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(En La Nueva España, el 24/09/2022) ENTRE LA RELIGIÓN, LA MENTIRA Y LA IMPREVISIÓN El Gobierno ha practicado el fundamentalismo ecologista en materia de fuentes de energía: el Gobierno, la ministra del ramo ha sido solo la firmante. El empeño en ser los más rápidos al oeste del Misisipi en descarbonizar, nos ha llevado a cerrar anticipadamente las centrales térmicas, poniéndonos en una situación de pérdidas de empleos, desertización de comarcas y encarecimiento de la energía. Ahora, además, con los problemas de desabastecimiento y encarecimiento de gas y petróleo, nos encontramos en una situación de extrema gravedad, por los precios de los insumos y por la inseguridad del abastecimiento. El fundamentalismo es, en realidad, una especie de religión, una creencia holística que lo explica todo y lo justifica todo. Creyendo avanzar con esa antorcha, al fundamentalista no le importan los daños o consecuencias de su actitud. Porque, en general, las políticas que pudiéramos denominar “verdes” tienen como víctimas a quienes están incluidos en el vacuo hipogrifo sanchezsco de “la clase media trabajadora”. Piensen, si no, en quiénes son las víctimas de la política anticoches de los ayuntamientos y la UE. ¿Quiénes no tienen dinero para cambiar su coche a uno eléctrico? ¿Quiénes se quedan sin poder circular por el centro de las ciudades? ¿A quiénes se les despoja de lugares de aparcamiento en la vía pública? Así, todo lo demás. Y lo grave es que ese sobreesfuerzo en la limitación de la emisión de gases de efecto invernadero aporta relativamente poco a su reducción global: Rusia, China, los principales emisores, no solo no limitan su producción de CO2, sino que la aumentan. EEUU, el siguiente productor, realiza una tímida limitación. Esa situación de encarecimiento y de pérdida de bienestar va acompañada, por otro lado, de mentiras o medias verdades. Es cierto que la subida del IPC español corre casi paralela a la europea, poco más de un punto superior, y que con la subida de la electricidad ocurre otro tanto, igual en Europa que en EEUU, donde este año subirá el kilovatio/hora unos 14,8 céntimos. Ahora bien, lo grave es que todo ello va acompañado de mentiras o disimulos. Si preguntan ustedes por la inflación o el coste de la luz, lo normal es que les respondan que es todo a causa de la guerra de Ucrania y culpa de Putin. Pero a comienzos de febrero de este año, un mes, pues, antes de la invasión de Ucrania, el IPC era del 7,5% y la luz había subido un 80,5% en un año. Esto es, la situación actual de subida de precios y de escasez energética es consecuencia de varias causas anteriores: las políticas monetarias aplicadas durante la pandemia, una disminución de la oferta energética y de materias primas a nivel global, y políticas nacionales equivocadas, como el apresuramiento de cierre de centrales en España o la negativa a construir embalses. Otras se deben a políticas desnortadas de la UE, como la de ligar la retribución de toda la energía producida por los generadores a la de mayor coste (el gas), decisión que ahora se trata de enmendar parcialmente, y no sé si de modo totalmente acertado. Al mismo tiempo, seguimos gravando a nuestras empresas con cargos sobre el CO2 mientras permitimos la importación de acero u otros materiales desde países que no tienen contemplación alguna al respecto. En las medidas que se van adoptando hay también mucho de mentira y trampantojo. Así, el bono social, que el ciudadano pagará siempre a través de los presupuestos, lo paga también, en muchos casos, a través de la factura habitual. La limitación de una parte del costo del gas (el “topamiento”) para producir energía lo pagan directamente los recibos de la mayoría de los españoles, con lo cual es una solución dudosa. Ahora bien, “los méritos”, la propaganda, los exhibe el Gobierno. Pero lo grave de todo ello es que nadie parece pensar en mañana. Así, mientras Europa reconsidera el carbón y las nucleares, aquí seguimos ni siquiera pensando en abrir un debate sobre ello. Y no digamos ya nada sobre la búsqueda de gas subterráneo. Mas las renovables nunca van a cubrir toda la demanda y habrá que pensar en cuáles son las fuentes de respaldo y, sobre todo, de qué fuentes energéticas vamos a disponer en momentos de crisis global o de restricciones en el suministro desde fuera. ¡Ah!, y por cierto, de momento el hidrógeno verde, ese príncipe azul bueno, bonito y barato con que tantas delicias nos prometen no es más que un veremos del que no se sabe el cuándo será útil ni su disponibilidad por el precio.

Isabel II, Chanel, La Lobera

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(Ayer, en La Nueva España) Tras el desastre de la República y la dimisión de Amadeo, entra en Madrid Alfonso XII. La multitud llena las calles, entusiasmada. Un rapacetu se acerca a su caballo vitoreándolo, el Rey lo agradece y alaba el entusiasmo popular. “Esto no es nada, responde el mozalbete, si vieras la que armamos cuando echamos a la puta de Isabel”. Me he acordado de la anécdota al ver el fervor con que fue acogido el éxito eurovisivo de Chanel, y no puedo olvidarme de que pocos meses antes la mayoría de la opinión pública, los mismos fundamentalmente, bramaba contra la cantante, la consideraban poco menos que un fraude urdido, frente al voto popular, por el jurado y algunos intereses económicos. Así son las cosas, así la opinión pública. A Zapatero, frente a Bono; a Casado, frente a Soraya; a Barrabás frente a Jesús… y, al día siguiente, “yo nunca he votado eso”, haciendo buena la definición de H.L. Mencken: “La democracia es la patética creencia en la sabiduría común de la ignorancia individual”. Pero la aventura chaneliana apunta a algo más: a esa necesidad de correr de inmediato tras la charanga, a esa especie de “eyaculatio praecox”, que caracteriza a partidos y sindicatos. ¿O no recuerdan que sindicatos y partidos pidieron una investigación y que Podemos llevó la cuestión al Congreso? Antes muertos que callados un minuto. Urgida por unas prisas semejantes se encuentra Teresa Ribera, la descarbonizadora más rápida al oeste del Missisipi. Esas prisas, acicateadas por su enfermedad ideológica, han llevado al desastre a muchas comarcas e influyen en la carestía de la electricidad. Hace pocos meses la UE concedió el carácter transitorio de energías verdes a la nuclear y al gas. La de los llobos, en contra: “Si podemos ir más aprisa, mejor”. ¿Y ahora que Europa pretende acelerar decisiones que complican la supervivencia de la industria asturiana? Seguro que también quiere más precocidad.

Güei, en LNE: Calentamiento: las tramas del discurso

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 Güei, en LNE: Calentamiento: las tramas del discurso (El papel de Greta Thunberg; los efectos de delles polítiques, Asturies: descarbonización y desertización exprés; manifestaciones, discursos y comportamientos reales).


Los pájaro tero

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    LOS PÁJARO TERO

               Recordar los datos negativos de nuestro país en relación con el resto de España tiene escaso interés por resabido: menor crecimiento, emigración juvenil, insuficiencia de recaudación para las pensiones, recortes o cierres en la industria, etc.

               Durante las campañas electorales todos los partidos se afanan en ofrecer soluciones. En general, todos ellos sin decir que es imposible cumplir muchas de las promesas porque no hay dinero para ello. En otros casos, porque lo que se proponen remediar no tiene remedio: la mayoría de la gente no tiene hijos porque no quiere tenerlos o no quiere tener muchos; la gente abandona el campo porque le da la gana, siguiendo una tendencia secular; los jóvenes emigran no sólo por no tener trabajo, sino porque el mundo, esa patria más ancha, les ofrece mayores salarios y mejores perspectivas de promoción. ¿Se puede remediar eso? No. Se puede ayudar a quienes voluntariamente quieren remar contra corriente o, incluso, estimular a algunos a que lo hagan, pero en lo fundamental nada hay que la política pueda hacer.

               El caso de los jóvenes que emigran es aún más difícil de solucionar. No sólo necesitaríamos aquí puestos de trabajo, sencillamente, sino otra cosa: empresas con proyección estatal e internacional que permitan esos salarios y esa proyección personal que muchos de los jóvenes desean.

               Lo que sí podrían prometer los partidos en campaña es no molestar demasiado, no poner en marcha inventos que no saben adónde van, no legislar por legislar, ocuparse de lo que sí está en su mano solventar y que ni siquiera ven.

               Algunos ejemplos recientes: se legisla sobre el subsidio a los mayores de 52 años y no se sabe muy bien lo que se quiere decir; se dictan normas sobre el control horario y se ignora cómo es la realidad sobre la que se legisla. Pero no es cosa del reciente período pedrosanchecista. ¿Ven ustedes los problemas que causa a diario la Ley de contratos del Estado, sin que nadie quiera rectificar? Miren ustedes hacia atrás y verán que muchas leyes son seguidas de correcciones de errores que constituyen, en realidad, confesiones de que no se sabía muy bien sobre qué se legislaba.

               Incluso, habría que pedir silencio. Se eructa sobre el próximo fin del diesel, se paran las ventas de coches, disminuye la demanda de acero, tienen menos transportes los camioneros, venden menos bocadillos las tiendas…: ralentización económica y paro.

               La descarbonización exprés y quijotesca de este gobierno —añadida a su incapacidad para regular el precio de la economía para las industrias de consumo intensivo— va a causar graves daños a la economía asturiana. Se argumenta que las energías renovables van a crear miles de empleos (que llegan a cuantificarse). Suponiendo que la hipótesis se acercase a la realidad en el futuro, cabe preguntarse. ¿Y esos empleos dónde se crearán? ¿Serán en Asturies? ¿Qué cualificación exigirán? ¿La tendrán quienes trabajan ahora en los empleos industriales que se destruirán? ¿Llegarán a tiempo de sustituir a los que se destruyen? Ya ven, preguntas nada banales que nadie sabría responder, y que, desde luego, nadie quiere formular.

               De modo que hace falta cambiar muchas cosas en la política española y en Asturies. Entre otras cosas, un cambio de mentalidad y de actitudes. ¿Se han fijado en nuestros pájaros tero, los que, como dice «El gaucho Martín Fierro», el poema de José Hernández, “en un lado dan los gritos y en otro ponen los huevos”?

               ¿No han oído ustedes a los sindicatos y a algún partido de izquierdas quejarse de la descarbonización exprés del gobierno pedrosanchecista y augurar que va a suponer una catástrofe para el empleo asturiano, es decir, para la economía, es decir, para las empresas, es decir, para los trabajadores y sus representados? ¿Sí? Pues son los mismos que han apoyado el gobierno de Pedro Sánchez, han hecho propaganda a su favor, han recaudado para él votos, se han mostrado ufanos con su triunfo y lo han celebrado y aplaudido. Y, que yo sepa, quien quiere lo más quiere lo menos.

               ¿Qué podrían alegar en defensa de su complicidad? ¿Ignorancia? ¿Acaso…?

               Se lo dejo a ustedes.

Güei, en LNE: Los pájaro tero

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Los pájaros tero

Los pájaros tero
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Ejemplos de soluciones imposibles, problemas irresolubles y leyes con más inconvenientes que ventajas