Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Después de vieyu, gaiteru
(Ayer, en La Nueva España)
DESPUÉS DE VIEYU, GAITERU
En realidad, debería haber escrito “después de vieyu, muleta”, pero ello hubiese conllevado una interpretación inicial de este texto distinta a la idea que en él se defiende.
Verán, el grupo municipal de IU en Uviéu, que encabeza don Gaspar Llamazares, ha pactado con la mayoría del Ayuntamiento, el PP del alcalde don Alfredo Canteli, una serie de medidas de orden económico, entre las que destacan la construcción de viviendas de alquiler, y otras de carácter medioambiental y social. Conviene subrayar que el PP tiene mayoría absoluta y que no necesita de los tres concejales de IU para nada. Es, asimismo, innecesario señalar que un acuerdo “sin necesidad” entre dos fuerzas políticas de ese tipo es absolutamente infrecuente, sino chocante. Las razones para ese encuentro por parte de IU pueden ustedes encontrarlas en las palabras de don Gaspar, aquí https://www.lne.es/oviedo/2024/11/03/muleta-propiciar-cambios-izquierdas-pp-111259463.html.
Naturalmente, el PSOE y otros grupos de izquierda han corrido a acusar a IU de ser “la muleta del PP”. Y permítanme ustedes que esa banderilla en las espaldas de don Gaspar y los suyos me lleve a un ejercicio de memoria, acaso de melancolía y, aventuradamente, de prospección.
Estamos en la legislatura 1995-1999 de esta tierra de ríos. El PP ha obtenido 21 diputados, el PSOE, 17, IU 6 y el PAS, al que represento, 1, en total, 45 escaños. La mayoría la forman 23 diputados, aunque para formar gobierno basta a una candidatura con tener más diputados que otra, sin exigencia de quorum. La IU de Anguita, que hasta entonces siempre había llegado a acuerdos con el PSOE, vistos los casos de corrupción de los socialistas, decide no hacerlo. De modo que en Asturies se forma un gobierno del PP, presidido por don Sergio Marqués, y en la oposición quedamos 24 diputados. Hay, pues, Gobierno, pero no puede haber presupuestos, en principio, durante toda la legislatura.
Nosotros entendemos que es una situación altamente indeseable, que destruirá empleo -en una situación ya de altísimo paro- y empresas e impedirá inversiones en obra pública, cultura etc. Manifestamos, pues, nuestra disposición al diálogo y al acuerdo. Ahora bien, esa disposición de nada vale, pues falta un voto. En esas, el diputado Antón Saavedra se pasa al Grupo Mixto, por discrepancias con la actitud de IU con respecto al SOMA, y anuncia su disposición a pactar las cuentas públicas.
Hay toda una historia de anécdotas sobre el desarrollo de las negociaciones presupuestarias durante esos años, pero me centraré en lo principal. Frente a la pretensión del PSOE e IU de que durante cuatro años no hubiese presupuestos a fin de desgastar al PP -los partidos no suelen mirar a las víctimas “reales” de sus juegos de poder, los ciudadanos perjudicados; en este caso, por la ausencia de presupuestos-, los hubo durante tres. Con ello conseguimos crear unos 15.000 empleos -ciertamente, en un momento esplendoroso de la economía española-, evitar el lucro cesante de unos cuantos miles, se rebajó el IAE, y se puso en marcha una apabullante serie de proyectos de obra pública de los que vivió durante casi cinco años el Gobierno siguiente de Areces. En el ámbito cultural, además de otras muchas cosas, conseguimos que se aprobase, casi milagrosamente, con el apoyo del PP, que era enormemente reticente, la Ley de Uso y Promoción del bable/asturiano.
Pues bien, PSOE e IU comenzaron una campaña denigratoria permanente acusándonos de ser “la muleta del PP”, para enlodar así nuestro marchamo de partido progresista. También hubo otras indignas y falaces acusaciones sotto voce, pero dejémoslo aquí.
Me interesa ahora señalar que mientras se negociaban o no unos y otros presupuestos, menudeaban ante nuestras puertas y oídos muchas y variadas gentes que tenían interés en que se aprobasen. Empresarios de todo tipo, la mayoría de ellos, pequeños, una parte de cuya actividad dependía de las cuentas publicas, personas e instituciones culturales. No escaso número eran conocidos y, además, votantes, militantes o simpatizantes de los partidos de izquierda.
En las siguientes elecciones nuestra candidatura quedó fuera de la Xunta por 800 votos. Se nos castigó severamente por dos razones fundamentales (no es una suposición, tuvimos comprobaciones abundantes): el pacto con el PP (“con la derecha no se puede pactar nada”), el ser su “muleta”, según el baldón con que nos calificaron durante tres años PSOE e IU, y haber aprobado la Ley de Uso y Protección del bable/asturiano, ¡el único desarrollo normativo del artículo 4º del Estatuto -en el que, por cierto, tuve una influencia decisiva- hasta hoy!, porque, según el asturianismo, fue una traición y constituyó la renuncia a la oficialidad, que podíamos haber conseguido y que no quisimos negociar. Que para la oficialidad hacen falta 27 votos y la reforma estatutaria, para la que no había en aquel caso más que cinco votos, es una evidencia que el asturianismo quería ignorar -seamos piadosos, no supongamos la inopia plena.
(Por cierto, en el primer trimestre del año que viene publicaré un libro en que se cuenta cómo se negoció la Llei d’Usu, los ardides que intentaron impedirla y las necedades, despropósitos y mala fe que contra ella desplegaron, partidos, particulares e instituciones).
Pues bien, creo que ninguno o casi ninguno de los beneficiarios de aquellos acuerdos presupuestarios lo agradeció -tuve acusaciones por la calle de gente que se empleó en obras presupuestarias-, y, mucho menos, el asturianismo, incluso aquel que tuvo empleo en la enseñanza por la Ley. Ni siquiera conseguimos un puñado de firmas para un manifiesto de apoyo a nuestra candidatura. Ni, por supuesto, un candidato para alguna lista autonómica o municipal. A nuestra solicitud no respondían exhibiendo la cruz y un “vade retro”, pero casi.
Es muy posible que la respuesta a IU en Uviéu sea muy semejante. En una no pequeña parte de los votantes, la adhesión política se encuentra establecida en la amígdala, un conjunto de neuronas encargadas de las reacciones emocionales. “Hay republicanos y demócratas que nunca cambiarán de voto”, afirmaba el otro día en LA NUEVA ESPAÑA Juan Fueyo, un investigador asturiano en Houston. Pues como tantos, en todas partes.
Pero esa reflexión no debe llevarme a dejar de señalar mi aplauso a la decisión del grupo municipal de IU en Uviéu, en que, además de doña Cristina Pontón y don Gaspar, forma parte don Alejandro Suárez, a quien estimo de antiguo. En política se debería estar para lograr cosas para los ciudadanos, a fin de mejorar la vida colectiva (“Podemos regenerar la práctica política mediante una política útil”, dice don Gaspar), y con el objetivo de templar pasiones -algo tan necesario hoy-; y no sólo para engordar el discurso identitario -”ideológico”, llaman- del partido político, aunque sea inútil para la sociedad, pero que mantendría y acrecentaría las adhesiones a la formación. En qué medida ambas cosas, voto y atención real a la ciudadanía, son posibles, ye fariña d’otru costal.
En todo caso, reitero: mi aplauso. Poso la montera.
Asturianismu y asturianismos
(Ayer, en La Nueva España)
ASTURIANISMOS Y ASTURIANISMU
La palabra asturianismu (asturianismo) tiene tres acepciones fundamentales: 1) “Locución, giro o modo de hablar propio de los asturianos”, según el DRAE, y que el DALLA define de forma semejante, 2) “Doctrina política que centra sus prioridades en Asturies, la defensa de sus intereses y su identidad”, significado que el DRAE no recoge y que el DALLA traduce de forma timorata y elíptica, 3) “Amor o apego a las cosas características o típicas de Asturias”, que, con distintas formulaciones, acogen ambos diccionarios. Faltaría por formular una cuarta acepción: “Amor y defensa de las características de Asturies y de sus intereses, sin necesidad de adscripción a una doctrina política”.
De la tercera acepción tenemos ejemplos múltiples y variados. «Verbi gratia, el noreñense Jesús Ortea, investigador marino, pone nombres de localidades o de personas asturianas a las especies nuevas que descubre; una científica de nuestro país, Carmen Martínez, bautiza como «Rosa Narcea» una rosa única en el mundo por su antigüedad. ¿Y quién de todos los emigrantes entrevistados por este periódico no han manifestado su amor o su entusiasmo por tal o cual lugar, por este o aquel alimento, por el conjunto de la tierra?
Sin embargo, de lo que andamos muy escasos es de manifestaciones entre nosotros de la cuarta de las acepciones: el amor activo y con traducción efectiva en la defensa de nuestros rasgos de identidad, en la percepción de Asturies como un todo, en la defensa y lucha real por nuestros intereses como colectividad. Como dice un amigo, con lúcida aunque quizá exagerada imagen, muchos asturianos son capaces de llegar a las manos en Albacete por una discusión sobre algún personaje o paisaje asturiano, pero luego, aquí, son incapaces de mover un dedo por nada colectivo, si no es que manifiestan hacia ello el más absoluto desprecio o indiferencia.
Por lo demás, no es infrecuente que seamos acérrimos de nuestra localidad, pero que permanezcamos inconmovibles ante lo que afecta a otras localidades o al conjunto del país. Y no digamos ya nada sobre la ignorancia que sobre nuestra tierra o nuestras cosas tenemos —parte de esa culpa es de la escuela, donde está ausente su conocimiento, o solo aparece en los programas, pero no en las clases—. “Pocos asturianos sabrían decir diez variedades de queso de aquí en una encuesta”, manifestaba la productora polesa Isaura Souza Ordiales en estas páginas.
Sobre nuestra tolerancia para que nuestros representantes políticos sometan siempre los intereses asturianos a los de sus jefes políticos en Madrid o a los de otras comunidades, ¿qué les voy a decir? Es una tradición inveterada que pueden ustedes encontrar, por ejemplo, en el proceso de tramitación de los estatutos durante la Segunda República. Y, además, esa sumisión o indiferencia se viste como «sentido de Estado», «responsabilidad», «altruismo»…, algo de lo que nosotros estaríamos imbuidos y los demás (ciegamente egoístas), no.
Ello, en la práctica, se traduce en lo que ustedes saben, ser los últimos de la cola, pero, además, en nuestra invisibilidad. En 2014 don Gaspar Llamazares presentaba, sin éxito, en las Cortes una proposición para que la RAE modificase la inaceptable (y discriminatoria) definición que del asturiano (lengua asturiana) daba. Con ese motivo escribí un artículo titulado «El DRAE nos desvela», en el que señalaba que en comparación con la definición de «gallego», la nuestra era discriminatoria, que frente a «galleguismo», «asturianismo» como “apego a las cosas asturianas” no había aparecido hasta el 2001, y que, así como constaba «galleguista», «asturianista» estaba ausente (ha aparecido más tarde). Y afirmaba que «Pese a que nos creemos los más grandes y afamados de la Tierra, por Covadonga o por el 34 o tal vez por nuestra capacidad potatoria (si acudimos a la copla popular que niega que no estemos en el mapa, pues «bebiendo sidra conoznos hasta el Papa), lo cierto es que somos unos grandes desconocidos: nosotros y nuestra cultura».
Ni nos vemos ni nos ven titulé el último libro en que recopilo los artículos semanales que publico en LA NUEVA ESPAÑA. Es una implicación: «no nos vemos (como colectividad, no nos queremos) y, por tanto, no nos ven». ¿Creen ustedes que es una manía o un error de percepción de quien esto firma? Miren ustedes. En una entrevista en estas páginas el 17 de septiembre, Ramón Medrano Llamas, un alto ingeniero de Google, preguntado sobre nuestra patria, aseveraba: «Asturias tiene una historia muy larga y rica, y pocas cosas creo que nos faltan por hacer. Hoy en día pienso que debemos intentar pasar a la primera división en España, querernos y creérnoslo».
Me limito a reiterar: «querernos y creérnoslo».
Comunistes
(Ayer, en La Nueva España)
COMUNISTES
¿Ustedes qué países comunistas conocen? Probablemente, al menos, los mismos que yo: Rusia, antes del colapso, los países dependientes de ella, incluida la RDA, Cuba, China, Corea del Norte, Vietnam. ¿Y qué caracteriza a todos ellos? La dictadura (de los mandamases del partido, no del proletariado ni otras gaitas), con más o menos crueldad, que va de la más férrea censura a la cárcel o la desaparición para los disidentes o los molestos; la pobreza generalizada; el absoluto desprecio por el medio ambiente y, consecuentemente, escasos cuidados con la contaminación. China es una excepción parcial: desde hace décadas combina una feroz dictadura, con la miseria de una parte de la población y la creciente riqueza de otra. ¿Les apetece a ustedes vivir en alguno de esos países?
El dato fundamental, sin embargo, es este: no hay ningún país comunista que no tenga esas tres características, ninguno, sea del este, del oeste, del Pacífico o del Caribe. Es difícil imaginar que el comunismo pueda ser de otra manera, mejor, es contra toda evidencia el afirmarlo. Y, sin embargo, existe un número cuantioso de individuos en nuestro país que se declaran comunistas, y que, incluso, frente a los demás, presumen de ser ellos los auténticos demócratas, los café-café, los pata negra.
Podría pensarse que creen ellos que, pese a la evidencia, reiterada desde 1917, es posible otro comunismo. ¿Lo creen? Es muy dudoso. Las señales ponen de manifiesto que es precisamente en ese comunismo real, encarnado históricamente, en lo que piensan, incluso aunque en su pensar se engañen (ya no solo que pretendan engañarnos, que también) con esas turbias brumas con que el cerebro nos hace a veces creer que no vemos lo que vemos o no pensamos lo que vemos o queremos.
Acérquense ustedes a la mayoría de los pontífices de Podemos o del Partido Comunista. Todos ellos respiran idéntico entusiasmo (¡y admiración!) por Cuba. ¿Y cómo soslayan ante los ciudadanos libres que Cuba, un país comunista, sea una dictadura? Pues seguramente como en su día lo solventó una persona a la que tengo aprecio por muchas cosas menos por sus ideas, don Gaspar Llamazares: con un sofisma argumental que, en el mejor de los casos, tal vez corresponda a esas turbias brumas del cerebro de que en el párrafo anterior les hablaba: “Cuba no es una dictadura, Cuba es otra cosa”. ¡Magnífico!
Y vengamos a un recentísimo ejemplo. Don Enrique Santiago, Secretario General del PCE y Secretario de Estado de la Agenda 2030: “El sistema capitalista no solamente se ha mostrado que es incompatible con garantizar los derechos de las personas, sino que según dicen los científicos se acredita que es una forma de producción incompatible con el futuro del Planeta, porque consume más recursos de los que puede soportar el Planeta, contamina y destroza los ecosistemas y el medio ambiente.
Es un sistema que hace que la vida no pueda mantenerse en la Tierra, (*¿incompatible?) con la propia existencia de la Humanidad”. Pero, si ustedes me lo permiten, ¿lo único que conozcamos que no es sistema capitalista (de capitales particulares y estatales, sí, pero también de libre comercio, de libre iniciativa, de libertades individuales) qué es? Pues el sistema comunista, tertium non datur.
Y ese es el argumento general de estos pensadores: “no al capitalismo”. Bien, entonces ¿sí a…? Vean ustedes el entusiástico prólogo con que doña Yolanda, la visitadora emocionada de Su Santidad, saluda la última edición del Manifiesto Comunista, señalando su vigencia, no solo intemporal, sino, más bien, cuasi eterna. Flotan ahí idénticas ideaciones. Porque entre estas gentes la sofistería y la nebulososidad, una clase de “no pensamiento” ocultador, son universales.
Nota: el “comunistes” del titular ye asturianu, nun ye llinguaxe neocursi.
Güei, en LNE: Palabras huecas y financiación autonómica
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Palabras hueras y financiación autonómica
Las declaraciones de los políticos regionales acerca de que Asturias no puede perder en el nuevo reparto de las cuentas estatales
Xuan Xosé Sánchez Vicente 15.10.2017 | 04:05
Palabras hueras y financiación autonómica
Entrevistado en LA NUEVA ESPAÑA del 22/09/2017, don Gaspar Llamazares Trigo habla, entre otras cosas, del futuro sistema de financiación autonómica, que tiene una revisión pendiente desde hace años, pues existen desajustes entre los recursos de las comunidades. Al respecto, don Gaspar realiza dos afirmaciones que vienen reiterándose por todos los partidos políticos: que Asturies no puede perder en el nuevo reparto y que debe unirse a otras comunidades con el mismo problema. Añade una tercera opinión, aunque lo hace de forma un tanto elíptica, opinión que, si tal vez todos comparten, casi nadie manifiesta: que las comunidades "con régimen de cupo no deben quedar al margen de la solidaridad".
Desde el Gobierno y el PSOE se ha manifestado reiteradamente lo mismo, si acaso con más rotundidad: "El Principado no aceptará un modelo de financiación que signifique menos recursos", decía, por ejemplo, doña Dolores Carcedo a comienzos de septiembre. Estupendo. ¿Qué otra cosa podrían decir? Ahora bien, esas afirmaciones de unos y otros se compadecen mal con la realidad y con el comportamiento habitual de todos ellos, en el pasado y en el presente.
La financiación de las comunidades autónomas tiene tres elementos sustanciales. Dos de ellos de desigualdad: las diferencias de las comunidades de régimen común entre sí, por un lado; la menor aportación de las comunidades de régimen especial, su sobrefinanciación permanente. El tercer elemento sustancial es el límite del dinero disponible, de la recaudación. En España, partidos, sindicatos y ciudadanos reclaman como si los recursos no tuviesen límites, como si el Estado dispusiese de un burru cagarriales al que, como en el cuento, bastase con levantarle el rabo para que soltase euros.
De modo que las disponibilidades de numerario -que, a su vez dependen de la riqueza nacional, de nuestra deuda, de las posibilidades de recaudación, etc.- constituyen la barrera fundamental para la expansión de los recursos de todos al tiempo: lo que unos suban han de bajarlo otros. En cuanto a la pretensión de aumentar la aportación a la caja común de las comunidades con concierto, me parece a mí cosa tan difícil como, sin duda, a ustedes, sobre todo porque sus votos son siempre necesarios para sacar adelante iniciativas legislativas cuando los gobiernos están en minoría. Es cierto que otra cosa sería si los partidos de ámbito general estuviesen dispuestos a llegar a acuerdos en materias como los presupuestos, pero eso parece aún más imposible.
Pero es que, además, el comportamiento habitual de los partidos de ámbito estatal, especialmente el de los de izquierdas, es el de una permanente empatía hacia las reivindicaciones de las comunidades que tuvieron sus estatutos durante la Segunda República e incluso el apoyo a las mismas. Recuerden ustedes el apoyo del PSOE hacia el "federalismo asimétrico" de Maragall, o su actual empeño en el estado plurinacional, cosa semejante a la que Podemos defiende o el mismo don Gaspar expresa en la citada entrevista al hablar de federalismo. Cualquier opción de esas significa más dinero para esas comunidades y menos para los demás. ¡Pero si hasta el mismo don Luis de Guindos anda ofreciéndoles más pasta a los catalanes estos días!
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Güei, en LNE Diputados industrio-empresariales
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
L'aprecederu
Diputados industrio-empresariales
El risible propósito de tratar de condicionar desde el Parlamento regional las inversiones de las compañías
Xuan Xosé Sánchez Vicente 14.08.2017 | 03:14
Diputados industrio-empresariales
Asturies es un país peculiar, no sólo en lo que podríamos denominar "señas de identidad tradicionales", sino en nuestras señas de identidad contemporáneas, en especial en las que, como resultado de las últimas décadas de estructura económica, han impreso su huella en el discurso social y político. Lo más peculiar es que ese fenómeno subsiste con pleno vigor una vez que las estructuras que lo provocaron han desaparecido.
Una de esas muestras de nueva identidad se viene dando desde hace décadas en la Xunta, en nuestro Parlamento: la vocación industrial y empresarial de nuestros parlamentarios. Por ejemplo, allá en los años noventa del pasado, Celestino Suárez, por el PSOE, y el ahora baltasárico Gaspar Llamazares, por IU, se pasaron meses diciendo a Ensidesa (por entendernos) cuál debería ser el ancho del nuevo tren de bandas en caliente o si el convertidor debería llevar "soplado alternativo" o no.
En esa misma línea pueden encontrar ustedes múltiples declaraciones de don Ovidio Sánchez y del PP sobre, por ejemplo, los socios de HC, la compra de Arcelor por Mittal o los proyectos de este para la factoría asturiana.
Todo un risible despropósito: tratar de condicionar las decisiones técnicas y las inversiones de las empresas o, simplemente, juzgarlas o pretender condicionarlas sin pito alguno que tocar.
Pues bien, he aquí que Podemos sigue esa vieja tradición. [..................................................]
Con LLamazares, por la memoria
(Asoleyóse en La Nueva España del 06/05/17)
CON LLAMAZARES, POR LA MEMORIA
Don Gaspar Llamazares, en
representación obviamente de IU, acaba
de registrar en el Parlamentu una propuesta para, digamos, “acendrar” la
memoria histórica. De La Nueva España del 11/04/17 sustancio algunos de los
puntos principales de esa propuesta: la puesta en marcha de un comisionado de
la memoria histórica, el diseño de un Instituto Asturiano de la Memoria, la formación de una Comisión de la Verdad
sobre los crímenes del franquismo en Asturies (“sin ánimo de revancha”), la
constitución de un Consejo de la Memoria Democrática, y todo ello, con la
finalidad, entre otras, de “transmitir la memoria a las futuras generaciones”,
naturalmente, a través de los planes de enseñanza.
Por otro lado, don Gaspar señala
en su escrito la fuerte especificidad de Asturies en toda esa materia de
enfrentamiento, violencia y crímenes, especificidad que haría más deseable (o
necesaria) toda esa indagación y legislación, con el propósito, deduzco, de que
los asturianos del futuro no solo conozcan aquellos trágicos años, sino que su
conocimiento les sirva para evitar repetirlos.
Conociendo a don Gaspar y la
ecuanimidad con que enfoca cualquier cuestión, tengo que reprochar al
periodista que sustancia la iniciativa de IU que lo haga de forma incompleta,
ya que es seguro que no pudo dejar aquél de incluir en su propuesta la memoria
del Golpe de Estado del 34. Porque si queremos que las futuras generaciones
sepan de aquellos años y de ellos extraigan fructíferas enseñanzas, ¿cómo sustraer
de su conocimiento tal hecho, que fue terrible en sí por el número de muertos,
la violencia desatada, la destrucción cultural (la biblioteca de la Universidad
hubo de ser repuesta mediante la generosidad de un erudito de la familia de los
Pidal, Roque) y, sobre todo, el clima de odio y terror que creó o agrandó, en
el conjunto de España y, muy específicamente, en Asturies? Es más, resultó un
vector importantísimo de los muchos que acabaron desembocando en el golpe de
estado franquista y la dictadura posterior.
Es, sin duda,
un elemento constitutivo de la historia y la memoria de esos años ese golpe de
estado, como lo es el saber qué pretendían exactamente los sublevados, que era
aquello que Belarmino Tomás expresó en Sama al anunciar la rendición: «Si
Cataluña, Valencia, Madrid, Bilbao y Zaragoza hubieran respondido como hemos
respondido nosotros, en estos momentos el socialismo se habría implantado en
todo el país. Nosotros hemos vivido en régimen socialista desde el día 6.
Nosotros, los asturianos, hemos cumplido». Es decir, una dictadura. Y también
será un buen elemento de reflexión para los escolinos actuales y futuros el
advertir cómo determinadas fuerzas políticas asturianas corren siempre a
ejecutar las órdenes de Madrid o a defender
los intereses de otras partes, dañando o poniendo en peligro los de los
asturianos, que siempre subordinan. Así sucedió con el “embarcazu del 34”, que
dejó a los alzados solos, o cuando Aranda hizo correr a las izquierdas a
defender Madrid mientras él ocupaba Uviéu, o en la ocasión de Santillana, en el
2003, en que los socialistas deciden defender los intereses de los catalanes en
detrimento de los de Asturies. Vocación de autoinfligirse daños que tal vez
alguna de esas comisiones de la propuesta de don Gaspar sea capaz de indagar si
se debe a la peculiar configuración del ADN de los asturianos (acaso herencia
de los primeros pobladores) o, simplemente, a la doctrina de las iglesias en
que profesan algunos grupos políticos.
Y, cómo no, de paso, del empleo del término “revolución”
para aquel golpe de estado y de la admiración hacia el mismo, envuelta en una
especie de nostalgia de que no se hubiese convertido en efectivo, que tantos
mantienen, podrán ver con claridad meridiana las generaciones presentes y
futuras cuál es el modelo de sociedad que para todos nosotros sueñan y/o
preconizan algunos.
Por tanto, y como no dudo de que todo ello esté contenido
en la propuesta de don Gaspar, mi voto a favor de esa ecuánime iniciativa.
Güei, en LNE: Con Llamazares, por la memoria
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Con Llamazares, por la memoria
Xuan Xosé Sánchez Vicente 05.05.2017 | 03:47
Con Llamazares, por la memoria
Don Gaspar Llamazares, en representación obviamente de IU, acaba de registrar en el Parlamentu una propuesta para, digamos, "acendrar" la memoria histórica. De LA NUEVA ESPAÑA del 11/04/17 sustancio algunos de los puntos principales de esa propuesta: la puesta en marcha de un comisionado de la memoria histórica, el diseño de un Instituto Asturiano de la Memoria, la formación de una Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo en Asturies ("sin ánimo de revancha"), la constitución de un Consejo de la Memoria Democrática, y todo ello, con la finalidad, entre otras, de "transmitir la memoria a las futuras generaciones", naturalmente, a través de los planes de enseñanza.
Por otro lado, don Gaspar señala en su escrito la fuerte especificidad de Asturies en toda esa materia de enfrentamiento, violencia y crímenes, especificidad que haría más deseable (o necesaria) toda esa indagación y legislación, con el propósito, deduzco, de que los asturianos del futuro no solo conozcan aquellos trágicos años, sino que su conocimiento les sirva para evitar repetirlos.
Conociendo a don Gaspar y la ecuanimidad con que enfoca cualquier cuestión, tengo que reprochar al periodista que sustancia la iniciativa de IU que lo haga de forma incompleta, ya que es seguro que no pudo dejar aquel de incluir en su propuesta la memoria del golpe de Estado del 34. Porque si queremos que las futuras generaciones sepan de aquellos años y de ellos extraigan fructíferas enseñanzas, ¿cómo sustraer de su conocimiento tal hecho, que fue terrible en sí por el número de muertos, la violencia desatada, la destrucción cultural (la biblioteca de la Universidad hubo de ser repuesta mediante la generosidad de un erudito de la familia de los Pidal, Roque) y, sobre todo, el clima de odio y terror que creó o agrandó, en el conjunto de España y, muy específicamente, en Asturies? Es más, resultó un vector importantísimo de los muchos que acabaron desembocando en el golpe de Estado franquista y la dictadura posterior.
Es, sin duda, un elemento constitutivo de la historia y la memoria de esos años ese golpe de Estado, como lo es el saber qué pretendían exactamente los sublevados, que era aquello que Belarmino Tomás expresó en Sama al anunciar la rendición: [.................................................................................................................................................]
Güei, en La Nueva España: La (r)evolución pendiente
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)
La (r)evolución pendiente
El proceso precongresual del PSOE
Xuan Xosé Sánchez Vicente 07.01.2017 | 03:05
Releo "Federico Sánchez se despide de ustedes", el texto en que Jorge Semprún Maura noveliza, entre otras cosas, los años en que fue ministro de Cultura con Felipe González Márquez (1988-1991). Coincide ese período con la caída del muro de Berlín y la evidencia de la ruina del sistema socialista o, de otro modo, de los países del "socialismo real". Pues bien, desde su experiencia como miembro del comité central del PCE, su trabajo en la clandestinidad y, previamente, su lucha en la resistencia francesa y su internamiento en Buchenwald, Semprún realiza algunas consideraciones sobre la "ideología" tradicional de la izquierda, su práctica y su discurso, la que pasa por Marx y Lenin y pretende la conquista del Estado para implantar una sociedad sin clases y una nueva realidad. Esto dice: "desde que Carrillo me hizo expulsar en 1964 del partido comunista por crimen de revisionismo, sé a qué atenerme. Sé que se considera de derechas ceñirse a la realidad, analizarla rigurosamente, condición preliminar a toda voluntad seria de reforma y de transformación. En cambio, ser de izquierdas consiste en proclamar de manera voluntarista y dogmática la ruptura social, el salto adelante. O mejor dicho, en el vacío".
Analizando el triunfo electoral del PSOE y su política transformadora destaca que Felipe González "ha tenido la virtud de comprender las necesidades de la realidad. Ha dado un viraje hacia la realidad desde antes de la toma del poder, y no un viraje hacia la derecha. Por fin un partido de la izquierda del sur de Europa iba a ganar las elecciones para gobernar la realidad del presente, transformándola, en vez de reinar impunemente sobre la ilusión de un porvenir". Ahora bien, ese giro felipista, esa adecuación a la realidad, no era compartido por el partido y por el sindicato afín más que parcialmente (tal vez, digo yo, sólo en la medida en que el triunfo proporcionaba beneficios a los de casa), y esa facción no era capaz de entender que la caída del muro de Berlín suponía (demostraba) el fracaso del socialismo y venía a reforzar la socialdemocracia europea.
De ese modo, y en vísperas del XXXII congreso del PSOE, se enfrentaban dos tendencias: "Una corriente, en primer lugar, socialdemócrata moderna, que asumía las realidades de la economía de mercado, que se proponía reorientarlas -aun a sabiendas de que eran irrebasables, por lo menos dentro del modo de producción predominante a escala mundial, cuyos infinitos recursos había demostrado el estrepitoso y sangriento fracaso de la experiencia soviética-, que pensaba, en cualquier caso, que sería imposible elaborar una nueva estrategia de izquierdas sin aceptar hasta sus últimas consecuencias la lógica del mercado, para dominarla". Y una segunda, de larga tradición en el partido socialista, que personificó en los años treinta Largo Caballero, que califica de "oportunista de izquierdas", "oportunista en el sentido de que, sin una línea clara, tiene la tentación de situarse siempre retóricamente a la izquierda de la izquierda, con rasgos populistas y demagógicos".
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No tendrá mucho que cavilar el lector para ver que, grosso modo, esa es la situación que vive hoy el PSOE (y una parte de la izquierda europea): [........................................................................]
Solidaridá con Gaspar Llamazares
Gaspar Llamazares, agredido por un joven en el centro de Madrid
El diputado asturiano fue golpeado con algo "algo tan fuerte como un ladrillo", lo que le ha ocasionado unos pequeños cortes en la mejilla y en la ceja.
Con él, solidaridá; pa cola bestia, ascu.
¡Encima, un mierda!
El alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, el de la barba y les patilles, Juan Manuel, perteneciente a eso que se llama IU (o Izquierda Plural).
Un mierda, según Diego Valderas Sosa, vicepresidente del Gobiernu Andaluz por IU (o como se llame), esi fenómenu que vota a favor de los recortes presupuestarios pa funcionarios y de los recortes nos servicios sociales y después sal a manifestase contra ellos.
Porque yá saben ustedes que Sánchez Gordillo impulsó l'asaltu y robu en supermercaos, col pretestu de repartilo ente los probes. Pero diz Diego Valderas Sosa que'l nun asaltó nin robó, que'l solo taba a la entrada, afalando a los demás y, sobre too, pasando la buchaca pa recoyer la propaganda y los votos.
Un mierda, según Valderas, digo. Porque lo malo yá nun ye que s'asalte y robe (que, según Valderas, él nun fue), nin que s'ampare na so condición d'aforáu (que fai bien, dígolo en serio, y a la que nun debe renunciar, porque nun ye propiedá d'él, sinón de tolos representantes democráticos). Lo malo ye, según Valderas, qu'el llimítase a meter a los demás na enguedeya, a cobrar los réditos propagandísticos y, dempués, él diz que pa él nun miren (como los rapacinos na escuela, cuando acusen a los demás de la rapazada, dempués de participar nella). Pues si ye asina, nun ye una disculpa, ye una acusación: ye un mierda, qu'afala a los demás y quédase él atrás.
Lo menos que s'espera d'un "revolucionariu" (de lo que presume) ye qu'asuma les consecuencies los sos actos, sinón, ¡menudu revolucionariu!
(Bueno y, per otra parte, don Gaspar Llamazares ayer n'Uviéu xustificando a Sánchez Gordillo con tópicos como'l del deu qu'apunta a la lluna y los tontos que solo ven el deu. Yá sé que don Gaspar -que me cae simpáticu, pesie a too- ye capaz de xustificalo too, por exemplu, la dictadura cubana diciendo que nun ye una dictadura, sinón una revolución (histórico, nun lo invento). ¡Pero, home, don Gaspar, xustificar l'asaltu a los supermercaos y el robu con esi cuentu vieyu del deu qu'apunta a la lluna y la lluna! ¡Qué difícil lo tienen vustedes pa disimular lo que son de verdá!
¡Unos fenómenos, estos d'IU!
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| Un momento del conceyu celebráu ayer na sede de CC OO n'Uviéu semeya de La Nueva España |
El 16 de marzu, vienres pasáu, los d'IU, Jesús Iglesias (candidatu), Gaspar Llamazares (diputáu), y el mio estimáu "Triqui" estuvieren na sede de CCOO p'aconceyase colos representantes del sindicatu en les fábriques d'armes de La Vega y Trubia.
Estos d'IU, yá se sabe, son antimilitaristes y, naturalmente, partidarios del desarme unilateral y de la destrucción de toles armes, asina como de la espaición de los exércitos. Pero, ¡ai Dios!, estos obreronos del monu, qu'entovía queden dedíquense a fabricar armes y, munchos d'ellos (Laus Deo) voten a la izquierda y supónse a IU.
Por eso, IU va pedir nel Congresu que los recortes en defensa nun afecten al blindáu 8x8, que teníen hasta agora encargáu pa La Vega y Trubia, y que, si hai recortes, cuerre'l peligru de nun facese (y de perdese puestos de trabayu, y d'haber menos votos, etc).
Asina que IU va pedir que, d'haber recortes en defensa (que debería habelos, pero que nun debería habelos), que nun los hebia pal 8x8. (De xuro que vienen contando lo mesmo en toles fábriques d'armes, pero díganlo selino, que nun s'entere naide.)
AGORA BIEN, LO FENOMENAL YE CUANDO PA XUSTIFICAR TOO ELLO, ESTO YE, PEDIR PA UN EXÉRCITU, GASPAR LLAMAZARES AFIRMA, NUN LO PIERDAN, "¡QUE L'EXÉRCITU ESPAÑOL YE UN EXÉRCITU DEFENSIVU!"
¡Pa mexar y nun char gota, de la risa! ¡Qué difícil ye acompangar el discursu pa captar votos (que llamen "ideoloxía") y la práctica de captar los votos (que ye "l'interés").
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ESTAMPAS Y MAGDALENAS ASTURIANAS
Allá en los primeros años de la posguerra civil hervía el discurso patriótico en pro de un «Gibraltar español». Pues bien, uno de aquellos tipos célebres que ya han desaparecido de nuestras calles, un tal Calpena o Carpena, creo recordar, un tanto aficionado al Baco barato y abundante, harto quizás de tanto discurso, se embarcó en la aventura de recorrer las calles de Xixón arrastrando con cadenas un morrillu y proclamando, entre paradas e hipidos:
—¿Nun queríes el peñón? Pues ehí lu tenéis.
Las crónicas acaban con él en comisaría y una buena tolena en llombu.
Como la tópica magdalena proustiana, me ha traído la evocación de este episodio ciudadano la renovada propuesta forense del «Gibraltar español», que tanto entusiasmo ha concitado en otros foros, los nefelibáticos y digitales. Pero no es hoy de magdalenas, carpenas o tolenas de lo que quería hablarles, sino de estampas próximas de la campaña electoral asturiana.
Digamos, en primer lugar, que es de una sosería insuperable, según ha sido siempre. Salvo Foro, que está obligado a decir, en parte, algunas cosas distintas (en gran medida dice lo mismo que el PP, como es inevitable), PP, PSOE, IU y UPyD (sé que hay otros, pero, lo siento, su voz es absolutamente inaudible) repiten lo mismo, punto por punto, que sus «mayores». Y es que aquí los partidos centralistas nunca han sido más que delegaciones oficinescas de Madrid, con escasa imaginación y con nula vocación de iniciativa propia: su papel se ha limitado, en todo caso, a gestionar con mayor o menor fortuna los intereses locales de la cartera de clientes de sus casas centrales. Cuando esa gestión ha sido deficiente, parte de esa clientela se ha rebelado, pidiendo no un nuevo contrato, sino mayor eficiencia en la aplicación del antiguo.
De esa manera, da igual sentir a don Gaspar que a don Cayo, a doña Mercedes que a don Mariano, a don Antonio que a don Alfredo: con horas de diferencia repiten las mismas propuestas, las mismas lisuras, iguales soserías, idéntiques bocayaes. La única variable es la reiterada petición de don Antonio de tener un mano a mano con doña Mercedes para hacer patente que, aunque hace ver como que no tiene programa, «lo tiene tan grande y tan monstruoso» que lo tiene que ocultar a fin de no espantar a quienes ha seducido (don Mariano, quiero decir, no doña Mercedes, supongo).
Por lo demás, el atuendo de los cabezaleros nos depara un puñado de imágenes que, a veces, causan pasmo, suscitan ternura en ocasiones. Así la aparición por los mercados asturianos de Álvarez Sostres completando el pinturero pañuelo de bolsillo con una gorra de paño de filiación manchego-andaluza. O la vuelta a las andadas de don Francisco, habiéndose escapado del estilista o asesor que lo había pulido en los últimos tiempos, y retornando a esas cazadoras rojas, esos jerseys de color rosa y esos vaqueros, indumentaria que, sin duda, lo proustmagdalenea a tiempos más juveniles, quizás cuando acompañaba a Fraga por las veredas fluviales de Asturies y los salmones eran más abundantes que en el presente.
Don Gaspar se había caracterizado hasta ha poco por su sincorbatismo. Vestía bien y caro, pero habitualmente de manera informal. En esta campaña, sin embargo, para pasmo del observador, no abandona la corbata, ya corteje al altivo cirujano, ya trate de seducir al pescador de ruin barca. Y es aquí cuando mi memoria regurgita otro episodio del pasado. Se produce en el Parlamento asturiano. Se acerca a mí un prócer del socialismo, un prócer de muy destacados cargos y desempeños a lo largo de décadas, y me dice:
—¡Como se nota que yes de dereches!
—¡Home! ¿Por qué, fulanu?
—Porque siempre uses corbata.
Me estremezco de horror y deseo en lo más íntimo de mis entrañas que no tuviese razón aquel prohombre de la FSA. Porque, de ser así, con la corbata perpetua de don Gaspar —que ni siquiera es roja— se habría derrumbado uno de las últimas columnas que, tras el desmoronamiento del muro de Berlín y la huida de doña Rosa Aguilar, sostenían en pie el edificio de la conciencia crítica occidental, el faro que nos indicaba el camino del futuro y la emancipación a los mortales de a pie, que somos la gran mayoría. ¡Don Gaspar con corbata, habrase visto!
Pero pronto me tranquilizo pensando en que posiblemente no es muy sutil el juicio del notable socialista y que probablemente no vale más que un bono de deuda soberana griega, pues fue él uno de los contribuyó, en su día, a seleccionar a don José Luis Rodríguez Zapatero como el mejor de todos los hombres (y mujeras) del PSOE, y recuerdo que, además, se vanaglorió siempre de lo atinado de su elección.
Mas al momento siguiente un nuevo pensamiento viene a conturbarme, y aprieta mi corazón como dicen que lo aprieta el Pesadiellu en los terrores nocturnos: ¿Y si es, efectivamente, bueno su juicio? ¿Y si don José Luis era y es, efectivamente, el mejor de todos los militantes (y militantas) del glorioso partido de Pablo Iglesias? ¡Entonces, la corbata de don Gaspar, si no anuncia la llegada de la gran Prostituta, es por lo menos la rasgadura del séptimo sello! ¡Penitentiam agite! ¡Está cerca el fin de los tiempos!
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MARIANO NO TIENE…
Hará aproximadamente un mes, mi trasgu particular, Abrilgüeyu, se me apareció de repente, dibujó en la pantalla del ordenador una especie de escenario de guiñol, desapareció y, después, volvió a mostrarse por la derecha del escenario. Lo reconocí a pesar de que llevaba puesta una careta de Rubalcaba. A continuación aparecieron dos títeres, estos con las máscaras, respectivamente, de González y Guerra. Abrilgüeyu-Rubalcaba pareció darles instrucciones y, a una señal suya, al grito de «¡Mariano no tiene pilila, Mariano no tiene pilila!» (una frase que me hizo sonreír, pues se usaba en mi infancia para motejar al pusilánime o al cobarde), recorrieron frenéticamente el escenario para perderse por la izquierda del mismo. Desaparecidos, volvió a asomar Abrilgüeyu, doblado por la cintura hacia atrás, al modo como suelen hacerlo las figuras del guiñol, y me echó una chisgada descarada y cínica con su ojo derecho.
Pero no es de ello de lo que quería hablarles hoy, sino de las estrategias argumentales eje de la campaña de los principales partidos, del tuétano de lo que comunican, de su mensaje fundamental. IU, por ejemplo, suma a la idea de rebelión contra el sistema y a una cierta actitud juvenil, la cantinela de que PP y PSOE son exactamente lo mismo, y, en consecuencia, el que ellos son la única izquierda, el café-café del progresismo (sea eso lo que sea) y del obrerismo. Como aditamento, la bandera pirata: contra los ricos, los bancos, los mercados y los empresarios (malos).
Foro repite —solo en Asturies— a todas horas la misma matraca de que PP y PSOE son una idéntica entidad, hasta el punto de afirmar por boca de don Francisco que ambas formaciones pactarán tras las elecciones para presentar una moción de censura contra él. El raca-raca, bastante increíble, trata, evidentemente, de impedir que los votantes que de los populares pasaron a Foro en mayo vuelvan al partido de don Mariano, pues nada horrorizaría más a esos ciudadanos que el acabar apoyando al socialismo por vía directa o indirecta. La argumentación de Foro se complementa en nuestra comunidad con otra, en alguna medida paradójica: la de que, en cualquier caso, de tener representación en Madrid, apoyarían a Mariano Rajoy. La finalidad es, obviamente, la misma, evitar que vuelvan al PP los votos que en su día fueron a Foro, en este caso, por el temor de que, al no votar a don Mariano, respaldasen indirectamente al PSOE. Ciertamente, además, una parte importante del mensaje de Foro se basa en afirmar que solo un partido de ámbito regional, como ellos, puede defender los intereses de los asturianos sin cortapisas o condicionamientos.
Todo lo que hemos dicho hasta ahora es la médula de su mensaje en Asturies. En Madrid es principalmente otro (recordemos que el lema es «Más Foro. Mejor España») y busca otro tipo de electores, los de los ámbitos del PP próximos al complejo Esperanza Aguirre-El Mundo-Jiménez Losantos, los que, para entendernos, suelen motejar a Rajoy de «Maricomplejines». Allí, y para ello, el propio don Francisco se encarga de asistir a la manifestación de las víctimas del terrorismo (donde no estuvieron los principales cabezaleros del PP), de criticar en sus calles «la falacia del fin de ETA» o de resucitar la llamada a un Gibraltar español.
El guión del PP es simple y doble: «Nosotros no somos el PSOE y, por tanto, no lo haremos como ellos. Ellos destruyeron empleo, nosotros lo crearemos».
El PSOE agita también, como IU, la bandera pirata, pero con más discreción: contra los ricos, los bancos, los mercados, los empresarios (malos) y, un poco, contra Europa. Pero lo fundamental de su libreto es también jánico. Por un lado, asegurar que son ellos los únicos que pueden asegurar el estado del bienestar y apoyar a los que menos tienen. Por otro, aseverar que, si ganase el PP, las prestaciones sociales quedarán capitidisminuidas, ya no por necesidad, sino por voluntad —por maldad ideológica— de los populares. Todo ello, además, adobado con un discurso colateral destinado a poner en duda la capacidad de trabajo y de decisión de Rajoy, así como su falta de definición.
Y es aquí donde me acuerdo de aquella inesperada representación guiñolesca encabezada por mi enmazcaritáu Abrilgüeyu y de su coplilla burlesca. Porque han pasado de afirmar, durante más de un año, que el PP y don Mariano no tenían programa a proclamar ahora que lo tiene tan grande que a menester esconderlo para no asustar a quienes deseen entregarle su afecto en las urnas.
¡Arreniego de los demóngaros!, que decía mio güela.
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