Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Agustín Pedrayes y Foyo
Esta triste placa en la que fue la casa del ilustre matemáticu Agustín Pedrayes Foyo en Llastres recuerda al personaxe.
Pedrayes, amigu de Xovellanos, participó nel Congresu de París (1798): como representante d'España para fixar un nuevu sistema de pesos y midides universal.
Arcu de Dunkerque a Barcelona: propuso medir esta sección del meridianu para calcular con precisión matemática el tamañu del planeta.
El metru: Gracies a los sos cálculos sobre'l meridianu, establecióse que'l metru diba ser la diezmillonésima parte del cuadrante del meridianu terrestre (la distancia del Polu Norte al Ecuador).
La so memoria ente los asturianos y los llastrinos ye poca. Esa triste placa, un homenaxe que-y ficieren en 2015 un grupu d'Asturianos, ente los que taben Álvarez-Cascos y Marcos Vallaure y una conferencia organizada por Cubera en 2016. Al marxe, alguna llamada d'atención sobre la so figura fecha pol Partíu Asturianista (PAS) y por Foro.
Identidades indiscutibles y discutidas
(El día d'Asturies, en LNE)
IDENTIDADES INDISCUTIBLES Y DISCUTIDAS
El 25 de agosto de 1707 nacía en Madrid el primogénito de la unión de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, el futuro Luis I. Ese mismo año se publicaba una composición, escrita el 2 de septiembre, titulada «Carta que escribe un asturiano de esta Corte, à otro asturiano, dándole cuenta, cómo parió la Reyna nuestra Señora a un Príncipe de Asturias; vá en su Lengua Antigua». El poema es un larguísimo romance en asturiano, en cuatro hojas. He dicho en asturiano, bueno, en un lenguaje que pretende ser asturiano, utilizando en muchas ocasiones lo que podríamos llamar «hiperasturianismos». Tiene interés el texto, sus expresiones y su tono, pero no es ello el motivo de mi comentario, sino otro: de forma semejante a lo que Busto Cortina estudiará para villancicos de los siglos XVII y XVIII, la Carta remeda lo que se podría tener como la lengua no castellana de Asturies, por motivos variados que podríamos discutir, pero que, en todo caso, implican el reconocimiento de una lengua no castellana, y, acaso, de una lengua no castellana en Madrid, mantenida entre los numerosos asturianos en esa villa y Corte. En otras palabras, implican el reconocimiento de una identidad.
Esa diferencia identificativa, particularizadora, es una evidencia incontrovertible para Xovellanos y sus amigos. A propósito de su proyecto de una Academia y de un diccionario del asturiano o bable, afirma: «Habíalo oído yo hablar de continuo y aún lo entendía y hablaba yo de continuo en mi niñez […] me condujeron a meditar sobre el origen de mi dialecto natural». Si avanzamos en el tiempo, anotaremos que, cuando al regreso de la primera vuelta al mundo del buque escuela Nautilus, al atracar en Puerto Rico, se homenajea a Fernando Villaamil y sus guardiamarinas con las dos más evidentes señas de identidad de que disponen, en cuanto asturianos, homenajeadores y marino, una fabada y un discurso en asturiano.
Hace pocos días acaba de ver la luz, editada por la Academia de la Llingua Asturiana, una recopilación realizada por Lluis Ánxel Núñez y por mí, Escritos Asturianos en Méxicu, en dos volúmenes, que van de 1870 a 1930. El lector me disculpará el subrayar que durante esos sesenta años, al menos, el asturiano es la lengua de la emoción y la identidad (también para la propaganda comercial) de todos esos emigrantes patrios que crean esos textos.
Sin embargo, esta seña de identidad colectiva e histórica, independientemente del número de hablantes efectivos hoy de la lengua, se encuentra negada como tal por un grupo no pequeño de ciudadanos. Y más que negada, hostigada, caricaturizada, llegando a fabular que tras ella se encuentra una conjura que tiene la intención de llevar el país a una terrible dictadura izquierdista. Es un discurso de raíces complejas, donde se entremezclan ignorancia, autoodio lingüístico y estrategia política.
Covadonga es al tiempo un lugar y un símbolo. Un lugar donde se entemecen los significados religiosos y los políticos. Poca aclaración merecen los religiosos, por su evidencia. Los políticos unen la creación del Reino de Asturies con la figura de Pelayo. Envuelve el conjunto un cierto halo misterioso, de prejuicio o superstición, si quieren, que hace que, por ejemplo, muchos conductores acerquen hasta el lugar sus coches recién estrenados, y, créanme, lo hacen gentes de escasa o nula creencia. Es lo mismo que me decía el tempranamente muerto Rafael del Riego (por cierto, emparentado con una de las víctimas de la memoria ocultada del 34), el que fuera defensa del Sporting: «yo no creo en ello, pero cuando voy a la montaña, miro con emoción hacia allí, porque algo hay allí».
En los últimos tiempos, sin embargo, Cuadonga y sus celebraciones del 8 de septiembre están siendo víctima de un proceso de descreimiento y hostigamiento. Por un lado, del religioso, debido a razones intrínsecas desde fuera de la fe, y, en general, desde la izquierda, rechazando la asistencia de las autoridades a las celebraciones religiosas en el lugar. No negaré que la boca no bien pastoreada del pastor de los fieles católicos arroja buena cantidad de ramascaya a ese incendio, pero, en el fondo, sus declaraciones no son más que una escusa para la causa. Y, sin embargo, no debemos olvidar que fue el propio Rafael Fernández, llegado del exilio, quien empezó la costumbre de asistir a los actos religiosos el día de Cuadonga. Y Rafael Fernández sabía bien toda aquella historia del 34, la Guerra Civil y Cuadonga (los invito, a conocer o revivir todo ello, incluido lo del antecesor de Rafael del Riego, en mi De los sueños hicimos pesadilla).
Por otro lado, se viene produciendo un «descreimiento» de la figura de Pelayo y de la batalla de Cuadonga, en parte por razones históricas que establecen precisiones sobre uno y otra o sobre sus dimensiones. Pero, por más cierto que sean todas esas acotaciones, lo incuestionable es que Pelayo y lo que fuere Cuadonga o luchas parecidas son el origen de algo innegable, de un episodio histórico único y de importancia europea al menos: el origen del Reino de Asturies, o, si lo prefieren, del Estado de Asturies. Verdad es, asimismo, que nunca los asturianos han dado demasiada importancia a ese hecho nuclear, si es que son conscientes de ello, lo que nos llevaría a hablar de una seña de identidad generalizada en nuestra patria: la de despreciar lo que somos y la de nuestra falta de voluntad identitaria actuante -no sentimental-, o, dicho de otro modo, de someternos siempre a Madrid y esperarlo todo del Estado. Pero van a permitirme, dada la efeméride, no ahondar hoy en esa otra seña de identidad.
Todo ello hace que una parte de los ciudadanos del mundo de la izquierda y del asturianismo doctrinal estén hoy empeñados en buscar una fecha que sustituya a Cuadonga y el 8 de septiembre. Y esa fecha está apuntando al 25 de mayo, data en que, en 1808, los asturianos comenzamos el levantamiento español contra las tropas de Napoleón para restituir el trono a la familia real y al Príncipe de Asturies, secuestrados por el Corso.
La fonte La Regallina
La fonte La Regallina. Llastres.
Un monumentu fechu pol arquitectu Manuel Reguera González, arquitectu asturianu amigu de Xovellanos. Fizo tamién la ilesia de Llastres, too ello cuando Llastres entamaba espoxigar y aumentar la so riqueza, estremando de Lluces.
Emigración, ese río que no cesa
(Ayer, en La Nueva España)
EMIGRACIÓN: ESE RÍO QUE NO CESA
Les llárimes y sollutos de so ma al pie les pasareles / l’empapiellu so padre al abrazalu...
Las noticias sobre asturianos en el extranjero, sobre emigrantes, son de una aparición constante, ya se refieran a descendientes de emigrantes de hace tiempo, ya constituyan entrevistas con asturianos que trabajan fuera, en España, en cualquier otro país o continente, y que, por lo general, manifiestan su señardá por Asturies, incluso, con frecuencia, su voluntad de volver si aquí encontrasen las condiciones adecuadas para su empleo o quehacer.
El domingo 16 me encuentro con una notable acumulación de informaciones sobre emigrados y la emigración en este periódico. La más llamativa, esta: “Seis asturianos combatieron y sangraron en Iwo Jima hace 80 años”, donde aparecen los nombres e historias de esos asturianos, hijos de emigrantes cuyos padres acabaron en EE UU y que combatieron bajo su bandera. Si les apetece pueden verlo aquí https://www.lne.es/asturias-exterior/2025/02/14/seis-asturianos-lucharon-sangraron-batalla-114323287.html.
El mismo día, el diario inicia una de esas entrevistas con asturianos notables que despliega domingo y lunes. Lo hace en este caso con Anselmo Menéndez, a quien destaca como alpinista. Nace en Cuba, porque a su padre, carreñense, lo envió el abuelo a la isla para evitar que, conscripto, “muriese de un tiro en la guerra de Marruecos”. Pero, instalado allí y asentado económicamente, el padre lo manda a la casa natal asturiana con la llegada del castrismo. “Vine solo de Cuba con diez años, para que los castristas no le quitaran el piso a mi familia”. Más tarde, su padre y su madre también regresan, “sin nada, con una maleta indiana medio vacía, una muda limpia y poco más”.
Es otra terrible terrible reemigración, como la de Venezuela y otros países, cuando los asturianos emigrantes allí asentados, y tras muchas labores y sacrificios, lo pierden todo y han de volver en el momento en que esas naciones caen en manos de los libertadores que tanto admiran nuestros putineros y madureros.
En ese río continuo de sacrificio, señardá, éxito, fracaso y dolor, existen momentos y episodios que se deben a las coyunturas de la guerra o de las revoluciones. Podríamos irnos a aquellas que siguen a la persecución de los demócratas tras el fracaso del liberalismo gaditano de 1812, pero vengamos más acá. Hace poco citaba aquí el libro "Cartas de exiliadas. El legado de la palabra y la escritura (1939-1945)", cuya base es la correspondencia con José Barreiro de mujeres socialistas exiliadas. Acerquémonos más: el 13 de febrero informaba Xuan Fernández desde Estrasburgo de la entrevista entre Adrián Barbón y Andrés Fernández, hijo de un exiliado antifranquista asturiano, originario de El Berrón, que trabaja de ujier en el Parlamento Europeo.
Por esa dedicación a investigar y desvelar la emigración asturiana, presente y pasada, los centros asturianos acaban de premiar a LA NUEVA ESPAÑA por su edición "Asturias exterior": "El periódico es el mejor altavoz de quienes estamos fuera pero cada día aportamos", afirma Manuel de Barros, presidente de la FICA.
La emigración, esi argayu de necesidad y dolor, ha sido un permanente y caudaloso río de nuestra historia. Primero en forma temporera, a la siega a Castilla, como recoge uno de nuestros más emocionantes cantares, “Marchó Pachín pa la siega / y nel camín alcordóse / de Marianina y los ñeños / y dio la vuelta pa casa, / y dio la vuelta y quedóse”. O a oficios de poco aquel, como aguadores o serenos, tal como recuerdan Cervantes (el “Dacá la cola, asturiano”, de La ilustre fregona) o algunas películas de hace décadas (a propósito, pueden ver aquí a un sereno asturiano teniéndoselas con Serrano Suñer, nada menos: https://www.lne.es/asturias/2013/12/15/sereno-asturiano-teme-serrano-suner-20513386.html).
Dejando a un lado las coyunturas de guerras o persecuciones, la emigración tradicional tiene en Asturies dos causas fundamentales a lo largo de los siglos: la miseria (y su complemento, la superpoblación) y la falta de capitales. Siempre escasos estos, los que se adquirían se dirigían más a invertir en posesiones que en la industria y el comercio, cuando estas eran actividades posibles y lucrativas, como señalaba Xovellanos.
Mas las causas de la emigración hoy de nuestros jóvenes (nos desangramos en unos 5.000 mozos al año, bien formados, por lo general, que tienen que ir a buscar fuera su vida y a labrarse un futuro allí) tienen parámetros semejantes, pero constituidos con distintos mimbres. Y esos nuevos mimbres tienen que ver con nuestra mentalidad y nuestra política, dos vectores que se realimentan constantemente y que se manifiestan en la actuación legislativa y gubernativa y en el voto.
Es notorio que en su día Carlos Solchaga ofreció traer a Asturies una gran industria (se dice que una fábrica de coches) a cambio de acelerar la inevitable desaparición de Hunosa. Es acaso opinable la firmeza y factibilidad de la oferta, pero lo que es evidente es que se rechazó cualquier alternativa a seguir alargando lo que estaba condenado, con su correlato de jubilaciones tempranas y residencias en la seca Castilla o en Benidorm. De alguna manera, esa mentalidad que junta lo misoneísta a lo retardatario, que desconfía de la empresa y apuesta solo por lo público, que reclama esto último como si el resto del mundo tuviera con nosotros una obligación escrita en algunas tablas de la ley imperecederas, sigue impregnando el sentir común de la ciudadanía, actúa como una rémora frente al cambio y las inversiones que sí son posibles e incita a los políticos a seguir sus pautas, si no quieren verse castigados con el voto.
Quizás, para cerrar estas líneas podamos recordar que durante los doce años que desde el PAS otorgamos anualmente el Premiu a la Meyor Empresa Asturiana (industrias, innovadores tecnológicos, exportadores, líderes del sector agroalimentario o del de la distribución…) los premiados lo recibían inicialmente con la extrañeza de que un partido político se dedicase a incentivar empresas y a reconocer su trabajo; los demás partidos lo tenían como una extravagancia más del asturianismo. Es verdad que, décadas más tarde, tuvimos la satisfacción de que el responsable del primero de los premios, una empresa más que centenaria, nos confesase que con el premio pensó: “Ahora, por lo menos, los políticos nos mirarán con otros ojos y empezarán a tomarnos en serio”.
No estoy tan seguro.
¡Tate, tate!
(Ayer en La Nueva España)
¡TATE, TATE!
El domingo 12 publicaba LA NUEVA ESPAÑA una entrevista con don David Mingo, autor de un libro en el que recoge las opiniones de algunos próceres contrarios a la oficialidad. Don David es madrileño de nacimiento, allí enseña, y veranea en Llanes. De casi todos los entrevistados conozco declaraciones o actuaciones contrarias a la oficialidad del asturiano, alguno de ellos es especialmente belicoso. En alguna medida, el señor Mingo recoge el pensar de los entrevistados, pero, en todo caso, lo que expresa son sus ideas.
Lo que le ha empujado a las entrevistas y a la publicación del libro es, según sus palabras, que «Las políticas de cooficialidad en España traen malestar y discordia, me preocupaba que eso pudiera pasar aquí, por eso hice este libro». Repasemos sus razones y argumentos.
En primer lugar, afirma que no está en contra de la lengua o de las «variedades lingüísticas», «que hay que promocionar». ¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué son las «variedades lingüísticas»? Quiere decir, como afirman muchos de los de los predicantes de los «miles de bables», que se debe enseñar en cada pueblo una lengua o lenguaje diferente, que se debe formar un profesorado distinto para cada «variedad»? ¿O es que para promocionarlos no se deben enseñar? ¿Y en los medios de comunicación? ¿Habría varios locutores para cada noticia? ¿Sería necesaria la presencia del Paracleto para todo ello?
Y, mutatis mutandis, ¿ese respeto para las «variedades» sería el mismo para su sacro castellano (o «español», como dicen algunos)? ¿Habría enseñantes con un programa distinto para Sevilla, Salamanca, Cádiz, Cáceres, etc.? ¿Los medios públicos estatales hablarían con diversas «variedades»? Solo de pensarlo se horrorizaría, evidentemente. Entonces, ¿por qué lo que es injustificable e imposible en un caso debe ser lo adecuado y correcto en otro?
Además, utiliza un tópico absolutamente falso, que cuando «dos asturianos se encuentran (quiero entender yo: de lugares diferentes) hablan en castellano». ¿Pero estos tipos en qué chigres paren? Básteme apelar a Xovellanos cuando manifestaba que no había grandes diferencias en el habla de unas zonas de Asturies a otras.
Toda esa argumentación tiene una implicación incontrovertible: por lo que se labora, velis nolis, independientemente de la voluntad o la inconsciencia del emisor, es por mantener el asturiano en su condición de lengua marginal o de los marginales, de lengua inferior, en situación de diglosia, lo que significa apostar por su rápida e inevitable extinción en no muy largo plazo. Igual ocurre con quienes se oponen a la cooficialidad. La cooficialidad es una fórmula necesaria para el mantenimiento del asturiano, al visibilizar su uso como «digno», su estatus como no marcado negativamente. ¿Garantiza su supervivencia? Depende, pero sin ello no la habrá, aunque no basta.
¿Se puede estar en contra de la cooficialidad? Por supuesto. Pero sabiendo lo que entraña, cuál es la apuesta. Lo que no se puede decir es que se está a favor del mantenimiento y progreso del asturiano y negar la cooficialidad (o no utilizar los medios audiovisuales, como hace el Gobiernu).
Y aquí entramos en otro aspecto, aún más profundo, de la posición de don David (y de muchos de los partidarios de sus argumentos y posturas). Afirma él que se predica por ahí que «Estar contra la oficialidad es de malos asturianos». No lo he oído nunca. En todo caso, por supuesto que no es así. Pero lo que sí hace con esa afirmación falsa (u oída a pocos y presentada como general) es construir un enemigo maligno y peligroso: el partidario de la cooficialidad; el primer peldaño para el edificio de la demonización del partidario de la oficialidad, de la oficialidad, y, en último término, del asturiano.
Y a partir de ahí profundiza en su pensamiento, o manía: sostiene que la lengua crea siempre «un nacionalismo radical», en todas partes, y que la oficialidad crearía inevitablemente ese nacionalismo radical. Que «las políticas de normalización» fundamentarían unas elites que «romperían la igualdad» y propiciarían ciudadanos de primera y de segunda, marginando a quienes no hablasen asturiano.
Permítanme un par de notas de sociología e historia antes de concluir. La primera: ¿de verdad teme que la cooficialidad lleve a la aparición de partidos nacionalistas radicales en Asturies? ¿De verdad? ¡Qué risa! La segunda: afirma que los partidos nacionalistas radicales están ligados a la lengua. ¿ERC o BILDU o el BNG, si quiere don David considerarlos así, son partidos radicales a nativitate o solo llegan a ella por la lengua? ¿Y cómo que la reivindicación lingüística va unida siempre a la radicalidad o que causa inevitablemente problemas? ¿Por qué oculta que la «galleguización lingüística» aparece en Galicia con Fraga y Xosé Luís Barreiro? Y, finalmente, puestos a buscar radicalismos, puede irse don David, ayer y hoy, a tierras de habla castellana a buscar radicalismos de todo tipo. Luego, su argumento es falaz.
Antes de terminar, no quiero dejar de considerar que los argumentos que hoy utilizan los contrarios a la normalización social del asturiano y la cooficialidad son exactamente los mismos que se utilizaban hace cuarenta años cuando se proclamaba que enseñar el asturiano en las escuelas era una estupidez y que más valía dejarlo morir. Bueno, hoy se tapan con las «variedades» y la promoción —está ahí detrás la Ley de Uso y Promoción, que tanto nos costó arrancar a izquierda y derecha—. Un pasín adelante, o un pasín atrás, según el punto de vista.
Pero concluyamos. ¿Qué es lo que de verdad piensa don David Mingo y, seguramente, muchos de los paradiscurseantes? Esto: «Allí donde se han desarrollado políticas de normalización lingüística y cooficialidad se ha generado malestar y discordia entre los ciudadanos». «En ese momento es cuando se rompe la igualdad entre todos los españoles y donde no hay las mismas oportunidades para alguien de Cáceres o de Irún».
Claro como el agua. Creo que no necesita explicación. Salvo el castellano… Intelligenti…, dice el adagio latino.
Vocabulariu de los amigos de Xovellanos
Les pallabres y escritos que los amigos de Xovellanos intercambien con él. Esti artículu complementa'l de Vocabulariu asturianu de Xovellanos, que ye la versión ampiada y definitiva de la mio tesis de llicenciatura, El bable en Xovellanos.
El repertoriu de Xovellanos (non roín) podéis atopalu nes páxines 337 a 397 del mio Estudios (I), editáu enl 2021 por Trabe y la Fundación Nueva Asturies. El Vocabulariu de los amigos de Xovellanos, nel númberu 126 de la revista de l'ALLA Lletres Asturianes, acabante de salir, nes páxines 203 a 250. Esti ye l'enllace del Lletres Asturianes:
http://www.academiadelallingua.com/lletresasturianes/pdf/1648717551Lletres%20126%20(marzu%202022)%20FINAL.pdf
El aluminio y Xovellanos
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
EL ALUMINIO Y XOVELLANOS
Asturies es tierra de eternidad para las obras públicas. Ejemplo: la Zalia, un proyecto de polígono industrial concebido como un eje de trasvase de mercancías entre la meseta y Europa a través de El Musel, lleva quinquenios sin concluirse.
Pues bien, si ustedes ojean la prensa leonesa y española comprobarán con asombro que el polígono de Villadangos, en León, concebido con criterios de funcionalidad semejantes a los de la ZALIA, está a punto de agotar su terreno. Pero su asombro subirá de nivel cuando sepan que en Villadangos se va a instalar Latem Aluminium y que dicha empresa va a recibir cerca de 60 millones, con los que se prevé crear un total de 251 puestos de trabajo entre Villdangos y Zamora.
Villadangos nos provoca a los lectores de Xovellanos el recuerdo de uno de los dos episodios amorosos que de él sabemos. Está en León en junio de 1795. Vuelve a verse con Ramona Villadangos, La Majestuosa, a la que ya conocía. Tras algunos días de encuentros en reuniones de sociedad ella prácticamente se le ofrece a la hora de partir. “Creo conocer su carácter y cuánto vale aquella sencilla expresión, proferida con tanta nobleza como ternura; pero distamos mucho en años y propósito”, anota el xixonés.
Pero su asombro no provendrá de ahí, sino de saber que la empresa aluminera intentó instalarse en Asturies en Reicastro (Mieres), un polígono propiedad de HUNOSA. Pues bien, por lo visto, los pretendientes jamás recibieron respuesta, ni buena ni mala, a sus demandas, eso sí, malos modos. Lo cuenta con gracia Antonio Trevín en LA NUEVA ESPAÑA DEL 16/07/2018 (“La explicación, Pretty Woman”).
Era entonces presidenta de HUNOSA Teresa Mallada. Tal vez debería ahora dar explicaciones sobre aquel episodio.
Acaso temía que la empresa fuese a favorecer la cooficialidad. Ya saben: los males de Asturies son culpa de la lengua asturiana, según pregona ella Urbi et Orbi.
Emigración y empleo
(Ayer, en La Nueva España)
EMIGRACIÓN Y EMPLEO
En sus Cartas del viaje de Asturias dedicadas a la agricultura y la industria señala Xovellanos la continua y numerosa emigración causada porque la tierra no es capaz de dar sustento a sus naturales y señala las causas: las continuas subdivisiones del terrazgo, la ausencia de comercio, la falta de formación, la inexistencia de industrias y la falta de capitales. Sobre esto último: “¿Dónde, pues, se hallarán capitalistas? Y sin ellos, ¿cómo se podrán erigir ni promover establecimientos industriales? ¿Cómo formar empresas grandes y dispendiosas?”.
Asturies ha sido siempre tierra de emigración por su pobreza, desde los asturianos que van a servir al ejército romano a los aguadores o esportilleros que pueblan las tierras castellanas en los Siglos de Oro o aquellos que practican la emigración temporera (segadores o teyeros). Esa emigración se convierte en masiva hacia América durante el XIX y gran parte del XX. Después a Europa, fundamentalmente, y al resto de España.
¿Qué ha cambiado desde los tiempos de don Gaspar hasta hoy? En primer lugar, la emigración no se debe ya a la sobreocupación del campo (más bien, el problema hoy es su abandono), tampoco a la falta de formación: la mayoría de los jóvenes que salen del país lo hacen con una magnifica preparación. Pero en cualquier caso, como en el pasado, Asturies no es capaz de dar empleo a sus hijos, no de acuerdo con su preparación y expectativas, al menos.
Permítanme un excurso. Durante estos meses, el debate en torno a la oficialidad se ha visto acompañado por las cuestiones relativas a la emigración y la falta de empleos en el país, a veces sin conexión entre esas cuestiones, otras sí, como si la oficialidad fuese la culpable, retrospectivamente, de nuestra secular emigración o la fuese a agravar en el futuro.
En todo caso, y al margen de los lamentos melancólicos, algunos de los análisis sobre la emigración y su complementario, la falta de empleos, realizan propuestas meramente voluntaristas (que regresen, sí, ¿pero cómo y a qué?) o confían toda la solución a las inversiones del Estado o a los fondos europeos.
Asturies ha sido siempre deficitaria en capitales, piénsese solamente en toda la creación industrial e inversiones de los siglos XIX y XX. Para evidenciarlo, hágase un somero repaso a esas industrias, desde las extractivas a las productivas, a las empresas bancarias, y a los apellidos a ellas ligadas. Durante los años del franquismo, un capitalismo de Estado empleó a más de 70.000 ciudadanos en la industria asturiana (multiplíquese por cuatro o cinco de familia, para calcular el número de “beneficiados”). Y hoy en día las grandes inversiones siguen la misma procedencia: Thyssen, Dupont, Mittal, Amazon, por ejemplo.
Con todo, hay una serie de empresas, de número no tan pequeño, digamos de capital asturiano o de capital arraigado en Asturies, que viven, crecen, compiten con multinacionales en nuestro territorio o exportan. El pasado día 13 LA NUEVA ESPAÑA titulaba: “La pymes asturianas ganan peso entre las que lideran la expansión empresarial en España”. En el PAS instituimos un premio anual a la “Meyor empresa del añu” que entregamos durante más de una década. Alguna de esas empresas, como Talleres Alegría, están entre las que el artículo de este periódico señalaba, otras como la de El gaitero llevan muchísimos años por el mundo.
Esa situación de capitalismo de Estado durante el franquismo ha producido un fuerte núcleo de poder y de mentalidad que se realimenta mediante el voto y que ha producido un doble efecto. En primer lugar, que la mayoría de las políticas de los sucesivos gobiernos asturianos se hayan dedicado más a defender lo existente y llamado inevitablemente a desaparecer que a atender a pymes y sectores con futuro. En segundo lugar, que exista una cierta generalizada desconfianza o despego hacia la empresa y la iniciativa privadas, tanto en el terreno de las realidades como en el de las mentalidades.
Y, sin embargo, es en este campo en donde se asienta nuestro futuro, nuestro crecimiento; de forma lenta, no como una inversión milagrosa y creadora de miles de empleos por parte del Estado. Ahí deben volcarse estímulos y facilidades (entre otras, agilizar la insoportable maquinaria burocrática, tan ahuyentadora de inversiones y encarecedora de empleos). Las inversiones en empleos tecnológicos dependientes de la Administración son de efectos económicos limitados y no constituyen más, en último término, que un incremento del funcionariado. Y los millones que se empleen en parques, carreteras, centros culturales, etc., que parecen ser la demanda mayoritaria de las corporaciones locales, agotan su virtud en su instalación.
¿Seremos capaces de verlo y obrar en consecuencia?
Carreteras y Xovellanos
(Asoleyóse en La Nueva España del 9/12/19)
L’APRECEDERU
CARRETERAS
(Y XOVELLANOS)
En LA NUEVA ESPAÑA aparecen casi
a diario informaciones sobre las carreteras asturianas. Naturalmente, en estos
dos meses de lluvias continuadas la mayoría de las noticias corresponden a
argayos (fanas) que cortan las vías o las llevan por delante, dejando incluso,
en algunos casos, poblaciones incomunicadas.
Pero en otras ocasiones la
información constituye un reportaje sobre los problemas estructurales y
permanentes de las vías asturianas. La falta de conservación de las mismas
aparece como cuestión destacada, lo que saben miles de asturianos que, a lo
largo de años, han de convivir con baches o rebacheados de cuatro perras que
pronto vuelven a quedar como estaban. Esa falta de conservación no afecta solo
al firme, se manifiesta también en los bordes de las plataformas: en cunetas
que no desaguan, sebes que no se limpian (a veces llegamos a comienzos de
agosto y los matos y escayos comen la carretera). También en la señalización
horizontal. Todo ello conlleva incomodidades y riesgos.
Algunas carreteras llegan a
alcanzar el Olimpo de la eternidad asturiana, como la Zalia o el tren por el
Huerna. Así, por ejemplo, la carretera
L’Infiestu-Campu Casu lleva diez años de retraso en su arreglo, pero, si la
memoria no me engaña, esa carretera ha estado mal reparada desde hace décadas.
Las plantillas de conservación
del Principado no dan abasto, las inversiones son escasísimas. Bien es cierto
que nuestro territorio tiene una alta densidad viaria, que su trazado es en
muchos casos difícil y estrecho, que el clima las destroza. No menos cierto que
todo ello cuesta mucho y que les perres son exigües, pero…
¿Qué diría de esta situación
Xovellanos, el que impulsó la carretera Carbonera y la del Payares, para
promover el comercio y la riqueza de Asturies? Xovellanos, al que llamó su
hermana, la poetisa, “aquel home tan facedor de caminos que per toes partes
pasen un carru y dos armentíos?”.
Ya ven.
Güei, en LNE: Carreteras (y Xovellanos)
L'aprecederu
Carreteras (y Xovellanos)
Algunas infraestructuras tienen años y años de deficiencias acumuladas
Güei, en LNE: Asturiano, derecha y Xovellanos
La relación de la derecha, la Ilesia y el conservadurismu col asturianu al través de la historia. Xovellanos y el so amor al asturianu.
Un retayu: (A propósito, recuerdo siempre cómo el presidente Sergio Marqués se rebelaba contra la pretensión de cierta izquierda de hacer del asturiano una cuestión exclusiva de su ideología, en vez de una materia del conjunto de la sociedad. La derecha política de hoy parece empeñada en llevar la contraria a don Sergio).
Güei, en LNE: Xovellanos y les muyeres
La soltería de Xovellanos, los sos amores y la so valoración permanente de les muyeres coles que s'alcuentra.
Güei, en LNE: Un viaxe de Xovellanos
Un día de la so vida y de la vida asturiana y española a través de los sos diarios.
Güei, en LNE: Perspectivas y realidades de la democracia
Perspectivas y realidades de la democracia
Un grupo cada vez mayor de electores cambia fácilmente su voto por hartazgo o en espera de soluciones inmediatas
Xuan Xosé Sánchez Vicente
Dentro de un ciclo organizado por el RIDEA en torno a la Transición, el día 4 de diciembre tuve un mano a mano con doña Amelia Valcárcel sobre la cultura en aquellos tiempos. En mi intervención introduje algunas consideraciones tangenciales con las que, durante el coloquio posterior, las personas con experiencia en aquella época estuvieron de acuerdo. Una de ellas fue la subrayar la absoluta disposición al cambio de los funcionarios de la antigua Diputación, reflejo de un estado general en la sociedad. Otra, la capacidad de llegar a acuerdos entre partidos y personas.
Esa capacidad no era únicamente fruto de la necesidad, sino de las características iniciales de la política democrática en España. Señalaba al respecto cómo, siendo yo diputado provincial por el PSOE, había presentado por iniciativa personal once enmiendas al anteproyecto del texto del Estatuto de Autonomía -entre ellas, el artículo 4.º del actual Estatuto o la recuperación del nombre de Asturias para la provincia-, la mayoría de las cuales fueron tomadas en consideración. Esa actitud sería hoy absolutamente inconcebible porque hoy en los partidos políticos no cabe apenas -si es que cabe- la iniciativa particular y porque una parte sustancial de la identidad política consiste en oponerse siempre a las propuestas de los rivales. Al margen, posiblemente, además, de que la mayoría de los cargos públicos de cierto nivel viven del sueldo del escaño o del partido y eso convierte en heroicidad la individualidad.
De lo que no hablamos fue de la gente, de los votantes. No se nos ocurrió mentar aquel concepto, "el desencanto", que apareció a poco más de dos años de las primeras elecciones y a menos de un año de la Constitución. Designaba la decepción que embargaba a una parte grande de la población porque la democracia no había sido capaz de modificar instantáneamente (mágicamente) la realidad. He señalado ya algunas veces el paralelismo de aquella situación de finales de los setenta y principios de los ochenta con los primeros tiempos de la II República: también entonces, a los pocos meses de proclamarse el nuevo régimen, las mujeres, con sus maridos en paro, comentaban, mientras apuntaban sus compras en las cartillas de deuda de las tiendas, que nada había cambiado, frente a lo que les prometieron, con echar al Rey.
Y ello nos lleva a reflexionar sobre las causas de la actual marea de Vox. Se han apuntado muchas razones para la súbita conversión de los votantes andaluces hacia el nuevo partido (y, verosímilmente, de tantos otros como piensan hacerlo en futuras elecciones): la economía, la inmigración, la situación en Cataluña? A mi juicio, se ha minusvalorado un factor que concurre con los demás o los aglutina: la existencia de un grupo cada vez mayor de ciudadanos que cambian de voto periódicamente, y que lo hacen tanto por hartazgo de lo existente como con la esperanza de una solución inmediata (milagrosa) de los problemas, los suyos o los generales (no sólo aquí, piénsese en Francia, por ejemplo, y en la popularidad de Macron). El hartazgo de lo existente no incluye sólo la realidad de las cosas, sino la hostilidad hacia los partidos y los políticos tradicionales, que se convierten en "culpables" de los problemas y en chivos expiatorios de una realidad insatisfactoria. Frente a ello, si el partido emergente "habla claro", con los atributos masculinos encima de la mesa, tiene mucho camino andado para recoger el descontento.
Pero no pensemos que estamos ante una novedad contemporánea. Podemos ir al romano Salustio para verla apuntada, y aun antes, a la Atenas clásica. Vengamos más acá. He aquí a Xovellanos, uno de los miembros de la Junta Central, convertida esta y sus individuos en causantes de los males del país, perseguidos y vituperados. Meditando sobre esa injusticia, trae a la memoria las palabras de Guicciardini (1483-1540): "Tal es la naturaleza de los pueblos, inclinada a esperar más de lo que se debe, a soportar menos de lo que es necesario y estar siempre malhumorados con las cosas del presente".
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Güei, en LA NUEVA ESPAÑA: Xovellanos y "El sí de las niñas"
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos.)

Xovellanos y "El sí de las niñas"
08.07.2016 | 03:43
Xuan Xosé Sánchez Vicente Tras cinco años de espera, a finales del mes de enero de 1806 subía a las tablas la obra más conocida de Leandro Fernández de Moratín, "El sí de las niñas". El argumento de la comedia, se lo recuerdo, es sencillo. Una joven de 16 años, educada en un convento, viene obligada a casarse, por deseo e interés de su madre, con un varón de 59. Ella, sin embargo, ama a un joven, Carlos. Cuando el pretendido esposo, don Diego, conoce esa situación, renuncia al compromiso y bendice el matrimonio de los jóvenes. "Esto resulta del abuso de la autoridad, de la opresión que la juventud padece; estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas". La tesis, pues, bien simple: son los jóvenes quienes deben elegir a sus cónyuges ("el amor, no el deber", diríamos hoy).
En 1806 precisamente, Xovellanos, que sigue preso en Bellver, escribe una carta a su sobrino Baltasar González de Cienfuegos, quien lleva sus asuntos aquí, en Xixón y Asturies. Y, entre otras cosas, le habla de una pupila de quien tienen la tutela, Manuela Blanco, que se va acercando ya a la edad núbil. Esto es lo que le dicta: "Pues que la pupila toca ya en la edad en que es más digna de nuestro cuidado, no puedo dejar de indicarte cuál ha sido siempre mi modo de pensar acerca de su establecimiento. Ante todas cosas es preciso contar con su gusto, pues ningún partido contrario o repugnante a él puede ser bueno". [.............................................................................
El nuevo espíritu de los tiempos, la misma fecha.
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XOVELLANOS Y LA NATURALEZA
Cualquiera que se haya acercado
a los diarios de don Baltasar Melchor Gaspar María de Xove Llanos habrá
advertido de inmediato su continua atención a la naturaleza: apenas hay lugar
por donde pase que no haga una observación sobre su geografía; día en que no
anote las características climatológicas: el viento dominante, las horas de lluvia,
el calor, el tiempo previsible…
Esa atención a lo que hemos conceptuado
como naturaleza tiene, evidentemente, componentes diversos. El primero de ellos
es el puramente contemplativo, el del paisaje: «¡Qué delicioso país al
continuar la bajada que sigue hasta Campomanes!» —anota el 5 de septiembre de
1790, al volver a Asturies tras una larga ausencia, y describe a continuación
sus elementos: camino, falda del monte, prados, caseríos, río—. Pero casi nunca
su mirada es puramente estética, sino reflexiva y utilitaria, apuntando los
datos de la actividad humana a lo largo del camino por el que pasa, sus
consecuencias económicas, las posibles mejoras de esa actividad o cómo ha sido
en el pasado; reflexionando sobre mejoras en el trazado de las vías o sobre las
ideas y planes que alguien se ha propuesto realizar en ese espacio o en
relación con él. No faltan tampoco las anotaciones sobre la estratigrafía y
composición del paraje e, incluso, alguna hipótesis de evolución geológica,
como la que realiza el 14 de julio de 1794 a propósito de una tongada de
regodones.
Por no extendernos, señalemos
únicamente que, en esa anotación del diario antedicha, en poquísimas palabras (unas
doscientas, si exceptuamos artículos, preposiciones y conjunciones) deja
constancia, entre Payares y Campomanes, de: las distancias entre pueblo y
pueblo; la habitación de una posada, su gente y la esperanza de mejora de
aquella; su admiración por el paisaje y su descripción arriba señalada; el
aprovechamiento del río para el riego; otra anotación de tipo
estético-emocional sobre el paisaje; la existencia de una fábrica de madreñas
en Puente los Fierros, su materia prima, elaboración, comercio y saldo
económico en la «balanza comercial»; geología, disposición y orientación de las
montañas y sus cursos de agua.
Pero es en dos textos
particulares donde queremos detenernos. En ellos se ve el cambio que la
naturaleza ha supuesto para el hombre moderno frente al de los siglos
anteriores. En primer lugar, su descubrimiento concreto y personal: por decirlo
con una metáfora de la historia de la pintura: el pintor ya no pinta en su
estudio paisajes ideales, sino que sale con su caballete al campo, busca y
procura captar lo que ve desde su emoción y retina. Además, la naturaleza se
convierte en algo más que un puro paisaje o un mero motor de emoción estética:
con frecuencia provoca una especie de empatía mística, se constituye en un foco
semisagrado hacia el cual trasciende el yo y contribuye a su mejora y su plena
humanización (sea cual sea la realidad de todo ello desde nuestro punto de
observación personal y actual). Véase este momento, que ocurre el 20 de mayo de
1795, en Somalo, Najerilla. Obsérvese la conjunción de la emoción del lugar y
la fruición de sus resonancias literarias: «Al fin entramos en la fuente de El
Chafaril, que está por bajo de la casa; bájase a ella por unas cuantas
escaleras; luego se halla un espacio cuadrilongo, bien enlosado y con petriles
y asientos por todo él, en medio una bella alberca redonda, y en su centro, la
fuente, con taza de la misma forma, de que caen las aguas por cuatro caños
abastecidos de un abundante saltadero. En torno, altos y hojosos negrillos y
mucha frondosidad; era el crepúsculo de la tarde; el cielo claro y sereno; la
luna nueva brillaba dulcemente en lo alto; el canto de los ruiseñores, el ruido
del agua, la sombra de los altos árboles… ¡Oh Naturaleza! ¡Oh deliciosa vida
rústica! ¡Y que haya locos que prefieran otros espectáculos a estos, cuya sabia
magnificencia está preparada por la sabia y generosa mano de la Naturaleza! Se
acercaba la noche; esto me trajo a la memoria la bella oda de Meléndez al
asunto; después la Noche serena a don
Oloarte, y al fin la que prefiere la vida solitaria y sus dulzuras; todas
se recitaron.»
Esta
segunda experiencia, ocurrida en La Atalaya xixonesa el miércoles 30 de julio
de 1794, sobre trasladarnos con viveza la impresión de la misma y evidenciarnos
ese carácter metafísico-empático con que, en ocasiones, contempla la naturaleza
Xovellanos, nos da un melancólico mordisco sobre nuestra condición de seres
humanos y, acaso, nos hace entrar en sospecha sobre las dudas de nuestro vecino
con respecto a la trascendencia: «No
puedo echar de mi memoria la situación de Santa Catalina en la noche de ayer.
La dudosa y triste luz del cielo; la extensión de la mar, descubierta de tiempo
en tiempo por medrosos relámpagos que rompían el lejano horizonte; el ruido
sordo de las aguas, quebrantadas entre las peñas al pie de la montaña; la
soledad, la calma y el silencio de todos los vivientes hacían la situación
sublime y magnífica sobre toda ponderación. En medio de ella interrumpió mis
meditaciones el «¿Quién vive?» de un centinela apostado en un pórtico de la
ermita, el cual, oída la respuesta, echó a cantar en el tono patético del país,
y esta única voz, de que yo me alejaba poco a poco, contrastaba
maravillosamente con el silencio universal. ¡Hombre!, si quieres ser venturoso,
contempla la naturaleza y acércate a ella; en ella está la fuente del escaso
placer y felicidad que fueron dados a tu ser.»
Más a propósitu d'El Musel
Lo que pienso (y dixe fai tiempu) d'El Musel pueden atopalo en nada menos que catorce ensiertos d'esti blog, el primeru del 22/07/09 ("Usted y yo pagaremos la fiesta arecista de El Musel"), l'últimu, el 02/04/12 ("El despilfarro de El Musel").Agora, sobre la idea central de qu'un puertu, si ye grande, atrae de por sí los tráficos y los negocios, pueden ver estes palabres de Xovellanos (son del sábadu 28 de xunetu de 1792):
[Sobre un proyectu de puertu na concha d'Artéu]
«Pero yo no apruebo tan enormes gastos. El comercio no se adelanta con grandes, sino con muchos puertos, y cuando otras circunstacias le llaman a un punto y le arraigan en él, prospera a pesar de los inconvenientes de los puertos. Ejemplo, entre otros mil, Burdeos.»
El patriotismo lingüístico de Xovellanos
Durante este año pasado se ha celebrado el ducentésimo aniversario de la muerte de B.M.G.M. de Xovellanos y Ramírez. Durante el mismo se ha hablado con abundancia de muchas de sus empresas, alabado su dignidad y voluntad de progreso, ensalzado su patriotismo españolista. Incluso, se ha loado su patriotismo asturiano y xixonés del carácter que pudiéramos denominar gonzález-moriano, esto es, el empleado en la obra pública («Aquel señor / tan facedor de caminos / que per toes partes pasen / un carru y dos armentíos», que escribía su hermana); pero se ha silenciado o apenas sugerido su patriotismo asturianista de tipo cultural (su justa propuesta de que se denomine «arte asturiano» al prerrománico, por ejemplo, sigue sin tener recepción), especialmente el lingüístico. Y es sobre este sobre el que hoy quiero mostrar algunos datos.
A partir de su regreso forzado a Asturies en 1790, Xovellanos se dedica, entre otras muchas cosas, a un (re)descubrimiento voraz de la realidad cultural de su tierra. Explora archivos, visita monumentos, realiza reflexiones y conjeturas de tipo histórico, pone en marcha proyectos culturales. Uno al que vuelve una y otra vez a lo largo de, al menos, tres lustros, es el del estudio del asturianu, de la llingua asturiana, que, junto con la redacción de un Diccionario Histórico, tenía la intención de que fuese el objeto de una institución con la que soñó siempre y a la que daba el nombre de Academia de Buenas Letras Asturianas, con esa literalidad o alguna variante.
La ocupación por la lengua es temprana, pues, en su etapa adulta asturiana, como podemos ver aquí: «Cuando emprendí mi viaje a este país creía yo que el dialecto que habla su pueblo sería uno de los primeros objetos de mis observaciones». Y sobre su relación con él: «Habíalo oído hablar de continuo y aun lo entendía y hablaba perfectamente en mi niñez (téngase en cuenta que, a los dieciséis años, Xovellanos es internado en Ávila para seguir estudios eclesiásticos)»; y «El dialecto asturiano que tratamos de recoger es la lengua viva de nuestro pueblo; todos lo mamamos, por decirlo así, con la primera leche; va pasando tradicionalmente de padres a hijos y se continúa de generación en generación». En cuanto a los propósitos de sus afanes: «Prometiéndome que a mi vuelta podría por lo menos escribir una Gramática, una Ortografía y un Glosario o Etimológico del dialecto de Asturias».
Un breve paréntesis. Tengamos en cuenta que en el XVIII «lengua», «dialecto» e «idioma» tienen la misma consideración filológica, como puede comprobarse en los DRAE de la época. Por otra parte, Xovellanos, si llama preferentemente «dialecto» al asturiano, lo denomina también «lengua» e «idioma». El afecto de Xovellanos por su idioma llariegu tiene raíces personales y sociales, pero no debemos olvidar que, intelectualmente, se mueve en el aprecio y estudio por las lenguas españolas que no son el castellano que comienza a manifestarse, especialmente, en la segunda mitad del XVIII, entre cuyos más destacados investigadores podemos destacar al sacerdote Pedro Pablo Astarloa (sobre el Euskera) y al benedictino Fray Martín Sarmiento (sobre el gallego). De este es, precisamente, este texto: «La lengua castellana no es vulgar (“la del país”) en Asturias, Galicia, Portugal, Valencia y Cataluña […] El idioma catalán, asturiano, gallego, portugués y castellano, al ser con-dialectos entre sí, se entienden, a poco estudio, unos a otros, los que los hablan».
En su propósito filológico Xovellanos cuenta con una serie de amigos y conocidos que tienen sus mismas ilusiones e intereses, los más destacados de los cuales González Posada y Francisco Caveda Solares. (Este maliayense es, precisamente, el padre de Xosé Caveda y Nava, el primer editor de un libro de literatura asturiana, en 1839, tres siglos, curiosamente, después del primer texto literario conocido en nuestra lengua patria, el «Romance de Santolaya», de González Reguera). Pero, al mismo tiempo, se mueve en un contexto de aprecio por el asturianu. Nobles y estudiantes conocen de memoria los clásicos asturianos; fuera de la patria, se copian y se difunden estos de forma manuscrita. Junto con otros, la misma hermana de Xovellanos escribe literatura en lengua patria.
La atención de Xovellanos al idioma asturiano no es solo intelectual, lo es también emocional. Respecto a él dice: «¿Quién es el que no lo habla todos los días con el criado, el labrador, el menestral? ¿Quién, al fin, el que, presente, no se complace en ejercitarlo y, ausente de su patria, en recordarlo y oírlo».
Y así será. Desterrado en Mallorca en 1801, desde allí da vueltas a las palabras de nuestra lengua y las paladea, propicia la correspondencia en asturianu de sus amigos (Cartes a Theresina del Rosal), escribe él mismo alguna carta en nuestra lengua.
Sin duda, allí, en la distancia y privado de libertad, el sonido de las palabras llariegas arrastraba mucho más que su mero significado o su etimología: convocaba las imágenes de los sonidos y los olores de su mar de Xixón, las de los calizos altos montes Ervasios de su tierra en contraste con sus prados jugosos, las precisas figuras de sus caserías, sus hórreos y sus erías cultivadas, las palabras y los gestos de sus convecinos y sus familiares y, tal vez, las más lejanas estampas de su infancia corriendo por su Cimavilla natal, cuesta arriba, hasta La Fontica y la Atalaya, desde donde, oteando la mar cantábrica, habría fantaseado con otros viajes, otras aventuras y otras hombres, muy distintos a los de estos menguados días de su prisión y sus patrias.
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