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El segundu a favor de Merkel

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Esti ye'l segundu artículu que los invito a lleer a favor d'Ánxela Merkel o, dotramiente, entendiendo la política d'Alemania pola morde l'espantu y la rocea cola que los europeos en xeneral, y los alemanes en particular, ven el nuestru despilfarru, la nuestra falta chapeta y los enguedeyos nos que nos empatonamos.

Los testos son de Xosé Luis Barreiro Rivas y asoleyárense dambos en La Voz de Galicia. Esti, en concretu, ye del 13 d'abril de 2013. Póngo-yos equí l'entamu y el restu invítolos (otra vegada) a que vaigan lleelu al enllace. Repito: merez la pena, piensen lo que piensen y saquen dempués les conclusiones que saquen.

Xosé Luis Barreiro Rivas



Aínda que parece fría e rompedora, Angela Merkel empeza a estar preocupada pola imaxe de Alemaña, que aos poucos se vai convertendo na estúpida explicación de todos os males do Sur. Máis aló do investimento causal dos problemas, que nos fai crer que estamos mal por culpa dos recortes, no canto de intuír que temos recortes porque andamos mal, os alemáns non alcanzan a entender por que esa xente que teñen tan claro que a solución é crecer, crear emprego e ser moi felices, non pon ao choio e abandonan as duras receitas xermanas. E por iso dona Angela aproveitou a mañá de onte, domingo, para ler os xornais do Finisterre e ver de que falamos os galegos. E este é o resultado.
En Ourense seguen empeñados na estación de Foster, que, lonxe de representar unha necesidade esencial da cidade -a Merkel pareceulle moi digna a que hai e moi adaptable ao novo servizo- revive o principio de «á prosperidade polo malgaste», coma se aquí non pasase nada. Logo decatouse de que para unho AVE que, a causa do localismo, vai ter dúas estacións terminais, tamén se proxectan megaestructuras en Vigo, A Coruña e Santiago, sen ter en conta que sumadas todas elas non alcanzarán a metade de pasaxeiros que recibe Karlsruhe, cidade similar a Vigo.

...El dinosaurio seguirá ahí

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…EL DINOSAURIO SEGUIRÁ AHÍ


Cuando se hayan cumplido nuestros sueños (la caída del gobierno de Rajoy; la reconversión del BCE; la emisión de esa confusa figura —más un deseo mágico que una propuesta concreta— que son los eurobonos, la desaparición de todos los políticos o, al menos los profesionales; los efectos de la varita mágica de Hollande y la evaporación de doña Ángela…), cuando algunos de esos empeños o discursos se hubieren cumplido, el dinosaurio seguirá donde estaba: nuestro gasto muy por encima de lo que ingresamos actualmente, problema solo resoluble con mayores subidas de impuestos que, inevitablemente, provocarán una mayor contracción y una nueva inadecuación de los ingresos; la necesidad de financiarnos, cada vez a un precio más caro; nuestra voluminoso endeudamiento tanto público como privado (2.88 billones de euros este), y, especialmente, la deuda exterior (1.7 millones); la dificultad de financiación de nuestros bancos (al margen ya de lo que se ha denominado «la exposición al ladrillo» y de la morosidad derivada de la crisis) por la deuda acumulada para poder efectuar en su día los préstamos al sector privado y por las sospechas que pesan sobre su capacidad para devolverlos. Es decir que, aunque por arte de birlibirloque nos dejasen el dinero a un interés similar al de Alemania y sin límite alguno, seguiríamos teniendo un enorme problema que condicionaría nuestra economía y nuestro sistema financiero. Es cierto que, como algunos pretenden, podríamos declararnos en quiebra, no pagar nuestras deudas, salirnos del euro y emitir belarminos (la moneda que el Consejo de Asturias y León acuñó durante la guerra y cuyo valor fue prácticamente nulo desde el principio), pero los efectos de ello, sobre desastrosos, son incognoscibles en su magnitud.

Con todo, si despertásemos y, de golpe, la situación de nuestras finanzas estuviese regularizada, la deuda y el déficit reducidos a niveles aceptables y encaminada la financiación, el dinosaurio seguirá estando ahí. Pues en España tenemos dos graves problemas estructurales, el de nuestro sistema productivo y el de nuestra pertenencia al euro (y, probablemente, un tercero: el de la mentalidad colectiva y el de la formación, íntimamente ligados). En cuanto al primero, hay que decir que nuestra economía se caracteriza —al margen de los problemas coyunturales— por su no hallarse en la vanguardia de la tecnología y la innovación, por el alto precio de la energía y nuestra alta dependencia exterior para el abastecimiento primario, por los altos costos unitarios por producto, por el escaso tamaño de muchas de nuestras empresas con capacidad para exportar, por un déficit de organización para la presencia comercial en el exterior, en una palabra, por nuestra escasa competitividad y la carestía comparativa de nuestra producción, lo que nos dificulta la exportación y favorece la importación, desequilibrando así nuestra balanza comercial.

El segundo problema es el de nuestra pertenencia al euro, como vengo denunciando desde 2002. En efecto, si la moneda única conlleva ciertas ventajas, para los países con desigualdad industrial y falta de competividad productiva —al margen ya de la brutal subida de los precios que arrastró tras su implantación— constituye un elemento perturbador que solo a muy largo plazo se podría salvar, si es que se puede. En efecto, la ausencia de una moneda propia tiene el inconveniente de que no se puede devaluar, a fin de, por un lado, efectuar un ajuste competitivo y rápido para la exportación; pero, por otro lado, los ajustes necesarios se realizan de forma más demorada y dolorosa, por la vía de la destrucción de empleo y empresas, como nos está ocurriendo en los últimos cuatro años. De otra mano, impide que, mediante una combinación de estímulos, aranceles y diferenciales de costos, las empresas puedan sustituir parte de los productos importados y (re)conquistar el mercado interior, con sus efectos sobre el empleo y el bienestar de la población.

Finalmente, la moneda única hace que las políticas derivadas de los intereses comerciales e internacionales de los países rectores se impongan para el conjunto, como ocurre en este caso con los intereses de Alemania en relación con las importaciones y exportaciones a China. De otra parte, son esos países rectores los que imponen su interpretación, su «ritmo» a las reglas comunitarias, ensanchándolas o estrechándolas en virtud de sus propios intereses, por ejemplo, Alemania y Francia flexibilizando los topes del endeudamiento público cuando les vino bien para financiar sus políticas expansivas; apretando ahora contra el endeudamiento y el déficit porque a ellos les conviene

¿Es imposible la mejora? No. ¿Va a ser dura y difícil? Sí. ¿Caben los milagros? Solo en la cabeza de los milagreros.

Más d'Alemania y España nel XIX

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Otto von Bismark

Monumentu a Tiadoro Cuesta
L'otru día (27/11/11) publicábemos un ensiertu onde, pa decilo asina, "fírmábase la paz" con Alemania dempués del episodiu de Les Carolines (de 1899 ye'l Decretu, firmáu por Silvela). Esi episodiu, una disputa con Bismark pola posesión del territoriu de Les Carolines y otres isles, preludiu, asinamesmo, de la perda definitiva de les colonies nel 98, nun fue bien recibíu n'España. Un exemplu ye esti poema de Teodoro Cuesta (asoleyáu na revista del Centro Asturiano de Madrid nel 1855), onde s'insulta a Alemania y pídese la guerra con ella. El poema tien por títulu "La llambionada de Les Carolines)" y tien un acrósticu que diz: "ALEMANIA TRAIDORA".

Abasta de sofrir...! en garapiellu,

La del CID se llevante ¡ pátria amada.

El rapósu aleman, pa 'l so botiellu

Mazcár cunta d' España una tayada;

Apara, lin..., el nacional resuellu

Non yes quién á ' fogar... ¡ fale la espada ! ..

¡Ijujú !... si la guerra fós' precisa

A esfarrapar al prusu date prisa.

Terremotos cien veces repetíos

Resquiebren per ú quier´ l hispanu suelu !...

Agora por el cólero, aflixios,

Imploren pueblos mil á Dios del cielu:

D'u sacará esta xente fuelgu y bríos ?

Otra vez y cien más, el tiranuelu

Repite, sin saber que la vitoria

Algama el que xuncir supo la gloria.


TEODORO CUESTA.
30 de Agosto de 1885.

España y Alemania en 1899

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