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Güei, en LNE: "Desertización exprés"

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Güei, en LNE: "Desertización exprés" (la conxunción de polítiques negatives y destructives).

Güei, en LA NUEVA ESPAÑA: "LAS LECHES DE EUROPA"

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(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)

Las leches de Europa

La situación de los ganaderos como ejemplo de los errores de la UE

30.08.2015 | 03:41
Las leches de Europa
El lector menos avisado tiene, sin duda, noticia de que en la UE hay montado un lío de la leche con la leche. No es ya que el ganadero gane menos con el producto de su trabajo, sino que su valor ha caído tanto que muchos de ellos producen con pérdidas. Ha influido en ello la supresión de las cuotas lácteas (tan denostadas, por cierto, cuando se impusieron), pero también las condiciones de demanda y producción del mercado mundial.
El industrial e intelectual don Francisco Rodríguez (por cierto, un europeísta convencido, aunque muy crítico con el proceso de construcción europea y muchas de las decisiones de sus organismos) precisaba en estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA algunos de esos factores: la aparición de grandes factorías lecheras sin base territorial en EE.UU. ("fábricas de leche", las denomina) que producen en cantidades industriales; los intereses de los productores de soja y maíz, frente a quienes alimentan sus vacas con hierba ("lo que está en juego son los granos frente a los prados" acuñaba); el descenso de consumo en China. Y apuntaba las consecuencias para la industria y la ganadería ("si desaparecen los ganaderos, detrás desaparezco yo") si no se toman "medidas de carácter político" y se vuelve a una nueva contingentación que tenga en cuenta las necesidades de Europa y sus Estados.
Y, en el fondo de este problema y agravándolo, un error de cálculo de las autoridades europeas y una falta de previsión por parte de las mismas: el comisario del ramo, impulsor de la liberalización, calculó que no habría alteraciones en el precio de la leche, más aún, que la demanda iba a aumentar.

EXVOTOS Y MESAS PETITORIAS

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Es curioso cómo, a pesar del avance del laicismo, las pulsiones, resortes y ritos que antaño fueron propios del ámbito religioso se mantienen, con idénticos sentido emocional e intención social. Así PP y PSOE —con el auxilio procesional de otros partidos— se han empeñado en presentar ante la UE el exvoto de su unanimidad para conseguir el éxito de sus/nuestros requerimientos: ayudas frente al desempleo juvenil, avances (imprecisos) en la concesión de crédito a las pymes, progresos (más difusos aún, enormemente contradictorios) hacia la unión bancaria. Verdad es que el rito procesional de la ofrenda del exvoto se ha hecho con el mismo criterio con que según lenguas populares aconsejó en cierta ocasión el párroco de determinada localidad de la montaña: «Non, home, non, esperái pa sacar el santu pa pedir agua, que los del tiempu entovía nun lo dan». Es decir, que todo lo que fue a «exigirse» a la cumbre europea estaba ya plenamente acordado para la misma.
Ahora bien, no debe pasársenos por alto que los destinatarios de la ofrenda ritual de la unanimidad no eran tanto los dioses cuanto los fieles, objeto fundamental de cualquier institución de poder, según explicitó de forma meridiana el concilio de Gangres cuando frente al heresiarca Eustacio, quien argumentaba que no se podía recluir a Dios, infinito, en el templo, manifestó que no era a Dios al que se encerraba en los templos, sino a los fieles.
(Por cierto, tengámoslo en cuenta, el empleo juvenil que se origine con subvenciones ad hoc —que parecen recibirse con gran alborozo—, sobre inestable, va a crear notables distorsiones en el empleo de otros grupos.)
Con intención distinta y aun radicalmente contraria, pero con una semejanza funcional y de origen notable, IU ha puesto en marcha una campaña de mesas petitorias para demandar lo que podría calificarse con metáfora gastronómica como «mangaráu» u «olla podrida». En dichas mesas petitorias, que saldrán el encuentro del viandante por las calles y plazas de España, se recogerán firmas para todo y contra todo, al modo y manera del personaje de un monólogo de Rubén Sánchez Vicente: «L’home aquel regolvía / a Franco, Dios y la ETA, / el divorciu y el llatín, / los impuestos y la Ilesia, / batíalo col bigote, /  mazábalo cola oreya / y facía, con too ello, / una espantible tortiella». Pues, efectivamente, piden la dimisión de Rajoy por no cumplir su programa electoral, esto es, por no haber sido lo suficientemente «neoliberal», y por ser tal, o sea, por someterse a los dictados de la Troika y reducir el déficit; así como por haber ganado las elecciones con mayoría absoluta, de lo que se aprovecha legislando con dicha mayoría. Todo ello sería gobernar «en fraude de ley».

Naturalmente, aducen los recortes de la crisis como un ataque del PP a la educación, a la sanidad y a las pensiones, y enarbolan los más de seis millones de parados y paradas (no «militares» ni «reproductoras», sino «parados hembras», entiéndanlo rectamente).  A ello añaden sus alternativas, clásicas unas, coyunturales otras: la creación de una banca pública en base a los bancos actualmente nacionalizados (sin decir quién la sufragará ni quién la gestionará), una reforma fiscal (naturalmente «justa»), no pagar una parte de la deuda externa (y supongo que, al mismo tiempo, pedir financiación externa gratuita o más barata), recuperar empresas privatizadas e invertir dinero público en sectores estratégicos (el carbón y el naval, calculo, aunque nada concretan, y añadirán, para compensar, «las energías limpias»).  De entre las reformas políticas, un referéndum sobre la República (¡cómo no!), la participación popular en la actividad legislativa, una nueva ley electoral (que los beneficie a ellos, aventuro) e (ignoro si antes o después de todo ello) un nuevo proceso constituyente «frente al golpe de estado de los mercados y el fraude democrático en que vivimos».
Finalmente, los derechos jáujicos: rebajar los precios de las cosas, el derecho a una vivienda digna (gratuita, por tanto, en último término) y a una renta mínima, que cifran en 620 euros netos al mes. (En España, millones de personas trabajan entre seis y ocho horas diarias por unos ochocientos euros. Con parte de ese dinero, pagan una renta o una hipoteca. El triunfo de las propuestas de IU sería para ellos el paraíso: no tendrían que trabajar nunca más).
Auguro un gran éxito a IU en su campaña. ¿Cómo no sentirse atraído por una oferta realizada al modo de Donan Pher, «El Emperador del Bolígrafo» —que Luis Miguel Piñera recordaba días atrás, aquí, en La Nueva España, en una semblanza del desaparecido Fernando Poblet—, quien, como los vendedores televisivos de La Tienda en Casa, al producto principal, pongamos una olla exprés,  le añaden un sinfín de adminículos de regalo: un rizador del pelo, una navaja multiusos, unos guantes de silicona, unas pantuflas para alivio del pie cansado?
Y, además, a la excelencia holística de la oferta, coadyuvará, sin duda, el know how  de algunos de los peticionarios o de su entorno, pues no son pocos quienes en el ámbito de la izquierda proceden de familias de abolengo que, a lo largo de muchas décadas, han sido constituyentes fundamentales de callejeras mesas petitorias.

Con banderita —una u otra— incluida. Porque aquí también, el objetivo no son los demonios —Rajoy y los suyos— ni los dioses o los Campos Elíseos propuestos, sino los fieles, es decir, los votantes, en particular, los que del PSOE se pudiesen escapar hacia estos más verdes y jugosos campos de IU-Los Verdes. 

Ofrecimientu d'exvotos

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PP y PSOE punxérense d'alcuerdu pa dir facer una rogativa a "Europa" y llevar un exvotu propiciatoriu pa ver si cae daqué del cielu. Dalgunos otros, CiU, PNV, UPyD acompáñenlos na pelegrinación apotropaica, asina como CCOO y UGT.

Bueno, per otru llau, infórmenme de qu'esti fin de selmana van poner meses petitories en toa España pa pedir qu'Europa mire más pa nós y nos tenga en más consideranza. Paezme bien que se conserven les tradiciones, que, nesto de les meses petitories, hai muncha tradición n'España. ¿Podrán banderines equí tamién al que firme? ¿Serán constitucionales o preconstitucionales -eses que llamen "republicanes"-.

¡En fin, mui relixosos y milagreros andamos!

EL BURRU CAGARRIALES

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Imaxen de La Nueva España, del 16/06/13
Las hijas de mi bisabuelo —muchas, según los tiempos— estaban siempre dispuestas a solicitar las últimas novedades, al tiempo de que con un «¿ y por qué no yo?» manifestaban lo que hoy llamaríamos «la conciencia de sus derechos». Mi bisabuelo, un labrador de escasísimos posibles (valga el pleonasmo) solía contestarles: «¡Ni que tuviésemos un burru cagarriales!».

El burro que caga reales protagoniza un cuento, extendido por toda España, en que el pollino es utilizado como instrumento para timar a codiciosos crédulos. Pero el burro-ceca debe ser hoy, sin duda, uno de los conceptos económicos básicos que anidan en el intelecto de gran número de economistas y políticos, en concreto, de todos aquellos que, bajo el nombre de «políticas de estímulo o crecimiento», predican, en realidad, el endeudamiento sin tasa o la acuñación ilimitada de dinero.

Señalemos, en primer lugar, que existen evidencias de que las políticas expansivas no significan «per se» mejora en la actividad económica o la reducción del paro, como lo demostró el fracaso de las medidas en ese sentido del gobierno Zapatero (Plan E, deducciones fiscales, cheque-bebé). Es cierto que, en ocasiones, las políticas anticíclicas tienen resultados, pero, aun suponiéndolas bien orientadas, esto es, hacia los sectores o actividades en los que resultarán efectivas, han de tener en cuenta el nivel de endeudamiento público y privado, la balanza comercial, el costo de la financiación y otros. Pero, en todo caso, han de partir de la idea de que la inflación dineraria coyuntural (vía deuda, financiación exterior, aumento del dinero en circulación, inflación de precios, devaluaciones) debe provocar en un plazo razonable no solo el aumento de la actividad económica, sino los retornos necesarios para generar el equilibrio presupuestario a través de la recaudación. Ahora bien, el crecimiento exponencial de la deuda asumida por los bancos centrales o la emisión de nuevo dinero por los mismos, así como las rebajas de los tipos de préstamo del dinero por los bancos emisores, en la última década no han supuesto apenas un aumento de la productividad en la mayoría de los países de occidente o en el Japón, ni han servido para crear empleo masivamente, y ello pese al crecimiento de la productividad sectorial que la informática ha traído consigo. En una palabra, toda política expansiva que no tienda, al menos, al ajuste presupuestario devora sus efectos en poco tiempo y aumenta el tamaño del problema.

Pero la mayoría de los partidarios de las políticas expansivas, ya directamente visibles, ya mediante su subsunción velada bajo la capa del Banco Central Europeo, no suelen nunca aludir ni a los efectos negativos de una inflación dineraria ni a las necesarios ajustes presupuestarios (dónde o cómo efectuarlos es la discusión política) que, en ocasiones como la nuestra, son necesarios, de no subir la actividad y la recaudación en el ciclo de la multiplicación dineraria.

En nuestra situación, además, hay que recordar lo sustancial de nuestras variables económicas (deficiente productividad, escasa competitividad, poco «producto propio» para competir dentro o fuera, escasa mano de obra ocupada, altísimo paro), monetarias y fiduciarias. No olvidemos que es no solo que Bruselas y la Bruja-Piruja (al decir de algunos) nos exijan la reducción del déficit, es que la escasa confianza en nuestra economía hasta hace pocos meses, llevó a que no se nos prestase dinero, que quien lo hiciese lo concediera a un altísimo precio y a que el dinero extranjero se retirase de nuestro país. Han mejorado la mayoría de estos parámetros, pero aun no son enteramente firmes. En todo caso, y en una economía abierta, dependemos de nuestros socios europeos y de la valoración que de nosotros realicen los mercados, de su confianza en nosotros.

Y es curioso, por otra parte, que la mayoría de los entusiastas del «dale a la máquina y tira que libras» no propongan nunca la única solución coherente con sus propuestas: salir del euro, volver a imprimir moneda y arrostrar durante unos años sus consecuencias para obtener los logros previstos. Es curiosa esa falta de coherencia o de honradez intelectual.

«Será que, efectivamente, tienen un burru cagarriales, sin que los demás lo sepamos» —dice mi trasgu particular, Abrilgüeyu, que ha aparecido a mi lado repentinamente portando un saco que parece repleto de monedas—.

—Oye —le digo maliciando lo peor—, ¿no serán falsas y pretenderás dar un timo con ellas?

Me guiña un ojo y me dirige una sonrisa maliciosa.

—Al menos, esto es más limpio que lo del burro, ¿no?

El segundu a favor de Merkel

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Esti ye'l segundu artículu que los invito a lleer a favor d'Ánxela Merkel o, dotramiente, entendiendo la política d'Alemania pola morde l'espantu y la rocea cola que los europeos en xeneral, y los alemanes en particular, ven el nuestru despilfarru, la nuestra falta chapeta y los enguedeyos nos que nos empatonamos.

Los testos son de Xosé Luis Barreiro Rivas y asoleyárense dambos en La Voz de Galicia. Esti, en concretu, ye del 13 d'abril de 2013. Póngo-yos equí l'entamu y el restu invítolos (otra vegada) a que vaigan lleelu al enllace. Repito: merez la pena, piensen lo que piensen y saquen dempués les conclusiones que saquen.

Xosé Luis Barreiro Rivas



Aínda que parece fría e rompedora, Angela Merkel empeza a estar preocupada pola imaxe de Alemaña, que aos poucos se vai convertendo na estúpida explicación de todos os males do Sur. Máis aló do investimento causal dos problemas, que nos fai crer que estamos mal por culpa dos recortes, no canto de intuír que temos recortes porque andamos mal, os alemáns non alcanzan a entender por que esa xente que teñen tan claro que a solución é crecer, crear emprego e ser moi felices, non pon ao choio e abandonan as duras receitas xermanas. E por iso dona Angela aproveitou a mañá de onte, domingo, para ler os xornais do Finisterre e ver de que falamos os galegos. E este é o resultado.
En Ourense seguen empeñados na estación de Foster, que, lonxe de representar unha necesidade esencial da cidade -a Merkel pareceulle moi digna a que hai e moi adaptable ao novo servizo- revive o principio de «á prosperidade polo malgaste», coma se aquí non pasase nada. Logo decatouse de que para unho AVE que, a causa do localismo, vai ter dúas estacións terminais, tamén se proxectan megaestructuras en Vigo, A Coruña e Santiago, sen ter en conta que sumadas todas elas non alcanzarán a metade de pasaxeiros que recibe Karlsruhe, cidade similar a Vigo.

Almunia, chistosu

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O perreru, meyor. Miren lo que diz a Radio Euskadi, que "hai que seguir faciendo reformes, pero con diálogu social y contando cola xente" (dizlo en castellán, claro).

¿Y eso cómo se come? Entrúgase si se quier ún xubilar más tarde, si quier que-y suban los impuestos, si quier que-y rebaxen el despidu, si quier pagar lo que debe...?

Taba chistosu esi día'l rapaz, que ye perperreru. Si quieren ver más, metan equí l'obleru: Almunia, mui perreru


LO QUE SE PUEDE, SEÑORA

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Es una evidencia que el PP y Rajoy han incumplido sus promesas y su programa de cabo a rabo, desde la testuz hasta el rabo: aquellas de no hacer (en materia de IVA, de IRPF, de pensiones, prestaciones de paro, banco malo, por ejemplo) y en materia de hacer (reforma de la administración, Ley de emprendedores, rebaja de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social…). Uno ignora si cuando, antes de la campaña, se construyeron programa y promesas don Mariano y los suyos pensaban que iban a poder cumplirlas, del mismo modo que desconoce si su reiterada afirmación de que su sola presencia (o la mera ausencia de Zapatero) restauraría la confianza de los mercados y de los empresarios, y de que con ello mejoraría nuestra financiación y se crearía empleo, era una afirmación creída a pies juntillas. Seguramente en todo ello —programa y promesas— había la mescolanza propia de los políticos y de la política: un tanto de patraña, una porción de autoengaño e ilusiones, una buena parte de desconocimiento de la realidad, la fantasía de que el mundo acaba encajando en el lecho de Procusto de las ideaciones y los discursos.

Es cierto —y así se podría argumentar— que la situación que se encontró el PP a finales del año 2011 fue peor de lo que se afirmaba por el gobierno del PSOE: un 9,3% de déficit y no un 6,3%; que la UE no afloja apenas en la velocidad con que nos exige la reducción de nuestro diferencial de ingresos y gastos; que, además, las instituciones europeas no cumplen sus propios acuerdos o los someten a reformulaciones, como se ha hecho con los del Consejo Europeo de las vísperas de san Pedro y san Pablo de este 2011; verdad también que los bancos —las cajas, mejor— arrastraban enormes problemas a los que no se quiso hacer frente hasta este año, mientras que el sistema financiero de muchos estados europeos había sido objeto de enormes ayudas entre el 2008 y el 2011; asimismo, que no encontramos dinero en los inversores no institucionales o que lo encontramos muy caro y que las dudas sobre el euro agravan nuestra situación .

De modo que don Mariano y su equipo podrían decir, a pesar de la pésima situación de nuestro empleo —de nuestra actividad económica, en realidad— y de nuestras finanzas, a pesar de la dureza de los recortes, aquello que el galán dijo a la dama que, habiéndolo requerido de amores y disgustada después por su desempeño, lo recriminaba por ello: «Se hace lo que se puede, señora».

Porque nadie piense de verdad que, como dice la oposición, don Mariano hace sus recortes por un oscuro designio ideológico, por la mera voluntad (malignamente derechosa) de «quitar al pueblo sus derechos, que tanto costó conseguir». Si lo hace no es por otra razón que porque no le queda otro remedio. En primer lugar, porque los derechos que consisten en devengos solo son tales si hay una fuente que pueda generar los devengos, y, si no, no son nada. Pero, en segundo lugar, por una razón aun más importante en política: porque el primer objetivo de los políticos y los partidos es mantener su puesto y su empresa, y quitar y recortar es la manera más en derechura para perder el poder. Así que, aunque fuese nada más por esa razón, Rajoy no lo haría si pudiera, aunque quisiera. La mejor forma de caer simpático y hacerse un tipo seductor en la vida pública es dar, no pedir, despilfarrar, no escatimar. Por no irnos al Julio César que se endeudaba para dar festejos a las masas, al «panem et circenses» de Juvenal o al Pericles que empleaba a media Atenas a costa del Estado (y de la deuda), basta con acordarnos de nuestro José Luis: «Pedro (Solbes), ¡no me digas que no tengo dinero para hacer política!», esto es, para conquistar voluntades.

Y no crean ustedes que, desde otro punto de vista, las novedades y recortes que el Gobierno de Rajoy está aplicando son el súmmum. Las críticas hacia ellos son muchas por su escasa decisión, por sus dudas, por sus medidas timoratas. Y, así, se los acusa de haber hecho una reforma laboral corta y confusa, de no haber limado lo suficiente las prestaciones de paro y las sanitarias, de no haber rebajado la cuantía de las pensiones, de no haber modificado radicalmente la estructura del estado. ¿La extrema derecha? ¿Las tertulias más conservadoras? ¿Algún medio de esa índole? ¿La fundación FAES? Sí, y los empresarios, y los medios académicos, y la UE, y la Comisión Europea, y la OCDE. Y ustedes, mis queridos lectores, es posible que no (o, al modo marianil, «tal vez sí»), pero es seguro que muchos de sus conocidos estén clamando porque aún no se hayan suprimido la mayoría de los ayuntamientos, todas las autonomías, rebajado el sueldo de los políticos, metido en prisión a los banqueros, etc., etc.

De modo que, situado entre unos y otros, y contando con que hemos ido salvando, de momento, dos «pelotas de partido» en estos meses, una la de la intervención y otra la de la desbandada en torno al euro, don Mariano, que ha aprendido en este tiempo lo que don José Luis aprendió en una sola noche, la del 9 de mayo del 2010, que la realidad es testona —como troqueló Lenín— y que no se deja dominar por los sueños, los discursos o la voluntad; don Mariano, digo, bien podría decir lo que el galán de la facecia a la señora: «Se hace lo que se puede».

O, en llariego, «al que mete lo que tien y emburria lo que puede ¿qué más se-y va pidir?»

Hablando bien del gobierno

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Ya sé que no se lleva, pero aprovechemos la ocasión, ahora que celebran el «acierto indudable» de Rajoy y Monti desde la prensa internacional hasta los escasamente partidarios de la española, pasando por personalidades como el señor Almunia, cuyo es el entrecomillado.

Y es que la actuación del Gobierno ante las instituciones europeas —no sólo en la noche del 28 al 29 de junio, sino durante algunos meses antes— ha conseguido mover posiciones que antes parecían inamovibles, transformar interpretaciones de los acuerdos en un sentido distinto al anterior y, lo que, es más importante, marcar probablemente un punto de inflexión en la dramática situación de nuestra capacidad de financiación exterior y de parte de nuestro sistema bancario.

Conviene, tal vez, recordar los tres hitos fundamentales alcanzados en este mes como fruto de ese trabajo; los tres, vías nuevas dentro de lo que hasta ahora venía siendo la actuación habitual de la UE: la disponibilidad de 100.000 millones de euros para la banca sin que eso supusiese la intervención del país (8/9 de junio, vísperas del partido España-Italia de la primera fase de la Eurocopa), en lo que seguramente serán condiciones ventajosas del préstamo; la posibilidad de transferencia, en su momento, de esos fondos directamente a la banca, sin que computen como deuda soberana y, por tanto, sin que agraven nuestra fiducia internacional; el que el préstamo no sea tenido como deuda preferente, lo que ahuyentaría a los inversores institucionales privados. A ello debería añadirse un importantísimo hipotético, aunque no deseado de momento, y aún por definir y solicitar, pero ya acordado: el de la posibilidad de intervenir a fin de comprar deuda soberana tanto a través de los fondos de rescate como del BCE.

Con todo, el logro más importante ha sido un intangible, el de la confianza que se ha transmitido sobre el proyecto del euro. No han sido únicamente las buenas formas las que han impulsado a don Mariano Rajoy a afirmar —como también lo ha hecho don Mario Monti— que «Este Consejo ha lanzado una señal inequívoca: el Proyecto Europeo es hoy más fuerte y más creíble que ayer» y que «El mensaje de esta cumbre es la reafirmación de ese gran proyecto económico que es el Euro». Porque, efectivamente —y al margen de nuestros problemas—, una de las razones más poderosas que conspiraban contra España e Italia en el mercado de la deuda era la casi seguridad —y la apuesta especulativa, como consecuencia de ello— de que el euro no resistiría y de que, por tanto, la quiebra española y sus consecuencias económicas y financieras eran inevitables. El quiebro emprendido en la víspera de San Pedro y San Pablo probablemente aminore esos presagios de manera notable.

(Déjenme establecer este pequeño paréntesis para invitarlos a recordar todo el ruido y la furia eructado en estos días en el mundo político y mediático, en ese hablar por hablar de nuestro país, en el que parece que todo se exige que suceda y resuelva en el tiempo del coito del gallo.)

Pero no nos equivoquemos, si en Europa se nos han hecho estas concesiones (que son también beneficiosas para la moneda y el proyecto comunes) no ha sido por la necesidad de quienes han cedido ni por nuestra capacidad de presión, sino por las reformas que se han hecho hasta ahora para reducir el déficit y por el crédito de seriedad y cumplimiento de la palabra que el Gobierno de Mariano Rajoy tiene ante Alemania y el BCE. «Nos fiamos de vosotros —nos han dicho— y creemos que llevaréis a cabo todos los términos de nuestros acuerdos y de vuestros compromisos». Por lo tanto, ese camino ha de andarse y cumplirse con exactitud en los próximos meses.

Terminaré con un pronóstico optimista que vengo anunciando hace tiempo: si, como parece, la situación financiera se estabiliza, hacia finales de este año empezaremos a ver también señales positivas, la detención de la destrucción de empleo y, tímidamente, otro clima inversor. Para ello —sobre otras actuaciones notables, como los pagos de atrasos a proveedores, la eliminación de trabas en la apertura de negocios u otras que vendrán— va a tener una importancia decisiva la nueva legislación laboral, único vector inmediato (según he dicho, asimismo, hace tanto tiempo) que pueda superar nuestra debilidad tecnológica, nuestra deficiente estructura productiva, el arcaísmo en muchos sectores de nuestra arquitectura económico-social y las dificultades que nos procura la misma moneda única.

QUOD NIHIL SCITUR

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Que nada sabemos, como decía el escéptico Francisco Sánchez, o, más en enxebre, «por una parte, ya ven y, por otra, ¿qué quieren que les diga?»

En el momento que escribo estas líneas el interés de la deuda española lleva alcanzando máximos día tras día. Se nos dijo primero que el rescate/préstamo a la banca calmaría los mercados. Inútil. Después que el triunfo en Grecia de los partidarios del cumplimiento de los acuerdos lo haría. En vano. Antes, que las reformas en España harían caer la prima de riesgo. Nada. Y así día tras día. Y no eran esos pronósticos entusiásticos del Gobierno, sino de muchos analistas económicos. Como Aquiles tras la tortuga, en la aporía de Zenón de Elea, corrimos tras ellos sin nunca alcanzarlos. Ahora se nos cuelgan nuevas zanahorias-hito delante de nuestras narices: la unión bancaria, los eurobonos, la unión fiscal, un programa de estímulos a la inversión. Posiblemente todos esos discursos sean, a su vez, inútiles, y, además, no tengan nada que ver con el fondo de la cuestión.

Y si ustedes siguen con alguna atención los análisis y pronósticos de los economistas europeos y estadounidenses (¡Ojo, no de los tertulianos o adscritos a uno u otro bando político, que se limitan a reiterar las elementales recetas de cada catecismo!), verán que los krugmanianos-keynesianos piden más deuda e inversión, mientras que otros, tan serios como estos, exigen seguir reduciendo deuda y déficit. Una parte afirma que el problema de España no es tanto un problema particular, cuanto del conjunto de la UE y del euro; otra parte, lo contrario. Cuáles afirman que existe un ataque contra el euro que explica la crisis de la demanda de financiación española, cuáles que nuestros problemas se deben exclusivamente a la debilidad de nuestra economía productiva y de nuestras finanzas. Esto es, y según les decía arriba, «que, por una parte, ya ven…».

¿Es la fórmula de «más Europa», con sus concretas recetas —unidad fiscal, cambios en el BCE, eurobonos, etc.—, la solución de nuestros males? Yo, qué quieren que les diga, soy muy escéptico. Entre otras razones, porque, en general, la mayoría de las propuestas de «más Europa» y de las soluciones de sus partidarios han sido en gran medida un fiasco y han pecado de una enorme falta de la más elemental inteligencia y conocimiento de la realidad. ¿Se acuerdan del SME y su fracaso ante Soros? ¿De los referenda fallidos o «arreglados» tras su fracaso inicial en varios países? ¿Nadie previó que el papel del BCE como mero instrumento del control de precios hacía de él una institución solo válida para épocas de bonanza y estabilidad? ¿No recuerdan el entusiasmo «europeísta y progresista» que acompañó a la firma del acuerdo de Schengen? Pues los problemas que suscitaba la libre circulación sin control de personas eran previsibles para cualquier ciego, y tardaron mucho en verse.

Y si nos centramos exclusivamente en el euro, ¿cómo es posible que los «cráneos» (o calabazas) europeos no hayan previsto en el Acta Única o en Maastrich la fórmula de excluirse un país de la moneda única? ¿No se les ocurrió que podía pasar? Más aún: llevamos varios años intentando que Grecia no salga del euro (con regalos de quitas y con préstamos), entre otras razones, por las repercusiones que en todos los ámbitos ello tendría para muchos países de Europa, para sus bancos y para su economía. Y eso que la Hélade es un país pequeño. ¿Se imaginan ustedes lo que ocurriría si en un país de mayor tamaño triunfase, en lo futuro, un gobierno partidario de abandonar la moneda común? ¿Y si ocurriese en dos o en tres? ¿Cuál sería entonces la intensidad de la tormenta?

Y, en nuestro caso, además, el euro nos será siempre un problema. En primer lugar, porque estaremos sometidos, velis nolis, a las decisiones e intereses de los más fuertes; pero, sobre todo, porque nos constriñe a crecer solo en sectores de poco peso tecnológico e innovador, nos dificulta conquistar el mercado interior de productos de poco valor añadido, nos obliga a adquirir competitividad solo a través de la destrucción de empleo y del empobrecimiento general.

En una palabra, para nosotros y para la UE, el euro es como un inmenso campo de chicle en que, cuando uno despega con esfuerzo una pierna de un lugar, siente aherrojada la otra en uno próximo.

¿Desde cuándo ha sido la UE democrática? Los abusos de poder en la UE

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No es que lo comparta por completo, pero merece la pena ver este artículo de J. Jacks en Cotizalia. Presenta un montón de datos históricos, señala el distinto trato que Alemania o Francia se dan a sí mismos con respecto a los demás, se cuestiona las actuales políticas de austeridad. De acuerdo o no con él, en todo caso, merece la pena leerlo y reflexionar. De cualquier manera, enriquecerse con sus datos: "¿Desde cuándo ha sido la UE democrática? (Desde Londres, Cotizalia.com del 22/12/2011)"

Lo siento mucho

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Bancu Central Européu

EUROPA: ECONOMÍA, MONEDA Y EMPLEO

El referéndum de Irlanda, mediante el cual se ratifica por completo el tratado de Niza, dando así entrada a diez nuevos países en la Unión Europea, evita una crisis política e institucional; pero abre paso a un camino pilancosu, en el que seguramente deberán replantearse muchos de los grandes principios de la Unión, incluida la moneda única.

Deberá recordarse que el impulso inicial de la Europa unitaria son las políticas económicas y los acuerdos comerciales, en concreto respecto al carbón y el acero. De ahí se ha ido avanzando en la desaparición de trabas a la libre circulación de mercancías, capitales y personas, hasta llegar a la moneda única. Ahora bien, esa unificación de mercados no puede borrar, ni borrará en un horizonte previsible, las enormes diferencias económicas entre estados y la diversidad de conciencias culturales y políticas que suponen las naciones preexistentes. Pues bien, la entrada de nuevos países no hará sino hacer más visibles y extremos esos contrastes, la variedad de los puntos de vista y el conflicto de intereses.

El acuerdo para la entrada de nuevos países ha coincidido con una polémica —española y europea— sobre el déficit cero. Como ideal, el equilibrio de ingresos y gastos es la receta “diez” de cualquier economía. Ahora bien, en la práctica no sólo es insostenible de forma continuada, sino que puede ser tremendamente dañina, puesto que la realidad puede exigir políticas anticíclicas, de endeudamiento e inversión pública. Es, pues, la “economía” (la política económica) la que debe ajustarse a la realidad, y no la realidad a la economía. En cuanto prejuicio absoluto, el déficit cero no es más que una superstición ideológica. El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, lo ha venido a decir en otros términos: “una estupidez”. Pero, sobre todo, es la realidad la que lo certifica como una tochura: Alemania y Francia no pueden cumplir los compromisos de reducción del déficit del Plan de Estabilidad, y Francia quiere retrasar hasta el 2006 los plazos para ello, lo que, en la práctica, equivale a decir: “ya veremos para cuando”.

Sin embargo, los defensores del déficit cero tienen una parte importante de razón: sin disciplina la moneda europea pierde crédito y queda sometida a tensiones en los mercados financieros, con los efectos negativos que ello tendrá sobre la inflación y los créditos. Ahora bien, puesto que el desiderátum monetario de entropía cero no parece posible, ello quiere decir que cada uno de los nuevos países (con muchas más dificultades económicas que los actuales miembros de la U.E.) se escaparán de aquélla en la medida que les sea necesario, con lo que los problemas del euro serán mayores.

Pero es que, además, el problema real de la economía europea es su escaso dinamismo, sus no muy altos parámetros de innovación tecnológica e industrial y, por ello, su dificultad para crear empleo. Tanto Francia como Alemania —las dos grandes potencias continentales— vienen sufriendo una notable parálisis desde hace tiempo. Y las cosas no parece que vayan a cambiar en los años inmediatos, como es sabido. Los nuevos gobiernos francés y alemán son, en parte, producto de esa situación del pasado y se enfrentan –según reconocen paladinamente- a la impotencia de no tener recetas para superar ese problema estructural.

De esa forma, las transferencias desde Alemania —el gran país donante de la Europa unitaria— se van a limitar extraordinariamente, tanto en el ámbito agrícola como en el de los llamados fondos estructurales y de cohesión. Sobre sabido, Schröder y Fischer han manifestado que es ésa la principal preocupación de su nuevo gobierno. De tal manera, los nuevos países que se incorporen a la Unión no tendrán las especialísimas dotaciones para la aproximación de rentas o infraestructuras que, hasta ahora, han tenido otros (salvo, naturalmente, que triunfe el movimiento cuyo abanderamiento ha anunciado en Polonia nuestro querido Presidente, Álvarez Areces).

Por otro lado, la propia concepción del Banco Central Europeo puede suponer un grave inconveniente a medio plazo. Como se sabe, el objetivo del banco central es el de la estabilidad de los precios, un objetivo impuesto cuando la preocupación en el continente era la inflación. Ahora bien, cuando las circunstancias sean muy otras el banco se va a encontrar casi maniatado, y, además, las políticas pueden ser contradictorias en los efectos sobre las diversas economías europeas. Así el propio Win Duisenberg ha manifestado este mes que su mayor preocupación es la amenaza (presente) de una inflación inferior al uno por ciento en Alemania, lo que podría provocar deflación y una gravísima crisis económica. (Quizás no sea inapropiado recordar aquí los escasos aciertos de los cepés —cráneos priviliegiados— de la amestaúra europea: el llamado “sistema monetario europeo”, creado para defender las monedas de la inestabilidad, provocó un seísmo como hacía tiempo no se conocía; los pronósticos de beneficios del euro para los bolsillos de los ciudadanos, por disminución de costos en las transacciones, no se han traducido más que en los perjuicios de una inflación generalizada).

Toda esa situación puede llevar a que tanto la moneda única como el Banco Central —al menos como depositario de toda la política monetaria— tengan que ser reconsiderados y, acaso eliminados, por inconvenientes. Tres premios nóbel, al menos, que yo sepa, Gary S. Bécquer, Milton Friedman y Paul A. Samuelson, se manifestaron en ese sentido en el pasado. Alguno, como Friedman, ha puesto fecha, el 2010.

En todo caso, lo que parece que muchos califican como un avance en la dirección presente, la entrada de diez nuevos países, tal vez se convierta en un avance hacia políticas más pragmáticas y reales y hacia el replanteamiento de muchos de los objetivos de la Unión.

¿QUE QUÉ ES LO QUE SIENTO MUCHO? PUES QUE ESTE ARTÍCULO ES DEL 05/11 DEL 2002. DESDE ENTONCES HASTA HOY SE HAN CUMPLIDO ALGUNO DE LOS AVISOS EN ÉL CONTENIDOS, DE UN LADO; DE OTRO, ESTAMOS COMO ESTÁBAMOS. ¡EN DIEZ AÑOS!

¿Saben los dirigentes europeos lo que hacen?

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Probablemente no se acuerden ya, pero fue en la madrugada del 27 de octubre, es decir, hace cinco días, cuando los líderes europeos manifestaron -después de casi seis meses de idas y venidas, de dimes y diretes, de afirmaciones y desmentidos- haber encontrado una solución definitiva y efectiva para la deuda griega, la deuda soberana de los países del sur y para el euro. A día de hoy, la decisión griega sobre el referéndum echa por tierra todo aquello y nos sume en una vagamar, en un estado de mar confusa de evolución y consecuencias imprevisibles.

Pero no es de eso de lo que hoy quiero hablarles, sino de lo impreciso y difícilmente realizable -como yo ya les había dicho aquí mismo al día siguiente- de muchos de los remedios-ratón que los montes de los 27 dirigentes de la UE habían alumbrado. Pero véanlo ustedes en este ensiertu de S.McCoy, columnista al que les he remitido ya otra vez: Saben aquel que diu que van 27 dirigentes europeos… (Cotizalia del 27/10/2011)

La AFE, Europa y la barra xelu

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Aprovechando que mi mujer no está y en busca de inspiración, me dirijo a un rincón del despacho donde oculto una carísima botella de aguardiente de sidra que adquirí cuando el PSOE no nos había rebajado los emolumentos y el sueldo todavía llegaba a fin de mes. Para mi sorpresa, sentado sobre su vocal encuentro a Abrilgüeyu, mi trasgu particular. Acerco mi nariz a su boca y compruebo que no ha bebido, esto es, que no ha ingerido alcohol, es decir, que no ha menguado mis irremplazables reservas de sidra destilada.

-¿Qué haces ahí? -le digo.

-Lo de siempre, ayudarte -sonríe mientras me lanza un guiño-. Si no sabes de qué hablar, háblales de la Liga de fútbol y de Europa. Y, de paso, explícales lo que era una barra de xelu y la frase proverbial sobre ella.

No me parece mal. Puesto que ya tengo la inspiración, cierro el escondrijo sin catar y me pongo a ello. Por el final empiezo. Ya saben ustedes que antes no había neveras en los bares ni en las casas. Repartidores traían de la fábrica grandes barras de hielo (como de medio metro de largo por veinte de alto y otros tantos de ancho), que luego el usuario troceaba según su gusto o necesidad. En ese contexto se creó la frase, que aún se emplea, de «apúntalo en la barra de xelu», como expresión de algo que no se tiene intención de pagar o que se sabe que no se va a cobrar. Y vamos a la otra parte.

Yo no sé si se han caído en las enormes semejanzas que existe entre el conflicto de los futbolistas y sus patrones, las exigencias de la AFE -la asociación gremial de aquéllos- y el problema de la deuda soberana de algunos países europeos, las causas de la misma y las soluciones que se reclaman.

El origen concreto de la enguedeya futbolística es que algunos clubes no pueden pagar a sus jugadores el dinero por el que les han contratado, ya que el conjunto de sus gastos y compromisos es muy superior a sus ingresos; en vista de esa situación, lo que los futbolistas reclaman es que el conjunto de las instituciones balompédicas pongan un dinero (propiamente, un dinero adicional al que ya han puesto) para garantizar que los jugadores puedan recibir lo que no les paguen quienes lo adeudan, esto es, sus patronos. No se les escapa, sin duda, qué gran similitud tiene todo esto con la crisis financiera de algunos países y el proceso y los argumentos de los últimos meses: unas instituciones (los clubes, los estados) se meten en unos compromisos (salarios, préstamos) superiores a su capacidad de pago. La solución que se reclama es que otros (los demás clubes, los otros países de la UE) paguen sus pufos o los garanticen el pago de los morosos mediante un «fondo de solidaridad» (llámese «fondos de rescate», llámese «eurobonos»), de manera que quienes no tienen deudas ni se han metido voluntariamente en un sitio del que no pueden salir pongan el dinero por quienes sí lo han hecho.

En ambos casos, además, parecen excluirse o darse por imposibles aquellas situaciones que nos serían inevitables y nos sobrevendrían de forma inmediata a usted y a mí como particulares o como empresarios: la quiebra, el embargo, la responsabilidad penal, en su caso. No, aquí no se pide que se cierren los clubes morosos (que, además, lo son con Hacienda), ni que se procese a los responsables o que las entidades bajen de categoría; de la misma forma que no se piensa en segregar a los manirrotos del euro o en expulsarlos de Europa, o en procesar a los dirigentes culpables, sino -dicho sea con una metáfora del rugby- en una patada a seguir, a fin de que sean los solventes quienes tapen y rescaten a los insolventes, y que siga abierta la posibilidad de que los morosos y temerarios continúen con su política de gasto y demagogia. Esto es, en último término, que las deudas y las responsabilidades se apunten en la barra de xelu.

Termino el artículo y me acerco cauteloso -no vaya a entrar de repente mi mujer: ya ha pasado tiempo desde que se fue- a mi escondrijo, no para buscar inspiración ahora en el destilado pumarinesco, sino para celebrarlo con una libación y, de paso, darle las gracias a Abrilgüeyu, si aún se halla allí.

Abro y se mezclan en mí sorpresa e ira. Al pie de la botella, descorchada, se encuentra Abrilgüeyu, con indisimulables trazas de estar ebrio. Su boca exhala el olor a alcohol que ya no emana de la botella y que seguramente, dado su precio -¡Vae victimis zapaterilis!-, nunca volveré a tener.

Se incorpora a medias y, antes de volver a derrumbarse, me dice entre hipidos:

-¿Voooy a serrr yo menosss que ellos, ffff? ¡Apúntamelo tamién a miiii na barra xelu!