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¡Ah! Pero sí se podía

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(Ayer, en La Nueva España) ¡AH! PERO SÍ SE PODÍA Como el pájaro Tero, que en un lado da los gritos y en otro pone los huevos La vivienda tiene un problema y un discurso. El centro del problema es que el número de viviendas es escaso para el conjunto de habitantes que la necesitan. Hay poca vivienda y se construye poco. En consecuencia, el precio de los pisos se ha disparado, así como el de los alquileres. Pero esa situación de oferta y demanda tiene también otras causas estructurales: los planes urbanísticos tardan por lo menos diez años en definirse, los permisos para construir se retrasan años en las administraciones, las valoraciones de lo que cuesta construir un metro cuadrado se demoran indefinidamente. Todo ello impide y retarda, y, al hacerlo, encarece. Sobre ello se ha montado un discurso, llamemos “terista”, que culpa de la falta y, sobre todo, de la carestía, a las administraciones rivales, a los propietarios, a los constructores y promotores. Unos por inútiles, los otros por querer enriquecerse explotando a trabajadores y jóvenes. Con esa premisa se han ido tejiendo una serie de leyes y normas para proteger a los inquilinos que no pagan y topar las rentas. Ahora bien, esa especie de “expropiación” del derecho particular ha tenido efectos beneficiosos para los protegidos, pero ha hecho que muchos propietarios hayan dejado de alquilar sus casas, retirándolas temporalmente del mercado, o vendiéndolas. El resultado, en todos los casos, incluidos especialmente los de las “zonas tensionadas”, es que quienes no son beneficiarios actuales de esa intervención de los gobiernos sobre la propiedad, se han visto perjudicados por el incremento del alquiler -como compensación al riesgo-, su inexistencia o el encarecimiento de la vivienda que se desea comprar. Por si fueran pocas las obligaciones del propietario con sus morosos, ha de pagar a Hacienda las rentas anuales no percibidas, como si las hubiera cobrado. Es verdad que, después, con papeles, paciencia y una caña… Así que no les extrañe que el ciudadano progresistizado huya después del inquilinato como el gato escaldado huye del agua fría, y que el que aún no ha sido progresistizado ponga sus barbas a remojar cuando ha visto pelar las del vecino. Y, por si fuera poco, los más de tres quinquenios de retraso en la normalización de la red eléctrica -hablaremos de ello otro día- no solo impiden instalarse industrias o modernizarse las existentes, sino que se llega a lo que denuncian estos titulares: “El 'tapón' de la red eléctrica deja 80.000 viviendas paradas y sin corriente en España. El colapso de la infraestructura deja sin capacidad de conexión a muchas de las provincias con mayor demanda residencial”. O, por venir aquí y por otras causas, ¿recuerdan aquellas viviendas compradas y sin poder habitarlas de Villaviciosa, hace solo unos meses, por una estupidez legislativa? Así las cosas, ahora, de repente, parecer abrirse la luz para construir miles de viviendas en toda Asturies, mediante alguna modificación normativa. Vean: “Los Ayuntamientos asturianos celebran la actualización del módulo de vivienda de protección: solo en Oviedo podrían desbloquearse 8.500 pisos Los municipios creen que el incremento del metro cuadrado en un 3,7% y las ayudas complementarias que concederá el Principado incentivarán la promoción de nuevas edificaciones”. En toda Asturies, aclaremos, se prevé que la actualización de un módulo que llevaba sin actualizarse desde 2022, pese a la subida de precios de los materiales, de la mano de obra y de los combustibles, acelerará la construcción de miles de pisos. ¿Así que no eran solo los malvados propietarios, los constructores y los promotores los que no construían y, por tanto, encarecían? ¿Así que nosotros dábamos los gritos en un lado y poníamos los huevos, es decir, no los poníamos, en otro? ¿Y toda esa vivienda va a construirse de inmediato? No. ¿Van a solucionarse con prontitud los problemas de escasez de vivienda y de carestía de los alquileres? No. ¡Pero, ay amiguín, el año que viene hay elecciones! Conviene acordar los gritos de antaño con los cánticos de hogaño.

Los pájaro tero

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    LOS PÁJARO TERO

               Recordar los datos negativos de nuestro país en relación con el resto de España tiene escaso interés por resabido: menor crecimiento, emigración juvenil, insuficiencia de recaudación para las pensiones, recortes o cierres en la industria, etc.

               Durante las campañas electorales todos los partidos se afanan en ofrecer soluciones. En general, todos ellos sin decir que es imposible cumplir muchas de las promesas porque no hay dinero para ello. En otros casos, porque lo que se proponen remediar no tiene remedio: la mayoría de la gente no tiene hijos porque no quiere tenerlos o no quiere tener muchos; la gente abandona el campo porque le da la gana, siguiendo una tendencia secular; los jóvenes emigran no sólo por no tener trabajo, sino porque el mundo, esa patria más ancha, les ofrece mayores salarios y mejores perspectivas de promoción. ¿Se puede remediar eso? No. Se puede ayudar a quienes voluntariamente quieren remar contra corriente o, incluso, estimular a algunos a que lo hagan, pero en lo fundamental nada hay que la política pueda hacer.

               El caso de los jóvenes que emigran es aún más difícil de solucionar. No sólo necesitaríamos aquí puestos de trabajo, sencillamente, sino otra cosa: empresas con proyección estatal e internacional que permitan esos salarios y esa proyección personal que muchos de los jóvenes desean.

               Lo que sí podrían prometer los partidos en campaña es no molestar demasiado, no poner en marcha inventos que no saben adónde van, no legislar por legislar, ocuparse de lo que sí está en su mano solventar y que ni siquiera ven.

               Algunos ejemplos recientes: se legisla sobre el subsidio a los mayores de 52 años y no se sabe muy bien lo que se quiere decir; se dictan normas sobre el control horario y se ignora cómo es la realidad sobre la que se legisla. Pero no es cosa del reciente período pedrosanchecista. ¿Ven ustedes los problemas que causa a diario la Ley de contratos del Estado, sin que nadie quiera rectificar? Miren ustedes hacia atrás y verán que muchas leyes son seguidas de correcciones de errores que constituyen, en realidad, confesiones de que no se sabía muy bien sobre qué se legislaba.

               Incluso, habría que pedir silencio. Se eructa sobre el próximo fin del diesel, se paran las ventas de coches, disminuye la demanda de acero, tienen menos transportes los camioneros, venden menos bocadillos las tiendas…: ralentización económica y paro.

               La descarbonización exprés y quijotesca de este gobierno —añadida a su incapacidad para regular el precio de la economía para las industrias de consumo intensivo— va a causar graves daños a la economía asturiana. Se argumenta que las energías renovables van a crear miles de empleos (que llegan a cuantificarse). Suponiendo que la hipótesis se acercase a la realidad en el futuro, cabe preguntarse. ¿Y esos empleos dónde se crearán? ¿Serán en Asturies? ¿Qué cualificación exigirán? ¿La tendrán quienes trabajan ahora en los empleos industriales que se destruirán? ¿Llegarán a tiempo de sustituir a los que se destruyen? Ya ven, preguntas nada banales que nadie sabría responder, y que, desde luego, nadie quiere formular.

               De modo que hace falta cambiar muchas cosas en la política española y en Asturies. Entre otras cosas, un cambio de mentalidad y de actitudes. ¿Se han fijado en nuestros pájaros tero, los que, como dice «El gaucho Martín Fierro», el poema de José Hernández, “en un lado dan los gritos y en otro ponen los huevos”?

               ¿No han oído ustedes a los sindicatos y a algún partido de izquierdas quejarse de la descarbonización exprés del gobierno pedrosanchecista y augurar que va a suponer una catástrofe para el empleo asturiano, es decir, para la economía, es decir, para las empresas, es decir, para los trabajadores y sus representados? ¿Sí? Pues son los mismos que han apoyado el gobierno de Pedro Sánchez, han hecho propaganda a su favor, han recaudado para él votos, se han mostrado ufanos con su triunfo y lo han celebrado y aplaudido. Y, que yo sepa, quien quiere lo más quiere lo menos.

               ¿Qué podrían alegar en defensa de su complicidad? ¿Ignorancia? ¿Acaso…?

               Se lo dejo a ustedes.