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Hay una fienda que no se quiere cerrar

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(El martes, en La Nueva España) HAY UNA FIENDA QUE NO SE QUIERE CERRAR Empecemos por lo más próximo. Xixón, PSOE. Un militante socialista lleva suspendido dos meses de militancia por una acusación de acoso sexual. La «sanción» conllevó, además, la pérdida de su puesto de trabajo. En estos dos meses ni le han dado explicaciones, ni de quién ni de qué se le acusa, ni le han preguntado al respecto. La situación es tan escandalosa que algunos distinguidos militantes de raigambre socialista han manifestado su protesta y su escándalo: «Suspender de militancia a un compañero y despedir a un trabajador sin causa justificada constituyen no ya una sino dos aberraciones gravísimas». Quien se ha manifestado así ha sido un histórico del socialismo xixonés, José Manuel Sariego. Alguna militante de raigañu también lo ha hecho, como Teresa Ordiz. Al parecer, algunos otros piensan lo mismo, pero callan. José Manuel Sariego, a quien conozco y respeto, al igual que a Teresa Ordiz, ha llegado a decir, que, de seguir así esta anomalía, «repensaré mi continuidad en la organización donde ya cumplí 50 años de pertenencia». Al margen del caso concreto y de las anomalías que se denuncian, subrayémoslo: el problema no está en la gestión del mismo, sino en la pésima legislación que lo permite, la Ley contra la Violencia de Género de 28 de diciembre (¡en fin!) de 2004, que viola el artículo 14 de la Constitución, con el sustento implícito discursivo de la maldad congénita del varón y de la bondad intrínseca de la mujer. El in dubio, pro reo ha sido sustituido por el sine dubio, contra reum. A partir de ahí, tanto la legislación inicial como sus desarrollos reglamentarios han posibilitado situaciones como la descrita, denuncias falsas, aprovechamientos para lograr beneficios, etc. Y, cuando la víctima -inicialmente, el victimario- logra librarse de la falsedad, ha transcurrido un gran tiempo, un daño social irreparable y, tal vez, un perjuicio económico o de empleo. Uno de los muchos últimos: «Condenada una menor por inventarse que su profesor de Biología la agredía sexualmente. Los padres de la joven tendrán que abonar más de 30.000 euros al docente, al que su alumna acusó de drogarla y someterla a tocamientos en sus partes íntimas». El problema no es únicamente la maldad de algunas personas, su enfermedad mental o su voluntad de sacar provecho (dinero) o vengarse en procesos de separación. Digámoslo con claridad: el problema, la fienda por la que la que se cuela no la luz, según la manoseada frase del poeta sufí Rumi, sino la m., es la legislación. Ocurre cosa semejante con la legislación LGTBI y Trans (Ley 4/2023). Casos como el del asesino de once ancianos que se declara hembra para que lo trasladen a la cárcel de mujeres, o el del concejal del PSOE de Palencia, que también se proclama fémina para acceder a subvenciones de la PAC reservadas a mujeres (¿y por qué ayudas especiales para las mujeres en el campo, y no para todos?), entre otros, no muestran una especial perversión, aprovechamiento o capricho, sino la fienda (o chapuza, si lo prefieren) legislativa, tan habitual en los últimos tiempos, en que tantas veces se legisla con las “témporas”, por decirlo en fino. Y como estas materias, al margen de lo necesario de la regulación sobre algunos aspectos de sus contenidos, tienen una componente de prejuicio-moda, nadie quiere quedarse atrás y los parlamentarios autonómicos corren a repetir la legislación existente a nivel estatal, con algunas modificaciones o adiciones que pretenden dar una pátina de necesidad. En ese sentido, la Xunta ha puesto en marcha una Ley del Principado de Asturias contra la discriminación y para la igualdad real y efectiva de derechos de las personas lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales y de sus familias, cuyo borrador ocupa 70 páginas. No diré nada sobre lo reiterativo con respecto a la ley estatal (por ejemplo, en materia de sanciones, que pueden llegar a los 150.000 euros) o impreciso. Me limito a lo que expertos en psicología, destacadas feministas o asociaciones feministas han dicho sobre dicho borrador (las citas, todas de LA NUEVA ESPAÑA). «Las feministas redoblan sus denuncias a la Ley Trans del Gobierno de Asturias: "Deja al profesional sanitario indefenso ante posibles reclamaciones por mala praxis”. El proyecto de ley LGTBI asturiano “ha sido elaborado de espaldas a la comunidad científica” e “impone opiniones ideológicas frente a evidencias científicas». «Amelia Valcárcel y José Errasti sentencian la ley trans de Asturias: "Es una norma cercana al terraplanismo" La filósofa y el psicólogo señalan sus claves en contra de una legislación "innecesaria", que propone "perpetuar estereotipos" bajo una nueva máscara». «Las asociaciones de mujeres progresistas, que comparecerán en la Junta General, exigen la retirada de las sanciones del proyecto de ley LGTBI La obligación afecta a todas las materias y a todas las etapas de la enseñanza no universitaria "La sanción por una falta leve puede llegar a 2.000 euros, pero por una falta muy grave puede acabar en 150.000 euros de multa y otras sanciones, como la inhabilitación para el ejercer la profesión", advierten las organizaciones». ¿Y por qué no se modifica la legislación, no para acortar derechos o protección, sino para evitar malos usos y abusos, de mecanismos tan evidentes? Pues, en primer lugar, porque cómo confesar que lo que han incentivado, parido y aplaudido es una chapuza y contiene errores, el más grave, de principios. En segundo lugar, porque la realidad, a muchos de los propaladores y defensores de esos idola fori, los problemas de las víctimas les importan poco, especialmente si son varones. Y, finalmente, porque temen que, de reconocer los problemas o los errores, otros de la secta o la religión los acusen con el de ex illis es, aquel con que los que en el cervantino El retablo de las maravillas afirman estar viendo cosas que no existen, acusan al furriel de ser judío (traducido al hoy, “facha”) cuando manifiesta que allí no hay nada de lo que dicen ver. Pero cerremos hoy con un par de sonrisas. Una. Aitor Esteban del PNV manifiesta que quiere un nuevo estatuto para el País Vasco. EL PSOE de Euskadi hace un chiste gráfico de esos que llaman ahora “memes”, con Aitor tirándose a una piscina. El PNV califica la cosa de “indecente” y, muy enfadados, suspenden una reunión con sus socios de gobierno. ¡Qué comediantes! Y otra. El ministro Bolaños manifiesta a finales de abril que ve difícil presentar los presupuestos de 2026 por la guerra de Irán, y, a continuación, emerge Carlos Cuerpo, viceministro de Hacienda, para reiterar lo mismo. Como sabe el más desinformado de los españoles, votantes socialistas incluidos, la guerra de Irán es un conflicto bélico que desde 2023 lleva impidiendo la elaboración de los presupuestos españoles. Risum teneatis?

Doña Amelia y los significantes confusos

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(Ayer, en La Nueva España) DOÑA AMELIA Y LOS SIGNIFICANTES CONFUSOS Doña Amelia Valcárcel, asturiana, filósofa y, según declaración propia, feminista ha realizado una acción singular y, al tiempo, valiente. Doña Amelia, como otras muchas feministas, se ha manifestado reiteradamente contra la Ley “trans”, que considera un disparate que entraña, en último término, y, contra lo que dicen sus promotores, un ataque a la misma identidad de la mujer y un retroceso en sus derechos reales. La razón profunda de ese disparate estaría basada en que el cambio registral de sexo no dependería del sexo físico real del transmutante, sino del sexo conceptual («género») al que desease adscribirse, ya por necesidades emocionales profundas, ya por la mera voluntad; con tratamiento médico o no, con consultas a especialistas o no. Como señalan quienes se oponen a la Ley desde el ámbito de la izquierda y el feminismo, ello va a causar innúmeros problemas personales, colectivos y en los derechos generales de la mujer. Doña Amelia, como otras muchas feministas históricas de izquierdas -la adscripción de doña Amelia al PSOE es antigua-, ha venido luchando contra el disparate y, según sus palabras, seguirá luchando. Lo excepcional, la noticia, lo singular, es que ha ido a decir lo mismo a unas jornadas que el PP organizó en el Congreso en torno a la Ley. Es más, ha afirmado –cito literalmente de LA NUEVA ESPAÑA-: «El PP debe hacer lo necesario para llevar a orden este asombroso despropósito de la Ley trans». No hace falta subrayarles lo anómalo y singular de la postura de doña Amelia. En unos tiempos en que la política se caracteriza –más que en el pasado- por ahondar la división entre buenos y malos, en cavar trincheras cada vez más profundas entre unos y otros para evitar el contacto «con el enemigo» o la menor duda sobre su pertenencia al tenebroso campo del mal, la separación de las tesis de su Gobierno –como otras muchas feministas, por cierto- y el haber asistido a un acto organizado por el PP para intentar evitar en el futuro el mal mayor que encierra la Ley “trans”, demuestra una actitud valiente, desprejuiciada, ante la que hay que posar la montera. Pero la postura de doña Amelia y de tantas otras feministas que la acompañan nos llevan a platearnos otra cuestión: la del significado real de algunos conceptos, en especial los que se enmarcan en ese vagoroso ámbito que llamamos «ideologías». Con toda seguridad, la señora Valcárcel se calificará a sí misma como «progresista», del mismo modo que lo hacen los «motorinos» de dicha la Ley, y el Gobierno y los partidos que la suscriben. Ahora bien, ¿cómo puede ser progresista lo que causa daños al individuo y se los resta al colectivo femenino, aun pretendiendo lo contrario? ¿O una ley, la del “Sísí”, que rebaja penas a delincuentes o los libera? Y, sobre todo, ¿cómo puede ser progresista no modificar la norma en vista de sus efectos negativos, solo porque se entiende que produce más daño en el voto el reconocimiento del error que la corrección del daño? Y más allá, ¿cómo puede serlo estimar como un bien las dictaduras comunistas y predicar sistemas semejantes para nuestras democracias? Según se advierte, el término «progresista» es un término confuso, en que se pueden encerrar realidades contradictorias, terriblemente contradictorias a veces, y cuyo único significado real no es su designación concreta (como lo es la de «sartén» o «círculo», por ejemplo), sino las connotaciones emocionales de que recubran el término quienes lo emiten como propio o quienes lo utilizan para motejar a otros. «¿Qué es progresismo? -podría formular el progresista al modo de don Gustavo Adolfo-, dices, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul (perdonemos a don Gustavo el lapsus pupilesco), ¡Qué es progresismo? ¿Y tú me lo preguntas? Progresismo soy yo. Y es que ese es su significado fundamental, su carácter proclamativo, que para quien lo enuncia y para sus feligreses conlleva en constelación indefinidas e innumerables connotaciones y emociones positivas. No en vano sentenció Hjelmslev: «El que quiera ser dictador haría bien en aprender semántica». No hace falta ser tan drásticos. Bastaría con decir: «El que quiera arrasar en política haría bien en aprender semántica». En utilizar «divinas palabras» para los suyos; «execraciones como látigos» para «el enemigo».

Un diálogu sobre la cultura y la transición (y l'artículu 4º)

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Amelia Valcárcel: "La autonomía se llevó con buen humor, excepto en la llingua; es una pena"

Xuan Xosé Sánchez Vicente destaca el esfuerzo en los primeros años de Administración regional con la Orquesta Sinfónica y el Bellas Artes

05.12.2018 | 01:37
Por la izquierda, Xuan Xosé Sánchez Vicente, Roberto Fernández Llera, Ramón Rodríguez y Amelia Valcárcel, ayer en el RIDEA.
Amelia Valcárcel y Xuan Xosé Sánchez Vicente abrieron ayer el ciclo "Relatos de la preautonomía", organizado por el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) con reflexiones y vivencias propias de esa etapa y capítulo dedicado a la lengua asturiana. En un momento de gran ebullición política se sentaron las bases de una autonomía a la que no fue ajeno, ni mucho menos, el mundo de la cultura al que estaban ligados los dos protagonistas de la conferencia que tuvo lugar en el palacio del Conde Toreno de Oviedo.
"La construcción de la autonomía se llevó con buen humor, excepto la llingua. Fue lo más duro de todo. Es una pena", valoró la escritora, consejera de Estado y una de las principales referencias del pensamiento feminista español, quien recordó su defensa en favor de la normalización de la llingua en aquella época . Amelia Valcárcel no vaciló en aportar argumentos en favor del asturiano: "Si hago el puzzle de lenguas y empiezo en el norte por el gallego, sigo con el catalán y el castellano pero no tengo la pieza del asturiano hay cosas que no entiendo. Necesito el asturiano para explicar lo que pasa", afirmó la también integrante del patronato del Museo del Prado y exconsejera de Cultura en los inicios de la autonomía. Y mostró su disconformidad con que todos los nacionalismos "sean malvados y execrables, no veo la intrínseca perversión del nacionalismo; el patriotismo es una virtud porque es amar aquello de los que venían y procurar que los que vengan vivan mejor".
Xuan Xosé Sánchez Vicente recordó anécdotas relacionadas con el asturiano, como cuando Pedro de Silva le llamó una noche por teléfono, cuando se discutía el Estatuto de Autonomía en el Congreso, diciéndole que la referencia "al asturiano como lengua específica de Asturias" no pasaba el corte. "O se quitaba esa expresión o se perdía todo el artículo. Tenía que decidir en unos instantes y opté porque siguiera un artículo que abría el campo para el asturiano. Del llobu un pelu, por lo menos", esgrimió Sánchez Vicente, quien recordó aquella etapa como iniciática para proyectos que hoy son realidades asentadas en el panorama cultural asturiano como el Museo de Bellas Artes de Asturias y la Orquesta Sinfónica del Principado, para la que en aquellos años contrató como director a Víctor Pablo Pérez.

Los enemigos del asturiano y la risión (otra más pa mexase)

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El 18/03/94 produzse na Xunta el primer debate n'asturianu (y nun sé si l'últimu) de la historia. Entámase ente la conseyera de Cultura, Amelia Valcárcel, y yo.

Y agora vien lo bueno: El PP solicitó pa n'alantre traducción simultánea. ¡Ellos que, anque nun son partidarios de la oficialidá, falen toos asturianu! ¿Cómo pue ser?


Testimoniu: La Voz de Avilés, 19/03/94 (titulares).

Nota: cuando digo "l'últimu" nun quiero decir que nun s'espresen otres persones n'asturianu, mui poques, quitando la "representación" de la Selmana les Lletres o del Día d'Asturies. Lo que duldo ye que coincidiesen un conseyeru y un diputáu debatiendo n'asturianu un asuntu ordinariu.