Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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El estado de la nación
(Ayer, en La Nueva España)
EL ESTADO DE LA NACIÓN
Empecemos por una noticia poco frecuente: “El déficit de 25.000 fontaneros pone en riesgo la renovación y construcción de viviendas”. Y, seguramente, añado, demora la atención a las averías u obras menores de los particulares.
La información proporciona dos datos importantes, el primero, que el oficio, pese a tener el empleo asegurado, no atrae a nuevos profesionales. El segundo, que la mitad de los actuales profesionales supera los 45 años.
Salgamos de este camino, por un momento. Supongo que ustedes habrán seguido las noticias sobre oposiciones de las últimas semanas. Suspensos en las oposiciones a docentes, videlicet, aspirantes a formar ciudadanos y profesionales. Resultados de suspensos: 83% en Castilla y León, un 62,65% en la Región de Murcia y un 63,34% en Asturias. Lo de las faltas de ortografía se lo dejo a ustedes, para su llanto o regocijo. Lo de que alguno de los suspensos -aspirante a profesional autónomo que educaría a las nuevas generaciones- haya ido a reclamar tutelado por sus padres se lo dejo asimismo a ustedes.
Un último dato, por no aparrar. Murcia. Suspenso general en las oposiciones de auxiliar de enfermería: solo aprueban 10 aspirantes de los 3.304 que se presentaron. El 97,7% de los examinados no supera el primer ejercicio de la convocatoria.
Retomemos nuestra indagación por algunos oficios tradicionales, volvemos a encontrar datos semejantes: “Más del 40% de los locales de hostelería no encuentra personal”, en toda España. Y he aquí un hostelero asturiano que no encuentra trabajadores para abrir su local. “Ni siquiera se presentan a las entrevistas”, afirma, y añade otro dato del que después hablaremos. En el transporte nos encontramos con un panorama semejante: faltan en España unos 30.000 transportistas, la edad media de los profesionales es alta, más del 50% supera los 55 años, y aquí también el interés de los de menos años hacia la profesión es escasísima. En la construcción encontramos una situación semejante, un déficit de unos 700.000 trabajadores, envejecimiento, falta de relevo y, además, ausencia de especialistas. Por no abrumar: en la industria tenemos un panorama semejante.
Recapitulando: demanda de empleados no cubierta, envejecimiento de los actuales empleados, renuencia de los jóvenes y escasa preparación, en general, para los oficios en los demandantes. El hostelero antes citado: “En cocina, cuesta muchísimo encontrar ayudantes o cocineros con una base mínima de cocina asturiana. Y en sala ocurre algo parecido". En la construcción ocurre lo mismo: no hay apenas especialistas en nada, quien conozca mínimamente el sector lo sabe.
Ello tiene una traducción, al margen de esos datos: los cursillos de formación en que se gasta el dinero sirven para poco. Otro dato importante es que la abundante emigración no viene a cubrir esos puestos tampoco ni, mucho menos, vienen preparados, con conocimientos específicos, muchos de esos ciudadanos. El ejemplo más patente: FADE ha buscado la fórmula para que 200 peruanos vengan a Asturies para la industria y la construcción. Ese par de cientos se suman a otro anterior de la misma procedencia.
Completemos el panorama con datos de este año: La cifra oficial de parados es de 2,4 millones; reciben el subsidio de desempleo 3,9 millones de personas. Hay 860.000 fijos discontinuos que están cobrando el desempleo.
¿Cómo casa todo esto, las necesidades de empleo con el desinterés o la renuncia a cubrir los empleos vacantes y demandados?
Si escuchamos a un sindicalista o a los parados, la respuesta es unánime: los trabajos que se ofrecen pagan poco, los horarios son abusivos, se incumplen las condiciones del convenio o del contrato.
De acuerdo, démosles la razón en todo. Ahora bien, lo que es evidente es que todos esos parados obtienen unos recursos iguales o superiores al trabajo/salario que rechazan, pues comen, ocupan una vivienda, poseen un móvil, desembolsarán para gastos de bolsillo, tal vez tienen familia. Esto es, sus ingresos sin trabajar son iguales o mayores que los que obtendrían trabajando.
Unos y otros datos, los de los saberes de los opositores y los de los saberes, renuencias y renuncias de los desempleados, son parte del verdadero estado de la nación, que no coincide demasiado con lo que se suele glayar en las Cortes (con mayúscula y en castellano, no en asturianu) con motivo del festival así llamado.
Y es evidente que no todo es responsabilidad de los políticos y sus leyes, alguna responsabilidad en ese estado tenemos los ciudadanos de a pie, el tan halagado “pueblo soberano”.
Odi et amo
(En LNE, el llunes)
L’APRECEDERU
ODI ET AMO
COMPROMISO ASTURIAS XXI acaba de publicar un informe sobre las expectativas de los universitarios asturianos. Aunque limitado en el universo encuestado, el documento dice mucho sobre Asturies, tanto como sobre sus universitarios.
En Asturies tenemos un problema de mentalidad, de hondo calado social, que debe tanto al discurso histórico como a las condiciones de empresa y empleo de la época franquista, factores ambos que han permitido establecerse como discurso extendido -con un foco incentivador desde la militancia ideológica y el activismo sindical- el de que el Estado está en deuda con nosotros y que lo público es el ideal universal de organización del empleo.
Así, los universitarios que quieren trabajar en el sector público son más que los que quieren hacerlo en el privado. Es cierto que el sector público ofrece garantías de estabilidad de por vida, pero no es menos verdad que esa preferencia tiene un fundamento en esa mentalidad colectiva de que hablamos.
Mas en esa opción hay otra evidencia: nuestra economía es limitada, en el número de empresas y, en general, en su tamaño, lo que ofrece escaso empleo y condicionamientos de salario. De ahí que, aunque la mayoría de los estudiantes (61,38%) quiere quedarse, el 30,40% no cree que vaya a encontrar empleo aquí, lo que los empuja hacia otras comunidades (55,90%) o hacia el extranjero (44%).
Esa estructura económica, limitadísima, es una característica histórica de nuestra tierra: repasen ustedes la procedencia de los capitales desde el comienzo de la industrialización, de los nombres y apellidos de los capitalistas. Y cuando no ha sido así, ha tenido que ser el Estado, directamente o mediante la inversión; ahora, por ejemplo, en la industria de guerra.
Pero hay un dato importante, emocionante, diría yo: el 92,8% de los jóvenes que se van de la región lo hace con intención de volver.
Odi et amo, al mismo tiempo, podrían decir con el poeta Catulo.
Los que van y los que vienen
(el 06/01/2025, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
LOS QUE VAN Y LOS QUE VIENEN
Algunas voces cuentan con satisfacción que, frente a lo que se preveía, el conjunto de la población asturiana crece ligeramente. Ahora bien, ese crecimiento no se debe a la natalidad, cada día más baja, sino a la llegada de gente de fuera.
Pero, por otro lado, ese saldo de crecimiento positivo es complejo. Marchan muchos asturianos, en general, bien formados, y llegan gentes con menor preparación. Los escanciadores de sidra, tan frecuentes, y hasta campeón alguno, podrían ser un ejemplo de esa emigración. Pero no es el único caso. Se han firmado convenios con Paraguay para traer trabajadores de allí. Y el Gobierno español está pensando en importar mano de obra de África. Ahora bien, ello contrasta con el alto nivel de paro en toda España, especialmente en Asturies, y con que no se encuentre mano de obra para muchas profesiones, sobremanera, en albañilería.
De todas formas, lo más preocupante es que, si para los niveles de empleo de poca especialización y retribución viene un cierto número de extraasturianos, muchos de los más preparados de los nuestros emigran. En concreto, 5.198 asturianos se mudaron a trabajar a otra comunidad el año pasado, según los datos que acaba de publicar la Agencia Tributaria relativos a la movilidad del mercado laboral en España. Y es que nuestra economía es pobre, nuestras empresas pequeñas, la actividad escasa, los puestos de trabajo bien retribuidos, pocos.
En términos contables y objetivos. Según datos del INE para el 2000-2023 sustanciados para LA NUEVA ESPAÑA por el profesor Jesús Arango, la economía asturiana creció la mitad que la media de España desde aquella fecha incial. En crecimiento del PIB alcanzamos el 18,3% frente al 36,8%. El número de empleo aumentó en Asturies un 11%, frente al 27,9%, y las horas trabajadas crecieron un 2,6% frente al 19,5% de la media del resto del Estado.
Esa es nuestra realidad menguante, lo demás, palabrería.
Perplejidades
(Ayer, en La Nueva España)
PERPLEJIDADES
No dirán que no existen los milagros. Los lunes, el año pasado, registraron un total de 1.525.709 bajas laborales; sin embargo, los viernes el guarismo descendió hasta únicamente 736.166. No piensen ustedes mal, sin duda la causa ha de encontrarse en la advocación bajo la que está el último día laborable de la semana, Venus, la protectora de Eneas y tuteladora de los goces del amor.
El número de parados registrados era este enero de 2.767.860. Si a ello sumamos los yolandizados bajo el concepto de “fijos discontinuos”, tenemos un número superior a los 3.000.000, cifra que apenas varía en los últimos tiempos. Pero el panorama no se completa si no advertimos que existen unos 100.000 empleos ofertados que nunca se cubren, para los que no concurren candidatos. Más aún, el 70% del empleo creado desde finales de 2021, 755.000 puestos de 1,081 millones, han sido ocupados por trabajadores de origen extranjero.
Para entender la complejidad del problema hay que tener en cuenta dos cosas. La primera, que todas las prestaciones sociales provienen de los impuestos y de la creación de riqueza de quienes trabajan. La segunda, que quienes rechazan un empleo lo hacen porque tienen suficientemente cubiertas sus necesidades, por la vía que sea.
No cabe duda de que esta situación requiere una clarificación y un buen solmenón. ¿Lo hará alguien? Sonrían.
Otro. Furia sancionadora de los nuevos radares “pacificadores” de Llugones, instalados sin tener en cuenta que hay gente que trabaja y que una velocidad muy escasa es difícil de mantener aun a punta de gas. Así informa LA NUEVA ESPAÑA: “Los nuevos radares de Lugones superan las 300 multas al día y los carteros no dan abasto para repartir las notificaciones”. Respuesta del alcalde: “Igual teníamos que haberlo hecho de otra manera o no ponerlos”. ¿Pero es que aquí nadie piensa las cosas antes de hacerlas? ¿Es que todo es dejarse llevar por los “idola fori”, por los prejuicios discursivos de la moda? ¿Rectificarán ante el desastre y la injusticia? Sonrían.
En distinto ámbito. Parece una broma de un periódico cómico, aquello del “Papelín General” de La Codorniz. El BOPA cesa en sus cargos, por error, a dos empleados del HUCA, el médico don Alberto Fernández León y la enfermera doña María Antonia Jiménez Martos. Once días después corrige la metedura de pata. Siempre he dicho que se legisla con las témporas, por decirlo eufemísticamente, y. si no, miren ustedes la corrección diaria “de errores” en el BOE, o los efectos de la Ley Sisí o de la Trans. ¡Pero esto del BOPA! ¡Más gorda nun entra en prau!
Se vende cada vez menos pescado. Una asociación de detallistas de pescado propone una solución: que las pescaderías pongan obradores y ofrezcan a sus clientes platos elaborados. ¡Cómo si el problema de la venta de pescado no estuviese en los precios, cada vez más prohibitivos del producto! ¡No, si ni al que asó la manteca!
Y ya que estamos en un artículo de temas variados, quiero decirlo: la visita del señor Queipo a la Academia o su presencia en la celebración de los 50 años de Conceyu Bable, es un paso hacia la normalidad, una salida de la xabacería en que con respecto al asturianu se hallaba situado el PP (al margen de mentir al respecto del impulso de La Llei d’Usu y Promoción). Y, por cierto, no estaría de más recordar para algunos que la impulsión, el amor y la escritura de la llingua estuvo siempre históricamente en manos de la derecha y la Iglesia, desde el pegollu de nuestra historia literaria, González Reguera, a los impulsores de la academia de 1919, con patrocinio real.
Por sus palabras (y sus silencios) los conoceréis
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
POR SUS PALABRAS (Y SUS SILENCIOS) LOS CONOCERÉIS
Carta de deseos para 2024 del secretario general de la UGT. Empieza pidiendo la paz para el mundo. En este aspecto, no de forma disímil a lo que hace Su Santidad. Y, después, alguna otra cosa que me recuerda aquellos versos de Ludi: “Y otra porción enorme de imposibles”.
Pero no es en estos buenos deseos en lo que quiero centrarme, sino en estas palabras: “Los jóvenes, las mujeres, los mayores de 45 años no están dispuestos a trabajar por 500 euros al mes, porque es imposible con los precios de las hipotecas, los alquileres, la electricidad, el gas, los combustibles y determinados alimentos, productos y bienes de primera necesidad, poder tener un plan mínimamente digno de vida”. No debo de haberlo leído bien, yo creía que el salario mínimo interprofesional estaba, de momento, en 1.080 euros… ¿de dónde salen estos salarios, pues? ¿Es que existe una red de explotación empresarial que trata así a esos colectivos? ¿Qué hacen los sindicatos que no lo denuncian? ¿Y los inspectores de Trabajo?
De todas formas, y con respecto a la argumentación del señor Lanero, aun dándola por cierta, cabe una consideración, la misma que se hace cuando se afirma que los ciudadanos no están dispuestos a trabajar por 1.200 o 1.400 euros en la construcción o en la hostelería, y es esta: puesto que no están dispuestos a ello por ese dinero, es que obtienen unos ingresos semejantes por otra vía, ya que, es seguro, comen, viven, alquilan, salen... Otra cosa es inconcebible.
A lo mejor, esos salarios de que habla don Javier sí existen, pero lo son por trabajar a tiempo parcial. ¡Ah!, claro, entonces hablamos de otra cosa.
P.S.: No cesan los anuncios de las oenegés denunciando la matanza de niños en Gaza. No veo ninguno que denuncie la de los de Ucrania. No creo que se trate de una cuestión cuantitativa, sino cualitativa. Ya me entienden.
El vivo retrato
(Ayer, en La Nueva España)
EL VIVO RETRATO
Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué
Actualicémonos. Olvídense de que somos una población cada vez más envejecida, con menos nacimientos progresivamente, donde las pensiones suponen el 40% de nuestras rentas. El dato peor, el del destino de las nuevas generaciones: “El 56% de los universitarios asturianos quiere quedarse, pero la mayoría no ve alicientes para ello. Ocho de cada diez se irían”.
Ya ven, seguimos siendo tierra de emigración, pero cada vez con menos actividad y riqueza. Como una mazanina agurriada, allá por el mes de marzo, cuando apenas tiene jugos.
Y las promesas vuelan. Hace pocos meses, Moncloa –sí, Moncloa– anunciaba que Asturies “era candidata a una inversión muy grande”, la del coche eléctrico de los chinos, que ha corrido para Hungría. Y el secretario general de Industria y Pyme, un asturiano, anunciaba que “en los próximos meses habrá más operaciones empresariales” (¿la planta de Preco, en El Musel?), y don Adrián que Asturies será “el polo logístico del Cantábrico”.
No quiero recordarles aquí cosas que tardan siglos, como la Zalia. Es cierto que hay sectores que marchan bien, el naval, el de armamento, el de los generadores y otras industrias (regular, el monstruo, Arcelor), el de la alimentación… Pero el conjunto, como se ve, no da para detener nuestra sangría ni para poner en vanguardia de salarios y puestos nuestra economía.
Eso sí, nos apuntamos a todo lo que sea retardatario o a lo que, pasando por progresista, impide el crecimiento o encarece la producción o los servicios. Pregunten a los ganaderos por sus beneficios (hermano lobo, aparte), miren a ver los costos de la basura por tomar decisiones equivocadas o no querer tomarlas, pregunten a un inversor cuánto le cuesta poner en marcha un negocio; no queremos jaulas, ni granjas, ni invernaderos, pero sí una cesta de la compra barata.
Por cierto, ¿alguien ha mirado el daño que esto supone a las rentas bajas, de quien dicen preocuparse?
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Las verdaderas cifras del paro y de la necesidad
(Ayer, en La Nueva España)
LAS VERDADERAS CIFRAS DEL PARO Y DE LA NECESIDAD
Desde hace décadas, viene España figurando a la cabeza de los países de más desempleo de Europa. Y, al mismo tiempo, con unas altas tasas de personas o familias que necesitan ayudas sociales para subsistir. Es innegable que ambas cuestiones existen, ¿pero cuál es su dimensión real?
En primer lugar, y como he señalado muchas veces aquí, el número abundante de personas que rechazan un trabajo porque no cumple sus expectativas salariales o de otro tipo lo hace porque sus necesidades ya están cubiertas sin esa aportación dineraria que les daría el trabajo “insuficientemente remunerado”, es decir, porque vive sin el dinero que le proporcionaría ese tiempo y esfuerzo de ocupación de su vida.
Supongo que ustedes, igual que yo, habrán visto titulares todas las semanas en que empresarios o jefes de recursos humanos se quejan de que no encuentran empleados, no solo en la construcción o en la hostelería, que parecen los sectores más aquejados por esa falta de mano de obra, sino en otros varios. Ahora bien, no es que no haya “parados” para cubrir esas plazas, es que esos parados no quieren cubrirlas.
Estos últimos días ha venido a abrirse una ventana más de clarificación sobre el problema. La conseyera del Gobiernu, doña Melania Álvarez, supongo que más harta que preocupada, ha hecho público que uno de cada cuatro perceptores de salario social resultó ilocalizable para ofrecerle un trabajo, y que de las 470 personas a los que se les ofreció únicamente 162 lo aceptaron.
Si ustedes reciben información sobre contrataciones saben también que existe, asimismo, un cierto número de trabajadores que solo aceptan ser contratados si toda su retribución o parte de ella la reciben en negro o que prefieren un contrato limitado o temporal a otro más estable. La razón, en todos los casos, es una: seguir cobrando las prestaciones que reciben de la Administración, ya sea específicamente como paro, ya por otros conceptos.
El novedoso ingreso mínimo vital debe ser también una fuente de anomalías, al menos así se deduce de que las previsiones del Gobierno sobre la población acreedora al mismo no se han cumplido. En todo caso, en lo que ya está en marcha no dejan de darse casos que resultan escandalosos. He aquí uno reciente: “Un ruso cobra el ingreso mínimo vital en España pese a venir con 65.000 euros en metálico y tres cuentas con 33.000”. ¿Un caso único de abuso? Seguramente no. ¿Un caso generalizado? Probablemente tampoco.
La cuestión central es que ese dinero que se recibe de forma inadecuada no sale del cielo, o, como gusto decir, “del burru cagarriales”, procede del bolsillo de usted cada vez que va a la compra y paga el IVA por el aceite, el vestido o el cine; lo devenga el esfuerzo de todos quienes tienen un trabajo regular con el que producen riqueza y pagan impuestos, muchos de ellos, además, con unos ingresos, que, tras trabajar varias horas al día, apenas superan, o simplemente igualan los ingresos de quienes los tienen por ese medio tan particular.
Y, entre otras cosas, pensemos en que la economía sumergida no son solo la actividad económica que los empresarios no declaran, sino, asimismo, la de las personas que no quieren que conste su trabajo.
Así que, de verdad, convendría repensar algunas cosas y es lícito, al tiempo, hacerse una pregunta semejante a la de aquel título de la novela de Jardiel Poncela, «Pero… ¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?», ¿pero hay tantos millones de parados en España?
Oigo, patria (sobre desempleo y empleo)
(Ayer, en La Nueva España)
OIGO, PATRIA (SOBRE DESEMPLEO Y EMPLEO)
Permítanme que empiece remedando al ilustre Bernardo López García: “Oigo, patria, tu aflicción, / y escucho con desconcierto / el disonante concierto / que hablando del paro forman / el parado y el patrón”.
Si ustedes buscan “entra en vigor la reforma del Reglamento de extranjería”, efectiva desde el día 15, verán que, al margen de otros objetivos, loables unos, de eficacia dudosa otros, pretende ayudar a cubrir aquellos puestos de trabajo que los españoles no quieren. Es decir, que existe una oferta de empleos que no se cubren porque algunos de los 3.000.000 de parados inscritos como tales no quieren trabajar en ellos, como empieza a ocurrir, por cierto, en algunos otros países de occidente.
Por otro lado, verán ustedes las continuas quejas de hosteleros, constructores y algunos otros gremios —no siempre de trabajos manuales— de que no consiguen cubrir las plazas que ofrecen (basta con que ustedes den una vuelta por nuestras ciudades en este mes para ver la oferta en bastantes establecimientos).
La respuesta sindical —y de muchos trabajadores—es la misma que la de Joe Biden: “que paguen más”. Al margen de que yo creo que, en general, si un empresario está seguro de que una contratación le va a ser rentable —en dinero y con seguridad— no deja de contratar, lo que nadie quiere decir es esto: que quien se niega a trabajar por un dinero que estima escaso es que tiene cubiertas sus necesidades (vivienda, comida, gastos varios) por otras vías: paro, subvenciones diversas, ingresos familiares, etc. Y lo mismo ocurre en el caso de los jóvenes que se niegan a trabajar por una cuantía inferior a sus expectativas o a las de sus familiares (¿cuántas veces han oído decir “el mio fíu (o el mio nietu) por eses perres nun trabaya, nun quiero que lu esploten: do-ylo yo”?).
De modo que entre los parados tenemos un número difícil de cuantificar cuyo problema no es exactamente que no haya trabajo para ellos, sino que no quieren determinados trabajos (ya digo que ocurre en muchas partes) o que no cubren sus expectativas. Estamos, pues, ante un problema que no siempre es económico, sino de mentalidades.
Quizás merecería la pena, en consecuencia, enfrentar la cuestión desde otro punto de vista que no sea el puramente registral, ya que se trata de un problema costoso, angustioso para la población en general y que ocupa mucho tiempo y esfuerzo a la Administración.
En todo caso, una de las razones evidentes de algunos rechazos a un empleo nuevo es la pérdida de derechos adquiridos de paro cuando se accede a un nuevo trabajo, que el empleado nunca sabe si va a ser por quince años o por seis meses. Esa modificación de la norma seguramente animaría a algunos a explorar las nuevas ofertas. ¿Alguien hace algo por ello?
En el caso de Asturies los datos de esa paradoja son especialmente llamativos. Es sabido que hay mucho estudiante con estudios medios y superiores (otra cosa es la adaptación de esos estudios a las necesidades del mundo laboral); también que, en general, los salarios no responden a las expectativas de los licenciados y que muchos emigran en busca de empleos remunerados conforme a esas expectativas o de trabajos que satisfagan sus deseos de progreso sapiencial. Ahora bien, junto con eso, los datos: la tasa de emancipación (la edad a la que el joven se marcha de casa) está un punto por debajo de la media de España; la tasa de actividad y empleo de los mozos es la menor de España. Y añadan ustedes: el aumento de vacantes de trabajo en Asturies duplica a la media española.
Quizás convendría repensar todo esto sin prejuicios ni tópicos, sin demagogia. Llamando a las cosas por su nombre, enfrentando los problemas en sus justos términos y modificando la legislación en lo que sea necesario (por ejemplo, como queda dicho, en lo relativo a los derechos del paro adquirido al intentar un nuevo trabajo).
Empléu, desempléu, paru
(Ayer, en La Nueva España)
“Se buscan en Asturias 1.800 escanciadores”. “No hay profesionales, ni siquiera gente que podamos formar”. Así titulaba un reportaje de LA NUEVA ESPAÑA el miércoles, 25 de mayo.
Centrado en Asturies y un sector concreto, el titular sintetiza un grave problema que ocurre en toda España: no se encuentran candidatos para un amplio número de puestos de trabajo, más de 100.000 según todas las estimaciones.
La mayoría de esas ofertas que no hallan destinatario se producen en la hostelería, la construcción y el transporte. Ahora bien, hay que tener en cuenta que en España existen más de 3.000.000 de parados y en Asturies, de 60.000. ¿Cuál es la causa de que ciudadanos que no tienen trabajo no quieran aceptar esas ofertas? Si uno indaga en situaciones personales y, desde luego, si la encuesta se hace entre sindicalistas y políticos la respuesta es unánime: “pagan una m… y encima te explotan. Que paguen más, verán cómo hay empleo”. Exactamente, la misma contestación que Joe Biden dio hace pocos meses ante una paradoja semejante en EEUU.
Ahora bien, conviene, ante esa respuesta, hacer dos observaciones. La primera, que nadie quiere enunciar, es que esos trabajadores desempleados que no aceptan esos puestos de trabajo “perderían si los aceptasen”, es decir, que con respecto a su actual situación las cosas empeorarían, porque entienden que la suma de sus ingresos efectivos (vía familia, subsidios, chollos…) y la valoración de su tiempo libre en el desempleo es semejante al conjunto de beneficios que les proporcionarían esos trabajos o, acaso, solo ligeramente inferior. Quizás pudiéramos calificar esa situación como “desempleo”, y no paro.
La segunda es una ley elemental de la economía. El empresario que realiza un contrato lo hace para ganar dinero: entiende que la presencia de ese empleado es rentable de una forma probablemente segura al aumentar la productividad del negocio. Si el margen de ganancia se presume escaso o se piensa que existe un riesgo grande de inseguridad (bajas laborales, legislación, precariedad estacional o del mercado…), no lo hace. De modo y manera, que las ofertas de trabajo se rigen, en su número y emolumentos, por este principio elemental. Es cierto que existen en algunos campos empresarios que incumplen la legislación, que abusan, etc. Pero, en cualquier caso, el principio económico expresado es el elemento básico: si no se presume ganancia, no se contrata. No es un acto voluntarista o de caridad.
De este modo, ocurren dos fenómenos antitéticos: quienes piensan que perderían con un trabajo y no están capacitados para empleos de altos salarios, quedan en el desempleo, quienes sí lo están y no encuentra en su región uno adecuado a sus expectativas, emigran.
En cuanto a los empleos que exigen una formación especializada es evidente que existe un déficit de formación. Como se reitera desde el mundo del trabajo y de la instrucción, lo que se enseña en las universidades o la Formación Profesional no se adecúa en muchos casos con lo que la realidad de las necesidades de las empresas, de los potenciales empleadores, demanda. Algunos intentos recientes, como la FP dual, no parecen tener demasiado éxito. En realidad, no se ve muy bien qué interés puede tener una empresa para pagar a un aprendiz, destinar un operario a instruirlo, tener acaso sin producir alguna maquinaria. Desde luego, sí se ve perfectamente cuántas empresas pueden tener interés en ello o capacidad para ello.
Como se advierte, al margen de los problemas reales de la economía, de la marcha de las empresas, de sus beneficios, y, por tanto, de su capacidad o necesidad de contratar, convendría repensar muchas cosas, desde la política, la enseñanza, la legislación y las cuestiones sociales.
Paro, peculiaridades y topicos
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
PARO, PECULIARIDADES Y TÓPICOS
Empleo y economía asturianos presentan frecuentemente un comportamiento contrario al de la mayoría de las regiones de España. Tal en esta ocasión: mientras el paro disminuía en el conjunto del Estado y crecía la afiliación a la Seguridad Social, aquí hemos padecido un aumento notable del paro y un incremento alto en la pérdida de afiliados a la Seguridad Social.
Así los datos, lo notable son las justificaciones que administración, empresarios y sindicatos proporcionan. La común es que, como ha acabado la campaña de verano, era previsible esa bajada en el empleo. Vale. Pero lo que deberían explicar es el por qué aquí sí y en otros lugares ha sido al revés. ¿Tenemos precios más caros? ¿Menores o más caras conexiones? ¿Una mala política de promoción? ¿Es menor la rentabilidad de las empresas por la presión fiscal? Y no se trata de que en los demás lugares exista un turismo de sol y playa que faltase en Asturies. En Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja, el crecimiento ha sido notable.
FADE apunta tímidamente alguna vía de actuación, pidiendo inconcretas medidas para mejorar la actividad económica y el empleo y acciones destinadas a las empresas.
CCOO se aferra, como siempre, a la soflama metafísica: “un giro a las políticas de empleo para ponerlas al servicios de la clase trabajadora”. ¿Eso en qué consiste? ¿En que un Alfonso Guerra contrate a todos? ¿En obligar a las empresas a fichar a quienes no necesitan? “Es la economía, fatos” —que diría aquel ante quien Mónica Lewinsky se prosternaba—, la que, marchando bien, puede crear empleo.
Pero para tópicos, los del PP. Los de la sobada servilleta de Laffer, que repiten a todas horas, o el que le hacen gritar a su Presidente, “Asturias es España, y lo demás tierra conquistada”, sin sospechar las connotaciones que el grito tiene por las circunstancias potatorias en que suele alaridizarse.
Güei, en lne: Las cuentas y los milagros
Las cuentas y los milagros
Los ingresos no llegan para lo que gastamos, pero a los partidos les parece irrelevante
Xuan Xosé Sánchez Vicente 23.02.2019 | 23:26

No hace falta que los abrume con los datos: tenemos una deuda equivalente a casi toda la riqueza que producimos en un año; sólo de intereses pagamos más de 30.000 millones cada doce meses; el déficit de la Seguridad Social (la recaudación de las pensiones) es de 15.000 millones anuales, y, de momento, en aumento; el déficit del Estado (es decir, el pufo) para este año se presupuestaba en el 1,3% sobre el PIB, se estimaba que no bajaría del 2% con los presupuestos sanchinos y ahora, sin ellos, calcula la ministro del ramo que llegará al 2,4%; el número de desempleados, en mejoría, está en el 15% de la población activa.
Esas son nuestras cuentas, que, como puede ver un invidente -si es que no está imbuido de la fe ciega del sectarismo, al que la evidencia, como decía Aristóteles, impide ver, al igual que la luz al esperteyu-, no llegan para lo que gastamos, y nos hacen deber aún más cada año por aquella deuda que en cada ejercicio producimos.
Pues bien, para una no pequeña parte de los partidos políticos, organizaciones cívicas y personas esta realidad es irrelevante. En la práctica se comportan como "mentalidades-Moisés", para las que la riqueza sería un maná que descendería del cielo a su demanda; o como creyentes en "el burru gacarriales", el burro del cuento al que bastaba levantarle el rabo para que eyectase reales, que serían hoy euros.
Con la doble misión de sustentar esta visión a la par ciega y milagrosa, el paisaje se ha poblado de palabras mágicas, como "justo" o "digno" ("salario mínimo justo", "pensiones dignas"), que parecen decir algo, pero que nada dicen. Porque todo puede aspirar a ser más para ser justo o digno, sin que quiera decir que pueda serlo. ¿O acaso no es más justo o digno que en vez de envejecer no lo hagamos? ¿O que en vez de tener un tipo poco elegante tengamos uno extraordinario? ¿O qué?? Bueno, esto no lo digo.
Pero la realización de esos términos -dejando a un lado la contradicción parcial de intereses entre empleado y empleador, que es otra cuestión- no depende de la necesidad del demandante o de sus esperanzas de nivel de vida, sino de la posibilidad de que puedan hacerse efectivas porque la realidad económica lo permita.
Vayamos, por un poner, al salario mínimo. Como ustedes saben, los sindicatos, la patronal, PP y PSOE habían pactado subidas progresivas del salario mínimo a lo largo de tres años, desde el 2017, hasta llegar a 772,80 euros mensuales en 2109 y 850,08 euros en 2020. Haciendo mangas y capirotes de estos acuerdos, PSOE-Sánchez y Podemos-Iglesias pactan para 2019 un salario mínimo, "justo" de 900 euros. Pero la cuestión no es saber si esa subida viene bien a quienes la alcancen, si es "justa", sino si es posible para muchas empresas (a los 900 euros hay que añadir unos 58 más de Seguridad Social y algún otro costo) o, en otros términos, si la productividad del trabajador generará esos beneficios más, naturalmente, los de la ganancia empresarial.
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En todo caso, la cuestión de la subida del salario mínimo ha dado lugar a ejemplos cómicos de la mentalidad económica milagrera. Así, la diputada podemita Tania Sánchez se jactaba en un artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA del 02/02/2019 de que la subida del salario mínimo a primeros de año no había hundido en empleo y, en alguna medida, sostenía que el crecimiento del empleo en los tres últimos meses de 2018 se había producido no sólo teniendo en cuenta la próxima subida del salario mínimo, sino, venía a insinuar, gracias a ella.
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Tania Sánchez
Güei, en LNE: La fórmula mágica
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
L'aprecederu
La fórmula mágica
La portentosa solución al problema del paro que ha hallado Pedro Sánchez
Xuan Xosé Sánchez Vicente 02.07.2018 | 01:16
Mira que es fácil. Cómo resolver el problema del paro, o el del empleo, según prefieran. Y que hemos estado dándole vueltas y vueltas tantos sindicalistas, políticos, empresarios, economistas sin haber dado con la fórmula.
Yo mismo he puesto algún medio, no pequeño, para ello. Por ejemplo, a través de los pactos presupuestarios de la legislatura 1995-1999 con el Gobierno Marqués conseguimos que el número de parados bajase a 58.109. Comparen ustedes la cifra con las anteriores, las posteriores y las actuales y verán que ya había ahí una formulilla para aumentar el empleo.
¡Claro! Pero ha tenido que ser en el "tiempo nuevo" de Pedro Sánchez cuando se ha descubierto la ayalga. Ese tiempo nuevo que no sólo ha traído el milagro de acceder al Gobierno con 84 diputados, sino que ha traído consigo unos polvos de la madre Celestina y el padre Cucharón que van a solucionar todo: el conflicto catalán, la contaminación, la innovación tecnológica, la inmigración, el déficit, la deuda, las pensiones..., y, cómo no, el paro.
Es natural que diera con la fórmula atinada una persona que ha tenido responsabilidades en Industria, Comercio y Turismo y que ha dirigido organismos dirigidos a la inversión y a la creación de empleo. Es lástima que haya tardado tanto tiempo en dar con la fórmula mágica, pero al final lo ha hecho.
Además, humilde al comunicar su hallazgo, al modo en que Jesús fue a nacer a la modesta Belén, ella nos lo ha dado a conocer en el noble pero pequeño Ciaño.
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Siguen les buenes noticies del empléu
El paro baja en julio en 26.887 personas y se crean 56.200 empleos
El paro baja en Asturias en 2.617 personas en julio
El número de parados registrados en las oficinas del Servicio Público de Empleo del Principado se queda en 72.843 desempleados
Güei, en La Nueva España: El invento del trabajo
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos):
El invento del trabajo
Acerca de los planes de empleo municipales y autonómicos
22.07.2015 | 05:34
Xuan Xosé Sánchez Vicente Es sabido que España es uno de los países occidentales con más parados, situación dramática para los afectados -especialmente para quienes no tienen cobertura- y costosa para todos, tanto por la afectación a los presupuestos como por el lucro cesante en la actividad económica y, por ende, en la riqueza general. Si bien es cierto que, para poner en su justo término esa cifra, para relativizarla, hay que señalar que existe una alta tasa de actividad económica y trabajo ocultos, que las cifras del Inem son notable y sistemáticamente inferiores a las de la EPA y que la tasa estructural del paro en España anduvo, aun en los mejores tiempos, por encima de diez por ciento.
Una causa importante de esa alta tasa de paro (y de relativamente baja tasa de actividad) se encuentra, sin duda, en nuestra legislación laboral y en las interpretaciones que, una vez tras otra, vienen haciendo numerables sentencias favorables al trabajador, pero disuasorias de la contratación. En ese sentido conviene recordar que, de forma casi universal, tanto las instituciones -extranjeras y españolas- como muchos economistas señalan que la legislación laboral constituye una variable importante de nuestra alta tasa de paro (y, añado, de la economía sumergida). Sobre ser ello así, hay que señalar que desde hace años y a fin de estimular la contratación sin entrar en el fondo de las rigideces de la legislación laboral se viene envileciendo la contratación laboral, sometiendo a millones de ciudadanos a contratos temporales de escasa duración, a precariedad e inseguridad, sin poder afianzarse en la empresa que los ficha ni mejorar su competencia. La imposibilidad de los individuos de hacer planes de futuro, la frustración personal y colectiva que ello entraña no hace falta subrayarla.
A medias entre la justicia social y la caridad, para intentar paliar los efectos de esa compleja situación se han inventado fórmulas de apoyo y estímulo a los parados de variado jaez, entre ellas los planes de empleo municipales y autonómicos. ....................................
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Crecimientu del PIB, pronósticos y empléu: más buenes noticies
Esto decía yo'l 24/07/14
Pronostiqué nel 13/01/2014, que la economía diba crecer más bien en torno al 1,5%:Vista la tasa de crecimientu del PIB nel últimu trimestre del 2013 (que dalgunos yá previéramos nel 2012), nun va ser difícil que la tasa de crecimientu del 2014 pase del 1,5%, y que l'empléu creza más que toles previsiones feches hasta agora, incluso les más optimistes."Más bien" quería decir "frente a les previsiones del Bancu d'España, del Gobiernu, del FMI y d'otros organismos internacionales, que taben n'aquella fecha de xineru d'esti añu, y hasta unos meses más allá, ente'l 0,4% y el 0,7%.Agora acabamos de saber que la economía creció un 0,5% nel segundu trimestre, lo que vien sumase al 0,4% del primeru. Por ello, el Bancu d'España acaba de modificar al alza la previsión de crecimientu de la economía, un 1,35 del PIB nel 2014. y un 2% pal 2015.Ye evidente qu'eses previsiones queden curties: suponiendo que creza un 0,5% tamien nel tercer trimestre (que seguramente va ser más) y un 0,3% (siendo pesimistes) nel cuartu, taríamos nun crecimientu del 1,7%. Esto ye, posiblemente yo tamién quedé curtiu a principios d'añu.Y mañana falamos del empléu y del paru, que va, entovía un poco meyor que les mios previsiones a mediaos del 2012 y nel 2013.
Acaba d'anunciase que la economía creció un 0,5 nel tercer trimestre, que yo sepa, polo tanto, llevamos nel añu un crecimientu del 1,4. Por poco que se creza nel cuartu trimestre...
¡Ah!, y la tasa de paru baxa en 192.200 persones y la ocupación aumenta en 151.000 persones, too ello nel últimu triemestre.
Un día vamos facer unes reflexones sobre lo que se diz cada vegada qu'apaecen datos buenos sobre la economía y el crecimientu.
Meyoren economía, paru y afiliación
Y durante bastantes meses consecutivos. Se podrán poner las pegas o los tiquismiquis que se quieran, pero la realidad es evidente. Les sustancio una líneas del análisis de la evolución del empleo y afiliación a la seguridad social que realiza Carlos Sánchez en el Condifencial.com de ayer. Para el resto, los remito a su artículo (arreyu).
Los datos son elocuentes. Al comenzar el año la Seguridad Social contaba con 16,17 millones de cotizantes y hoy son 16,68 millones. Eso quiere decir que en el primer semestre del año el sistema público de protección social ha recuperado algo más de medio millón de empleos destruidos durante los años de la crisis.Ahora bien, la intensidad de la crisis ha sido tan pronunciada que aún hoy, con cinco meses consecutivos de creación neta de empleo, el número de afiliados es similar al que había en 2001, lo que da idea del tsunami que ha devastado el mercado de trabajo español.Lo que tampoco está fuera de toda duda, sin embargo, es que la creación de empleo –medida en términos de cotizantes a la Seguridad Social- se acelera. Crece, en concreto, en los últimos doce meses un 1,7%. Para poder comparar mejor esta tasa hay que tener en cuenta que entre junio de 2013 y el mismo mes de 2012 el ritmo de destrucción de puestos de trabajo era del -4,8%, lo que refleja con nitidez cómo se ha dado la vuelta el mercado laboral.La causa de esta mejoría del empleo hay que buscarla en el buen comportamiento de todos los regímenes de la Seguridad Social,
Mejores perspectivas
Pese a que todos los días parece haber una negra noticia en el ámbito político o en el del empleo (es posible que a finales de mes las cifras de la EPA traigan un dato aún peor), el panorama ha mejorado bastante en los últimos meses del año pasado, y ello hace que las perspectivas para el 2013 sean alentadoras.
A lo largo del 2012 he venido sosteniendo, en público y en privado, oralmente y por escrito, que seguramente veríamos esta mejora hacia finales de año. Para testimoniarlo, cito aquí unas palabras del artículo que publiqué en La Nueva España el 03/07/12: «Terminaré con un pronóstico optimista que vengo anunciando hace tiempo: si, como parece, la situación financiera se estabiliza, hacia finales de este año empezaremos a ver también señales positivas, la detención de la destrucción de empleo y, tímidamente, otro clima inversor».
¿Hay señales positivas? Parecen indudables. La primera es la mejora de los costes de nuestra financiación: no solo ha bajado la tópica prima de riesgo, sino que estamos colocando el dinero de la deuda pública a un interés bastante menor, en grandes cantidades (11.500 millones en lo que va de mes) y entre inversores exteriores. Por otra parte, el dinero ha dejado de desinvertirse en España y vuelve a entrar y, a lo que parece, existe la expectativa de una llegada notable de fondos exteriores para comprar activos. La mejora de las exportaciones y de la balanza comercial son otros de los logros. Todo ello vendría a reflejarse, en el ámbito de la inversión de futuro y del empleo, en la decisión de algunas multinacionales (Ford, Citroën, Renault y Mittal) de preferir nuestro territorio a otros europeos, como Bélgica o Francia, para esas inversiones y en el cambio que en la prensa económica anglosajona se ha producido en relación a la valoración de nuestro país.
Ahora bien, esas mejoras no se han producido milagrosamente o porque llegase el momento del ciclo, sino porque se han tomado algunas de las medidas oportunas para ello. Si me permiten volver a citarme, traeré aquí las palabras de un artículo (La Nueva España, 20/01/2009), «¿En el 2011? Permitan que lo dude», donde negaba que las cosas fuesen a mejorar en ese año, como sostenían el gobierno y muchos economistas, dado que no se estaba tomando ninguna medida, más bien al contrario, sobre los problemas de fondo de nuestra economía: « Ahora bien, el gobierno socialista no piensa abordar ninguna de estas cuestiones. Se comporta como si estuviésemos ante una tormenta pasajera, desvanecida la cual, todo volviese a ser lo mismo, y, en consecuencia, pudiésemos seguir —con nuestra estructura productiva escasamente competitiva y con nuestro endeudamiento— creciendo en el aire y al margen de la realidad».
Es cierto que todavía quedan por resolver los problemas de fondo de nuestra economía productiva: los costos de la energía; nuestra escasa dotación tecnológica e innovadora; la exigua potencia de nuestras empresas (por poner un ejemplo concreto: de las 69.000 empresas asturianas, 27.000 no tienen empleado alguno, 32.000, menos de diez), lo que no faculta a la mayoría para innovar o exportar, su reducido músculo financiero. Pero, al margen de esas cuestiones inmemoriales, es necesario llevar a cabo otras disposiciones, alguna de ellas contenida el programa del PP y hasta ahora no llevada a cabo: la reducción de cuotas a la seguridad social, el cambio en la fórmula de pago del IVA a la Agencia Tributaria por las empresas, la modificación de la tributación por módulos en función del empleo son algunas de ellas; junto con eso, medidas en la racionalización de la administración, la eliminación de trabas a la creación de empresas y a su funcionamiento, la lucha contra los oligopolios y el fomento de la competencia, así como una mejora y precisión de la legislación laboral, a fin de eliminar aspectos confusos. Que, por otro lado, la atención legislativa fiduciaria y laboral separase con nitidez el ámbito de la pequeña y la mediana empresa (el 80% del empleo) frente a la gran empresa —que, sin embargo, es el ámbito prioritario de atención para las organizaciones empresariales y sindicales— no vendría nada mal.
Si, como se espera, el déficit estructural se ha reducido en el 2012 hasta el entorno del 7% y si la UE alivia la presión para los plazos de reducción del mismo, ello sería un enorme empujón para la financiación, la inversión exterior y la confianza interior, lo que haría, pese a los ajustes que nos quedan en algunos sectores como el financiero o el minero, que el empleo empezase a crecer aun antes de lo que pensamos y que, tal vez, una vez producido ese primer impulso, lo hiciese a un ritmo mayor del esperable, porque, en todo caso, el empleo se va a crear ahora con un crecimiento bastante menor del 2% del PIB anual.
Verdad es también que una parte de ese crecimiento ha de venir de inventar nuevos nichos de mercado por nuevos emprendedores, lo que es una cuestión lenta y progresiva; cierto también que la recuperación puede perderse por trastornos del ámbito internacional (un menor crecimiento en Europa, el desencuentro fiscal en EEUU, por ejemplo) o por el descontrol exponencial de la variable que forman el descontento de la ciudadanía, la corrupción y la manipulación que algunos sectores —políticos, sindicales y mediáticos— hacen de todo ello. Con todo, creo que las mejores perspectivas que se auguran han de confirmarse, y que, incluso, lograran superar la ocasional presencia de algunas de esas variables incontroladas que acabo de citar.
ASTURIES: la mayor subida de paru d'España
Y van decime: ¿Val pa daqué'l gobiernu asturianu? Si val pa daqué, parte la culpa ye suya. ¿Ye too culpa del gobiernu Madrid? Entós ye que'l d'equí ye irrelevante, y, darréu, pa qué los queremos?
Pero, van velo, ún día destos vamos asistir a esi actu primorroverista o de democracia orgánica que ye la "concertación", van ponese d'alcuerdu nun "plan" y n'onde se reparten les perres, y, ¡hala!, ¡yá ta!. Arreglao.
Bueno, eso ye lo que nos van decir. En realidá, van estropealo un migayín más.
Pero en cualquier casu, probes de los paraos y les families. Esa ye la única realidá esmolecedora; de lo otro, a lo meyor, val más rise.
¡Ah, y recuérdenlo: llevamos tando a la cabeza del desastre dende fai más d'un añu!
LO QUE SE PUEDE, SEÑORA
Es una evidencia que el PP y Rajoy han incumplido sus promesas y su programa de cabo a rabo, desde la testuz hasta el rabo: aquellas de no hacer (en materia de IVA, de IRPF, de pensiones, prestaciones de paro, banco malo, por ejemplo) y en materia de hacer (reforma de la administración, Ley de emprendedores, rebaja de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social…). Uno ignora si cuando, antes de la campaña, se construyeron programa y promesas don Mariano y los suyos pensaban que iban a poder cumplirlas, del mismo modo que desconoce si su reiterada afirmación de que su sola presencia (o la mera ausencia de Zapatero) restauraría la confianza de los mercados y de los empresarios, y de que con ello mejoraría nuestra financiación y se crearía empleo, era una afirmación creída a pies juntillas. Seguramente en todo ello —programa y promesas— había la mescolanza propia de los políticos y de la política: un tanto de patraña, una porción de autoengaño e ilusiones, una buena parte de desconocimiento de la realidad, la fantasía de que el mundo acaba encajando en el lecho de Procusto de las ideaciones y los discursos.
Es cierto —y así se podría argumentar— que la situación que se encontró el PP a finales del año 2011 fue peor de lo que se afirmaba por el gobierno del PSOE: un 9,3% de déficit y no un 6,3%; que la UE no afloja apenas en la velocidad con que nos exige la reducción de nuestro diferencial de ingresos y gastos; que, además, las instituciones europeas no cumplen sus propios acuerdos o los someten a reformulaciones, como se ha hecho con los del Consejo Europeo de las vísperas de san Pedro y san Pablo de este 2011; verdad también que los bancos —las cajas, mejor— arrastraban enormes problemas a los que no se quiso hacer frente hasta este año, mientras que el sistema financiero de muchos estados europeos había sido objeto de enormes ayudas entre el 2008 y el 2011; asimismo, que no encontramos dinero en los inversores no institucionales o que lo encontramos muy caro y que las dudas sobre el euro agravan nuestra situación .
De modo que don Mariano y su equipo podrían decir, a pesar de la pésima situación de nuestro empleo —de nuestra actividad económica, en realidad— y de nuestras finanzas, a pesar de la dureza de los recortes, aquello que el galán dijo a la dama que, habiéndolo requerido de amores y disgustada después por su desempeño, lo recriminaba por ello: «Se hace lo que se puede, señora».
Porque nadie piense de verdad que, como dice la oposición, don Mariano hace sus recortes por un oscuro designio ideológico, por la mera voluntad (malignamente derechosa) de «quitar al pueblo sus derechos, que tanto costó conseguir». Si lo hace no es por otra razón que porque no le queda otro remedio. En primer lugar, porque los derechos que consisten en devengos solo son tales si hay una fuente que pueda generar los devengos, y, si no, no son nada. Pero, en segundo lugar, por una razón aun más importante en política: porque el primer objetivo de los políticos y los partidos es mantener su puesto y su empresa, y quitar y recortar es la manera más en derechura para perder el poder. Así que, aunque fuese nada más por esa razón, Rajoy no lo haría si pudiera, aunque quisiera. La mejor forma de caer simpático y hacerse un tipo seductor en la vida pública es dar, no pedir, despilfarrar, no escatimar. Por no irnos al Julio César que se endeudaba para dar festejos a las masas, al «panem et circenses» de Juvenal o al Pericles que empleaba a media Atenas a costa del Estado (y de la deuda), basta con acordarnos de nuestro José Luis: «Pedro (Solbes), ¡no me digas que no tengo dinero para hacer política!», esto es, para conquistar voluntades.
Y no crean ustedes que, desde otro punto de vista, las novedades y recortes que el Gobierno de Rajoy está aplicando son el súmmum. Las críticas hacia ellos son muchas por su escasa decisión, por sus dudas, por sus medidas timoratas. Y, así, se los acusa de haber hecho una reforma laboral corta y confusa, de no haber limado lo suficiente las prestaciones de paro y las sanitarias, de no haber rebajado la cuantía de las pensiones, de no haber modificado radicalmente la estructura del estado. ¿La extrema derecha? ¿Las tertulias más conservadoras? ¿Algún medio de esa índole? ¿La fundación FAES? Sí, y los empresarios, y los medios académicos, y la UE, y la Comisión Europea, y la OCDE. Y ustedes, mis queridos lectores, es posible que no (o, al modo marianil, «tal vez sí»), pero es seguro que muchos de sus conocidos estén clamando porque aún no se hayan suprimido la mayoría de los ayuntamientos, todas las autonomías, rebajado el sueldo de los políticos, metido en prisión a los banqueros, etc., etc.
De modo que, situado entre unos y otros, y contando con que hemos ido salvando, de momento, dos «pelotas de partido» en estos meses, una la de la intervención y otra la de la desbandada en torno al euro, don Mariano, que ha aprendido en este tiempo lo que don José Luis aprendió en una sola noche, la del 9 de mayo del 2010, que la realidad es testona —como troqueló Lenín— y que no se deja dominar por los sueños, los discursos o la voluntad; don Mariano, digo, bien podría decir lo que el galán de la facecia a la señora: «Se hace lo que se puede».
O, en llariego, «al que mete lo que tien y emburria lo que puede ¿qué más se-y va pidir?»
TRAS EL DRAMA DEL PARO
El paro
constituye un problema personal (no únicamente económico, también psíquico),
familiar y social, por los efectos, en este último caso, de la realimentación de
los problemas individuales. Pero el paro, en último término, no es más que la
manifestación de una patología económica colectiva: la insuficiencia de nuestro
tejido productivo y la carcoma en el mismo.
En los últimos
años el cierre de empresas ha constituido una verdadera hecatombe. Ello no ha
ocurrido solo en el ámbito de la construcción (donde, por ejemplo, y por
ceñirnos a Asturias, entre 2008 y 2011 desaparecieron 1.470, el 12% de las
existentes en el 2008), sino en muchas otras ramas de actividad. Y, por seguir
en el mismo campo, en nuestro país han desaparecido más de 3.700 empresas con
más de un asalariado, según los registros del INE, desde 2008 hasta enero de
2012. Por ir a los datos más recientes, en agosto de este año se disolvieron en
el conjunto de España un total de 1.300 sociedades mercantiles (un 19% de incremento
anual). Asturias registró la menor tasa de variación en la aparición de nuevos
registros (-14,01%). Además, si en el 2007 las empresas pagaban 100 por
generación de beneficios, en el 2001 pagan 40, debido a la reducción de los mismos.
He ahí el drama
real colectivo que está detrás del drama individual del paro y es su causa: la
reducción del tejido productivo, y especialmente su destrucción. Porque cuando
una empresa se cierra es muy difícil que vuelva a abrirse. En primer lugar,
porque es probable que sus empresarios no tengan ni el ánimo ni los recursos
suficientes para volver a intentarlo. En segundo lugar, porque es posible que
haya desaparecido el nicho de mercado o la oportunidad de nicho de mercado
donde una empresa tenía su campo de actuación.

¿Cuántos de
nosotros, si nos tocase una quiniela, nos meteríamos a empresarios? ¿Quiénes de
los sindicalistas o políticos que a diario hablan del empleo y de la empresa y
aconsejan sobre ello lo harían? Para ser empresario no solo se necesita conocer
un sector y disponer de financiación, sino poseer voluntad, ánimo y una
especial concupiscencia. Por eso, cuando se pierde un empresario, todos
perdemos un vector de creación de riqueza/trabajo.
La otra cara
de la actual crisis en España es que se han volatilizado para siempre nichos de
mercado y trabajo, ya en la exportación, ya en el interior; bien porque hemos
sido expulsados de ellos por nuestros costos de producción —directos (salarios,
precios de la energía, productividad de la tecnología, impuestos) o indirectos
(fraude fiscal, dumping social exterior, economía sumergida)—, bien porque, en
un contexto de facilidad para el endeudamiento, los productos extranjeros, a
precios parejos o aun mayores que los nuestros —piénsese en coches o lavadoras,
por un decir—, hubieran resultado de mayor calidad o atractivo.
Nuestra entrada en el euro, además, y la
dirección de las políticas del valor del mismo en el conjunto de Europa han
laborado en nuestra contra. Así, la moneda común, desde su entrada en
funcionamiento, se ha revalorizado más de un 40% con respecto al dólar, lo que
ha dificultado nuestras exportaciones; y, viceversa, la baratura de los tipos
de interés, favorecidos por Alemania, y los acuerdos con otros países de fuera
de la Unión ha
provocado el enorme déficit comercial de este último decenio y acelerado la
destrucción del empleo interior.
De modo que la
construcción de un nuevo tejido económico y el ensanchamiento de la actividad
de las empresas ya existentes va a ser extremadamente dificultoso. No solo
requerirá la estabilidad de la situación financiera del estado y de los bancos;
no solo el tirón de la demanda exterior y en menor medida, inicialmente, de la
interior; no solo la efectiva reducción de salarios o de la disminución de
plantillas que se está dando en la administración y en tantos sectores, sino de
la aparición de nuevos emprendedores y del «descubrimiento» de nuevas
actividades o nuevos campos de mercado.
Lo que sí hay
que señalar es que eliminar tantas rigideces como aun tiene la economía
española (desde el ámbito del ayuntamiento al del estado, pasando por el
autonómico; desde el administrativo al legislativo) es requisito imprescindible
para el crecimiento. Y es preciso también señalar, por más impopular que sea,
que la nueva legislación laboral —aunque haya recortado ventajas individuales o
colectivas del pasado— ha supuesto un paso importante para que las empresas
—aun reducidas en tamaño— puedan subsistir a la espera de tiempos mejores, y no
se vean abocadas a la única opción del cierre inexorable.
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