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El acero de Madrid

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(Ayer, en La Nueva España) EL ACERO DE MADRID El acero de Madrid es una obra de Lope de Vega escrita en 1608, pero no vamos aquí a hablar de la obra ni de Lope, sino de otra cosa. Pasen y vean. En las últimas fechas vienen desvelándose una serie de gravísimos problemas que amenazan nuestra industria, en general, y la siderúrgica en particular; problemas que no son únicamente españoles, sino europeos, como acaba de subrayar el informe de Mario Draghi (https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/el-informe-draghi-no-deberia-terminar-en-un-cajon/). Pero esto no es una novedad, desde hace bastantes años quienes están en el mundo real, en el mundo de la producción de bienes, y no de discursos, vienen señalando los problemas de la industria europea para competir en condiciones de igualdad con otros países en donde los requisitos para producir bienes son inexistentes o lo son muy leves en cuestiones medioambientales y de salarios, con lo cual, y en una situación de prácticamente libre comercio, esos países inundan nuestros mercados de productos más baratos, que expulsan a los nuestros. Una parte de la opinión pública piensa que ese es un problema de los capitalistas, que ganan menos, pero no lo es únicamente de ellos -que lo es solo de manera relativa-: significa el despido de trabajadores, el cierre de fábricas en los casos más extremos, la limitación de salarios. Como he dicho, esa denuncia, esas llamadas de atención no son de ahora ni son singulares, sino múltiples y reiteradas. Por dar solo un ejemplo, en una entrevista de 2018 en este periódico, Álvaro Platero, el presidente de Astilleros Gondán, denunciaba la absoluta desigualdad de condiciones competitivas entre las empresas españolas/europeas y las de otros países en materia de construcción de barcos. “Europa, contra la industria”, resumía yo. Pero, además, el empixe por convertirnos en los más guaisdelparaguay del mundo y en cumplir un programa medioambientalista que hace abstracción de la realidad y no tiene en cuenta las actuaciones en el resto del planeta nos lleva a la destrucción de empresas y empleo. Miren las palabras de Javier Targhetta: “El objetivo cero emisiones no puede ser a costa de millones de empleos en Europa" (https://www.lne.es/economia/2024/07/28/objetivo-cero-emisiones-costa-millones-106169752.html). También, con respecto a este tour de force autodestructivo, sus palabras son también compartidas, aunque no ocupen las primeras páginas, como las del discurso dominante, que avanza ciego sin ver las víctimas y argayos que deja a su paso. (Y, a propósito, ¿de dónde creen ustedes que viene una importante parte del voto a Donald Trump o a la ultraderecha en países de Europa?). Con respecto, concretamente, a la siderurgia, las amenazas no dejan de desvelarse en los últimos meses: a la competencia desigual con otros países exportadores se suman los costos de la electricidad, una capacidad productiva excesiva y un cierto parón en la actividad económica. Solo un titular reciente: “Eurofer alerta de una situación "explosiva", con inversiones detenidas, capacidad productiva parada y peligro de que se vaya a cierres definitivos”. Aquí, en Asturies, tenemos nuestros calvario y discursos particulares. En 2021 hubo una reunión entre los Mittal y el presidente del Gobierno, don Pedro. Allí se acordaron una serie de inversiones y de subvenciones para las acerías asturianas, entre otras, una de 450 millones de euros para una planta de reducción directa de mineral de hierro (RDI) mediante hidrógeno verde. La planta de RDI se ha convertido desde entonces en una aspiración y en un mito. Una aspiración, porque su puesta en marcha aseguraría la acería asturiana por mucho tiempo. Un mito, por una parte, porque vendría a cumplir con las exigencias del discurso medioambiental; por otra, porque su instalación debería realizarse, según algunos, fuesen cuales fuesen las condiciones de su rentabilidad, fuese viable económicamente o no. Sobre la rentabilidad y sostenibilidad del hidrógeno verde en los tiempos inmediatos existen muchas dudas, pero, en todo caso, Arcelor viene diciendo hace tiempo que, con los precios actuales de la energía, la planta de RDI que sindicatos y gobierno y políticos asturianos vienen reclamando insistentemente a tuerto o a derecho es inviable. Y aquí llega la gran sorpresa. Guillermo Peláez, consejero de Hacienda: “Con Arcelor o sin Arcelor, la siderurgia integral se va a mantener en Asturias”. CC OO: “El Estado debe intervenir para que las inversiones sigan adelante, con o sin el señor Mittal al frente de la compañía". ¿Con Arcelor o sin Arcelor? ¿Con Mittal o sin Mittal? ¿Pero de qué hablamos? Y, si hablamos de “eso”, ¿hablamos en serio? ¿Lo hemos tratado con el Gobierno central? ¿Va a hacerse Madrid con el acero asturiano? ¿Lo compramos, esto es, lo pagamos nosotros? Tengo la impresión de que el pasado ha dejado en Asturies una honda huella, una añoranza permanente que nos lleva a confundir los sueños con la realidad, los hechos con las palabras. Parábola. 1997-1998. Se debatía la reforma del Estatuto y, en particular, la posibilidad de incluir en él la cooficialidad. Recibíamos críticas, insultos y amenazas por una gran parte de la izquierda ya que, según ellos, no queríamos nosotros, que, de quererlo, ya estaba hecho. Debate en el salón de LA NUEVA ESPAÑA. Volvimos a aclarar que no había votos para ello y no sería posible. De repente, entre insultos y griterío, una parte importante de los asistentes, digamos, la izquierda de la izquierda, abandona el salón, puño en alto, a la voz de: “Pues lo conseguiremos en la calle”. A mis años me falla la memoria, pero creo recordar confusamente que IU, que ahora también sugiere la nacionalización de Arcelor, formó y forma parte de los gobiernos socialistas o apoyó sus presupuestos. Pues eso.

La cooficialidad y la Asturias que puede ser

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Ún de los testos más importantes de los caberos tiempos a favor de la oficialidá del asturianu. Razón: la persona y el trabayu del autor, qu'opina dende fuera de los grupos habituales favoratibles o a la escontra, con argumentos reposaos y ensin dexar de ver les cuestiones difíciles: La cooficialidad y la Asturias que puede ser Proteger el asturiano y el eo-naviego para combatir la inseguridad de la región para encarar su futuro Eduardo Fernández Luiña es politólogo, decano de la Escuela de Posgrado de la Universidad de las Hespérides, profesor en la Universidad Francisco Marroquín y coordinador de Formación y Relaciones Internacionales del Instituto Juan de Mariana Cuesta escribir algo que se lleva dentro muchos años, pero que pocos conocen. Existe un miedo interior que lo invade todo y que coloca a la persona que lo siente en una situación compleja, en un callejón sin salida. Esa sensación recorre mi espíritu y ánimo desde hace años, pues es mucho el tiempo que he defendido en la sombra, casi en silencio, la cooficialidad de la lengua asturiana, mi lengua materna. Las razones son muchas, pocas las personas que las conocen. Y es que al hablar de la cooficialidad de una lengua, la identidad emerge y con ella las pasiones, los sentimientos y a veces la irracionalidad. Intentando deshacer el entuerto, escribo estas líneas con objeto de meditar sobre el valor de proteger nuestra(s) lengua(s). Decía Bernardo Atxaga que una lengua no es más que una poética. La lengua muestra de alguna manera qué somos. En palabras del escritor vasco, la lengua forma parte de «nuestra instalación en el mundo». El asturiano en sus distintas variantes (asturianu y eo-naviego) conforma un patrimonio cultural de gran valía para todos los que nacimos aquí. También, para las generaciones que vienen y aquellas personas que no siendo astures de nacimiento sienten la tierrina como propia. Sería triste como pueblo, que nuestra forma de ver el mundo, nuestra poética, se diluyese en la historia y desapareciese. Y esto, la pérdida de nuestro patrimonio lingüístico es ya una realidad. Creo que nadie puede atreverse a negar que la lengua asturiana se encuentra en peligro de extinción. Solo tenemos que salir a la calle para verlo, abrir la ventana, como decía Seymour Martin Lipset. La cooficialidad sería una herramienta de conservación que ayudaría a proteger eso que ha existido durante siglos y que ha contribuido a dar forma a nuestra identidad. Y es ahí donde brota la segunda de las razones. Asturias siempre ha sido para mí (que soy emigrante) un sueño en proceso, una realidad que puede ser y que desafortunadamente, no es. Anhelo una Asturias orgullosa de sí misma (sin charranerías) y sin miedo a la hora de afrontar el futuro. Una tierra que lo tiene todo para triunfar, parece condenada al estancamiento y a la decadencia próspera, en palabras de Ross Douthat. Muchas veces los astures somos sin ser, pues son innumerables las situaciones en las cuáles se observa el complejo, la vergüenza de utilizar las palabras que nuestros ancestros nos han legado a lo largo de la historia. Eso, que puede parecer una tontería, influye en nuestro carácter y en nuestra inseguridad a la hora enfrentar lo que viene. La cooficialidad acomodaría muchos de nuestros miedos identitarios, eliminando una diglosia que por décadas ha marcado a los que nacimos n’Asturies. Hay que orientar el orgullo por el sendero correcto y la cooficialidad puede contribuir a ello. La tercera razón es jurídica. La complejidad legal que lo inunda todo hace daño a quienes no disfrutan de igualdad de derechos a la hora de utilizar oficialmente una lengua que es suya. Han sido muchos quienes a lo largo del tiempo han mostrado un compromiso con Asturias y el asturiano. Jovellanos y su hermana, Xosefa, el gran Acebal o el padre Galo. Todos querían salvaguardar la lengua para garantizar la igualdad entre aquellos que somos iguales y proteger la dignidad que como pueblo tenemos. No es algo menor defender la igualdad jurídica de aquellos que son conciudadanos y paisanos. En los últimos tiempos, organizaciones como Conceyu Bable, Iniciativa pol Asturianu, intelectuales como Xuan Xosé Sánchez Vicente y Xosé Lluis García Arias, escritores como Xuan Bello, la Academia de la Llingua, los dos últimos rectores de la Universidad de Oviedo, comunicadores como Inaciu Galán, empresarios como Inaciu Iglesias y Felechosa, y con ellos miles de ciudadanos, han dejado tiempo, dinero y mucho esfuerzo por hacer posible la cooficialidad de nuestras lenguas. ¿Tiene problemas la medida? Por supuesto que sí. A la hora de realizar una intervención de estas características surgen un sinfín de incentivos potencialmente perversos, como en toda política pública. Y esto, la cuestión de los incentivos, puede representar una dificultad a la hora de diseñar una actuación que sirva para resolver los retos (históricos, identitarios y jurídicos) presentados líneas atrás. Afrontar la oficialidad del asturiano implica pensar adecuadamente en los procesos, teniendo siempre presente uno de los principios esenciales de toda democracia liberal: La igualdad ante la Ley. Igualdad ante la Ley diseñando procesos adecuados y garantizando 2 que todos tengan acceso a este recurso cultural. El hecho de ser conscientes de la existencia de “buscadores de renta” puede ayudarnos a diseñar procesos/instituciones de mejor calidad que reduzcan el margen de actuación de aquellos que busquen beneficiarse económicamente a costa de la promoción y defensa de la lengua asturiana. Dicho esto, debemos ser conscientes de quiénes han sido las víctimas a lo largo de la historia. Y estas, es más que evidente, han sido los asturfalantes. El hecho de querer hablar asturiano no debe ser entendido como una ofensa. Nada más lejos de la realidad. Por ello, los miembros de la Administración Pública deberían ser conscientes de que el asturiano forma parte de la vida de esta tierra y de que las personas que así lo deseen, tienen derecho a utilizar su lengua materna en cualquier procedimiento y proceso de carácter público. La lengua no debe ser un hecho fragmentador, ni mucho menos polarizante. Pero todos, hablantes y no hablantes del asturiano, tenemos una porción de responsabilidad individual para evitar que esto ocurra. Se trata de ser más civilizados y respetuosos, sobre todo con los asturfalantes, que han sido siempre los marginados y las víctimas. Han sido ellos los que nunca han podido utilizar de manera formal su poética, su forma de ver el mundo. Se trata de aplicar el sentido común y acatar la Constitución, de moderar las posiciones y ser respetuosos con el otro, siendo conscientes de que la identidad asturiana, que es maravillosa, es plural y por tanto compleja. De ser así, podemos iniciar un proceso que resuelva los problemas lingüísticos (conservación), identitarios y jurídicos que afectan a nuestra tierra. El castellano, el asturiano y el eonaviego pueden -y deben- convivir en armonía. Superar este problema, abriría un gran número de oportunidades y pondría la primera piedra en la reconstrucción de lo nuestro. Los pueblos no pueden avanzar si no creen en algo. Afortunadamente, son muchos los asturianos que creen en su identidad lingüística y cultural y en lo que nuestra pequeña-gran patria puede ser capaz de realizar. Honestamente, solo la cooficialidad puede rescatar al asturiano y al eonaviego. Se trata de una obligación moral, de un compromiso con las generaciones futuras. Y todo con un único objetivo: Que Asturias siga siendo lo que es, consciente del valor de su identidad. Una tierra con identidad múltiple. Una sociedad acogedora y abierta, capaz de convertirse en un potencia cultural y económica si finalmente cree en sí misma.

LA LLAMADA DE BARBÓN: TÁCTICA Y PROBLEMAS DE FONDO

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(Ayer, en La Nueva España) LA LLAMADA DE BARBÓN: TÁCTICA Y PROBLEMAS DE FONDO El último día de la 45.ª Selmana les Lletres, en el solemne acto de l’Academia, el presidente de la entidad incitó a los partidos políticos a reunirse para acordar la cooficialidad de la lengua asturiana. Respondiendo a esa incitación, don Adrián Barbón ha convocado a todos los partidos (menos a Vox) para tratar de llegar a un acuerdo al respecto. Para proclamar la cooficialidad hay que sumar 27 voluntades, y no las hay ni las va a haber en esta legislatura: únicamente dicen a favor PSOE, IU y la exmilitante de Podemos Covadonga Tomé. Se trata, pues, la convocatoria, de un movimiento táctico que persigue que el Partido Socialista destaque como abanderado de la oficialidad y, al tiempo, poner en un aprieto a Foro, que no tiene una disponibilidad evidente y que es competencia principal del PSOE en Xixón, plaza donde tienen los moriyonistas su principal cesta de votos. En la anterior legislatura, al plantearse la cuestión, el voto del diputado forista estaba dispuesto a sumarse a la decisión de la oficialidad a cambio de ciertas modificaciones legislativas en materia impositiva. Ni PSOE, ni Podemos, ni IU quisieron salirse de su camino (o bajarse de la burra) para llegar a un acuerdo. Ahora ya han enunciado que la reunión es exclusivamente para hablar de la cooficialidad, sin ninguna contrapartida, lo que quiere decir que pretenden dificultar al máximo el acuerdo con Foro. El otro objetivo evidente de la convocatoria es acharar al PP, demostrar que no está a favor de la oficialidad, logro que entusiasmará a quienes no votan a los populares, pero que es difícil que les reste un solo sufragio; es más, le vendrá bien en relación con Vox. La oficialidad, como bien saben en países con otras lenguas en conflicto, no es el bálsamo de Fierabrás. Sirve, efectivamente, como una ayuda, pero los problemas del asturiano son muy complejos. En primer lugar, la hostilidad o falta de afecto que un grupo grande de ciudadanos siente hacia nuestra lengua, incluso, aún hoy, en algunos, la vergüenza de usarlo. Ello se traduce en la limitada presencia pública del idioma, en su progresivo encogimiento, en la dificultad de su transmisión a las nuevas generaciones: ese es su verdadero problema, el que amenaza su sostenimiento y futuro. Añádase a ello que existe una enorme ignorancia sobre lo que es, en realidad, nuestra lengua, lo que es y fue nuestra literatura y lo que ha de ser una lengua que se utilice en la vida social. Esa ignorancia es, a veces, simple desconocimiento, teñido, eso sí, de “sabiduría de chigre”; en otras ocasiones responde a bulos malintencionados. (Por cierto, verán ustedes que quienes critican la lengua normalizada o se declaran amantes de “los bables” o de la variante dialectal de su pueblo, jamás, jamás, hablan en asturiano, ni en el tráfico social habitual, ni siquiera para realizar esa afirmación: lo que evidencia que ese proclamado amor no es más que un pretexto para estar contra el uso social del asturiano). Son esas cuestiones las que se deben abordar, en cualquier circunstancia y primordialmente, ellas son el verdadero núcleo donde se van a decidir el presente y el futuro de nuestra lengua. La cooficialidad no es más que uno de los instrumentos para ello. Y, por otro lado, los partidos son solo una parte de la ecuación, detrás están sus afiliados y simpatizantes, y, más allá, el conjunto de la sociedad. En lo relativo al cariño, al respeto, a la voluntad de normalización del asturiano, ninguno de los actuales partidos parlamentarios puede presumir mucho. IU no apostó por la oficialidad hasta 1996 y, ante la reforma de 1999, enredó todo lo posible para que no hubiese cooficialidad; el PSOE fue siempre enemigo de ella e hizo, incluso, lo posible porque no existiese la actual Ley de Uso y Promoción. La postura del PP fue, sobre oponerse habitualmente, enteramente extravagante (circense, tal vez mejor): en la reforma de 1999, tras negarse aquí rotundamente a ello, llegó en Madrid a proponer la oficialidad pensando que así atacaba a Marqués. Después no solo dio un paso atrás, sino que engafentó su postura, llegando, incluso, alguno de sus dirigentes a negarse a asistir a actos de mera cortesía social por temor al qué dirán. En los últimos tiempos, el PP popular viene rectificando su postura con respecto a la lengua asturiana, está en contra de la oficialidad, pero ya no en contra de la lengua por sistema. El señor Queipo ha hecho gestos en ese sentido, tanto en declaraciones como en actos. Ahora bien, como hemos dicho arriba, los partidos no son los militantes y los más directamente enfotaos: representan también a un sector de la sociedad que los arrastra y al que arrastran, en un intercambio mutuo. ¿Cuántos, por cierto, de los seguidores y militantes del PSOE, por ejemplo, después que “camudó”, como dice Barbón, su postura, no seguirán ahora en pos de la oficialidad arrastrando los pies? Lo importante, pues, de la mudanza actual del PP no es lo que digan sus cuadros, sino lo que pueda mover entre sus militantes y votantes para que vean el asturiano de una forma más amable. Al comenzar la legislatura el Gobiernu anunció su intención de explorar la Ley de Uso y Promoción para ver de sacarle el máximo provecho o, acaso, modificarla para mejor (yo diría que, en primer lugar, para cumplirla). La verdad es que en los cuatro años anteriores, el Legislativo, como acaba de señalar el señor Pumares, no ha hecho nada para ello, en la misma línea que muchos gobiernos anteriores, que la han cumplido a medias, malinterpretado u obstaculizado. Y la verdad también es que, en las últimas semanas, el Gobiernu ha publicado unas Instrucciones relativas a los criterios lingüísticos a emplear en el ámbito de la Administración del Principado de Asturias y su sector público, un desarrollo de la Ley, que tienen cierto interés. Por tanto, ¿no sería mejor una convocatoria para tratar de realizar ese propósito, el de cumplir, ampliar y mejorar la Ley, que es lo que es posible en estos tres años que quedan de legislatura, y no el imposible de la cooficialidad? ¿No es, acaso, verosímil que en ese esfuerzo pudiese contarse con el PP, no tanto por sumar a la tarea a ese partido, que también, cuanto por acercar a muchos de sus votantes a otra visión de la llingua asturiana? ¿O, aunque solo fuese, en última instancia, para dejar patente que ni siquiera en el ámbito de la “no obligatoriedad”, donde dicen que se sitúan, son capaces de hacer nada de aquello que pregonan sobre su postura favorable a nuestra lengua? Pero me temo que algunos prefieren los voladores a los logros reales, el enfrentamiento a las soluciones, el “todo o nada”, sabiendo que el resultado es el “nada”, a avanzar por el camino de lo posible y positivo. No solo los partidos, también muchos de los ciudadanos que dicen tener como objetivo prioritario la normalización y supervivencia de la lengua. Coda: Está para la imprenta un libro, L’emprunu camín hacia la oficialidá, donde cuento con todo detalle las posturas, acusaciones, insultos y zancadillas que propinaron partidos, instituciones y paticulares a la marcha hacia la normalización del asturianu, desde el artículo 4º del Estatuto a la Ley de Uso, y las reacciones posteriores. Tendrán ocasión de plasmar y reírse. Tal vez de cabrearse. En todo caso, de saber con quién se juegan los cuartos, esto es, los hechos.

¡Tate, tate!

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(Ayer en La Nueva España) ¡TATE, TATE! El domingo 12 publicaba LA NUEVA ESPAÑA una entrevista con don David Mingo, autor de un libro en el que recoge las opiniones de algunos próceres contrarios a la oficialidad. Don David es madrileño de nacimiento, allí enseña, y veranea en Llanes. De casi todos los entrevistados conozco declaraciones o actuaciones contrarias a la oficialidad del asturiano, alguno de ellos es especialmente belicoso. En alguna medida, el señor Mingo recoge el pensar de los entrevistados, pero, en todo caso, lo que expresa son sus ideas. Lo que le ha empujado a las entrevistas y a la publicación del libro es, según sus palabras, que «Las políticas de cooficialidad en España traen malestar y discordia, me preocupaba que eso pudiera pasar aquí, por eso hice este libro». Repasemos sus razones y argumentos. En primer lugar, afirma que no está en contra de la lengua o de las «variedades lingüísticas», «que hay que promocionar». ¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué son las «variedades lingüísticas»? Quiere decir, como afirman muchos de los de los predicantes de los «miles de bables», que se debe enseñar en cada pueblo una lengua o lenguaje diferente, que se debe formar un profesorado distinto para cada «variedad»? ¿O es que para promocionarlos no se deben enseñar? ¿Y en los medios de comunicación? ¿Habría varios locutores para cada noticia? ¿Sería necesaria la presencia del Paracleto para todo ello? Y, mutatis mutandis, ¿ese respeto para las «variedades» sería el mismo para su sacro castellano (o «español», como dicen algunos)? ¿Habría enseñantes con un programa distinto para Sevilla, Salamanca, Cádiz, Cáceres, etc.? ¿Los medios públicos estatales hablarían con diversas «variedades»? Solo de pensarlo se horrorizaría, evidentemente. Entonces, ¿por qué lo que es injustificable e imposible en un caso debe ser lo adecuado y correcto en otro? Además, utiliza un tópico absolutamente falso, que cuando «dos asturianos se encuentran (quiero entender yo: de lugares diferentes) hablan en castellano». ¿Pero estos tipos en qué chigres paren? Básteme apelar a Xovellanos cuando manifestaba que no había grandes diferencias en el habla de unas zonas de Asturies a otras. Toda esa argumentación tiene una implicación incontrovertible: por lo que se labora, velis nolis, independientemente de la voluntad o la inconsciencia del emisor, es por mantener el asturiano en su condición de lengua marginal o de los marginales, de lengua inferior, en situación de diglosia, lo que significa apostar por su rápida e inevitable extinción en no muy largo plazo. Igual ocurre con quienes se oponen a la cooficialidad. La cooficialidad es una fórmula necesaria para el mantenimiento del asturiano, al visibilizar su uso como «digno», su estatus como no marcado negativamente. ¿Garantiza su supervivencia? Depende, pero sin ello no la habrá, aunque no basta. ¿Se puede estar en contra de la cooficialidad? Por supuesto. Pero sabiendo lo que entraña, cuál es la apuesta. Lo que no se puede decir es que se está a favor del mantenimiento y progreso del asturiano y negar la cooficialidad (o no utilizar los medios audiovisuales, como hace el Gobiernu). Y aquí entramos en otro aspecto, aún más profundo, de la posición de don David (y de muchos de los partidarios de sus argumentos y posturas). Afirma él que se predica por ahí que «Estar contra la oficialidad es de malos asturianos». No lo he oído nunca. En todo caso, por supuesto que no es así. Pero lo que sí hace con esa afirmación falsa (u oída a pocos y presentada como general) es construir un enemigo maligno y peligroso: el partidario de la cooficialidad; el primer peldaño para el edificio de la demonización del partidario de la oficialidad, de la oficialidad, y, en último término, del asturiano. Y a partir de ahí profundiza en su pensamiento, o manía: sostiene que la lengua crea siempre «un nacionalismo radical», en todas partes, y que la oficialidad crearía inevitablemente ese nacionalismo radical. Que «las políticas de normalización» fundamentarían unas elites que «romperían la igualdad» y propiciarían ciudadanos de primera y de segunda, marginando a quienes no hablasen asturiano. Permítanme un par de notas de sociología e historia antes de concluir. La primera: ¿de verdad teme que la cooficialidad lleve a la aparición de partidos nacionalistas radicales en Asturies? ¿De verdad? ¡Qué risa! La segunda: afirma que los partidos nacionalistas radicales están ligados a la lengua. ¿ERC o BILDU o el BNG, si quiere don David considerarlos así, son partidos radicales a nativitate o solo llegan a ella por la lengua? ¿Y cómo que la reivindicación lingüística va unida siempre a la radicalidad o que causa inevitablemente problemas? ¿Por qué oculta que la «galleguización lingüística» aparece en Galicia con Fraga y Xosé Luís Barreiro? Y, finalmente, puestos a buscar radicalismos, puede irse don David, ayer y hoy, a tierras de habla castellana a buscar radicalismos de todo tipo. Luego, su argumento es falaz. Antes de terminar, no quiero dejar de considerar que los argumentos que hoy utilizan los contrarios a la normalización social del asturiano y la cooficialidad son exactamente los mismos que se utilizaban hace cuarenta años cuando se proclamaba que enseñar el asturiano en las escuelas era una estupidez y que más valía dejarlo morir. Bueno, hoy se tapan con las «variedades» y la promoción —está ahí detrás la Ley de Uso y Promoción, que tanto nos costó arrancar a izquierda y derecha—. Un pasín adelante, o un pasín atrás, según el punto de vista. Pero concluyamos. ¿Qué es lo que de verdad piensa don David Mingo y, seguramente, muchos de los paradiscurseantes? Esto: «Allí donde se han desarrollado políticas de normalización lingüística y cooficialidad se ha generado malestar y discordia entre los ciudadanos». «En ese momento es cuando se rompe la igualdad entre todos los españoles y donde no hay las mismas oportunidades para alguien de Cáceres o de Irún». Claro como el agua. Creo que no necesita explicación. Salvo el castellano… Intelligenti…, dice el adagio latino.

Memoria histórica: Agora, Masip como'l PP y Cascos

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Memoria histórica. Otru que tal bailla: Antonio Masip Como Cascos, Rozada, Cherines, el PP, en xeneral. Mirái cómo na tramitación del Estatutu d'Autonomía proponía la cooficialidá, ¡y mirái cómo lo proponía! Y agora anda esprecetándose en contra:

Foro y su trampa saducea

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(Ayer, en La Nueva España) FORO Y SU TRAMPA SADUCEA ¿Está Foro dispuesto a pactar una reforma estatutaria que suponga una declaración nominal de cooficialidad? Pues siendo muy generosos, es dudoso. Como todos ustedes saben, para ese “sí”, semiForo, es decir, el del diputado Adrián Pumares, no el del otro diputado, Pedro Leal, ha planteado una serie de condiciones: liquidar prácticamente el impuesto de sucesiones, rebajar en medio punto los cuatro primeros tramos del IRPF, tipos reducidos para la primera adquisición de vivienda para jóvenes y en núcleos rurales, destinar el 5% de presupuesto autonómico al impulso demográfico (¿), políticas de apoyo al mundo rural, algunas líneas de inversión y, final, y tal vez especialmente, que el PSOE xixonés se trague su Plan de Vías para la futura estación y vuelva al plan anterior, que acaba de anular, el que proyectaba la anterior alcaldesa, doña Carmen Moriyón, de Foro, presidenta hoy de dicho partido. Digámoslo de mano, algunas de las propuestas de la formación excasquista parecen razonables y pudieran ser atendidas, aunque habría que señalar qué otras partidas se reducirían o qué impuestos se subirían para cuadrar los ingresos, sobre lo que, naturalmente, nada se dice. Ahora bien, los foristas saben de sobra que hay algunas de sus propuestas que provocan un rechazo absoluto en dos, al menos, de los partidos que apoyan la cooficialidad, Podemos e IU, y seguramente también en el PSOE. Lo es, sin duda, la del impuesto de sucesiones, seguramente también la del IRPF. Pero, además, para los socialistas hay otra condición imposible, el trágala del Plan de Vías de la Villa de Xovellanos. En esa medida, la propuesta foro-pumarista es una trampa saducea: malo si se acepta para quien la acepte, malo si no se acepta, pues quedarán como culpables de no haber querido la reforma estatutaria. ¿Juega Foro de farol y es capaz de modificar o eliminar las propuestas inaceptables para las demás fuerzas políticas y está en estos momentos, simplemente, ocupando un espacio para llamar la atención sobre su programa? ¿O no? ¿O de lo que trata es de, al tiempo que publicita su programa y atrae la atención, tener una disculpa para hacer recaer sobre las espaldas de los demás el fracaso negociador? Con todo, y de alcanzarse un acuerdo, podríamos llegar a la paradoja de una cooficialidad sin cooficialidad. Como saben ustedes, el cumplimiento del artículo 3 de la Constitución (“Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos”), esto es, la declaración de oficialidad, es un puro flatus vocis, un contenido jurídico inane y vacuo hasta tanto una ley posterior no desarrolle esa oficialidad y la dote de contenidos, reglamentos, etc., hasta que diga cómo será de amable o poco amable, por ceñirnos a un vocablo de moda. Foro exige para esa ley de desarrollo normativo un quórum de 3/5 de la Cámara, esto es, 27 votos. Esa ley tendría que negociarse en la próxima legislatura. Pero no es imposible que la composición de la próxima Xunta no cuente con la presencia de Foro y que el equilibrio de fuerzas entre izquierda y derecha sea el mismo que ahora, 26 la izquierda, 19 la derecha, con Cs presente o no, o, incluso, con una mayor presencia parlamentaria de la derecha. De ese modo, la cooficialidad no sería más que una palabra espetada en el Estatuto, como un coleóptero disecado y clavado con alfileres, pues no podría ponerse en práctica. En esas estamos, como calificaba don Torcuato estas situaciones de inevitable salida con daños, no para el proponente, sino para aquellos a quienes se les propone. Eso, dentro de la Cámara, que también existe el fuera, es decir, los asturianos.

Sobre la oficialidá: un artículu de don Antonio Trevín

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Artículu de don Antonio Trevín, ayer, en La Nueva España, a favor de la oficialidá, y el mio comentariu ayer nel so facebook (al final d'esti ensiertu): Lo asturiano, oficial y en Netflix y HBO Por qué y para qué defiendo que salga adelante la cooficialidad de la llingua 31·10·21 | 04:00 La familia y la escuela me convencieron de que la lengua asturiana tiene que ser oficial. El asturiano del centro y del oriente. Y el eo-naviego. Aunque de mi francés del bachillerato nunca me atreveré a presumir y del inglés tampoco, aquí donde me ven, uno fue bilingüe. En casa hablábamos como la gente de los Oscos, en gallego-asturiano o fala. Y en la escuela y la calle, castellano. Mi abuela Amelia vivía con nosotros y nunca dominó el castellano. Lo entendía mal y de hablarlo, nada. Mi padre, de A Ponte Nova; mi madre y mis abuelos santalleses, compartían área lingüística común. Se entendían en sus lenguas maternas sin problema y para que mi abuela no quedara arrinconada, todos hablábamos como ella. Los concursos de traslado del magisterio español me convirtieron en nómada. De Oviedo a Candás. De Candás a Llanes. De Llanes a Oviedo. Y vuelta a empezar. Entre tanta ida y venida perdí la facilidad para la “fala”. Necesito visitas de varios días a Santa Eulalia de Oscos para recuperar fluidez. En la escuela descubrí que los niños asturianos, en los años setenta, se expresaban mayoritariamente así. Cuando en los noventa volví a dar clase, comprobé que eran muchos menos los que lo hacían. Y compañeros, que siguen en activo, me indican que en el centro y oriente de asturias muy pocos lo hablan ya. El asturiano en estas dos circunscripciones está en peligro real de extinción. Más que el lobo. La oficialidad, para mí, es cuestión de derechos. El de mi abuela a utilizar, en cualquier ocasión, la única lengua que hablaba. Y el de quienes pretenden preservarla dado su inexorable declive. El artículo 3, punto 3, de nuestra Constitución es meridianamente claro: “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Me resulta llamativo el contraste en el tratamiento del asturiano y el gallego. En la calle o en los despachos oficiales. Visito Galicia con asiduidad, tengo allí tíos y primos. Progresistas unos y conservadores otros. Todos defienden el gallego. Empezó Fraga, al final del franquismo, admitiendo intervenciones en dicha lengua durante el desarrollo de actos públicos. La democracia conllevó una explosión, lingüística y literaria, en dicha comunidad. Tengo primos que me “chinchan” habitualmente, con textos y autores en gallego, por WhatsApp. Y desde que Netflix ofrece series basadas en obras de algunos de ellos no hay quien les tosa. Contraataco con Antón de Marirreguera o Xuan Bello, e incluso con Xosefa Jovellanos, Fernán Coronas, el padre Galo, Ángel de la Moria, Xuan Xosé Sánchez Vicente, Berta Piñán o Maxi Rodríguez. Aspiro a restregarles, algún día, una serie de HBO inspirada en alguna de sus obras. En Asturias la defensa del asturiano no goza de la misma unanimidad. Discrepo con un buen número de familiares y amigos a este respecto, aunque ello no resta un ápice de calidez a nuestra relación. Lo conseguimos desterrando el tremendismo catastrofista de nuestras argumentaciones; condenando la utilización de nuestra lengua por parte del activismo nacionalista; abominando de cualquier imposición lingüística; renegando de quienes señalan públicamente para intimidar a diputados que la defienden, y sonrojándonos ante el mercadeo fiscal que algunos exhiben en la Junta General antes de apoyarla. Como maestro, me preocupa la formación del profesorado que imparte lengua y cultura asturiana en escuelas e institutos. Nuestra Universidad debería hacer un especial esfuerzo en la formación del profesorado, preparándolo para adaptarse adecuadamente a la diversidad de situaciones lingüísticas que tendrá que afrontar. No es lo mismo impartir esta materia en Cudillero que en Llanes. O en los Oscos que en Navia, por lo que a la fala se refiere. El alumno tiene que recibir sus clases en un lenguaje semejante a su lengua materna. Ello contribuirá a un mayor respeto y valoración social de la asignatura. Lo consiguió Roberto González Quevedo en el Instituto Pando con sus clases de lengua y cultura asturiana. Y también Nacho Fonseca con su primer disco “Seliquín”, y su coro de niños Xentiquina, en las escuelas de Porrúa y Lieres. “Yo que yera’l más gallu /de la quintana/ toi yá que nun m’aguanto de la medrana” (de “Una de mieu”). El asturiano merece un respeto. No debemos consentir algunas de las expresiones carpetovetónicas y hasta casposas que se vierten sobre nuestra lengua, tratando de ridiculizarla. Independientemente de la postura personal que cada uno tenga respecto a la oficialidad. Tengo la convicción de que en el uso diario camina hacia su desaparición si no lo remediamos. La televisión aceleró, en su momento, dicha tendencia. Los nuevos artilugios electrónicos con los que nuestros niños se comunican, informan y juegan continuamente pueden darle la puntilla definitiva. Y nuestro deber y obligación es conservarla. Como escribió Rosa Montero: “Una lengua es uno de los mayores logros de la mente humana (…). Asombra todo ese ingenio, esa creatividad, ese esfuerzo invertido por una comunidad durante milenios no solo para crear una herramienta de comunicación eficaz sino también para dar forma a sus sueños y a sus miedos, a su manera de ver el mundo”. Y renunciar a la visión asturiana del mundo... ¡No con mi complicidad! ¡No con mi indiferencia! El mio comentariu, ayer, nel so facebook: Buenos díes, Antonio. Déxame date les gracies pola entrevista y l'artículu de güei en LNE. Por ciertu, el to artículu invítame a recordar un conceptu, el de la "fidelidá llingüística", porque, nesto de los enemigos de la cooficialidá, hai, ente otros -non munchos otros-, dos parámetros: los que'inxamás tuvieren l'asturianu como llingua familiar o prósima, pa los que l'asturianu ye una cosa ayena, más o menos como'l chinu (como si fueren l'alcalde de la Pola); los que teniendo l'asturianu como llingua familiar o prósima refuguen d'ello por motivos de despreciu o de vergoña personal, yá propia, yá enxertada dende la sociedá o la escuela. Per otru llau, el to artículu tien un valor especial: dempués de que tanta cuitralona del PSOE saliera contra la cooficialidá (y n'últimu términu, y na práctica, digan lo que digan, contra la pervivencia del asturianu o contra'l mesmu), bien ta qu'un exPresidente, exdiputáu, exDelegáu del Gobiernu, exDirector Provincial d'Educación y, non menor, maestru, salga en defensa de la cooficialida, o sea, en la práctica, de la supervivencia del asturianu. Un abrazu.

Sobre la cooficialidá. Un artículu de Jorge García Monsalve

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EN LNE del 30/10/2021 Razonamientos ensin espatuxos nin aspavientos La necesidad de separar la cooficialidad de la crispación política Jorge García Monsalve 30·10·21 | 04:01 0 Observando, desde la distancia, la controversia surgida por la propuesta de reforma del Estatuto y la consiguiente oficialidad del asturiano, me ha venido a la cabeza mi primera experiencia como estudiante de esa lengua. A mediados de la década de los ochenta del pasado siglo, nuestro profesor de Literatura, el ya fallecido Xosé Bolado, montó, al margen de la oferta académica del centro y fuera del horario lectivo oficial, unas clases semanales de lengua asturiana; y fue aquel excelente docente y notable poeta el que, a horas intempestivas y de forma “semiclandestina”, nos inculcó a los pocos alumnos del instituto público de La Calzada que asistíamos a sus clases, sino el amor, sí, al menos, el respeto por nuestra lengua autóctona. Así, tras las clases sobre el Surrealismo, la Generación del 27 o el teatro de Buero Vallejo, el profesor Bolado nos enseñaba en horario “nocturno” los rudimentos de aquella otra lengua. Lo cierto es que ha corrido mucha agua bajo el puente y, en estos cuarenta años, los sucesivos gobiernos asturianos, sus ayuntamientos, instituciones como la misma Universidad de Oviedo junto con la propia sociedad civil, han llevado a cabo un loable esfuerzo para desarrollar y potenciar el uso y protección del asturiano. Por ello, somos muchos los que creemos que es el momento de dar un paso más; y este paso no puede ser otro que la cooficialidad del asturiano. Y, llegados a este punto, creo obligado hacer una aclaración. Entiendo el asturiano y leo habitualmente la obra de los “clásicos” de la literatura en esa lengua (Antón García, Esther Prieto, Xuan Bello o Esther García); pero no soy nacionalista, no pretendo utilizar la lengua como arma política arrojadiza y no tengo relación directa con los distintos colectivos de asturiano hablantes, más allá de haber nacido en la Cuenca del Caudal y tener mis ancestros familiares en lo más recóndito del valle de Cenera. Por ello, me causa cierto estupor ese intento pueril de la derecha por hacer creer a la sociedad asturiana que la defensa del asturiano es cosa de radicales y que su cooficialidad abre la puerta a un nacionalismo de extrema izquierda que no va a cejar en el empeño de imponernos el uso de la lengua, en una suerte de remedo de lo que ellos entienden que está ocurriendo en Cataluña. Sin embargo, la defensa a ultranza de las otras lenguas minoritarias distintas al castellano en nuestro país ha venido, en la mayoría de las ocasiones, de la mano del conservadurismo político y, si me apuran, del más furibundo reaccionarismo. Y así, todos esos esforzados servidores públicos de nuestra derecha patria, deberían leer las soberbias memorias del escritor catalán Josep Maria de Sagarra para saber que aquel movimiento político y cultural de renacimiento de la lengua catalana que supuso la “Renaixença” fue obra de los sectores más conservadores de la sociedad catalana; que los más y mejores “euskaldunes” fueron los carlistas del País Vasco y Navarra, en connivencia con el clero más retrógrado del lugar; y, en fin, que uno de los más grandes poetas en lengua asturiana, Xuan María Acebal, fue un ferviente católico que militó en el más rancio tradicionalismo, hasta el punto de exiliarse en Francia tras la última guerra carlista. Hagamos, pues, un esfuerzo común por desbrozar el camino hacia la normalización lingüística, limpiándolo de toda esa hojarasca política y mediática que tanta crispación crea en una sociedad tan plural y diversa como la asturiana. Solo así podremos entender que la lengua asturiana es un patrimonio más de nuestra comunidad, que todos tenemos el derecho de conocer y utilizar y la obligación de proteger. Y esa máxima protección solo puede alcanzarse, en nuestro marco constitucional, a través de una decisión política como es la incorporación de su cooficialidad a la norma institucional básica de la comunidad autónoma: el Estatuto de Autonomía. Hagámoslo; y, sobre todo, hagámoslo sin aspavientos.

Ún que nun ye partidariu de la cooficialidá y col que merez la pena dialogar.

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Copio equí de La Nueva España esti artículu de Raúl Suevos, articulista, ente otres coses, del periódicu. Evidentemente, nun coincido con él nos temores que tien sobre les posibles consecuencies de la cooficialidá, pero merez la pena escuchalu y dialogar con él, nun solo por qu'escribe n'asturianu, sinón polo que diz sobre la nuestra llingua y sobre les babayaes qu'esberrellen munchos escontra ella. Y, por supuestu, toi d'alcuerdu colo que diz sobre La Llei d'Usu y el so "usu". Va dellos díes, otra vegada, volví a sentir vergoña por culpa de la llingua asturiana. Nun por ella, válgame Dios, una llingua a la qu’amo y valoro como’l segundu valir de la nuesa tierra, tres el paisaxe; sinon pola propuesta llevada al Congresu por unos diputaos valencianos, creo, pa que se reconoza la especialidá docente de llingua asturiana a los 300 profesores, más o menos, que la imparten anguaño. Los Nuesos diputaos asturianos, toos, con independencia de la so color político, nun paecen sentise afectaos por esi problema. La llei d’Usu y promoción del asturianu data de 1998. Unos 23 años llargos yá de la so promulgación con mui pocos resultaos hasta’l momentu; daqué que da pie a los defensores de la llingua a guetar el saltu ensin rede de la cooficialidá. Un saltu que sirve a dalgunos pa, ensin conocimientu, espotrexar escontra la llingua. Que si ye una llingua inventada; falso ¿Qué ye, que los nuesos mayores falaben nel castellán de Valladoliddd, o el de Madrizzz? Que si v’acabar colos estremaos bables de los valles; falso, la normalización nun acaba coles variantes, namái adopta’l asturiano central como referente; que si ye inventao; falso, dái-vos una vuelta pol diccionariu etimolóxicu de García Arias y váis ver. En fin, ye lo qu’hai. Dicho esto, toi escontra la cooficialidá pola cenciella razón de que, una vegada abierta esa puerta, entramos nun mundiu que nun se sabe a ónde conduz. Nun me sirve que los bien pensantes digan qu’hai qu’esperar al desendolcu de les lleis posteriores porque eso, cola cooficialidá nel Estatutu, déxanos al azar de lo qu’a cada gobiernu, faltu d’otres aportaciones más conducentes, se-y ocurra, y nel sentíu que quiera, como yá asocede en dalgunes de les rexones españoles con llingua cooficial. A falta de polítiques reales entretengamos al ciudadanu con discutinios ociosos sobro qué llingua ye más interesante. Ye un riesgu que güei, na España y na Asturies de 2021 nun me resulta asumible. Voi siguir defendiendo l’asturianu au faiga falta, arriesgándome a que me partan la cara unos y otros. Unos por falta de llealtá llingüística col asturianu y otros por traidor al español, mientes quienes durante estos 23 años de Llei d’Usu nada o poco ficieron por desarrollala descansen sabiendo que’l personal va tar enguizáu en discutinios estériles mientres un tiempu, a la espera de qu’aporte dalgún globu nuevu enllenu d’aire de colorines pa vende-yos. Ye lo qu’hai, pero yo nun fui a la manifestación pola cooficialidá.

¿Amor sin caricias?

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(Ayer, en La Nueva España) ¿AMOR SIN CARICIAS? Algunas de la prevenciones de quienes no son partidarios de la cooficialidad no son disparatadas, como las del dinero, aunque hay que tener en cuenta que parte de los costes provendrían de los presupuestos del Estado. Y es cierto: como cualquier norma o servicio público, desde el más elemental al más complejo, la cooficialidad supone un gasto. ¿Mucho más que lo que actualmente supone el (in)cumplimiento de la Ley de Uso? Seguramente, no disparatadamente más. Pero, en todo caso, lo que hay que valorar con esa prestación de servicios es la contraprestación que supone: la ayuda a la preservación de un bien milenario, nuestra lengua, con usuarios y afectos históricos, como Reguera o Xovellanos, y el respeto hacia sus hablantes actuales, respeto a que invitan Constitución, Estatuto y la citada Ley. De entre los contrarios a la cooficialidad, dejando a un lado los que tienen una simple prevención, existe un tipo de personas que, en realidad, manifiestan una enorme falta de cordialidad hacia el asturiano, bien por desconocimiento, bien por haber nacido o moverse en grupos sociales cuya proximidad a la realidad de nuestra lengua es ninguna; de ahí su incomprensión. Otros se mueven por una enorme aversión, enfermiza casi en algún caso, en ocasiones por razones de ideología política, en otros por pulsiones reactivas hacia su pasado o hacia su grupo social de origen. Llama la atención, sobremanera, el escaso bagaje de conocimiento de muchas de las argumentaciones contrarias a la oficialidad, cuando no se levantan sobre la mentira o el infundio. Así, las que sostienen que el asturiano no se habla, que conviven con las afirman que no se puede normalizar porque se habla distinto casi en cada pueblo (como si el castellano de Cádiz fuese el de Burgos o Lima). Las que mantienen que la normalización o estandarización es un invento, como si el castellano no hubiese tenido un proceso semejante y continuo desde Alfonso X hasta hoy, o no lo hubiese tenido cualquier lengua (empezando por el inglés, por no citar las lenguas peninsulares no castellanas). Y ya no diré nada de la infamia que argumenta que es todo esto un invento de pane lucrando para cuatro. Tan sorprendente como disparatado es el discurso de que la oficialidad es la vía para abrir un futuro de nacionalismo radical. Quienes lo utilizan o tratan de engañar o desconocen la realidad sociológica asturiana. Y por cierto, cuando es la derecha quien emplea ese discurso apuntando a Cataluña o Euskadi, ¿por qué se olvida siempre de Galicia? A propósito, cuánta risa le entra a uno al ver hoy la ferocidad del PP contra el asturiano y recordar cómo en la reforma estatutaria de 1999 corrió a proponer el PSOE incluir la oficialidad en ella, a lo que el PSOE, por su parte, se negó rotundamente. ¡O tempora, o negotia! En todo caso, la declaración de cooficialidad del asturiano, si es que se produce, no tiene en sí ninguna consecuencia. Ha de ser su desarrollo posterior legislativo el que cree las condiciones de uso y tutela de la lengua en la administración y los servicios del Principado, y establezca los derechos de los ciudadanos. Ya saben lo que decía Romanones: “Ustedes hagan la ley y déjenme el Reglamento”. Es ahí, en otro sentido al que guiaba las palabras de don Álvaro Figueroa, donde deben establecerse los acuerdos, y el equilibrio entre derechos y deberes. Pero los adversarios más sorprendentes son aquellos que manifiestan su amor por el asturiano (bueno, siempre dicen el elusivo y anticuado “bable” o “bables”), pero jamás se les ha conocido en público (y, sospecho, tampoco en privado) el uso de la lengua, ni el menor asomo de ello. Sorprende tanto amor sin una manifestación concreta de ese amor. ¿Es posible el amor sin caricias? ¿Lo hay si estas no existen? Hombre, acaso pueda darse un amor como el místico, sin contactos y con deliquios y todo, íntimo, en el retrete del alma; pero las lenguas no tienen otra existencia y manifestación que su uso. Así, pues, ¿amor sin caricias? Al modo de don Francisco: “Ello dirá, y, si no, lo diré yo”.

Ayer, en La Nueva España: Exemplaridá y cooficialidá

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L’asturianu ye la llingua más amenazada de la Península. La tresmisión xeneracional tien graves problemes. Al asturianu falta-y exemplaridá: nos medios, nos políticos, nos universitarios, nos empresarios que son falantes y siléncienlo en público.

                Nesi panorama, la cooficialidá tien dos perspectives: una, el cumplimientu d’un deber constitucional (art. 3.2) y de xusticia. Dos, la gabita que pue suponer pa la so supervivencia, en cuanto exemplaridá.

                Señala bien el Presidente l’Academia, como vengo sosteniendo hai décades, que la cuestión llingüística nun debe ser una seña d’identidá de facción, sinón un patrimoniu común. Probablemente dende una parte la izquierda y l’asturianismu eso nun se vio claro.

De toes maneres nun debe escaecese que, paradóxicamente (la derecha fue históricamente la cuidadora l’asturianu), una parte importante de la derecha –pero non solo– tien una postura mui hostil al asturianu y la cooficialidá. Entender les sos razones y trazar caminos d’entendimientu ye imprescindible.




Prejuicio, pasión y ejemplaridad

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                                     (Asoleyóse en La Nueva España del 16/09/19)



                          PREJUICIO, PASIÓN Y EJEMPLARIDAD

               Comprendo que haya quien no entienda la utilidad del asturiano o que se oponga a su normalización por las razones que sean. Pero suele subyacer en esas posturas una auténtica pasión, con pulsiones que van desde la distinción de clase a las del autoritarismo. Es “el síndrome de la u”, que el otro día ejemplificaba M. A. Revilla en televisión: se reían de él (y lo despreciaban) en Santander “porque era de los de la u”. Me lo reveló un día Antonio Masip: “Si, por lo menos, se propusiese Uviedo, que no acabase en u”. Repito: uno entiende las reservas y argumentos frente al proceso de normalización, pero hay mucho más detrás cuando personas que se presumen distinguidas patean en el Campoamor porque se los salude en asturiano. Mucho más.
               Asimismo hay mucha desinformación voluntaria sobre lo que son las lenguas. Cuando se habla de “bable de laboratorio” o de “lengua inventada” se pasa por alto que todas las lenguas cultas y escritas han sido inventadas en algún momento. El castellano por Alfonso X, el alemán por Lutero. Catalán y gallego lo han hecho desde hace menos de un siglo, menos aún el euskera.
               Hay también mucho que decir sobre el asturianismo lingüístico y la demanda de cooficialidad. Se ha convertido esta en un bálsamo milagroso que recuperaría socialmente la lengua.  Ayudaría, pero no es ese el problema de la supervivencia de nuestra lengua, sino un problema de ejemplaridad de quienes tienen autoridad. En ese sentido hay actos desoladores. Acabo de ver en un programa de la TPA a dos próceres del asturianismo cultural hablar en estricto castellano. En dos entrevistas, a dos cabezaleros (-ero y –era) en igual actitud. ¡Y académicos! Podría seguir.
Si quienes deben dar ejemplo no lo hacen, de nada valdrá la oficialidad.
Por cierto, ¿la supresión de la web en asturiano del Sespa es el comienzo de la cooficialidad amable?

Pola oficialidá

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Toa esta xente manifestóse nun actu pola oficialidá el sábadu 14/07/18.

Na Selmana Negra, en Xixón.

(La semeya tómase d'El Comercio del 15/07/18).


¡Démonos por xodíos!: Zapatero pronostica la cooficialidá

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Ehí lu tenéis:

Imaxe tomada de LA NUEVA ESPAÑA

"Estoy convencido de que la oficialidad del asturiano será realidad en la próxima legislatura", afirma Zapatero

"Hay una mayoría creciente" a favor, remarca el expresidente del Gobierno al recoger en Oviedo el premio Pura Tomás de 2016


Si l'éxitu les sos palabres ye'l mesmu que'l de la so mediación en Venezuela; o'l cumplimientu ye talu que cuando prometió que l'AVE diba tar n'Asturies nel 2009 (sí, sí, nel 2009); o la verdá ye como aquella de cuando prometió que diba quitanos el peaxe del Güerna, y, efectivamente, llevó pa Lleón el casetu de cobrar.

Si ye asina, de ser asina,

¡Arreniego, arreniego! ¡Yá podemos damos por xodíos!

Doña Mercedes, ¡manipuladora!

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Siento na TPA a doña Mercedes (la que nel so día, a la xiblata de Cascos, pasó d'oponese a la Llei d'Usu a proponer la cooficialidá) volver cola mesma canción contra l'asturianu:

        "Estamos en contra de una oficialidad a la catalana"

Y erre qu'erre:  

       "Estamos en contra de una oficialidad a la catalana"
¡Coño! ¿Y a la gallega?

Yá ve, doña Mercedes, unes veces en Mieres y otres en Meres, unes manipulada y otres manipuladora.


Los enemigos del asturiano y la risión (otra más pa mexase)

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El 18/03/94 produzse na Xunta el primer debate n'asturianu (y nun sé si l'últimu) de la historia. Entámase ente la conseyera de Cultura, Amelia Valcárcel, y yo.

Y agora vien lo bueno: El PP solicitó pa n'alantre traducción simultánea. ¡Ellos que, anque nun son partidarios de la oficialidá, falen toos asturianu! ¿Cómo pue ser?


Testimoniu: La Voz de Avilés, 19/03/94 (titulares).

Nota: cuando digo "l'últimu" nun quiero decir que nun s'espresen otres persones n'asturianu, mui poques, quitando la "representación" de la Selmana les Lletres o del Día d'Asturies. Lo que duldo ye que coincidiesen un conseyeru y un diputáu debatiendo n'asturianu un asuntu ordinariu.

Los enemigos del asturianu y la risión (otra)

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Nel añu 93 la Xunta Xeneral convocó una plaza de traductor-redactor, porque había más trabayu y porque, ente otres coses, había que publicar les mios intervenciones n'asturianu y la so torna al castellanu.

Pues bien, los opositores podíen facer un exerciciu voluntariu pa subir nota, n'inglés, en francés, n'alemán o n'asturianu. AGORA BIEN, l'asturianu nun podía puntuase nin más, nin igual que los exercicios nes otres llingües, sinón menos.

¡Y eso'l que'l puestu yera fundamentalmente pa trescribir les mios intervenciones n'asturianu, pa lo que nun había ningún especialista!

(Testifica, por exemplu, El Comercio del 13/03/1993).

Yá ven, nun hai ningún problema pa emplegar l'asturianu, y nun fai falta pa nada la cooficialidá. Porque dalgunos pueden decir lo que me decíen entós dalgunos partíos y diputaos: "nun crees problemes". O sea, que'l problema yera yo y non ellos y ello.


¡Nun me negarán que ye risa!




Sobre los qu'espreceten contra l'asturianu

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Na mio cabera obra, les obres completes poétiques (Propia xera, 1974-2018), apaez esti poema de 1977:



                                     DECIMILLA CASTELLANA

                          (Escontra los qu'espreceten del bable ensin conocelu)


                           Glayaba en mui perfechu castellán
                           un puntu de chaqueta y de corbata,
                           de pelu iguáu y cola raya sata,
                           escontra los que falén asturián,
                           pues un buen día espoxigó'l manguán
                           y nun quería recender a corte.
                           Ensin embargu decía picaporte,
                           trancar la puerta, picar y esperar por,
                           y entre otres -as dalguna otra más flor:
                           mirái si era bebayu'l so deporte.


Pal enteráu, nun se-y escaecerá que'l fondu del asuntu tien un gran asemeyu col chiste l'angazu.

¿Pa qué val l'asturianu? Prevíen enfermedaes del corazón

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Yá saben lo que dicen los enemigos del asturianu (que lo son, en daqué medida, de lo asturiano): ¿Pa qué val l'asturianu? Que ye, dicho d'otra manera, ¿pa que val la cooficialidá?

Pues pa prevenir enfermedaes del corazón. Sí, sí, pa preveniles.

Como saben, fai quince díes, nel teatru Campoamor una parte del públicu les butaques que taba ellí pa escuchar/ver la obra de Debussy "Pateas y Melisande" entamó patear furiosamente cuando sintió decir "Bienveníos, que lo pasen bien, nun s'escaezan d'apagar los móviles, nun se puen sacar semeyes durante la función".


Pues bien, esi manifiestu de rabia colos remos paez que va ser un exerciciu habitual (lo que me presta) de parte del públicu del Campoamor, porque volvieron facelo'l 15 d'esti mes, nel estrenu de la obra "El cantor de México".

Porque yá saben: "el que mueve les pates mueve'l corazón". Entós, ¿que cosa meyor pa la circulación y pal corazón que l'asturianu?

Además, el tratamientu ye rápidu y gratuitu: con cuatro palabruques basta.





Javier Fernández tamién miente (o nun sabe lo que diz)

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El vienres 9 d'esti mes de febreru, los adalides de la defensa de la cultura asturiana, doña Mercedes Fernández y don Javier tamién Fernández volvieren aldericar sobre l'asturianu, verdadera obsesión de doña Mercedes (y, con sordina, de don Javier) nos caberos tiempos.

Pues bien, don Javier dio-y en focicu a doña Mercedes, chándo-y en cara que nel 98, nel trámite de la reforma estatutaria nel Congresu, ella, con Álvarez-Cascos y con Isidro Fernández (¡coño col Fernández!), propusieron lo que vieno en llamase "cooficialidá diferidá" dende qu'el PAS la propuso como solución de pautu nel 97 (solución que d'aquella nun quisieren nin IU, nin PSOE nin PP). Eso ye asina, pero onde miente don Javier (¡fáiseme tan difícil pensar que nun sabe, él, al que tanto aponderen perayures!) ye cuando diz, cuando-y refierta:

"usted cuando militaba con el señor Cascos en el mismo partido, nos plantearon a los socialistas un cambio en el Estatuto de Autonomía para hacer una cooficialidad diferida, de tal forma que si se hubiera hecho, hoy se podría aprobar con una mayoría de 23 diputados frente a 22. Pero eso no va a ocurrir porque el PSOE no quiso; de tal manera que en la próxima legislatura tendrán que ser tres quintos de la Cámara los que aprueben una decisión trascendente como esa", zanjó el presidente. 

Pues nun ye asina satamente. Lo que los populares postulaben yera una cooficialidá diferidá, residenciada nel Estatutu y a la espera d'una ulterior llei de la Xunta que diba requerir una mayoría cualificada de 3/5 de los diputaos. Satamente la qu'ellos dicen, los del PSOE, que (ensin sabelo entovía) quieren poner.

Una cosa ye que nos mexemos de risa colos cucurrabucos del PP, Foro, Cascos y doña Mercedes a propósitu del asturianu y otra la verdá, que como-y gusta decir a don Javier, repitiendo a Antonio Machado en Juan de Mairena, "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero". 

Queda pa los sabios llectores d'esti blog estremar ente Agamenón, el porqueru y los...