Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Gracias, señor Zapatero
(El martes, en La Nueva España)
GRACIAS, SEÑOR ZAPATERO
Estos días ando releyendo dos libros, uno de ellos, el de Joaquin Leguina sobre el expresidente, Historia de un despropósito, que lleva por antetítulo el de “El gran organizador de derrotas”. Para quien ande falto de referencias históricas, señalaré que Joaquín Leguina pertenece al PSOE que configuró la democracia, llegó al Gobierno con Felipe González y modernizó España. Fue presidente de la autonomía madrileña y diputado en el Congreso. Pues bien, el libro es una feroz critica de la época de Zapatero y Rajoy. Ahora bien, su censura principal tiene como objeto las políticas nefelibáticas y disparatadas de don José Luis, principalmente en materia económica, en lo relativo a la relación con ETA y el nacionalismo catalán y en la apertura del discurso de lo “políticamente correcto” (donde habría que incluir aquella pintoresca y disparatada “Alianza de Civilizaciones”), caminos en los que, después de jurar no recorrerlos, ahondaría el actual presidente del Ejecutivo y con él, de grado o por fuerza, la mayoría del PSOE. En resumen, el señor Leguina acusa al expresidente de causar daño a la sociedad española -al alejarse sus políticas del ideal socialdemócrata y basarse en lo “woke” y en un fantasioso idealismo- y de perjudicar electoralmente al PSOE-.
Con posterioridad se han dicho y dicen muchas cosas sobre don José Luis Rodríguez, sus celestineos, sus negocios, sus idas y venidas a Venezuela y sus relaciones con Delcy, su labor en China, la empresa de sus hijas (¡Qué imborrable recuerdo el de Laura y Alba vestidas de góticas visitando a los Obama! ¿Qué mejor juicio sobre la paternidad de Sonsoles y José Luis?). “Celestineos”, he dicho, y es que, ahora que estoy releyendo por enésima vez la obra de Rojas, no se me ocurre otra palabra mejor para describir las idas y venidas del expresidente, sus cabildeos, su presunción de que media entre unos y otros para benéficos fines, que la que deriva de la incesante mediadora y reparadora protagonista de La Celestina. Pero no solo por sus idas y venidas incesantes, por su afanosa actividad, presuntamente mediadora y reparadora, sino por su retórica. Pues, efectivamente, su oratoria, como la de la hija de Rojas, es siempre de una impresionante apariencia de verdad y de eficacia, al margen de los intereses reales que oculte. También en eso, el vocacional “contador de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo” se asemeja.
No quiero hoy juzgar sobre esas cuestiones. Según la plataforma mental-emocional en que se asienten su psique y juicio, a unos les parecerá bien o mal todo ello, verdad o falsedad. Lo que sí quiero hoy es agradecerle su sentido del humor (o su falta de sentido de la realidad y del ridículo): dejarse caer ahora por Venezuela para hacer como si fuese él a impulsar la Ley de amnistía de la dictadura venezolana (pidiendo que sea “lo más amplia posible”, “porque es un deseo de la sociedad”, y que sea “rápida”), después de haber presumido, durante diez años de celestineo, de laborar para conseguir -decía- la concordia civil y la liberación de los presos en Venezuela, no creo que se trate de cinismo ni de aprovechamiento para su imagen de conseguidor.
Se trata simplemente de una humorada que realiza mientras guiña un ojo a Donald Trump, un conseguidor más efectivo que él. Gracias, don José Luis, por hacernos reír en estos tiempos tan cargados de nubarrones, ignoro si anotados por usted en el ábaco que reposa al lado de su hamaca.
Turquía "roba" respiradores (Alianza de civilizaciones)
¿Alcuérdense de la pomposa y retórica Alianza de Civilizaciones, impulsada fundamentalmente por Rodríguez Zapatero y Tarip Erdogán, el presidente turcu? ¿Alcuérdense o nun se quieren alcordar? Por ciertu, dende 2019, el representante de la ONU nesi "ente" ye Miguel Ángel Moratinos, ¿alcuérdense d'él?
Pues bien, amírenlo bien, un avión proveniente de China con 150 respiradores pa Castilla-La Mancha y Navarra (pagaos por eses dos comunidaes) fai una escala en Turquía. ¿Y qué pasa? Pues que'l Gobiernu turcu diz qu'esos respiradores necesítenlos y quedense con ellos, técnicamente un robu. Turquía, que siempre quiso entrar na UE, compórtase como un estáu pirata.
Sí, sí, la Turquía de l'Alianza de Civilizaciones de Tarip Erdogán y don José Luis Rodríguez Zapatero.
Dime quién ye'l to sociu...
AL ABELLUGU DEL CAÑU DORÁU
AL ABELLUGU DEL CAÑU DORÁU
En
uno de los pasajes más hermosos de la literatura, el libro VI de la Eneida,
el protagonista baja a los infiernos. Lo acompaña la Sibila de Cumas y lleva en
su mano, como amparo y salvoconducto para abrirse paso en el reino de las
sombras, un cañu doráu. Esta rama de hojas de oro sospechan algunos que
pudiera ser nuestro arfueyu y que estaría en relación con el culto a los
árboles -muy particularmente al carbayu-
y al arfueyu, que los druidas celtas supondrían un instrumento
mágico de inmortalidad. James
George Frazer, entendiéndolo en ese sentido, ha puesto precisamente ese nombre
a su magistral y clásico The golden bough y dedica un extenso
capítulo de su obra a esa materia, y, por supuesto, a la conexión de esas
prácticas del culto a los árboles, en cuanto relación con la inmortalidad y la
renovación de la vida, con el cañu doráu del texto virgiliano.
El
fundador de la futura gloriosa Roma baja al reino de Plutón para conocer su
futuro, pero también a ver a su padre, Anquises, a quien ha perdido en una de
las etapas de su largo período tras el éxodo de Troya, en Drépano, poco antes
de llegar a Cartago, donde ocurrirá el famosísimo episodio de Dido, que tanta
descendencia literaria y artística tendrá en los siglos futuros.
En
general, griegos y romanos creen en la existencia de un alma inmortal,
separable del cuerpo –preexistente a él-, que sufre juicio en el Hades y, en su
caso castigo, aunque, a veces no dejen de asomar dudas: “Quizá esto te parece
un mito, a modo de cuento de viejas, y lo desprecias”, le dice en el Gorgias
platónico, a propósito de los relatos sobre el más allá y el alma, uno de los
interlocutores a otro. Pero, fundamentalmente, esa es la creencia,
complementada con la idea de que las almas vuelven a encarnarse hasta purgar
sus culpas y poder, así, quedar definitivamente en la estadía de los
bienaventurados, los Campos Elíseos o el “espíritu y ánima del mundo” –como
manifiesta Anquises a su hijo-, donde recuperan “su pureza del etéreo principio
y la centella de impoluta lumbre”.
Esa
inmortalidad del Hades, del reino de las sombras, donde los hombres vagan
incorpóreos, sometidos o no a castigo, sin embargo, no la imaginan demasiado
venturosa griegos y romanos. Cuando, en la Odisea, el protagonista, que
también ha traspasado el Aqueronte, encuentra a Aquiles, éste le dice: “No
intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la
tierra y servir en casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda,
que ser el soberano de todos los cadáveres, de los muertos”.
Como el fértil en astucias Ulises,
Eneas desciende a los infiernos en busca de su rumbo y destinos, sí, pero
también, como Orfeo lo ha hecho en pos de Eurídice, llevado por el amor a su
progenitor, al que desea ver por última vez. (“sólo pido una gracia –había
dicho, antes de iniciar su viaje, a la Sibila- poder llegar a ver a mi padre
querido cara a cara”). También su padre esperaba su venida. Estas son sus
trémulas y emocionadas (las tomo de la traducción de Javier de Echave-Susaeta,
en Gredos) palabras, que no podemos escuchar sin un punto de emoción:
“-¡Has venido por fin! Tu amor
filial, en que tu padre tenía puesta el alma, triunfó de los rigores del
camino. Me es dado ver tu rostro, hijo, y oír tu voz que conozco tan bien y
hablar contigo. Sí, mi alma lo esperaba. Me imaginaba que habías de venir y
contaba los días. No me engañó mi afán.”
A
las que responde su descendiente de forma que no nos sollivia menos:
“-Tu imagen, padre, tu entristecida
imagen, que acudía a mi mente tantas veces, me ha impelido a este umbral. Dame
a estrechar tu mano, padre mío, y no esquive tu cuello mis abrazos.”
Y es ahora cuando la escena, que ha
venido suscitando nuestra empatía progresivamente, llega a su cenit, provocando
en nosotros la señardá por el profundo fracaso del encuentro, por la
terrible decepción con que culmina toda aquella espera de años, todo aquel
esfuerzo y riesgo por descender al reino de los muertos, todas aquellas
emociones que no tienen dónde descargarse finalmente: “Diciendo esto, las
lágrimas le iban regando el rostro en larga vena. Tres veces porfió en rodearle
el cuello con sus brazos y tres veces la sombra asida en vano se le fue de las
manos lo mismo que aura leve, en todo parecida a un sueño alado.”
Más
allá de la emoción concreta del texto que acabamos de examinar y la traslación
inevitable a otras pulsiones semejantes de la experiencia personal o colectiva,
no podemos menos que considerar la decepción en él contenida como un más amplio
símbolo del fracaso de la experiencia humana, de nuestro carácter contingente y
de la fragilidad de nuestras ilusiones y nuestra esperanza. Aunque vayamos en
busca de ella protegidos o guiados por el cañu doráu de la utopía, la
ideología o la religión.
De
forma semejante, pero con menos calidad literaria y humana casi siempre, ese
sentimiento de defraudación con respecto a lo esperado, de éxtasis fallido que
desvela la falsedad o maldad de aquello que con tanto entusiasmo habíamos
perseguido, aparece en otras obras y movimientos literarios. Con el tono más
exaltado del pathos romántico, la historia de Félix de Montemar expresa
una idea semejante, cuando el protagonista, tras perseguir ansiosamente a una
bellísima mujer, descubre, al abrazarla, que no es otra cosa que la muerte
mesada.
Posiblemente no habrá sido una impresión muy
desemejante a la de Montemar, la de abrazar la muerte cuando creían estrechar
en sus brazos un ideal, la que habrán sentido los militantes socialistas de
Madrid o el socialista xixonés don Fernando Huarte, al descubrir lo que de verdad
se oculta tras la máscara de la alianza de civilizaciones con que el Presidente
Zapatero permanentemente nos sermobobea y a cuyo reclamo de rama dorada
salvadora de la humanidad corren sus secuaces.
Aunque precedentes literarios
tan eximios quizás sean demasiado para ejemplificar la distancia que media
entre el ideal sopelexáu por la logomaquia de la “alianza de
civilizaciones” y la inane realidad que tras ella se oculta. Tal vez sobraría,
al respecto, para señalar la distancia entre la realidad y el deseo en la
troquelación zapateril, con las palabras con que Lord Chesterfield, advertía a
su hijo de cuál era la verdad del sexo, frente a su soñada potencialidad de
placer indesmayable: “El placer, momentáneo; el costo, descomunal; la postura,
ridícula”.
Quizás los socialistas xixoneses
y madrileños empiecen ahora a pensar, tras las recientes experiencias, que las
palabras de Lord Chesterfield, más que amonestar sobre el sexo, estaban
destinadas a avisar sobre los hueros contenidos reales del cañu doráu zapaterín.
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Güei, en LA NUEVA ESPAÑA: Mucho va de Lastra a Lastra
(Trescribo, como davezu, los primeros párrafos)
Mucho va de Lastra a Lastra
Las posturas enfrentadas de los socialistas en materias como la plurinacionalidad/federalismo o la quita de deuda a Cataluña
Xuan Xosé Sánchez Vicente 19.12.2017 | 03:19
Don Fernando Lastra es un muy buen parlamentario. De dialéctica afilada y expresión ordenada y clara, es capaz de sostener con firmeza cualquier posición que le toque defender. Y, siempre, tanto en los casos en que las tesis que defienda sean inciertas como en las que sean seguras, se advierte en el trasluz de su discurso que es consciente de que una parte de su argumentación pertenece al puro ejercicio de la dialéctica, del combate parlamentario.
De doña Adriana tengo un menor conocimiento, tan solo algunas perlas, como aquella que ponía como ejemplo de federalismo a Colombia, la que afirmaba que España es una nación de naciones culturales o aquella sobre la plurinacionalidad del Estado: "Asturias es un Principado de Asturias, pero sin embargo nosotros somos un Reino y usted sabe perfectamente que Reino y Principado son dos formas de gobierno distintas". Así.
Pero no es de las virtudes (políticas) o capacidades de ambos de lo que quiero hoy hablar, sino de sus posturas enfrentadas en materias en las que los asturianos nos jugamos muchas cosas: el discurso de la plurinacionalidad/federalismo (que nadie en el PSOE sabe lo que quiere decir, esto es, lo que quieren decir) y la quita de deuda a Cataluña propuesta por el señor Iceta. Estas propuestas, de llevarse a cabo, supondrán inevitablemente para los asturianos dos cosas: menos dinero para su financiación (puesto que habrá más para las naciones-naciones) y un estatus de segunda categoría en el conjunto de España. Digamos que don Fernando, y, al menos, el Presidente, don Javier, están en contra de esas propuestas, por su implicación económica fundamentalmente; doña Adriana, a favor, siguiendo en esto la doctrina oficial del partido, esto es, el Sánchez-PérezCastejonismo. Coyunturalmente, además, se han enfrentado ambos apellidos por el cupo para Euskadi.
¿Por qué razón don Fernando, que siempre ha sido un hombre de partido a tuerto y a derecho -apoyó en su día con entusiasmo, por ejemplo, el federalismo discriminatorio que el PSOE programó en Santillana, el germen de todo el lío catalán de hoy-, discrepa ahora de la línea oficial? Tal vez, porque, como me decía un exconsejero, "cuando uno llega al gobierno se da cuenta de las pijadas que decía en la oposición". Acaso. Acaso en ese puesto se sienta obligado, al menos parcialmente, a tener por su patria los intereses de los asturianos. Y, sin embargo, lo que no ven sus adversarios PérezCastejonistas, con doña Adriana a la cabeza, es que sigue siendo un hombre de partido, a cuyo servicio pone su ingenio y dialéctica. Así, por ejemplo, ha acusado al PP de dañar los intereses asturianos por haber aprobado el cupo vasco en función de sus objetivos, los de conseguir el voto del PNV para los presupuestos del 2018. En ese discurso, vehemente, silencia dos cosas: que su formación también lo votó y que en Euskadi el PNV gobierna con el apoyo del PSOE. De modo que no tenían los socialistas menos interés que el PP en aquella aprobación. Pero de eso, ¡chitón!
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Babayada de Zapatero (2007)
El ínclito Rodríguez
Zapatero manifiesta que está dispuesto a seguir cerrando las centrales nucleares y renunciar
al uso de esa energía “porque –dice- soy rojo”, cualidad ésta que
evidentemente comparte con el tomate y el pimiento morrón, cuando maduros.
¡Vaya argumentación de los...!
Esti siempre tan famosu.
¡Vaya argumentación de los...!
Esti siempre tan famosu.
Dos cómicos en La Habana
Yá saben l'últimu episodiu cómicu de la parexa Zapatero-Moratinos: viéndose col dictador Castro en La Habana, saltando les más elementales normes de respetu democráticu y diplomáticu con respectu al so país, España.
Esta vegada faltaba Bono, que los acompañara había unos meses a entrevistase col dictador Obiang en Guinea. Bono, ensin embargu, acompañó a Zapatero na entrevista con Iglesies.
En fin, nótase-yos que-yos gusta entrevistase con dictadores.
Dicen que ye too un asuntu de negocios, qu'actúen de conseguidores.
Como quier que sea, nun dexen de ser lo que siempre fueren: aficionaos a cantar dende les mui primeres hores de la mañana -como dixe dende'l primer día que Zapatero apaeció na escena pública- y unos chisgarabís.
Cómo sería la cosa en Cuba que Moratinos corrió a llamar a Margallo pa deci-y, como un ñeñu al que lu pescasen col tarru la miel, "que nun diba volver pasar".
Lo que nun quita que, además y polo visto, detrás del "crimen" hebia non el cherchez la femme, sinón el cherchez l'argent.
Zapatero y Bono: cantamañanas
A Zapatero y Bono no se los puede puede calificar de otra cosa, por su reunión con Pablo Iglesias, que de cantamañanas; por otra parte, lo que siempre fueron.
Y eso si no se trataba de una reunión "conspirativa", para tratar de llegar a acuerdos, tender puentes o sondear la posibilidad de pactos con el partido del anagrama Pablo Iglesias. Entonces sería peor, podríamos llamarlos conspiradores de feria y tontos, sin dejar de ser por eso cantamañanas.
De una forma o de otra, se trata de la actitud irresponsable y al margen del sentido común y del mínimo respeto a su partido de un par de señoritinos (lo que siempre fueron) aficionados al bel canto a primeras horas.
Por cierto, ¿regalaría don José Bono a don Pablo un reloj de aquellos miles que regalaba en las campañas electorales quitándoselos de su propia muñeca, como si regalase el suyo personal?
Es posible, porque, como se sabe, "el raposu pierde el pelu, pero non les zunes".
Y, además, ya se sabe: si se pierde el pelo, ahora se pueden poner implantes. ¿No es verdad, don José?
Zapatero (suma y sigue)
Asoleyao ayer na Nueva España. Información de Natalia Vaquero sobre Carlos Abella y Ramallo:
(Va continuar, de xuru)
Gentilhombre de Su Santidad por sus destacados servicios a la Iglesia y al Vaticano se ofreció a Zapatero para gestionarle una audiencia con Juan Pablo II, pero el entonces líder del PSOE le respondió que aunque le encantaría, no le dejaba su mujer, Sonsoles Espinosa. Carlos Abella y Ramallo (La Coruña, 1934), un diplomático de larga y apasionante trayectoria, que lo mismo fue testigo en Estocolmo de cómo Alfonso de Borbón se enamoraba de Carmen Martínez Bordiú, nieta de Franco, que tejía con habilidad una valiosa red de informadores con los cooperantes y misioneros españoles de todo el mundo, falleció el 12 de agosto en Madrid.
(Va continuar, de xuru)
Este es el tipo
Lean las declaraciones de César Antonio Molina (El fenómeno) en El País.
Habla de muchas cosas, pero, sobre todo, cuenta por qué y cómo lo echó Zapatero. Esta que rezan los titulares de El País fue su razón y explicación:
Cesar Antonio Molina: “Zapatero dijo que necesitaba una chica joven y más glamur”.
Es decir, que el señor Zapatero piensa y pensaba que ese es el nivel intelectual de los españoles: lo que quieren en el gobierno son chicas "jóvenes y con glamour", al margen de su valía, porque eso es lo que los españoles aprecian y por lo que votan. A lo mejor no, a lo mejor solo piensa que no son así los españoles, sino únicamente los votantes del PSOE.
En cualquier caso, piense usted una cosa u otra, pertenezca usted al genérico "españoles" o al particular "votantes del PSOE", recuerde: EL SEÑOR ZAPATERO FUE ELEGIDO POR REÑIDA OPOSICIÓN DENTRO DEL PARTIDO COMO EL MEJOR DE ENTRE ELLOS (O DE USTEDES).
Pues a disfrutar. Y sin no fue una oposición, sino un acto de caridad, ya saben lo que dice la paremia: por la caridad entra la peste.
Nota: esti arreyu ye un dípticu goyescu: complétase col arreyu d'ayer, "Pa cursi, yo".
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