sin techo. Pues bien, para mejorar la cosa, la nueva ley de vivienda agrava más la situación, y a quienes no quieren poner su segunda vivienda en renta por miedo a que se queden con ella durante unos años sin pagarles un duro les suben el IBI como castigo. Lo de la ley trans o la ley Sisí —y especialmente, en este caso, la gestión del disparate, que obligó al PSOE a pedir ayuda al PP— son dos ejemplos más de esas «pequeñas grandes cosas» que pueden haber hecho a más de uno trasladar su voto, quedarse en casa o castigar a quienes legislan sin seso y perseveran con contumacia. Lo de la ley de protección animal, lo dejo en la consideración de ustedes. Lo más notable de estas decisiones es, por un lado, que se legisla sin importar las consecuencias de lo que se legisla —pese a las advertencias de los técnicos— y, sobre todo, que se legisla para imponer a todos el capricho, la manía o la zuna (insisto, ellos lo llamarán «ideología») de un pequeño grupo cercano al poder. Y algún peso hubieron de tener en algún voto dos decisiones, estrictamente políticas, de pago de alianzas: los indultos a los golpistas catalanes, la modificación de las leyes para librarlos de las condenas por malversación o atenuarlas y la eliminación del delito de sedición; los acuerdos con Bildu y su proyección ante la opinión pública como fuerza «constructora de leyes» para toda España. Finalizo con dos reflexiones. La primera, Bildu no se «equivocó» llevando en su lista exetarras y gente condenada (y con sus penas con la justicia ya saldadas, ciertamente): su éxito electoral ha sido notable. De ahí, por cierto, pueden ustedes sacar alguna conclusión sobre los votantes de Bildu y de una parte de la sociedad vasca. La segunda. El PNV debe de estar empezando a arrepentirse de aquel día que le temblaron las piernas ante la moción de censura a Mariano Rajoy.

Otra vez: Andalucía y Asturies

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Non ente Diego Terreros y Teodoro Cuesta, sinón per Mariano Rajoy y Carlos Herrera:

Veo'l títulu d'un artículu de Carlos Herrera n'ABC, "La mascá", que trata del puñetazu que-y dieren al Presidente'l Gobiernu. 
Lleo, pero nun acabo de saber qué significa'l títulu, o meyor, desconozo dafechu la palabra. 
Y, d'esmenu, daqué desurde nel mio cerebru: "a ver si esi mascá ye'l nuestru mazcada, 'tortazu'". 
Y voi al diccionariu la RAE y atopo:


2. f. vulg. And. Golpe a puño cerrado y de abajo arriba en la mandíbula.
3. f. vulg. And. Puñetazo en la boca.

(Lo de "vulg.", nun fai falta señalalo, significa "vulgar").



CARLOS HERRERA

La mascá


Mira per ónde: Andalucía y Asturies, otra vegada conectaes.

¡El hombre más feliz del mundo!

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El hombre o la mujer más feliz del mundo no es en estos momentos ninguno de los vencedores o de los que han tenido éxito, ni Ada Coláu, ni Manuela Carmena, ni Pedro Sánchez, ni Pablo Iglesias, ni Albert Rivera.

No. Ha sido Jiménez Losantos: ahora podrá decir que, como él venía diciendo, Mariano Rajoy es la ruina del PP.

Tengo miedo que le de un ataque.



UN DEBATE DE MUCHO INTERÉS POR NO TENERLO

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Valentín Andrés Álvarez, en una anécdota que Ortega comparte en El Espectador con modificaciones, cuenta que había un loco en Xixón quien afirmaba que el fútbol no existía, que era una cosa que habían inventado los periodistas de Uviéu contra los de Xixón. A mi entender, esto del debate del estado de la Nación es, de forma semejante, algo que inventaron los del PSOE y los del PP para meterse unos con otros, y de paso, y sobre todo, dejar fuera del tinglado a los demás.

Realmente el llamado «debate sobre el estado de la Nación» ningún interés presenta fuera de ese que tiene para sus dos protagonistas principales. Frente a lo que ocurría hace treinta años, en estos tiempos en que los centros de información y «entretenimiento» se han multiplicado por cien, en que aquella se ha hecho instantánea, en que ya sabemos horas antes hacia dónde van a orientar sus discursos y hasta lo que van a vestir los contendientes en las Cortes, porque lo filtran ellos mismos, tiene poco interés escucharlos. Y, digámoslo también, ya que es positivo, tiene poco interés porque los ciudadanos no esperan ni temen, por fortuna, ningún sobresalto, ninguna revolución proveniente de los políticos de los dos partidos mayoritarios. De modo que ambos vienen a poner de su parte todo lo que les es posible para hacer efectiva aquella máxima de Montesquieu: «felices los pueblos cuya historia se lee con aburrimiento».


De esta manera, el debate entre los antagonistas principales, don Mariano y don Alfredo, se ha reducido a confirmar que efectivamente cada uno hablaba de aquello que beneficiaba su actuación o sus expectativas. El primero, una y otra vez de la indudable mejora económica con respecto al abismo al que estuvimos asomados hace poco más de un año y hacia el que estuvimos preparando el camino durante mucho tiempo. De esa senda apenas se ha desviado más que para hablar de dos graves amenazas: la inmigración y la cuestión catalana. El segundo ha incidido en aquello que, al margen de la mayor o menor razón que le asista, excite más a su parroquia o haga recordar a los millones de personas golpeadas por la crisis que lo son, a fin de que, sea cual sea la causa de esa crisis, liguen esa situación al hecho de que quien gobierna ahora es el PP. En esa línea, las palabras «dolor», «recorte» y «mujeres» han sido la música de acompañamiento de su discurso.


Naturalmente, no ha faltado, por parte y parte, el recurso a la memoria de lo que los otros han hecho erradamente en el pasado o a sus fracasos. En esa medida, la marca cuantitativa la ha obtenido, como era de esperar, el señor Rajoy; la temporal, el señor Rubalcaba, citando un artículo de Rajoy en el Faro de Vigo, allá en el año de gloria de 1983.


Pero afortunadamente, repito, unos y otros políticos —incluidos muchos de los minoritarios— son previsibles, especialmente don Mariano, que presume de serlo; y así nos hemos librado de que en el día de anteayer este hubiese tenido una ocurrencia andando en bicicleta por la Moncloa, como lo ocurriera a Zapatero en su día jugando a baloncesto, y nos trajera un despilfarro de dinero en forma de cheque-regalo con el pretexto de cualquier materia.


Por cierto, viniendo hacia casa para escribir este artículo me he encontrado con un loco simpático, en Pimiango dice ser nacido, al que de vez en cuando escucho e invito a un café. «Esto del tema del aborto», me dice, «es un invento del PP, al ver que el PSOE y Rubalcaba no paraban de perder votos por su izquierda. Así consigue que recuperen y les es más fácil entenderse».

Lo dejo tomando el café y vuelvo al ordenador. No puedo dejar de pensar en las fiestas invernales del Nicolasillo y de los Inocentes, y en cómo nuestra cultura, y la Iglesia con ella, ha simbolizado tantas veces la paradoja de la lucidez y la verdad en la boca de los simples.

LO QUE SE PUEDE, SEÑORA

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Es una evidencia que el PP y Rajoy han incumplido sus promesas y su programa de cabo a rabo, desde la testuz hasta el rabo: aquellas de no hacer (en materia de IVA, de IRPF, de pensiones, prestaciones de paro, banco malo, por ejemplo) y en materia de hacer (reforma de la administración, Ley de emprendedores, rebaja de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social…). Uno ignora si cuando, antes de la campaña, se construyeron programa y promesas don Mariano y los suyos pensaban que iban a poder cumplirlas, del mismo modo que desconoce si su reiterada afirmación de que su sola presencia (o la mera ausencia de Zapatero) restauraría la confianza de los mercados y de los empresarios, y de que con ello mejoraría nuestra financiación y se crearía empleo, era una afirmación creída a pies juntillas. Seguramente en todo ello —programa y promesas— había la mescolanza propia de los políticos y de la política: un tanto de patraña, una porción de autoengaño e ilusiones, una buena parte de desconocimiento de la realidad, la fantasía de que el mundo acaba encajando en el lecho de Procusto de las ideaciones y los discursos.

Es cierto —y así se podría argumentar— que la situación que se encontró el PP a finales del año 2011 fue peor de lo que se afirmaba por el gobierno del PSOE: un 9,3% de déficit y no un 6,3%; que la UE no afloja apenas en la velocidad con que nos exige la reducción de nuestro diferencial de ingresos y gastos; que, además, las instituciones europeas no cumplen sus propios acuerdos o los someten a reformulaciones, como se ha hecho con los del Consejo Europeo de las vísperas de san Pedro y san Pablo de este 2011; verdad también que los bancos —las cajas, mejor— arrastraban enormes problemas a los que no se quiso hacer frente hasta este año, mientras que el sistema financiero de muchos estados europeos había sido objeto de enormes ayudas entre el 2008 y el 2011; asimismo, que no encontramos dinero en los inversores no institucionales o que lo encontramos muy caro y que las dudas sobre el euro agravan nuestra situación .

De modo que don Mariano y su equipo podrían decir, a pesar de la pésima situación de nuestro empleo —de nuestra actividad económica, en realidad— y de nuestras finanzas, a pesar de la dureza de los recortes, aquello que el galán dijo a la dama que, habiéndolo requerido de amores y disgustada después por su desempeño, lo recriminaba por ello: «Se hace lo que se puede, señora».

Porque nadie piense de verdad que, como dice la oposición, don Mariano hace sus recortes por un oscuro designio ideológico, por la mera voluntad (malignamente derechosa) de «quitar al pueblo sus derechos, que tanto costó conseguir». Si lo hace no es por otra razón que porque no le queda otro remedio. En primer lugar, porque los derechos que consisten en devengos solo son tales si hay una fuente que pueda generar los devengos, y, si no, no son nada. Pero, en segundo lugar, por una razón aun más importante en política: porque el primer objetivo de los políticos y los partidos es mantener su puesto y su empresa, y quitar y recortar es la manera más en derechura para perder el poder. Así que, aunque fuese nada más por esa razón, Rajoy no lo haría si pudiera, aunque quisiera. La mejor forma de caer simpático y hacerse un tipo seductor en la vida pública es dar, no pedir, despilfarrar, no escatimar. Por no irnos al Julio César que se endeudaba para dar festejos a las masas, al «panem et circenses» de Juvenal o al Pericles que empleaba a media Atenas a costa del Estado (y de la deuda), basta con acordarnos de nuestro José Luis: «Pedro (Solbes), ¡no me digas que no tengo dinero para hacer política!», esto es, para conquistar voluntades.

Y no crean ustedes que, desde otro punto de vista, las novedades y recortes que el Gobierno de Rajoy está aplicando son el súmmum. Las críticas hacia ellos son muchas por su escasa decisión, por sus dudas, por sus medidas timoratas. Y, así, se los acusa de haber hecho una reforma laboral corta y confusa, de no haber limado lo suficiente las prestaciones de paro y las sanitarias, de no haber rebajado la cuantía de las pensiones, de no haber modificado radicalmente la estructura del estado. ¿La extrema derecha? ¿Las tertulias más conservadoras? ¿Algún medio de esa índole? ¿La fundación FAES? Sí, y los empresarios, y los medios académicos, y la UE, y la Comisión Europea, y la OCDE. Y ustedes, mis queridos lectores, es posible que no (o, al modo marianil, «tal vez sí»), pero es seguro que muchos de sus conocidos estén clamando porque aún no se hayan suprimido la mayoría de los ayuntamientos, todas las autonomías, rebajado el sueldo de los políticos, metido en prisión a los banqueros, etc., etc.

De modo que, situado entre unos y otros, y contando con que hemos ido salvando, de momento, dos «pelotas de partido» en estos meses, una la de la intervención y otra la de la desbandada en torno al euro, don Mariano, que ha aprendido en este tiempo lo que don José Luis aprendió en una sola noche, la del 9 de mayo del 2010, que la realidad es testona —como troqueló Lenín— y que no se deja dominar por los sueños, los discursos o la voluntad; don Mariano, digo, bien podría decir lo que el galán de la facecia a la señora: «Se hace lo que se puede».

O, en llariego, «al que mete lo que tien y emburria lo que puede ¿qué más se-y va pidir?»

Esperancina y Nachín contra Rajoy

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Esperanza Aguirre vuelve a desafiar a Rajoy y apoya el euro por receta

Recuerda que al presidente «tampoco le gusta subir los impuestos y tuvo que subirlos».

Aguirre sobre el Madrid Arena: «Hay que llegar a la verdad, caiga quien caiga»
Pongo equí un titular de La Voz de Galicia p'apuntar una sospecha que ye más una certidume qu'una sospecha: Cuando Ignacio González y el PP de Madrid salieren anunciado'l cobru d'un euru per receta viéspora de les elecciones catalanes too paecía apuntar a que pretendíen "toca-ylos" a Rajoy, dientro esa batalla permanente qu'Esperanza y los suyos tienen contra l'actual executiva del PP (que nun s'escaeza a naide qu'Esperanza Aguirre nun anunció nunca la so retirada de la política, y que lo sorrayó).
Cuando agora apaez la doña sofitando de Ignacio González y l'euru por receta eso paez una seguranza. 
Si, además, tomamos nota de qu'acaba d'afirmar (ayer, martes 11, pela tarde, tamién) que nel casu del Madrid Arena hai qu'aportar el final "caiga quien caiga" y reiteró esi "caiga quien caiga" apuntando al equipu d'Ana Botella, esisten poques duldes de que na so dimisión al frente la comunidá doña Esperanza tarían cantando pa les sos coraes l'aleluya clásicu: "ce n'est qu'un début, le combat continue".

Mas, humillado y vengante

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A principios del 2003, el señor Zapatero transmitió en persona,  y en en el propio palacio de la Generalitat, al Conseller en Cap, señor Artur Mas la promesa de que Cataluña y Euskadi tendrían más capacidad de autogobierno.
 El 21 de enero de 2006, el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero y el jefe de la oposición de Cataluña, Artur Mas, se encerraron toda una tarde en La Moncloa y, tras fumar un montón de paquetes de tabaco, llegaron a un preacuerdo sobre la definición de Cataluña en el nuevo Estatuto y sobre el modelo de financiación.
            Con posterioridad, el Tribunal Constitucional vertió agua en el vino de las promesas y libaciones de Rodríguez Zapatero y Artur Mas.
            Para Artur Mas aquello hubo de ser una tomadura de pelo y una humillación personal. Algo de eso, sin duda, ha de pesar en su actitud y sus decisiones actuales (al margen de sus razones ideológicas, emocionales o estratégicas).
            Y, para rematarlo, viene a "Madrid" a pedir un concierto económico a Mariano Rajoy y le dicen otra vez que no.
           Al margen de otras cosas y de otras razones, en lo personal, Artur Mas ha de ser una ser buscando resarcirse de tanta humillación.