Mostrando entradas con la etiqueta Joe Biden. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Joe Biden. Mostrar todas las entradas

Oigo, patria (sobre desempleo y empleo)

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) OIGO, PATRIA (SOBRE DESEMPLEO Y EMPLEO) Permítanme que empiece remedando al ilustre Bernardo López García: “Oigo, patria, tu aflicción, / y escucho con desconcierto / el disonante concierto / que hablando del paro forman / el parado y el patrón”. Si ustedes buscan “entra en vigor la reforma del Reglamento de extranjería”, efectiva desde el día 15, verán que, al margen de otros objetivos, loables unos, de eficacia dudosa otros, pretende ayudar a cubrir aquellos puestos de trabajo que los españoles no quieren. Es decir, que existe una oferta de empleos que no se cubren porque algunos de los 3.000.000 de parados inscritos como tales no quieren trabajar en ellos, como empieza a ocurrir, por cierto, en algunos otros países de occidente. Por otro lado, verán ustedes las continuas quejas de hosteleros, constructores y algunos otros gremios —no siempre de trabajos manuales— de que no consiguen cubrir las plazas que ofrecen (basta con que ustedes den una vuelta por nuestras ciudades en este mes para ver la oferta en bastantes establecimientos). La respuesta sindical —y de muchos trabajadores—es la misma que la de Joe Biden: “que paguen más”. Al margen de que yo creo que, en general, si un empresario está seguro de que una contratación le va a ser rentable —en dinero y con seguridad— no deja de contratar, lo que nadie quiere decir es esto: que quien se niega a trabajar por un dinero que estima escaso es que tiene cubiertas sus necesidades (vivienda, comida, gastos varios) por otras vías: paro, subvenciones diversas, ingresos familiares, etc. Y lo mismo ocurre en el caso de los jóvenes que se niegan a trabajar por una cuantía inferior a sus expectativas o a las de sus familiares (¿cuántas veces han oído decir “el mio fíu (o el mio nietu) por eses perres nun trabaya, nun quiero que lu esploten: do-ylo yo”?). De modo que entre los parados tenemos un número difícil de cuantificar cuyo problema no es exactamente que no haya trabajo para ellos, sino que no quieren determinados trabajos (ya digo que ocurre en muchas partes) o que no cubren sus expectativas. Estamos, pues, ante un problema que no siempre es económico, sino de mentalidades. Quizás merecería la pena, en consecuencia, enfrentar la cuestión desde otro punto de vista que no sea el puramente registral, ya que se trata de un problema costoso, angustioso para la población en general y que ocupa mucho tiempo y esfuerzo a la Administración. En todo caso, una de las razones evidentes de algunos rechazos a un empleo nuevo es la pérdida de derechos adquiridos de paro cuando se accede a un nuevo trabajo, que el empleado nunca sabe si va a ser por quince años o por seis meses. Esa modificación de la norma seguramente animaría a algunos a explorar las nuevas ofertas. ¿Alguien hace algo por ello? En el caso de Asturies los datos de esa paradoja son especialmente llamativos. Es sabido que hay mucho estudiante con estudios medios y superiores (otra cosa es la adaptación de esos estudios a las necesidades del mundo laboral); también que, en general, los salarios no responden a las expectativas de los licenciados y que muchos emigran en busca de empleos remunerados conforme a esas expectativas o de trabajos que satisfagan sus deseos de progreso sapiencial. Ahora bien, junto con eso, los datos: la tasa de emancipación (la edad a la que el joven se marcha de casa) está un punto por debajo de la media de España; la tasa de actividad y empleo de los mozos es la menor de España. Y añadan ustedes: el aumento de vacantes de trabajo en Asturies duplica a la media española. Quizás convendría repensar todo esto sin prejuicios ni tópicos, sin demagogia. Llamando a las cosas por su nombre, enfrentando los problemas en sus justos términos y modificando la legislación en lo que sea necesario (por ejemplo, como queda dicho, en lo relativo a los derechos del paro adquirido al intentar un nuevo trabajo).

El Muro de Adriano y el desempleo

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU EL MURO DE ADRIANO Y EL DESEMPLEO Hace 1.900 años Roma construyó en Inglaterra el llamado Muro de Adriano. En su guardia y construcción participaron asturianos, algunos de ellos, xixoneses de La Campa Torres. En conmemoración de esa circunstancia, el museo de La Campa ha organizado una exposición de objetos hallados en torno a aquella edificación. (En mi última novela, En el muro de tu corazón, uno de sus protagonistas, Nicer, es precisamente un camputorrés constructor del Muro). El ficticio Nicer, al igual que los astures que realmente participaron en la erección de la fortificación o su defensa, emigró porque su tierra era pobre y no era capaz de proporcionarle sustento o satisfacer sus expectativas vitales: necesidad y emigración son viejas moradoras de nuestro país. Sobre la emigración actual poco tengo que decirles: muchos de ustedes la practicaron o la sufren hoy en sus hijos y nietos. Pero sí merece la pena reflexionar sobre un dato de la actualidad: hay 6.000 puestos de trabajo demandados por las empresas asturianas que no encuentran candidatos. Ello no ocurre únicamente en los ámbitos de la construcción o la hostelería, también en empresas tecnológicas. Esa circunstancia, desempleados que no quieren aceptar los empleos ofrecidos, está siendo general en todo Occidente, recuerden aquella babayada de Biden: “que les paguen más”. Ya he afirmado aquí que, si un empresario cree que va a ganar dinero contratando, contrata. No es, pues, esa la cuestión, sino una novedad socioeconómica que se ha producido en estos últimos años: que un número no pequeño de personas, de las que antaño necesitaban perentoriamente de un empleo, tienen unos ingresos suficientes para poder vivir sin necesidad de someterse a la sujeción de un trabajo remunerado. Lo que es cierto es que, de darse ese nivel de seguridad vital hace 1.900 años, muchos de aquellos asturianos no habrían cruzado la mar, y hasta es posible que, entonces, mi ficticio Nicer no pudiese haber tenido existencia. Xuan Xosé Sánchez Vicente

Coyuntura económica y desajustes

0 comentarios
(Ayer, en La Nueva España) COYUNTURA ECONÓMICA Y DESAJUSTES El crecimiento económico ya está asentado, el aumento del PIB y el del empleo son sus evidencias más notables. Con todo, frente a esa escala ascendente, aparecen algunos factores, coyunturales unos, estructurales otros, que representan una preocupación y añaden sobre el futuro algunas incógnitas no pequeñas. Las primeras son monetarias: el despegue de la inflación, en primer lugar, que tendrá sus efectos sobre precios, salarios y financiación de las empresas y que no sabemos si ha venido para quedarse o es coyuntural, como algunos afirman. Aunque, en principio, una cierta tasa de inflación era hasta el día de hoy deseable en las teorías económicas, el actual despegue no parece verse con buenos ojos. En segundo lugar, la incógnita de las decisiones inmediatas de los bancos centrales sobre la creación (“emisión de belarminos”, lo llamo yo) de dinero y la financiación de bancos y gobiernos a costo cero, en la espera de que el futuro o un crecimiento exponencial de la economía en lo inmediato permitan reducir en algún momento la masa monetaria a términos más acordes con la riqueza real. En ese sentido, el endeudamiento de España, que se desliza e incrementa mes a mes sobre esa vaselina, constituye una evidente amenaza a la que algún día habrá que hacer frente (o que nos argayará encima). La inflación tiene que ver, ciertamente, no solo con el incremento de la demanda en muchos ámbitos, muy notablemente el energético, sino también con el desabastecimiento o escasez de materias primas o productos elaborados, escasez provocada en parte por el parón productivo durante gran parte de la pandemia. De ese modo nos encontramos, por ejemplo, con fábricas de coches inactivas por la falta de chips, con empresas de viviendas prefabricadas sin materiales, con estrangulamientos en el sector de la construcción por el encarecimiento de las materias primas. Así, muchas empresas de este campo han tenido que renunciar a cumplir sus contratos o han renunciado a concurrir a convocatorias públicas porque los costos reales superan a los estipulados en los pliegos de los concursos. Así ha ocurrido, es un ejemplo, en la convocatoria del ayuntamiento de Xixón para la reforma de barrios degradados. Un problema de otro tipo, este estructural, para frenar la actividad económica ha surgido en estos últimos meses: a la queja continua de falta de personal de algunos sectores especializados en los campos industrial e informático se suman ahora las carencias de personal en sectores como la construcción o la hostelería, que tanto empleo convocan. No se me escapa que es un problema que se ha suscitado en muchos países europeos, Inglaterra, por ejemplo, o Países Bajos, y en EEUU. Recuerden las recientes palabras de Joe Biden a propósito de ello: “si no encuentran quien quiera trabajar, que les paguen más”. Aquí se han manifestado reiteradamente los sindicatos sobre la cuestión: si en algunos sectores no se encuentran trabajadores es fundamentalmente, dicen, por dos razones: porque se paga poco y porque no son empleos estables. Aceptémoslo. Pero ello, en un contexto en que existen millones de parados, plantea una reflexión de no poca enjundia: si esos parados no quieren emplearse por esas u otras razones, ello quiere decir que obtienen por otros medios el dinero que obtendrían trabajando: subsidio de paro, subvenciones de otro tipo o de instituciones varias, apoyo familiar, actividades ocasionales…, es decir, tienen cubiertas sus necesidades por una u otra vía. Pero podríamos suponer que, efectivamente, las empresas tienen capacidad para subir los salarios del sector, bien porque las ganancias de los empresarios sean muy grandes, bien porque puedan trasladar los costos a los precios. Esa consideración nos lleva a otra, uno de los caballos de batalla de algunos partidos y de los sindicatos, la del Salario Mínimo Interprofesional. ¿Pueden las empresas subirlo, con la agregación de los costos a la Seguridad Social, y trasladar su aumento a los precios? De hacerlo, ¿pueden mantener la competividad frente a otras empresas? Dada la estructura microempresarial de España, es seguro que a muchas sociedades contratar con sueldos más altos o hacerlo con contratos que no expiren cuando la tarea se acaba, en un contexto, además, de creciente competencia en algunos sectores —provocada, en parte, por el comercio digital y la internacionalización— y de precios muy ajustados por las administraciones, las llevará al límite de su viabilidad, por decirlo casi eufemísticamente. De modo que ahí nos movemos, entre la Scila de las necesidades de los sueldos bajos y la Caribdis de la viabilidad de las empresas, que no significa solo riqueza de los empresarios, sino empleo e ingresos del Estado, en vez de gasto en subsidios. Por cierto, los invito a dar una vuelta a esa paradoja de la convivencia del paro con la obtención de unos ingresos que no vienen del empleo y que, si no magníficos, son suficientes para vivir. Y, en relación con ello, tal vez puedan ustedes plantearse otras reflexiones.