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CONTRA LA EXISTENCIA DE ASTURIES

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            CONTRA LA EXISTENCIA DE ASTURIES (22/09/2005)

En los primeros años de nuestra era, a lo largo de la muralla de Adriano, que separaba la Britania romanizada de lo que hoy es Escocia, se disponían una serie de guarniciones militares, de las que tenemos noticia a través de diversas fuentes. Entre aquéllas, la llamada Ala Primera de los Ástures (“Asturians”, escriben los historiadores ingleses) en lo que es hoy Benwell; la Segunda de los Ástures, en el actual Chesters. Significativamente, la Primera Cohorte de Hispanos (“Spaniards”) tiene su ubicación en otro lugar de la misma línea defensiva. (No puedo dejar, por cierto, de anotar que, empujados por la señardá, aquellos antepasados nuestros llevaron consigo a Inglaterra un vástago de su patria, una pequeña enredadera, la Erinus Hispanicus, un endemismo asturiano, cuyos zarcillos esguilen hoy todavía por las viejas piedras de Chesters).
Las actuales excavaciones de La Carisa nos han hecho ver que, algunas décadas antes de la invasión romana, los asturianos poseían (esto es, poseíamos) una fuerte estructura social que les / nos permitió organizar una poderosa y duradera resistencia militar contra Roma. <<La Carisa demuestra que los astures ya tenían identidad social y territorial hace 2000 años>>, dice el General Francisco Ramos Oliver, en declaraciones a la Nueva España, a principios de septiembre.
Ocuparía mucho espacio una brevísima exposición de momentos históricos en que nuestra identidad como pueblo se documenta por propios o ajenos. Dejaré constancia aquí de tres: el Poema de Almería (en torno a 1147) donde se señala que acude al combate <> con sus tropas, junto a otras del Reino; la Crónica Pelayana, para la cual los asturianos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios (<>); el testamento del Rey Casto, que señala que la victoria de Pelayo <> (asturiano, no otro).
De modo que, a lo largo de los siglos, la conciencia de una singularidad de los asturianos como pueblo ha sido siempre una evidencia, tanto entre la gente común como entre los intelectuales. Desde el último tercio del siglo XIX, sin embargo, se suceden proclamas que niegan la existencia de una colectividad asturiana, de alguna singularidad histórica o cultural suya o del derecho a tenerla.
Esos comportamientos se manifiestan de mil modos, unas veces de forma explícita, otros mediante una sutil ocultación de la realidad. Así, frente a la evidencia de La Carisa (y otras muchas) el discurso oficial ha sido siempre –—y sigue siendo— el de que no hubo nunca una Asturies anterior a Roma, sino solo una serie de tribus desagregadas (y borrables, por tanto, del mapa y la memoria sin mayor pena), con el único vínculo común del territorio. Lo ejemplifica perfectamente el comportamiento de la inteligentsia regional a propósito de una exposición organizada durante el gobierno de don Antonio Trevín: Ástures, pueblos bárbaros en la frontera del Imperio, se denominaba. En contraste, una muestra del mismo género en Cantabria llevaba por título el de Cántabros, el origen de un pueblo.
Ese mismo menosprecio o afán por evitar cualquier elemento que pudiese reflejar una consciencia de lo asturiano se hizo patente igualmente en el nulo interés que los ponentes estatutarios tuvieron en cambiar el nombre de “Provincia de Oviedo” por el de “Asturies” (lo propuso quien esto firma) o en los más de diez años en que nuestras mayorías parlamentarias llamaron al gobierno “Gobierno regional”, evitando cuidadosamente el nombre de nuestro país (frente a lo que, por ejemplo, hicieron nuestros vecinos, titulándose “Gobierno de Cantabria”). En el colmo del despropósito, una ciudad, Xixón, levanta una estatua al exterminador y depredador (Augusto), en el entendimiento de que vino a traernos la luz, frente a las tinieblas que ellos (los asturianos, es decir, nosotros) representaban. En otras ocasiones, ese tipo de mentalidad no se limita a ocultar la evidencia o a mistificar la realidad, sino que se entrega a vehementes ataques contra lo asturiano o sus valedores (un ejemplo clásico de ello es Clarín; muestras hodiernas las encontrarán ustedes en su memoria más reciente).
El tipo de gente que se entrega a esa vehemente —y a veces sañuda— lucha contra lo asturiano suele definirse por uno o dos de estos rasgos: pertenecen a las élites intelectuales o de poder que se mueven en el amplio marco del Estado o que aspiran a triunfar en él; no son nacidos en Asturies. Los partidos políticos estatales son una especialización vehicular de estos trabajos de negación de lo asturiano y de estas aspiraciones a borrarnos de la faz de la tierra como colectividad actuante, esto es, como pueblo.
Los bienintencionados podrían pensar (o excusarse con ello los de la cuerda y sus beneficiados) que, a fin de cuentas, esa negación o ese poner en solfa la asturianidad no tiene otro interés que el emotivo, el cultural o el romántico, y que pocos efectos prácticos tiene esa hostil y terca negación. ¿Qué más da, argumentarán, que, por ejemplo, nos llamemos oficialmente Asturias o no? Aun suponiendo que las emociones, la historia, la cultura, el sentimiento y la memoria colectivos no tengan importancia alguna, se equivocan.
En primer lugar, porque podrían citarse muchos casos en que, al hacer tabla rasa de la identidad asturiana (o de sus peculiaridades, si ustedes quieren), se han dañado los intereses concretos de miles de asturianos. Dos muestras nada más: la arbitrariedad de negar un derecho foral asturiano ha damnificado expectativas y derechos de individuos y familias;  igualmente, el hacer tabla rasa de las peculiaridades de nuestro “derecho” en materia de montes ha incentivado la ruina de muchos, ayudado a la despoblación rural, generado desidia en su cuidado, incentivado incendios sin cuento. Perjuicios y agravios múltiples a lo largo de muchos años por el prejuicio de no aceptar la realidad asturiana como es y, por tanto, no defenderla.
Pero es que, además, convenientemente manejada por los partidos centralistas, esa mentalidad ha causado la falta de visión de cuáles son las prioridades asturianas y, por tanto, ha provocado la indefensión o el conformismo colectivo, pretiriendo nuestros intereses en función de los ajenos (videlicet, apoyando las pretensiones catalanistas, que redundan en contra nuestra) o lanzándonos a locas aventuras de sangre como vanguardia cuya realidad pesa poco en la balanza del Estado (tal el 34).
Y, en último término, ¿alguien juzga separable este nuestro caer los últimos tiempos, año tras año, en los parámetros de empleo, actividad económica y bienestar, de esa mentalidad que niega la identidad de Asturies como pueblo, y aun como cosa a considerar en sí, y la somete a intereses y empresas siempre tenidos como más altos o importantes?
No. Quienes niegan o atacan nuestra identidad y nuestra existencia como pueblo no menoscaban un concepto o mancillan una emoción. Su víctima no es el ente  abstracto de Asturies, sino que lo son los concretos e históricos ciudadanos asturianos.


ADDENDA: EN LA DÉCADA DE 850 COMIENZA A HABER UN ÉXODO HACIA ASTURIES DE LOS MOZÁRABES: «Así lo dice expresamente la Rotense al hablar de la repoblación de las ciudades de León, Astorga, Tuy y Amaya Patricia, «de antiguo abandonadas», a las que Ordoño «llenó de gentes, en parte de las suyas, en parte de las llegadas de España». Y esa España, en las crónicas de ese período, era el territorio bajo dominio musulmán». 

Puesto que no queremos ser

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Abro la Nueva España del 02/11/2012 y me encuentro reunidos en un solo día tres ejemplos iluminadores de nuestro problema particular, nuestro problema de ser asturianos, que es un elemento permanente de nuestra continua decadencia y destrucción como sociedad y constituye una variable independiente de las otras que hoy nos afligen, la financiera y la productiva. Porque, desde hace décadas, cuando las cosas van bien en España a nosotros nos van regular; cuando mal, peor. ¿Hace falta recordar acaso que nuestras altas tasas de paro en comparación con otras regiones industriales, nuestra baja tasa de actividad y las enormes dificultades de empleo de nuestra juventud no son fruto de esta coyuntura?

Pero vengamos a esas epifanías dolorosamente iluminadoras del segundo día de mes. He aquí un artículo de mi amigo Emilio Serrano Quesada, «La industria agroalimentaria en Asturias». ¿Qué nos dice? Pues que «ni los comerciantes, ni los ciudadanos ni la Administración apostamos por nuestros productos, como hacen otras autonomías». Y se pregunta: «¿Por qué seguimos en el tiempo con esa consigna indiferente en no dedicarle atención a nuestros productos?» (Un paréntesis: vayan ustedes a un restaurante de la comunidad menos «identitaria» de España, al menor de sus pueblos, intenten que les pongan con la comida agua que no sea de allí, no lo verán. Vayan ustedes a la mayoría de las casas de comidas de esta región, será inútil que pidan agua del país: no la tendrán).

En otra página, el propietario de un vino de Cangas prestigiado por su calificación en una afamada guía de vinos se queja y habla de su producto y de los de Cangas en general: «Dicen que nadie es profeta en su tierra, y en este caso no puede ser más verdad. En Asturias, en general, no se creen este vino [el de Cangas], y bajas a Madrid, o sales a sitios como Mallorca o Suiza y todo son alabanzas».

Veamos otra cara del problema. Sección local. He aquí un Erasmus estadounidense, George Delgado, que estudia en Vigo. Se encuentra de visita y afirma: «Nunca había oído hablar de Oviedo, y eso que conozco los premios Príncipe de Asturias». ¡Anda!, ¿pero no nos era tan útil ese acontecimiento anual? ¿No nos servía para proyectar en el mundo la imagen de Asturies y de la capital? Pues, como he dicho siempre, no: con respecto a nosotros, los premios suceden en un no-lugar de España. Y uno recuerda, al respecto, cómo, puestos a dotar al acto de su color local, quienes lo retransmiten por la televisión suelen hablar de los «gaiteiros» y de la «sidriña».

Es entonces cuando recuerdo que, justo el día anterior, el día de Todos los Santos, Pola recibía en su programa, «La quintana de Pola», a Maxi Rodríguez, para hablar de un libro de este, «¿Cómo ye lo nuestro?». En él cuenta que, con ocasión de estar en un bar en Madrid, el camarero se empeñó en que Maxi era gallego; cuando, al final, a regañadientes, aceptó que era asturiano, le dijo en un intento de empatizar: «lo sé, “vaquiña”, “sidriña”, “coroña”». Y Pola concluía, en el estilo Pola: «nun nos conoz ni Dios».

He ahí otra parte de lo que nos pasa: pese a nuestra babayería de que «Asturias es España y lo demás tierra reconquistada» o de nuestra presunción de singularidad por Pelayo o el 34, nuestra existencia para los demás es ninguna, somos unos perfectos desconocidos en España, y no digamos ya en el mundo.

Y lo somos porque lo queremos ser. Nuestras elites juegan, en general, el papel de vicarias de Madrid, repiten sus discursos, eructan sus tópicos, siguen sus consignas, sin importales el daño o trastorno que aquí puedan causar o su absoluta inutilidad para nuestra tierra. Más penosa es aún su actitud cuando creen ser la conciencia intelectual del Estado o se comportan, incluso, como la «reserva espiritual» de su ideología o facción (por poner, creo que era Arcadi Espada quien recordaba hace poco que el PSOE ya solo era tal en Asturies, que constituía el único lugar donde no era «Partido socialista de…», sino FSA) o cuando corren a «salvar el mundo», por ejemplo, a Cataluña, traicionando los intereses de los asturianos. La gente común, por lo demás, se limita a interiorizar los tópicos que les insuflan («No pintamos nada, somos menos que un barrio de Madrid») y a humillarse en el conformismo o a culpar a los demás de que «no nos ayudan». En todo caso, en todos ellos, una actitud común: borrar cualquier peculiaridad de nuestra historia, ocultar nuestras singularidades culturales, acallar cualquier cosa que nos pueda hacer diferentes; sino burlarse de todo ello o menospreciarlo.

Las consecuencias están a la vista, no son un vector menor de nuestra permanente y progresiva ruina económica. ¿Por qué, pongamos, creen ustedes que nuestro turismo presenta cifras alarmantes de descenso frente a otras comunidades de la España Verde, como Galicia o el País Vasco? Pues, entre otras razones, porque ellos exhiben su diferencia, como entidad política colectiva y como poseedores de peculiaridades, desde las culturales a las gastronómicas, y nosotros las ocultamos o menospreciamos.

Díganme, ¿a causa de qué nadie iba a poner sus ojos en un lugar que no ve y, a verlo, no le ofrece nada distinto, salvo quizás su enorme parecido con la Madrid profunda, de cuyos museos y riqueza cultural y social, por otro lado carece?

No queremos ser y eso es lo que somos. Y así nos va.

¡L'Asturies de la ignorancia y los complexos!

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Domingu, seis y picu la tarde. La Sexta dos. Reportaxe en Cuideiru. Visítase una tienda de productos asturianos (el nome la cuala nun voi a decir). Fala una muyer (nun voi decir tampoco'l nome). Diz: "-Queso d'afuega'l pitu, que en castellano es y se llama de "ahoga el pollo".

Esto ye Asturies: la ignorancia enciclopédica al serviciu del complexu d'inferioridá y del antiasturianismu.

¡Esto ye lo que somos! ¡Asina nos va! ¡Pa qué comentar nin decir ná?

Tan estremaos ...tan parecios

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¿Entovía creen dalgunos que lo d'Echanove y Imanol sobre'l prau qu'atrapa yera una broma inocente?

¿Un bilordín intrascendente? ¿Una chancia eutrapélica?

Convendría que conociésemos un poco d'historia y un migayín de la realidá.

P'acabar col tema d'Imanol Arias y Juan Echanove nel programa de la televisión pública "Un país para comérselo" sólo reflesionar como personaxes tan dispares y aparentemente estremaos, son identicos según pa que coses:
  • O les opiniones de Federico Jiménez Losantos que pongo EQUÍ abaxu:


La rempuesta de don Juan Ramón Lucas

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LA REMPUESTA, UN POCO EMBERRIACADA, UN DAQUÉ AFUMIADA Y UN MIGAYÍN MAL EDUCADA DE DON JUAN RAMÓN LUCAS

Agora resulta que l’ofendíu ye don Juan Ramón Lucas. Emberriacáu, afumiáu y de mal tonu.




[Si nun furrula bien el reproductor, pues dir: EQUÍ]

Lo primero, y como siempre en toes estes graciosaes como la que dio aniciu a esta cuestión, ye señalar que la causa del enfadu de los ciudadanos ye esi decir babayu como si fuese seriu. Esi atribuir un falaxe faltosu (o coloquial-pseudorural, solo ente faltón y de monólogu, en puridá) pa un decursu, pa un mensaxe, que debería producise n’estándar. Lo primero, digo, porque ¿faríen la mesma faltosada en catalán, en gallegu o n'euskera? ¿A que non? Pues ta desplicao too con ello: por qué s’enfaden los asturianos, por qué llamen al programa de don Juan Ramón protestando.

Por qué él nun entiende nada y por qué se siente ofendíu tien otra desplicación: ye complexa y ye de grupu o clase social. Pa facelo cenciello: petenez a lo que podíamos llamar el “señoritismu asturianu” (incluye asturianos y foriatos) y cree que la cultura asturiana ye roína, aldeana y val pa pocu. Si se mira pa ella, ye pa facer con ella chistes y graciosaes.

Otra cuestión, finalmente. Nin equí, nin nel PAS facemos inxamás “campañes”. Puede creéseme o non. Equí pon ensiertos el que quier y colo que se diz nel blog reacciona’l que quier. Y, al respective del PAS, si se sospecha d’ello –que nun tengo por qué pensar que nello piense don Juan Ramón-, pues pa mexar y nun char gota: ¡como si nun tuviéremos más que facer!

En tou casu, don Juan Ramón y los suyos deben camentar que, si les reacciones son espontánes, que lo son, daqué razón tendrán.

Y torno al principiu. ¿Fadríen esto col catalán, el gallegu, l’euskera, etc. en Radio Nacional? La respuesta ye non. Pues ehí ta tola cuestión. Si don Juan Ramón y los suyos nun lo ven, pues ye que nun fain más que confirmar el diagnósticu enriba espuestu y afalar, asina, l’enfadu de los asturianos que quieren a la so tierra d’una forma “normal”, esto ye, nun tomando la so identidá como materia de chancies degradadores.

Y, polo demás, a don Juan Ramón y al so equipu, un saludu; éxitos nel programa y, espero, nun volver a repetir coses que, pa munchos, son ufienses.


¿Qué pasaría si ....?

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Esto ye una especie de concursu.

SITUACIÓN: Periodista de prestixu na Radiu pública española, n'horariu de másima audiencia (el presuntu asturianu, Juan Ramón Lucas nel programa "En Días Como Hoy" de 06:00 a 12:00 -de llunes a vienres- en Radiu Nacional d'España)

ENTRUGA:
  • ¿sería posible esti "chiste" con otros ciudadanos del estáu español?
de producise'l presuntu chiste,
  • ¿cómo seríen les reacciónes del gobiernu, partios políticos, medios de comunicación, ...? que representen a esos ciudadanos.





Si nun furrula bien el reproductor, pues dir: EQUÍ

Un llibru (defectuosu y revelador) de la Jjjunta Gggeneral

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Nel 2008, con motivu del segundu centenariu de la proclama antinapoleónica pola Xunta Xeneral del Principáu, la Jjjunta Gggeneral del Principadooo celebró una esposición sobre dellos asuntos y personaxes de daquella. Con un puntu de vista un migayín asturianu la esposición tendríase fecho d'otra forma; pero, en fin, nuna Jjjunta Gggeneral del Principadooo tan poco asturiana y ocupada por partíos centralistes-madrileñistes eso yera materia imposible, como pedi-y peres al olmu o fragancia al cuchu.

Pero vamos dexalo de llau y venir a otra cosa: nel 2009, la propia Jjjunta editó un llibru-catálogu onde se recoyía aquella esposición, del que ye responsable la Directora de la Biblioteca de la Jjjunta, doña Josefina Velasco Rozado, que, per otru llau, vien faciendo un magníficu trabayu como tala.

Agora bien, el llibru-catálogu contién un par de despropósitos que son, en realidá, illegalidaes. De mano, vamos dexar pa prau el que'l testu tea na más que nuna de los dos llingües del país, en castellán (y nun ye poca cosa dexalo pa prau, porque si n'Asturies nun miramos pa l'asturianu, ónde lo van facer, ¿n'Andalucía? ¿En Grecia? ¿En Caggtilla-La Mancha?).

Pero, amás d'eso (y nun ye cosa roína), ocurre que tolos topónimos del testu tán falsificaos, esto ye, en castellanu, cuando la Llei d'Usu y Promoción (afalada pola mio persona y pol PAS, por cierto), aprobada nel 1998 na Jjjunta, establez tasativamente que: “Los topónimos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional.” (art. 15)

Per otru llau, tanto'l Muséu de Belles Artes d'Asturies, como el Muséu del Pueblu d'Asturies tienen, al menos, una denominación billingüe oficial (que, por cierto, yo tamién empobiné como representante del PAS). L'aprobación de la primera de les denominaciones aprobóla nel so día la Xunta Gobiernu la institución rectora'l Muséu, onde ta representada la Jjjunta. La segunda, aprobóla, a iniciativa del PAS, la propia Jjjunta Gggeneral del Principadooo.

Pero val más asina: que quede ñidio y bultable que la política y les instituciones asturianes tán nes manes nun sólo de partíos palafreneros de Madrid, sinón en manes de xente con cultura y mentalidá castellano-centralista-mesetaria.

Porque doña Josefina, a la qu'estimo, nun ye la responsable última d'esti disparate cultural y d'esta moñicada llegal: podemos entender que, nesti aspectu, llimítase a facer lo que-y manden. Responsables, sonlo los partíos y les persones (IU, PP, PSOE) que nun solo dieren l'aprobación a too ello, sinón que lo aplaudieren coles oreyes. Porque, ¿qué son ellos más qu'eso? Y son tan ello, que —de xuru— nin siquier cayeren na cuenta de la moñicada o s'estrañaren d'ella. Los primeros, los d'IU, que tanto mienten y enfallenten, ente paraxismos y ximuestres.

¡Y que son Gobiernu!

Asina somos / Somos así

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¿Que qué o cómo somos? Pues como queremos ser. Por eso no pintamos nada políticamente, ni nadie sabe de nosotros. Por eso se burlan una y otra vez de nosotros, en nuestra cara.

No porque seamos menos que un barrio de Madrid, o porque tengamos muchos jubilados, no. Sencilla y terriblemente: porque no queremos ser, porque nos avergonzamos de nosotros mismos, porque nos consideramos "una ... pinchada en un palo".

Últimos tres ejemplos de una riestra infinita en número y eterna en el tiempo:

a) Martes, ocho. Cadena Onda Cero. Primeras horas. Ronda de corresponsales: el de Extremadura, entre otras informaciones, apunta que es "el Día de la Comunidad / de Extremadura". El de Asturies, habla del tiempo y de una caxigalina más. No le parece que tenga algún interés para nadie saber que es del Día de la Comunidad o de Asturies. Naturalmente, a lo largo de la mañana, Herrera y otros contertulios tienen una mención especial para la celebración extremeña. ¿La nuestra? Desde aquí hemos decidido que no somos nadie.

b) Miércoles, nueve. Noche. La Lupa de Juan Neira. A lo largo de toda la entrevista con don José Ramón Quirós García, consejero de Salud y Servicios Sanitarios, éste habla siempre de "nuestra Comunidad Autónoma" procura evitar los términos "Asturias/Asturies" y "Gobierno Asturiano". Se trata -del mismo modo que en pasado se decía "Gobierno regional"- de eludir el vocablo que pudiera designar una realidad molesta, la propia realidad asturiana, y, sobre todo, limitarse a una designación administrativa, evitando la denotación política: "Asturies" o su adjetivo "asturiana".

c) Jueves. Diez. Cadena Onda Cero. Primeras horas. Declaraciones de don Francisco González Buendía, consejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras. Habla de la regasificadora de El Musel y de la Zali, y señala su importancia "para nuestra Comunidad Autónoma". Otra vez lo mismo: se trata de reducir nuestro ser, de eliminar nuestra dimensión histórica, social y política, para reducirla a una mera entelequia administrativa, a una vaga oficina del Estado central perdida entre la niebla.

Otra vez: somos lo que queremos ser y eso que queremos ser es bien poca cosa, "una ... pinchada en un palo". Pero esa responsabilidad no es sólo de quienes nos gobiernan, lo es, sobre todo, de quienes, a través de su voto, se reducen a sí mismos a la nada.

A VUELTES CON ÁNGEL GONZÁLEZ, LOS MARCIANOS Y LOS ASTURIANOS ANTIASTURIANOS

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El día 14 d`esti mes publiqué un ensiertu (ver puyu del 14 nesti mesmu blog) n`onde, citando a Xuan Bello, dába-y yo vueltes a unes palabres d`Ángel González y, a propósitu d`elles falaba de la esistencia d`un bloque d`asturianos que se caltericen pol so asturianismu contrariu a les señes d`identidá d`Asturies (antiasturianismu, polo tanto), por querer tener la esclusividá na forma de ver, entender y representar a Asturies (y pola so combatividá contra tolo que nun sea la so forma única d`entender Asturies) y, finalmente, por querer ver, nos que somos patriotes asturianos o nacionalistes asturianos o defensores de les señes d`identidá asturianes, por querer ver, digo, en nós o unos mangantes aprovechaos o unos conspiradores de tenebroses (y quiciabis potencialmente sanguinaries) intenciones.

El mesmu día Xuan Bello ensierta nel puyu del 14 una especie de rectificación y d`alderique. En sustancia vien afirmar qu`él nun quería decir lo que yo talanté que decía al citar les palabres lliterales d`Ángel González (que yera posible qu`elli nun acertara al constestualizales o —arreyo yo— que yo ficiera una intepretación inadecuada). A ello añadía dos cuestiones o tres más: la primera, l`asturianismu en munchos aspectos d`Ángel González y Josefina Martínez (a la que trai a colación a propósitu d`una xinta o cena con dambos en ca Conrado) y los erros históricos del asturianismu al nun haber sabido sumar a esta xente; de mou y manera que, venía a decir, la culpa del antiasturianismu militante d`una parte importante de la sociedá asturiana —y del desalcuentru con ella— tendría sido culpa del asturianismu (nun diz si del políticu, si del académicu, si del políticu-militar o si del políticu-metafísicu). Y asela, a mou y manera de conclusión, asegurando que nun deberíen los asturianistes de güei asumir pelees y situaciones que fueren culpa d`otros n`otros tiempos, pelees y situaciones —suxer Xuan— de los que, ensin ser los culpables, vendríamos a ser toos víctimes y, en parte, responsables, por apiegamos a elles.

Quiero aclarar en primer llugar que, por razones esperienciales y vitales, yo a Xuan Bello téngo-y afectu, como-y lu tengo a otres munches persones (por exemplu, del PSOE o de IU) coles que nun comparto nin la so visión del mundu, nin la so postura política y que creo que, amás, na so práctica política, vienen faciéndo-y a Asturies (siquier pol llucru cesante) un gran dañu. Pero eso nun tien ná que ver con que-yos tenga afectu y amistá. Sobre ello, yo a Xuan tengo-y un gran respetu: porque escribe y fala n`asturianu siempre y bien; porque, pudiendo tener escapao d`esa situación (que, dicho a les clares, ye de casi marxinalidá social), nun lo fai, y eso qu`elli, pola so proyección española, podía facelo.

Afitao esto, yo creo que Xuan Bello ta enquivocáu en casi tou. Y creo que merez la pena retruca-y, polo tanto (“polo tanto” quier decir que nun sólo porque tan un erru, sinón porque-y tengo respetu). Pero además creo que convién arrepostia-y por otres tres razones perimportantes: por respetu a la verdá histórica, por respetu a un númeru importantísimu de militantes asturianistes (en xeneral y especialmente, del PAS) y, en tercer llugar, porque les nueves xeneraciones nun tienen que quedase con una visión de la historia d`Asturies falsa nos datos y errónea na interpretación de la historia y na narración de la mesma.

De mano, ¿en qué tien razón Xuan Bello? En dos coses, en qu`una parte del asturianismu, en concretu, el institucional-cultural, inxamás fizo nada por arreyar a la causa asturianista a la xente indiferente u hostil, ye más, fizo tolo posible por tar enfrentáu con tol mundu, por convertise nuna secta y por cerrase a cualquier relación social que nun fuere los de los comulgaben al 100 % col discursu de la secta y seguíen al 100% el discursu que desurdía de la fontasca de la secta. Y ye tamién verdá que parte de los conteníos d`esi discursu provenían de guedeyes y griesques intramuros d`un llimitadísimu númeru de les cabezaleros de la secta.

Pero, dicho ello, hai que decir que la mayoría del asturianismu, esto ye, de los ciudadanos d`a pie asturianistes, de los simpatizantes y de los militantes siguió con entusiasmu`l discursu sectariu, acató les sos consignes y fue feliz nel seguimiento d`esi perestrenchu caneyu hestóricu qu`ellos creíen qu`empobinaba a la Xerusalén celestial. Y, PARALELAMENTE, TOA ESA TROPIELLA DESPRECIÓ, INSULTÓ, PERSIGUIÓ Y SAMBENITÓ AL ASTURIANISMU QUE SÍ FIZO ESFUERZOS POR INTEGRAR A LA SOCIEDÁ ASTURIANA Y INTEGRASE N`ELLA Y ESA XEREMANDÍA TRABAYÓ TOLO QUE PUDO PA QUE, ENANTES QUE-Y FUERE BIEN A LOS RÉPROBOS (L`ASTURIANISMU QUE VIVÍA NEL MUNDU), NOS FUERE MAL A TOOS, PUES SÁBESE QUE NÁ CONFORTA TANTO CUANTO L`ABELLU LA SECTA (Y CUANTO MÁS ROÍN MEYOR) Y L´ARGAYU DE LOS QUE NUN QUIEREN SOMETESE A LA SECTA Y —SEGÚN PIENSEN LOS PROFESOS— DEBERÍEN TAR DIENTRU D`ELLA. Y, ASINA, EL CAMÍN HACIA LA XERUSALÉN TRIUNFANTE SUSTITÚYESE POL BASTIR Y AFARAR CUALQUIER CONSTRUCCIÓN QUE TRATE DE LLEVANTASE FUERA DE LOS MURIOS Y QUE, AL ESISTIR, DENUNCIE LA NULIDÁ Y LA FALSEDÁ D`UNA SECTA QUE NUN LLEVA MÁS QU`AL DESASTRE A LOS SOS CREYENTES.

Pero dicho eso, qu`asocedió asina, hai que decir que nun foi culpa de ningún asturianismu —de ningún, vamos repetilo— el qu`una parte de la sociedá asturiana, tanto d`izquierdes como de dereches, fuese profundamente antiasturiana (o, si se quier, antiastuturianista, que ye lo mesmo). Y esa forma de ser nun tuvo ná que ver colo que fexo o pudo facer l`asturianismu (el de la secta y les alucinaciones o cualquier de los otros), sinón que yera fonda, terriblemente fonda y previa y, además, dotada de tol poder; de mou y manera que, por exemplu, les sos burlles y mentires contra l`asturianu y los sos llevantos contra los asturianistes, el so discursu contra la llingua, la so voluntá contra qu`Asturies sea y signifique daqué n`España triunfaren, corrotaren y tuvieren ésitu social.

Tengo en parte desplicao desayaqué a qué se debe esa postura, entre otres coses (dicho en breve) a la voluntá de tener dos representaciones al mesmu tiempu: una xeneral n`España como españoles d`ésitu, otra particular, tamién n`España, como la representación peculiar d`Asturies. Agora bien, si, camudando les coses, ya nun se puede ser asturianu ensin selo (esto ye si les señes d`asturianidá yá nun son únicamente les de la españolidá) ye evidente qu`eses persones nun pueden yá sopelexar nel Estáu esa doble representación. Sobre les cuestiones emocionales, de representación, d`identidá personal (y, perescasamente, de negociu) que d`ehí desurden fago gracia al llector, que va saber desendolcales y desenduviellales él solu.

Finalmente, y como demostración patente de lo que digo. ¿Fue l`asturianismu`l que convirtió n`antiasturianu al PSOE? ¿Fue`l PAS el que fexo que nel gobiernu d`Areces s`allugue el mayor númeru d`odiadores de les señes d`identidá d´una cumunidá que pueda haber en toa España? ¿Fue l`asturianismu`l que fexo de la FSA y del PP la reservá d`españolidá d`Occidente? ¿Ye l`asturianismu`l qu`afala y obliga a que na televisión asturiana nun se pude usar l`asturianu más que pa reíse d`él?

¿Pa qué seguir? A pesar de la so bona voluntá, les coses nun son —nun fueren— como les cuenta Xuan Bello. L`odiu a tolo asturianu (o, si se quier, y más reducío, a lo que constituye les señes d`identidá asturianes, dende la cultura a la política) nun ye una consecuencia de l`actuación asturianista (de dala triba d`elles, de dalu los sos militantes, de dala de les sos concreciones institucionales o polítiques), ye un mal autónomu, vieyu y xeneral d`esta sociedá (y engaféntase nos individuos que tán nel poder o tienen puxu social).

Y, por volver a repetilo, el sectarismu, el seguimientu de consignes sectaries, la persecución engafentada y despreciu hacia l`asturianismu normalizador fue (y, tarrezo, sigue siendo) tamién enfermedá común, pero, agora, ente los autodenomaos asturianistes, parte complementaria d`esa medalla de dos cares que vien ser l`antiasturianismu oxetivu, la negación política de la posibilidá d`Asturies.

Hai una Asturies antiasturiana d'estraterrestres

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Cuenta el mio amigu Xuan Bello (EL Comercio, 11/01/09) cómo nuna ocasión, na metada d'una reunión social, Ángel González (el poeta, non "el revolucionariu") acercóse a él y, nun aparte, entrugó-y: "que qué era eso que pretendíamos hacer con los bables".

Cualquier que tenga cierta edá o un poco de conocencia de la hestoria reciente d'Asturies tien d'alcordase d'aquel famosu artículu "Conceyu bable: la caperuza del ku-kux-klan", asoleyáu nos años 70 na Nueva España y onde un prócer acusaba a Conceyu Bable (acusábanos) de ser nada más y nada menos que la mázcara qu'enmazcaraba un movimientu poco menos que la ETA.

Siempre esa idea de que detrás del amor a la patria tien qu'haber una estremada negatividá, una voluntá violenta.

Pero esa idea nun reflexa la realidá, espeya, más bien, la mentalidá del que la diz: ye tantu'l so ascu hacia tolo asturiano, el so tarrecimientu de lo que son la nuestra cultura y la nuestra identidá, que nun talanta que naide pueda quereles, querer a Asturies, sinón ye por otros escuros motivos.

Pero les palabres d'Àngel González (magníficu poeta, ensin dulda) ponen de relieve lo que ye l'actitú, lo que fue l'actitú hestórica d'una parte importante de la sociedá asturiana onde s'amesten señoritos y intelectuales, la idea de qu'Asturies ye lo que digan ellos; más: qu'Asturies son ellos (que son precisamente "la non Asturies", "la negación de l'Asturies identitaria"), y, poro, el so tarrecimientu, la so rocea, el so malestar, el rechazu a que pueda esistir otra Asturies que nun sea la qu'ellos creen que ye y pala que se sienten cola autorización esclusiva pa definir y pa representar de mou y manera escluyente.

En resumen, ye un problema d'autoritarismu y de falta de comprensión de la pluralidá. Y, por supuestu, de falta d'amor a la cultura asturiana, de la que tienen la mesma visión que podía tener un marcianu.

Ye esa asturies Asturies, que vivió, que vive y que tien la so másima representación nel Gobiernu (¿asturianu?).