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LA BANCA NO EXISTE

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(Asoleyáu en La Nueva España 09/02/18)  

                         LA BANCA NO EXISTE

               Es una abstracción. Existen los bancos, esto es, sus accionistas, los depositantes en ellos, los empleados y los servicios bancarios (préstamos, custodia, avales…). ¿Y por qué les cuento está obviedad, dirán ustedes? Muy sencillo, porque los dirigentes del PSOE (Simancas, por ejemplo, o Pedro Sánchez, en LNE del 26 y del 23 de enero, respectivamente) andan predicando un “nuevo impuesto a la banca para pagar las pensiones”.             

               Pero convendría que se aclarará sobre quién va a recaer el impuesto (de una cantidad imprecisa, de entre 5.000 y 7.000 millones), ¿sobre los accionistas?, ¿sobre los impositores?, ¿sobre los empleados o los servicios? Si sobre los primeros, ¿recargando lo que ya se paga por el dividendo?, ¿igual para el que tiene cien acciones que para el que tiene diez mil?, ¿lo mismo para los individuos que para las corporaciones? Si se trata de los servicios, es obvio que se encarecería la tenencia de cuentas y los préstamos, porque los costos se trasladan siempre al receptor final. ¿Va a ser eso? En cualquier caso, no a la banca, a concretos individuos.

               La propuesta, por lo demás, parece olvidar la situación en que se hallan los bancos y sus cuentas. Con fuertes provisiones en sus balances y achatarrando oficinas y empleo para reducir gastos, los bancos no están pasando por el mejor momento. Tampoco los ahorradores, para los que el dinero pierde valor todos los años y las únicas inversiones que pueden ser rentables son las que tienen un riesgo más o menos mayor.

               Pero volvamos a la propuesta del PSOE (que es la misma, por cierto, que la de su alma gemela, Podemos). En palabras literales de don Pedro: Aquellos que fueron rescatados con 77.000 millones, ahora tienen que rescatar lo que representa un sentimiento colectivo de la ciudadanía española: su sistema público de pensiones”. Y para que no haya dudas, “Simancas —dice La NUEVA ESPAÑA en la fecha citada—  defendió ayer en Gijón la propuesta del PSOE para garantizar el sistema público de pensiones con impuestos especiales a la banca, recordando que se inyectaron 77.000 millones de euros públicos para sanear al sistema financiero y ahora que los bancos tienen altos beneficios es hora de que sean ellos los que apoyen a la sociedad”.

               Pero Simancas sabe de sobra que no se inyectó dinero a la banca, sino a los bancos y no a ninguno de los “bancos”, sino a las cajas, y que esas cajas (salvo Bankia, principalmente) han desaparecido en su mayoría o están devolviendo el dinero prestado, que, por cierto, retornará en una cantidad que se estima entre 20.000 y 30.000 millones. De modo que en quienes puede fundamentalmente recaer el “impuesto de reversión” es en los bancos que no recibieron ayudas.

               Pero demos un paso atrás. Recordemos cuál era y es la frase hermana de esta, en la que en alguna medida reposa su requerimiento justiciero: “Hay dinero para rescatar a los bancos y no hay dinero para rescatar a los ciudadanos”, se pancarteaba en plena crisis. Pensemos por solo un momento lo que habría ocurrido si, como se demandaba por algunos, y como implícitamente reclama la frase, se hubiese dejado quebrar los bancos (a las cajas), sin inyectar dinero en ellos: en primer lugar, los depositantes hubiesen perdido sus ahorros o la mayor parte de ellos; y ni siquiera habrían recuperado los 100.000 euros por persona que dice asegurar el Fondo de Garantía de Depósitos, pues no tendría dinero para ello. Y habría seguido después una crisis bancaria generalizada que causaría enormes daños en la actividad económica y el empleo durante algunos años. ¿Importa todo eso al discurso? Nada.

               ¿Sabe todo esto la muchachada que dirige el PSOE? Tengo tantas dudas como certezas sobre el comportamiento del cerebro humano, pero yo creo que, aunque sea de una forma obscura, la verdad convive en su cerebro con la mentira. ¿Por qué lo hacen, pues? Por una sencilla razón que he explicado aquí la semana pasada: porque el que no miente no gana, feligreses y votantes necesitan oír aquello que quieren oír, aquello que casa con sus prejuicios y con esa red tupida de ensoñaciones y fantasías que se denomina “ideología”. En una palabra, los discursos externos necesitan homologarse con los discursos previamente interiorizados por los ciudadanos. Tengan estos la congruencia que tengan con la realidad o con la verdad.


               Xuan Xosé Sánchez Vicente 

PASMOS

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Mi confesor y mi psicólogo me han ordenado, de común acuerdo, una terapia, digamos, valdeslealiana. Una combinación entre el contemptus mundi y la contemplación de la sociedad bajo la especie de la mirada de una pintura de El Bosco. Parte de ese ejercicio consiste en la obligación de ver y oír, especialmente ver, las tertulias políticas. Creen que una serie de choques o pasmos de ese tipo contribuirán a mi curación.

Me siento ante la televisión. Uno de los intelectuales presentes, de corbata roja, proclama que la crisis es relativa, que ni banqueros, ni especuladores, ni grandes capitalistas, ni la Iglesia han padecido la crisis, sino que, incluso, han ganado con ella. Tras decirlo, una sonrisita de triunfo asoma en sus labios, una chispa de malicia brilla en sus ojos, un gesto corporal de «ya lo he dicho, está hecho» relaja sus hombros y pecho.

A mi lado, en el sofá, comiendo palomitas y con el pico de la montera torcido hacia un lado, se manifiesta mi trasgu particular, Abrilgüeyu. Da un aplauso desganado y me guiña el ojo. «Bueno, una actuación regular.» —me dice— «Necesitaba haber subrayado el discurso con el puño en alto cerrado y un “UHP” reiterado, dos veces al menos.» «Así, queda bastante flojo.»

—Lo de «tenemos dinero para salvar a los bancos, pero no a las personas» —prosigue— es muy bueno, efectivo. Aunque, ciertamente, oculta por completo la verdad. De salvar a alguien, a quienes habéis salvado es a la gente de IU, del PSOE, de UGT, de CCOO, del PP, de CiU, entre otros. Porque, en realidad, son ellos y los gestores designados por ellos los que han llevado a las cajas a la ruina. Los bancos, las entidades financieras privadas, con excepciones menores, no han necesitado dinero público. Pero, en fin, así disimulamos y nos metemos con esos entes abstractos y malvados que son bancos y banqueros, que, ¡oh milagro!, son todos menos los nuestros.

Abrilgüeyu despliega el periódico y, a propósito del impuesto asturiano a los bancos y del recurso contra el mismo del Gobierno central, me señala las palabras del consejero de la Presidencia, don Guillermo Martínez, «El Gobierno central evidencia que su prioridad es la defensa de los intereses de la banca y no los de los ciudadanos.»

—¿Ves qué inteligentes son? —me dice—. El impuesto a la banca no es, evidentemente, a los banqueros, sino a los ciudadanos. Y, además, y al margen de la razón que asista al Principado, ya sabían que los 30 millones de recaudación previstos por ese impuesto eran una pura entelequia. Así que, por un lado, meten 30 millones de déficit de matute y, por otro, tienen una aguijada para mantener encelada a su parroquia.

Vuelve las páginas y pone su largo, uñoso y retorcido dedo sobre un titular: «El FMI reconoce que subestimó los multiplicadores fiscales.» «El sobreajuste redujo el PIB de la UE hasta tres veces más de lo previsto.»

—¿Qué te parece? Y desde hace tres décadas, nada menos, vienen equivocándose en la evaluación del parámetro. De modo que —agita en el aire el periódico— todos estos cráneos privilegiados, que son en gran medida los mentores de los países en apuros y de la economía global, desconocen de qué hablan. Y, además, creen que la economía predictiva es una ciencia, cuando, en realidad, no es más que una hipótesis que aventura el futuro, aun en el caso de que sus variables describan más o menos ajustadamente la realidad y que ponderen cada una de esas variables de forma adecuada. Porque, siempre, pretender encerrar la vida en una teoría o una hipótesis equivale a intentar recoger agua en un cesto.

—Y tras ellos —prosigue, más burlón que irritado— vienen los políticos. Unos tipos que, en general, desconocen de qué va el mundo, y que compran con una fe ciega las ideas que los técnicos vienen a ofrecerles, y cuanto más simples y novedosas mejor. Mira a tu alrededor, la mayoría de las ideas disparatadas o despilfarradoras han sido sugeridas a un Cleofás político por un diablo Cojuelo técnico, a quien el huero Cleofás ha suplicado que lo hinchase de viento vendible y sobre todo ha implorado que, como en el conjuro tradicional, «que hagáis al Pueblo que se abrace solamente a mí y que me quiera y que me ame, señor Cojuelo».


Pensando que así nos van las cosas, recibo un mensaje de mis tutores clínicos: «Contempla durante media hora “La nave de los locos”, de H.B. Te sentará bien. Un abrazo. Por cierto, nos debes aún el pago de dos sesiones».

Miro a Abrilgüeyu, me mira. Hacemos ambos un gesto con la cabeza y arrancamos hacia la puerta. Doy por concluida la terapia de pasmos y nos dirigimos hacia nuestra sidrería favorita.


Europa: falsos arreglos o arreglos a medies

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La cume del miércoles p'abordar los problemes de:

a) los impagos de la delda en dellos países, especialmente n'Europa,
b) los problemes de capital de los bancos,
c) los problemes de los bancos que tienen delda pública,
d) los problemes del costu de la "venta" de delda soberana;

la cume, digo, pa solventar too ello acabó, como casi siempre n'Europa, nuna "patada a seguir". Porque, pesie a la euforia de les bolses, a la "quita" de Grecia y a les palabres d'Obama, la mayoría los asuntos siguen ensin resolver, otros aplácense y créense otros nuevos.

Al mesmu tiempu, a la banca española y a la economía española (especialmente a la disponibilidá de dineru pal créditu) créase-y un problema añadíu.

Pa que vean dalgunos d'estos asuntos (otros prometo tratalos o desplicalos n'otru momentu) invítoles a lleer esti ensiertu de McCoy n'El Confidencial.com: "Saben aquel que diu que van 27 dirigentes europeos…"

¿HACIA UNA ÉPOCA DE CONVULSIONES?

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Reitero equí lo que yá anunciaba el 13/05/2010, l'apertura d'un períodu d'engarradielles y convulsiones n'España y Europa. Va dir a más. Van velo. Y, por favor, llean con pricuru'l final del artículu.




En el año 2002, con motivo de la entrada en vigor del euro y la ratificación del tratado de Niza, señalé, a propósito de la moneda única, que la desaparición de la potestad devaluatoria para los estados obligaba a que los ajustes se tuvieran que realizar por la vía de la reducción de salarios o por la del crecimiento del desempleo. Asimismo, el 05/11/02, apuntaba los posibles problemas de la moneda única en la economía: «Sin embargo, los defensores del déficit cero tienen una parte importante de razón: sin disciplina la moneda europea pierde crédito y queda sometida a tensiones en los mercados financieros, con los efectos negativos que ello tendrá sobre la inflación y los créditos. Ahora bien, puesto que el desiderátum monetario de entropía cero no parece posible, ello quiere decir que cada uno de los nuevos países (con muchas más dificultades económicas que los actuales miembros de la UE) se escaparán de aquélla en la medida que les sea necesario, con lo que los problemas del euro serán mayores.» Y, del mismo modo, señalando los futuros problemas del euro en relación con las divergentes realidades económicas que bajo su techo se acogían, recogía una profecía de algunos economistas: « Toda esa situación puede llevar a que tanto la moneda única como el Banco Central —al menos como depositario de toda la política monetaria— tengan que ser reconsiderados y, acaso eliminados, por inconvenientes. Tres premios nobel, al menos, que yo sepa, Gary S. Bécquer, Milton Friedman y Paul A. Samuelson, se manifestaron en ese sentido en el pasado. Alguno, como Friedman, ha puesto fecha, el 2010.»

El objeto de este artículo no es estrictamente el de señalar lo acertado de tales previsiones, sino, a partir de ello, subrayar que aquellos y otros problemas incardinados en la «veracidad del euro» —en cuanto reflejo de las diversas economías y en cuanto instrumento de política monetaria para toda la zona de la moneda única— tienen difícil solución (si es que la tienen) y que, por tanto, el euro puede verse, de un lado, expuesto a ataques cíclicos de los mercados y, por otro, llevar a políticas monetarias que puedan tener efectos contradictorios en los diversos países, y eso, pese a cuantas medidas se están tomando en estos momentos de respaldo crediticio a concretos países o a la misma moneda. La reconsideración, pues, del Banco Central y del euro deviene inevitable.

Ahora bien, el problema de la Unión no es exactamente el de la política monetaria, sino el de su economía real. Como decía en el 2002, « Pero es que, además, el problema real de la economía europea es su escaso dinamismo, sus no muy altos parámetros de innovación tecnológica e industrial y, por ello, su dificultad para crear empleo.», opinión que estos días ha vuelto a poner sobre el tapete el «Comité de Sabios» de la UE presidido por Felipe González Márquez.

En todo caso, y junto con esas cuestiones señaladas apunta en el horizonte otra: la posibilidad de una época convulsiones sociales, especialmente en el sur de Europa. Es sabido que unos cuantos estados han de realizar ajustes económicos severos que, además, irán unidos a una época de recesión —y, por tanto, de paro— relativamente larga. El malestar social es, en consecuencia, inevitable. El tamaño y forma de expresión de ese malestar no depende únicamente de la capacidad del estado y de las fuerzas políticas para gestionarlo, sino de la aparición o no de fuerzas «antisistema» que sepan utilizarlo y, como en todas las cosas sometidas a la humana ventura, de imprevisibles circunstancias o accidentes coyunturales. Una de las manifestaciones de ese malestar mal gestionado o ingestionable pueden ser las explosiones de violencia social o política. Otra, no incompatible, con la anterior, la «argentinización» (o la «helenización») de los estados, la progresiva depauperación del país a base de políticas demagógicas que conviertan en aparente pan de hoy la miseria del mañana.

De cómo manejemos, pues, unos y otros vectores, pero, sobre todo, de la implantación de políticas de crecimiento económico real —basadas en la innovación y en la productividad y no el crecimiento exponencial del endeudamiento, como hasta ahora— va a depender el futuro de alguna de las sociedades europeas y el propio ser de Europa.

OBJETIVO FIJADO: LOS BANQUEROS

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Pongo equí esti artículu de LA NUEVA, del 08/02/09. Nel yá anunciaba el períodu de protestes y desórdenes caleyeres que tán viniendo. Dirá a más. Van velo.



La crisis va a ser mucho más dura y larga de lo que queremos creer. Podemos, además, intervenir sobre los efectos de la misma (paro, por ejemplo, estabilidad financiera), pero poco podemos hacer sobre los factores de fondo: es el mundo —las sociedades, los individuos—, con su enorme complejidad, quien debe encontrar un nuevo equilibrio y unas nuevas reglas sobre las que volver a funcionar de forma sostenida.

De lo poco que podemos hacer con respecto a las cuestiones estructurales, aquí, en España no estamos haciendo nada. Nos movemos entre el tan español arbitrismo (las bombillas y el «renove» de Sebastián, los cheques de Zapatero y Areces) y la negación de la evidencia (que nuestra crisis, sobre la financiera mundial, es una crisis específica de nuestro sistema productivo). Ahora bien, en lo que sí podemos intervenir de verdad, en tomar medidas estructurales y jurídicas que nos permitan tener una economía productiva y competitiva cuando abocane el rabión internacional, no estamos actuando en nada, ni lo haremos a lo que parece.

Por otra parte, las medidas coyunturales que propone el gobierno son, precisamente, las de la reiteración de las causas que nos trajeron a la situación actual: más dinero barato en circulación, más crédito concedido sin garantías, más crecimiento a expensas de un teórico enriquecimiento futuro, esto es, más burbuja. Como un drogadicto con síndrome de abstinencia que recordase los tiempos placenteros y se olvidase de que fueron aquellos tiempos precisamente los que lo arrastraron al mal presente, el Gobierno quiere un nuevo chute olvidando que en los gozos anteriores iba inextricablemente encadenado el dolor hodierno.

En esta coyuntura económica mundial, y víctima a la vez de su incompetencia, su desorientación y sus prejuicios ideológicos, el gobierno se enfrenta a una situación en la que el número de parados está creciendo de forma desbocada y va a seguir haciéndolo; en que toda la sociedad se vuelve más pobre y en la que la inseguridad y el temor van a ir progresivamente incrementándose en los individuos. Es evidente que ese complejo de cosas entraña un riesgo —yo diría que inevitable— de descontento creciente y aun de explosividad social, que si todavía no ha estallado ha sido por la conjunción de varios factores de tipo psicológico y sociológico, uno de ellos el embridamiento que de la angustia y la inseguridad están haciendo los sindicatos. Pero será difícil contener por mucho tiempo esa amenaza hasta ahora controlada, y más aún cuando IU se ha rearticulado en torno a la idea de explotar la crisis y el descontento en la calle.

¿Qué hacer ante este panorama? El Gobierno, el PSOE, la UGT y sus fuerzas sociales periféricas (incluidos ahí los medios de comunicación de su racimo de uvas) saben que deben dar alivio a esa presión social y encaminarla contra el «fármacos», contra un chivo expiatorio al que pueda satanizarse y convertirlo en causa de todos los males. Porque, naturalmente, lo que no van a permitir es que las protestas y las eventuales algaradas, vayan contra ellos, contra el gobierno y el partido responsables de nuestra crisis particular.

Y ya lo han encontrado: es el capital, en general, en su particular manifestación de la banca y los banqueros. En los últimos días hemos asistido a la preparación del aquelarre: el mitin del fin de semana de Zapatero en La Coruña, su recepción a los banqueros en La Moncloa escenificando el distanciamiento en la proxemia del encuentro, las «amenazas» de nacionalización de los Fernández, Villa y Vara, etc.

De modo que ya verán ustedes cómo, en los próximos meses, el régimen intenta sajar el absceso de ira y temor al futuro de sus ciudadanos con el bisturí de las manifestaciones, los gritos y las pancartas contra la banca y los banqueros.

Lo que, además, será impulsado y secundado con entusiasmo impar. ¿Se acuerdan ustedes de lo que significaba aquel tostón de «la revolución pendiente» con que los falangistas nos dieron la lata hasta tan acá? Pues, principal y simplemente eso: la nacionalización de la banca.

Y es que en muchos de los discursos actuales todavía se percibe el eco de aquel big-bang, de aquella gran explosión de totalitarismo que se originó en los últimos treinta años del siglo XIX y continuó en las tres décadas iniciales del XX.

PSOE e IU: siempre compromintiendo

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Cuando oigan falar a los nuestros gobernantes, recuerden los cientos d'exemplos que conocen d'ellos.

Por exemplu recuerden la semeya de Nacho Oreja del 07/11/2008 pa La Nueva España: Areces nel centru colos representantes de los principales bancos celebrando les medides recién roblaes pa reactivar la economía asturiana y el créditu:



Relacionada cola semeya tenemos la noticia de La Nueva España del 15/01/2009:

Asturias activa la «hipoteca protegida»

El Gobierno regional pone en marcha sus avales a los créditos hipotecarios para 6.000 familias que adquieran vivienda protegida edificada a lo largo de este año [...]

Esta línea de avales beneficiará a un máximo de 6.000 familias, según los cálculos del Ejecutivo regional [...]

El Principado busca con ello superar las dificultades para acceder a un crédito, así como mantener el empleo en el sector de la construcción. Según los primeros cálculos, el plan de avales sostendrá unos 7.000 puestos de trabajo [...]


Y agora (2 años dempués) vean la realidá en La Nueva España del 13/12/2010

Ningún asturiano ha recibido el aval público prometido para adquirir vivienda protegida

El Gobierno regional no ha avalado a ninguna de las 6.000 familias asturianas que prometió respaldar ante los bancos si necesitaban un crédito para comprar una vivienda de protección oficial [...]

Cajasur, les caxes y el nuestru dineru

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Sigue en marcha la reordenación financiera española, particularmente en el mundo de las Cajas. Aquí ya hablamos en su día de la absorción de la CCM por Caxastur. Anticipamos incluso los contactos posteriores que hubo entre cajas, anticipando así la SIP entre Caxastur, CAM, Caja Cantabria y Caja Extremadura.

Al mismo tiempo, el Banco de España interviene Cajasur porque sus pérdidades rondarían los 1.500 millones en el trienio 2009-2011.

Y esto no ha hecho más que empezar. Los ciudadanos tenemos derecho a que las cosas se hagan mejor y, desde luego, hay que recordar que los parches se ponen con nuestro dinero. Y con lo que se juega es con el crédito del país, o sea, el nuestro.

Por eso es tan escandaloso que ni los responsables de la CCM, con Moltó a la Cabeza, ni los de Cajasur reciban sanciones adecuadas a la gravedad de su pésima gestión.

¡Exijámoslas! A los pésimos gestores, y a quienes se lo han permitido.

Otra vez la revolución pendiente: ¡A por los banqueros!

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La crisis va a ser mucho más dura y larga de lo que queremos creer. Podemos, además, intervenir sobre los efectos de la misma (paro, por ejemplo, estabilidad financiera), pero poco podemos hacer sobre los factores de fondo: es el mundo —las sociedades, los individuos—, con su enorme complejidad, quien debe encontrar un nuevo equilibrio y unas nuevas reglas sobre las que volver a funcionar de forma sostenida.
De lo poco que podemos hacer con respecto a las cuestiones estructurales, aquí, en España no estamos haciendo nada. Nos movemos entre el tan español arbitrismo (las bombillas y el «renove» de Sebastián, los cheques de Zapatero y Areces) y la negación de la evidencia (que nuestra crisis, sobre la financiera mundial, es una crisis específica de nuestro sistema productivo). Ahora bien, en lo que sí podemos intervenir de verdad, en tomar medidas estructurales y jurídicas que nos permitan tener una economía productiva y competitiva cuando abocane el rabión internacional, no estamos actuando en nada, ni lo haremos a lo que parece.
Por otra parte, las medidas coyunturales que propone el gobierno son, precisamente, las de la reiteración de las causas que nos trajeron a la situación actual: más dinero barato en circulación, más crédito concedido sin garantías, más crecimiento a expensas de un teórico enriquecimiento futuro, esto es, más burbuja. Como un drogadicto con síndrome de abstinencia que recordase los tiempos placenteros y se olvidase de que fueron aquellos tiempos precisamente los que lo arrastraron al mal presente, el Gobierno quiere un nuevo chute olvidando que en los gozos anteriores iba inextricablemente encadenado el dolor hodierno.
En esta coyuntura económica mundial, y víctima a la vez de su incompetencia, su desorientación y sus prejuicios ideológicos, el gobierno se enfrenta a una situación en la que el número de parados está creciendo de forma desbocada y va a seguir haciéndolo; en que toda la sociedad se vuelve más pobre y en la que la inseguridad y el temor van a ir progresivamente incrementándose en los individuos. Es evidente que ese complejo de cosas entraña un riesgo —yo diría que inevitable— de descontento creciente y aun de explosividad social, que si todavía no ha estallado ha sido por la conjunción de varios factores de tipo psicológico y sociológico, uno de ellos el embridamiento que de la angustia y la inseguridad están haciendo los sindicatos. Pero será difícil contener por mucho tiempo esa amenaza hasta ahora controlada, y más aún cuando IU se ha rearticulado en torno a la idea de explotar la crisis y el descontento en la calle.
¿Qué hacer ante este panorama? El Gobierno, el PSOE, la UGT y sus fuerzas sociales periféricas (incluidos ahí los medios de comunicación de su racimo de uvas) saben que deben dar alivio a esa presión social y encaminarla contra el «fármacos», contra un chivo expiatorio al que pueda satanizarse y convertirlo en causa de todos los males. Porque, naturalmente, lo que no van a permitir es que las protestas y las eventuales algaradas, vayan contra ellos, contra el gobierno y el partido responsables de nuestra crisis particular.
Y ya lo han encontrado: es el capital, en general, en su particular manifestación de la banca y los banqueros. En los últimos días hemos asistido a la preparación del aquelarre: el mitin del fin de semana de Zapatero en La Coruña, su recepción a los banqueros en La Moncloa escenificando el distanciamiento en la proxemia del encuentro, las «amenazas» de nacionalización de los Fernández, Villa y Vara, etc.
De modo que ya verán ustedes cómo, en los próximos meses, el régimen intenta sajar el absceso de ira y temor al futuro de sus ciudadanos con el bisturí de las manifestaciones, los gritos y las pancartas contra la banca y los banqueros.
Lo que, además, será impulsado y secundado con entusiasmo impar. ¿Se acuerdan ustedes de lo que significaba aquel tostón de «la revolución pendiente» con que los falangistas nos dieron la lata hasta tan acá? Pues, principal y simplemente eso: la nacionalización de la banca.
Y es que en muchos de los discursos actuales todavía se percibe el eco de aquel big-bang, de aquella gran explosión de totalitarismo que se originó en los últimos treinta años del siglo XIX y continuó en las tres décadas iniciales del XX.




Esti artículu asoleyóse na Nueva España del 08/02/09, col títulu de "Objetivo fijado: los banqueros".