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Justicia, sentencias, injusticia

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(Ayer en LNE) L’APRECEDERU JUSTICIA, SENTENCIAS, INJUSTICIA Estos días se han fallado tres sentencias en Asturies que tienen en común un pronunciamiento en favor de los acusados, definitivo, casi definitivo o provisional. Significan, algunas, el fracaso de los acusadores; otras, el fracaso de la maquinaria de la justicia. La primera sentencia, la que es, desde luego, más endeble a favor del acusado, es la revocación del fallo que condenaba a diez años de prisión al conocido popularmente como “Padre Chus”. Sentenciado a 10 años de prisión, el TSJA ha invalidado esa resolución del tribunal inferior por una tramitación inadecuada. El segundo caso tiene como protagonista a Francisco Álvarez-Cascos, tan protagonista él de tantas cosas en la política española y asturiana. Acusado por Foro y la fiscalía de delitos relacionados con los gastos que cargaba al partido, fue absuelto en primera instancia. Recurrida la sentencia por el ministerio público y por el partido, el TSJA desestima el recurso de ambos y su pretensión de un nuevo juicio por un tribunal distinto. Escandaloso es, sin duda, el proceso del llamado “caso Pokémon”. Durante doce años, ¡doce!, ha estado rodando la instrucción de la jueza Pilar de Lara, en la que se implicó en toda España a centenares de políticos, funcionarios y empresarios. Al margen de algún tirón de orejas que dieron en su día a la jueza los órganos superiores, al final todo ha quedado en agua de borrajas o, si lo prefieren, en indagaciones pilarlarianas. Se lo digo en titulares de LA NUEVA ESPAÑA: «El caso Pokémon, que señaló a muchos políticos asturianos, ya es papel mojado: los jueces no ven delitos y lo archivan. Doce años después de la polémica instrucción de la jueza Pilar de Lara, la causa termina sin juicios y sin apreciar ilícitos». Huelgan los comentarios, pero es evidente que la justicia no siempre es justa, a veces es muy injusta, y, que, en algunos casos, simplemente hace mal su trabajo.

La maldá del mes (o del añu)

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Entrevista a José María Navia-Osorio en LNE d'ayer. José María Navia-Osorio fuera fundador de FORO, y conseyeru de Sanidá nel Gobiernu de Cascos. Agora dase de baxa del partíu (pueden ver equí la entrevista) y, ente otres coses, entrúguen-y y diz:



-¿Cree que habrá más salidas de gente de peso?-No, porque ya no quedan personas de peso para irse. Supongo que en Oviedo se darán de baja muchos militantes.

¿La maldá del mes o la del añu?

El diañu, fartu de carne...

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... metióse a fraile.
Ehí tienen a Álvarez-Cascos, Secretariu Xeneral del PP nel so día, o más bien, como lu llamaben, "Xeneral Secretariu", qu'espulsó a Marqués por negase a baillar al son que-y tocaben de Madrid (que-y tocaba'l mesmu Cascos), ehí lu tienen, digo, acusando a los otros partíos de centralistes y a les sos sucursales equí de "sucursalistes".
Non, si yá lo diz: "el que munchu vivió, munchu rió":


Cascos acusa a Podemos y Ciudadanos de ser"sucursales" de Madrid
06.04.2015 | 01:29El secretario general de Foro, Francisco Álvarez-Cascos, pidió ayer a los asturianos que tomen buena nota del "espectáculo sucursalista que están dando Podemos y Ciutadans en sus primeros pasos de política real, tras la novedad de sus discursos" y tras presentarse "como redentores de los problemas".
En un comunicado, Álvarez-Cascos ha incidido en que tras las elecciones autonómicas andaluzas se ha visto cómo en Podemos "ya le han quitado autonomía y competencias a la candidata autonómica".
En su opinión, así se aprecia al constatar que las negociaciones para llegar a un acuerdo de gobierno con la socialista Susana Díaz "las dirige el secretario de Organización de Podemos, como delegado personal de Pablo Iglesias".



Predicar nun ye dar trigu: Les promeses del ministru Cascos

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ESTE ES UN ARTÍCULO DEL 2003
(¡CRÉANLO Y LÉANLO!)


PEDRICAR NUN YE DAR TRIGU
(O LAS REALIDADES DEL SEÑOR CASCOS )

El ahora ministro de Fomento, Dn. Francisco Álvarez-Cascos, realizó en días pasados su primera comparecencia parlamentaria como encargado de esa rama del Gobierno. Sus palabras no pueden ser más desalentadoras para los asturianos: la mayoría de nuestras infraestructuras no estarán acabadas antes del 2.007. Es posible que la autovía del Cantábrico no llegue al centro, completa, hasta el año 2.010. La conexión con Madrid por autovía no se verá hasta pasado el 2.007, la autovía a Galicia no llegará antes del 2.012 o 15 y la conexión por Madrid en un tren aceptable no se producirá, con suerte, tampoco, antes de esa fecha. ¿Ha dicho esta palabras con precisión don Francisco? En parte las ha dicho con esa exactitud, en parte, en la medida que no ha querido señalar más concreciones de fechas, las ha dejado entender.

Todo ello es, simplemente, un desastre para los asturianos en materia de comunicaciones exteriores. El PP se pone, así, en el mismo plano de inutilidad y abandono de Asturies que el PSOE. durante sus quince años de gobierno en Madrid.

Pero quizás resultará ahora útil recordar qué decía el Señor Ministro de Fomento cuando su partido no estaba en el poder o, más recientemente, cuando el no tenía esa concreta responsabilidad ministerial.

En lo relativo a las conexiones no ferroviarias con Madrid, antes del triunfo electoral de su partido (en el 95), nuestro personaje exigía la gratuidad de la autopista del Huerna; ya nos ha explicado ahora varias veces que tal cosa es imposible. En lo que respecta a la conexión Onzonilla-Benavente (ya un invento de finales del 91 de Felipe González y Fernández Villa para tapar la reducción de plantillas de Hunosa), don Francisco encontró siempre inaceptable y escandaloso su retraso y prometíó su inmediata ejecución una vez llegado el PP al gobierno. Ahora nos la promete para el 2.007, con un “horizonte máximo de ejecución en 2010”. Si pensamos que los horizontes en infraestructuras tienen en común con lo que llamamos horizonte en nuestra percepción del espacio y la geografía que siempre se alejan al acercarnos, hemos de horrorizarnos pensando en la distancia final de esa meta.

En cuanto a las comunicaciones ferroviarias con Madrid (piénsese que no las tenemos ni hacia el este ni hacia el oeste), no serán aceptables (un viaje de más de tres tres horas no lo es) antes del 2.015 o 2.020, y eso no sólo no es lo que el Ministro prometiera otrora, es que constituye una ofensa, pura y simplemente.

El Señor Cascos prometió que la autovía desde Santander al centro de Asturies estaría lista en el 2.002 o 2.003. No la tendremos completa antes del 2.007 o 2.010, lo cual es un escándalo. Pero es que no va a retrasarse sólo el litigioso tramo Unquera-Llanes: la mayoría de los tramos restantes no estarán disponibles antes del 2.005 o del 2.007 (con suerte). Para muestra no hay más que fijarse en que los 2,8 quilómetros de Venta´l Probe-Colunga acumulan ya casi dos años de retraso.
 
La autovía hacia Galicia, frente a anteriores promesas del señor Cascos de tener en ejecución todos los tramos antes del 2.005, constituye una entelequia en estos momentos, que el Ministro sitúa “en el horizonte del 2.010”. El tramo hacia el aeropuerto desde Avilés, la autovía Xixón-El Musel, están prácticamente desaparecidos, frente anteriores promesas de ejecución inmediata.

¿Para qué seguir? A la altura del 2.010 Asturies no tendrá comunicación por autovía ni con Madrid, ni con Santiago, ni, probablemente, con Santander. En la fecha del 2.015 seguiremos padeciendo el problema de la comunicación ferroviaria del Payares. En una palabra, los señores Cascos y Aznar golpean nuestro asturiano trasero como en su día lo golpearon los señores Martínez Noval y González.

El Ministro de Fomento demuestra, pues, en contraste con sus palabras en la oposición y sus promesas electorales, la verdad del refrán castellano: una cosa ye pedricar y otra dar trigu. Y demuestra, una vez más y para quien quiera verlo, que los políticos no tienen otra patria que su partido político y que sus compromisos no son los que pudieran establecer con los votantes (por razones de débito pragmático), ni con los ciudadanos de su lugar de origen (por razones de débito moral), sino los que sus partidos establecen para el conjunto de los ciudadanos y para el conjunto de los intereses y los poderes del conjunto de la geografía (en este caso, del estado) donde se asientan.

Tal vez nos costará muchos años (y mucho desempleo y emigración) a los ciudadanos asturianos entender esta verdad tan evidente y elemental como poco querida de ver.

BANALIDAD Y PAULOVISMO EN EL DISCURSO POLÍTICO

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                El elemento más irritante en la actual coyuntura política es, sin duda, la evidencia de la corrupción, sus proporciones elefantiásicas. Pero si nos distanciamos un poco del momento, podemos advertir en la práctica política otros componentes que tienen carácter permanente y que resultan, cuando en ellos reparamos, idénticamente ofensivos.
                El primero de ellos es la banalidad de la mayor parte del discurso político que se construye (y se repite) cotidianamente. Se limita a obviedades o trivialidades que cada grupo reitera en virtud de sus preferencias políticas: «hay que garantizar la sostenibilidad de las pensiones», «todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna», «es necesario sentarse a la mesa y dialogar», «hay que garantizar la sanidad universal y pública», «el nivel de paro de las nuevas generaciones es intolerable», «la emigración no es una salida para los jóvenes», «es necesario rebajar la presión fiscal»… Lo que define a estos discursos como banales no es el que sean bienintencionados o no (¿quién no desearía una ley que nos garantizase a todos ser jóvenes, guapos e inmortales, sin que tuviésemos que trabajar?), sino que nunca explicitan cómo se consigue llevar a cabo esos objetivos, o cómo es posible cohonestar unos con otros. Por solo poner un ejemplo, fuera de la coyuntura económica. Hace unos años, todas las encuestas señalaban la coincidencia de la mayoría de la población española en que había que dialogar con ETA («diálogo» es una de las palabras mágicas del beaterío melifluo de la sociedad actual), pero, sin embargo, quienes estaban a favor de ese encuentro afirmaban a continuación que no había que hacer ninguna concesión al terrorismo. ¿Qué significa, entonces, «dialogar», si no cabe la negociación? No importa, se realizan ambas afirmaciones porque están bien vistas socialmente y quien las emite se siente beato consigo al hacerlo y no padece ningún desasosiego al ir contra corriente.
                Junto con la banalidad, la incoherencia, como se ve en el ejemplo que acabamos de explicitar. Se puede decir lo mismo y lo contrario, al mismo tiempo. Se puede pedir diálogo con el islamismo y, a la par, que se garantice la libertad individual, el laicismo y el respeto a la mujer en los países en que aquel predomina. Se puede pedir que se impida que la juventud beba de forma brutal, para preservar su salud y, a la vez, rechazar que se persiga el botellón en la calle; defender el derecho de los vecinos al descanso y, juntamente, el derecho de los jóvenes a divertirse y alborotar bajo las viviendas de los mismos vecinos. La incongruencia no ocurre solo entre los argumentos que el discurso maneja, no se da únicamente por la imposibilidad de intentar casar dos realidades incompatibles olvidando el efecto de una de ellas sobre la otra o las otras, sino que sucede muchas veces por el hiato o salto en el vacío existente entre las premisas y la conclusión del discurso y del argumento. He aquí una muestra reciente, en el discurso de ese Demóstenes-Frege que es el secretario de organización del PSOE, don Jesús Gutiérrez, quien de vez en cuando nos ilumina con sus saberes lógicos y sus habilidades retóricas. Contestando a unas palabras de Álvarez-Cascos en que este acusaba a Pérez Rubalcaba del cierre de la minería asturiana, decía: «Cascos miente y utiliza el carbón para desviar la atención y tapar sus responsabilidades en el caso Bárcenas». «Tengo muy buena cochura. / Comedme sin regodeos / porque soy canela pura. / También se venden fideos.» recogía o fingía recoger Camilo José Cela en Ribadesella. El último verso de la cuarteta, traído por los pelos para completarla, tiene la misma trabazón lógica que la locución de don Jesús, porque es posible que don Francisco mintiese con respecto a la acusación que contra el PSOE y Rubalcaba realizaba y es posible, asimismo, que tenga responsabilidades en el caso Bárcenas, pero lo que es altamente improbable es que a don Francisco se le pasase por la cabeza en ningún caso, ni aun coyunturalmente tresvolicáu, que la mención al carbón iba a librarle ni por un segundo de lo que la opinión pública pensase sobre su relación con el señor Bárcenas.
            Sin embargo, don Jesús sabe muy bien a dónde apunta. El objetivo central de la política y del discurso político es el mismo que era el objeto de la enseñanza de los sofistas en la Grecia clásica: enseñar a persuadir, seducir y embelesar a los demás y moverlos a actuar en beneficio propio, con o sin razón, con verdad o mentira. Y, por otro lado, el más acendrado blanco de la política es la iglesia propia, ese amplio núcleo de fieles inasequibles al desaliento, inmarcesibles por la evidencia, que esperan a diario —de sus mentores mediáticos o políticos— el argumento coyuntural contra sus contrarios, las llamaradas de la incitación para mantener vivas pasión y fe propias.
                De modo que, aunque aparentemente el discurso de don Jesús parezca incoherente e ilógico, no lo es, responde al objetivo central de su labor pastoral: mantener encelados a sus fieles mediante la coyunda excitativa «Cascos-Bárcenas». Desde ese punto de vista, el del objetivo central o único de sus destinatarios, las aparentes incoherencias del discurso político en sus diversas fórmulas quedan resueltas de la misma manera: acertadas, adecuadas a su objetivo, eficaces para ello.

                Antes llamábamos irónicamente a don Jesús «Demóstenes-Frege». Seamos respetuosos y quitemos la montera ante sus habilidades. Cantemos la palinodia: «Demóstenes-Gorgias», es lo apropiado, lo mismo para él como para tantos que, con tanta maña, llevan a la excelencia el arte de la sofística.

¿Una nueva oportunidad para la derecha?

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… porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.


En el lapso de una semana han venido a producirse dos noticias que tienen entre sí un nexo común: la defunción del que fue presidente de Asturies, Sergio Marqués Fernández, y el anuncio de la definitiva exclusión de la derecha del Gobierno de Asturies, tras la conclusión del pacto entre UPyD y el PSOE, que se suma al alcanzado con anterioridad por este con IU.

Asistir al funeral de Sergio Marqués, junto a la mar, en aquella soleyera tarde del miércoles 6 de este escasamente soleado mes de mayo, daba pie a la melancolía y al recuerdo cuando, a la salida del acto religioso, uno pensaba en el ido. La contemplación de los vivos, sin embargo, invitaba a ver la escena en términos tragicómicos, al modo bufo de un esperpento valleinclanesco, acaso; como una película, tal vez, de cine mudo, con las imágenes moviéndose a toda velocidad y guiñolescamente desde 1995 hasta esa hora de las siete de la tarde de 2012. Pues, en efecto, allí estaban, cantando las virtudes del difunto, como si ellos no hubieran sido arte ni parte, sino simples espectadores acabados de arribar, todos cuantos correveidiles y malmetedores —con sus dimes y diretes y sus cuentos, primero, con sus conspiraciones, después— hicieron todo lo posible por derribar al primer presidente de la derecha en Asturies, ¡a partir del mes mismo en que tomó posesión de su cargo! Y, entre ellos, el ejecutor definitivo, Francisco Álvarez-Cascos, presidente en funciones mientras escribo estas líneas. 

Pero, más allá de esas consideraciones de reflexión histórica concreta y personal, se impone otra: la de la constatación de la incapacidad de la derecha en Asturies para constituir una alternativa propia y fuerte que no acabe destruyéndose a sí misma. Porque el asunto va mucho más allá del papel de Álvarez-Cascos en toda esta historia (a quien, por cierto, la izquierda debería agradecer que la haya rescatado de las tinieblas en dos ocasiones). Con Álvarez-Cascos, hay una primera línea de actores bastante numerosa que ha venido moviéndose con un gran egoísmo, con falta de inteligencia, con escasa percepción de los intereses generales y notable de los suyos personales, con permanente dedicación a la intriga, de forma irresponsable, guiados, en todo caso, los más nobles, por el corazón y no por la cabeza. Y ahí han estado los pro-Marqués y los anti-Marqués, los pro-Cascos y los anti-Cascos, cambiando de bando muchos de ellos en varias ocasiones, según conveniencia, o ayudando a llegar hasta el precipicio y retirándose después a terreno más seguro. No han sido únicamente los que vivían de la política —cargos públicos con sueldo y apparátichiki; cachicanes locales, tras cuya persona van los votos del concejo—, lo han sido, asimismo, empresarios y «sostenedores». Y, desde luego, al oír ahora el proclamado desencanto con Foro de tantos de estos habituales de la política y el cargo, a uno le entran unas convulsiones de risa como si hubiese sido rociado con gas hilarante. 

Ahora bien, la derecha social, los votantes, no están libres de responsabilidad, en modo alguno. No solo por el principio general de que la junta de accionistas, formada por cada uno de los ciudadanos, es quien nombra y delega en el consejo de administración, sino porque la forma en que acudieron a votar a Foro, en especial en mayo del 2011, frente al PP trasluce o una inocencia infantil o una ceguera voluntaria ante la consecuencia de los propios actos. Es cierto que el PP en Asturies era escasamente visible y atractivo, más bien inútil; verdad también que muchos ciudadanos, y no solo en la derecha, deseaban un cambio. Pero pensar que acudían a votar como quien elige a la más hermosa en un concurso de mises y que, después de eso, todo quedaría solucionado puesto que «todos eran los mismos», suponía ignorar que los votantes, precisamente, los acababan de convertir, mediante su voto, en enemigos irreconciliables. Seguir creyéndolos, desde entonces, parte de una misma comunión o cuerpo místico representa una especie de pensamiento mágico.

Ignoro, si, como se dice en el cierre de Cien años de soledad, la derecha asturiana volverá a tener otra oportunidad en esta tierra. Seguramente sí. Pero tardará tiempo. Deberá, primero, reconstituirse internamente, no solo en cuanto a siglas, sino, lo que es más importante, en el crédito de sus votantes y en el crédito general social. Pero, a mi entender, el problema no es un problema coyuntural, sino estructural: no existe derecha asturiana, hay una derecha poderosa en Asturies, pero no una derecha asturiana (al margen ya de la enorme facilidad genérica de la derecha para fraccionarse).

Procuraré explicarme. La derecha en nuestra tierra tiene claro su imaginario social y sus ideales con respecto a lo que debe ser España y, al mismo tiempo, tiene en muy poco lo que ella pueda ser aquí. Por eso no le plantea conflicto alguno a quién votar en las listas a Madrid (serán siempre solícitos acólitos del «príncipe») ni tiene interés alguno en participar en la organización socio-política llariega: la «de verdad» es la española. Y, sin embargo, la realidad y la vertebración autonómica del estado confieren una enorme importancia a la organización territorial de los partidos centralistas, más allá de su papel de franquicias recaudadoras para la casa central. Y es en este sentido en el que, entiendo yo, la derecha asturiana carece de un imaginario social colectivo; de una adecuada representación de sus intereses concretos aquí; de una presencia homóloga con su realidad social en la representación partidista (ocupada, más bien, por «apátridas» apparátichiki); de líderes, al tiempo, atractivos, no conflictivos y con capacidad de arrastre fuera de las propias filas. Esa tarea está, aun más que por hacer, por plantearse.

Y es necesario, porque únicamente quien sea un sectario enfermizo podrá negar la legitimidad de las propuestas de la derecha, su eficacia en muchos casos, así como la necesidad de la alternancia, no solo en el plano teórico, sino, entre otras cosas, porque, hasta la fecha, no han sido los gobiernos de PSOE-IU un modelo de éxito y eficacia en la gestión de nuestra patria, que uno sepa.

UN ANIVERSARIU ENSIN TARTA PRESUPUESTARIA

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La vela del aniversario de Foro se ha encendido entre toques de campana. Pero ha faltado la tarta presupuestaria donde ponerla. Porque Foro no ha sido capaz de llegar a acuerdos con ningún grupo político para ello. ¿Por falta de voluntad, por incapacidad, por empecinamiento de los demás? En todo caso, el grupo de don Francisco no parece haber hecho lo suficiente para poner muy difícil el voto negativo a los restantes partidos.

Desde su conformación a principios de 2011 hasta las elecciones generales de noviembre la trayectoria de Foro había sido meteórica y exitosa: dieciséis escaños en el Parlamentu en tan escaso tiempo, el Gobierno de Asturies, una ola de simpatía que iba más allá de sus resultados electorales, un buen número de concejales, algunas alcaldías —una de ellas tan destacada como la de Xixón—, la incorporación de un grupo de personas nuevas en la política, su triunfo notabilísimo sobre su matriz principal, el PP, cuando este iba al alza en toda España, constituyen un éxito con difícil parangón. Ese triunfo en las elecciones de mayo abrió una nueva situación en la política asturiana: a partir de ahí dos fuerzas políticas, PP y Foro, compiten básicamente por el mismo electorado, por lo que el objetivo primordial de ambas no puede ser otro —así es la fuerza de las cosas— que el de secar por completo las fuentes de su rival. Ese panorama, por cierto, no estuvo en las expectativas de la mayoría de los votantes de Foro, cuyo objetivo al acercarse a las urnas no era el de partir en dos a «su» fuerza política, sino, simplemente, castigar a sus dirigentes y dirimir la dirección del PP en Asturias, como si la pugna entre las dos candidaturas hubiese consistido simplemente en un concurso sin más trascendencia, y con la seguridad de que, después, ambas facciones «se arreglarían».

En medio de los laureles, la posición de Foro tenía, sin embargo, serios problemas estructurales y de coyuntura: el primero, el hallarse en minoría en todas las instituciones, lo que los obligaba a llegar a acuerdos, fundamentalmente con su principal rival, el PP. No era tampoco cuestión menor la inexistencia de un discurso propio distinguible de su matriz social y discursiva, salvo en la fuerte impronta identitaria que le confiere la personalidad de Cascos. La inexperiencia de una parte importante de su militancia y cargos y la ausencia de la tradición y la cohesión que proporciona el tiempo a los grupos humanos formaba también parte de sus carencias.

Con todo, las cosas les iban razonablemente bien, se encontraban en un momento dulce ante la opinión y parecía que su curso podría seguir siendo ascendente. Sin embargo, en noviembre Foro cometió dos errores (de esos que en la tragedia griega serían achacados a la hybris): el primero sobrevalorar sus expectativas y anunciar que sus resultados electorales en las generales serían mucho mejores de lo que fueron; el segundo, presentarse en Madrid, lo que, al enajenarle las simpatías de la derecha no marianista, tendrá consecuencias en el futuro. Sobre ello, además, y al margen de la razón que los asista, han gestionado mal el asunto del Niemeyer y de forma inaceptable los créditos de la RTPA. Ello, probablemente, habrá quebrado parte de la confianza que en la formación casquista seguía teniendo una parte de sus votantes.

Pero, sobre todo, es de suponer que ese limitado fracaso electoral en las generales (magnificado por su propio discurso, reitero), la quiebra de la esperanza en seguir la línea de progreso ascendente, habrá supuesto para don Francisco la obligación de revisar su estrategia, que, tuviese los objetivos inmediatos que tuviese (aprobación de los presupuestos sin hacer concesiones, hipotética convocatoria electoral, tal vez), pasaba por seguir apretando el dogal del PP y acelerando ese apretón, sin daño para su propia formación. Esa estrategia ya no tiene hoy, sin embargo, un éxito tan claramente asegurado.

Y con esas posiciones en el tablero, los asturianos nos hemos quedado con una prórroga presupuestaria, que no impide gobernar, pero limita las inversiones institucionales, ralentiza la administración, desanima la inversión y tiene efectos negativos sobre el empleo.

Todo ello, además, tiene mala solución, por cuanto, como hemos dicho, PP y Foro son rivales enconados y, de otro lado, es imposible que PP y PSOE lleguen a acuerdos, digan lo que digan los hombres de la formación casquista.

¿Seguiremos en prórroga toda la legislatura? ¿Habrá anticipo electoral? ¿Se limitará el Gobierno a gestionar la prórroga presupuestaria negociando leyes de ampliación o modificación parciales? Yo creo que ni el principal actor lo sabe en estos momentos, y que el sentido de la evolución lo irán dictando los sondeos de opinión o aquello que se olfatee o se crea olfatear en el aire.

En todo caso, mi previsión es que el Gobierno volverá a presentar los presupuestos una vez que el del Estado establezca el marco general económico y concrete los suyos para 2012. Si esas cuentas van a venir a la Xunta con la intención real de ser acordadas o si lo harán únicamente con la de ser una cibiella con que se sacudan unos a otros, lo veremos. Y ello nos dirá cuál será el próximo futuro.

NB. Si algún grupo del Gobierno o de la oposición desea saber cómo responder con patriotismo (o, menos dramáticamente, «con responsabilidad») ante una situación de marasmo presupuestario, pueden encontrar en la historia reciente ejemplos del modo de llegar a acuerdos entre fuerzas muy alejadas. Si lo necesitan, quien esto firma podría facilitarles alguna información.

¡Asombroso! : UGT convoca huelga de 24 horas en RTPA y en productoras para el día 20

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Como saben ustedes, FORO -¡vaya concepción de la nación y vaya asturianismo el suyo!- pretende cerrar por ahogamiento la RTPA (algún día hablaremos a fondo de lo que significa la visión que tiene FAC-FORO de los medios de comunicación), por esa razón ha dejado de transferir créditos a los que estaba obligado. Como consecuencia, la RTPA ha retirado programas, empeorado el servicio y dejado de pagar a empleados y acreedores. Producto de todo ello, mucha gente lleva meses sin cobrar y ya han cerrado varias empresas de las que trabajaban para la RTPA.

Y, ahora, va la UGT y discurriendo con cualquier parte del cuerpo que no es la cabeza, convoca una huelga para el día 20 en la RTPA. ¡Fantástico! Para ayudar al señor Álvarez-Cascos y a FAC-FORO y desprestigiar más la RTPA. Porque todo lo que dañe a la RTPA ayuda al patrón, no lo daña. ¡Eso es un sindicato y eso son cerebros!

ESTAMPAS Y MAGDALENAS ASTURIANAS

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Allá en los primeros años de la posguerra civil hervía el discurso patriótico en pro de un «Gibraltar español». Pues bien, uno de aquellos tipos célebres que ya han desaparecido de nuestras calles, un tal Calpena o Carpena, creo recordar, un tanto aficionado al Baco barato y abundante, harto quizás de tanto discurso, se embarcó en la aventura de recorrer las calles de Xixón arrastrando con cadenas un morrillu y proclamando, entre paradas e hipidos:

—¿Nun queríes el peñón? Pues ehí lu tenéis.

Las crónicas acaban con él en comisaría y una buena tolena en llombu.
Como la tópica magdalena proustiana, me ha traído la evocación de este episodio ciudadano la renovada propuesta forense del «Gibraltar español», que tanto entusiasmo ha concitado en otros foros, los nefelibáticos y digitales. Pero no es hoy de magdalenas, carpenas o tolenas de lo que quería hablarles, sino de estampas próximas de la campaña electoral asturiana.

Digamos, en primer lugar, que es de una sosería insuperable, según ha sido siempre. Salvo Foro, que está obligado a decir, en parte, algunas cosas distintas (en gran medida dice lo mismo que el PP, como es inevitable), PP, PSOE, IU y UPyD (sé que hay otros, pero, lo siento, su voz es absolutamente inaudible) repiten lo mismo, punto por punto, que sus «mayores». Y es que aquí los partidos centralistas nunca han sido más que delegaciones oficinescas de Madrid, con escasa imaginación y con nula vocación de iniciativa propia: su papel se ha limitado, en todo caso, a gestionar con mayor o menor fortuna los intereses locales de la cartera de clientes de sus casas centrales. Cuando esa gestión ha sido deficiente, parte de esa clientela se ha rebelado, pidiendo no un nuevo contrato, sino mayor eficiencia en la aplicación del antiguo.

De esa manera, da igual sentir a don Gaspar que a don Cayo, a doña Mercedes que a don Mariano, a don Antonio que a don Alfredo: con horas de diferencia repiten las mismas propuestas, las mismas lisuras, iguales soserías, idéntiques bocayaes. La única variable es la reiterada petición de don Antonio de tener un mano a mano con doña Mercedes para hacer patente que, aunque hace ver como que no tiene programa, «lo tiene tan grande y tan monstruoso» que lo tiene que ocultar a fin de no espantar a quienes ha seducido (don Mariano, quiero decir, no doña Mercedes, supongo).

Por lo demás, el atuendo de los cabezaleros nos depara un puñado de imágenes que, a veces, causan pasmo, suscitan ternura en ocasiones. Así la aparición por los mercados asturianos de Álvarez Sostres completando el pinturero pañuelo de bolsillo con una gorra de paño de filiación manchego-andaluza. O la vuelta a las andadas de don Francisco, habiéndose escapado del estilista o asesor que lo había pulido en los últimos tiempos, y retornando a esas cazadoras rojas, esos jerseys de color rosa y esos vaqueros, indumentaria que, sin duda, lo proustmagdalenea a tiempos más juveniles, quizás cuando acompañaba a Fraga por las veredas fluviales de Asturies y los salmones eran más abundantes que en el presente.

Don Gaspar se había caracterizado hasta ha poco por su sincorbatismo. Vestía bien y caro, pero habitualmente de manera informal. En esta campaña, sin embargo, para pasmo del observador, no abandona la corbata, ya corteje al altivo cirujano, ya trate de seducir al pescador de ruin barca. Y es aquí cuando mi memoria regurgita otro episodio del pasado. Se produce en el Parlamento asturiano. Se acerca a mí un prócer del socialismo, un prócer de muy destacados cargos y desempeños a lo largo de décadas, y me dice:

—¡Como se nota que yes de dereches!

—¡Home! ¿Por qué, fulanu?

—Porque siempre uses corbata.

Me estremezco de horror y deseo en lo más íntimo de mis entrañas que no tuviese razón aquel prohombre de la FSA. Porque, de ser así, con la corbata perpetua de don Gaspar —que ni siquiera es roja— se habría derrumbado uno de las últimas columnas que, tras el desmoronamiento del muro de Berlín y la huida de doña Rosa Aguilar, sostenían en pie el edificio de la conciencia crítica occidental, el faro que nos indicaba el camino del futuro y la emancipación a los mortales de a pie, que somos la gran mayoría. ¡Don Gaspar con corbata, habrase visto!

Pero pronto me tranquilizo pensando en que posiblemente no es muy sutil el juicio del notable socialista y que probablemente no vale más que un bono de deuda soberana griega, pues fue él uno de los contribuyó, en su día, a seleccionar a don José Luis Rodríguez Zapatero como el mejor de todos los hombres (y mujeras) del PSOE, y recuerdo que, además, se vanaglorió siempre de lo atinado de su elección.

Mas al momento siguiente un nuevo pensamiento viene a conturbarme, y aprieta mi corazón como dicen que lo aprieta el Pesadiellu en los terrores nocturnos: ¿Y si es, efectivamente, bueno su juicio? ¿Y si don José Luis era y es, efectivamente, el mejor de todos los militantes (y militantas) del glorioso partido de Pablo Iglesias? ¡Entonces, la corbata de don Gaspar, si no anuncia la llegada de la gran Prostituta, es por lo menos la rasgadura del séptimo sello! ¡Penitentiam agite! ¡Está cerca el fin de los tiempos!

...Y lo demás, palabrería

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Uno está atónito ante la expectación y unción con que ha sido recibido el uso de la palabra «país» por don Francisco y su Foro.

—Ha dicho «país», ha dicho «país» —suspiran y reverencian las almas pías con devoción, como si se les hubiesen abierto los cielos para la parusía o tal que se hubiera desvelado, por fin, ¡qué digo el bosón de Higgs!, una fotografía misma del instante cero del big-bang o, más llariegamente, la instantánea de la Santina infundiendo ánimos a Pelayo frente a don Oppas y al moro Muza.

Y es que, pese a la pluralidad de acepciones de «país» en el diccionario castellano, es difícil ver en el vocablo otro significado que el que alcanza en sintagmas del tipo «patatas del país», «paisano» o el meramente geográfico con que Xovellanos abre el diario del destierro al degolar el Payares: «¡Qué hermoso país!». En todo caso, desde el punto de vista jurídico-político hodierno, la palabra nada significa. Pero veamos antes, muy en sustancia, cuáles son los antecedentes del asturianismo político histórico hasta 1975 (desde esa fecha hay otro, con otros fundamentos teóricos y otras prácticas políticas, no sólo el del PAS, pero ello no es el objeto de este artículo).

El primero es el Fuerismu Xuntista, centrado en la idea de que la Xunta Xeneral es el fuero de los asturianos. Su formulación más radical es la de que se trata de un instrumento de la soberanía nacional asturiana previa a la del conjunto de España y nunca resignada. Así Xovellanos y Camposagrado, al disolver la Xunta el Marqués de la Romana, la defienden llamándola «la Constitución de Asturias», calificándola de «inviolable» y entendiendo que es la manifestación de sus «fueros». En esa línea se mueven posteriormente Caveda (aunque este únicamente de forma retórica, pues se abona prestamente al jacobinismo centralista) y, ya en el primer tercio del XX, el Vizconde de Campo Grande, impulsor de la Junta Regionalista del Principado.

El segundo, y de gran importancia por su número y continuidad, es el carlismo. Personalidades notables de la vida cultural fueron carlistas (de Acebal a García Rendueles, por ejemplo; téngase presente, además, que en 1883, a la llegada de Adolfo Posada a la Universidad, el 25% de los catedráticos eran carlistas). Esta larga tradición viene a reforzarse en algunos momentos con la presencia de personajes que provienen de la vida política española, como Vázquez de Mella.

Estas dos últimas corrientes, junto con algunos otros elementos de la derecha tradicional, son los que dan lugar, entre 1917 y 1923, a un movimiento político, la Junta Regionalista del Principado, a un intento de grupo de presión, la Liga Pro-Asturias, y a dos documentos teóricos, la Doctrina asturianista (un «catecismo» al modo como se habían puesto de moda por entonces en Galicia y Cataluña) y Las manifestaciones del regionalismo en Asturias. La falta de autonomía municipal, las crisis del carbón y la subsiguiente al final de la Gran Guerra y, sobre todo, el ejemplo catalán impulsan estos movimientos.

Constituye una fuerza de otra entidad el Partido Republicano Federal. Lo es por su permanencia —va desde la primera república a la segunda—; por sus fundamentos teóricos, pimargallianos fundamentalmente; por ser un partido obrerista y de izquierdas; por sus continuados éxitos electorales. Naturalmente, el federalismo entiende España como una federación de naciones cuya soberanía es previa —e irrenunciable— a su integración en el conjunto. Así se diseña, por ejemplo, el papel de Asturies en el proyecto de Constitución de la primera República. Se preguntarán ustedes, en consecuencia, por qué la mayoría del pueblo asturiano ignora este tan importante vector de nuestra historia. Pues es muy sencillo, a la derecha no le interesa nombrarlo porque está en las antípodas de sus postulados. A la izquierda de raigambre marxista (y a sus palafreneros) menos, ya que así pueden mantener la mentira de que no hubo en el pasado más izquierda que ellos y, de paso, sostener su clásica tontería argumentativa (alimento de almas simples) de que todo nacionalismo es de derechas.

Digamos, finalmente, que intentar apoyar cualquier regionalismo en la tradición universitaria asturiana de corte españolista o en el reformismo melquiadista es un puro embeleco. Los primeros fueron indiferentes ante el regionalismo asturiano, en el mejor de los casos; en su mayoría, hostiles a él, como lo fue el reformismo.

Pero volvamos al «abracadabra, pata de cabra», al ungüento alucinatorio de la palabra «país». Desde el punto de vista constitucional (es decir jurídico y político hodierno) sólo existen tres palabras para encajar la autodefinición, el estatus y la juridicidad política de una comunidad autónoma: «región» y «nacionalidad», según el artículo 2º, y, desde la última reforma catalana, «nación».

Así que cuando el señor Cascos hable de reformar el Estatuto (y constituye un escándalo que un partido que quiere predicarse autonomista no haya dedicado ni una sola palabra a hablar de ese agravio contra los asturianos que es el actual Estatuto) que nos diga qué piensa poner en el texto: ¿«región»?, ¿«nación»?, ¿«nacionalidad»? Porque lo demás es palabrería. Seguramente buena para encandilar espíritus cándidos o gente que quiere dejarse engañar, pero palabrería.

Recomendaciones al Gobierno de Cascos, para que no se apresure

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Fotografía de Nacho Orejas, en La Nueva España

Una recomendación al nuevo gobierno, para que no se apresure y haga, en consecuencia, las cosas mal. Hay que hacerlas bien, pero poco a poco: ‪Poco a poco‬‏ (YouTube)



Amenaces al asturianu nel programa d'Álvarez-Cascos

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Señalábemos nun ensiertu de fai tres díes ("Cuatro amenazas contra el asturianu") que nel discursu d'Álvarez-Cascos había cuatro amenaces contra l'asturianu. Esti yera'l testu:
"Impulsar el estudio de tres lenguas básicas: el castellano, el inglés y el chino, así como fomentar el conocimiento riguroso del asturiano"
Y invitábalos a buscales. D'ente los más sollertes, el que más fue Gwenael Emelyanoff, que señaló (nel mio FACEBOOK):

  1. ‎impulsar no es fomentar
  2. básicas vs no básicas
  3. estudio vs conocimiento
  4. lenguas vs no lengua (al menos no se precisa). Cuatro amenazas, ¿no?

Pero (quitando Marcos Morán) naide arreparó na más siniestra: "riguroso". Den-y vueltes, a ver a ónde los lleva.

Cuatro amenazas contra el asturianu

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"Impulsar el estudio de tres lenguas básicas: el castellano, el inglés y el chino, así como fomentar el conocimiento riguroso del asturiano"

Es este un párrafo incluido en el programa de investidura de Álvarez-Cascos. Les hago una sugerencia, a fin de averiguar cómo de fino es su olfato lingüístico, semántico, pragmático, contextual y social: adivinen cuántas amenazas existen en esa simple frase contra nuestra lengua, el "asturianu" (y les acabo de dar una).

[la solución EQUÍ]

Cuatro amenazas para el asturianu

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"Impulsar el estudio de tres lenguas básicas: el castellano, el inglés y el chino, así como fomentar el conocimiento riguroso del asturiano"

Es este un párrafo incluido en el programa de investidura de Álvarez-Cascos. Les hago una sugerencia, a fin de averiguar cómo de fino es su olfato lingüístico, semántico, pragmático, contextual y social: adivinen cuántas amenazas existen en esa simple frase contra nuestra lengua, el asturianu (y les acabo de dar una).


[la solución EQUÍ]