Xuan Xosé Sánchez Vicente: asturianista, profesor, político, escritor, poeta y ensayista. Articulista en la prensa asturiana, y tertuliano en los coloquios más democráticos. Biógrafo no autorizado de Abrilgüeyu
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Una vuelta al género de la asturianada
(Ayer, en La Nueva España)
UNA VUELTA AL GÉNERO DE LA ASTURIANADA
Lo que, con poca precisión, entendemos como “asturianada” o “canción asturiana”, un conjunto muy variado de composiciones más o menos tradicionales o consagradas por determinados intérpretes, es, en general, un complejo cultural-musical muy apreciable, tanto por sus virtudes musicales cuanto porque, por su temática y mundo referencial, constituye parte de nuestra identidad emocional.
No debe escapársenos, sin embargo, que en ese patrimonio existen un conjunto de piezas que son, más bien, una muestra de tosquedad o simplicidad. Por otro lado, una gran parte de esas composiciones del acervo tradicional no son más que la suma de pequeñas piezas -cuartetas, por lo general- que se suman para lograr una canción de una dimensión más aceptable o canónica. La suma de esas piezas independientes manifiesta a veces una incoherencia notable, como el añadir al “Arrimadín a aquel roble…” el “Torga la gocha, Antona….”, o el mismo “himno nacional”, con tres elementos distintos y bastante incoherentes entre sí.
(Digamos, a propósito, que mucho de ese repertorio que hemos hecho nuestro tiene una procedencia exterior, como la santanderina “Asturias, patria querida”, o es común a otras regiones, lo que no impide sentirla como nuestra).
En otro orden de cosas, quien siga los concursos de la canción asturiana observará que, mientras existe una renovación de intérpretes, con entrada de jóvenes y mujeres en el elenco de cantantes, el público, en general, presenta poca renovación, acaso porque el género, repetidas sus formas musicales una y otra vez, reiteradas las canciones y los temas, presenta escaso atractivo para las generaciones criadas en la ciudad y para los jóvenes.
Hace unos meses decía aquí Joaquín Pixán, en un artículo titulado “Hacia un nuevo lenguaje para la asturianada: la canción tradicional quiere reinventarse”, que “La Asturias de nuestro tiempo ya no se reconoce únicamente en la quintana, la mar, la minería o el ganado vacuno”. Ello es evidente. Hace falta, de un lado, una renovación temática que retrate el mundo, las realidades y los sentimientos de hoy, ligados a Asturies e insertos en ella, evidentemente: no se trata de realizar una de nuestras habituales “asturianadas” de salir a redimir el mundo olvidándonos de nosotros mismos. Y, por otra parte, debe renovarse la formulación musical, en diálogo con la tradición, sin quedar encerrada en ella.
Esa renovación -cuyo objetivo, no lo olvidemos, es el de, enlazando con la tradición, y siguiendo siendo “asturianada”, llegar a constituirse en fundamento de la emocionalidad musical identitaria de las generaciones del presente y en “tradición de toda la vida” para las del futuro- no debe consistir únicamente en la composición de nuevas melodías y textos, sino en nuevas formas de ejecución y acompañamiento: el piano, la flauta, el violonchelo…
Pero es necesario avanzar más. La nueva asturianada debería abrirse a una instrumentación de cámara, flexible y variada: voz y gaita, voz, gaita y piano; violonchelo y gaita; voz y violonchelo; voz y flauta… Incluso, es posible atemperar la sonoridad de las gaitas, como ya han hecho algunos artesanos, para que su acompañamiento de la voz sea más armónico.
En alguna medida, esta propuesta de renovación no es nueva. Existen ya ejemplos concretos, realizaciones concretas que en artículo citado de Joaquín Pixán se mencionaban.
Pues bien, si me lo permiten, les diré que el tenor Joaquín Pixán y yo hemos hecho una propuesta en ese sentido, una más en la línea de iniciativas de renovación antedichas, que él mismo estrenará pronto.
Que la disfruten y, sobre todo, que sea un pasín nesi camín pel que tratamos de buscar nuevos caminos pa que lo de siempre sea nuevo.
SILVINO ANTUÑA SUÁREZ. MEMORIA Y APONDERAMIENTU
Tresllado equí la carta que en La Nueva España del 14 d'abril de 2015 asoleyaren Laureano Rozada García y el Che de Cabaños, José García González, en memoria y aponderamientu de Silvino Antuña, que tanto y tan bono ficiera pola asturianada.
In memoriam:
Silvino Antuña Suárez
13 de Abril
del 2015 - Laureano Rozada García y José García González, Che de
Cabaños (El Entrego)
El 28 del
pasado mes de marzo falleció don Silvino Antuña Suárez, el Sastre de Sotrondio,
maestro de maestros de la tonada, la persona que sin lugar a dudas más sabía y
conocía de su historia, su técnica, estilos y de todos sus secretos.
Elaboramos
este escrito –entre Laureano y el Che– como recuerdo de las innumerables
anécdotas que hemos vivido en su compañía y otras que él mismo nos relató,
siendo un buen reflejo de su humanidad.
Empezaremos
recordando a su viuda Ceferina, testigo y apoyo de excepción desde el
cincuenta, año en el que contrae matrimonio son Silvino y también lo hace con
la toná. Ella supo comprender y aceptar la desmesurada pasión por la canción y
la música asturiana. Nuestro más sincero pésame y gratitud.
Inicia Silvino
desde muy joven una intensa vida social, que desarrolla en los ambientes
festivos, espichas, tertulias de chigre, etcétera...
Entabla
amistad con los mejores de la época y va calando en él la necesidad de
aprender; quería saber, conocer y descifrar cosas que no llegaba a comprender;
sobre todo los criterios o parámetros que se empleaban para establecer el grado
de valía de los intérpretes; no comprendía cómo no eran requeridos para grabar
algunos intérpretes que superaban en calidad a los elegidos y eran considerados
maestros.
Con el tiempo,
gracias a su tesón y constancia, se pudo conocer quién ejercía la labor de
seleccionar para grabar, quedando fuera de tal posibilidad diversas figuras de
toda la región, especialmente de las cuencas del Nalón, Caudal y Aller.
En la década
de los cincuenta funda ACA, --Academia de Canción Asturiana– bajo su dirección
y con el patrocinio de la entonces Diputación Provincial –patrocinio sin
dinero–. Las clases eran gratuitas, así consta en oficio remitido por la
Diputación, con fecha 27/05/66 y que obraba en su poder. Nosotros lo vimos.
Poseedor de
grabaciones discográficas en pizarra y vinilo en cantidad difícilmente
superables, puestas a disposición de sus alumnos.
Clases,
material didáctico, discografía, y todos los gastos eran cubiertos con los
medios económicos de don Silvino Antuña Suárez, su director. Él sirvió a la
tonada, nunca la tonada le sirvió a él.
A partir de
aquí, empiezan a salir promociones que ocuparán los primeros puestos en
certámenes donde el tribunal estaba capacitado para desempeñar su función
honestamente. Se han dado casos, donde sin razón aparente se puntuaba con cero
a intérpretes que luchaban por el primer puesto. En otros, en lugar de avenirse
a dialogar para deshacer algún empate, se dilucidaba drásticamente lanzando una
moneda al aire. En algunos de estos casos fui testigo presencial (Rozada) con
Silvino de jurado y en otro en concreto estuve involucrado como jurado. En mi
caso (Che) como concursante y como jurado. No éramos bien vistos los discípulos
de Silvino. Conservo en mi poder un documento que me proporcionó Rozada con el
fallo del jurado de un determinado certamen, con las puntuaciones otorgadas por
los componentes del mismo, donde uno de ellos otorgó una puntuación bajísima a
una tonada que desconocía. La tonada en cuestión era “Si estimes el mio
querer”, de Juanín.
Silvino
siempre buscaba la perfección, pero era justo, honrado y honesto. Consideraba que
la tonada, de alguna manera, nos revela la idiosincrasia de un pueblo, expresa
un sentimiento y una forma de vida. Siempre defendió en la tonada su pureza,
implantar lo que habían sido y ejercitado los veteranos valores que, con sus
años, podían enseñar y aconsejar evitando que se produjera una adulteración de
melodías.
Fue requerido
para pronunciar conferencias en centros de enseñanza, centros culturales,
emisoras de radio, etcétera...
Prestó su
colaboración a estudiantes (tesis), profesores de Universidad del país y del
extranjero que realizaban estudios sobre nuestra tonada).
Colaboró junto
a José León Delestal en la Fundación de Amigos del Bable, fuimos testigos de
varias reuniones entre ambos, logrando la grabación de doce discos.
Fue nombrado
asesor de varias firmas discográficas y logró que una treintena de cantantes,
hombres y mujeres, fueran requeridos para grabar; entre ellos, 12 de San Martín
de Rey Aurelio.
En algunas
ocasiones puso el dinero de las primeras ediciones para que algunos intérpretes
pudieran grabar. También algunos otros nunca llegaron a saber que habían
grabado gracias a su intervención. Labor de la que siempre se sintió orgulloso.
Así era y así
fue.
Podríamos
seguir enumerando personas y organismos que le solicitaron ayuda, información y
consejo.
Sólo se nos
ocurre, para terminar, soñar, pensar si sería posible, viable o realizable,
crear un aula de estudios de musicología asturiana con el nombre de don Silvino
Antuña Suárez, que diera continuidad a ACA y no se perdiera en el tiempo,
promoviendo su estudio y que futuras generaciones tengan un lugar en el que
consultar, conocer y aprender. Su conocimiento, su difusión y defensa serían,
sin lugar a dudas, el mejor paso para su conservación. Sería el premio a toda
una vida dedicada a la defensa, estudio, enseñanza, elevación y promoción de la
tonada.
Siempre
estarás en nuestro recuerdo.
Gracias,
maestro y amigo.
Laureano
Rozada García y José García González, Che de Cabaños
El Entrego
DIAL CANCIÓN ASTURIANA
Tal vez sean ustedes amantes de ese patrimonio nacional
—compartido parcialmente con otros territorios— que es nuestra canción
tradicional. Acaso ustedes se emocionen con el pathos que entraña el dolor
individual y social de «A La Pipiona, madre, a La Pipiona»; o con la señardá
que entrañan las voces que van dejando su hogar o su pareja, como en el «Adiós,
pueblín de Col.lanzu»; tal vez, con ese inmenso dolor de la soledad del hombre
en el mundo que es «L’aire apagóme la vela»; posiblemente se estremezcan con el
fracaso amoroso que se encierra en el «Anda, señálame un sitiu». O, por un
decir, admiran la renovación estilística, temática y actuacional
que suponen las jóvenes Anabel Santiago o Marisa Valle Roso. Pero la canción
patria puede servir también de dial para buscar en la realidad.
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| Anabel Santiago |
Empecemos por el señor Bárcenas y otros presumibles
presuntos del PP, no por ser los más, sino simplemente por someternos al
precepto evangélico de que los últimos serán los primeros. Pues bien, he aquí
dónde se para la aguja: «Da-y la vuelta, Pepe, / da-y la vuelta, / que quiero
ver el forro de tu chaqueta». Aunque bien pensado, por qué citar solo a unos y
solo a los políticos y al PP. Ampliemos el campo de visión a los demás que
están en el estrado en este momento, a PSOE, a Convergencia, a Unió y a tantos
«responsables» de las cajas y bancos. ¿En
qué estación se detiene ahora la aguja? En aquello que se podría decir sobre
las rotundas protestas de honradez de unos y otros: «Dices que no la quieres /
y has de quererla, / has de enturbiar el agua / y has de beberla». Y de tantos
de ellos, y de los propios partidos, podríamos decir, de manera alegórica,
aquello de «La ca, la ca, la ca / la casa del señor cura / nunca, nunca, nunca,
/ nunca la vi como ahora: / venta, venta, venta, / ventana sobre ventana, / y
el corre, corre, / y el corredor a la moda». Y, sobre su presunción de
inocencia moral y de entrega a la colectividad: «Al saltar la portiella, / vite
los baxos: / creí qu’eren puntielles, / yeren pendaxos». ¿Pero habrá muchos
votantes que, con propósito de la enmienda, digan: «De noche m’enamoré, / fue
la luna y m’engañó: / otra vez que m’enamore / será de día y con sol»? Hagan
apuestas.
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| Obdulia Álvarez, La Busdonga |
Giremos hacia la derecha la aguja. Nos hemos detenido en
los seis millones de parados. Y en tantos que trabajan por poco más que el pan:
«Les oveyes son blanques / y el prau ye verde. / El galán que les cuida /
muerre de sede». O en el futuro oscuro de la minería en León y Asturies, para
poner al alto la lleva el «Los mineros del Fondón / todos gastamos boína / con
un lletreru que diz / «Too nos sal de la mina». O, por gritar ánimo, aquel
«¡Viva la xente minera / de Llaviana a Carbayín! / ¡Pumarabule y Candín, / Saús
y La Mosquitera!».
Pero dejemos la coyuntura, situémonos en el centro de la
escala. Relaciones humanas, afecto, sexo, amor, codicia. ¿Cómo lo diría mejor
una examante a quien su pareja quiere retener contra su voluntad que con el «Por
una triste peineta / que me diste para el pelo / me quieres tener sujeta / como
el anillo en el dedo»? Y de qué otra forma echaríamos en cara a alguien su
infidelidad o su desafecto que con «Demoniu del moliñeru, / ¿tu qué-y ficiste /
a aquella probe moza, / que está tan triste?» Y, ahora sí, otra vez, volvemos a
la actualidad. Es posible que nos queramos burlar de esos hombres provectos a
los que —sin señalar, pero los tienen ustedes a decenas en las crónicas de
sociedad— se arriman las jóvenes despampanantes por su dinero: «Don Antonio
está malo, / ¿qué le daremos? / Agua de caracoles, / que críe cuernos». Pero,
¿por qué no han de ser ellas el objeto de nuestra burla? : «Yo caséme con un
vieyu / por comer bon xocolate, / y a la mañana va y dizme: “el morenillu
(molinillo) non bate”».
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| Marisa Valle Roso |
Es tal vez la hora de volver a la coyuntura, a la tropa de
presuntos y encausados de todos los pelajes, colores y palmas. Velahí, con un
par de morcillas (sería más apropiado otro género de «carne en calceta»):
«Axuntábense, axuntábense, / con un garabatu / y al pie d’un tonel. / Mozos mui
gayasperos, / que, amás de “coyer”, / cantaben, baillaben y axuntábense». Ante
lo que podría entonar la ciudadanía: «Dicen que los pastores / vieron a Cristo,
/ pero lo que hay ahora / nunca se ha visto».
Seamos, con todo, optimistas, confiemos en nosotros mismos,
en la gente, en el país: «Señor San Pedro, / nu hai patria como la mía. / Señor
San Pedro, / tengo un palu d’avellanu: / mientres que dure nun hai mieu. /
Mientres que dure un hai mieu, / que si’l d’avellanu ruempe / tengo ún d’acebu
nuevu».
Elogio de la canción asturiana

La canción asturiana por excelencia, la canción tradicional que conocemos por “asturianada” o “tonada”, es un canto que entraña una enorme dificultad y requiere, por tanto, un especial virtuosismo para su interpretación, no tanto en las condiciones del cantor cuanto en el sentimiento y la agógica de su expresión.
Una parte importante de la canción asturiana, además, la llamada “asturianá al altu la lleva”, la de los melismas o “vueltes”, constituye un patrón muy singular en el panorama musical del continente, equiparable, en gran medida, a algunos de los modelos de lo que llamamos flamenco.
E inevitablemente, hecha esta constatación, surgen las comparaciones entre el tratamiento que la sociedad andaluza da a su folklore y el que proporciona al suyo la sociedad asturiana; entre el respeto y reverencia con que se trata a una música por parte de intelectuales y capas cultas y la indiferencia o desprecio hacia la otra. El corolario de todo ello es la desaparición casi absoluta de la música cantada tradicional de nuestros medios de comunicación públicos desde hace décadas y, naturalmente, el completo ninguneo que hacia ella manifiesta la TPA, la Teleprisa Asturiana (otros traducen “Todo por Areces”), cuyo ideario, por cierto, tiene dos premisas fundamentales: la de la repetición de los modos y tópicos del imperio (con un punto de especial mimo en su versión antiyanqui); la de la evitación y marginación de todo cuanto conecte con la tradición identitaria y cultural asturiana.
Pero dicho esto, que no es sino una manifestación más del sistemático proceso de desasturianización política y cultural a que estamos sometidos, desde el franquismo al menos, vamos a señalar en los próximos párrafos algunos temas de especial calidad o emoción, de entre los muchos que pueblan nuestra lírica identitaria, en los ámbitos de la expresión de la señardá de la soledad o el hambre y en los del amor.
Es obvio, naturalmente, que lo que aquí apuntamos se produce en un contexto musical y de ejecución al que se remite, aquél que viene constituido por las concretas interpretaciones de los maestros históricos de la música asturiana o sus seguidores, El Gaiteru Lliberdón, El Maragatu, La Busdonga, Claverol, Botón, Juanín de Mieres, y un largo etcétera. A él y a su conocimiento por el lector apelamos implícitamente.Nuestro acervo presenta algunos momentos de enorme intensidad lírica, donde la señardá (la soledad del hombre ante el mundo, el destino o el paisaje) del emisor parece vehicular el desvalimiento universal del ser humano. Así aquel L´aire m´apagó la vela, / al pasar L´Agüeria, madre, / l´aire m´apagó la vela, / yá pa mí siempre ye nueche, en que la voz anónima que emite ese desvalido llanto en sordina adquiere dimensiones que van más allá de la estricta literalidad. Semejante sentido de desvalimiento universal alcanza, pese a sus elementos de saludo y despedida de un lugar concreto comunes con otros cancios, al Al pasar La Colladona / di la vuelta al mio sombreru. / ¡Adiós, pueblu de Collanzu, / pedacín del mismu cielu! En A la Pipiona, madre, a la Pipiona / porque me dan castañes, llechi y boroña, a la murnia de la soledad y el desgarro individuales parecen unirse el grito omnipresente del hambre, de la afamiada, esa plaga universal de la sociedad asturiana que todavía en 1857 provocaba el Manifiesto del hambre, del Marqués de Camposagrado.
Esa presencia de la gazuza y la miseria tiene en una de nuestras más famosas composiciones (Debaxu d´una panera / mio madre echóme a la vida: / de papilla, les farrapes; / y de biberón, la sidra...) un tono como alegre o de mera constatación conformista, pero en otra –cuyo raigañu compositivo distinto, por cierto, se advierte, no sólo en la música, sino en la condensación textual-, Mio madre como era probe / nun tenía pan que me dare / fartucábame de besos / y lluegu rompía a llorare, se une esa presencia de la fame con una señardá experiencial de un extraordinario lirismo, en que, sutilmente, se traslada “la pena” desde el emisor (o emisora) a la empatía retrospectiva con el sufrimiento de la madre.
(Señalemos tangencialmente, que, aunque no exclusivamente, la estrofa de cuatro versos, emitida por un “yo” anónimo que la dice sin ninguna contextualización –forma literaria, por otro lado, inserta en las tradiciones más antiguas de la lírica peninsular- constituye el modo más genuino de expresión de nuestra canción tradicional.)
En el ámbito erótico existen magníficas expresiones de la malicia ligada al sexo, como los de María si vas al monte / cierra bien la portiellera: / Tengo´l toru bramando / por entrar na to praera o aquellos otros, más populares, en que el símbolo de lo masculino es el caballo -una extendida tradición, a propósito, en la que inserta Lorca muchas de sus imágenes-, como el Mio caballu s´alborota / cuando paso per to puerta. / Tien la culpa la to yegua, / que al pasar me lu prevoca. En otras ocasiones es la inquietud sexual y amorosa de la moza la que se expresa de forma lírica, dentro, en este caso, de la tradición occidental de la albada: Canta´l gallu, canta´l gallu, / canta´l gallu y amanez; / la neña que tien amores / tarde o nunca s´adormez. Otras veces es la expresión del dolor de la ruptura la que se sugiere magníficamente: Amante míu del alma, / yá nun me conocerás, / qu´acaba más una pena, / qu´un añu d´enfermedá. Destacadamente, ese dolor adquiere el carácter de llaga de expiación autoimpuesta en el Anda, y señálame un sitiu / onde yo me pueda ir, / solina a llorar mios penes, / que contigo cometí, en que la misma estructura lógico-sintáctica de los dos últimos versos parece subrayar la desesperación de la culpa. Pero, sin duda, la cantida de más éxito histórico, la que ya era un número uno en el XIX y que une una preciosa musicalidad con la sugerencia literaria, es aquella versión de La Soberana que dice: ¡La Soberana! ¡La que va pela pradera / cómo ximielga la saya! / ¡Y, si yo fuera con ella, / munchu más la ximielgara!
Preguntémonos: ¿qué no harían otras sociedades con una riqueza musical como la nuestra? Volvamos a interrogarnos: ¿Cuáles son las raíces de esta nuestra anomalía, que desprecia e ignora cuanto es? Indaguemos: ¿No son, estos y otros, síntomas de una enfermedad social plurinuclear que nos impide ser un grupo humano moderno, creativo, proyectado hacia el futuro, enfotáu nes sos capacidades y colocado en la hora de España, de Europa y del mundo?
P.S. En el ámbito que nos ocupa, Oscar Roces Arboleya, un yerbatu de pro, acaba de sacar un magnífico libro, La asturianá (de la magia a la desolación), cuya lectura les recomiendo. Mi amigo Carlos Rubiera, asimismo, ha dado a luz un estupendo disco, Canciones de Xixón, a cuya audición invito.
Por cierto, y a propósito de las indagaciones de Fernando Manuel de la Puente Hevia sobre el Asturies, patria querida, su origen y evolución (que es posible haya de complementarse con la música popular cántabra, al menos para la parte del “tengo de subir al árbol...”), ¿no les sugiere a ustedes alguna reflexión el que esa historia de letras incongruentes y músicas transpartituradas y trasterradas haya acabado por ser el himno oficial de nuestra “patria”.
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