¿Nun ye buena?
¡Ah! ¿Que nun s'alcuerda de pa ónde queda Grecia? ¿Y que cómo Syriza? ¡Que será "cereza"!
Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
Otra muestra de la fuerte condición metafísica de la mayoría del pensamiento de la izquierda occidental es su permanente expectación ante la parusía o apocalipsis. De forma sucesiva, e igualmente decepcionada, la izquierda siempre espera el santo advenimiento que vendrá a librar al mundo de sus males. Si ustedes dirigen la vista a lo próximo, era don Vicente Alberto Álvarez Areces el que nos abriría el Mar Rojo hacia la tierra prometida, y hemos acabado casi ahogados. Si cambian de ámbito y recuerdan, fue en su día el señor Miterrand —quien sumergió la economía francesa en el caos— el que traería el socialismo a la sociedad capitalista; vino después Obama, quien iba a cerrar Guantánamo (silencio absoluto), y acabar con las guerras de Irak y Afganistán (que concluyen cuando estaba previsto por la administración Bush, por cierto, y donde seguirá la presencia militar estadounidense, pero silencio también); en nuestro país fue don José Luis Rodríguez Zapatero —libera nos, Domine— el que nos iba a conducir a la felicidad terrenal eterna. Ahora, todos los ojos se dirigen al nuevo santo advenimiento, que va a remediar todos nuestros males, el de monsieur François Holland… Y, así, hasta la próxima decepción, el próximo olvido y la próxima espera en éxtasis de la parusía.
«Natura non facit saltus», dice el adagio clásico. Es posible. Pero quien sí realiza piruetas y triple saltos mortales, más imprevisibles aún que los de ciertas partículas subatómicas, es el pensamiento sedicente de izquierdas. Resulta fascinante seguir, por ejemplo, la argumentación de quienes no quieren «someterse a los mercados» (esto es, quieren que les presten pero sin intereses o al interés que decida el prestatario), declaman que debemos rebelarnos ante la exigencia de que devolvamos la deuda, se les da un ardite el déficit, rechazan la política monetaria (por escasamente expansiva) del Banco Central, desprecian los riesgos de inflación, exigen que las instituciones den a la máquina de los euros, etc. En una palabra, lo que están pidiendo en realidad es salirse del euro y emitir moneda propia sin límites, a fin de que el estado inyecto dinero inflactivo en la economía, pague la demanda de gasto social sin tasa, financie proyectos de inversión pública sea cual sea su utilidad, costo o uso. Pero cuando se los lleva a ver que la conclusión lógica de sus propuestas políticas, y la única forma real de realizarlas, es salir del Euro, practican la marcha atrás (argumental) y vuelven a la cantinela inicial: Angela Merkel, globalización, Banco Central, eurobonos, derechos (inalienables), negativa a someterse a los mercados, rechazo a solventar los problemas de la banca…