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Los políticos y el dinero (Trmp, Zapatero, Bono)

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(Ayer, en La Nueva España) LOS POLÍTICOS Y EL DINERO (Trump, Zapatero, Bono) Sabrán ustedes, porque lo habrán leído, entre otros medios, aquí en LA NUEVA ESPAÑA, que el año pasado -esto es, en solo un año- Trump ganó mil millones de dólares con movimientos de criptomonedas mientras sus seguidores perdieron una fortuna. Del mismo modo, las cuentas de corretaje de Trump realizaron grandes operaciones en torno a los aranceles que él puso y modificó en torno al "Día de la Liberación”. Dicho en otras palabras, sus finanzas tuvieron crecimientos espectaculares vendiendo y comprando acciones en la proximidad de decisiones presidenciales sobre la imposición de aranceles y sus rebajas. Del mismo modo, entidades del Golfo Pérsico pagaron alrededor de 300 millones de dólares a las empresas del presidente de EE. UU. En palabras que no son mías, sino de un medio estadounidense: “La acumulación de dinero por parte de un presidente en ejercicio es un hecho sin precedentes y presenta al público estadounidense una nueva y cruda realidad sobre la ocupación de la Casa Blanca”. No quiero juzgar aquí esa serie de datos, ni prejuzgar el olor de algunas operaciones. Me limito a afirmar con rotundidad que no parece deseable que una persona con esa cantidad de dinero, y dedicada a la especulación de sus finanzas, tenga un cargo público, y, menos, sea presidente. Ello por dos razones, la primera porque seguramente la mayor de sus preocupaciones sea la seguir enriqueciéndose y que eso guíe muchas de sus ocupaciones y acciones, aunque sean lícitas. La segunda es más importante: ¿cómo puede ese individuo comprender el mundo, las aspiraciones, necesidades, deseos, voluntades de la gente común, en función de lo cual deberían girar las acciones de su gobierno? Permítanme desviarme relativamente de mi argumentación, a la que después volveré, poniendo mi vista en España. Dos datos más sobre Trump. El primero: el miércoles, 1 de julio, estrenó un nuevo Air Force One, un lujoso Boeing 747-8 de 400 millones de dólares que el gobierno de Qatar le regaló. El segundo: el jueves, 2 de julio, el goleador estadounidense Folarin Balogun vio una tarjeta roja por una entrada a un contrario en un partido del mundial. El domingo, su sanción fue revocada. Es la primera vez que ocurre tal cosa en un mundial. La trastienda: el mismo jueves, 2, Trump contactó con Infantino, el presidente de la FIFA, y pidió que se retirara la sanción. En diciembre pasado, Infantino le entregó a Trump el primer Premio de la Paz de la FIFA. Vengo a España y vuelvo a mi argumentación fundamental: la relación impresentable, indecorosa, entre ciertas formas del dinero, o de ganar el dinero, y la política. Dos ejemplos, los de José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero. Que aprovechando sus contactos y su capacidad de influencia, dentro y fuera, hagan dinero a espuertas me parece una indecencia. Fundamentalmente, porque esa capacidad y esas relaciones no provienen de sí mismos, sino del voto que cada uno de los ciudadanos depositó en su día a su favor: es eso lo que explotan. En segundo lugar, porque, como a Trump, aunque este se extralimita en términos incomparables, a los políticos, a todos, y más a los que han sido cargos públicos destacados, debe exigírseles un cierto decoro, una cierta limitación (no una cierta hipocresía para velar sus actos, quede claro). Y fíjense que no hablo de las relaciones que tienen ambos políticos ni de los países donde ejercitan sus habilidades para conseguir el lucro. No entro tampoco en lo lícito o ilícito de esas actividades. No, me refiero solamente al decoro, la contención y las autolimitaciones que deben guiar la vida de los políticos, a la exigencia de su ejemplaridad. Que, reitero, a fin de cuentas, su virtud actuante, el capital social de que disponen, no es suyo, sino una donación de los ciudadanos. Saliendo de lo que es el dinero en relación con la representación política estricta, una de las cosas que más me preocupan, terriblemente, en los últimos tiempos es la cada vez mayor existencia de multimillonarios cuya creciente riqueza proviene del ámbito de la técnica y las nuevas tecnologías. No soy inocente y sé que siempre el dinero ha influido en la política, si no es que, directamente, ha provocado guerras o disputas territoriales. Pero entramos ahora, hace algunos años, en una nueva fase del volumen de la riqueza y de su capacidad de actuación en virtud de la fuente de la misma. Por no agobiarlos y solo poner un ejemplo, que Elon Musk disponga de una red de satélites para servir internet, o que piense mandar próximamente un cohete a Marte con un robot humanoide, me inquieta enormemente. No por el personaje, no, sino porque es la primera vez en la historia que una persona es capaz de hacer tareas, y de hacerlas sin permiso de nadie, que antes solo podían efectuar los estados. Porque el Estado es la única garantía de protección, defensa e igualdad (aun relativa), que tenemos los individuos. Y, si no, miren ustedes hacia atrás en la historia. P: S. Dicen los suyos que las joyas de la caja fuerte del despacho de don José Luis fueron donación del rey de Arabia Saudí, Abdulá bin Abdulaziz Al Saud, en 2007 durante su visita oficial a España. Pues a ver si aprendemos a recibir regalos, o de quién recibirlos, porque, en comparación con Trump…
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(Ayer, en La Nueva España) L’APRECEDERU ... Y CIENTO VOLANDO No pensaba entrar de momento en la materia frustrante de las inversiones que parece que podrían venir a nuestra tierra y que, al final, no vienen o acaban yendo a regiones vecinas. Pero un titular de La Voz de Galicia de hoy, 09.06.2026, me incita a ello. “As Pontes gana peso para captar una planta de vehículos militares de Indra. El bloqueo del proyecto en Asturias lo decanta hacia la villa minera”. Como se sabe, el precio de los terrenos de Barro que la Duro posee en Llangréu parece el centro del problema. La situación financiera de Duro Felguera es compleja, y aun rescatada y con muchas ayudas públicas, pide más de lo que ofrece INDRA. Acabe como acabe la negociación, es una amenaza más para Asturies, una nueva inversión que puede volar. Nueva, porque recientemente se había rumoreado que la empresa china de coches MG, una enorme fuente de empleo directo e indirecto, podría venir a Asturies. Se ha asentado también en Galicia. Semejantemente, Indra ha ofrecido a León, en Villadangos del Páramo, una fábrica de drones que previamente pensaba instalar en Asturies. ¿Y de Sumwafe qué sabemos? En ocasiones, es el patriotismo de los que tanto nos quieren el que lleva los empleos a otra parte. Así, en marzo de este año, don José Luis se proclamaba a sí mismo como el mayor leonesista (con “humildad”, por supuesto), y enunciaba los centros que siendo presidente había “traído” a León, entre ellos el INCIBE, un centro de tratamiento de datos para el que Asturies ofrecía mejor habitabilidad por el agua disponible. (Zapatero, por cierto, trasladó también la caseta del peaje del Huerna como forma de cumplir con su promesa de eliminarnos el peaje). ¿Somos más incapaces? ¿Lo es nuestro gobierno? ¿Estamos ciguaos? Es posible que “nuestro paisaje industrial y social”, que no solo incluye al Gobiernu, desanime a los inversores que por aquí se acercan.

... Y a favor de Zapatero

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L’APRECEDERU … Y A FAVOR DE ZAPATERO La mayoría gubernamental está empeñada en legislar de cualquier forma, ensin ver sebe. La Ley de Vivienda, actualmente en tramitación, suscita serias admoniciones por parte de los juristas. Lo mismo ocurre con la Ley LGTBI+, que no solo ha recibido advertencias de anomalías jurídicas, sino el claro rechazo de siete organizaciones feministas «de pata negra», con las firmas correspondientes, que, sobre calificarla de «ley mordaza» y discrepar de sus disparatadas, y en casos injustificadas, sanciones, la entienden como un despropósito con respecto a sus objetivos: «si la ley sale tal como está, toca completamente la línea de flotación de la Ley de Igualdad y contra la Violencia de Género del Principado». Los invito a leer aquí lo sustancial de esa argumentación: https://www.lne.es/gijon/2026/05/25/siete-organizaciones-feministas-recogen-600-130627326.html. Del mismo modo pueden ver los vídeos de las intervenciones en la Xunta de esas personas y organizaciones, merece la pena. ¿Cómo se producen esos aparatosos dislates jurídicos? Un grupo cree que hace falta una ley propia, que remede la estatal. Después invitan a sus afiliados o adláteres y cada uno inserta allí sus manías o prejuicios, sin respeto a la realidad. Gambusinos. Pero aquí todo el mundo sabe. Una asociación alarma sobre la muerte de gambusinos en la ría de Villaviciosa, el alcalde corre a clamar. Como sabría cualquiera, los gambusinos, como los cámbaros o los centollos, mudan. Y esa alarma eran sus mudas. Una cierta prudencia y un preguntar… La mejor defensa de Zapatero. Felipe González: «No lo veo con capacidad para montar una ingeniería financiera como la que estoy viendo. Que Zapatero haya llegado en su carrera vital a saber qué es una sociedad offshore, no lo veo». O la estupefacción de César Antonio Molina, ministro del interfecto, preguntándose cómo una persona «muy incapaz, digamos, para las cosas así mundanas», ha podido «ser capaz de crear ese imperio de las Islas Vírgenes» y estar «en el vértice de todos los entramados».

Gracias, señor Zapatero

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(El martes, en La Nueva España) GRACIAS, SEÑOR ZAPATERO Estos días ando releyendo dos libros, uno de ellos, el de Joaquin Leguina sobre el expresidente, Historia de un despropósito, que lleva por antetítulo el de “El gran organizador de derrotas”. Para quien ande falto de referencias históricas, señalaré que Joaquín Leguina pertenece al PSOE que configuró la democracia, llegó al Gobierno con Felipe González y modernizó España. Fue presidente de la autonomía madrileña y diputado en el Congreso. Pues bien, el libro es una feroz critica de la época de Zapatero y Rajoy. Ahora bien, su censura principal tiene como objeto las políticas nefelibáticas y disparatadas de don José Luis, principalmente en materia económica, en lo relativo a la relación con ETA y el nacionalismo catalán y en la apertura del discurso de lo “políticamente correcto” (donde habría que incluir aquella pintoresca y disparatada “Alianza de Civilizaciones”), caminos en los que, después de jurar no recorrerlos, ahondaría el actual presidente del Ejecutivo y con él, de grado o por fuerza, la mayoría del PSOE. En resumen, el señor Leguina acusa al expresidente de causar daño a la sociedad española -al alejarse sus políticas del ideal socialdemócrata y basarse en lo “woke” y en un fantasioso idealismo- y de perjudicar electoralmente al PSOE-. Con posterioridad se han dicho y dicen muchas cosas sobre don José Luis Rodríguez, sus celestineos, sus negocios, sus idas y venidas a Venezuela y sus relaciones con Delcy, su labor en China, la empresa de sus hijas (¡Qué imborrable recuerdo el de Laura y Alba vestidas de góticas visitando a los Obama! ¿Qué mejor juicio sobre la paternidad de Sonsoles y José Luis?). “Celestineos”, he dicho, y es que, ahora que estoy releyendo por enésima vez la obra de Rojas, no se me ocurre otra palabra mejor para describir las idas y venidas del expresidente, sus cabildeos, su presunción de que media entre unos y otros para benéficos fines, que la que deriva de la incesante mediadora y reparadora protagonista de La Celestina. Pero no solo por sus idas y venidas incesantes, por su afanosa actividad, presuntamente mediadora y reparadora, sino por su retórica. Pues, efectivamente, su oratoria, como la de la hija de Rojas, es siempre de una impresionante apariencia de verdad y de eficacia, al margen de los intereses reales que oculte. También en eso, el vocacional “contador de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo” se asemeja. No quiero hoy juzgar sobre esas cuestiones. Según la plataforma mental-emocional en que se asienten su psique y juicio, a unos les parecerá bien o mal todo ello, verdad o falsedad. Lo que sí quiero hoy es agradecerle su sentido del humor (o su falta de sentido de la realidad y del ridículo): dejarse caer ahora por Venezuela para hacer como si fuese él a impulsar la Ley de amnistía de la dictadura venezolana (pidiendo que sea “lo más amplia posible”, “porque es un deseo de la sociedad”, y que sea “rápida”), después de haber presumido, durante diez años de celestineo, de laborar para conseguir -decía- la concordia civil y la liberación de los presos en Venezuela, no creo que se trate de cinismo ni de aprovechamiento para su imagen de conseguidor. Se trata simplemente de una humorada que realiza mientras guiña un ojo a Donald Trump, un conseguidor más efectivo que él. Gracias, don José Luis, por hacernos reír en estos tiempos tan cargados de nubarrones, ignoro si anotados por usted en el ábaco que reposa al lado de su hamaca.

Hybris

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(Ayer, en La Nueva España) HYBRIS La situación política española se viene envileciendo desde hace un par de décadas. Junto a algunos propósitos nobles que tratan de rescatar a los «olvidados y abandonados» de un bando de la guerra y la posguerra, esos propósitos han ido acompañados de un discurso que trata de establecer una trinchera insalvable entre unos y otros ciudadanos, no entre dos bandos de ciudadanos, sino entre los míos y todos los demás, tengan o no adscripción concreta alguna. Parte de ese discurso contiene una adulteración sustancial de la historia, no por lo que afirma de parte de ella, sino por lo que borra de la otra, de los actos y responsabilidades propios. Al margen de los actos, el discurso se reafirma de vez en cuando con nuevos enunciados o conceptos. Así, el de la conveniencia de la tensión, de Zapatero -es decir, de la «memoria» y el estímulo frente al contrario-, o el de la «muralla» frente al otro bando, de Pedro Sánchez. Y si ustedes siguen con atención las descalificaciones del pacto o encuentro tras la muerte de Franco entre ciudadanos de una u otra ideología o de bandos enfrentados en la Guerra Civil, observarán que esas críticas no se dirigen solo al acuerdo y encuentro del 78, sino, entre parte de los mismos socialistas, a los socialistas del PSOE moderno, como Felipe González y otros dirigentes «del antiguo testamento». Todo ello merece un examen mucho más detenido del que cabe aquí, en un artículo de opinión. Me centraré ahora en uno de los efectos de ese proceso y discursos, la «polarización». Efectivamente, se ha conseguido que en una parte de la sociedad española, ante ciertos temas de orden social, político o histórico, se dispare la amígdala cerebral y, en consecuencia, las reacciones agresivas y combativas. De ahí que, de un tiempo a esta parte, en las conversaciones entre familiares o amigos sea lo más prudente y educado evitar ciertos temas. Cosa contraria, por cierto, ocurre en las tertulias televisivas o radiofónicas, donde la agresividad es un input que reporta beneficios monetarios en el bolsillo de quien la manifiesta. Pero, en ocasiones, la dialéctica de contrarios que impulsa la polarización sube a mayores y hace que las personas evacuen sin consideración a su estatus y pierdan el decoro y la prudencia que los deberían acompañar. Me referiré únicamente a una engarradiella en el ring político actual, en el que actúan el presidente del Gobierno y dos prelados. Abre fuego el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, quien manifiesta a un periódico que, ante la situación política, no cabe más que «cuestión de confianza, moción de censura o dar la palabra a los ciudadanos. Es decir, lo que prevé la Constitución». ¿Pero quién manda a los gatos metese a reteyadores? ¿El prelado desconoce lo que son la prudencia y la dignidad del cargo y que, por tanto, hay silencios a que obliga el mismo? Y, evidentemente, Pedro Sánchez, a quien nunca acompañó la prudencia ni el decoro, contestó: «El tiempo en que los obispos interferían en política se acabó cuando llegó la democracia». Hasta ahí correcto y merecido, pero, claro, nuestro hombre se calienta y añade: «También le animo a lo siguiente:  si se quiere presentar a unas elecciones, tiene la asociación ultraderechista abogados cristianos, que se presente y a ver qué resultado saca». Y, ahí, ya, don Pedro se olvida de que es el presidente del Gobierno de España, pasa por alto su obligación de respeto y prudencia como tal, y se lanza al combate mitinero. Mas no acaba aquí la cosa, el arzobispo de Oviedo, nunca desdeñoso de una buena engarradiella, al ver atacado a su presidente de la Conferencia Episcopal, saca a la calle la artillería pesada y dispara: «Dentro de la decadencia moral, corrupción, prevaricación, indecencia de saunas-prostíbulos, robos, mentiras flagrantes y control de la discrepancia judicial y mediática, disparan los mandamases contra la Iglesia una vez más. Están acabados». No haré comentario alguno, ni siquiera subrayaré ese «disparan contra la Iglesia una vez más». Me preocupa el clima de crispación y desencuentro que se ha venido gestando en estas décadas, encabronando a sectores de la población y poniendo su amígdala cerebral en posición de disparo al leve roce de ciertos estímulos. Pero me preocupa más cuando esas posturas las exhiben, sin decoro ni respeto a su condición y posición, prohombres. Es cierto que, en algunos casos, en los de mayor falta de prudencia, es muy probable que exista, además del discurso o prejuicio ideológico, un elemento psicológico personal, la hybris. (P. S. Que conste: tuve la tentación de titular con aquelles pallabres finales del cantar Baxaren cuatro alleranos).

Peaxe del Güerna y Zapatero

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Diz qu'esti añu sube'l peaxe del Güerna un 5%. ¡Coño, pero si lu quitó Zapatero nel 2003!

¿A Zapatero o a Aznar? La anomalía española

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(Ayer, en La Nueva España) ¿A ZAPATERO O A AZNAR? LA ANOMALÍA ESPAÑOLA Doña Leonor ha jurado ante las Cortes la Constitución, algo que, como se ha señalado, no hace ninguna otra monarquía en el mundo. Esa jura es, simplemente, un acto de normalidad democrática y constitucional: confirma el cumplimiento de las normas, refuerza la continuidad de la institución monárquica. Pero, al mismo tiempo, subraya la anomalía española: parte de las fuerzas que están amparadas en el Congreso por la misma Constitución en que se inserta la Corona deciden no asistir al acto emitiendo un comunicado bastante, digamos, faltón, y carente de la más elemental cortesía. Son las mismas fuerzas, todas, menos una, que hace poco decidieron no asistir a la ronda de consultas para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno. ¡Lo mismo parte del Gobierno! Si ello no es normal, y grave, ya me dirán ustedes. Se puede estar en contra de la monarquía, o de España como estado unitario, que es en el fondo la cuestión, pero mientras uno no se haya echado al monte y goce de los privilegios y los dineros que permite el entramado constitucional, saltar el juego institucional es un acto, sobre acaso infantil y sin duda descortés, amenazador. Que esos sean los socios -legales y emocionales- del Gobierno y parte del mismo díganme ustedes a dónde nos aboca. Tengo amigos republicanos, y sé que hay una parte de la opinión pública que lo es, la mayoría por un prejuicio discursivo. Yo no lo soy. Si uno mira a las restantes monarquías europeas (Bélgica, Dinamarca, Liechtenstein, Luxemburgo, Mónaco, Noruega, Países Bajos, Reino Unido y Suecia), la impresión es que no les ha ido mal con el sistema. Pero si además uno contempla sin anteojeras lo que han sido nuestras dos experiencias republicanas, la primera y la segunda, constata que ambas han sido un absoluto caos y un desastre. A la segunda, que para algunos ha sido el paraíso celestial, sólo ha venido a disimularle su verdadero ser el golpe de Franco y su dictadura, pero, en realidad, menos los ilusos que firmaron manifiestos para traerla y que tuvieron que salir por pies y los pocos que creían de verdad en ella, todos, a izquierda y derecha, trabajaron por destruirla. De modo que, sobre las repúblicas, bien podría uno decir aquello de Estanislao Figueras al montar en el tren a París: “Estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Y una reflexión para los republicanos de discurso y buena fe: ¿Qué tal Aznar de Presidente de la República, si es usted de izquierdas? ¿Qué tal Zapatero, si lo es de derechas? Salud, y cumplimiento constitucional.

Pero si sois los mismos, y gobernáis aquí y allí

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(El domingu 17, en La Nueva España) PERO SI SOIS LOS MISMOS Y GOBERNÁIS AQUÍ Y ALLÍ Mandar equis, es decir, trinos o tuits, es fácil, y a ello se aplica sin descanso el presidente Barbón, pero gobernar es otra cosa. Hacer como que uno defiende los intereses de Asturies requiere solo palabras, pero conseguir que el partido propio le haga caso es cosa muy extremada. Entrevista dominical a don Marcelino Marcos Líndez, consejero de Medio Rural y Pesca. Se queja amargamente de que la inclusión del lobo en el catálogo de especies intocables hace mucho daño a los ganaderos y les hizo perder votos en las últimas elecciones. Añade que hacerlo fue un error, «que no es razonable impedir su control (el del lobo)». Pero de quien no tienen el control es de los suyos, de doña Teresa Ribera, de Pedro Sánchez y de ese fenómeno político, Hugo Morán Fernández, que ejerce de secretario de Estado de Medio Ambiente, corresponsable con doña Teresa del disparate lobuno, y miembro de la ejecutiva federal del PSOE en quien sus conmilitones asturianos tienen puesta su representación y fe para defender los intereses de Asturies. ¡Hombre, es verdad que algo hace! Cada tres meses pasa por aquí a reírse de los ganaderos y anunciar que está en estudio la inminente «extracción» (¡«extracción»!) de un ejemplar de lobo. Pero, a lo que vamos, ¿no son los mismos?, ¿no discursean y defienden sin fisuras los de aquí a los de allí?, ¿no dicen los de aquí que no cejan en defender los intereses de los asturianos? ¿Y? Pues suponiendo que sea algo más que una postura, que es mucho suponer, el caso que les hacen es ninguno. Lo mismo que ocurre con el retraso inveterado del AVE (ya, ya se sabe que la culpa es toda del PP, pero, que sepamos, llevan gobernando en Madrid desde el 2018, lo que hace, a fecha de hoy, cinco años), las demoras en los soterramientos de Avilés o Llangréu, el metrotrén de Xixón, las estaciones para el futuro AVE que no se adecuaron, el trayecto ferroviario entre Pola L.lena y Xixón, el eje de comunicaciones atlántico… Y todo ello contrasta con la celeridad con que se atiende a otras zonas y otros intereses de España. En una palabra: ni los asturianos pintamos nada (seamos bondadosos, poco) ni los socialistas asturianos pintan nada en su partido. Y eso ya, cuando no vienen a reírse de nosotros como hizo en memorable ocasión Zapatero anunciando que se iba a suprimir en Asturies el peaje del Huerna. Y, en efecto, trasladó a León la caseta de cobro. (Un breve paréntesis para mostrar esa fe inconmovible que posee a la izquierda asturiana: doña Covadonga Tomé ante los anuncios de que Podemos, cual empresa capitalista cualquiera, iba a despedir a sus empleados: «Espero que no sea para concentrar recursos en Madrid». Ya saben ustedes cual fue la realidad. ¿Pero en qué mundo creen que viven, es decir, militan, estos rapazos?). Ahora bien, es cierto que para no hacer nada y para perjudicar los intereses de sectores enteros, como el primario, estos de aquí se bastan ellos solos. ¿O no son ellos los que crean parques con poblaciones dentro, causándoles enormes perjuicios? ¿O vienen los marcianos a imponer normas incumplibles o que solo causan molestias? ¿O son otras comunidades las que a los ganaderos y agricultores asturianos les retrasan meses y años proyectos o indemnizaciones por daños? Nino Rodríguez, exdirector de Ganadería, que dimitió en 2021 en protesta por la actuación de la Consejería: «Esto cada vez va peor». «Los geógrafos Rafael Menéndez y Fermín Rodríguez alertan contra una ordenación "que parece tener el objetivo encubierto de dificultar la actividad humana"». «La protección ambiental "colabora al abandono" de la montaña asturiana». Frente a los discursos, las realidades.

Ayer en LNE: Muy pocos

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                       MUY POCOS


                Podría decirse que cada ministro nuevo viene cantando un “mi recetita la traigo en mi cartera”. Y así es, a la primera oportunidad recitan su idea sin pensar en sus consecuencias, y eso que son nuevos como ministros, pero tienen ya muchos años en la vida pública. “Los días del gasóleo están contados” evacuó doña Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica.
Las consecuencias no se hicieron esperar: caídas en las ventas de coches diesel, preocupación en los actuales propietarios, alarma entre los transportistas. Por si fuera poco, el Gobierno avisa de que, en su campaña contra el gasóleo, va a subir su impuesto. Todo ello ha obligado a doña Teresa a medio corregirse: “nadie ha puesto fecha límite al gasoil”. Demasiado tarde: el daño está hecho y la alarma no puede sofocarse.
En la Feria de Muestras xixonesa se han visto este mes reiteradas quejas contra el Gobierno y la ministra. Y es que, por ejemplo, como recordaba allí el presidente de Asetra, Ovidio de la Roza, el transporte tiene ya demasiados problemas como para añadirles los de una política que no calcule sus consecuencias.
Por cierto, la Feria es un ámbito extraordinario para que cada uno exponga sus sueños y predique sus mentiras. Por ejemplo, aparece el subdelegado del Gobierno en León y mentiriza: “El Gobierno sopesa eliminar el peaje del Huerna”. ¿Qué les parece si cambiamos el título de este artículo por el de “Regreso al Futuro2”? ¿O no se acuerdan de que también Zapatero prometió quitar el peaje del Huerna y lo hizo? Efectivamente, lo trasladó unos kilómetros más allá. Y es que chicos y chicas zapaterinos y perdrosanchinos tienen idéntica capacidad de fantasear y mentir.
“No sabes cuánta gente podría hacer este trabajo tan bien como nosotros”, decía don José Luis a Sonsoles en las primeras horas en la Moncloa. También ahí fantaseaba o mentía: con ese descaro, muy pocos.

Zapatero "pagáu" por Casado

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Zapatero carga contra Casado: «Es un retroceso para el PP»El expresidente del Gobierno destaca que Sáenz de Santamaría siempre ha tenido «buena capacidad de diálogo»


Nun necesita comentariu. Si, acasu, el del final d'aquella fábula d'Iriarte, "El oso, la mona y el cerdo", qu'entama: 

Un oso con que la vidaganaba un piamontés,la no muy bien aprendidadanza ensayaba en dos pies
y que termina con:

Si el sabio no aprueba, ¡malo!Si el necio aplaude, peor. 

Zapatero, Sonsoles y la Selección Española

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Diz que la primer nueche na Moncloa díxo-y Zapatero a Sonsoles:

¡Si supieses cuántos españoles podíen facer esto tan bien como yo! 

(Referíase al Gobiernu, non a otra cosa.)

Pues pa la selección española podíemos decir lo mesmo:

Salvo los futbolfóbicos, ¡cuántos millones d'españoles nun tan seguros de qu'ellos podíen ser tan buen o meyor seleccionador que Lopetegui o Hierro!

("Seleccionadores", digo, non entrenadores, que ye otra cosa.)

¡Démonos por xodíos!: Zapatero pronostica la cooficialidá

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Ehí lu tenéis:

Imaxe tomada de LA NUEVA ESPAÑA

"Estoy convencido de que la oficialidad del asturiano será realidad en la próxima legislatura", afirma Zapatero

"Hay una mayoría creciente" a favor, remarca el expresidente del Gobierno al recoger en Oviedo el premio Pura Tomás de 2016


Si l'éxitu les sos palabres ye'l mesmu que'l de la so mediación en Venezuela; o'l cumplimientu ye talu que cuando prometió que l'AVE diba tar n'Asturies nel 2009 (sí, sí, nel 2009); o la verdá ye como aquella de cuando prometió que diba quitanos el peaxe del Güerna, y, efectivamente, llevó pa Lleón el casetu de cobrar.

Si ye asina, de ser asina,

¡Arreniego, arreniego! ¡Yá podemos damos por xodíos!

Zapatero, Trump y los ninis

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(Asoleyóse en LA NUEVA ESPAÑA DEL 16/09/17 Y EN EL FARO DE VIGO DEL 17/09/17)

Zapatero, Trump y los ninis

La mediación del expresidente del Gobierno en Venezuela y las enfermedades de Occidente

16.09.2017 | 04:38
Zapatero, Trump y los ninis
Conocen la facecia: el disgusto de aquella mujer al enterarse de que su marido se había liado con la chismosa del 4º. "¡Colo mal que lo fae! -se quejaba-, colo mal que lo fae! Ahora todo el mundo se va a enterar de que no sirve para nada" (el cuento corre también con un protagonista político, de cuyos límites teme la familia que todos se enteren ahora que ha accedido a un cargo; se ha aplicado, especialmente, a un político asturiano, pero, ya que estoy en mi hora diaria de caridad, no diré a quién).
Pues eso ocurre con Zapatero, don José Luis. De sus múltiples fatures desde el primer día de su toma de posesión (la confidencia a Sonsoles al entrar en la Moncloa: "no sabes cuánta gente podría hacer esto -la Presidencia, aclaro- tan bien como yo") a aquella confesión tardía y cobarde de que lo de "aprobaré cualquier estatuto que venga de Cataluña" no había sido cosa suya, sino que se lo habían puesto para leerlo.
Pues bien, cuando parecía que ya no disponía de teatro para que nos enterásemos de sus virtudes, don José Luis se ha liado Venezuela a la cabeza y allí pasa el día tratando -dice- de mediar. En ese ínterin apaciguador se ha producido un golpe de estado, se ha disuelto el parlamento elegido democráticamente y se ha nombrado a dedo un grupo de sectarios para crear una nueva constitución, dictatorial, por supuesto.
Más podría decir, pero me limitaré a las (entre irritadas y avergonzadas) palabras de Felipe González sobre esa "mediación": "La verdad es que no conozco el contenido de esas negociaciones, no sé lo que está sobre la mesa. Así que solo puedo valorar resultados. Y a tenor de esos resultados, usted misma puede ver que hace un año había 70 presos políticos y hoy hay 600".
Pues eso.
El caso de Trump merece una reflexión. Los medios de comunicación y la opinión pública lo tienen más o menos por loco y sinvergüenza. Cada "intelectual" estadounidense que pasa por aquí se despacha a gusto. El último Paul Auster: "Trump es un psicópata, un peligro, una amenaza para el mundo". Bueno, yo diría que, al menos, se comporta como lo que aquí hemos denominado siempre "un xateru", con perdón del gremio.
Ahora bien, ese general juicio anti Trump como un peligro mundial en el Occidente, especialmente entre los "intelectuales" y la izquierda, debe pasarse por la piedra de toque de la realidad. Putin ocupa Crimea y zonas de Ucrania. Ni una manifestación en contra en Occidente; el sujeto no es visto como una amenaza para la paz. Recientemente, no hay opinión ni medio que no califique a Trump y a Kim Jong Un, el sátrapa norcoreano, de dos locos peligrosos que amenazan la paz mundial, al mismo nivel. ¿Pero es Trump quien lanza misiles balísticos sobre otros países? ¿Es Trump quien inicia una carrera nuclear, saltando todos los convenios nucleares? ¿Es Trump quien amenaza con hacer desaparecer Guam? No importa, ambos son iguales: un par de locos peligroso, ambos tienen la culpa, el provocador y el amenazado. Y el emisor del mensaje no está ni con uno ni con otro: ni con el dictador ni con el presidente de un país democrático. A uno no lo apoya (¡más faltaría!), con el otro no se contamina. Equiparémoslos y distanciémonos.
Esas actitudes desvelan alguna de las enfermedades de Occidente. La primera, y menor, la mitomanía de convertir en santos-héroes a los presidentes liberales de EE UU (Clinton, Obama) y en diablos a los conservadores. La segunda es más profunda y potencialmente peligrosa: la negativa de nuestras sociedades a ver la realidad, aceptarla como tal y enfrentarla, lo que lleva imbricado, ante el peligro, acusarnos a nosotros mismos de serlo y exculpar al contrario, en una mezcla de cobardía e irresponsabilidad, de visión infantil y mágica del mundo.
Es el comportamiento que se manifiesta, por ejemplo, en el "peace for our time" de Chamberlain y el entusiasmo de las masas, tras entregar a Hitler una parte de Europa y abrir, así, la II Guerra Mundial. El mismo que se produce ante la llamada "doble decisión" de 1979 de la OTAN. Mientras los rusos desplegaban en la frontera con la Europa libre los SS-20, con tres ojivas nucleares cada uno, nadie se inquietó. Cuando, para forzar al desarme, Occidente decidió instalar, para forzar la negociación y para crear una respuesta de defensa creíble, los Pershing y misiles de Crucero, la histeria y las manifestaciones sacudieron la mayoría de los estados europeos.
Así somos, es esa nuestra constitución profunda, emocional y discursiva, y con esos bueyes hemos de labrar.

Dos cómicos en La Habana

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Yá saben l'últimu episodiu cómicu de la parexa Zapatero-Moratinos: viéndose col dictador Castro en La Habana, saltando les más elementales normes de respetu democráticu y diplomáticu con respectu al so país, España.
Esta vegada faltaba Bono, que los acompañara había unos meses a entrevistase col dictador Obiang en Guinea. Bono, ensin embargu, acompañó a Zapatero na entrevista con Iglesies.
En fin, nótase-yos que-yos gusta entrevistase con dictadores.
Dicen que ye too un asuntu de negocios, qu'actúen de conseguidores.
Como quier que sea, nun dexen de ser lo que siempre fueren: aficionaos a cantar dende les mui primeres hores de la mañana -como dixe dende'l primer día que Zapatero apaeció na escena pública- y unos chisgarabís.
Cómo sería la cosa en Cuba que Moratinos corrió a llamar a Margallo pa deci-y, como un ñeñu al que lu pescasen col tarru la miel, "que nun diba volver pasar".
Lo que nun quita que, además y polo visto, detrás del "crimen" hebia non el cherchez la femme, sinón el cherchez l'argent.


Zapatero y Bono: cantamañanas

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A Zapatero y Bono no se los puede puede calificar de otra cosa, por su reunión con Pablo Iglesias, que de cantamañanas; por otra parte, lo que siempre fueron.
Y eso si no se trataba de una reunión "conspirativa", para tratar de llegar a acuerdos, tender puentes o sondear la posibilidad de pactos con el partido del anagrama Pablo Iglesias. Entonces sería peor, podríamos llamarlos conspiradores de feria y tontos, sin dejar de ser por eso cantamañanas.
De una forma o de otra, se trata de la actitud irresponsable y al margen del sentido común y del mínimo respeto a su partido de un par de señoritinos (lo que siempre fueron) aficionados al bel canto a primeras horas.
Por cierto, ¿regalaría don José Bono a don Pablo un reloj de aquellos miles que regalaba en las campañas electorales quitándoselos de su propia muñeca, como si regalase el suyo personal?
Es posible, porque, como se sabe, "el raposu pierde el pelu, pero non les zunes".
Y, además, ya se sabe: si se pierde el pelo, ahora se pueden poner implantes. ¿No es verdad, don José?




Una preguntina nada más

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¿Cómo anda aquella "Alianza de les civilizaciones de Zapatero y el PSOE?

Y si me dexen dos: ¿y el primer y más entusiasmáu firmante de la mesma, el turcu Erdogán?

Zapatero (suma y sigue)

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Asoleyao ayer na Nueva España. Información de Natalia Vaquero sobre Carlos Abella y Ramallo:

Gentilhombre de Su Santidad por sus destacados servicios a la Iglesia y al Vaticano se ofreció a Zapatero para gestionarle una audiencia con Juan Pablo II, pero el entonces líder del PSOE le respondió que aunque le encantaría, no le dejaba su mujer, Sonsoles Espinosa. Carlos Abella y Ramallo (La Coruña, 1934), un diplomático de larga y apasionante trayectoria, que lo mismo fue testigo en Estocolmo de cómo Alfonso de Borbón se enamoraba de Carmen Martínez Bordiú, nieta de Franco, que tejía con habilidad una valiosa red de informadores con los cooperantes y misioneros españoles de todo el mundo, falleció el 12 de agosto en Madrid.

(Va continuar, de xuru)


UN DEBATE DE MUCHO INTERÉS POR NO TENERLO

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Valentín Andrés Álvarez, en una anécdota que Ortega comparte en El Espectador con modificaciones, cuenta que había un loco en Xixón quien afirmaba que el fútbol no existía, que era una cosa que habían inventado los periodistas de Uviéu contra los de Xixón. A mi entender, esto del debate del estado de la Nación es, de forma semejante, algo que inventaron los del PSOE y los del PP para meterse unos con otros, y de paso, y sobre todo, dejar fuera del tinglado a los demás.

Realmente el llamado «debate sobre el estado de la Nación» ningún interés presenta fuera de ese que tiene para sus dos protagonistas principales. Frente a lo que ocurría hace treinta años, en estos tiempos en que los centros de información y «entretenimiento» se han multiplicado por cien, en que aquella se ha hecho instantánea, en que ya sabemos horas antes hacia dónde van a orientar sus discursos y hasta lo que van a vestir los contendientes en las Cortes, porque lo filtran ellos mismos, tiene poco interés escucharlos. Y, digámoslo también, ya que es positivo, tiene poco interés porque los ciudadanos no esperan ni temen, por fortuna, ningún sobresalto, ninguna revolución proveniente de los políticos de los dos partidos mayoritarios. De modo que ambos vienen a poner de su parte todo lo que les es posible para hacer efectiva aquella máxima de Montesquieu: «felices los pueblos cuya historia se lee con aburrimiento».


De esta manera, el debate entre los antagonistas principales, don Mariano y don Alfredo, se ha reducido a confirmar que efectivamente cada uno hablaba de aquello que beneficiaba su actuación o sus expectativas. El primero, una y otra vez de la indudable mejora económica con respecto al abismo al que estuvimos asomados hace poco más de un año y hacia el que estuvimos preparando el camino durante mucho tiempo. De esa senda apenas se ha desviado más que para hablar de dos graves amenazas: la inmigración y la cuestión catalana. El segundo ha incidido en aquello que, al margen de la mayor o menor razón que le asista, excite más a su parroquia o haga recordar a los millones de personas golpeadas por la crisis que lo son, a fin de que, sea cual sea la causa de esa crisis, liguen esa situación al hecho de que quien gobierna ahora es el PP. En esa línea, las palabras «dolor», «recorte» y «mujeres» han sido la música de acompañamiento de su discurso.


Naturalmente, no ha faltado, por parte y parte, el recurso a la memoria de lo que los otros han hecho erradamente en el pasado o a sus fracasos. En esa medida, la marca cuantitativa la ha obtenido, como era de esperar, el señor Rajoy; la temporal, el señor Rubalcaba, citando un artículo de Rajoy en el Faro de Vigo, allá en el año de gloria de 1983.


Pero afortunadamente, repito, unos y otros políticos —incluidos muchos de los minoritarios— son previsibles, especialmente don Mariano, que presume de serlo; y así nos hemos librado de que en el día de anteayer este hubiese tenido una ocurrencia andando en bicicleta por la Moncloa, como lo ocurriera a Zapatero en su día jugando a baloncesto, y nos trajera un despilfarro de dinero en forma de cheque-regalo con el pretexto de cualquier materia.


Por cierto, viniendo hacia casa para escribir este artículo me he encontrado con un loco simpático, en Pimiango dice ser nacido, al que de vez en cuando escucho e invito a un café. «Esto del tema del aborto», me dice, «es un invento del PP, al ver que el PSOE y Rubalcaba no paraban de perder votos por su izquierda. Así consigue que recuperen y les es más fácil entenderse».

Lo dejo tomando el café y vuelvo al ordenador. No puedo dejar de pensar en las fiestas invernales del Nicolasillo y de los Inocentes, y en cómo nuestra cultura, y la Iglesia con ella, ha simbolizado tantas veces la paradoja de la lucidez y la verdad en la boca de los simples.

ZAPATERO, LEGUINA, PSOE

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Ahora anda contando Leguina quién fue Zapatero y su desastre social y político. Y subraya, además, que lo hizo con la complicidad y silencio (y el aplauso fervoroso, añado) de los militantes y cargos orgánicos del PSOE.
Bien está, pero eso ya lo contamos algunos hace muchísimo tiempo, in fieri, digamos. Hoy y los días siguientes vamos a poner algunos ejemplo de ese contar pretérito:



EL MEJOR, POR OPOSICIÓN (25/05/2010)

                Que yo tengo aquí por mío / cuanto abarca el mar bravío, / a quien nadie impuso leyes
«¡Dios míu, colo mal que lo fai!», así concluye un conocido chiste en que una dama se horroriza con la noticia de que su marido tiene un «affaire» con una estupenda pero chismosa vecina. La exclamación de la traicionada se debe, sin embargo, no al engaño, sino a compasión por su esposo: con lo poco axeitáu que es el varón, pronto todo el vecindario vendrá en evidencia de «lo mal que lo fai». Pues bien, con esa facecia y esa frase empezaba yo, al comienzo de la presidencia española de la UE este semestre, un artículo donde se afirmaba que lo peor de todo era que ahora empezarían a conocer a Zapatero en el exterior tan bien como algunos lo conocíamos en casa, en su ineptitud nefelibata y su retórica pomposa y vacua.
Las cosas fueron tan rápido que para poder reducirlo y, sacándolo de su estado alucinatorio, obligarlo a tomar contacto con la realidad —en lo relativo a la coyuntura del sistema monetario y financiero—, han tenido que intervenir los EEUU, China y la UE, cuyos mandatarios ya habían advertido en sus términos cabales la ilimitada capacidad de Zapatero para conducir las cosas hacia el despeñadero. Por otro lado, en el interior, se ha visibilizado de tal modo su inepcia en los últimos días que hasta muchos de sus votantes han conseguido empezar a ver, por fin, quién es el Presidente, en nada distinto, por cierto, a quien era en su primer día de mandato o a quien era en la oposición. Pero la fe —que consiste en no creer lo que vemos— es difícilmente penetrable por la realidad y, por ello, hasta el presente había sido invisible su identidad para la mayoría de los afectos.
Ahora bien, lo más inquietante de toda esta historia no es que una evidencia tan palmaria, la de su incapacidad, haya conseguido pasar desapercibida ante los ojos de muchos espectadores, al modo como lo es el rey desnudo en la narración tradicional; lo más inquietante es que Zapatero fue escogido para gobernar tras una reñida oposición dentro del PSOE, en la que el caballo zapaterino (y no se vea ninguna maldad especial en el símil hípico) consiguió ganar al jaco de Bono apenas por una cabeza. En otras palabras, si este individuo ha sido seleccionado como el mejor de entre los suyos tras competido concurso, ¿cómo serán los demás? O, en términos más piadosos, ¿cuál no será de la incapacidad de esos sus conmilitones, para conocer la realidad y para dirigirla?


Por otro lado, lo más grave de la cuestión no estriba en que don José Luis esté falto de destreza o de conocimiento para tratar con el mundo (aunque seguramente lo está, pero para corregir ese defecto tiene centenares de asesores, y el propio partido): no es una carencia lo que constituye su máximo defecto sino una «tenencia», su ideología, su falsa conciencia, lo que él cree saber sobre el mundo y sobre sus capacidades para manejar la realidad.  Y es que hay en una parte muy importante de la izquierda que cree («creer» es aquí la palabra, no «pensar»), al modo del pensamiento mágico y prelógico, que las palabras, los discursos, pueden convocar la realidad y crearla y, que, en todo caso, la realidad es moldeable por la política hasta el punto que decida la voluntad, no hasta el que los límites de la propia realidad impongan. Ese pensamiento idealista, metafísico, semejante al discurso adolescente del pirata esproncediano, es para esa parte de la izquierda su identidad sustancial.
Pues bien, más preocupante aún que la baja calidad política e intelectual del señor Zapatero y, por implicación, del areópago que lo ha seleccionado como el mejor, resulta el  constatar que es precisamente ese fantasear metafísico, ese voluntarismo idealista y  adolescente el que ha sido tenido por óptimo, sostenido y aplaudido, por una parte importante de la sociedad española —sindicatos, artistas, medios de comunicación, individuos—, que entienden que el mismo constituye  una visión realista y eficaz del mundo, capaz de solventar los problemas por la única virtud de su eufonía enunciativa y de su resonancia emotiva.
Y todo ello, Zapatero, areópago, sostenedores y jaleadores constituye una variable amenazadora  que, según y cómo, nos puede llevar hacia la argentinización del país, concepto que no incluye sólo «el corralito», el crack financiero, sino, fundamentalmente, la progresiva autofagia de la sociedad y de la riqueza por el camino de la demagogia populista, que ellos llamarían «popular».
 



Zapatero versus Solbes

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Pa mexase de risa, o pa mexar y nun char gota: agora resulta que Pedro Solbes y José Luis Rodríguez anden dándose plizcos y raguñazos, chándose la culpa l'ún al otru de nun tener fecho nada contra la crisis o de nun vela (según la versión).

Asina, Solbes diz que-y mandar recaos a Rodríguez pa alvertilu de la gravedá del momentu y pa disuadilu de la so voluntá de tirar les perres en mampurres pa los votantes; Rodríguez diz que nunca-y lo dixo nin lu avisó.

En tou casu, bein cerraren los güeyos dambos y bien mintió Solbes nel so debate con Pizarro.

Si quieren mexase de risa (o intentar mexar pa nun char gota, como-yos preste más), síganlo equí: Solbes contra Zapatero.

NOTA: Por si nun lo recuerden, Solbes tenía fama de ser de los más preparaos y llistos d'Europa; Zapatero fue escoyíu como'l meyor d'ente toos los socialistes.