Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Dos medios siglos
DOS MEDIOS SIGLOS
En 2024 se celebraban institucionalmente los cincuenta años del nacimiento de Conceyu Bable. Este año de 2026 un conjunto de particulares y alguna asociación han puesto en marcha actos para conmemorar la manifestación de junio de 1976 que encabezaba una pancarta con las consignas de “Bable a la escuela” y “Autonomía rexonal”. Conviene subrayar que la organización de la manifestación y su impulso fueron iniciativa de Conceyu Bable. Las consignas también lo eran.
Adelantémonos un poco. Cuando en 1980 se pone en marcha la creación-redacción de un estatuto de autonomía, a ninguna de las dos comisiones redactoras iniciales, ni la de “los ocho”, ni la de “los veinticuatro”, formadas por profesionales e intelectuales de todos los ámbitos, se le ocurre proponer como nombre de la región el de Asturias, eliminado en 1833 para ser sustituido por el de “provincia de Oviedo”. Así, pues, como “Oviedo” venía siendo el texto que llega el 18 de enero de 1980 a la asamblea salida de las elecciones de diputados a Cortes y a la Diputación Provincial. Es solo una enmienda particular mía, a la que de inmediato se suman todos los grupos parlamentarios, incluido el PSOE, del que yo era miembro, la que restaura nuestro nombre milenario.
No traigo el dato por presumir (¿y por qué no?), sino para subrayar cuál era la escasa o nula conciencia asturianista/autonomista que ocupaba entonces la inteligencia asturiana y sus partidos políticos.
Porque, por cierto, ningún partido -tal vez alguno muy minoritario- tenía entre sus propósitos para España la existencia de autonomías -salvo la de vascos y catalanes y, acaso, gallegos-. Aún recuerdo un mitin de Santiago Carrillo, en 1977, en la plaza de toros de Xixón, abominando de la idea y riéndose que quienes lo proponíamos.
No pretendo aquí atribuir la existencia de la autonomía asturiana a Conceyu Bable, ni mucho menos. Fue la evolución posterior de la sociedad y la política española y, especialmente, el tirón reivindicativo andaluz, lo que acabó por establecer estatutos de autonomía generalizados (el “café para todos”, de Manuel Clavero Arévalo). Sin esas circunstancias, es posible que hoy no disfrutásemos de autonomía.
Lo que sí es evidente es que Conceyu Bable recogió una idea de igualdad política con Cataluña y Euzkadi que entonces alentaba entre una parte de los jóvenes de Asturies y de la diáspora, y la puso en el primer plano de las materias considerables en política, junto con la del asturianismo o asturianidad, no solo sidreros, sino, sobre todo identitarios y políticos. (El de la bandera, por cierto, fue otro de los impulsos de la asociación).
El segundo de los lemas, “Bable a la escuela”, requiere un breve excurso histórico. Como saben las personas mínimamente instruidas, hay literatura y escritura en asturiano desde el siglo XVII. En el XVIII, XIX y XX se intentan poner en marcha estudios y academias de nuestra lengua; alguna lo hace, con poca duración, en la primera década del XX. En vísperas de 1974, la fecha de constitución de Conceyu Bable, la situación del asturiano es esta: una lengua hablada generalmente, más o menos amestada con el castellano a veces; el desprestigio casi universal del asturiano para usos sociales “prestigiosos”: conferencias, por ejemplo, para la enseñanza, para la escritura culta, para la Administración, es decir, su consideración como lengua de categoría inferior no apta para la vida social formal ni para la “cultura”. Pocos años antes, un grupo de personas de cierto predicamento había puesto en marcha, a través de la asociación Amigos del Bable, una serie de iniciativas tendentes a rescatar canciones y poesías. La idea de convertir el asturiano en una lengua viva y culta, usada en cualquier contexto, estaba lejos de sus intenciones. Exagerando, diríamos que querían dar un “entierro digno” a nuestra lengua.
Pues bien, lo que los rapazos de Conceyu Bable y todos cuantos otros se suman a ese impulso inicial en el resto de España entienden que nuestra lengua no es un modo de hablar de segunda categoría o limitado, sino una lengua igual que las otras, merecedora, por tanto, de idéntico trato que las demás, en la escritura (“escribir, escribir y escribir”, proclamaba la primera entrevista con los tres fundadores en la revista Asturias Semanal), en los medios de comunicación, en la vida social formal y en la enseñanza (“bable a la escuela”); de la misma dignidad y capacidades que las demás, diría yo. (Por cierto, que sepa, fui el primero en utilizar el asturiano en la Universidad, en unos cursos de verano que impartía, en concreto, en aquel momento, el profesor Emilio Alarcos Llorach. La reacción fue de sorpresa y de algunas risas contenidas, por la novedad. Escribir y hablar en cualquier contexto, esa era la receta).
Acaso sería conveniente analizar los resultados históricos y actuales de aquel impulso de hace medio siglo. Los éxitos y las carencias. Las amenazas, las reacciones sociales, los discursos de odio y hostilidad.
Acaso, en otra ocasión.
Aniversario y lengua
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
ANIVERSARIO Y LENGUA
El 15 de noviembre, viernes, treinta personas nos reuníamos para conmemorar los 50 años de Conceyu Bable Xixón. A la reunión faltaban algunos que por razones distintas no pudieron acudir, como mi esposa, Elena Fernández Poch, autora del primer Diccionario Castellano-Bable destinado a la escritura. De los afiliados de aquellos tiempos ya idos hicimos memoria.
El lunes, 18, los periódicos de Galicia daban cuenta de una numerosa manifestación en Santiago el día anterior, domingo, que reclamaba una nueva política para frenar la “emerxencia extrema” de la lengua gallega.
En la celebración de los cincuenta años, además de los recuerdos y los saludos entre personas que no nos veíamos desde hacía décadas, se habló de la situación de nuestra lengua. Podríamos decir que Conceyu Bable recogió del barro una lengua desprestigiada socialmente y levantó su aprecio entre muchos asturianos. Al mismo tiempo, impulsó la creación de una literatura moderna y estimable, así como la creación de la Academia, la normativización escritural, y una legislación que confiere “normalidad” a nuestra lengua.
Ahora bien, del asturiano, más o menos penetrado por el castellano, se podía decir entonces, casi como en los tiempos de Xovellanos: “odos lo mamamos en nuestra primera leche; va pasando de padres a hijos y se continúa de generación en generación”. Hoy, sin embargo, el deterioro de esa transmisión es evidente. Incluso, como ocurre en otros países, los jóvenes hablan castellano en el patio tras la clase en llariegu.
¿Causas? Al margen de las generales, y salvo excepciones anecdóticas, los gobiernos asturianos tienen una responsabilidad importante en ello, por dejación o por hostilidad. La RTPA, un posible instrumento importante de preservación, no ha sido utilizada o lo ha sido negativamente.
Es de justicia reconocer el relativo cambio positivo que el Gobierno de Barbón, con su presidente al frente, ha tenido al respecto. Cabe preguntarse si es aún tímido, que lo es, y si, inevitablemente, tardío.
Pa los interesaos na Transición n'Asturies, les candidatures, el rexonalismu, Conceyu Bable...
Pa los interesaos na Transición n'Asturies, les candidatures, el rexonalismu, Conceyu Bable...
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Reconocimientos y homenaxes
(Ayer, en La Nueva España)
RECONOCIMIENTOS Y HOMENAXES
Diome una gayola grande esti titular de LA NUEVA ESPAÑA: “Pablo Ardisana se convierte en patrimonio de Asturias. El Muséu del Pueblu acoge el archivo del poeta, voz imprescindible de les lletres asturianes”.
Pablo Ardisana ye una voz mui notable. Publicárense d’él Azul mirar d’amor, Una luz inesperada y Armonía d’Anxélica sirena. Queden agora papeles suyos por ver, revisar y publicar, y espero qu’un día, y non tarde, seya posible facelo, como espera l’hermanu sobreviviente de los tres Ardisana, José María.
Esa entrega de testimonios produzse, además, nunes feches simbóliques, na rodiada del cincuentenariu de la salida a la llume de la sección periodística Conceyu Bable, que camudó dempués n’organización cultural y en movimientu social. Como se reconoció dende munchos ámbitos, ye abondo lo que la sociedá-y debe a Conceyu Bable, nun solo la modernización y socialización del asturianu, sinón la reivindicación de la nuestra identidá cultural y política. Conceyu fue guañu, formientu y afalamientu; y, masque non directamente enxertu na asociación, Pablo fue pieza fundamental del “milagru” cultural y lliterariu que llamamos el Surdimientu.
Curiosamente, coincide que nestes feches exhíbese en Xixón una colección de pieces de vidriu y cerámica que salieren de les fábriques de La Industria y La Asturiana, iniciatives empresariales de Mariano Pola, persona clave na historia industrial de Xixón, de la muerte del cualu cúmplense 140 años. A él, como a otros munchos, débese-y el reconocimientu vivu de la so memoria, más allá del nome d’una calle.
Y volviendo a Conceyu Bable y al Surdimientu: pa entender el so papel de biltu y formientu d’una sociedá tan poco amante de sí mesma como l’asturiana, tan despreciatible de lo suyo, recomiéndo-yos la llectura del llibru de Carlos Gordon ¡Esperemos! Así nos lo mandan, los debates sobre’l non-Estatutu d’Autonomía na segunda República: salvo contaes escepciones, les nuestres élites, a servir a Madrid, a correr pa Madrid y a despreciar lo nuestro.
Perplejidades
(Ayer, en La Nueva España)
PERPLEJIDADES
No dirán que no existen los milagros. Los lunes, el año pasado, registraron un total de 1.525.709 bajas laborales; sin embargo, los viernes el guarismo descendió hasta únicamente 736.166. No piensen ustedes mal, sin duda la causa ha de encontrarse en la advocación bajo la que está el último día laborable de la semana, Venus, la protectora de Eneas y tuteladora de los goces del amor.
El número de parados registrados era este enero de 2.767.860. Si a ello sumamos los yolandizados bajo el concepto de “fijos discontinuos”, tenemos un número superior a los 3.000.000, cifra que apenas varía en los últimos tiempos. Pero el panorama no se completa si no advertimos que existen unos 100.000 empleos ofertados que nunca se cubren, para los que no concurren candidatos. Más aún, el 70% del empleo creado desde finales de 2021, 755.000 puestos de 1,081 millones, han sido ocupados por trabajadores de origen extranjero.
Para entender la complejidad del problema hay que tener en cuenta dos cosas. La primera, que todas las prestaciones sociales provienen de los impuestos y de la creación de riqueza de quienes trabajan. La segunda, que quienes rechazan un empleo lo hacen porque tienen suficientemente cubiertas sus necesidades, por la vía que sea.
No cabe duda de que esta situación requiere una clarificación y un buen solmenón. ¿Lo hará alguien? Sonrían.
Otro. Furia sancionadora de los nuevos radares “pacificadores” de Llugones, instalados sin tener en cuenta que hay gente que trabaja y que una velocidad muy escasa es difícil de mantener aun a punta de gas. Así informa LA NUEVA ESPAÑA: “Los nuevos radares de Lugones superan las 300 multas al día y los carteros no dan abasto para repartir las notificaciones”. Respuesta del alcalde: “Igual teníamos que haberlo hecho de otra manera o no ponerlos”. ¿Pero es que aquí nadie piensa las cosas antes de hacerlas? ¿Es que todo es dejarse llevar por los “idola fori”, por los prejuicios discursivos de la moda? ¿Rectificarán ante el desastre y la injusticia? Sonrían.
En distinto ámbito. Parece una broma de un periódico cómico, aquello del “Papelín General” de La Codorniz. El BOPA cesa en sus cargos, por error, a dos empleados del HUCA, el médico don Alberto Fernández León y la enfermera doña María Antonia Jiménez Martos. Once días después corrige la metedura de pata. Siempre he dicho que se legisla con las témporas, por decirlo eufemísticamente, y. si no, miren ustedes la corrección diaria “de errores” en el BOE, o los efectos de la Ley Sisí o de la Trans. ¡Pero esto del BOPA! ¡Más gorda nun entra en prau!
Se vende cada vez menos pescado. Una asociación de detallistas de pescado propone una solución: que las pescaderías pongan obradores y ofrezcan a sus clientes platos elaborados. ¡Cómo si el problema de la venta de pescado no estuviese en los precios, cada vez más prohibitivos del producto! ¡No, si ni al que asó la manteca!
Y ya que estamos en un artículo de temas variados, quiero decirlo: la visita del señor Queipo a la Academia o su presencia en la celebración de los 50 años de Conceyu Bable, es un paso hacia la normalidad, una salida de la xabacería en que con respecto al asturianu se hallaba situado el PP (al margen de mentir al respecto del impulso de La Llei d’Usu y Promoción). Y, por cierto, no estaría de más recordar para algunos que la impulsión, el amor y la escritura de la llingua estuvo siempre históricamente en manos de la derecha y la Iglesia, desde el pegollu de nuestra historia literaria, González Reguera, a los impulsores de la academia de 1919, con patrocinio real.
El legáu históricu de Conceyu Bable
(Ayer, en La Nueva España)
EL LLEGÁU HISTÓRICU DE CONCEYU BABLE
Van cumplise 50 años de l’apaición de la sección periodística “Conceyu Bable” (non de l’asociación del mesmu nome, aniciada dos años más tarde, na mio casa y na de la mio muyer, Elena Fernández Poch —autora y editora, por cierto, nel 1975, del primer diccionariu castellano / asturianu—, nel Bibio (Xixón), al amparu de la Llei Fraga de 1964). El desurdimientu de la sección, primero, y el de l’asociación, más tarde, despertaren un ampliu sentimientu de simpatía y d’identificación ente munchos asturianos, tanto de dientro como de fuera. “Esto ye lo que yo sentía y lo que yo quería sentir dicir”, veníen a asoleyar toes aquelles persones que manifestaren el so sofitu o s’enxareyaren embaxo les sigles de Conceyu Bable n’Asturies y n’otres partes d’España.
Fundamentalmente, lo que consiguió n’aquellos años el movimientu organizáu en Conceyu Bable fueron dos coses: la primera, dar dignidá a tolos rasgos de la identidá material y social asturiana (la llingua, principalmente, pero tamién la gaita, l’horru e tutti quanti) y constituir con ello un marcu teóricu global y modernu (nacionalista), que ficiere de los nuestros productos históricos particulares non manifestaciones aisllaes y casuales (o peor entovía, talo como se pretende munches vegaes: restos d’un pasáu arcaicu y atrasáu), sinón vectores diversos d’un mesmu raigón: la historia y la cultura d’un pueblu con personalidá propia, l’asturianu. La segunda, dotar a esos elementos (la llingua especialmente, en cuantes instrumentu d’usu, non solo de recuerdu o archivu) de virtualidá de futuru: convertilos non n’oxetos de veneración pasada o de conservación museística, sinón n’aperios pal trabayu social o políticu del presente, que tábamos obligaos a tresmitir viviegos al futuru.
Al mesmu tiempu, tanto dende la sección periodística como más tarde de Conceyu Bable, fuimos aniciando una serie de propuestes que constituyeren dempués tol material teóricu asturianista del nuestru país, non solo de los partíos nacionalistes, sinón de los partíos centralistes. Dalguna d’eses propuestes algamó’l so cumplimientu de mena más o menos satisfactoria, otres constituyen güei entá una bultable carencia.
D’ente eses propuestes aníciase l’actual bandera asturiana (Asturies tenía, como dalgún ilustre historiador recordara d’aquella, munchos pendones, pero ninguna bandera); la propuesta d’un himnu d’Asturies (qu’un gobiernu de Pedro de Silva resolvió col actual, al mio talantar una propuesta fácil y popular, pero poco acertada y poco asturianista, esto ye, poco respetuosa con una cierta idea de la dignidá d’Asturies); la creación de l’Academia de la Llingua Asturiana; la de la normalización y normativización llingüística del asturianu (que por aquel entós preferíamos llamar “bable”), que ta güei incumplida en gran midida no que correspuende a la normalización, y a la que solo nos llegamos a aprosimar col artículu cuartu l’Estatutu (puestu nesi testu constitucional pol qu’esto firma) y mediante la Llei d´Usu y Promoción del Bable / Asturianu (fecha y impulsada pol PAS); la d’un Estatutu d’Autonomía p’Asturies, llogru que, si bien vieno arrastráu poles condiciones xenerales de la evolución alministrativo / política del Estáu, hai que recordar que ningún partíu ni políticu centraliegu lu quería d’aquella p’Asturies.
La idea de que toes estes actuaciones sociales y culturales nun yeren posibles ensin una fuerza política asturianista fuerte que les vehiculase na sociedá y les ficiere espoxigar taba presente en Conceyu Bable. Nel 1976 yo mesmu intenté que l’asociación se camudara nun partíu políticu p’acudir a les futures elecciones. La propuesta alcontró un ecu mui escasu ente les persones qu’entós formaben parte de l’asociación, en parte por desconfianza de la política (¡yá entós!), en parte tamién porque la tentación izquierdista de corte marxista yera dominante ente una faza importante del asturianismu, y eso condicionó, de munches maneres, entós y nel futuru, una respuesta política suficientemente autónoma o fizo apaecer otres d’imposible enxertamientu social.
¿Cuálu fue l’éxitu de Conceyu Bable (hai que dicir que, anque subsistió un tiempu formalmente, poco más tarde, coles primeres elecciones democrátiques y, sobre too, a partir de la constitución de l’Academia, el movimientu empieza a esmendrayase y a perder puxu social) y cuálos el trunfu o fracasu de les sos idees o del sentimientu asturianista qu’anició? Pa enriba la plasmación de dalgunes de les propuestes concretes que florecieren d’ente de les de la so sema, convién decir que’l discursu de Conceyu Bable asturianizó en daqué midida’l discursu políticu de los partíos centraliegos (o, por dicilo más llariegamente, desarnió en daqué midida, non muncha, al Busgosu madrileñista). El que recuerde, por exemplu, el tarrecimientu que PP y PSOE tuvieren a lo llargo de munchos años pa poner la bandera nos sos carteles electorales sabe que, cuando lo ficieren, fue afalaos pol discursu asturianista. IU, d’otra miente, solo llega a defender la cooficialidá a partir de 1996.
Delles de les propuestes remanecíes de Conceyu Bable o de los sos biltos políticos tardaren munchu en ser granibles, anque solo lo fueren parcialmente. ¿Quién non recuerda, por dicir, los ataques y insultos colos que se recibieren les idees del PAS d’una televisión asturiana o de selecciones deportives polos mesmos que dempués punxeren en marcha la televisión -¡y bien que la aprovechen!- o, per un tiempín, la selección de fútbol?
Na sociedá asturiana, en xeneral, caltrió en parte y de forma contradictoria’l discursu asturianista. Asina, convive un mayor sentimientu astractu d’asturianismu con una falta de compromisu real col mesmu, yá sea na so vertiente cultural yá na rimada política. Por dicilo asina, el nun falar asturiano y el nun votar asturianista, o llimitase a esprecetar en chigre y tragar dempués too, convive con miles de banderes na subida al Angliru. Una cierta meyor valoración de la llingua asítiase al pie d’una perda social del so emplegu.
Nesi ámbitu xeneral de la sociedá, otros aspectos de la cultura asturiana, afalaos por aquella recuperación de l’autoestima qu’aguiyó Conceyu Bable, espoxigaren notablemente, ensin embargu. La sidre o la gaita, en concretu, de tar prácticamente esapaecía la una y menospreciaes les dos, pasaren a ganar un apreciu xeneral na sociedá.
Cincuenta años dempués, ¿cuálu ye’l balance de l’acción asturianizadora de Conceyu Bable? ¿Fue muncho, poco, abondo, lo posible? Quiciabes nos ayude a consideralo’l siguiente refervimientu.
Nel 1943, Fabriciano González, “Fabricio” —secretariu y empobinador, por cierto, de la primera Academia de la Llingua Asturiana (1919)— dicía:
“Los términos “asturianismo” y “asturianista” aún no están catalogados en el diccionario de la lengua (refierse a la castellana); pero aquí entre nosotros, gozan ya de un concepto bien definido, entendiendo por asturianismo todo lo que habla en pro y beneficio de la región asturiana, encariñándose con sus tradiciones y fomentando su progreso”.
Pues bien, pasaos los años, el términu “asturianismo” na acepción de “Amor o apego a lo asturiano” (la segunda acepción, güei) solo se recueye recientemente. Falta, ensin embargu, una asemeyada a la que desayaque campea nel diccionariu de la RAE pa “catalanismo”: “Partido político regional y defensor de que Cataluña tenga autonomía”. El vocablu “asturianista” tamién s’enxertó nos últimos años, frente a la presencia d’antiguu de “catalanista”.
Al respective, nel 2014, presentóse nes Cortes una propuesta d’IU (qu’apoyó Foro) pa que la definición del asturianu nel diccionariu de la RAE, “3. adj. Se dice de la variedad asturiana del dialecto romance asturleonés. U. t. c. s. m.”, se camudase por “3. m. Lengua romance que se habla en Asturias y otros territorios del antiguo reino asturleonés”. Rechazóse. Compárenla vustedes colo que se predica de la pallabra “gallego, ga”: “7. m. Lengua de los gallegos”.
Tal vez esa oxetivación de la consciencia d’Asturies fuera les nuestres fronteres y la constatación de lo que voten nes Cortes les nuestres fuerces polítiques mayoritaries nun sea otra cosa que l’oldéu de la escasa asturianización práctica, de fechos, de la nuestra sociedá y, al mesmu tiempu, un parámetru indirectu del solo relativu éxitu —por grande que fuere— de Conceyu Bable.
As you like it. .
Un nota sobre'l muru Berlín
Agora que tamos nel trixésimu aniversariu del baltamientu del muru Berlín, pa que "recuerde l'alma dormida y avive el seso e despierte" recordando la verdá, y pa que tamién, los más mozos, especialmente aquellos que creen nel paraísu comunista lo sepian, traigo un par de recuerdos arreyaos a la misma persona, comunista (de los del vieyu raigañu) y asturianista; emigrante a Venezuela, retornáu y empresariu:
Les revistes que veníen de la URSS (la propaganda que venía del PCUS, en castellanu, pa los comunistes d'equí) desplicaben qu'el muru nun se llevantar pa que los ciudadanos del Este escaparen de l'Alemania comunista (que nun queríen escapar, ¡qué diben querelo!), sinón pa que los ciudadanos del Oeste (la República Federal) nun colaren toos pa l'Alemania Oriental, polo bien que se vivía equí.
Y nun yera que lo traxeren los papeles, yera que lo repetíen con enfotu munchos comunistes. Yo conocí a dalgún dellos. A ún, a Aquilino Fernández Abúlez, quiero traelu equí con afectu. Y recordar, pa empezar, que nun yera del PCE, sinón del VIII-IX Congresu. Pues bien, Aquilino (Quilo), viaxó de Venezuela a París pa cha-y en cara personalmente la so traición al comunismu (del "de verdá") cuando'l PCE camudó'l discursu y pasó al eurocomunismu.
A Quilo débe-y muncho l'asturianismu. Collaboró y emburrió nos primeros momentos de Conceyu bable, especialmente de Conceyu Bable Xixón, y siguió enfotáu nel asturianismu llingüísticu hasta la so muerte. Elli punxo en marcha la producción industrial de banderes d'Asturies, y los miles d'elles que se ximielgaren o colgaren durante munchos años salieren de los sos talleres.
Semeyes vieyes: Día la cultura: firmes pa la llingua
Paezme que lo que lleo a la manzorga la semeya ye: "Aquí se recogen firmas para la enseñanza del bable".
Seguramente na carbayera El Tragamón, nel Día la Cultura. Nel 75 o 76.ç
Lo que nun acabo de ver ye la postura del de la camisa a cuadros: nun sé si la mesa firmes taba mui embaxu o si la muyer del bolsu ta apuxando pa obligalu a firmar.
POR CIERTU, REGALÁBAMOS UN CAMARÓN (O CÁMBARU) COCÍU POR FIRMA. LOS CÁMBAROS GARRÁMOSLO (A TROMPA TALEGA, A ESGAYA) NEL PEDRERU AL QUE S'ENTRABA PER UN TÚNEL ONDE LA DESEMBOCADURA'L CUTIS (QUE DEBE ANDAR, MÁS O MENOS, A L'ALTURA'L POZU TORMENTES DEL NATAHOYU).
¿En qué añu pon que fue?
Amiren el calendariu. Ye un calendariu de Conceyu Bable... ¿del añu?
Pero nun miren el añu, amiren pa lo que diz. ¡Ah!, ¿que ye como agora?
Pues agora sí, agora amiren pal añu. ¿Y van...?
¿Pero entovía tamos nel Surdimientu?
Antón García, una de les personalidaes más bultables de la cultura asturiana, tanto pola so escritura creativa como pola conocencia y crítica de la nuestra hestoria lliteraria y la nuestra lliteratura, publicó'l 3 de mayu, nel suplementu Cultura de La Nueva España, un artículu tituláu "¿La fin del Surdimientu?", onde sostién que va siendo hora de poner términu al movimientu qu'entamó nel 1974. Sustancialmente d'alcuerdu, quiero recordar agora que yá plantegué la cuestión (en "Los años del Surdimientu: tendencies lliteraries y sociedá" y en "Agües nueves, agües vieyes, agües mestes: los primeros años del Surdimientu") hai tiempu, y que siempre entendí que, por munches razones que nun ye equí'l sitiu pa repetiles, entiendo QUE L'AÑU CABERU PAL SURDIMIENTU TIEN QUE CONSIDERASE COMO TALU'L DE 1990.
¿LA FIN DEL SURDIMIENTU?
Venimos llamando Surdimientu a la corriente cultural asturiana que naz a mediaos de los años setenta del sieglu XX alredor de Conceyu Bable. Caracterízase pola toma de conciencia sobre'l fechu llingüísticu, sentando les bases pa la creación d'una lliteratura d'expresión asturiana que superaba radicalmente, en cantidá, calidá y actualidá, a la mayor parte de lo que s'escribiera hasta entós. Pero'l Surdimientu, eminentemente llingüísticu, lliterariu y políticu, tamién tuvo na base de la revitalización d'otres disciplines culturales, y nun s'entendería'l dinamismu de la gaita, la música folk, les dances, el xuegu de los bolos, los estudios etnográficos o la cultura de la sidra ensin l'impulsu asturianista d'aquellos primeros años, na so posición firme contra un prexuiciu llingüísticu firmemente arraigáu.
Ye Xuan Xosé Sánchez Vicente quien fixa'l nome d'esta corriente cultural cuando publica, en 1991, el so llibru Crónica del Surdimientu (1975-1990). Poco enantes, dende les files de los escritores más mozos qu'empiecen a dase a conocer nos años ochenta, yá s'establecieran dos grupos xeneracionales nuna operación que tenía tanto de verificación d'unos fechos (otra manera d'entender la lliteratura y el so llinguaxe) como d'intención promocional. Anque nestos años dalgunos autores yá se preguntaron pol final d'esti procesu que llamamos Surdimientu, José Luis Argüelles vio claramente nel so prólogu a l'antoloxía asturiana de 2010, Toma de tierra, que los poetes más mozos d'esta lliteratura formaben una tercer promoción del Surdimientu, «con su propio tono generacional», pero ensin que pudiera constatase una clara ruptura coles dos anteriores.
El Surdimientu, entós, va cumplir ensiguida cuatro décades de presencia activa na cultura asturiana, ensin que pareza que s'acolumbre'l final del procesu entamáu en 1974. Hubo quien propunxo fecha al remate del Surdimientu, que terminaría nel momentu en que se llograra la oficialidá de la llingua asturiana, una vieya y permanente reivindicación que se mantién cásique dende l'iniciu del procesu. Agora bien, nun parez que téamos caminando hacia dalgún tipu d'oficialidá: de les cinco fuerces polítiques representaes na Xunta Xeneral del Principáu nes elecciones del 2012 namás una (la cuarta en númberu d'escaños) lleva nel so programa la oficialidá del idioma, y ente los extraparlamentarios hai qu'esperar al octavu llugar p'alcontrar el siguiente partíu favorable a esta reivindicación histórica. ¿Hasta cuándo, entós, va durar el Surdimientu? ¿Ye una denominación xenérica que pueda dar nome a una época como Barrocu o Ilustración? Nun me parez.
Vamos ver, en primer llugar, el nome. «Surdimientu» naz a partir del verbu «surdir», con un sentíu evidente de salir fuera, de mostrase, de dexase ver. N'efectu, si dalgo fexo esti movimientu dende 1974 foi enseñase, tener una presencia permanente n'Asturies, una reivindicación más activa seguramente qu'eficaz. Pero'l términu parez llevar arreyao la idea d'avance, de meyora, que nun toi seguru de que se correspuenda col momentu que vive l'actual procesu reivindicativu. Asina, los años setenta fueron los de la enunciación, el momentu de la reclamación inicial, que tien una potencia sorprendente. Aparez Conceyu Bable como tal asociación, pero surden tamién otros grupos reivindicativos de poco recorríu en xeneral, xunto con premios lliterarios y les primeres organizaciones polítiques. Los ochenta train l'Estatutu d'Autonomía y la so referencia al bable, el nacimientu de l'Academia de la Llingua, l'empiezu de la escolarización del asturianu, un departamentu na Alministración pa ocupase de los asuntos llingüísticos y los primeros pasos d'una lliteratura empeñada en facer «l'axuste estéticu» (son palabres de Leopoldo Sánchez Torre) que necesitaba. Los noventa marquen la parte más alta de la gráfica: l'asturianismu faise parlamentariu, aparecen múltiples editoriales y discográfiques, esporpolla un teatru nesta llingua, empieza a publicase'l selmanariu «Les Noticies», afóndase nel procesu educativu y consíguese aprobar (en segunda convocatoria, tres l'intentu fallíu de la propuesta socialista del Gobiernu de Pedro de Silva) una Llei d'Usu y Promoción del Bable/Asturianu en 1998. La siguiente década nun trai novedaes destacables, pero, si quitamos el fracasu políticu del asturianismu, que pasa a la condición d'extraparlamentariu, caltiénense la mayor parte de les actividaes públiques que se veníen desarrollando alredor de la llingua, y tovía se creen dalgunes otres. La década de los años diez parez que va ser otra cosa. No poco que llevamos andao yá asistimos a la desaparición d'aquel selmanariu, al pieslle de les llibreríes y discográfiques especializaes nesta llingua y en xeneral a una paulatina pero perceptible contracción de la presencia pública del asturianu, a la que se sumen los primeros brotos d'un sentimientu de derrota que nunca se conociera nes décades anteriores. Asina les coses, nun toi seguru de que debamos siguir falando de Surdimientu.
Ye verdá qu'en dalgunos casos esi retrocesu tien más que ver coles dinámiques propies del contextu global que col casu particular del procesu llingüísticu. Un selmanariu que s'edita en papel raramente va llibrase de les dificultaes que sufre'l sector, siempre agravaes pol soporte idiomáticu que fai minoritaria la so ufierta, de la mesma manera qu'una llibrería o una discográfica participen del retraimientu del mercáu del llibru o del discu en xeneral. Pero esos pasos atrás, daos con rapidez y de manera inesperao, nun dexen de ser un síntoma de ruina salú, ensin que pareza que'l propiu movimientu reivindicativu tenga axilidá pa facer un diagnósticu y proponer soluciones enantes de que nun tenga remediu.
Hasta agora, y fue una de les notes característiques del Surdimientu, l'asturianismu avanzó socialmente, depués del españíu inicial y colectivu de los años setenta, gracies a un modelu de trabayu que se basaba na reclamación a los poderes públicos y na aportación individual. Nun fai falta desaxerar muncho pa concluir que bona parte de la xera política, editorial, radiofónica o periodística del asturianu xiraba alredor d'iniciatives mui personales y, por ello, más fráxiles y vulnerables, siempre al abintestate de les peripecies particulares. Pola contra, los proyectos societarios o colectivos, más estables por naturaleza, tengo pa min que fueron minoría, anque dieran frutos. Al par d'esto, el procesu reivindicativu d'estes décades fexo bandera de la oficialidá, atesteronando nella cuanto más s'alloñaba la posibilidá real de llograla. Por supuestu, ye una reivindicación xusta de la que participo, pero nun parez eficaz gastar les pudencies nuna demanda a la que tan claramente se respuende, dende los partíos políticos con respaldu popular, con un non mayoritariu. Llama l'atención que pa una parte importante del asturianismu'l compromisu personal pa cola reivindicación consista n'asistir a la manifestación anual que pide esa oficialidá.
Coincidiendo con esti final de ciclu, que se topa con una importante crisis económica, igual convenía pensar na posibilidá de cambiar la estratexa de confrontación permanente, que yá nun parez dar resultaos, por otra que se dedique a construir un futuru pal idioma. Porque nun tamos yá, pémeque, nel momentu del Surdimientu que venimos describiendo, cuando poníemos enriba la mesa les nueses cartes y les presentábemos al conxuntu de la sociedá, a ver a cuánta xente ganábemos pa la nuesa partida. Tamos n'otru, nel de midir bien quién somos, cuántes fuerces reales tenemos y qué estratexa nos convién, ensin dir de farol, pa garantizar esi futuru de la llingua. Da la impresión, tamién, de que nestos años tol mundu taba incómodu col papel que-y tocaba nel repartu de tarees. A l'Academia tirába-y la política y la docencia; los políticos preferíen les celebraciones; la Universidá, que siempre reivindica la so autonomía, escondíase pal casu del asturianu tres del Parlamentu, y el Parlamentu dedicábase a la interpretación lliteraria. Los sindicatos pidíen la oficialidá pero nun s'ocuparon de la estabilidá de los docentes d'asturianu, y a estos nun-yos dio más la estrema debilidá del sector editorial.
De xuru que, anque nun lleguen a min, hai persones trabayando en nuevos modelos que proponer a la sociedá. Dende la mio opinión, taría bien empezar por ordenar los espacios d'actuación. D'un llau, que los políticos que representen a la sociedá asturiana desarrollen la política llingüística y la Llei d'Usu de 1998, na que tovía cabe un llargu recorríu. D'otru, que la Universidá se faiga cargu de los estudios y la formación docente. L'Academia debería ocupase de los pasos normativos y de la investigación (y facer un mayor esfuerzu por consiguir que los falantes d'asturianu s'identifiquen col modelu que propón). Si a ello añadimos, como premisa indispensable, una sociedá civil organizao que cree cauces participativos a los que se pueda sumar dalgo más que los xóvenes militantes (pienso nos sectores profesionales o empresariales, por exemplu), ye posible que consiguiéramos superar un momentu críticu, nel qu'asistimos per primer vez nesta democracia a la contracción d'un modelu qu'hasta agora parecía avanzar.
Cuento que fuera Einstein quien dixo que vivimos nuna época triste, na que resulta más fácil desintegrar un átomu que superar un prexuiciu. Pal casu asturianu yá conocemos les dificultaes que trai esti procesu, pero sabemos tamién que contamos cola simpatía de la mayor parte de la sociedá. Sería conveniente, dende la llingua asturiana, intentar caminar al par d'esa sociedá, involucrala nel llabor y na responsabilidá.
¿LA FIN DEL SURDIMIENTU?
Venimos llamando Surdimientu a la corriente cultural asturiana que naz a mediaos de los años setenta del sieglu XX alredor de Conceyu Bable. Caracterízase pola toma de conciencia sobre'l fechu llingüísticu, sentando les bases pa la creación d'una lliteratura d'expresión asturiana que superaba radicalmente, en cantidá, calidá y actualidá, a la mayor parte de lo que s'escribiera hasta entós. Pero'l Surdimientu, eminentemente llingüísticu, lliterariu y políticu, tamién tuvo na base de la revitalización d'otres disciplines culturales, y nun s'entendería'l dinamismu de la gaita, la música folk, les dances, el xuegu de los bolos, los estudios etnográficos o la cultura de la sidra ensin l'impulsu asturianista d'aquellos primeros años, na so posición firme contra un prexuiciu llingüísticu firmemente arraigáu.
Ye Xuan Xosé Sánchez Vicente quien fixa'l nome d'esta corriente cultural cuando publica, en 1991, el so llibru Crónica del Surdimientu (1975-1990). Poco enantes, dende les files de los escritores más mozos qu'empiecen a dase a conocer nos años ochenta, yá s'establecieran dos grupos xeneracionales nuna operación que tenía tanto de verificación d'unos fechos (otra manera d'entender la lliteratura y el so llinguaxe) como d'intención promocional. Anque nestos años dalgunos autores yá se preguntaron pol final d'esti procesu que llamamos Surdimientu, José Luis Argüelles vio claramente nel so prólogu a l'antoloxía asturiana de 2010, Toma de tierra, que los poetes más mozos d'esta lliteratura formaben una tercer promoción del Surdimientu, «con su propio tono generacional», pero ensin que pudiera constatase una clara ruptura coles dos anteriores.El Surdimientu, entós, va cumplir ensiguida cuatro décades de presencia activa na cultura asturiana, ensin que pareza que s'acolumbre'l final del procesu entamáu en 1974. Hubo quien propunxo fecha al remate del Surdimientu, que terminaría nel momentu en que se llograra la oficialidá de la llingua asturiana, una vieya y permanente reivindicación que se mantién cásique dende l'iniciu del procesu. Agora bien, nun parez que téamos caminando hacia dalgún tipu d'oficialidá: de les cinco fuerces polítiques representaes na Xunta Xeneral del Principáu nes elecciones del 2012 namás una (la cuarta en númberu d'escaños) lleva nel so programa la oficialidá del idioma, y ente los extraparlamentarios hai qu'esperar al octavu llugar p'alcontrar el siguiente partíu favorable a esta reivindicación histórica. ¿Hasta cuándo, entós, va durar el Surdimientu? ¿Ye una denominación xenérica que pueda dar nome a una época como Barrocu o Ilustración? Nun me parez.
Vamos ver, en primer llugar, el nome. «Surdimientu» naz a partir del verbu «surdir», con un sentíu evidente de salir fuera, de mostrase, de dexase ver. N'efectu, si dalgo fexo esti movimientu dende 1974 foi enseñase, tener una presencia permanente n'Asturies, una reivindicación más activa seguramente qu'eficaz. Pero'l términu parez llevar arreyao la idea d'avance, de meyora, que nun toi seguru de que se correspuenda col momentu que vive l'actual procesu reivindicativu. Asina, los años setenta fueron los de la enunciación, el momentu de la reclamación inicial, que tien una potencia sorprendente. Aparez Conceyu Bable como tal asociación, pero surden tamién otros grupos reivindicativos de poco recorríu en xeneral, xunto con premios lliterarios y les primeres organizaciones polítiques. Los ochenta train l'Estatutu d'Autonomía y la so referencia al bable, el nacimientu de l'Academia de la Llingua, l'empiezu de la escolarización del asturianu, un departamentu na Alministración pa ocupase de los asuntos llingüísticos y los primeros pasos d'una lliteratura empeñada en facer «l'axuste estéticu» (son palabres de Leopoldo Sánchez Torre) que necesitaba. Los noventa marquen la parte más alta de la gráfica: l'asturianismu faise parlamentariu, aparecen múltiples editoriales y discográfiques, esporpolla un teatru nesta llingua, empieza a publicase'l selmanariu «Les Noticies», afóndase nel procesu educativu y consíguese aprobar (en segunda convocatoria, tres l'intentu fallíu de la propuesta socialista del Gobiernu de Pedro de Silva) una Llei d'Usu y Promoción del Bable/Asturianu en 1998. La siguiente década nun trai novedaes destacables, pero, si quitamos el fracasu políticu del asturianismu, que pasa a la condición d'extraparlamentariu, caltiénense la mayor parte de les actividaes públiques que se veníen desarrollando alredor de la llingua, y tovía se creen dalgunes otres. La década de los años diez parez que va ser otra cosa. No poco que llevamos andao yá asistimos a la desaparición d'aquel selmanariu, al pieslle de les llibreríes y discográfiques especializaes nesta llingua y en xeneral a una paulatina pero perceptible contracción de la presencia pública del asturianu, a la que se sumen los primeros brotos d'un sentimientu de derrota que nunca se conociera nes décades anteriores. Asina les coses, nun toi seguru de que debamos siguir falando de Surdimientu.
Ye verdá qu'en dalgunos casos esi retrocesu tien más que ver coles dinámiques propies del contextu global que col casu particular del procesu llingüísticu. Un selmanariu que s'edita en papel raramente va llibrase de les dificultaes que sufre'l sector, siempre agravaes pol soporte idiomáticu que fai minoritaria la so ufierta, de la mesma manera qu'una llibrería o una discográfica participen del retraimientu del mercáu del llibru o del discu en xeneral. Pero esos pasos atrás, daos con rapidez y de manera inesperao, nun dexen de ser un síntoma de ruina salú, ensin que pareza que'l propiu movimientu reivindicativu tenga axilidá pa facer un diagnósticu y proponer soluciones enantes de que nun tenga remediu.
Hasta agora, y fue una de les notes característiques del Surdimientu, l'asturianismu avanzó socialmente, depués del españíu inicial y colectivu de los años setenta, gracies a un modelu de trabayu que se basaba na reclamación a los poderes públicos y na aportación individual. Nun fai falta desaxerar muncho pa concluir que bona parte de la xera política, editorial, radiofónica o periodística del asturianu xiraba alredor d'iniciatives mui personales y, por ello, más fráxiles y vulnerables, siempre al abintestate de les peripecies particulares. Pola contra, los proyectos societarios o colectivos, más estables por naturaleza, tengo pa min que fueron minoría, anque dieran frutos. Al par d'esto, el procesu reivindicativu d'estes décades fexo bandera de la oficialidá, atesteronando nella cuanto más s'alloñaba la posibilidá real de llograla. Por supuestu, ye una reivindicación xusta de la que participo, pero nun parez eficaz gastar les pudencies nuna demanda a la que tan claramente se respuende, dende los partíos políticos con respaldu popular, con un non mayoritariu. Llama l'atención que pa una parte importante del asturianismu'l compromisu personal pa cola reivindicación consista n'asistir a la manifestación anual que pide esa oficialidá.
Coincidiendo con esti final de ciclu, que se topa con una importante crisis económica, igual convenía pensar na posibilidá de cambiar la estratexa de confrontación permanente, que yá nun parez dar resultaos, por otra que se dedique a construir un futuru pal idioma. Porque nun tamos yá, pémeque, nel momentu del Surdimientu que venimos describiendo, cuando poníemos enriba la mesa les nueses cartes y les presentábemos al conxuntu de la sociedá, a ver a cuánta xente ganábemos pa la nuesa partida. Tamos n'otru, nel de midir bien quién somos, cuántes fuerces reales tenemos y qué estratexa nos convién, ensin dir de farol, pa garantizar esi futuru de la llingua. Da la impresión, tamién, de que nestos años tol mundu taba incómodu col papel que-y tocaba nel repartu de tarees. A l'Academia tirába-y la política y la docencia; los políticos preferíen les celebraciones; la Universidá, que siempre reivindica la so autonomía, escondíase pal casu del asturianu tres del Parlamentu, y el Parlamentu dedicábase a la interpretación lliteraria. Los sindicatos pidíen la oficialidá pero nun s'ocuparon de la estabilidá de los docentes d'asturianu, y a estos nun-yos dio más la estrema debilidá del sector editorial.
De xuru que, anque nun lleguen a min, hai persones trabayando en nuevos modelos que proponer a la sociedá. Dende la mio opinión, taría bien empezar por ordenar los espacios d'actuación. D'un llau, que los políticos que representen a la sociedá asturiana desarrollen la política llingüística y la Llei d'Usu de 1998, na que tovía cabe un llargu recorríu. D'otru, que la Universidá se faiga cargu de los estudios y la formación docente. L'Academia debería ocupase de los pasos normativos y de la investigación (y facer un mayor esfuerzu por consiguir que los falantes d'asturianu s'identifiquen col modelu que propón). Si a ello añadimos, como premisa indispensable, una sociedá civil organizao que cree cauces participativos a los que se pueda sumar dalgo más que los xóvenes militantes (pienso nos sectores profesionales o empresariales, por exemplu), ye posible que consiguiéramos superar un momentu críticu, nel qu'asistimos per primer vez nesta democracia a la contracción d'un modelu qu'hasta agora parecía avanzar.
Cuento que fuera Einstein quien dixo que vivimos nuna época triste, na que resulta más fácil desintegrar un átomu que superar un prexuiciu. Pal casu asturianu yá conocemos les dificultaes que trai esti procesu, pero sabemos tamién que contamos cola simpatía de la mayor parte de la sociedá. Sería conveniente, dende la llingua asturiana, intentar caminar al par d'esa sociedá, involucrala nel llabor y na responsabilidá.
El llegáu hestóricu de CONCEYU BABLE
A finales del añu pasáu, cumplíense 35 años de l'apaición de la sección periodística “Conceyu Bable” (non de l´asociación del mesmu nome, aniciada dos años más tarde, na mio casa y na de la mio muyer, Elena Fernández Poch –autora y editora, por cierto, nel 1975, del primer diccionariu castellano/asturianu-, nel Bibio, al amparu de la Llei Fraga de 1964). El desurdimientu de la sección, primero, y el de l'asociación, más tarde, despertaren un ampliu sentimientu de simpatía y d'identificación ente munchos asturianos, tanto de dientru como de fuera. “Esto ye lo que yo sentía y lo que yo quería sentir decir”, veníen a asoleyar toos aquelles persones que manifestaren el so sofitu o s'organizaren embaxu les sigles de Conceyu Bable.Fundamentalmente lo que consiguió n'aquellos años el movimientu organizáu en Conceyu Bable fueron dos coses: la primera, dar dignidá a tolos rasgos de la identidá material y social asturiana (la llingua, principalmente, pero tamién la gaita, l'horru e tutti quanti) y constituir con ello un marcu teóricu global y modernu (nacionalista), que ficiere de los mesmos productos históricos diferenciaos, non manifestaciones aisllaes y casuales (o peor entá, talo como se pretende munches vegaes: restos d'un pasáu arcaicu y atrasáu), sinón vectores diversos d'un mesmu raigón: la hestoria y la cultura d'un pueblu con personalidá propia, l'asturianu. La segunda, dotar a esos elementos (la llingua especialmente, en cuantes instrumentu d'usu, non sólo de recuerdu o archivu) de virtualidá de futuru: convertilos non n'oxetos de veneración pasada o de conservación museística, sinón n'aperios pal trabayu social o políticu del presente, que tábamos obligaos a tresmitir viviegos al futuru.
Al mesmu tiempu, tanto dende la sección periodística como más tarde de Conceyu Bable, fuimos aniciando una serie de propuestes que constituyeren dempués tol material teóricu asturianista del nuestru país, non sólo de los partíos nacionalistes, sinón de los partíos centralistes. Dalguna d'eses propuestes algamó'l so cumplimientu de mena más o menos satisfactoria, otres constituyen güei entá una bultable carencia.
D'ente eses propuestes aníciase l'actual bandera asturiana (Asturies tenía, como dalgún illustre hestoriador recordara d'aquella, munchos pendones, pero ninguna bandera); la propuesta d'un himnu d'Asturies (qu'un gobiernu de Pedro de Silva resolvió col actual, al mio talantar una propuesta fácil y popular, pero poco acertada y poco asturianista, esto ye, poco respetuosa con una cierta idea de la dignidá d'Asturies); la creación de l'Academia de la Llingua Asturiana; la de la normalización y normativización llingüística del asturiano (que por aquel entós preferíamos llamar “bable”), que ta güei incumplida en gran medida, y a la que sólo nos llegamos a aproximar col artículu cuartu l'Estatutu (puestu nesi textu constitucional pol qu'esto firma) y mediante la Llei d'Usu y Protección del Bable/Asturianu (fecha y impulsada pol PAS); la d'un Estatutu d'Autonomía p'Asturies, llogru que, si bien vieno impulsáu poles condiciones xenerales de la evolución alministrativo/política del Estáu, hai que recordar que ningún partíu ni políticu centraliegu lu quería entós p'Asturies.
La idea de que toes estes actuaciones sociales y culturales nun yeren posibles ensin una fuerza política asturianista fuerte que les vehiculase na sociedá y les ficiere espoxigar taba yá presente en Conceyu Bable. Nel 1976 yo mesmu intenté que l'asociación se camudara nun partíu políticu p'acudir a les futures elecciones. La propuesta alcontró un ecu mui escasu ente les persones qu'entós formaben parte de l'asociación, en parte por desconfianza de la política, en parte tamién porque la tentación izquierdista de corte marxista yera dominante ente una faza importante del asturianismu y eso condicionó, de munches maneres, entós y nel futuru, una respuesta política suficientemente autónoma o fizo apaecer otres d'imposible enxertamientu social.
¿Cuálu fue l'éxitu de Conceyu Bable (hai que decir que, anque subsiste formalmente, poco más tarde, coles primeres elecciones democrátiques y, sobre tou, a partir de la constitución de l'Academia, el movimientu empieza a esmendrayase y a perder puxu social) y cuálos el trunfu o fracasu de les sos idees o del sentimientu asturianista qu'anició? Pa enriba la plasmación de dalgunes de les propuestes concretes que florecieren d'ente de les de la so sema, convién decir que'l discursu de Conceyu Bable asturianizó en daqué medía'l discursu políticu de los partíos centraliegos (o, por decilo más llariegamente, desarnió en daqué medía al Busgosu madrileñista). El que recuerde, por exemplu, el tarrecimientu que PP y PSOE tuvieren a lo llargo de munchos años pa poner la bandera nos sos carteles electorales sabe que, cuando lo ficieren, fue afalaos pol discursu asturianista. IU, dotramiente, sólo llega a defender la cooficialidá a partir de 1996.
Delles de les propuestes remanecíes de Conceyu Bable o de los sos biltos políticos tardaren munchu en ser granibles, anque sólo lo fueren parcialmente. ¿Quién non recuerda, por decir, los ataques y insultos con que recibieren les idees del PAS d'una televisión asturiana o de selecciones deportives polos mesmos qu'agora les ponen en marcha, como'l PSOE? Otres, talo les matrícules coles sigles propies nos coches, tán entovía tardando.
Na sociedá asturiana, en xeneral, caltrió en parte y de forma contradictoria'l discursu asturianista. Asina, convive un mayor sentimientu abstractu d'asturianismu con una falta de compromisu real col mesmu, yá sea na so vertiente cultural yá na rimada política. Por decilo asina, el nun falar asturiano y el nun votar asturianista convive con miles de banderes na subida al Angliru. Una cierta meyor valoración de la llingua asítiase al pie d'una perda social del so emplegu.
Nesi ámbitu xeneral de la sociedá, otros aspectos de la cultura asturiana, afalaos por aquella recuperación de l'autoestima qu'aguiyó Conceyu Bable, espoxigaren notablemente, ensin embargu. La sidre o la gaita, en concretu, de tar prácticamente esapaecía la una y menospreciaos los dos, pasaren a ganar un apreciu xeneral na sociedá.
Trenta años dempués, ¿cuálu ye'l balance de l'acción asturianizadora de Conceyu Bable? ¿Fue munchu, pocu, abondu, el posible? Quiciabis nos ayude a consideralo'l siguiente refervimientu.
Nel 1943, Fabriciano González, “Fabricio” -secretariu y empobinador, por ciertu, de la primera academia de la llingua asturiana (1919)- decía, nesti mesmu diariu d'El Comercio: "Los términos “asturianismo” y “asturianista” aún no están catalogados en el diccionario de la lengua (refierse a la castellana); pero aquí entre nosotros, gozan ya de un concepto bien definido, entendiendo por asturianismo todo lo que habla en pro y beneficio de la región asturiana, encariñándose con sus tradiciones y fomentando su progreso”.
Pues bien, sesenta y un años dempués, nel 2004, ningún diccionariu español arrecueye los términos “asturianismu” y “asturianista” nel sentíu cultural y políticu, mientres sí recueye “catalanismu” y “catalanista”, “galleguismu” o “galleguista”.
Tal vez esa oxetivación de la nuestra intrascendencia fuera les nuestres fronteres nun sea otra cosa que l'oldéu de la escasa asturianización de la nuestra sociedá y, polo tanto, un parámetru indirectu del solo relativu éxitu –por grande que fuere- de Conceyu Bable.
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