Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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... Y a favor de Zapatero
L’APRECEDERU
… Y A FAVOR DE ZAPATERO
La mayoría gubernamental está empeñada en legislar de cualquier forma, ensin ver sebe. La Ley de Vivienda, actualmente en tramitación, suscita serias admoniciones por parte de los juristas. Lo mismo ocurre con la Ley LGTBI+, que no solo ha recibido advertencias de anomalías jurídicas, sino el claro rechazo de siete organizaciones feministas «de pata negra», con las firmas correspondientes, que, sobre calificarla de «ley mordaza» y discrepar de sus disparatadas, y en casos injustificadas, sanciones, la entienden como un despropósito con respecto a sus objetivos: «si la ley sale tal como está, toca completamente la línea de flotación de la Ley de Igualdad y contra la Violencia de Género del Principado». Los invito a leer aquí lo sustancial de esa argumentación: https://www.lne.es/gijon/2026/05/25/siete-organizaciones-feministas-recogen-600-130627326.html. Del mismo modo pueden ver los vídeos de las intervenciones en la Xunta de esas personas y organizaciones, merece la pena.
¿Cómo se producen esos aparatosos dislates jurídicos? Un grupo cree que hace falta una ley propia, que remede la estatal. Después invitan a sus afiliados o adláteres y cada uno inserta allí sus manías o prejuicios, sin respeto a la realidad.
Gambusinos. Pero aquí todo el mundo sabe. Una asociación alarma sobre la muerte de gambusinos en la ría de Villaviciosa, el alcalde corre a clamar. Como sabría cualquiera, los gambusinos, como los cámbaros o los centollos, mudan. Y esa alarma eran sus mudas. Una cierta prudencia y un preguntar…
La mejor defensa de Zapatero. Felipe González: «No lo veo con capacidad para montar una ingeniería financiera como la que estoy viendo. Que Zapatero haya llegado en su carrera vital a saber qué es una sociedad offshore, no lo veo». O la estupefacción de César Antonio Molina, ministro del interfecto, preguntándose cómo una persona «muy incapaz, digamos, para las cosas así mundanas», ha podido «ser capaz de crear ese imperio de las Islas Vírgenes» y estar «en el vértice de todos los entramados».
PSOE contra PSOE
(Ayer, en La Nueva España)
PSOE CONTRA PSOE
Supongo que se habrán dado cuenta. Existen unas profundas discrepancias entre destacadas personalidades del PSOE y la acción de su partido y el Gobierno. Y hay dos notas peculiares en esa discrepancia: no se trata de opiniones diversas entre facciones o tendencias, como solía llamárselas antes: las facciones han desaparecido de la vida interna del partido socialista; esas discrepancias se manifiestan en los medios de comunicación y son individuales, de personas concretas.
La lista de esos desencuentros es muy amplia, pero se manifiesta fundamentalmente en torno a dos cuestiones, las alianzas con Bildu y ERC, de un lado, y la legislación que deriva de esas alianzas: la eliminación del delito de sedición y la mutación del concepto de malversación; la segunda, a las leyes relativas a la personalidad sexual y a la de las relaciones de carácter sexual entre varones y mujeres.
Guillermo Fernández Vara, Francisco Javier Lambán y Emiliano García-Page, presidentes, respectivamente de Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha, han sido seguramente quienes, por su papel institucional, han realizado críticas más destacadas en torno a ambos bloques, el de las alianzas y sus consecuencias, el de la legislación, digamos, en torno a la definición sexual y las relaciones eróticas. Es cierto, asimismo, que, con posterioridad, han procurado navegar y guardar la ropa, matizando lo dicho o retractándose de ello.
Son notables, asimismo, las censuras que desde lo que pudiéramos llamar el PSOE histórico, sus militantes, se han dirigido contra esas cuestiones: más contenidas en Felipe González, más en su tono de lengua afilada por parte de Alfonso Guerra. Y no digamos ya las que han venido de Joaquín Leguina, expulsado del partido recientemente por sus críticas, o Nicolás Redondo, expedientado pero exonerado. Y aun si vamos más atrás, encontraremos a José Luis Corcuera, ya hace tiempo muy distanciado y muy crítico.
Como yo, retendrán en su memoria manifiestos recientemente firmados por exministros del PSOE, no pocos, y militantes de toda condición y geografía contra la legislación del Gobierno de Pedro Sánchez relativa a lo que algunos llaman «pagos a ERC y Bildu» y el Gobierno y parte del PSOE califican de «pacificar Cataluña». O las reiteradas manifestaciones de destacados socialistas contra la redacción de la Ley «Sisí» —inclúyase ahí al Presidente Barbón¬—, que se realizó con desprecio de todos los informes y saberes técnicos, o la oposición de muchísimas socialistas de militancia feminista, como doña Amelia Valcárcel o la «prudente» Carmen Calvo, a la ley «trans».
Un crítico especialmente reiterativo y alarmado es Cesar Antonio Molina, que fue ministro de Cultura con el ínclito Zapatero —el que quitó el peaje del Huerna de Asturies—. Dos frases: «Si Sánchez vuelve a ganar, no sé si quedará algo de España». «Sánchez se ha adueñado de la marca del PSOE, se cree el Simón Bolívar ibérico».
Es evidente que algo muy grave está pasando para que se produzca esa clamorosa alarma entre gentes del PSOE, especialmente entre los que tienen más antigüedad y los que ahora están en el poder. Algunos argumentarán que se trata de puntos de vista causados por la edad (y no diré aquí con qué calificativo vulgarísimo se los etiqueta entre la puberprogresía); otros podrán afirmar que unos hablan porque son libres para hacerlo, al no estar atados por cargo y sueldo, mientras que los que callan lo hacen por lo contrario.
Más lo que me preocupa especialmente ahora es otra cuestión, de índole psíquica y personal. Fíjense en lo de «El Simón Bolívar ibérico». Sumen ustedes: ¿Se acuerdan de aquella babayada de Pérez-Castejón en el homenaje a Almudena Grandes, aponderándose diciendo que pasaría a la historia por haber sacado el cadáver de Franco del Valle de los caídos? (Alfonso Guerra, por cierto, comentó: «Dice que pasará a la historia por haber exhumado un cadáver, ¡pues vaya gloria!»). Pues hace dos días Máximo Huerta, el ministro de una hebdómada, contaba en El Hormiguero que cuando fue a presentar su dimisión a Pedro Sánchez, este no le habló de él ni de su circunstancia, sino de sí mismo. Y empezó a preguntarse que cómo lo vería la historia en el futuro. «¿De mí, qué dirán», se monologó.
¡Uy, uy, uy! Ya saben lo que dice el refrán asturiano: «Lo que de lloñe parez, de cerca ye».
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Güei, en La Nueva España: Veinte años después
L'aprecederu
Veinte años después
Xuan Xosé Sánchez Vicente 21.02.2019 | 00:52

Bueno, un poco más tarde. En 1995 aparecía un Real Decreto regulando derechos y deberes de los alumnos, fruto de un Gobierno de Felipe González. El texto establecía una filosofía que ha perdurado hasta recientemente y que ha sido una de las causas del deterioro de la convivencia en las aulas. En sustancia, equiparaba, a efectos de faltas y sanciones, la palabra del profesor y la del alumno y establecía un procedimiento contradictorio entre ambos a fin de establecer la verdad. A tal fin un instructor (un "relator") tomaba nota de las negaciones o alegaciones del discente.
Muchos docentes y centros atesoran algunas historias escandalosas de ese procedimiento. En alguna, por cierto, ocurrida en mi centro, intervino como inspector el actual Consejero de Educación.
Unos pocos, aficionados a dar voces en castañéu, levantamos nuestra voz, a la que los mandamases hicieron oídos de mercader.
Y así siguieron las cosas. Cuando el Principado, por ejemplo, en 2007 reguló la misma materia, siguió idéntica filosofía. [............................................]
Ahora el Decreto 7/2019 modifica el rumbo y establece que las palabras del profesor "gozarán de presunción de veracidad". Es cierto que el Decreto desarrolla (¡seis años después!) la Ley 3/2013, a la cual se vieron arrastrados los socialistas. Dejemos, con todo, que el Consejero presuma de la nueva filosofía. [...................................................]
Zapatero, Trump y los ninis
(Asoleyóse en LA NUEVA ESPAÑA DEL 16/09/17 Y EN EL FARO DE VIGO DEL 17/09/17)
Zapatero, Trump y los ninis
La mediación del expresidente del Gobierno en Venezuela y las enfermedades de Occidente
Xuan Xosé Sánchez Vicente 16.09.2017 | 04:38
Zapatero, Trump y los ninis
Conocen la facecia: el disgusto de aquella mujer al enterarse de que su marido se había liado con la chismosa del 4º. "¡Colo mal que lo fae! -se quejaba-, colo mal que lo fae! Ahora todo el mundo se va a enterar de que no sirve para nada" (el cuento corre también con un protagonista político, de cuyos límites teme la familia que todos se enteren ahora que ha accedido a un cargo; se ha aplicado, especialmente, a un político asturiano, pero, ya que estoy en mi hora diaria de caridad, no diré a quién).
Pues eso ocurre con Zapatero, don José Luis. De sus múltiples fatures desde el primer día de su toma de posesión (la confidencia a Sonsoles al entrar en la Moncloa: "no sabes cuánta gente podría hacer esto -la Presidencia, aclaro- tan bien como yo") a aquella confesión tardía y cobarde de que lo de "aprobaré cualquier estatuto que venga de Cataluña" no había sido cosa suya, sino que se lo habían puesto para leerlo.
Pues bien, cuando parecía que ya no disponía de teatro para que nos enterásemos de sus virtudes, don José Luis se ha liado Venezuela a la cabeza y allí pasa el día tratando -dice- de mediar. En ese ínterin apaciguador se ha producido un golpe de estado, se ha disuelto el parlamento elegido democráticamente y se ha nombrado a dedo un grupo de sectarios para crear una nueva constitución, dictatorial, por supuesto.
Más podría decir, pero me limitaré a las (entre irritadas y avergonzadas) palabras de Felipe González sobre esa "mediación": "La verdad es que no conozco el contenido de esas negociaciones, no sé lo que está sobre la mesa. Así que solo puedo valorar resultados. Y a tenor de esos resultados, usted misma puede ver que hace un año había 70 presos políticos y hoy hay 600".
Pues eso.
El caso de Trump merece una reflexión. Los medios de comunicación y la opinión pública lo tienen más o menos por loco y sinvergüenza. Cada "intelectual" estadounidense que pasa por aquí se despacha a gusto. El último Paul Auster: "Trump es un psicópata, un peligro, una amenaza para el mundo". Bueno, yo diría que, al menos, se comporta como lo que aquí hemos denominado siempre "un xateru", con perdón del gremio.
Ahora bien, ese general juicio anti Trump como un peligro mundial en el Occidente, especialmente entre los "intelectuales" y la izquierda, debe pasarse por la piedra de toque de la realidad. Putin ocupa Crimea y zonas de Ucrania. Ni una manifestación en contra en Occidente; el sujeto no es visto como una amenaza para la paz. Recientemente, no hay opinión ni medio que no califique a Trump y a Kim Jong Un, el sátrapa norcoreano, de dos locos peligrosos que amenazan la paz mundial, al mismo nivel. ¿Pero es Trump quien lanza misiles balísticos sobre otros países? ¿Es Trump quien inicia una carrera nuclear, saltando todos los convenios nucleares? ¿Es Trump quien amenaza con hacer desaparecer Guam? No importa, ambos son iguales: un par de locos peligroso, ambos tienen la culpa, el provocador y el amenazado. Y el emisor del mensaje no está ni con uno ni con otro: ni con el dictador ni con el presidente de un país democrático. A uno no lo apoya (¡más faltaría!), con el otro no se contamina. Equiparémoslos y distanciémonos.
Esas actitudes desvelan alguna de las enfermedades de Occidente. La primera, y menor, la mitomanía de convertir en santos-héroes a los presidentes liberales de EE UU (Clinton, Obama) y en diablos a los conservadores. La segunda es más profunda y potencialmente peligrosa: la negativa de nuestras sociedades a ver la realidad, aceptarla como tal y enfrentarla, lo que lleva imbricado, ante el peligro, acusarnos a nosotros mismos de serlo y exculpar al contrario, en una mezcla de cobardía e irresponsabilidad, de visión infantil y mágica del mundo.
Es el comportamiento que se manifiesta, por ejemplo, en el "peace for our time" de Chamberlain y el entusiasmo de las masas, tras entregar a Hitler una parte de Europa y abrir, así, la II Guerra Mundial. El mismo que se produce ante la llamada "doble decisión" de 1979 de la OTAN. Mientras los rusos desplegaban en la frontera con la Europa libre los SS-20, con tres ojivas nucleares cada uno, nadie se inquietó. Cuando, para forzar al desarme, Occidente decidió instalar, para forzar la negociación y para crear una respuesta de defensa creíble, los Pershing y misiles de Crucero, la histeria y las manifestaciones sacudieron la mayoría de los estados europeos.
Así somos, es esa nuestra constitución profunda, emocional y discursiva, y con esos bueyes hemos de labrar.
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Güei, en La Nueva España: La (r)evolución pendiente
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)
La (r)evolución pendiente
El proceso precongresual del PSOE
Xuan Xosé Sánchez Vicente 07.01.2017 | 03:05
Releo "Federico Sánchez se despide de ustedes", el texto en que Jorge Semprún Maura noveliza, entre otras cosas, los años en que fue ministro de Cultura con Felipe González Márquez (1988-1991). Coincide ese período con la caída del muro de Berlín y la evidencia de la ruina del sistema socialista o, de otro modo, de los países del "socialismo real". Pues bien, desde su experiencia como miembro del comité central del PCE, su trabajo en la clandestinidad y, previamente, su lucha en la resistencia francesa y su internamiento en Buchenwald, Semprún realiza algunas consideraciones sobre la "ideología" tradicional de la izquierda, su práctica y su discurso, la que pasa por Marx y Lenin y pretende la conquista del Estado para implantar una sociedad sin clases y una nueva realidad. Esto dice: "desde que Carrillo me hizo expulsar en 1964 del partido comunista por crimen de revisionismo, sé a qué atenerme. Sé que se considera de derechas ceñirse a la realidad, analizarla rigurosamente, condición preliminar a toda voluntad seria de reforma y de transformación. En cambio, ser de izquierdas consiste en proclamar de manera voluntarista y dogmática la ruptura social, el salto adelante. O mejor dicho, en el vacío".
Analizando el triunfo electoral del PSOE y su política transformadora destaca que Felipe González "ha tenido la virtud de comprender las necesidades de la realidad. Ha dado un viraje hacia la realidad desde antes de la toma del poder, y no un viraje hacia la derecha. Por fin un partido de la izquierda del sur de Europa iba a ganar las elecciones para gobernar la realidad del presente, transformándola, en vez de reinar impunemente sobre la ilusión de un porvenir". Ahora bien, ese giro felipista, esa adecuación a la realidad, no era compartido por el partido y por el sindicato afín más que parcialmente (tal vez, digo yo, sólo en la medida en que el triunfo proporcionaba beneficios a los de casa), y esa facción no era capaz de entender que la caída del muro de Berlín suponía (demostraba) el fracaso del socialismo y venía a reforzar la socialdemocracia europea.
De ese modo, y en vísperas del XXXII congreso del PSOE, se enfrentaban dos tendencias: "Una corriente, en primer lugar, socialdemócrata moderna, que asumía las realidades de la economía de mercado, que se proponía reorientarlas -aun a sabiendas de que eran irrebasables, por lo menos dentro del modo de producción predominante a escala mundial, cuyos infinitos recursos había demostrado el estrepitoso y sangriento fracaso de la experiencia soviética-, que pensaba, en cualquier caso, que sería imposible elaborar una nueva estrategia de izquierdas sin aceptar hasta sus últimas consecuencias la lógica del mercado, para dominarla". Y una segunda, de larga tradición en el partido socialista, que personificó en los años treinta Largo Caballero, que califica de "oportunista de izquierdas", "oportunista en el sentido de que, sin una línea clara, tiene la tentación de situarse siempre retóricamente a la izquierda de la izquierda, con rasgos populistas y demagógicos".
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No tendrá mucho que cavilar el lector para ver que, grosso modo, esa es la situación que vive hoy el PSOE (y una parte de la izquierda europea): [........................................................................]
Güei, en LA NUEVA ESPAÑA
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos).
Lógica confusa y fulanismo
Lo que ha venido afirmando el PSOE desde las elecciones del pasado junio
17.09.2016 | 04:53
Xuan Xosé Sánchez Vicente ¿Han oído hablar de la lógica difusa? Probablemente. ¿Y de la lógica confusa? Seguro que no, pero desde hace meses tienen reiteradas muestras de su uso en el PSOE. ¿En qué consiste tal ente? Pues en afirmar que conseguirán o pondrán en marcha varias acciones que son imposibles al mismo tiempo. Así, desde las elecciones de junio de este año han venido afirmando tres cosas a la par: a) que no permitirán que gobierne el PP, partido que, sobre sus dos éxitos electorales, sumó en la intentona de investidura los votos de Ciudadanos y de Coalición Canaria, b) que no gobernarán con los partidos independentistas o partidarios de referendos de independencia, cuyo apoyo es condición imprescindible para que puedan hacerlo, c) que harán todo lo posible para que no haya unas terceras elecciones, lo cual es inevitable si ellos no permiten que lo haga el PP y si renuncian a la colaboración de los proindependentistas.
Es ese un confudiscurso que, en la práctica, vienen manteniendo desde las primeras elecciones de esta no-legislatura, en diciembre, puesto que tras ellas, para sumar con Ciudadanos deberían recurrir a los pro o paraindependentistas. Ahora bien, si ese confudiscurso, negro en su claridad como el galipote, tiene cierta evidencia expositiva en don Pedro Sánchez Pérez-Castejón o en sus adláteres la formulación del mismo (o de otra cosa, ¡vaya usted a saber!) por algunos de los barones territoriales (entre ellos nuestro don Javier) supera con mucho la oscuridad anfibológica de los oráculos. A su lado el "irás volverás no morirás en la guerra", es un prodigio de meridiana univocidad. Por eso algunos interpretan que están en desacuerdo con la actitud del partido y otros lo contrario.
Claro que no hay que olvidar que el patriotismo de partido constituye una componente sustancial de la militancia socialista. Podríamos aducir aquí múltiples ejemplos de socialistas que contemplan espantados la marcha de su partido, pero que después callan y siguen en él, desde Prieto a Fernando de los Ríos -¡aquella su llorosa entrevista con Azaña!-, hasta los valientes Guerra o Bono, que iban a pulir el Estatuto de Cataluña por inaceptable, y todo acabó como acabó, con un sí unánime.
Es curioso, además, cómo todo este proceso, digamos, galipotesco va unido a una sistemática lectura personalista de la cuestión. [.................................................................................................................]
ESOS MARAVILLOSOS SERES HUMANOS
«¿Quién sufrirá tan áspera / mudanza del bien al mal?»
(Garcilaso)
Que conste que entiendo plenamente a don Ángel González, el llavianés, digo, que al otro también. Él que forma parte del ejército de los ángeles del bien, de las fuerzas de la luz, y que lleva empeñado toda la vida en lucha impar con las variadas manifestaciones del maligno: el fascismo, el capitalismo, los mercados, los vencedores de la guerra civil y, tal vez, la democracia burguesa, ¿cómo sufrir ahora verse condenado por defender el bien? ¿No ha de entenderlo como una suma injusticia, como un triunfo —ocasional seguramente, pero doloroso— del Maligno y sus asechanzas. Pero lo que más debe entristecerle es sin duda la injusticia que con él cometen sus compañeros, ¿acaso los monolitos de la memoria no eran para recordar a quienes padecieron la injusticia histórica de la derrota, perteneciendo al ámbito del bien? Y, sobre todo, ¿no había hecho él lo más importante —con consciencia de violar la ley burguesa o no, a sabiendas de cometer un ilícito o no— que era conseguir que antes de las elecciones una parte de esos memoriosos monolitos estuviesen colocados y, a través de la correspondiente fotografía y de la oportuna propaganda , sobre honrar a los muertos por la causa conseguir algunos votos para la causa (que no es cosa menor, aunque secundaria fuere), esto es, para IU. Lo comprendo, comprendo su desorientación, su decepción, su irritación. ¡Y, ahora resulta que no es solo una víctima (tal vez injusta, a su entender) de la justicia burguesa, sino que sus propios compañeros lo apartan de sí y lo condenan por haber servido al ideario y al interés, como si hubiese seguido aquel lema que Xovellanos propuso para su Instituto: «quid verum, quid utile». ¿Y acaso no podría él argüir, si no ya ante la ley, sí ante sus compañeros, aquel «¿qué importa errar lo menos, quien ha acertado lo más» que Pedro Crespo argumenta en su disculpa ante el Rey, precisamente en una situación en que la razón ha prevalecido por sobre los códigos.
Es verdad, sin embargo, que hay un argumento que me hace ser menos comprensivo con don Ángel González (el de Llaviana). El ha sido siempre un tonitronante acusador contra los demás. Ha exigido siempre la dimisión de todo aquel ya no que estuviese encausa, sino, incluso, de aquel que únicamente hubiese sino «del vano dedo señalado». De modo que bien está que solo por esa razón, pase a ser, como en su día lo fue otro tonitronante exigente de responsabilidades y dimisiones ante la menor sombra de acusación, el señor José Blanco, que al igual que don Ángel acabó de «alguacil alguacilado». Don José, al final confesó su error y cantó la palinodia, ¿lo hará también don Ángel?
Otro ser maravilloso es doña Elena Valenciano, la cabezalera de las huestes socialistas al Parlamento Europeo. ¿Recuerdan aquellas declaraciones suyas a su cadena, la cadena SER, al comenzar la campaña?: «Transité de Jesucristo a la revolución y a tener como ídolos al Che Guevara y Felipe González. Para mí fue un poco lo mismo, Jesucristo y la revolución después, el Che Guevara y en España Felipe González». Es más, luego tuvo la honradez intelectual de comunicarnos que conoció buena parte de la historia de Jesucristo por la ópera rock Jesucristo Superstar, que cantaba en el coro del colegio, porque entonces no estudiaba «religión sino catecismo».
La verdad es que ante tales declaraciones —semejantes por cierto en su contenido y tono a aquellas de doña Leire Pajín (hoy en altos destinos de cobro), cuando afirmaba que el triunfo de Obama era una bendición porque iba a suponer una «conjunción astral» con don Rodríguez Zapatero—, uno se siente Becqueriano y le apetece decir aquello de «Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por esas declaraciones…».
Porque ¿cómo pueden pagarse esas declaraciones, que provocan la eutrapelia, estimulan el humor, hacen que corran las endorfinas tumultuosamente por el cuerpo? No sé que se le podría dar, pero son tan estimulantes, tan salerosas, que bien podemos pasar por alto la íntima inquietud que, por un instante, nos sobreviene al pensar en la utilidad de tanto dinero gastado en la enseñanza obligatoria. Y hasta podríamos pasar por alto cuánto debe alguna de esas frases, al igual que tantas ocurrencias que pasan por originales, a tópicos de moda en su día. Y si no, miren lo que dijo el general Perón durante sus años de exilio en España, respondiendo a un periodista (ignoro si de la SER) en qué consistía el peronismo: «Una mezcla de Jesucristo, el Che Guevara y José Antonio (Primo de Rivera).
Los estragos de la cultura pop.
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