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Pa reíse un migayín, y pa referver les coses una rataína (sobre la ruina d'España)

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El Confidencial asoleyaba ayer (22/07/13) un artículu de Mario Saavedra, dende Nueva York, ¿Qué ha sido de los profetas que anunciaron el hundimiento de España? onde facía repasu de tolos anuncios y profecíes que durante l'añu pasáu dieren por intervenida a España, l'euru rotu y vuelta la peseta. Ese pronósticu catastrofista, hai que recordalo, duró tol añu (nun solo hasta xunetu y la Cume Europea d'esa fecha, más la intervención de Mario Draghi) y nel participaron nun solo "sabios" independientes (gústa-yos decir gurús, pero a mi non) y periódicos sagraos, talu'l Wall Street Journal o el New York Times, que los bobos d'equí amiren estelaos y rutien ensin vagar no que nellos encloyen. La Reuters, otra fonte de confianza económica, nun insistió menos nel tema.
Y, vamos recordalo, equí dellos medios (El País, ente otros), dellos políticos y partíos políticos y munchos empresarios y banqueros, asina como economistes (de los del burru cagarriales, sí, pero tamién de los partidarios de reducir el burru a los güesos y la pelleya) pedíen a cada triquitraque la intervención.
Pa que dexemos de mirar a los sabios estelaos como bobos, pa que pensemos que nun solo ye verdá aquello que decía John Galbraith de que «Las predicciones económicas convierten la astrología en una ciencia respetable», sinón que, además los tiempos que cuerren añaden dos vectores d'aceleración y acutralamientu de los tracamundios: la necesidá del públicu de sentise escitáu pol desastre a toes hores, la necesidá de los publicistes de decir daqué cada minutu y de decilo, además, en sentíu castastróficu y, como si fuere una "competición de varonidá", más grande y más gordo que l'anterior.


Equí-yos pongo l'arreyu (¿Qué ha sido de los profetas...?) pa que puedan ver l'artículu enteru, paga la pena, pero déxenme, de toes formes, da-yos dalgunes frases:
Hubo un tiempo en que en los círculos económicos el futuro de España se convirtió en motivo de apuesta. Fue un período largo: desde marzo de 2010, cuando un teletipo de la agencia Reuters transformó el rumbo de la cumbre europea y de la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, hasta finales de 2012, cuando en los medios económicos estadounidenses ya no se preguntaban si España recibiría un rescate total de su economía, sino cuándo se produciría este.
Reuters, con sede en Nueva York y de capital mayoritariamente canadiense, llevaba años publicando artículos sobre el inminente rescate total de la economía ibérica, siempre basados en fuentes anónimas de Bruselas. Pero el ritmo y la contundencia parecieron acelerarse a finales del año pasado. “España podría pedir la ayuda financiera de la zona euro el próximo mes (noviembre), y probablemente se hará en paralelo con el programa revisado para la ayuda a Grecia y el rescate a Chipre en un gran paquete, aseguran funcionarios de la Eurozona”. Nada de esto ocurrió, y no parece que vaya a pasar ya. 
 A finales de abril de 2012, el rotativo neoyorkino publicó el artículo "El coste de la burbuja española puede forzar un rescate". En él se ponía en duda la cifra oficial de morosidad, asegurando que era mucho más alta de la reconocida. El autor se basaba en la opinión de Edward Hugh, un presunto economista que había estudiado el asunto. Hugh, que se apodaba a sí mismo el Bonobo (un tipo de chimpancé), era un gurú bastante activo en los medios por esa época. En una impactante entrevista en TV3 aseguró, por ejemplo, que “Cataluña será intervenida por el Estado en noviembre (de 2012)". 
Pero los peces medianos no parecen haber sacado demasiada tajada. En su día, la empresa de gestión de capital Carmel Asset Management, relativamente desconocida, consiguió hacerse un nombre entre los medios por su informe "Pain in Spain" (Dolor en España). Diarios como The Wall Street Journal se hicieron eco de él porque la presentación tenía “un tono apocalíptico que ha captado bastante atención en Wall Street”. Poco menos que apremiaba a los ahorradores a sacar su dinero porque el país se hundía. La compañía poseía, por supuesto, una amplia cartera en seguros contra impagos de deuda española (CDS) y reconocía que ganaría un 300% si España quebraba. Jonathan Carmel, sin ningún conocimiento sobre España, había elaborado el informe con lo que iba sacando de Google

Más sobre'l debate y los problemes del euru y la economía

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Tienen más información del debate sobre l'euru que caltuvimos el llunes pasáu nel Ateneo Jovellanos l'empresariu Francisco Rodríguez y el qu'esto firma en Asturiasmundial.com 
Presentó y moderó'l debate Rafael Loredo.

Semeya d'Ignacio Sánchez en www.asturiasmundial.com

Esta Europa no funciona / ¿Salir del euro?

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Mesa redonda: "Esta Europa no funciona", a cargo de Francisco Rodríguez, presidente de Reny Picot, y Xuan Xosé Sánchez Vicente, presidente del Partíu Asturianista

EL LUNES 17 de SEPTIEMBRE de 2012, a las 19,30 horas, se inaugurará en el ATENEO JOVELLANOS de Gijón (C/ Francisco Tomás y Valiente, 1) el CURSO 2012-2013, con la mesa redonda que lleva como título: "¿SALIR DEL EURO?", en la que intervendrán el empresario FRANCISCO RODRÍGUEZ, presidente de RENY PICOT, y el político y escritor XUAN XOSÉ SÁNCHEZ VICENTE, presidente del PARTÍU ASTURIANISTA (PAS). El debate será moderado por RAFAEL LOREDO, exdirector de la REAL ACADEMIA DE MEDICINA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS.
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FRANCISCO RODRÍGUEZ (Trascastro, Cangas del Narcea, 1937) inició su carrera profesional en la década de los años cincuenta, trabajando en el negocio familiar denominado Mantequerías Rodríguez, S.A. de Madrid. Desde hace más de medio siglo preside Industrias Lácteas Asturianas (ILAS), multinacional fabricante de los productos Reny Picot, que fundó con veinte años. La actividad del grupo se centró inicialmente en la fabricación de distintos tipos de quesos blandos para pasar, años más tarde, a la producción de leche en polvo, y poco a poco fue incorporando el resto de productos hasta completar la extensa gama que ILAS ofrece en la actualidad (mantequilla, nata, leche líquida, postres, todo tipo de quesos, productos dietéticos, productos de alimentación infantil, salsas, fraccionamiento de grasa de leche,complementos para la Industria Farmacéutica, etc... ). En 2011 publicó "Parada, pero no fonda", su tercera recopilación de conferencias, ensayos y artículos. Se declara liberal, admirador de Ortega y Gasset y profundamente europeísta, aunque sus opiniones sobre la UE son propias de un euroescéptico radical.

¿HACIA UNA ÉPOCA DE CONVULSIONES?

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El testu ta escritu'l 13 de mayu de 2010. Invítolos a lleelu y reflexionar.

En el año 2002, con motivo de la entrada en vigor del euro y la ratificación del tratado de Niza, señalé, a propósito de la moneda única, que la desaparición de la potestad devaluatoria para los estados obligaba a que los ajustes se tuvieran que realizar por la vía de la reducción de salarios o por la del crecimiento del desempleo. Asimismo, el 05/11/02, apuntaba los posibles problemas de la moneda única en la economía: «Sin embargo, los defensores del déficit cero tienen una parte importante de razón: sin disciplina la moneda europea pierde crédito y queda sometida a tensiones en los mercados financieros, con los efectos negativos que ello tendrá sobre la inflación y los créditos. Ahora bien, puesto que el desiderátum monetario de entropía cero no parece posible, ello quiere decir que cada uno de los nuevos países (con muchas más dificultades económicas que los actuales miembros de la UE) se escaparán de aquélla en la medida que les sea necesario, con lo que los problemas del euro serán mayores.» Y, del mismo modo, señalando los futuros problemas del euro en relación con las divergentes realidades económicas que bajo su techo se acogían, recogía una profecía de algunos economistas: « Toda esa situación puede llevar a que tanto la moneda única como el Banco Central —al menos como depositario de toda la política monetaria— tengan que ser reconsiderados y, acaso eliminados, por inconvenientes. Tres premios nobel, al menos, que yo sepa, Gary S. Bécquer, Milton Friedman y Paul A. Samuelson, se manifestaron en ese sentido en el pasado. Alguno, como Friedman, ha puesto fecha, el 2010.»
            El objeto de este artículo no es estrictamente el de señalar lo acertado de tales previsiones, sino, a partir de ello, subrayar que aquellos y otros problemas incardinados en la «veracidad del euro» —en cuanto reflejo de las diversas economías y en cuanto instrumento de política monetaria para toda la zona de la moneda única— tienen difícil solución (si es que la tienen) y que, por tanto, el euro puede verse, de un lado, expuesto a ataques cíclicos de los mercados y, por otro, llevar a políticas monetarias que puedan tener efectos contradictorios en los diversos países, y eso, pese a cuantas medidas se están tomando en estos momentos de respaldo crediticio a concretos países o a la misma moneda. La reconsideración, pues, del Banco Central y del euro deviene inevitable.



            Ahora bien, el problema de la Unión no es exactamente el de la política monetaria, sino el de su economía real. Como decía en el 2002, « Pero es que, además, el problema real de la economía europea es su escaso dinamismo, sus no muy altos parámetros de innovación tecnológica e industrial y, por ello, su dificultad para crear empleo.», opinión que estos días ha vuelto a poner sobre el tapete el «Comité de Sabios» de la UE presidido por Felipe González Márquez.
            En todo caso, y junto con esas cuestiones señaladas apunta en el horizonte otra: la posibilidad de una época convulsiones sociales, especialmente en el sur de Europa. Es sabido que unos cuantos estados han de realizar ajustes económicos severos que, además, irán unidos a una época de recesión —y, por tanto, de paro— relativamente larga. El malestar social es, en consecuencia, inevitable. El tamaño y forma de expresión de ese malestar no depende únicamente de la capacidad del estado y de las fuerzas políticas para gestionarlo, sino de la aparición o no de fuerzas «antisistema» que sepan utilizarlo y, como en todas las cosas sometidas a la humana ventura, de imprevisibles circunstancias o accidentes coyunturales. Una de las manifestaciones de ese malestar mal gestionado o ingestionable pueden ser las explosiones de violencia social o política. Otra, no incompatible, con la anterior, la «argentinización» (o la «helenización») de los estados, la progresiva depauperación del país a base de políticas demagógicas que  conviertan en aparente pan de hoy la miseria del mañana.
            De cómo manejemos, pues, unos y otros vectores, pero, sobre todo, de la implantación de políticas de crecimiento económico real —basadas en la innovación y en la productividad y no el crecimiento exponencial del endeudamiento, como hasta ahora— va a depender el futuro de alguna de las sociedades europeas y el propio ser de Europa.

Almunia, profeta

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Asina d'oscuru, d'elípticu, de oráculu-delfianu: "El Gobierno español, el resto de gobiernos de la eurozona y las instituciones europeas sabemos muy bien lo que tenemos que hacer, aunque es verdad que es difícil hacer lo que tenemos que hacer" (23/07/12).
Ello, cola bolsa depeñándose hacia'l 5000 y la prima en 6,40.
¿Precedentes?, sí: Yahvé a Moisés, nel bardial: "Yo soi el que soi". Y Xesús, segú San Xuan: "Yo me voy, y me buscaréis. A donde yo voy, vosotros no podéis ir".
¿Más claridá? De xuru qu'un día d'estos Almunia va ascender a los cielos.

QUOD NIHIL SCITUR

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Que nada sabemos, como decía el escéptico Francisco Sánchez, o, más en enxebre, «por una parte, ya ven y, por otra, ¿qué quieren que les diga?»

En el momento que escribo estas líneas el interés de la deuda española lleva alcanzando máximos día tras día. Se nos dijo primero que el rescate/préstamo a la banca calmaría los mercados. Inútil. Después que el triunfo en Grecia de los partidarios del cumplimiento de los acuerdos lo haría. En vano. Antes, que las reformas en España harían caer la prima de riesgo. Nada. Y así día tras día. Y no eran esos pronósticos entusiásticos del Gobierno, sino de muchos analistas económicos. Como Aquiles tras la tortuga, en la aporía de Zenón de Elea, corrimos tras ellos sin nunca alcanzarlos. Ahora se nos cuelgan nuevas zanahorias-hito delante de nuestras narices: la unión bancaria, los eurobonos, la unión fiscal, un programa de estímulos a la inversión. Posiblemente todos esos discursos sean, a su vez, inútiles, y, además, no tengan nada que ver con el fondo de la cuestión.

Y si ustedes siguen con alguna atención los análisis y pronósticos de los economistas europeos y estadounidenses (¡Ojo, no de los tertulianos o adscritos a uno u otro bando político, que se limitan a reiterar las elementales recetas de cada catecismo!), verán que los krugmanianos-keynesianos piden más deuda e inversión, mientras que otros, tan serios como estos, exigen seguir reduciendo deuda y déficit. Una parte afirma que el problema de España no es tanto un problema particular, cuanto del conjunto de la UE y del euro; otra parte, lo contrario. Cuáles afirman que existe un ataque contra el euro que explica la crisis de la demanda de financiación española, cuáles que nuestros problemas se deben exclusivamente a la debilidad de nuestra economía productiva y de nuestras finanzas. Esto es, y según les decía arriba, «que, por una parte, ya ven…».

¿Es la fórmula de «más Europa», con sus concretas recetas —unidad fiscal, cambios en el BCE, eurobonos, etc.—, la solución de nuestros males? Yo, qué quieren que les diga, soy muy escéptico. Entre otras razones, porque, en general, la mayoría de las propuestas de «más Europa» y de las soluciones de sus partidarios han sido en gran medida un fiasco y han pecado de una enorme falta de la más elemental inteligencia y conocimiento de la realidad. ¿Se acuerdan del SME y su fracaso ante Soros? ¿De los referenda fallidos o «arreglados» tras su fracaso inicial en varios países? ¿Nadie previó que el papel del BCE como mero instrumento del control de precios hacía de él una institución solo válida para épocas de bonanza y estabilidad? ¿No recuerdan el entusiasmo «europeísta y progresista» que acompañó a la firma del acuerdo de Schengen? Pues los problemas que suscitaba la libre circulación sin control de personas eran previsibles para cualquier ciego, y tardaron mucho en verse.

Y si nos centramos exclusivamente en el euro, ¿cómo es posible que los «cráneos» (o calabazas) europeos no hayan previsto en el Acta Única o en Maastrich la fórmula de excluirse un país de la moneda única? ¿No se les ocurrió que podía pasar? Más aún: llevamos varios años intentando que Grecia no salga del euro (con regalos de quitas y con préstamos), entre otras razones, por las repercusiones que en todos los ámbitos ello tendría para muchos países de Europa, para sus bancos y para su economía. Y eso que la Hélade es un país pequeño. ¿Se imaginan ustedes lo que ocurriría si en un país de mayor tamaño triunfase, en lo futuro, un gobierno partidario de abandonar la moneda común? ¿Y si ocurriese en dos o en tres? ¿Cuál sería entonces la intensidad de la tormenta?

Y, en nuestro caso, además, el euro nos será siempre un problema. En primer lugar, porque estaremos sometidos, velis nolis, a las decisiones e intereses de los más fuertes; pero, sobre todo, porque nos constriñe a crecer solo en sectores de poco peso tecnológico e innovador, nos dificulta conquistar el mercado interior de productos de poco valor añadido, nos obliga a adquirir competitividad solo a través de la destrucción de empleo y del empobrecimiento general.

En una palabra, para nosotros y para la UE, el euro es como un inmenso campo de chicle en que, cuando uno despega con esfuerzo una pierna de un lugar, siente aherrojada la otra en uno próximo.

Paul Krugman considera «inevitable» la salida de Grecia del euro

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Como esto del euro va dar munches vueltes entovía, del mesmu mou que va danos munchos sustos, póngo-yos equí güei unes palabres del omnipresente Krugman, asina como'l so arreyu correpondiente col ABC del 20/05/12.

Mañana, domingu, polo menos, vamos ve-y el focicu a otra variable, que puede ser que sea la de repetir elecciones.

Belarmineros vergonzantes

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En la lucha daba saltos / jabonados de delfín

Uno de los principales rasgos de identidad de la izquierda es, pese a la autoproclamada voluntad cientifista y aun materialista, su fuerte impronta metafísica, su resistencia a tratar con la realidad y a afrontarla tal como es. Pueden ustedes comprobarlo al discutir, por ejemplo, en las circunstancias actuales, sobre los recortes y el déficit. La postura más extendida es la de oponerse a ello, afirmando, de un lado, que no es necesario y, de otro, que se trata de «derechos (inalienables)». Como si la realidad de nuestras dificultades para financiar el gasto no estuviese ahí y como si existiesen derechos prepolíticos (en el ámbito personal y jurídico) o devengos que pudiesen ser tales cuando no hay dinero o medios para hacerlos efectivos.

Pero aun cuando se avienen a reconocer que es necesario reducir el gasto y el déficit —lo que no es común—, entran entonces en un largo proceso argumental y discursivo que trata de evadir tanto la realidad como el pensamiento concreto. Nunca oirán ustedes «pues mejor que subir un tanto el IRPF es mejor aumentar un cuánto la recaudación por IVA», u otras propuestas mensurables. No. Ante cualquiera medida se argumenta siempre que «hay otros sitios donde recortar», sin que nunca se exprese cuáles son esos «sitios». Si se consigue urgir a que se concrete dónde retajaría el interlocutor, el pensamiento empieza a proceder en el modo que se podría describir perfectamente con los versos de Lorca arriba citados, «en la lucha daba saltos / jabonados de delfín». El interlocutor se escurre del abrazo de lo concreto y da saltos en su discurso de argumento en argumento, de tópico en tópico, cual libélula alloriada: Wall Street, los banqueros, Angela Merkel, los eurobonos, el neoliberalismo, la globalización (nunca el capitalismo «comunista» chino, nunca el petróleo y las reservas en dólares de los árabes)… Y, sin embargo, cuando acaban su alado discurrir, el problema, al igual que el dinosaurio monterrosiano, sigue estando ahí: cómo hacemos para pagar lo que no tenemos con qué y cómo, al modo de la Epístola Moral, «igualamos con la vida el presupuesto».

Otra muestra de la fuerte condición metafísica de la mayoría del pensamiento de la izquierda occidental es su permanente expectación ante la parusía o apocalipsis. De forma sucesiva, e igualmente decepcionada, la izquierda siempre espera el santo advenimiento que vendrá a librar al mundo de sus males. Si ustedes dirigen la vista a lo próximo, era don Vicente Alberto Álvarez Areces el que nos abriría el Mar Rojo hacia la tierra prometida, y hemos acabado casi ahogados. Si cambian de ámbito y recuerdan, fue en su día el señor Miterrand —quien sumergió la economía francesa en el caos— el que traería el socialismo a la sociedad capitalista; vino después Obama, quien iba a cerrar Guantánamo (silencio absoluto), y acabar con las guerras de Irak y Afganistán (que concluyen cuando estaba previsto por la administración Bush, por cierto, y donde seguirá la presencia militar estadounidense, pero silencio también); en nuestro país fue don José Luis Rodríguez Zapatero —libera nos, Domine— el que nos iba a conducir a la felicidad terrenal eterna. Ahora, todos los ojos se dirigen al nuevo santo advenimiento, que va a remediar todos nuestros males, el de monsieur François Holland… Y, así, hasta la próxima decepción, el próximo olvido y la próxima espera en éxtasis de la parusía.

«Natura non facit saltus», dice el adagio clásico. Es posible. Pero quien sí realiza piruetas y triple saltos mortales, más imprevisibles aún que los de ciertas partículas subatómicas, es el pensamiento sedicente de izquierdas. Resulta fascinante seguir, por ejemplo, la argumentación de quienes no quieren «someterse a los mercados» (esto es, quieren que les presten pero sin intereses o al interés que decida el prestatario), declaman que debemos rebelarnos ante la exigencia de que devolvamos la deuda, se les da un ardite el déficit, rechazan la política monetaria (por escasamente expansiva) del Banco Central, desprecian los riesgos de inflación, exigen que las instituciones den a la máquina de los euros, etc. En una palabra, lo que están pidiendo en realidad es salirse del euro y emitir moneda propia sin límites, a fin de que el estado inyecto dinero inflactivo en la economía, pague la demanda de gasto social sin tasa, financie proyectos de inversión pública sea cual sea su utilidad, costo o uso. Pero cuando se los lleva a ver que la conclusión lógica de sus propuestas políticas, y la única forma real de realizarlas, es salir del Euro, practican la marcha atrás (argumental) y vuelven a la cantinela inicial: Angela Merkel, globalización, Banco Central, eurobonos, derechos (inalienables), negativa a someterse a los mercados, rechazo a solventar los problemas de la banca…

Y en estas líneas estoy cuando se aparece mi trasgu particular, Abrilgüeyu. Lleva en sus manos una estampilla de juguete y se divierte acuñando papeles.

—En realidad —me dice—, lo que desean es emitir belarminos otra vez, pero cuando se enfrentan al significado de su propio discurso no se atreven a evidenciarlo ante sí mismos.

—«Belarmineros vergonzantes». Tal es el nombre que les cuadra. Puedes usarlo si te apetece.


George Soros tampoco se fía del euru

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Yá saben qu'anuncié nel 2002 la crisis del euru, y señalé los problemes qu'acostinaba pa les economíes con menos innovación y capacidá industrial. Aquelles predicciones, por desgracia, cumpliérense. Ye posible, como dixe yá delles vegaes, que, al final, y pesie a tolos nuestros esfuerzos, tengamos que salinos del euru pa crear empléu. Que la voladura del euru sea controlada o non ye otra cosa.

Lo que-yos pongo equí agora ye la opinión de George Soros. Como recordarán, el fue'l qu'apostó contra la llibra inglesa y el SME (el sistema monetariu européu) y obligó a devaluar la llibra y otres monedes como la peseta. Él, como otros munchos, creen que l'euru ye insostenible pola disimilitú de les economíes, y porque la moneda única obliga, precisamente, a que cada día s'afonden más les diferencies ente economíes.

¡Bien por Guardiola!

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Non pol so estilu personal y la so educación, non polos sos ésitos deportivos, que tamién, sinón pol so sentíu común y cívicu. Amiren pa les sos declaraciones:

"Más que el clásico, importa que Merkel y Sarkozy nos salven"

"Apocalíptico es que la gente pueda mejorar su vida. Lo importante es lo que hagan Sarkozy y Merkel con el euro. No podemos ser pretenciosos y pensar que hemos cambiado la mentalidad, desde el punto de vista sociológico, por haber ganado. Hay que ganar cada día, seguir haciéndolo y mejorar. Y que Sarkozy y Merkel nos saquen de esta".

Europa: falsos arreglos o arreglos a medies

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La cume del miércoles p'abordar los problemes de:

a) los impagos de la delda en dellos países, especialmente n'Europa,
b) los problemes de capital de los bancos,
c) los problemes de los bancos que tienen delda pública,
d) los problemes del costu de la "venta" de delda soberana;

la cume, digo, pa solventar too ello acabó, como casi siempre n'Europa, nuna "patada a seguir". Porque, pesie a la euforia de les bolses, a la "quita" de Grecia y a les palabres d'Obama, la mayoría los asuntos siguen ensin resolver, otros aplácense y créense otros nuevos.

Al mesmu tiempu, a la banca española y a la economía española (especialmente a la disponibilidá de dineru pal créditu) créase-y un problema añadíu.

Pa que vean dalgunos d'estos asuntos (otros prometo tratalos o desplicalos n'otru momentu) invítoles a lleer esti ensiertu de McCoy n'El Confidencial.com: "Saben aquel que diu que van 27 dirigentes europeos…"