Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Identidades indiscutibles y discutidas
(El día d'Asturies, en LNE)
IDENTIDADES INDISCUTIBLES Y DISCUTIDAS
El 25 de agosto de 1707 nacía en Madrid el primogénito de la unión de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, el futuro Luis I. Ese mismo año se publicaba una composición, escrita el 2 de septiembre, titulada «Carta que escribe un asturiano de esta Corte, à otro asturiano, dándole cuenta, cómo parió la Reyna nuestra Señora a un Príncipe de Asturias; vá en su Lengua Antigua». El poema es un larguísimo romance en asturiano, en cuatro hojas. He dicho en asturiano, bueno, en un lenguaje que pretende ser asturiano, utilizando en muchas ocasiones lo que podríamos llamar «hiperasturianismos». Tiene interés el texto, sus expresiones y su tono, pero no es ello el motivo de mi comentario, sino otro: de forma semejante a lo que Busto Cortina estudiará para villancicos de los siglos XVII y XVIII, la Carta remeda lo que se podría tener como la lengua no castellana de Asturies, por motivos variados que podríamos discutir, pero que, en todo caso, implican el reconocimiento de una lengua no castellana, y, acaso, de una lengua no castellana en Madrid, mantenida entre los numerosos asturianos en esa villa y Corte. En otras palabras, implican el reconocimiento de una identidad.
Esa diferencia identificativa, particularizadora, es una evidencia incontrovertible para Xovellanos y sus amigos. A propósito de su proyecto de una Academia y de un diccionario del asturiano o bable, afirma: «Habíalo oído yo hablar de continuo y aún lo entendía y hablaba yo de continuo en mi niñez […] me condujeron a meditar sobre el origen de mi dialecto natural». Si avanzamos en el tiempo, anotaremos que, cuando al regreso de la primera vuelta al mundo del buque escuela Nautilus, al atracar en Puerto Rico, se homenajea a Fernando Villaamil y sus guardiamarinas con las dos más evidentes señas de identidad de que disponen, en cuanto asturianos, homenajeadores y marino, una fabada y un discurso en asturiano.
Hace pocos días acaba de ver la luz, editada por la Academia de la Llingua Asturiana, una recopilación realizada por Lluis Ánxel Núñez y por mí, Escritos Asturianos en Méxicu, en dos volúmenes, que van de 1870 a 1930. El lector me disculpará el subrayar que durante esos sesenta años, al menos, el asturiano es la lengua de la emoción y la identidad (también para la propaganda comercial) de todos esos emigrantes patrios que crean esos textos.
Sin embargo, esta seña de identidad colectiva e histórica, independientemente del número de hablantes efectivos hoy de la lengua, se encuentra negada como tal por un grupo no pequeño de ciudadanos. Y más que negada, hostigada, caricaturizada, llegando a fabular que tras ella se encuentra una conjura que tiene la intención de llevar el país a una terrible dictadura izquierdista. Es un discurso de raíces complejas, donde se entremezclan ignorancia, autoodio lingüístico y estrategia política.
Covadonga es al tiempo un lugar y un símbolo. Un lugar donde se entemecen los significados religiosos y los políticos. Poca aclaración merecen los religiosos, por su evidencia. Los políticos unen la creación del Reino de Asturies con la figura de Pelayo. Envuelve el conjunto un cierto halo misterioso, de prejuicio o superstición, si quieren, que hace que, por ejemplo, muchos conductores acerquen hasta el lugar sus coches recién estrenados, y, créanme, lo hacen gentes de escasa o nula creencia. Es lo mismo que me decía el tempranamente muerto Rafael del Riego (por cierto, emparentado con una de las víctimas de la memoria ocultada del 34), el que fuera defensa del Sporting: «yo no creo en ello, pero cuando voy a la montaña, miro con emoción hacia allí, porque algo hay allí».
En los últimos tiempos, sin embargo, Cuadonga y sus celebraciones del 8 de septiembre están siendo víctima de un proceso de descreimiento y hostigamiento. Por un lado, del religioso, debido a razones intrínsecas desde fuera de la fe, y, en general, desde la izquierda, rechazando la asistencia de las autoridades a las celebraciones religiosas en el lugar. No negaré que la boca no bien pastoreada del pastor de los fieles católicos arroja buena cantidad de ramascaya a ese incendio, pero, en el fondo, sus declaraciones no son más que una escusa para la causa. Y, sin embargo, no debemos olvidar que fue el propio Rafael Fernández, llegado del exilio, quien empezó la costumbre de asistir a los actos religiosos el día de Cuadonga. Y Rafael Fernández sabía bien toda aquella historia del 34, la Guerra Civil y Cuadonga (los invito, a conocer o revivir todo ello, incluido lo del antecesor de Rafael del Riego, en mi De los sueños hicimos pesadilla).
Por otro lado, se viene produciendo un «descreimiento» de la figura de Pelayo y de la batalla de Cuadonga, en parte por razones históricas que establecen precisiones sobre uno y otra o sobre sus dimensiones. Pero, por más cierto que sean todas esas acotaciones, lo incuestionable es que Pelayo y lo que fuere Cuadonga o luchas parecidas son el origen de algo innegable, de un episodio histórico único y de importancia europea al menos: el origen del Reino de Asturies, o, si lo prefieren, del Estado de Asturies. Verdad es, asimismo, que nunca los asturianos han dado demasiada importancia a ese hecho nuclear, si es que son conscientes de ello, lo que nos llevaría a hablar de una seña de identidad generalizada en nuestra patria: la de despreciar lo que somos y la de nuestra falta de voluntad identitaria actuante -no sentimental-, o, dicho de otro modo, de someternos siempre a Madrid y esperarlo todo del Estado. Pero van a permitirme, dada la efeméride, no ahondar hoy en esa otra seña de identidad.
Todo ello hace que una parte de los ciudadanos del mundo de la izquierda y del asturianismo doctrinal estén hoy empeñados en buscar una fecha que sustituya a Cuadonga y el 8 de septiembre. Y esa fecha está apuntando al 25 de mayo, data en que, en 1808, los asturianos comenzamos el levantamiento español contra las tropas de Napoleón para restituir el trono a la familia real y al Príncipe de Asturies, secuestrados por el Corso.
Engarradielles
(Antiyer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
ENGARRADIELLES
La engarradiella picoteril ente doña Adriana y l’Arzobispu tuvo, como saben, seguidores y nuevos participantes, cola ausencia de dalgunes autoridaes na misa del día 8 en Cuadonga. Esa fecha y la víspera, colos discursos de don Adrián y don Jesús, algamó’l puntu más piqueru.
Don Jesús, l’autoridá relixosa, punxo na so homilía un broche retóricu al alderique coles autoridaes civiles. Si non la sintieron en directu, nun la pierdan. Véanla equí https://www.lne.es/asturias/2024/09/08/arzobispo-ausencia-barbon-dia-asturias-107893119.html y la glosa de Mariola Riera .https://www.lne.es/asturias/2024/09/08/arzobispo-ausencia-barbon-dia-asturias-107893119.html
La prédica contién un 80% de crítica social y política -incluyía, por exemplu, una referencia a la basura de los macrofestivales- y un 20% de conteníu relixosu y marianu. Nun hai nada que dicir si eses son les preferencies discursives del preláu. Lo que paez fuera de la cortesía y de les ganes d’apaciguar y de facer un día de toos el 8 y un llugar de toos Cuadonga son les referencies despectives a la otra parte de la engarradiella: “No nos falta ninguno de los que declinan entrar en la casa de María ausentándose por razones tan dudosas como extrañas. […] que hay polémicas artificiales y sincronizadas que se necesitan para disimular las carencias, maquillar las vergüenzas y ocultar con distracción las verdaderas intenciones”. Hai más, ¿pero pa qué?
Frente a ello, el discursu de don Adrián el día anterior, dafechamente integrador y evitando oblerazos, fue modélicu.
Agora bien, énte la opinión pública corriente, ¿quién ganó? Pues nun toi seguru. Barbón quedó bien colos “suyos”, una parte importante la so “ilesia” y los anticlericales, pero a muncha xente que nun ta alliniada y a la que nun-y lleguen los picoterismos arzobispales paeció-y mal l’ausencia en Cuadonga.
Con too esto, créanme, pierde Cuadonga como emblema d’Asturies, y va tiñéndose progresivamente de tintes esclusivamente clericales.
Por cierto, yá saben vustedes, llectores cultos, que’l cartafueyín Engarradiella’n Covadonga de Pin d’Escola nun tien nada que ver con too esto.
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Guardar las formas y las esencias
(Ayer, en La Nueva España)
GUARDAR LAS FORMAS Y LAS ESENCIAS
La doble celebración del día 8 de septiembre, la patriótica y la religiosa, ha venido este año precedida por una especie de novena concelebrada por doña Adriana Lastra y don Jesús Sanz Montes a través de puyas y censuras.
Digámoslo con claridad. Tienen ambos un espíritu picoteru, y gustan de la engarradiella y la pugna dialéctica. Se quejaba doña Adriana el día de su toma de posesión como Delegada del Gobierno de que las homilías del Arzobispo el día de Asturias suelen tener un marcado tono político contra el Gobierno. El Arzobispo argumenta con su libertad de expresión y la defensa de la doctrina de la Iglesia. Bueno, no siempre. Criticar las medidas económicas del Gobierno o hablar del beso a Jennifer Hermoso no parecen cuestiones estrictamente de doctrina. Pero en todo caso, cuando se tienen invitados a la mesa, no parece lo más apropiado suscitar cuestiones hirientes. Se hace, acaso, porque se sabe que ese día, con los medios presentes, lo dicho va a poner el altavoz al máximo nivel.
En cuanto a doña Adriana, aprovechar el día de su toma de posesión para atacar al prelado no parece actitud de decoro y contención.
Es seguro que ninguno de sus antecesores hubiesen dado ese espectáculo picoteril. Y es que ni don Jesús ni doña Adriana saben guardar las formas.
Finalmente, la polémica ha terminado como el rosario de la aurora. Don Adrián, el Presidente, ha manifestado que, por las mismas razones que doña Adriana, no acudirá al oficio religioso del día 8. Rompe así una tradición ininterrumpida que había comenzado Rafael Fernández, socialista, exiliado, participante en la Guerra Civil.
Pero, al margen de ese alderique, la doble celebración del día 8 viene criticándose desde una parte de la izquierda, no solo por la asistencia de las autoridades civiles al acto religioso, sino por la confluencia misma de las dos festividades. Para una parte de esa opinión el Día de Asturies debería desvincularse de la idea de Cuadonga porque habría una fecha de mayor potencia representativa de la singularidad asturiana, la del 25 de mayo. En esa fecha de 1808, la Junta General del Principado se proclama soberana ante la ausencia del soberano, preso en Francia, y declara la guerra a Napoleón.
Esa visión de la soberanía nacional -intrínseca, ab ovo, constitutiva- que se pretende contener en la declaración de guerra es, sin embargo, muy matizable. La Xunta no actúa en ese momento como expresión de soberanía propia, sino como depósito temporal de otra soberanía, la del Rey. Por otro lado, la propia proclamación de 1808 es una declaración de soberanía limitada: se realiza en tanto el verdadero poseedor de la misma se encuentre desposeído en ella. Además, bastó un soplo del marqués de la Romana para hacer ver lo limitado de la soberanía real de aquella Xunta, y pocos años más para que, con la llegada de una cierta modernidad política que reorganiza todo el territorio español, la Xunta desapareciese sin más rastro que algún libro melancólico. Pero, en todo caso, si aquella Xunta de 1808 atesoraba alguna legitimidad de autodeterminación, ella provenía de que había sido depositada en ella la legitimidad del heredero de la corona, y esa legitimidad simbólica provenía a su vez del patrimonio histórico de Asturies: su levantamiento contra el invasor islámico, su construcción como nación y Reino, su autonomía, expansión e imperio durante doscientos años, esto es, Cuadonga o, si se prefiere decir, Covadonga.
A, digamos, enturbiar la valoración de Cuadonga como emblema de la nacionalidad asturiana viene a sumarse el rechazo a una línea de interpretación histórica, la de la instrumentalización que la derecha y el unitarismo españolista han hecho del lugar como germen de España, concebida de una determinada manera y con olvido de los doscientos años del Reino de Asturies, es decir, de “nuestra” historia. La materia es muy compleja pero hay que señalar que, si bien es cierto que esa “españolización” del santuario y la historia se intensifica a partir de la restauración borbónica tras la Primera República, esa potenciación simbólica viene de atrás. Recuérdese a nuestro Xovellanos escribiendo El Pelayo, o, en el plano político, su encargo a Ventura Rodríguez para construir en el lugar una iglesia monumental que fuese, al tiempo, mausoleo de Pelayo.
Recientemente, ha venido a sumarse al difuminado de Cuadonga como núcleo de Asturies el discurso, defendido por profesionales, de que nunca hubo una batalla de Cuadonga, de que los relatos sobre la misma son, sobre tardíos, ficticios y remedo de otros. Aceptémoslo como elemento de discusión. Vale. Pero, de pronto, nos encontramos con un estado, reino o nación, que en muy poco tiempo, reconquista su territorio, se expande, crea un arte valiosísimo que implica riqueza y relaciones culturales y comerciales externas. ¿De dónde sale? ¿De ningún sitio? No se nos dice. Bien, pues aceptemos, entonces, Cuadonga, haya sido lugar de batalla, de engarradiella o, simplemente, lugar simbólico. A fin de cuentas, se encuentra al lado de Cangues, primera capital del Reino, y tiene al lado, por ejemplo, a Abamia, otro indicio del comienzo de “nuestra” historia.
A mi entender, pues, la potencialidad simbólica e identitaria del lugar es muy superior a cualquier otra que podamos tomar como origen de nuestra nación o de nuestra historia. Por lo demás, no hay necesidad alguna de que los actos conmemorativos del nacimiento del Reino y los del culto a la Inmaculada Concepción (a la que, por cierto, bajo otras advocaciones que la del lugar de la cueva, se le rinde culto la misma fecha en otros muchos santuarios de Asturies) se celebren en el mismo lugar, aun siéndolo en el mismo día.
Y para celebrarlo, ¿qué otro lugar que la sede de la primera capital de nuestro Reino, tan cerca, por otro lado, de Cuadonga?
UNA DECISIÓN MUY DISCUTIBLE
(Ayer, en La Nueva España)
UNA DECISIÓN MUY DISCUTIBLE
Echemos la vista atrás. Veinticinco años. El 5 de agosto de 1998 el Ayuntamiento de Cangues, en vista de los atascos de vehículos en la subida a los Lagos, prohibía el acceso a los autobuses. Ya ven ustedes la mentalidad: ciudadanos libremente, sí, y por sus propios medios. Transportes colectivos, no.
El Plan de Transportes a los Lagos (de restricciones y condicionamientos) lleva funcionando dieciocho años. Durante todo este tiempo, según cuentan las crónicas, no ha habido ni un solo accidente reseñable (supongo que sí raspionazos o abollones).
Recientemente, un autobús ha salido de la carretera, ha dado alguna vuelta, ha provocado algún susto y varios heridos. ¿Por qué se ha producido el accidente? Pues, a día de hoy, no lo sabemos con certeza. Se nos dan tres explicaciones: ha cedido el terreno; el conductor se ha desviado ligeramente (o el autobús ha tenido un problema), sin que haya sido forzado; ese ligero desvío ha sido coincidente (no necesariamente provocado) por el cruce con otro autobús, debido a la estrechez del camino.
De forma inmediata, se anuncia que se van a poner en marcha una serie de medidas: la revisión de la carretera, el ensanchamiento de algunos puntos, la mejor comunicación entre autobuses… y, de forma inmediata, la medida estrella: la prohibición de acceso a los coches particulares, que solo podían hacerlo ya entre las 21 y las 7.30 horas. Quien ahora quiera subir a disfrutar de aquellos parajes deberá hacerlo reglado, en autobús o taxi, y, naturalmente, pagando.
Evidentemente, la concesionaria de los autobuses y los propietarios de taxis han aplaudido la medida («debería haberse hecho hace años»), obviamente, por razones de seguridad. No han faltado arbitristas a lo Cecilio Oliver Sobera, aquel militar alcalde de Xixón que, entre la coña de la ciudadanía, pretendió que por Fernández Vallín (la calle de Correos) se subiese exclusivamente por una acera y se bajase por otra, y, así, proponen estos ciudadanos, que, por ejemplo, se suba solo por la mañana y se baje por la tarde.
Y, ahora, recapitulemos. ¿Es justificable que, tras una eternidad sin accidentes, por uno solo —del que, reitero, no sabemos con certeza la causa— se proceda a la decisión de prohibir la subida de los coches particulares, es decir, se restrinja la libertad de los ciudadanos, salvo que paguen? ¿Todas las mejoras que ahora se anuncian en el firme, el ancho de la carretera, la comunicación entre autobuses, etcétera, no se podían haber hecho en todos estos años?
Y sobre todo, miremos veinticinco años atrás y fijémonos en la «filosofía» (o en la consideración de la ciudadanía, si lo prefieren) que separa una y otra decisión.
«Muy discutible», he calificado. Bueno, caben otras, pero las dejo para ustedes.
PS. Defiendo el derecho del señor Barbón a apelar a la intervención de la «Piquiñina y Galana» para evitar que el accidente hubiese sido una terrible catástrofe. No porque yo crea en la intervención de ningún numen (ni aun el «genius loci»), sino porque es el manejo de un input de la cultura popular asturiana, no desemejante a la acción de quienes llevan el coche nuevo a Cuadonga no porque crean, sino «porque sí», y ellos, si son varones, quedan en la explanada mientras su esposa o pareja entra en la Cueva.
De Canga a Cangues
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
DE CANGA A CANGUES
Trataré de asuntos culturales, relativos a nuestra historia, digamos fundacional, pero no puedo evitar comenzar por un reciente episodio cómico, el que representó el cuadro escénico de la ministra Maroto, el pretendiente Canga, el presidente Barbón y el eurodiputado Jonás.
El pretendiente anunció que la UE concedería una ayuda de 460 millones a Arcelor-Mittal. Lo hizo unas pocas horas antes de que la ministra, el eurodiputado y el presidente se enterasen de la efectividad de la ayuda. Primero lo acusaron de fabular, luego de utilizar «información privilegiada» e, incluso, de poner en riesgo la inversión. Posteriormente, ministra y eurodiputado, irritados, anunciaron con propiciar «una comisión de investigación».
Todo ello no es más que un juego de niños de los habituales en política, que pocos frutos dará en términos de votos. Si acaso hinchará las ínfulas de los que trabajan con Canga e irritará temporalmente a algunos socialistas. Lo demás, el ruido habitual que quienes figuran en política están obligados a mantener a todas horas.
Pero yo quería hablar no de Canga, apellido que vendrá de alguna de las localidades de ese nombre, sino de su plural, Cangues, donde se ubicó el primer núcleo de poder asturiano, el inicio de nuestro Reino y de la Reconquista.
Y es que aparecen continuamente noticias arqueológicas que van poniendo figuras en el cuadro de lo que seguramente fue nuestro territorio hasta el momento político fundacional, de 722 (o 718), con Pelayo, Covadonga y Cangues: un espacio poblado por nativos y señores autóctonos, con riquezas y con una tradición constructiva y artesanal potente, que se había ido forjando en los siglos anteriores. Solo así se explica la formación del Reino y su expansión tan rápida, y la creación del arte asturiano, en forma de iglesias o palacios, así como la orfebrería.
Las recientes informaciones sobre Gauzón o La Estaca que habrán visto en este periódico son parte de esa pintura.
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Reinu Astur
Concertando en Covadonga
(Ayer, en La Nueva España)
CONCERTANDO EN COVADONGA
En torno a Cuadonga y Pelayo se dan dos hechos incontrovertibles, el nacimiento del Reinu d’Asturies y la retirada del moro más allá de la cordillera. Es ese el significado político y emocional indiscutible del lugar, al margen de las proporciones del combate que allí se diera. Paralelamente, en el lugar se desarrolla un culto mariano, acaso superpuesto a otro pagano anterior. A partir de mediados del XVIII, se potencian desde el Estado esos dos aspectos, el religioso y el político, especialmente en la segunda mitad del XIX. Al mismo tiempo, Covadonga establece a su alrededor otro espacio de sacralidad, el de la sacralidad de la naturaleza, con la creación del primer Parque Nacional de España.
Pues bien, este domingo de agosto, el 21, a las siete de la tarde, escritores, músicos y un cantante, Joaquín Pixán, vamos a tratar de concertar en un concierto todas esas significaciones y emociones que, este año, además, se refuerzan con la celebración del 1.300 aniversario del episodio bélico y político de Cuadonga, de nuestra particular guerra de independencia, primero, de nuestra expansión, después. Acorde con ello, El Nacimientu del Reinu es el título con que se recogen las composiciones poético-musicales que forman las piezas de que se compone el recital.
Son un total de once composiciones, de nueve escritores, Ángel Fierro, Alfonso Sánchez Lorenzo, Pablo García Baena, Aurelio González Ovies, Luis del Val, Fernando Álvarez, Pedro de Silva, Antonio Gamoneda, y quien esto firma, que tienen como eje Covadonga, vistos lugar, acontecimiento y significados desde varias perspectivas y emocionalidades.
Ahora bien, lo verdaderamente único es la música que acompaña esas composiciones, compuesta por quien las lanzará al aire, a la estimación y a la emoción de los asistentes, Joaquín Pixán; con una excepción, el poema Aula Regia, que se debe a Manuel Pacheco. Digamos, asimismo, que acompañan con su música a la voz de Pixán Manuel Pacheco (piano), Javier Romero (chelo), Martín Pérez (flauta), Nel Pérez (clarinete). Actuará de narrador Fernando Entrialgo.
Yo, que los he oído, puedo afirmar que en todos esos textos y en la voz y música de Pixán estarán presentes esa emoción secular de Covadonga y los significados que los siglos han ido construyendo y decantando en torno a ella.
Y estoy seguro de que quienes estemos presentes la tarde de este domingo disfrutaremos de todo ello.
Nota: Las entradas, gratuitas, pueden reservarse en https://itinerariosculturales.sacatuentrada.es/es/entradas/joaquin-pixan
(Ayer, en La Nueva España)
L’APRECEDERU
COVADONGA: PATRIA, RELIGIÓN Y CONCIERTO
A comienzos de la segunda década del presente siglo elaboré y publiqué un estudio en que daba cuenta de la mayoría de la literatura asturiana elaborada teniendo como centro Covadonga. El primero de esos textos era el de Xosé Caveda y Nava, «La batalla de Covadonga», un poema propio, publicado como anónimo en su colección de los textos anteriores a 1839, colección que reedité en 1979 con el título de Esvilla de poesies na llingua asturiana.
Desde entonces se sucedieron otros poemas centrados en Cuadonga, como sitio donde ocurre una batalla que tiene como protagonista asturiano a Pelayo, constituye el origen del Reino de Asturies y, en la interpretación de la mayoría —pero no de algunos, como el firmante—, la «cuna de España», propiciando así una continuidad que tendría su legitimidad en los godos y en la restauración de la España perdida en aquel entonces.
Junto con esos textos redactados desde la perspectiva de un heroico combate en torno a la cueva sacra, existen otros en los que Cuadonga tiene una presencia fundamentalmente religiosa.
Pero unos y otros conllevan una emoción covadonguista, una emoción hacia el lugar que he visto en la vida real existente en muchas personas, al margen de su fe, independientemente de cómo crean que fue —en combatientes, en importancia, en significado— esa batalla.
Este domingo, 21 de agosto, se va a celebrar un concierto, de asistencia libre y gratuita, en la basílica. Corre a cargo del tenor Joaquín Pixán, que musicó once composiciones, de nueve escritores (Ángel Fierro, Alfonso Sánchez Lorenzo, Pablo García Baena, Aurelio González Ovies, Luis del Val, Fernando Álvarez, Pedro de Silva, Antonio Gamoneda, y el que esto firma), que tienen como tema Covadonga.
En todos esos textos y en la voz y música de Pixán estará presente esa emoción secular de Cuadonga y sus significados.
Lo mismo, seguramente, que en muchos de los asistentes al concierto.
Güei, en LNE, Turismo: mirando hacia el verano
(Trescribo, como davezu, los primeros parrafos)
L'aprecederu
L'aprecederu
Turismo: mirando hacia el verano
Xuan Xosé Sánchez Vicente 02.01.2018 | 03:08
Turismo: mirando hacia el verano
Aunque no podemos competir con el sol y las playas de Levante, el Sur y las Canarias, el turismo no para de crecer en Asturies. Todo tipo de turismo: el del excursionismo de rutas fáciles o difíciles, el de aventura, el cultural, el de la naturaleza, el que frecuenta las casas rurales? Sin embargo, habría algunas cosas que cambiar o mejorar. Especialmente este año en que las varias conmemoraciones a que llama Covadonga supondrán una vigorosa apelación a la visita.
Quizás, ya que acabamos de mencionar el espacio sagrado de la fundación del Reino y de la basílica, sea conveniente empezar por aquí: muchos planes y discurrimientos se han trazado, pero lo poco que se ha ejecutado no ha logrado solventar los atascos multitudinarios en su entorno ni aliviar la incomodidad y el malhumor de los miles de personas que quedan atrapados o han de dar la vuelta.
Aunque se ha mejorado en algo, no existe aún un instrumento que aúne de forma clara, inmediata y eficaz todas las ofertas culturales existentes en Asturies -desde museos a cuevas prehistóricas, pasando por el arte sacro-, y permita a los visitantes disponer de un abanico amplio de opciones y poder realizar sus reservas.
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COVADONGA: PATRIA, RELIXÓN Y SENTIMIENTU (2)
Nel 1918, Agarradiella en Covadonga, 66 décimes de versos octosílabos perpetraes por Rafael Álvarez- Borbolla López (“Pin d’Escola”), narren dende’l Guadalete a Covadonga nún estilu xabaz y toscobeyu:
“A daquesti, una llanciá/; a l’utru, un estadoñazu;/ al d’ainde, un llabanazu;/ una espicha al d’acullá;/ daquel cai d’una porrá../ y, en fin, nún creu, garabates,/ fesories, trientes, forcates,/ hachos, foces y cuchielles/ esmigayen los infielles/ qu’entá ximielguen les pates”.
Del primer terciu del XX son tamién los 283 versos del romance-silva nel que, col títulu de “La victoria de La Cruz”, Marcos del Torniello repasa la batalla y los sos preliminares. José Benigno García, que ye un escritor de versu sueltu, graciosu y de bona llingua cuandu s’acorripia nel campu costumista, asoleya equí la so otra faceta de xabacería, toscobeyería y insoportable patriotismu ultraderechista y ultraespañolista, abondo frecuente na so producción. Véase esta muestra d’antilliteratura:
Y entós la media lluna de los moros,/ esmondongada y rota,/ los cuernos, retorcíos,/ va escondese/ debaxo de la cola/ del rabo de la burra saltarina/ que Don Pelayo amonta
Pachu’l Péritu (Francisco González Prieto), en quince penoses décimes y col títulu de “La Virxen de Covadonga”, narra tamién la pelayina agarrapela nel primer terciu del sieglu.
Nun diálogu con un pelegrín, al que se lu invita a dir a Covadonga, Pachín de Melás (Emilio Robles Muñiz), a lo llargo de los 50 versos de romance-silva que constituyen la composición, pon l’acentu nel significáu del marianu y hestóricu del santuariu, pero ensin aparase a describir en detalle l’agarrapela nin poner l’entusiasmu nes glories béliques:
Pelegrín, pelegrinu
De vida andariega,
Non marches, descansa,
Ya tas en mio tierra,
Ya tas en mio Asturies...
¡¡Bendita sía ella!!
Agustín de La Villa, tamién nún romance-silva, de 93 versos, da-y un enfoque distintu y prestosu a la cuestión: “Arremontose la Santina” asoleya l’enfadu de la patrona porque los asturianos tán dexando les sos costumes y la so llingua:
“La Patrona d’Asturies, la Santina,/ piquiñina, galana y gayaspera,/ que, dende Covadonga,/ mos ampara y gobierna,/¡está que fuma en pipa con nosotros...! /Así-y dixo a Xesús, en son de quexa:/ (En bable lisu y llanu, que la Virxen,/ pa nel cielo charrar, no usa otra llengua)”.
Vien darréu un diálogu de la Virxen col so fíu, esponiéndo-y el motivu les sos quexes. La Santina, na so espirica, señala la perda les señes d’identidá (escarpinos, monteres, calzón cortu..), pero, sobre tou:
“ Tú considera/ qu’empérrense en rezame d’otru mou/ que non ye na so llengua:/ en una xerigoncia que no entiendo,/ que, como en bable, lo entendiera.” /.../ “Y too, por non hablar como Dios manda,/ en bable, la más dulce y suave llengua./ Así que, Tú verás: sin que lo igües,/ ¡nin arrastru me lleves a la Cueva..!”
Probablemente el testu con voluntá más llírica de los años anteriores a la Guerra Civil sea’l de Constantino Cabal, “Ye pequeñina y galana”, una serie de pentasílabos y decasílabos que, ensin dexar de tener presente la batalla, tienen un calter marianu, aborden la devoción popular y muestren, curiosamente, al final del poema, la presencia emocionada d’un “yo” narrador que se comporta como pá o ma de la Virxina, añicándola. Asina diz un retayu:
Ai, quién coyera
Los sones toos entemecíos /.../
De los marmullos y chuchurríos
Que fain divina
La carbayera
Pela tardina.
Quién los coyera...!
Pa igua-y un cantu que fora asina
Como un arrullu de paxarinos,
De carbayeres y de pimpanes,
A la Santina
de les Santines,
Nuestra Señora de los endrinos
Y les mazanes..!
Nel 1945, cinco años dempués de muertu l’autor, José d’Abego y Sánchez, asoléyase un romance de 188 versos, La danza prima. Covadonga-Pelayo, que tien como exe fundamental l’agarrapela auseviense. Nel testu remanecen ecos d’otros testos del romanceru español:
Dengún colos invasores/ se atreve a midir sos armes, /sinón un príncipe godu/ que de Don Pelayu traten.... Y, más alantre: Soberbiosos y enfotaos/ en so númeru y coraxe,/ dende el Sella hasta Cuadonga/ llenen valles y cañaes.
Poemes marianos y llíricos son los de Xuacu Fana, “¿Cómo quies, mio Santina, que te quiera?” (en delles combinaciones de 7 y 11 sílabes); el del siempre apreciatible Lorenzo Novo Mier, “Suañu de lluz”, un romance de 8 y 11 versos que tien como estribillu el popular “La Virxen de Covadonga/ ye piquiñina y galana”; y el tamién romance “Nuestra Santina”, de R.J. Roque Pérez- Santamarina Durantes.Nel 1968 asoléyase un testu de José León Delestal, “Pachín en Covadonga”, qu’aborda una visita a Covadonga dende los peores parámetros de xabacería y gracies gordes del monólogu.
Nel 1975, la sociedá Amigos del Bable convoca un concursu, “Primera Andecha de la Poesía Bable”, dedicáu precisamente a Covadonga. Al añu siguiente asóleyense los principales trabayos del concursu, ganadores o non, xuntu con otros anteriores de la tradición lliteraria; toos ellos embaxu’l títulu de Covadonga n’a poesía bable. Les obres que del concursu s’enxerten son “Cova Dominica”, de Florina Alías, primer premiu; “Primer poema dende’l norte”, un testu polimétricu, con rima ocasional, d’Aladino Fernández Suárez, segundu premiu; “Embaxu esti cielu gris”, una serie de cuartetes octosilábiques, de José Ángel Cabal Ciorda, segundu premiu tamién; “Camín del cielu”, de Bernardo Guardado Rodríguez, una estaya de pariaos endecasílabos; “Santiquina mía”, de María Jesús Guardado Tomás, un romance- silva onde’l “yo” emisor dialoga cola Virxen. En xeneral, la mayoría d’ellos son de mena llírica y mariana. Sólo’l de Bernardo Guardado s’enfota na descripción de la batalla.
Merez la pena destacar la composición de Florina Alías, un conxuntu d’once sonetos y dos tercetos encadenaos onde s’aborda’l tema ausévicu dende una perspectiva panorámica, temporal y temática: la resistencia a Roma, la independencia d’Asturies, la batalla, la emigración, la construcción de la basílica. El conxuntu ye meritoriu. Ésti ye ún de los sonetos:
¡Lluegu, el gozu d’oyer a los canteros
al tallar so la piedra filigranes,
el cantar como canten los raitanes,
o como l’agua nos despeñaeros...!
¡Gozu’l d’oyer a los picapedreros
con el cincel, y al son de sos afanes,
el repicar en piedra a unes campanes
que suañaren devinos campaneros...!
Y alzose la Basílica a María
Na mesma Covadonga, onde tovía
Pel monte, per el valle y pela Riera,
Trai el ecu la voz recia y bravía
D’aquel canteru que baxare un día
Pel vino, a cortexar la tabernera.
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