Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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De piedras y generaciones
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
DE PIEDRAS Y GENERACIONES
Leo con admiración cuantas noticias llegan a mí sobre excavaciones arqueológicas, lo cual quiere decir sobre nuestros antepasados. Esta última semana me han llamado la atención un par de ellas.
Los hallazgos de Pompeya nos conmueven siempre que sorprenden el arte o el placer destinados a unos cuerpos que iban a dejar de gozarlos inmediatamente, o esos mismos cuerpos tratando de huir de un destino inevitable.
En esta ocasión se trata de una “casona”. Sus propietarios van escapando de estancia en estancia, hasta refugiarse en una pequeña habitación, sin salida, esperando probablemente el final del flujo de la lluvia de lava que va inundando el resto de la casa. Allí, en su última morada, una pareja, un hombre y una mujer. Y lo que me conmueve más, un “tesorín” (monedas de oro, plata y bronce, y algunas joyas, entre ellas pendientes de oro y perlas), que seguramente irían trasladando consigo según la casa se arruinaba, con la esperanza de salvarlo con ellos y poder abrir, así, su futuro.
La otra noticia habla de piedras. Resulta que el altar de Stonehenge, que pesa seis toneladas, fue transportado 750 kilómetros hace 5.000 años, desde Escocia hasta Gales. ¿Qué creencia impulsó a realizar tal esfuerzo? ¿Cuáles fueron los medios y la organización social para ello?.
Pero me doy cuenta de que no tengo que asombrarme. Medito simplemente sobre las piedras de nuestras catedrales, castillos o casonas. La distancia desde que se transportó la piedra, cómo se labraron los sillares y como se levantaron hacia el cielo.
Y recuerdo que hasta no hace muchos años los diques también se trabajaban de manera semejante y que el pico y una barra de hierro eran los instrumentos fundamentales, y que, al empezar a ejercitarse en el trabajo, las heridas y las ampollas se cicatrizaban con la propia orina. Simplemente.
Evoco, entonces, a Ángel González: “Para que yo me llame Ángel González...”.
ESOS MARAVILLOSOS SERES HUMANOS
«¿Quién sufrirá tan áspera / mudanza del bien al mal?»
(Garcilaso)
Que conste que entiendo plenamente a don Ángel González, el llavianés, digo, que al otro también. Él que forma parte del ejército de los ángeles del bien, de las fuerzas de la luz, y que lleva empeñado toda la vida en lucha impar con las variadas manifestaciones del maligno: el fascismo, el capitalismo, los mercados, los vencedores de la guerra civil y, tal vez, la democracia burguesa, ¿cómo sufrir ahora verse condenado por defender el bien? ¿No ha de entenderlo como una suma injusticia, como un triunfo —ocasional seguramente, pero doloroso— del Maligno y sus asechanzas. Pero lo que más debe entristecerle es sin duda la injusticia que con él cometen sus compañeros, ¿acaso los monolitos de la memoria no eran para recordar a quienes padecieron la injusticia histórica de la derrota, perteneciendo al ámbito del bien? Y, sobre todo, ¿no había hecho él lo más importante —con consciencia de violar la ley burguesa o no, a sabiendas de cometer un ilícito o no— que era conseguir que antes de las elecciones una parte de esos memoriosos monolitos estuviesen colocados y, a través de la correspondiente fotografía y de la oportuna propaganda , sobre honrar a los muertos por la causa conseguir algunos votos para la causa (que no es cosa menor, aunque secundaria fuere), esto es, para IU. Lo comprendo, comprendo su desorientación, su decepción, su irritación. ¡Y, ahora resulta que no es solo una víctima (tal vez injusta, a su entender) de la justicia burguesa, sino que sus propios compañeros lo apartan de sí y lo condenan por haber servido al ideario y al interés, como si hubiese seguido aquel lema que Xovellanos propuso para su Instituto: «quid verum, quid utile». ¿Y acaso no podría él argüir, si no ya ante la ley, sí ante sus compañeros, aquel «¿qué importa errar lo menos, quien ha acertado lo más» que Pedro Crespo argumenta en su disculpa ante el Rey, precisamente en una situación en que la razón ha prevalecido por sobre los códigos.
Es verdad, sin embargo, que hay un argumento que me hace ser menos comprensivo con don Ángel González (el de Llaviana). El ha sido siempre un tonitronante acusador contra los demás. Ha exigido siempre la dimisión de todo aquel ya no que estuviese encausa, sino, incluso, de aquel que únicamente hubiese sino «del vano dedo señalado». De modo que bien está que solo por esa razón, pase a ser, como en su día lo fue otro tonitronante exigente de responsabilidades y dimisiones ante la menor sombra de acusación, el señor José Blanco, que al igual que don Ángel acabó de «alguacil alguacilado». Don José, al final confesó su error y cantó la palinodia, ¿lo hará también don Ángel?
Otro ser maravilloso es doña Elena Valenciano, la cabezalera de las huestes socialistas al Parlamento Europeo. ¿Recuerdan aquellas declaraciones suyas a su cadena, la cadena SER, al comenzar la campaña?: «Transité de Jesucristo a la revolución y a tener como ídolos al Che Guevara y Felipe González. Para mí fue un poco lo mismo, Jesucristo y la revolución después, el Che Guevara y en España Felipe González». Es más, luego tuvo la honradez intelectual de comunicarnos que conoció buena parte de la historia de Jesucristo por la ópera rock Jesucristo Superstar, que cantaba en el coro del colegio, porque entonces no estudiaba «religión sino catecismo».
La verdad es que ante tales declaraciones —semejantes por cierto en su contenido y tono a aquellas de doña Leire Pajín (hoy en altos destinos de cobro), cuando afirmaba que el triunfo de Obama era una bendición porque iba a suponer una «conjunción astral» con don Rodríguez Zapatero—, uno se siente Becqueriano y le apetece decir aquello de «Por una mirada, un mundo; / por una sonrisa, un cielo; / por esas declaraciones…».
Porque ¿cómo pueden pagarse esas declaraciones, que provocan la eutrapelia, estimulan el humor, hacen que corran las endorfinas tumultuosamente por el cuerpo? No sé que se le podría dar, pero son tan estimulantes, tan salerosas, que bien podemos pasar por alto la íntima inquietud que, por un instante, nos sobreviene al pensar en la utilidad de tanto dinero gastado en la enseñanza obligatoria. Y hasta podríamos pasar por alto cuánto debe alguna de esas frases, al igual que tantas ocurrencias que pasan por originales, a tópicos de moda en su día. Y si no, miren lo que dijo el general Perón durante sus años de exilio en España, respondiendo a un periodista (ignoro si de la SER) en qué consistía el peronismo: «Una mezcla de Jesucristo, el Che Guevara y José Antonio (Primo de Rivera).
Los estragos de la cultura pop.
Un problema de mundo
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| Debuxu de Pablo García pa La Nueva España del 19/04/12 |
El alumno lee el poema de Ángel González: «Después de haber comido entrambos doce nécoras / alguien dijo a Pilatos: / —¿Y que hacemos ahora?/ Él vaciló un instante, y respondía / (educado, distante, indiferente) / —Chico, tu haz lo que quieras. / Yo me lavo las manos.» De pronto el profesor se da cuenta de que existe un problema. «¿Alguien me puede explicar de qué trata esto o a qué se refiere?», pregunta. Tras la experiencia de ese momento, traslada la lectura y la cuestión a los restantes cursos de 2º de bachillerato. De un total de sesenta alumnos, apenas doce tienen una vaga idea de que la facecia de González hace referencia al episodio evangélico de Jesús y Pilatos; de entre ellos, únicamente uno es capaz de asociar el nombre de Barrabás al suceso (tangencialmente, por cierto, aquella votación de hace veinte siglos invita a alguna melancólica reflexión sobre la democracia, pero es ello harina de otro costal).
Esa súbita revelación sobre el texto del autor de «Prosemas o menos» (irónicamente, su título es el de «Final conocido») lleva al docente a recordar otras experiencias semejantes. Hace tiempo, por ejemplo, que conoce que cuando con más o menos entusiasmo (profesoral, literario o de otro tipo) recita el «Vientos del pueblo» de Miguel Hernández, ha de enfrentarse al hecho de que prácticamente ninguno de sus alumnos saben lo que es un yugo y de que, mucho menos, lo asocian a imágenes, emociones o conceptos de sumisión. De la misma manera, el contraste que el poema del de Orihuela establece entre «bueyes» (con sus connotaciones de «docilidad» y «mansedumbre») y «toros» («fiereza», «orgullo», «rebelión») es tan ignoto para ellos como lo sería la existencia del continente americano para aquel Pintaius nuestro que se nos fue a ganar el pan (¡mira por dónde, qué anticipado!) y a morir a la Germania, en el siglo I de nuestra era.
Creo que he expuesto en otro lugar lo ocurrido a mi entrañable amigo Lluis Ánxel Núñez con su hija. Tras contarle el andersiano cuento de «La cerillerina» («La vendedora de fósforos», por otro nombre) tuvo que explicarle al retoño qué era una cerilla y para qué servía. Cuando lo consiguió, la niña preguntó que para qué quería encender nadie fuego en una casa.
En todas las épocas, el mundo de cada generación no ha sido otro que aquel que comenzaba con sus doce o trece años, y lo anterior lo han visto siempre como una sombra incorpórea de escasa tangibilidad, cuyo relato por parte de los mayores, por otro lado, era percibido en calidad de «consejas de las viejas junto al fuego».
Pero a lo que en este momento asistimos es a cosa muy distinta. No es la cuestión tópica (y más inane de lo que parece) de «las nuevas tecnologías», no, sino un problema de radical trascendencia. Se trata de que el mundo compartido durante siglos por decenas de generaciones —probablemente desde la invención de la ganadería y la agricultura, en todo caso, desde Roma hasta hace poco— ha desaparecido: lo que antes era una comunidad secular de datos, de puntos de vista, de emociones y sensaciones, de juicios y prejuicios a ellos unidos se ha evaporado. Y, con ello, se han hecho intransferibles, intraducibles, todas las construcciones culturales —con sus emociones, sus presupuestos, sus valores, las críticas a esos valores y presupuestos— del pasado. La desaparición de cualquier conexión de conocimiento con la cultura religiosa cristiana —dominante al menos desde el siglo IV d.C. en Occidente— es solo un aspecto de esa calamidad.
Porque es posible mostrar a un joven un yugo, un buey o un toro o una cerilla y explicarle su uso, su conducta o su utilidad y los significados simbólicos a ellos unidos. Pero hacer que eso sea una vivencia, un dato primario de la experiencia encarnado en su psique, es imposible. Para él no será más que una vaga noción abstracta y evanescente, una sombra de sombras con escaso interés.
He ahí uno de los problemas o dramas del presente: la ruptura casi absoluta —en Occidente y en el mundo industrializado— con el mundo que fue sustrato vivencial y saber meramente experiencial —cultura común, pues— de todas las generaciones a lo largo de muchos siglos.
¡ASTURIES, MUNDIAL! (coyuntura y tradición)
«Nada es lo mismo, nada / permaneces. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra. / Se hacen las dos con sangre, se repiten.»
Sorprendo a mi trasgu particular, Abrilgüeyu, con una trasga cuyo nombre averiguo en el transcurso de la conversación, y cuyos, por cierto, encantos sospecho que harán peligrar la virtud de Abrilgüeyu. Arrimados a un barracucu, al pie de un tonel, esto es, transcrito, lo que dicen:
—Mira tú que, al final, van a ser más considerados en Al-Yasira que en las televisiones españolas, esto es, que van a tener más respeto por los muertos y por sus deudos que nuestras cadenas televisivas. Lo digo porque se negaron a emitir los asesinatos del criminal yihadista de Toulouse, que, sobre cometerlos, los grababa. En cambio, cuando siete miembros del CNI fueron masacrados en IRAK en el 2003, aquí no hubo inconveniente en pasar una y otra vez a la gente pateando y saltando sobre los cadáveres de los españoles, sin importarles ni los muertos ni sus familias.—Es que, amigo, entonces se luchaba contra Aznar, enemigo peligroso donde los haya. Y, ante eso, no cabe ningún tipo de pudibundez o componenda: ¡guerra sin cuartel! Pero a mí lo que me preocupa es lo de la familia y lo de los hijos (observo cómo, al hablar, aproxima sus ojos a mi Abrilgüeyu y pone voz meliflua y mirada de cordera degollada). ¿Te acuerdas de lo esa niña de dieciséis años de Jaén cuyo padre fue detenido por prohibirle salir de casa, y que después de escapó del centro de menores? Bueno, pues así va todo. A cada poco aparecen noticias de padres que no pueden controlar a sus hijos y que, encima, se ven procesados por intentar enderezarlos. Otra babayada más de la progresería, que, como dice el tonto ese que nos está mirando pensando que no lo vemos (señala hacia mí de forma descarada), «legisla con las témporas». Ellos quedan bien en la coyuntura con su parroquita, y los demás, ¡que se fastidien! ¿Quién los manda haberlos votado? Así, ¿quién se va a animar a tener hijos? ¿Y cómo vamos a solucionar el problema de la pirámide demográfica? ¡Pero algo habrá que hacer!
Ella se acerca un poco más aún a él y abocina sus labiucos. Veo que Abrilgüeyu empieza a sudar. Tal vez, por ello, cambia de tema.
—Y a ti, Sollertoreya, ¿qué te parece la situación asturiana? ¿No es de comedia? La derecha ha destrozado posiblemente por tercera vez la posibilidad de gobernar (no solo los políticos, los votantes también). Hemos repetido elecciones y probablemente debamos ir a unos terceros comicios, si no es que tenemos que volver a reiterar las elecciones del voto en el exterior.
—Sí, Abrilgüeyín —le dice seliquino—. En realidad, podríamos darle una vuelta al «España es diferente», y formular un «Asturies: ¡ye tan suya!» Aunque todo tiene sus ventajas. Ahora quedará reconocida nuestra especificidad en el mundo. Si hasta el presente se citaba la troquelación de Marx en El 18 de brumario, «La historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa», a partir de ahora se dirá en todo el orbe: «Y la tercera, como morciella, al astúrico modo».
—Pongámoslo en verso, Sollertoreya: «La historia se repite: / de mano ye traxedia; / dempués, una comedia; / y lluegu, a la tercera, / al astúricu modu: / un rutiu de morciella».
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A un "Anónimu non ilustráu" (sobre Ángel González...
Amigu, pola mio parte y la del PAS, toles actuaciones fueren y son públiques; les desplicaciones esplícites y cabales.Otra cosa ye aquello que decía l`Evanxeliu san Matéu: "El que tenga oyíos p`atolenar, qu`atolene".
Pero, y nun va pol amigu ensiertador anónimu, "Nun hai peor sordu qu`l que nun quier sentir", nin "Peor ciegu qu`el que nun quier ver", nin "Peor caleyador qu`el que, pa nun caminar, ta amarradín a aquel roble". Y abonda de símiles, qu`hai más cantares que falen de llimitaciones pa poder facer coses, Antona. Pero la hestoria ye como fue.
Un saludu afectuosu a les 2:08 del 20 de xunu.
Xuan Xosé
A VUELTES CON ÁNGEL GONZÁLEZ, LOS MARCIANOS Y LOS ASTURIANOS ANTIASTURIANOS

El día 14 d`esti mes publiqué un ensiertu (ver puyu del 14 nesti mesmu blog) n`onde, citando a Xuan Bello, dába-y yo vueltes a unes palabres d`Ángel González y, a propósitu d`elles falaba de la esistencia d`un bloque d`asturianos que se caltericen pol so asturianismu contrariu a les señes d`identidá d`Asturies (antiasturianismu, polo tanto), por querer tener la esclusividá na forma de ver, entender y representar a Asturies (y pola so combatividá contra tolo que nun sea la so forma única d`entender Asturies) y, finalmente, por querer ver, nos que somos patriotes asturianos o nacionalistes asturianos o defensores de les señes d`identidá asturianes, por querer ver, digo, en nós o unos mangantes aprovechaos o unos conspiradores de tenebroses (y quiciabis potencialmente sanguinaries) intenciones.
El mesmu día Xuan Bello ensierta nel puyu del 14 una especie de rectificación y d`alderique. En sustancia vien afirmar qu`él nun quería decir lo que yo talanté que decía al citar les palabres lliterales d`Ángel González (que yera posible qu`elli nun acertara al constestualizales o —arreyo yo— que yo ficiera una intepretación inadecuada). A ello añadía dos cuestiones o tres más: la primera, l`asturianismu en munchos aspectos d`Ángel González y Josefina Martínez (a la que trai a colación a propósitu d`una xinta o cena con dambos en ca Conrado) y los erros históricos del asturianismu al nun haber sabido sumar a esta xente; de mou y manera que, venía a decir, la culpa del antiasturianismu militante d`una parte importante de la sociedá asturiana —y del desalcuentru con ella— tendría sido culpa del asturianismu (nun diz si del políticu, si del académicu, si del políticu-militar o si del políticu-metafísicu). Y asela, a mou y manera de conclusión, asegurando que nun deberíen los asturianistes de güei asumir pelees y situaciones que fueren culpa d`otros n`otros tiempos, pelees y situaciones —suxer Xuan— de los que, ensin ser los culpables, vendríamos a ser toos víctimes y, en parte, responsables, por apiegamos a elles.
Quiero aclarar en primer llugar que, por razones esperienciales y vitales, yo a Xuan Bello téngo-y afectu, como-y lu tengo a otres munches persones (por exemplu, del PSOE o de IU) coles que nun comparto nin la so visión del mundu, nin la so postura política y que creo que, amás, na so práctica política, vienen faciéndo-y a Asturies (siquier pol llucru cesante) un gran dañu. Pero eso nun tien ná que ver con que-yos tenga afectu y amistá. Sobre ello, yo a Xuan tengo-y un gran respetu: porque escribe y fala n`asturianu siempre y bien; porque, pudiendo tener escapao d`esa situación (que, dicho a les clares, ye de casi marxinalidá social), nun lo fai, y eso qu`elli, pola so proyección española, podía facelo.
Afitao esto, yo creo que Xuan Bello ta enquivocáu en casi tou. Y creo que merez la pena retruca-y, polo tanto (“polo tanto” quier decir que nun sólo porque tan un erru, sinón porque-y tengo respetu). Pero además creo que convién arrepostia-y por otres tres razones perimportantes: por respetu a la verdá histórica, por respetu a un númeru importantísimu de militantes asturianistes (en xeneral y especialmente, del PAS) y, en tercer llugar, porque les nueves xeneraciones nun tienen que quedase con una visión de la historia d`Asturies falsa nos datos y errónea na interpretación de la historia y na narración de la mesma.
De mano, ¿en qué tien razón Xuan Bello? En dos coses, en qu`una parte del asturianismu, en concretu, el institucional-cultural, inxamás fizo nada por arreyar a la causa asturianista a la xente indiferente u hostil, ye más, fizo tolo posible por tar enfrentáu con tol mundu, por convertise nuna secta y por cerrase a cualquier relación social que nun fuere los de los comulgaben al 100 % col discursu de la secta y seguíen al 100% el discursu que desurdía de la fontasca de la secta. Y ye tamién verdá que parte de los conteníos d`esi discursu provenían de guedeyes y griesques intramuros d`un llimitadísimu númeru de les cabezaleros de la secta.
Pero, dicho ello, hai que decir que la mayoría del asturianismu, esto ye, de los ciudadanos d`a pie asturianistes, de los simpatizantes y de los militantes siguió con entusiasmu`l discursu sectariu, acató les sos consignes y fue feliz nel seguimiento d`esi perestrenchu caneyu hestóricu qu`ellos creíen qu`empobinaba a la Xerusalén celestial. Y, PARALELAMENTE, TOA ESA TROPIELLA DESPRECIÓ, INSULTÓ, PERSIGUIÓ Y SAMBENITÓ AL ASTURIANISMU QUE SÍ FIZO ESFUERZOS POR INTEGRAR A LA SOCIEDÁ ASTURIANA Y INTEGRASE N`ELLA Y ESA XEREMANDÍA TRABAYÓ TOLO QUE PUDO PA QUE, ENANTES QUE-Y FUERE BIEN A LOS RÉPROBOS (L`ASTURIANISMU QUE VIVÍA NEL MUNDU), NOS FUERE MAL A TOOS, PUES SÁBESE QUE NÁ CONFORTA TANTO CUANTO L`ABELLU LA SECTA (Y CUANTO MÁS ROÍN MEYOR) Y L´ARGAYU DE LOS QUE NUN QUIEREN SOMETESE A LA SECTA Y —SEGÚN PIENSEN LOS PROFESOS— DEBERÍEN TAR DIENTRU D`ELLA. Y, ASINA, EL CAMÍN HACIA LA XERUSALÉN TRIUNFANTE SUSTITÚYESE POL BASTIR Y AFARAR CUALQUIER CONSTRUCCIÓN QUE TRATE DE LLEVANTASE FUERA DE LOS MURIOS Y QUE, AL ESISTIR, DENUNCIE LA NULIDÁ Y LA FALSEDÁ D`UNA SECTA QUE NUN LLEVA MÁS QU`AL DESASTRE A LOS SOS CREYENTES.
Pero dicho eso, qu`asocedió asina, hai que decir que nun foi culpa de ningún asturianismu —de ningún, vamos repetilo— el qu`una parte de la sociedá asturiana, tanto d`izquierdes como de dereches, fuese profundamente antiasturiana (o, si se quier, antiastuturianista, que ye lo mesmo). Y esa forma de ser nun tuvo ná que ver colo que fexo o pudo facer l`asturianismu (el de la secta y les alucinaciones o cualquier de los otros), sinón que yera fonda, terriblemente fonda y previa y, además, dotada de tol poder; de mou y manera que, por exemplu, les sos burlles y mentires contra l`asturianu y los sos llevantos contra los asturianistes, el so discursu contra la llingua, la so voluntá contra qu`Asturies sea y signifique daqué n`España triunfaren, corrotaren y tuvieren ésitu social.
Tengo en parte desplicao desayaqué a qué se debe esa postura, entre otres coses (dicho en breve) a la voluntá de tener dos representaciones al mesmu tiempu: una xeneral n`España como españoles d`ésitu, otra particular, tamién n`España, como la representación peculiar d`Asturies. Agora bien, si, camudando les coses, ya nun se puede ser asturianu ensin selo (esto ye si les señes d`asturianidá yá nun son únicamente les de la españolidá) ye evidente qu`eses persones nun pueden yá sopelexar nel Estáu esa doble representación. Sobre les cuestiones emocionales, de representación, d`identidá personal (y, perescasamente, de negociu) que d`ehí desurden fago gracia al llector, que va saber desendolcales y desenduviellales él solu.
Finalmente, y como demostración patente de lo que digo. ¿Fue l`asturianismu`l que convirtió n`antiasturianu al PSOE? ¿Fue`l PAS el que fexo que nel gobiernu d`Areces s`allugue el mayor númeru d`odiadores de les señes d`identidá d´una cumunidá que pueda haber en toa España? ¿Fue l`asturianismu`l que fexo de la FSA y del PP la reservá d`españolidá d`Occidente? ¿Ye l`asturianismu`l qu`afala y obliga a que na televisión asturiana nun se pude usar l`asturianu más que pa reíse d`él?
¿Pa qué seguir? A pesar de la so bona voluntá, les coses nun son —nun fueren— como les cuenta Xuan Bello. L`odiu a tolo asturianu (o, si se quier, y más reducío, a lo que constituye les señes d`identidá asturianes, dende la cultura a la política) nun ye una consecuencia de l`actuación asturianista (de dala triba d`elles, de dalu los sos militantes, de dala de les sos concreciones institucionales o polítiques), ye un mal autónomu, vieyu y xeneral d`esta sociedá (y engaféntase nos individuos que tán nel poder o tienen puxu social).
Y, por volver a repetilo, el sectarismu, el seguimientu de consignes sectaries, la persecución engafentada y despreciu hacia l`asturianismu normalizador fue (y, tarrezo, sigue siendo) tamién enfermedá común, pero, agora, ente los autodenomaos asturianistes, parte complementaria d`esa medalla de dos cares que vien ser l`antiasturianismu oxetivu, la negación política de la posibilidá d`Asturies.
Hai una Asturies antiasturiana d'estraterrestres

Cuenta el mio amigu Xuan Bello (EL Comercio, 11/01/09) cómo nuna ocasión, na metada d'una reunión social, Ángel González (el poeta, non "el revolucionariu") acercóse a él y, nun aparte, entrugó-y: "que qué era eso que pretendíamos hacer con los bables".
Cualquier que tenga cierta edá o un poco de conocencia de la hestoria reciente d'Asturies tien d'alcordase d'aquel famosu artículu "Conceyu bable: la caperuza del ku-kux-klan", asoleyáu nos años 70 na Nueva España y onde un prócer acusaba a Conceyu Bable (acusábanos) de ser nada más y nada menos que la mázcara qu'enmazcaraba un movimientu poco menos que la ETA.
Siempre esa idea de que detrás del amor a la patria tien qu'haber una estremada negatividá, una voluntá violenta.
Pero esa idea nun reflexa la realidá, espeya, más bien, la mentalidá del que la diz: ye tantu'l so ascu hacia tolo asturiano, el so tarrecimientu de lo que son la nuestra cultura y la nuestra identidá, que nun talanta que naide pueda quereles, querer a Asturies, sinón ye por otros escuros motivos.
Pero les palabres d'Àngel González (magníficu poeta, ensin dulda) ponen de relieve lo que ye l'actitú, lo que fue l'actitú hestórica d'una parte importante de la sociedá asturiana onde s'amesten señoritos y intelectuales, la idea de qu'Asturies ye lo que digan ellos; más: qu'Asturies son ellos (que son precisamente "la non Asturies", "la negación de l'Asturies identitaria"), y, poro, el so tarrecimientu, la so rocea, el so malestar, el rechazu a que pueda esistir otra Asturies que nun sea la qu'ellos creen que ye y pala que se sienten cola autorización esclusiva pa definir y pa representar de mou y manera escluyente.
En resumen, ye un problema d'autoritarismu y de falta de comprensión de la pluralidá. Y, por supuestu, de falta d'amor a la cultura asturiana, de la que tienen la mesma visión que podía tener un marcianu.
Ye esa asturies Asturies, que vivió, que vive y que tien la so másima representación nel Gobiernu (¿asturianu?).
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